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Relatos de azotes

Bienvenido al weblog azotes

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Este blog quiere recopilara los mejores relatos de azotes eróticos de la red. Es un blog directamente relacionado con www.spanking.blogia.com el primer blog de azotes eróticos en lengua española

Se bajarán de diversas webs relatos publicados allí, si algún autor o webmaster no está de acuerdo con que se publiquen en este blog, por favor, que nos lo haga saber pediremos nuestras disculpas y retiraremos de inmediato el texto en cuestión.

Se aceptan colaboraciones de narraciones de azotes eróticos, reservándonos el derecho a publicarlas, siempre ateniéndonos a criterios de sentido común, buen gusto y ajuste a la legalidad.

Los comentarios son muy bienvenidos ya que permiten en muchos casos al autor una comunicación privilegiada con el lector y a los lectores entre si.

En los archivos irán guardándose los relatos que han sido colgados pirmero, manteniéndose en portada los que se publiquen de forma más próxima en el tiempo.

Toda colaboración es bienvenida ya que en muchos casos no consta el autor y si alguien lo conoce o alguien reconoce a su "retoño" literario, podemos incorporarlo.

Habrán algunos relatos, unos pocos, en otros idiomas. Este es un blog en castellano, pero los relatos en otros idiomas demuestran que los azotes no tienen fronteras como no las tiene la fantasía de las personas.

Os animamos a escribir y a sugerir relatos ya publicados para ser subidos a este blog, para poneros en contacto con nosotros por favor escribid a amigospanko@yahoo.es

No toleraré esa conducta en mi escuela

m/f regla, cinturón, vara

Autor(a) desconocido(a)

- No toleraré esa conducta en mi escuela, señorita, se lo advierto, lo lamentará mucho si desea continuar con este comportamiento. Lleva sólo dos meses en el Internado y ya ha pasado más de una docena de veces por mi oficina. La próxima vez que cruce esa puerta lo lamentará. Vaya a su habitación, permanecerá confinada durante dos semanas, sólo podrá salir para las clases.
-
Ella sonrió mientras se dirigía a su habitación, estaba logrando lo que quería y en menos tiempo del que esperaba, y decían que en esta escuela las cosas serían diferentes, lo único diferente es que el director tiene menos paciencia que los otros, lo cual me conviene - pensaba ella - así me expulsarán muy pronto.

Ya había sido expulsada de tres prestigiosos internados para señoritas, y estaba empeñada en que la expulsaran de este, estaba harta de haber vivido siempre en internados, lejos de su familia y esta era su manera de vengarse. Lo único que lamentaba de ser expulsada de este internado es que no volvería a verlo, siempre tan estricto, elegante, ella aún no comprendía porqué se sentía de esa manera tan especial cada vez que lo veía, porqué sentía remordimientos cuando él la reñía, porqué no le era indiferente, porqué le importaba tanto lo que él pensaba, alejando estos pensamientos de su mente se dijo a sí misma

- Mañana hay examen de historia, eso me da la oportunidad que estoy buscando. Voy a preparar todo ahora mismo - diciendo esto puso en marcha su plan, copiar durante el examen colocando apuntes en sus muslos y hacerlo de la manera mas indiscreta, de modo que le asegure el ser descubierta y terminar en la oficina del director, el no tendría más castigo que darle que expulsarla de su escuela...- Todo esta saliendo de maravillas - se dijo

Al día siguiente se dirigió a su salón y al iniciar el examen puso en marcha su plan, no pasaron ni un par de minutos cuando fue descubierta por la auxiliar.
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- Acérquese - le ordenó - y traiga consigo su examen

Ella obedeció estaba ansiosa por ser llevada ante el director
-
- Copiando durante el examen, ya veremos qué es lo que dicen sus padres cuando lo sepan, acompáñeme a la oficina del director

Al llegar allí, ella no sabia porque, pero empezó a sentir mariposas en el estómago - Debe ser la emoción porque lograré mi cometido ahora mismo - pensaba, aunque le extrañaba sobremanera, las veces anteriores no había sentido nada parecido...
La puerta se abrió y lo vio a él sentado hablando por teléfono, con una mano hizo señas para que ingresen. Sus piernas le temblaban, no comprendía porque, la auxiliar la jaló del brazo para hacerla avanzar.

Cuando estuvieron frente a su escritorio él la miró directamente a los ojos, ella trató de mantener la mirada altiva y rebelde que la caracterizaba pero al ver el reproche en sus ojos no pudo evitar el desviar la mirada hacia abajo y vio sus manos, grandes, fuertes, muy bien cuidadas.
El terminó de hablar por teléfono y se levantó de su silla dirigiéndose hacia el frente de su escritorio en el cual se apoyó...
-
- ¿Tan pronto y ya de vuelta por aquí? pensé que al menos pasarían las dos semanas de su último castigo. ¿Que hiciste ahora?

Ella no atinaba a responder, por lo que la auxiliar le dijo: "Estaba copiando durante el examen, tiene las piernas todas escritas, mire"-le dijo levantando la falda para mostrarle, Ella sólo atinó a bajarse la falda sonrojándose.
-
- Yo me haré cargo de la señorita, déjenos solos - indicó el director, y la auxiliar se retiró dejándolos a solas. La emoción crecía en su cuerpo, no sabia ni entendía por que pero sentía que su corazón palpitaba aceleradamente y sus piernas temblaban ligeramente, ¿Tenia miedo? no, no era posible...¿qué le ocurría entonces?, lo único que quería era salir lo más pronto posible de esa oficina
-
- Ahorrémonos el sermón, ¿si?, mientras llama a mi casa yo iré a preparar mis maletas... - dijo dándose vuelta
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- No le he dicho que puede retirarse, y ¿por qué habla de hacer maletas?
Ella volteó lentamente, el oír su voz tan autoritaria la turbó
-
- No va a expulsarme?
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- ¿Expulsarla? no, ¿de dónde sacó eso?
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- Ayer... dijo que no toleraría mi comportamiento en su escuela...yo
-
- Usted pensó que a la próxima que hiciera, sería expulsada, ¿verdad?, conque ese era su propósito, lo imaginaba, desde que llegó no ha hecho más que portarse mal, pésimamente, ahora comprendo porque, pero no entiendo, ¿por qué quiere ser expulsada?
-
- Eso no es algo que le interese, sólo expúlseme y ya, dejo de ser su problema
-
- Pues bien, aquí las cosas no funcionan así, mire, sus padres me encomendaron la tarea de convertirla en una señorita, si la expulsara sería como darme por vencido ante su rebeldía y yo no soy de las personas que se dan por vencido ante una dificultad, es más usted se ha convertido en todo un reto para mí, un desafío y si usted es orgullosa y altanera pues yo lo soy más y con una ventaja sobre usted, tengo mayor autoridad y fuerza

El oír estas palabras hicieron que se estremeciera, pero no quería demostrarle a él lo que sentía, así que caminando alrededor de la oficina, como para darse importancia le dijo
-
- ¿Y de que le servirá?, si se empeña en mantenerme aquí lo único que lograra es ver como traigo abajo su tan prestigiado colegio, mientras yo contemplo todo sentada desde mi ventana

- Tal vez pueda contemplar esa escena que describe, pero créame no lo hará sentada, de eso me encargaré yo personalmente - Al decir esto tomo una silla y la colocó en el centro de la oficina, se quitó el saco y se remangó la camisa mientras miraba divertido la cara de desconcierto de su alumna, al sentarse le dijo

- Acérquese

- ¿Qué pretende?

- Voy a darle un castigo que si lamentará, ¿qué pensaba, que iba a confinarla nuevamente en su habitación?, ¿qué acaso cree que ignoro que sale por la ventana cada noche para pasear por los jardines? - ella no supo que responder - Acérquese - ordenó él con voz firme - no le conviene que vaya por usted

- Pues está loco si cree que iré - respondió ella dirigiéndose a la puerta

- No atraviese esa puerta, ya estoy bastante enojado, más le vale no hacerme enojar aun más o le pesará

- ¿A si?, pues mire cuanto me importa - dijo ella abriendo la puerta

Él se levanto de inmediato y cerro la puerta de un sólo golpe, ella permaneció de pie al lado de la puerta, muerta de miedo, nunca imaginó que esto pasaría. El cerró la puerta con llave y colocó la llave en su bolsillo para luego dirigirse a la silla nuevamente

- Acércate – ordenó. Ella permaneció inmóvil, de espaldas a él, no quería verle a los ojos, estaba asustada

- No me hagas ir por ti - gritó, pero ella no se movía

- Bien, ahora sí agotaste mi paciencia, lo lamentarás y mucho, te lo aseguro - gritó nuevamente mientras se acercaba a ella, la tomó de un brazo y la jaló fuertemente

- Ay, me lastima - se quejó

- Espera y verás... - respondió él mientras se sentaba y la jalaba a ella de modo que quedara sobre sus rodillas

Ella sollozaba

- no puede hacer esto, no puede

- ¿qué no puedo? ya verá si no puedo, y más le vale no resistirse o le irá peor...
No terminó de decir esto y ella logró liberarse de su regazo y se alejó de él, él dirigió su mirada hacia ella, estaba muy enojado, se le notaba en la mirada, en su expresión

- No debiste hacer esto, mientras más me enojes peor para ti.

- Déjeme ir – exigió ella yendo hacia la puerta y tratando inútilmente de abrirla
El se acercó y la sujeto firmemente de los brazos

- Vas a dejar el teatro y aceptarás tu castigo, ya me colmaste la paciencia y no pienso tolerarte nada más
Ella intentó soltarse y como no lo conseguía, no pensó en mejor manera de liberarse que pateando al director, lo intentó pero él, adivinando la intención de ella, logró esquivar el golpe

- Bueno, si lo quieres a la mala, no me dejas otra
La soltó un momento mientras se dirigía a su escritorio y buscaba algo en su cajón, ella lo observaba desde la puerta, no podía creer lo que ocurriría, el director iba a azotarla, ni remotamente le había pasado esa idea por la cabeza, pero allí estaba ella, encerrada con él en esa oficina sin tener como escapar, sólo esperando el castigo, sabía que lo merecía, había sido muy majadera, pero su orgullo era muy grande y no estaba dispuesta a doblegarlo… Finalmente él encontró lo que buscaba, sacó del cajón una cuerda blanca no muy gruesa y bastante larga - ¿Es que va a amarrarme? - se preguntó,- pues primero deberá alcanzarme - se decía para sí

- Acércate, y no me hagas ir detrás de ti, porque aumentaré 10 azotes por cada minuto que me hagas perder

Ella permaneció inmóvil

- Vamos que esperas?

- No iré

- Bien, pues entonces serán 20 azotes más - le dijo mientras se acercaba, ella se dirigió al otro extremo de la habitación, El la siguió y ella nuevamente escapó, luego él se dirigió hacia ella, pero cuando menos lo esperaba cambió de dirección atrapándola en su huida. El la rodeaba con sus brazos y ella trataba de soltarse, pero él era mucho más fuerte y logró atar sus manos juntas y al frente

- Serán 50 azotes por hacerme perseguirte – dijo mientras tiraba de la cuerda y sujetaba el extremo libre a una argolla en la pared, luego colocó una mesa entre la pared y ella, de modo que quedó inclinada hacia adelante, en la posición propicia para recibir el castigo

- ¡Suélteme!, ¡es un salvaje!, ¡es un ...

- Mucho cuidado con su vocabulario, le recuerdo que no esta en posición de reclamar nada

- Me las pagará, le diré esto a ...

- ¿A quién? ¿A sus padres?, ¿Acaso piensas que ellos no lo saben?
Cuando escuchó esto se sorprendió por un momento, pero después de todo ella siempre había estado sola, y sola tendría que afrontar esto, pero no lo haría sin la rebeldía que la había caracterizado siempre, ella iba a enfrentarse a él y no le haría las cosas más fáciles, comenzó a rebelarse a intentar soltarse, a patearlo, o al menos a intentarlo

- ¿Es que nunca te cansas? ¿Voy a tener que amarrarte las piernas también?

- ¡Suélteme!, ¡se lo exijo!, no puede tenerme así amarrada

- No voy a soltarla hasta que reciba el castigo que merece y según mis cuentas tenemos para rato, así que le recomiendo relajarse y aceptar el castigo porque de lo contrario sólo logrará prolongarlo.

Esto no logró calmarla, al contrario, la enojó aún más y sólo se retorcía tratando de liberarse

- Bueno no me deja otra alternativa más que atarle las piernas - y diciendo esto le ató las piernas a las patas de la mesa, restringiendo aún más sus movimientos

- Ahora sí podemos empezar – le dijo alejándose un par de pasos hacia atrás - sólo falta un detalle – dijo

Mientras, ella sentía que él desabotonaba su falda, ¡es que va a azotarme desnuda!!!

- No puede hacer esto, ¡deténgase! – ordenó ella

- Quien da las órdenes aquí soy yo, no lo olvide –le dijo en tono amenazador mientras quitaba la falda y la colocaba sobre la silla, permaneció unos instantes contemplándola, a ella le parecía que el tiempo no pasaba, que se había detenido, que esa humillación no terminaría nunca, al menos aún conservaba su ropa interior y algo de dignidad...

- Qué espera ¡termine de una vez!!! –gritó

- Caramba, ahora estamos apurados, ¿eh? Si no se hubiera resistido hace mucho hubiese terminado y estaría ahora en su habitación, pero como se empeñó en rebelarse ahora parte de su castigo será ser paciente y aceptar mis condiciones, pero antes necesitamos “deshacernos” de algo que nos “estorba” fue hacia su escritorio para sacar unas tijeras, ella lo observaba sin dar crédito a lo que veía, no por mucho tiempo permanecería cubierta, él se acercó a ella y empezó a cortar su ropa de modo que en unos segundos quedó completamente desnuda ante él, sentía vergüenza, nadie la había visto así, desde que era una bebé, y tenía que verla él... la sola vergüenza era ya suficiente castigo para ella

- Por favor... – susurró ella

- Vaya, aún no empiezo el castigo y ya esta aprendiendo modales, por lo visto el castigo será efectivo.

- ¿Por qué hace esto?

- Porque quiero que se corrija, ahora guarde silencio, no quiero que emita el menor ruido mientras dura el castigo, por cada quejido o palabra que diga recibirá 5 azotes al final, con una vara, ¿entendido?

- ¿Está loco? No...

El la calló colocando su mano en la boca, estaba tibia y era muy suave, ella sentía que la acariciaba

- Ya lleva 15 golpes con la vara... mejor permanece en silencio o...
Esta vez no la amenazaba, más parecía un consejo y ella calló bajando la mirada, no podía hacer nada, no lograría evitar el castigo, pero aun no sabía si acceder a él o continuar rebelándose, parecía dispuesto a todo, pero ella también lo estaba, no, no dejaría de rebelarse, nunca doblegaría su orgullo ante nadie, ni siquiera ante él...

El sacó una regla larga de madera y la colocó en la mesa, luego se quitó el cinturón y lo colocó doblado en dos a un costado, finalmente abrió un armario y sacó una vara, era larga y delgada, el acarició sus nalgas con ella, provocando un estremecimiento

- No te preocupes, esta irá al final y tú decidirás cuantos golpes recibirás. Empezaré con la regla, 50 azotes por copiar en el examen, 50 con la correa por tu rebeldía e intentos por escapar del castigo, por cierto para la próxima vez no te lo recomiendo, el castigo es ya bastante severo como para que aumentes azotes por rebeldía, y bueno al final usaré la vara, por ahora son 15 azotes pero “sospecho” que serán más..., bueno empecemos

Tomó la regla y se colocó un par de pasos detrás de ella, la contempló unos segundos, tenía un trasero hermoso, quería acariciarlo en lugar de castigarlo, el tener estos pensamientos lo turbó, - es mi alumna ¿que pasa? ¿Por qué pienso en ella de esta manera? - le enojaba hacerlo, siempre había podido separar muy bien su trabajo de sus sentimientos pero ahora no podía hacerlo, precisamente cuando más falta hacía, ¿por qué esta chiquilla malcriada y engreída despertaba en él estos sentimientos?, trató de despejar su mente de estos pensamientos y de fijarla en el castigo que debía darle a ella, no podía dejar que sus sentimientos interfirieran con su deber, así que inició el castigo, tomo impulso y propinó un golpe fuerte en las nalgas de la chica, ella gritó de dolor

- 20

- no, por favor...

El no la dejó continuar, tomando su rostro con ambas manos le dijo

- debe aprender a obedecer, deberá guardar silencio durante el castigo o lo prolongará más de lo que puede soportar, créame no pienso detenerme hasta culminarlo – ella lo miró muy asustada, él la soltó para reiniciar el castigo

- no... –sollozó ella

- 40 con la vara, y apenas si ha recibido el primero con la regla...
Ella calló, se propuso guardar silencio, nunca antes la habían castigado azotándola, recién había recibido un golpe con la regla y ya sentía que le ardía el trasero, no creía que podría resistir todo el castigo, el más leve quejido incrementaba los azotes que recibiría con la vara, no sabía porque pero era el instrumento que más miedo le inspiraba, decidió no resistirse más y entregarse a su suerte, tal vez él se detendría antes si ella ponía de su parte...

El observaba la marca roja que se había formado en las nalgas de ella, no podía dejar de mirarla, pronto todo su trasero tendría el mismo color, ese color que tanto le gustaba... pero era momento de continuar, él retomó el castigo dándole golpes muy fuertes, distribuyéndolos en todo su trasero, pero concentrando la mayoría de ellos en la zona en que sus nalgas se unían a sus piernas, quería hacerla gritar, quejarse, retorcerse, pero ella resistía, se mordía los labios y apretaba los dientes para evitar hacerlo, esto lo enojaba más y la golpeaba con más fuerza, repitiendo varios golpes en el mismo lugar, hasta que finalmente ella no soportó más y sin poder contenerse gritó

- auch!! es un ... – y calló, quería insultarlo, decirle que era un salvaje, un abusivo, un cobarde por golpearla cuando ella no podía defenderse, pero sabía que eso aumentaría el castigo

El se detuvo, cayó en cuenta que estaba siendo injusto con ella, no sólo la castigaba por sus travesuras sino que la estaba castigando, y más severamente aún, por los sentimientos que estaba inspirando en él, la castigaba a ella por lo que él sentía, al darse cuenta de esto se sintió muy mal, ¿debería detener el castigo? No, ella sospecharía, no podía hacerlo y tampoco disminuir la intensidad, al menos no notoriamente. Pero decidió que si ella le pedía que se detuviese lo haría - lo hará pronto, no puede resistir mucho más – pensó para sus adentros, de este modo ella doblegaría su orgullo ante él y él vencería en este enfrentamiento

- Serán 50 con la vara – le indicó, trató que su voz no delatase lo que sentía en ese momento, pero no lo logró, ella sospechaba que algo estaba pasando pero no sabía que – Continuemos, aun faltan 10 con la regla...

La posición que ella debía mantener era sumamente incómoda, no podía apoyarse sobre su pecho o sus brazos para resistir mejor los golpes que recibía, lo que la hacía tener la sensación de que perdería el equilibrio en cualquier momento... él continuó con golpes fuertes, ella sentía que el trasero le ardía terriblemente, parecía que el castigo no terminaría nunca, ¿es que no se compadecería de ella y se detendría?

El colocó la regla sobre la mesa y se alejó sin tomar el cinturón, ¿Se detendrá? ¿Va a soltarme y dejarme ir?

- Esa posición es bastante incómoda, ¿verdad? – preguntó - si te desato ¿te quedarás quieta?

Ella asintió con la cabeza, sería más fácil soportar el castigo sin estar atada, no intentaría rebelarse, eso sólo había empeorado todo, si bien su orgullo no le permitía pedirle que se detenga, tampoco dejaría que incremente el castigo

El se acercó, colocándose tras ella y sujetándola de la cintura soltó el nudo de la argolla que sostenía sus manos, ella al perder tensión la cuerda que sostenía sus brazos y por esfuerzo realizado se inclinó hacia delante, él la sujetó con firmeza pero tiernamente, de modo que evitó que cayera sobre la mesa, sus miradas se cruzaron, la de ella no mostraba rebeldía, era más bien curiosa, se preguntaba el porqué de ese castigo, el porqué de lo que sentía, el porqué de la atracción que sentía hacia él, la de él en cambio no era de reproche, como ella esperaba, sino que era tierna, dulce, parecía que quería disculparse por tener que castigarla, pero no tenía otra opción, debía hacerlo, ella notaba la lucha interior que se desataba en él, pero no comprendía lo que pasaba, ¿por qué me mira así? ¿Es que siente algo por mí? ¿le intereso?, como si él comprendiese lo que ella pensaba y temiendo que ella pudiese adivinar sus pensamientos, desvió la mirada y la soltó, lentamente se inclinó a un costado de ella y le desató las piernas, por unos segundos contempló su trasero, muy rojo ya, que había quedado a la altura de su rostro, le encantaba ese espectáculo, hubiera querido continuar contemplándola por horas, pero debía continuar, se paró lentamente y procedió a desatar sus muñecas, al sentirse libre un impulso natural la obligó a dirigir sus manos a su trasero para intentar calmar en algo el ardor que sentía

- hey, tienes prohibido tocarte hasta que termine el castigo – dijo él sujetando sus manos suavemente – deberás mantenerlas sobre la mesa, inclínate apoyando tu peso en la mesa y separa las piernas mientras decía esto con sus manos la obligaba a tomar la posición que describía, ella se limitaba a obedecer, él tomó el cinturón de la mesa y vio que ella cerraba los ojos como presintiendo lo que le esperaba, él se paró un par de pasos tras ella, la observó un instante y se decidió continuar, tomo impulso y asestó el primer azote con la correa, justo en la parte más redondeada de su trasero, ella saltó en su sitio e intentó colocar sus manos para protegerse
-
– esa mano señorita! – interrumpió él - ¿o quieres incrementar aún más tu castigo?
Ella negó con la cabeza y regresó sus manos a la mesa, él dio el segundo golpe y ella gritó nuevamente, movió sus manos pero se detuvo antes que el le dijera algo. El prosiguió el castigo, ella trataba de no moverse, pero cada vez era más difícil, sentía el trasero como una braza ardiendo, finalmente no pudo evitarlo y colocó sus manos protegiéndose, mientras sollozaba, él detuvo el castigo, colocó la correa sobre la mesa y se acercó a ella, sin decirle nada tomó sus manos suavemente, mientras la miraba a los ojos, cogió la cuerda y ató sus muñecas

- No, por favor...- suplicó
-
- No quiero lastimarte, sólo las sujetaré al frente para que no puedas interponerlas – al terminar de atarla, sacó un pañuelo de su bolsillo y le limpió las lágrimas – así está mejor, continuemos
-
Tomó la correa de la mesa y regresó a su posición. Los golpes que siguieron no fueron tan fuertes, al menos ella no los sintió así, pudo soportar la mayor parte de ellos sin quejarse, aunque sentía pavor de lo que faltaba aún: la vara al terminar con la correa, la colocó sobre la mesa, tomó la vara y se colocó detrás de ella unos segundos, sentía la ansiedad de ella, su miedo, no creía que pudiese soportar 50 azotes más, menos con ese instrumento, miraba su trasero tan coloreado, tan hermoso, no, no continuaría, se dirigió al armario y guardó la vara, ella lo observaba sin dar crédito a lo que veía ¿le levantaba el castigo acaso?, aún mantenía la posición que él le había indicado, él tomó su falda y se acercó a ella colocándosela, luego la volteó y la tomó de las manos, la desató y le dijo

- puede ir a su habitación.

- ¿Puedo preguntarle por qué?

- ¿Quiere acaso que continuemos con el castigo?

- No, yo...

- Soportó bien los azotes, supongo que es la primera vez que los recibe, ¿verdad? - ella asintió con la cabeza – para un primer castigo es suficiente, ahora vaya a su habitación

Ella salió de la oficina extrañada, al inicio del castigo se había sentido humillada, sentía que lo odiaba por lo que le estaba haciendo, pero conforme pasaba el castigo, sus sentimientos cambiaron, su atracción hacia él había aumentado tremendamente, no comprendía porqué precisamente él, quien la había castigado tan severamente, le parecía tan atractivo - estas loca, quítate estas ideas de la cabeza – pensó - son tonterías, será mejor pensar un nuevo plan, debe haber alguna manera de lograr que me expulsen.

Al llegar a su habitación se tiró boca abajo en la cama y sobó su adolorido trasero, recordando el castigo recibido, cómo dolía!!!,

- me vengaré, debo hacer algo para vengarme de él, ¡cómo pudo atreverse a golpearme!!!, y de esta manera, es un salvaje! Pero algo haré, para que se arrepienta de esto, amarrarme, ¡a mi!!! ¡Y golpearme!!!, de solo recordar aumenta mi enojo.

Pensando como vengarse, le sobrevino la idea perfecta, el tenía un auto precioso, deportivo rojo, al cual cuidaba como a un hijo, siempre impecable y brillante, ese auto le ayudaría en su venganza....

- Sí, es perfecto, sólo necesitaré algunas cosas que las podré conseguir para el fin de semana, allí pondré en marcha mi plan... es genial, me vengaré de él y a la vez querrá expulsarme, no puede ser mejor.

Su plan consistía en pegar muchos stickers en la cubierta del auto ¿saldrían después? Es lo de menos, cuando vea la nueva “decoración” de su auto se iba a enojar tanto que la echaría de la escuela....

Llegó el fin de semana y ella puso en marcha su plan, estaban solos en el internado, todos habían ido a sus casas, ella debía permanecer porque estaba castigada y él porque era necesario que alguien cuidase a la señorita. Ella empezó a pegar los stickers llevaba unos veinte cuando sintió una mano que la detenía
-
- ¿Pero qué está haciendo? ¿se ha vuelto loca? – gritó él – ¡ha arruinado mi auto!!!
Ella se soltó y lo miró de manera desafiante

- Si, ¿y? ¿qué hará ahora?
El verla tan arrogante y altiva, solo logró enojarlo aún más, ¿pero quien se cree esta chiquilla? ¿Es que no tiene límites?, arruinar su auto de esta manera y encima desafiarlo...si la vez anterior había logrado compadecerlo, esta vez no lo haría estaba dispuesto a darle el castigo que merecía. La tomó de un brazo y apoyándose sobre el auto, la jaló hacia él de modo que quedó sobre sus rodillas

- ¡suélteme!!! ¡salvaje!!!
El la sujetaba con tal fuerza que por más que ella intentaba soltarse no lo conseguía, con una mano le subió la falda y le bajó la ropa interior, y empezó a golpearla allí mismo en el patio

- Va aprender a respetar la propiedad ajena, no puede ir por allí arruinando lo que le de la gana sin importarle nada, es una engreída y desconsiderada...

Aún se notaban las marcas del castigo anterior, pero esta vez no cedería, estaba demasiado enojado con ella como para pasarle por alto esta falta. La golpeaba con fuerza, ella sentía que la mano del director le quemaba en el trasero a cada nalgada, la posición en la que estaba y el recibir los azotes con sus manos la humillaba, si bien no dolía tanto como la regla o la correa, ella consideraba que este castigo era mayor y se rebelaba luchando por liberarse, gritando, insultándolo

- Mientras más te resistas será peor – le decía él mientras incrementaba la fuerza y frecuencia de los azotes. – Esto es lo que buscabas, pues ahora lo aguantas

- ¡Suélteme! O lo lamentará

- ¿Yo lamentarlo?, cuando termine contigo no podrás sentarse en días, ya veremos quien lo lamenta

En eso le vino una idea a la cabeza y con el anillo que llevaba en el dedo le hizo un rasguño al auto, lo hizo sin detenerse a pensar en las consecuencias, él al verlo se detuvo y la obligó a pararse tomándola del brazo, estaba furioso ¿pero qué es lo que le pasa a esta chiquilla? ¿Es que no piensa en lo que hace?

- Esta vez fuiste demasiado lejos – le dijo mientras la llevaba a empujones a su oficina, ella trató de huir, pero él le dijo – Ni tan siquiera lo intentes, ya tienes suficientes problemas como para buscarte uno más

La forma en que le hablo, la hizo estremecerse de miedo, ella ya se había dado cuenta que se había extralimitado, no debió dejarse llevar por su rebeldía y actuar sin pensar, no pensó que causaría tanto daño y estaba arrepentida, él estaba muy enojado, mucho más que cuando recibió el primer castigo, seguramente este castigo sería aún más severo, pero ¿qué podía hacer ahora para remediarlo? ¿Disculparse? ¿Serviría de algo? Pero tener que bajar la cabeza ante él, precisamente él, no, resistiría el castigo, pero no doblegaría su orgullo

Al llegar a la oficina él la empujó y ordenó

- Quítate la falda e inclínate contra el escritorio, tu y yo tenemos una deuda pendiente y ahora la pagarás – se dirigió al armario y sacó la temida vara

- Profesor yo... –intentó disculparse

- Guarda silencio, no quiero oír ni una palabra ni queja, y las manos deberán permanecer en el escritorio en todo momento. Por cada desobediencia recibirás 5 azotes y esta vez no voy a perdonártelos ni dejarlos para otro día, hoy no sales de esta oficina hasta que recibas tu castigo: 50 azotes con la vara ella lloraba, temía lo que le esperaba, sabía que lo merecía pero eso no evitaba que quisiera salir corriendo de esa oficina y huir del castigo, pero sabía que esta vez no tendría tanta suerte como la vez anterior

- ¿Qué estás esperando?, ¿quieres 10 azotes más por demorarte?

- No, señor – respondió mientras se quitaba la falda y tomaba la posición que le había indicado

El se colocó tras ella y con la vara le indicó que separe las piernas, ella temblaba, nunca había estado tan asustada, ya ni siquiera le pasaba por la mente la idea de rebelarse, él la observaba, se veía hermosa así, su trasero era todo un paisaje, mostraba las marcas de la azotaina anterior y muy pronto estaría nuevamente muy roja, no podía esperar a verla así e inició el castigo, le dio un golpe con la vara en la parte donde sus nalgas se unían a sus piernas, ella no pudo evitarlo y se cogió con ambas manos mientras gritaba de dolor, no había imaginado que doliese tanto, sentía un ardor terrible y recién empezaba el castigo, no iba a soportarlo, tenía que hacer algo para detenerlo, ¿pero que? ¿Tendría que suplicarle? Pues lo haría de ser necesario

- Mantén tu posición, acabas de agregar 5 azotes

Ella volvió a su posición, no, no le suplicaría que se detenga – No serviría de nada, esta vez esta muy enojado, no va a perdonarme el castigo – pensó – tendré que soportar el castigo y hacer todo lo posible por no incrementarlo – mientras pensaba esto, él continuó el castigo, ella se retorcía, se mordía los labios para no gritar y luchaba contra el impulso de protegerse con las manos, él la observaba y veía ese trasero tan lindo coloreándose y mostrando unas marcas largas y delgadas en cada lugar en el que la vara la había tocado, él luchaba por alejar de su mente estos pensamientos, el no lograrlo lo hacía enojarse más con ella y con él mismo, lo cual lo llevaba a castigarla con azotes muy fuertes, cuando completó la mitad se detuvo un momento, ella lo agradeció infinitamente, pero mantuvo sus manos en el escritorio, hubiera dado lo que sea por calmar ese dolor, pero no se atrevía a moverse, él la observaba en silencio, ya no había en ella signos de rebeldía, el supo que ella ya había tomado conciencia de sus faltas y estaba recibiendo un castigo merecido, al fin ella estaba dejando de ser la niña engreída y voluntariosa que llegó al internado, pero debía terminar con el castigo o no serviría de nada, así que reinició la azotaina, ella trataba de no quejarse, pero le era tan difícil, al final del castigo había acumulado 25 azotes por moverse, ella sentía que no podría soportarlos, pero no hizo ningún intento por detenerlos, temía que si decía o hacía algo el castigo aumentaría. El la observaba, sabía que no podía continuar con la vara, su trasero ya estaba muy rojo y tampoco quería lastimarla, decidió darle los 25 azotes que faltaban con su mano, colocándola sobre sus rodillas, así que tomó una silla y la colocó en el centro de la oficina

- Acércate – le dijo mientras se sentaba

- Por favor, ya no….

- Acércate - repitió

Ella obedeció, él la acomodó sobre sus rodillas, apenas la tuvo en esa posición se arrepintió de propiciarla, el tener ese trasero tan cerca de sus manos era muy tentador, sabía que como su profesor no debía hacerlo pero no pudo contener el impulso de acariciarlo, pasó suavemente su mano por él y sintió como ella se estremecía, él mismo sentía un torbellino de sentimientos en su interior, levantó la mano para darle la primera nalgada pero no pudo hacerlo, sentía como ella lloraba, ella ya había aprendido su lección pero no era el momento de terminar el castigo, si lo hacía echaría por la borda todo el castigo recibido hubiera sido inútil armándose de valor y aún contra lo que él mismo quería empezó a castigarla, esta vez se cuidó de no repetir las nalgadas en el mismo lugar, y no muy fuertes, ya era suficiente con la golpiza que había recibido minutos antes, aunque los azotes no eran fuertes, si le dolían mucho, ella lloraba y trataba de resistir pero no pudo evitar interponer sus manos para cubrirse, él no la regañó, sujetó su mano retirándola suavemente y continuó el castigo, al terminar la ayudó a levantarse y tomando su rostro entre sus manos le dijo

- Realmente espero que no sea necesario repetir esto, ha recibido una azotaína muy severa, pero era necesario, debe comprender que no puede ir por todos lados haciendo cuanto le plazca sin asumir las consecuencias de sus actos, y comportándose como una chiquilla malcriada y engreída, debe aprender a comportarse y a ser responsable. No crea que me agrada haberla castigado así, pero intenté otras maneras y no quiso entender, tenía que hacer algo para hacerla caer en cuenta de su comportamiento, porque no quiero que pierda muchas oportunidades muy buenas solo por su rebeldía, eres una muchacha muy bonita y muy inteligente pero debes encaminar tu comportamiento hacia mejores objetivos, ¿me comprendes?

Ella asintió con la cabeza

- Ahora ve a tu habitación y permanece allí.

Ella obedeció, ahora si no pensaba en venganzas ni nada, sabía que había recibido lo que merecía, lamentó haberse comportado de esa manera, arruinó el auto del director y estaba muy arrepentida, y confundida a la vez ¿habría sido lo que sintió una caricia? ¿Por qué le dijo todo eso? ¿Es que ella le importaba de una manera especial?, era la primera vez en su vida que sentí que le importaba a alguien, nunca nadie se había interesado en corregirla y esto hacía que viese al director de una manera especial, no volvería a defraudarlo, de ahora en adelante se comportaría bien y dejaría de lado su rebeldía y sus caprichos.

En la noche no podía dormir, sentía que debía hacer algo por remediar el daño que había causado, así que se dirigió al garaje dispuesta a quitar los stickers del auto del director, salió despacio sin hacer ruido y cuando terminó su tarea y estaba saliendo del garaje para volver a su habitación, se dio cara a cara con el director

- ¡Nuevamente aquí! - gritó él - ¿qué ha hecho ahora? ¿es que el castigo de la tarde no fue suficiente? ¿nunca aprenderá? – estaba muy enojado creía que había ido al garaje a hacer otra travesura

- No...espere déjeme explicarle, yo…

El la jaló dentro del garaje y empezó a quitarse la correa, ella trataba de explicarle pero él no la escuchaba

- Espere, mire – dijo ella señalando el auto
Él volteó y vio que habían quitado los stickers

- Quería resarcir en algo mi falta, lamento mucho el daño que causé, hablaré con mi padre para que cubra los gastos para reparar el rasguño…

- No déjelo

- ¿Qué lo deje? ¿pero su auto… no quiere que lo arregle?

- Déjalo es sólo un auto y ese rasguño me recordará siempre la rebeldía de mi alumna y espero que a ti te recuerde como debes comportarte

- Sí, le prometo que no volveré a comportarme así, yo tampoco quiero que se repita lo de hoy – dijo sobándose el trasero

- Era necesario, y lo hice por tu bien

- Lo sé, aunque eso no quita que me duela, me asustó mucho cuando vi que se quitó la correa pensé que iba a castigarme nuevamente

- Pensé que habías hecho otra de las tuyas, en venganza… aunque debería castigarte por salir de tu habitación, te ordené que permanecieras allí....

- No, por favor…

El se acercó a ella y la abrazó – No temas, ya no voy a castigarte – sus miradas se cruzaron y sus labios se acercaron uniéndose en un tierno beso

– Mi pequeña rebelde, desde ahora todo será diferente…

La Tesis I parte

m/f paleta

Por Maria Elfmann


Cuando empecé a hacer la tesis tenía miedo, no miedo como al coco, pero sí respeto. Acabé la carrera de periodismo con dos años de retraso, porque durante el tiempo que hube de estar estudiando estuve en barriladas, conciertos, y fiestas varias hasta aburrirme. También me aproveché de la ambigüedad del mundo de la comunicación. Me gustan los hombres sí, pero me gustan mas las chicas, y creedme en periodismo es difícil encontrar una chica hetero.

Como decía, al empezar la tesis me inspiraba respeto, en primer lugar porque se acabo la época de despendole, ahora tenía que rendir cuentas a un tutor; y en segundo lugar y principalmente por el tutor en sí. Los profesores de periodismo parecen cualquier cosa menos profesores, sin embargo algunos adjuntos de filología, derecho o sociología y psicología (como era el caso) pertenecen a la vieja escuela, y el cambio se nota.

Yo había elegido un doctorado en métodos y técnicas de investigación social y psicología porque me apasiona, aunque muy a pesar mío lo impartía un viejo conocido, viejo por su edad y amigo en el sentido más irónico, puesto que habíamos discutido en clase alguna vez por discrepar de sus lecciones. Se podría decir que se trata del hueso más duro de la carrera. Y su asignatura fue la última que aprobé antes de acabar y en convocatoria de gracia. El profesor doctor Herrera, cuantas veces me habré acordado de sus antepasados... En fin, el susodicho provenía de la facultad de sociología y psicología, donde yo había de entrevistarme con él.

Para aquellos que conozcan la Universidad de Sevilla, coincidirán conmigo en que es el escenario ideal de una escena de spanking. Para quienes no la conozcáis, os describo: Con anterioridad el edificio fue una fábrica de tabaco, sí la famosa fábrica de tabaco donde Carmen engatusó a un oficial que perdió la cabeza y su vida por ella, y cuya historia fue llevada a oídos del pueblo por Merimet. Se trata de un edificio barroco, de artesonados labrados en madera, ventanales amplios, pasillos tristes, adornados por esculturas romanas a los lados que escoltan al visitante en silencio. Pupitres posiblemente pertenecientes al siglo anterior en el que resultaba extraño no encontrar un joven encorbatado recibiendo unos azotes con una vara. En fin, un edificio vetusto y anclado en las antiguas tradiciones.

En un recodo de la institución se encontraba, flanqueado por una vieja puerta de madera recia el despacho del doctor Herrera.

El despacho, era para deprimirse, una única lámpara de despacho color verde que desprendía una luz mortecina y triste, muebles de maderas nobles, cuidadosamente labradas, pero maderas muy oscuras y lóbregas al fin y al cabo, nada que ver con las sillas de colores de periodismo, ninguna ventana, estanterías repletas de libros muy antiguos, caretas, tribales, símbolos de la fertilidad de sabe dios qué cultura, armas, catanas, dagas hindúes, japonesas y castellanas, y oh! Que ven mis ojos, diferentes objetos de azotes, entre ellos un paddle, en el que venia expresamente escrito Corrector. Guauuuu me había metido en la boca del lobo.

Para sorpresa mía, el primer año de doctorado se pasó no sólo sin problemas, sino que finalmente nos hicimos amigos por la coincidencia del apasionamiento de ambos en la sociología.

Lo siento por vosotros, mentes spankocalenturientas que pensabais que me iba a dar unos azotes en el despacho, pero no, no fue así. Muy a pesar mío, ya que para mi hubiera sido fantástico. Y pienso que para él también, por fuerza a ese hombre habían de gustarle las azotainas.

Lo imaginaba remangándose la camisa, inclinándome sobre la mesa de color tan desosegadamente oscuro y con olor a madera antigua, subiéndome la faldita, y azotándome con el impresionante paddle que se exhibía orgulloso sobre la mesa. ZASSSSSS uno señor, ZASSSSSSSSSSSS dos señor, ZASSSSSSSSSSS tres señor, así hasta 20 azotes, fuertes, repartidos. Tras ello lo imaginaba depositándome sobre sus rodillas, la luz verde iluminando la escena, mientras me introducía lentamente los dedos por debajo de mis braguitas y las bajaba con parsimonia hasta las rodillas dejando al aire mi ahora enrojecido trasero, y de repente una buena serie de azotes, rápidos, enérgicos que enjuiciaran sabiamente mis nalgas que tantas veces se habían ausentado de los bancos de clase, para presentarse en un bar. Y en esa misma postura instruirme en lo que debe ser un alumno responsable y estudioso. Y tras ello me obligaría a sentarme en la dura y fría silla del despacho con varias enciclopedias sobre mis piernas para que hubiera de pegar el trasero al asiento, y sentir así el escozor producido mientras estudiaba.

Pero en fin, eso solo eran fantasías que calentaban mis noches. Lo que sí llevamos a cabo fue una sesión de hipnosis, de la que él tomo sus datos y no me reveló nada.

Al segundo año tenía que realizar un trabajo de campo. Y es aquí donde viene la parte mas interesante de mi doctorado, ya que nunca jamás esperé que me ocurriera nada parecido.

Continuará.

La Tesis II Parte

f/f paleta

Autora: Maria Elfmann

Durante el año de recopilación de datos y pruebas el profesor Herrera me enseñó multitud de técnicas, TAT, Test de Roecshter, entre otros. Y por fin llego la hora de llevar a cabo un trabajo de campo.

A lo largo del año anterior, todos los miércoles en su descolorido despacho había sido inevitable hablar sobre el instrumento que presidía el despacho, aquel enorme paddle, asimismo me enseñó otros que tenía guardados en un cajón con llave, por ser éstos muy antiguos. Poseía tawses, paddles, y todo tipo de armas de castigo. Se notaba que le entusiasmaba el tema, y a mí se me debía notar a la legua, aunque lo tratara en vano de tapar con un interés meramente intelectual. Pero tener esas paletas en las manos, uf. No podían por menos que hacerte temblar.

Incidimos sobre los castigos físicos y la repercusión que éstos tienen en la conducta humana, de una parte la redención, y en otra menos conocida el placer. Estudiamos conductas sadomasoquistas, y como éstas habían sido utilizadas en la publicidad. Mujeres de cuero para anunciar colonias, pequeñas lolitas, susceptibles de recibir unos azotes, una joven caperucita que roba el perfume Channel, mientras el masculino lobo se somete y se limita a aullar. Todo tenía un objetivo básico: La persuasión usando el fetichismo como instrumento.

Así de este modo decidió indicarme que el tema de mi trabajo de campo serían los azotes, los castigos físicos, y las instituciones donde se han usado o aún se usan. Para ello me proporcionaba la universidad una beca, para visitar lugares donde se estudiase el tema, o bien sitios donde aun se llevaran a cabo.

Comencé pues mi trabajo. En primer lugar me mandó a Salamanca. Al parecer existía un convento en las afueras, donde aún hoy día se impartían castigos físicos. Se trataba de un lugar de recogida de muchachas de familia bien, que por una u otra razón necesitaban ser enmendadas. Había madres prematuras, chicas cazadas por sus progenitores fumando o realizando el acto sexual, chicas que habían confesado su homosexualidad en un retrogrado seno materno, etc. Si bien antiguamente hubieran reconducido la vida de estas jóvenes hacia las contemplaciones seglares, en este caso se limitaban a impartirles catequesis, y clases de historia, álgebra, y literatura. Las mantenían limpias y aseadas, y libres de pecado, confesaban ante el cura de modo secreto y ante sus tutoras con castigo corporal como penitencia.

Por supuesto que no habéis iodo hablar de este lugar. No pensareis que viene en sitios Goegle o en la agencia de viajes de spankófilos, no? El lugar sitúa los castigos físicos dentro de la clandestinidad, hoy día seria impensable que se permitieran estas licencias según la constitución actual. Y yo me dirigía a él por el amplio conocimiento en la materia del doctor Herrera, quien conocía a la abadesa profundamente.

Así fue como llegué al convento, haciéndome pasar por una de esas chicas descarriadas que habían sido pilladas in fraganti en actitud poco decorosa con un varón. Me puse en manos de la Madre Superiora. Por supuesto que en ningún momento pensé que yo fuera blanco de castigos, la superiora conocía mi calidad de espectadora por lo que yo esperé encontrar un trato favorable. Al fin y al cabo estaba allí por trabajo.

Aunque me excitaran los azotes, la angustia que me trasmitían los muros no me inspiraban para imaginar un correctivo placentero. El convento en su fachada exterior era plateresco, corriente muy común en la zona, pero se hallaba realizado sobre un monasterio anterior de orden románico, del que conservaba la disposición y materiales del interior. Era mucho más antiguo, más oscuro, mas retraído. Las paredes de piedra eran húmedas y frías, el suelo también, andar con una suela fina ponía los pelos de punta. Olía por todas partes a piedra y arena, a cirios y a iglesia cerrada.

Las internas dormían todas juntas en un amplio dormitorio de camas dispuestas una al lado de la otra, muy cerca, casi el espacio justo para andar de canto entre una cama y otra. Había unas 20 aproximadamente, y venían de todas partes de España, pero por lo que vi, mucho apellido noble, y mucha familia pía.

Yo ocupe una cama del final, junto a una chica de Alicante de 20 años, era simpática, pero no decía porque estaba allí, y actuaba con cierta timidez, al igual que el resto de las jóvenes, se comportaban de manera muy recatada y sin excesos.

Como llegué por la noche únicamente presenté mis respetos a la Madre superiora quien me indicó que me acomodara en mi catre. Venía cansada del viaje, y sin prestar mucha atención me puse un pijama de verano cortito y fino, y me eché a dormir, bien tapadita hasta el cuello.
Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz
De repente, sentí una sacudida, una mujer vestida sin hábitos pero con bata de religiosa me zarandeaba y me gritaba no se qué, de si era aquella una manera correcta de dormir. Con el sueño no me enteraba de nada, y a causa del viaje ni siquiera sabía aún dónde me encontraba. Cuando sí reaccione fue cuando me saco a tirones de la cama y abrí los ojos para contemplar el enorme dormitorio comunal a oscuras, con las paredes bañadas por la luz de la luna entrecortada por los barrotes de las ventanas. Hasta ella se encontraba encerrada en aquel lugar sombrío.

La hermana que me zarandeaba, de repente se sentó en mi cama, tiro de mi brazo y con él de mi cuerpo amodorrado por el sueño, y me deposito en sus rodillas, ahí sí me desperté, ¿qué c*** hacia esta tipa???? Pero cuando resolví mi duda fue a causa de un impacto fuerte sobre mi trasero que hacia que éste ardiera. Me estaba azotando!!!! Me tenía agarrada por un brazo y con el otro no se qué demonios estaba usando pero picaba como el diablo. Instintivamente alargue mi brazo a la nalga donde recibí el azote, a lo que sentí un fuerte tirón de la misma, quedando inutilizada. Con una sola mano me sujetaba las mías, era una mano fuerte y grande para ser de una mujer. Me reprendía por dormir tapada hasta el cuello. “Los brazos fuera de la manta!!!” Me indicaba “así no podréis caer en la tentación” “y no se duerme bocabajo” “conozco todos vuestros trucos para satisfaceros”. Mientras me regañaba noté que me desprendía de un tirón seco de mi pantaloncillo del pijama para después hacer lo mismo con mis braguitas. Yo me intentaba zafar, pero era ducha en su propósito la jodida. Sentí un azote fuerte en el trasero, ahora sí sabía que me azotaba con la mano, era una mano recia, fuerte, de exprimir coladas a mano, de recolectar la huerta y arrancar las malas yerbas, curtida y encallecida. Los azotes eran rápidos y enérgicos, me azotaba profusamente en la parte mas baja de la nalga, donde escocía horrores.

Después de darme unos 100 azotes con la mano, mi grupa ardía, reposó la mano sobre ella, mientras me reñía de nuevo, me explicaba que eso era por haberme interpuesto en el castigo, que el castigo en si venia a continuación. La mano no solo estaba apoyada sobre mi nalga, la muy ***** me sobaba, me palpaba a gusto, parecía que disfrutaba. Bollera reprimida... pensé.

No fue mucho el tiempo de pensar. De mis deducciones me sacó a base de un buen paletazo en el trasero. Ahora sí supe al primer encuentro qué había utilizado, era una paleta. Con el tiempo averigüe que utilizaban el instrumento en cuestión para golpear la ropa para que se secara, además de para indicar el buen camino a jovencitas.

Me rocío 20 paletazos lentos, espaciados, con orgullo. Estoy segura que se sentía orgullosa de su trabajo, de su buen hacer, porque se deleitaba en ellos.

PLASSS tiempo PLASSSS tiempo PLASSSSS tiempo PLASSSSS

Se me escapaban las lágrimas, no estaba llorando de rabia sino se me escapaban de escozor. De impotencia de no poder parar ese tremendo dolor que recaía sobre mis nalgas.

Después me proporcionó otros diez por llevar esa indumentaria poco adecuada y me indico que ya me proporcionarían un camisón decente. Además, me instó a seguir dos de las normas más importantes en la cama, no dormir bocabajo, en ningún caso; y los brazos fuera de la manta para que se puedan ver en una revisión.

Sin más se fue. Según avanzaba por el pasillo con la paleta en la mano, yo empezaba a asimilar por una parte lo que me costaría dormir con semejante escozor en mis nalgas, que me ardían, no podía apoyarlas contra el lecho, y por otra… lo húmeda que me encontraba.

Cuando abandonó el habitáculo, algunas de las chicas levantaron la cabeza primero hacia donde se había perdido la hermana y después hacia mí. Mi compañera de al lado me alcanzo la mano, y me la acaricio con suavidad. “Intenta dormir con la almohada en los riñones, eso alzará el trasero y te rozará menos con el colchón”

Así lo hice, a pesar de lo recio y basto de la ropa de cama, imagino que del mismo cansancio de la paliza, al poco tiempo y tremendamente escocida y dolorida me quedé dormida. No sentía esta sensación de dormir tras unos azotes, desde hacía muchos muchos años, cuando era mi padre el que se encargaba de hacerme dormir de un tirón después de haber estado dando la lata.

Continuará

Mi estancia en Costa Rica

Autor Papicaliente

Había conocido a Claudia por Internet. Desde que vi su foto quedé realmente impresionado de su belleza, lo que aumentó considerablemente cuando intercambiamos ideas sobre el spanking.

Ella, una chica delicada muy sensual de una piel blanca que incitaba a amarla, a tratarla con delicadeza, hacía que mis pensamientos volaran a mil sobre la posibilidad de una sesión spanking cuando nos encontráramos. Cuando sucedió esta historia había llegado a Costa Rica con el claro propósito de conocerla. Ya habíamos salido un par de veces y creo que habíamos congeniado, a pesar de mi edad, tengo 39 años, soy un hombre mucho mayor que ella, la conversación fluía fácilmente y platicábamos de uno u otro tema.

Mi deseo por Claudia se complicaba por cuanto ella estaba casada, muy enamorada de su marido con quien tenía una hijita muy linda e inteligente. Claudia tenía 6 meses de haber dado a luz a esa nena preciosa.

Esta vez, la tercera que nos encontrábamos, estaba muy linda. Llevaba un vestido de una sola pieza, de seda y arriba de la rodilla, con tirantitos. El vestido se le pegaba provocativamente a la piel y los tirantitos al desnudar un poco su pecho hacían mas atractiva esa zona deliciosa y que seguramente estaba siendo de uso exclusivo de la hijita de Claudia. Fuimos a un restaurante, comimos cualquier cosa y platicamos mucho, entre la conversación yo buscaba alguna forma de pillarla, para obtener el derecho de castigarla, mis deseos eran inmensos pues sus nalgas se habían vuelto una obsesión para mi y la posibilidad de verla llorando o quejándose de una buena zurra hacía que me excitara de solo pensarlo.

En un momento en que yo le contaba sobre una experiencia con una de las chicas con quien yo practicaba spanking en Nicaragua, ella se quedó observando con detenimiento a un joven apuesto que estaba en el restaurante frente a nosotros.

- Oye Claudia, le dije, no me estás poniendo atención, mira que lo que te estoy contando es muy importante para mi...

En esa momento el tipo, atraído por la belleza de Claudia y por sus indiscretas miradas, le sonrió y ella le respondió sin percatarse de lo que yo le decía.

Víctima de los celos me levanté bruscamente de la mesa y le dije:

- ¿Claudia, porque me tratas así? No me pones atención y coqueteas abiertamente con un tipejo simpático que esta en la otra mesa. No aguanto más, me voy de aquí.

Ella se asustó y me dijo:

- Oye Alex ¿qué te pasa? No estoy haciendo nada malo y no quiero que me dejes sola, ven siéntate por favor.

Pero yo estaba celoso y furioso, y le dije:

- Claudia ¡nos vamos de aquí en el acto!.

Ella percibió con claridad lo serio y molesto que yo estaba y sin oponerse se levantó de la mesa y me acompañó al auto de alquiler en el que yo la había llevado al restaurante.

Nos introdujimos en el coche sin hablar ni una palabra. Mi disgusto era serio, muy serio y deseaba desahogarme. Y se me ocurrió la idea de llevarla al apartamento que estaba alquilando temporalmente, mientras durara mi estancia en Costa Rica, y, desde luego, ahí dar riendas sueltas a mis más queridos instintos. Quería zurrar a Claudia en aquellas nalgas deliciosas que estaba deseando tanto desde que conversábamos por Internet.

Agarré rumbo a mi apartamento y ella se asustó y me preguntó: - ¿Qué haces Alex, donde me llevas?

La volví a ver hecho una fiera y con gran aplomo le dije: - vamos a mi apartamento, voy a zurrarte nenita, te has portado muy mal conmigo y vas a pagarlo.

- Pero yo no he hecho nada malo papi, que te sucede ¿porqué me tratas así?

Me había dicho papi, como me decía en Internet, cosa que ella sabía me deleitaba pues me otorgaba cierto nivel de autoridad sobre ella.

- Crees que no es malo tratarme como un idiota, le dije exaltado, mira nenita tu papi tiene cierto nivel de tolerancia, pero hay un momento que ya no permito más y ese fue el momento que sucedió hoy y vas a pagarlo, te castigaré como te lo mereces.

- NO papi no lo hagas, no me castigues por favor, solo eran miraditas con el muchacho ese, yo no pensaba molestarte, gritaba casi implorando.

Había comenzado a llorar y seguía rogando que no la azotara pues además del temor del castigo se sumaba la posibilidad de que su marido lo supiese y desconocía cual sería su reacción. Pero yo ya estaba decidido y nada podría detenerme.

En lo que quedaba del trayecto del viaje no volvía a decir una palabra, aunque mi excitación era evidente, pues la reacción de Claudia era deliciosa, y yo me sentía dueño y señor de la situación y de Claudia en ese momento.

Cuando llegamos al apartamento, estacioné el auto y me salí mientras ella se quedaba llorando en su asiento, le abrí su puerta y la jalé de una mano. Ella salió oponiendo cierta resistencia, casi la arrastré hacia la entrada del apartamento y abrí la puerta y la empujé hacia adentro. Cerré con llave la puerta. Ella seguía llorando y me dijo entre sollozos:
- ¿Qué vas a hacerme papito? Por favor no lo hagas, no me castigues papi, no quise molestarte...

- Voy a castigarte como te lo mereces, me molesta que te comportes como una putita cuando andas conmigo, anda quítate el vestido y me esperas.

Me introduje en la habitación del apartamento me desnudé totalmente y me puse el pantalón de látex negro que me gustaba usar en estas ocasiones. Este pantalón me quedaba bastante tallado y tenía un orificio en el lado donde se ubica el pene. Mi pene salía erguido y grande desafiando la gravedad como fruto de la excitación que me embargaba.

Claudia estaba solo en una tanguita blanca, sin brasier, sus pechos se veían deliciosos y las curvas de su cuerpo eran una invitación al erotismo mas desenfrenado. Sus nalguitas casi desnudas se erguían elegante y provocativamente como dos montañas de carne que iban a ser arrasadas por mi furia y mi deseo.

Ella me quedó viendo con mayor temor que antes. Yo hice caso omiso a su mirada temerosa y me fui directo al sofá que había en el apartamento. Me senté en el sofá y le dije:

- Nenita preciosa, ven que papi va a castigarte como te lo mereces...

Ella se acercó al sofá. Su mirada seguía siendo temerosa, pero en su tanguita se comenzaba a apreciar la humedad de su excitación. Aquello me encendió más y la tomé de una mano la atraje hacia mí y la acosté boca abajo en mis piernas. Sus nalgas quedaron a mi merced. Por fin tenía esas nalgas deliciosas en mi poder, por fin iba a poder disfrutarla como lo deseaba.

Agarré la tanguita y de un tirón se la arranqué dejándola completamente desnuda. Mis manos grandes y fuertes acariciaron con morbo aquellas nalgas blancas y delicadas. Que delicia, que placer más inmenso y de repente solté el primer manotazo en aquellas nalgas apetitosas: zaaasssssssss, con fuerza, con determinación, con algo de furia.

Claudia gritó: - aaaaaaaaayyyyyyyy papi me duele muchoooooooooo.

Le di otro manotazo y otro y otro y muchos más: ZASSSSSSS. ZASSSS, ZAS, ZAAASSSSS, ZAASSSS, ZAAASSSSSSSS, ZAAASSSSSSSS. Las palmadas resonaban en el apartamento y aquellas nalgas blanquita iban adquiriendo un dolor rojizo fuerte por el flagelo infringido de mi parte.

Mientras la azotaba le decía: - toma nenita malcriada, hijita malportada, tomaaaaaaaa, papi te castiga duro, para que no te portes como una putita cuando sales con el, toma bebita rebelde. Y la seguía golpeando y golpeando en aquellas nalgas que sufrían el martirio de mis manotazos.

Claudia lloraba y se retorcía y gritaba: - ya no papi, ya noooo, no lo vuelvo a hacer, para papito, yaaaaaaaaaa, aaaaaaaaaahhh, ya no, ya no más papito querido, te lo juro que no lo vuelvo a hacer.

El movimiento de Claudia hacía que mi pene se frotara con su pubis, y sentía sus vellos púbicos, pero también sentía una humedad enorme que fluía de ese sexo hermoso de mi Claudia bella. Claudia lloraba, pataleaba, gritabaaaaaaaa, su dolor y placer era inmenso y yo lo percibía, yo sabía que en medio de esos gritos, de esos movimientos y esos llantos habían orgasmos intensos de por medio. Mi placer no era menor los gritos y la sensación del roce de mi pene con el pubis de Claudia se fueron convirtiendo en algo sumamente delicioso, excitante, los nalgazos me estaban volviendo mas loco de la excitación, ya había perdido la cuenta de los manotazos dados con furia en las nalgas desnudas de Claudia, nalgas que enrojecidas salvajemente parecía que iban a brotar de ellas sangre. Y llegó el placer máximo y con él una eyaculación brutal, fuerte e intensa que bañó el pubis y toda la parte pélvica de Claudia y mis piernas y pancita también.

La dejé de azotar y ambos quedamos exhaustos. Ella encima de mí llorando y yo gimiendo un poco, producto de los deleites de mi orgasmo.

- Puedes levantarte Claudia, le dije, tu castigo ha terminado por hoy.

Ella se levantó y se introdujo dentro de la habitación. Yo la dejé por unos minutos dentro de la habitación sola, para que hiciera los menesteres que considerara conveniente. Cuando me decidí a entrar la encontré acostada desnuda, boca abajo, en mi cama, entre dormida y despierta. Busqué entre mis utensilios alguna crema reconfortante para untárselas en sus flageladas nalgas y ella pudiera resistir de mejor manera la post relación spanking que tanto placer nos había proporcionado a ambos.

Mi nuevo hogar

Autora: Sevishana

Esperé en el cuarto durante un rato, con algo de miedo, no lo voy a negar. Me sentía tremendamente avergonzada por ese comienzo tan nefasto. Pensaba además que para entonces todo Londres sabia que había recibido unos azotes en la vía publica. En ello estaba meditando cuando llamaron a la puerta, tras lo cual se abrió lentamente. Temí que fuera Capdevilla. Pero no fue así, era su esposa. Se trataba de una mujer de 35 años, nativa, en realidad irlandesa por lo que pude averiguar después. Tenía el pelo rubio, corto, y llevaba gafas de metal que le resbalaban por su escasa naricilla. Tenía el vello tan claro, que a penas unas cejas rubillas y escasas le protegían unos preciosos ojos verdes. Su piel era pálida, de no haber recibido el sol en años. Y su cuerpo delgado, enfundado en un vestidito de flores, se acercaba delgado y sinuoso hasta mí.
- ¿cómo tú te encuentras? Me pregunto con un acentuado deje extranjero
- bueno, abochornada. Contesté
- es bien, Joan es muy enfadado con tú, pero el es bien en unas horas.
- Me dijo que quería hablar conmigo.
- Sí, este es cierto, pero creo que conversation él quiere no gusta a ti.
- ¿Será muy duro?
- Yo cree tu has sido una niña muy mala y necesita un castigo para que tu aprende a comportarte.

Me acarició el pelo, y me miró con ternura y pena. Ally era una persona muy dulce y aportaba serenidad con su mirada. En realidad me sentía como en casa. Al igual que en este hogar, en el mío, convivían mi padre español y mi madre extranjera. Por lo que por unos momentos me sentí a gusto, pensando que estaba en casa de nuevo, y toda esta movida no tenía más razón que la preocupación por mi salud.

Me dispuso unos almohadones en la cama, y me indicó que me pusiera bocabajo. No quiso bajarme ella misma el pantaloncillo del pijama por no avergonzarme más, pero me propuso que esperara allí con la grupilla expuesta desnuda para cuando entrara su marido. Me paso la mano por la espalda y abandonó el cuarto, etérea, como un fantasma, tal y como había entrado.

Le hice caso, cómo no hacerlo, pedido con esa dulzura, y cómo no, por el miedo a las represalias. Pero aposté a bajarme los pantalones sólo cuando entrara Capdevilla, ya que me parecía muy vergonzoso esperar en esta tesitura todo el tiempo. Así lo hice, y cuando por fin entró mi verdugo, y me vio corriendo a obedecer lo que me había indicado su mujer se molestó considerablemente. No me permitió acabar mi labor, sino que cogiéndome del brazo, y sentándose sobre la cama me puso sobre sus rodillas, y de un tirón me bajo el pijama y las braguitas. Al instante sentí un fuerte azote con algo plano y frío.

PLASSSSSS PLASSSSSSS PLASSSSSSSS PLASSSSSSSS PLASSSSSSSSSS PLASSSSSSSS PLASSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSS PLASSSSSSS PLASSSSS
Mientras me azotaba, me reprendía.
- muy bien jovencita, no aprendemos la lección, eh? Como eres una niña muy muy desobediente te mereces unos buenos azotes además de los que te pensaba dar. Vas a recibir tantos azotes que cuando acabe contigo vas a obedecer con sólo mirarte.
PLASSSSSS PLASSSSSSS PLASSSSSSSS PLASSSSSSSS PLASSSSSSSSSS PLASSSSSSSS PLASSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSS PLASSSSSSS PLASSSSS
- Si te comportas como una niña pequeña te trataré como tal. Y las niñas malas la única manera que tienen de aprender a ser obedientes es recibiendo una buena hair brushing.
PLASSSSSS PLASSSSSSS PLASSSSSSSS PLASSSSSSSS PLASSSSSSSSSS PLASSSSSSSS PLASSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSS PLASSSSSSS PLASSSSS
- A partir de ahora vas a tenerle miedo a tu amigo el cepillo. Créeme
PLASSSSSS PLASSSSSSS PLASSSSSSSS PLASSSSSSSS PLASSSSSSSSSS PLASSSSSSSS PLASSSSSSSSSSS PLASSSSSSSSSSSS PLASSSSSSS PLASSSSS

Sentía hervir mi trasero, los azotes escocían de verdad, eran mucho peor que con la mano, estos quemaban, y no me daba tiempo a reponerme de uno cuando venia el siguiente. Para entonces yo lloraba como una boba, mientras le oía regañarme muy avergonzada. Su voz se confundía con el sonido de los cachetes. Tenia acento catalán, y el olor que había dejado a colonia fresca su mujer, el lo había cambiado por el intenso olor a after shave, que sentía sobre mi, y que se abanicaba con el aire desplazado por los azotes.

Por fin terminó, o al menos yo lo pensaba así. Por el contrario me hizo despojarme por completo de pantalón y ropa interior, y me indicó que me tendiera como debía de haberlo hecho desde un principio. En esa postura, tremendamente calentada, y llorosa y sumisa, me dio otros diez azotes mas fuertes, que yo hube de contar dando las gracias por cada uno de ellos. Me exhortó a que permaneciera en esa postura hasta nueva orden y salió del cuarto.

Al tiempo entró Ally. No me miraba el trasero, se dirigía directamente a mi cara, supongo que por respeto. Me secó las lágrimas con un pañuelo y me retiró el pelo que mojado se me pegaba en la cara.
- es mejor si tu haces caso. Me dijo.
- Asentí.
- ahora el viene y tu podrás ir a dormir.

Me besó en la frente y salió. Al momento entró él. De nuevo el olor a after shave, y una punzada de miedo en mi estómago. Me ayudó a incorporarme y me sentó sobre sus rodillas, sobre su pantalón de pana, que aunque suave, irritaba mis nalgas. Bueno, me acomodó como pudo, porque yo no podía permanecer sentada con soltura por razones obvias. Me explicó porque me había castigado, y cómo de ahora en adelante él tenia la responsabilidad de un padre sobre mí. También me emplazó a futuras azotainas. Durante una semana, una por noche, para compensar el castigo por llegar tarde, por fumar porros, por vestir de manera inadecuada, por cruzar la calle de forma imprudente, así hasta dar con siete motivos que se saldarían en siete nalgadas nocturnas antes de ir a dormir, con el cepillo del pelo.

Yo callaba, y contenía las lágrimas, pero después que me abrazara y me mandara a dormir con cariño, eché a llorar como una niña pequeña. No me vestí de nuevo, dejé que la sábana de franela fría acariciara mi trasero enrojecido y ardiente. Y me quedé dormida por agotamiento bocabajo, con una intensa humedad y calor entre mis piernas.


Después de esto, conviví con ellos durante esa semana, recibiendo mis azotes todas las noches antes de ir a dormir. Yo acudía a sus rodillas y a los almohadones como una cachorrilla obediente. Hacia caso en todo. Y ayudaba a Ally en lo que podía. Ambos pasaban mucho tiempo fuera, dando clases. La irlandesa impartía clases en la misma universidad en el Departamento de Literatura del siglo XX, por lo que salían por la mañana temprano y no los veía hasta por la noche.

Algunos días después incluso pude oír que Joan Capdevilla no sólo me conducía a mí al buen camino, sino que a su compañera también le propinaba severas azotainas que yo oía muy excitada desde mi dormitorio.

Pero eso no creo que sea de vuestro interés.

Continuará...

El cliente

Autor: riot_girl

Este relato contiene algunos datos auto-biográficos aunque tengo que remarcar que el único personaje real soy yo. Todos los demás personajes, lugares y sucesos son fruto de mi imaginación. Si alguien quiere comentar algo puede hacerlo a mi correo: riot_girl_7@yahoo.es. Espero que lo disfruteis.

Quedaba un buen trecho aún para llegar a la tienda y ya llegaba tarde. No me apresuré ni pensé en otra excusa estúpida que decirle a mi jefa. Repartía comida a domicilio para sacarme un dinero extra al mes y, la verdad, no me lo tomaba nada en serio. Entré a trabajar porque dos de mis amigas también estaban allí y eso me permitía poder verlas un ratito al día. Mi jefa sabía de sobras que jamás daría el cien por cien ya que por las mañanas trabajaba en una fundación donde me ganaba bastante bien la vida. Tampoco le importaba demasiado porque en el turno en el que estaba yo no había mucha faena.
Entré por la puerta de reparto sigilosamente y me fui derecha al vestuario. Me cambié la falda y la camisa por el uniforme compuesto de pantalón de algodón azul marino y polo rojo. Cuando salía me di de bruces con mi jefa.

-¿Tu sabes qué hora es? Hace diez minutos que deberías estar aquí con la moto a punto para repartir.

-Los siento, de verdad. No he podido llegar antes. Te prometo que en el primer pedido me paro en una tienda y te traigo un cruasán de chocolate - este era un truco que nunca me fallaba, tenía a media plantilla sobornada a base de cruasanes y bollicaos que compraba entre viajes.

-...Bueno, pero que no se repita. Y haz el favor de ponerte el polo por dentro de los pantalones y de traer vaqueros como todo el mundo, que no vienes aquí a estar guapa.

Fui a por la moto mientras mi jefa me seguía con la mirada.

Esa noche había poca faena y en una hora todavía no había salido a llevar ningún pedido. Estaba de charla con mis amigas mientras íbamos cargando el lavaplatos y las cámaras cuando oí a mi jefa alzar la voz por encima de nuestras risas:

-Sale calle Escudellers, ¿a quién le toca?

Yo seguía haciendo tonterías y bromas mientras mi jefa volvía a preguntar de quién era el turno de salir. Al final, supuso que sería yo. Noté como me agarraban de un brazo haciéndome girar en redondo:

-Niña, ¿estás sorda o qué? Sale un pedido para ti. No se que te pasa hoy pero estas atontada. A ver si te voy a tener que dar unos azotes para que me prestes atención - mientras decía esto oí perfectamente como los de la cocina se reían. Eso me hizo enrojecer hasta las orejas.

-Ya voy, ya voy.

Leí el pedido a toda prisa para ver lo que me faltaba, metí la pizza en la bolsa térmica y llené otra bolsa de plástico con las ensaladas y los postres. Lo cogí todo y salí disparada. Tenía que ir a una calle situada en el barrio gótico. El número no me sonaba de nada y cabía la posibilidad de que fuera un piso de estudiantes y no me dieran nada de propina. Eso me hizo confiar en mi buena suerte y me relajé. Cuando empecé a adentrarme por las estrechas calles del casco antiguo de Barcelona me acordé que le debía un cruasán a mi jefa. Me salí de la ruta más rápida para poder llegar a alguna tienda que aún estuviera abierta. Todas las que quedaban cerca estaban ya cerradas así que calculé si me daría tiempo a llegar a la gasolinera sin que el cliente se diera cuenta del retraso. Pensé que solo serían cinco minutos y prefería perder la propina a tener a malas a mi jefa. Cuando llegué a la portería me di cuenta que llegaba casi doce minutos tarde y que desafortunadamente aquello jamás podría ser la casa de un grupo de estudiantes. Muchos edificios del barrio gótico han sido reformados completamente hasta convertirse en auténticos pisos de lujo para gente elitista. Este era uno de ellos. Subí un poco avergonzada por haberles hecho esperar tanto. Cuando llegué al rellano vi la puerta entreabierta. Piqué tímidamente con la mano y salió un hombre de unos 35 años. Todavía llevaba la ropa de calle, unos pantalones de vestir negros, camisa blanca con las mangas arremangadas y una corbata medio desanudada. Era muy alto, al menos para mí, tenía una barba incipiente y me miraba de forma directa e intimidatoria.

-Llegas tarde-así, sin más, se había percatado de mi poco discreto retraso.

-Buenas noches, lo siento, pero había muchos pedidos- no se me ocurrió otra cosa que decir, a esas horas no podía culpar al tráfico.

-¿Seguro? Acabo de llamar al restaurante y hace... -se miró su reloj de pulsera-exactamente 25 minutos que has salido de allí. Se que deberías haber tardado menos. Al menos, no trates de engañarme.

Jamás me había sentido tan intimidada y atraída por un cliente. Saqué lentamente la bolsa de las ensaladas y los postres y la caja con la pizza. El lo cogió sin dejar de mirarme. Dejó la pizza en el mueble de la entrada y abrió la bolsa delante mío.

-Faltan las bebidas.

-No puede ser...-cogí el pedido para comprobarlo y, efectivamente , faltaban dos refrescos- uff, verá, puedo ir a buscarlos en un momento...

-¿Y tardar otros 25 minutos?

-No, de verdad, esta vez volveré antes de que tenga tiempo de sentarse a cenar. Se lo aseguro.

-Espero que esta vez no me estés engañando – mientras decía esto posó distraídamente la mano por su cinturón de cuero y me sonrió.

Nunca había circulado tan aprisa por el centro de la ciudad, saltándome pasos de cebra y semáforos. Entré en la tienda sin resuello y con el maldito cruasán en la mano. Se lo di a mi jefa y me juré interiormente no hacer una estupidez así en la vida. Ella lo cogió sorprendida y me preguntó:

-¿Se puede saber cuánto le has hecho esperar a ese pobre hombre para que llamara preguntando por ti? ¿Y por qué me miras así?

-Me he olvidado las bebidas y ... preferiría que fuera otra persona a llevarlas...

-Jajaja, esa si que es buena, ya puedes cogerlas y llevárselas en dos segundos. En otra ocasión no me importaría pero si cometes dos errores no mandaré a otro a enmendarlos por ti.

Volví a salir de la tienda con la sensación de que esa noche me pasaría algo por haber sido tan irresponsable. De nuevo conduje como una loca olvidándome de cualquier código de circulación. Para cortar camino me metí en una calle muy corta en contra de dirección pensando que no habría peligro alguno. Nada más entrar me encontré un guardia urbano. Me hizo aparcar la moto y sacar la licencia de conducir y los papeles del seguro. Yo solo quería que acabara pronto, me daba igual la multa, pero no quería llegar tarde otra vez a casa del cliente. Después de darme un sermón sobre la mala conducción de los repartidores y sobre el peligro que son en la carretera y todo eso, me devolvió mis papeles y mi flamante multa. Cuando llegué a la portería me di cuenta de había tardado 20 minutos en llegar. Esta vez subí completamente atemorizada porque tenía la certeza de que el cliente me abroncaría un buen rato. No me hizo falta picar porque ya estaba esperándome en la puerta.

-Veamos, esta vez “solo” has tardado 20 minutos. ¿Qué te ha pasado?

Me intimidaba su manera de mirarme y su sarcasmo. Me dejaba completamente sin argumentos.

-Verá, quise venir tan rápido que me multaron... – casi en ese mismo momento me arrepentí de habérselo confesado. Por unos instantes su mandíbula se tensó.

-¿Quieres decir que además has puesto en peligro tu vida? Creo que no te tomas en serio tu trabajo. ¿Tu jefe no te dice nada al respecto? Supongo que al menos te sancionará por lo que has hecho hoy, ¿no?

-No me dice nada, no le gustará lo de la multa pero la pagará la empresa. Todo el mundo se equivoca – ¿Por qué tenía que darle explicaciones a un cliente sobre si yo cumplía en el trabajo o no?

Se quedó pensativo mientras le daba la bolsa con las bebidas y le decía el importe que debía pagarme. No quería ni imaginarme lo que pasaba por su cabeza en esos momentos.

-Verás, hay un problema. La cena se ha enfriado mientras esperaba la bebida. Como voy a tener que calentarla antes de comérmela he pensado que deberías pagar por tus descuidos. ¿Qué te parece?

-...está en su derecho de no pagar el pedido...he llegado tarde y está frío...- su cara indicaba que no era eso exactamente de lo que estaba hablando.

-¿Crees que me preocupa el dinero? ¿Te parecería justo que tu empresa pagara tus errores? Yo creo que no. Me parece que eres una niña malcriada que no sabe tener responsabilidades y es hora de que alguien ponga el remedio. ¿Tu qué crees?

-Creo que tiene razón...

Me hizo pasar a su recibidor y cerró la puerta de la calle. En esos momentos estaba pasando más calor que en el día más caluroso de un verano.

-Estas en tu derecho de escoger. Si decides aceptar mi castigo lo harás hasta el final. Te advierto que soy inflexible y que no cedo a no ser que sea por fuerzas mayores. Si decides irte, te pagaré el pedido pero te iras sabiendo que has dejado a un cliente completamente decepcionado.

Le miré a los ojos. Estaba erguido con los brazos cruzados a la altura del pecho. No sabía que pasaría después pero en ese momento supe que le seguiría hasta el fin del mundo si hiciera falta.

-Acepto mi castigo.

Yo sabía que había alguien más en la casa puesto que yo había llevado cena para dos. Me preguntaba quien sería a otra persona. ¿Su mujer?¿Su amante? Me estremecía solo de pensarlo. ¿Cómo había llegado a esta situación? Me llevó hasta el salón. Había un sofá de cuero blanco. Se sentó justo en el centro y me hizo un ademán para que me acercara. Yo no sabía que tenía que hacer. Esperaba que me riñera o que me obligara a calentarle cena o alguna cosa así. Pero el me miraba ceñudo esperando algo de mi que se escapaba a mi entendimiento.

-¿Tengo que ir a por ti? Si me obligas a ello será mucho peor.

No podía ser cierto. ¡Me iba a zurrar como si fuera una niña de parvulario! No pensé que ese sería mi castigo. Me acerqué despacio. Me tumbó en sus rodillas y posó su mano sobre mi trasero. La dejó allí durante unos interminables segundos y yo hubiera dado cualquier cosa por que empezara el castigo de una vez.

-Espero que guardes este momento durante mucho tiempo y que saques algún tipo de enseñanza de él.

Levantó la mano y la dejó caer pesadamente en medio de mis nalgas. Deseaba haberme puesto los vaqueros y el polo por dentro ese día ya que mi pantaloncito de algodón me dejaba casi sin protección.

-Te daré un azote por cada minuto que has tardado en traer los pedidos. ¿Cuántos serán?

-45, señor.

Siguió azotándome pausadamente pero con una intensidad asombrosa. Calculaba el lugar exacto donde debía zurrarme de manera que acabó por cubrir todo mi trasero en pocos azotes. El hecho de que no estuviera enfadado me humillaba más todavía. Lo hacía porque creía que era justo. Yo no tardé en ponerme a llorar puesto que hacía muchísimos años que nadie me castigaba así. A mitad del castigo paró en seco.

-Llevo 25 por los primeros 25 minutos. Los siguientes 20 serán con el trasero al descubierto – nada más decir esto me incorporó lo justo para poder desabrocharme el pantalón. Después me lo bajó hasta los tobillos. Yo pensé que eso sería suficiente pero agarró el elástico de mis braguitas y me las bajó hasta las rodillas.

-Así no, por favor. Ya ha sido suficiente. Prometo hacerlo mejor la próxima vez.

-Quedamos en que aceptarías tu castigo hasta el final y así será. Esto te costará 10 azotes extra.

No podía tolerar una cosa así a mi edad. Intenté levantarme y poner pies en polvorosa antes de que empezara a azotarme de nuevo. Eso no le gustó nada y me sujetó la mano derecha a la espalda mientras pasaba su pierna por encima de las mías haciendo una pinza.

-¿Qué se supone que estas haciendo? Te recuerdo que mi cena ya está fría y no me importa perder unos minutos más azotando este culo inquieto, así que compórtate de una vez.

Estos azotes eran mucho más duros que los anteriores. Tenía el trasero dolorido aún de los anteriores y como no paraba de moverme encima suyo noté como se excitaba. Justo en ese momento escuché unos pasos en el pasillo. Giré un poco la cabeza en dirección a la puerta y vi los pies de otro hombre. Ese debía ser el que cenara con él esa noche. Se paró justo en la entrada al comedor.

-¿Interrumpo? - ¿Cómo podía preguntar eso el muy estúpido? Estaba claro que interrumpía.

-No, dime – lo dijo como si azotar a una desconocida medio desnuda fuera lo más normal del mundo.

-Los de París quieren saber si pueden contar contigo para la conferencia del viernes.

-Diles que estoy en una reunión muy importante – dijo esto mientras me acariciaba las nalgas distraídamente – y que les llamaré en cuanto acabe.

-OK. Y no seas muy duro con la chica o no querrá traer más pedidos en su vida.

En esos momentos quería que me tragara la tierra. ¿Cómo podían hablar de temas serios estando yo allí en esa postura? ¿Y por qué el otro no se escandalizaba por ver una cosa así? Antes de plantearme más cosas volví a sentir su mano en mi culo. A veces me daba de refilón haciéndome escocer toda la piel y otras veces dejaba caer la mano pesadamente dejándome casi sin respiración.

-Bien, hemos llegado a los 20. Faltan los 10 extras por haber sido insolente. ¿Preparada?

Los 10 últimos azotes fueron realmente duros y rápidos. No creo que tardara mas de ocho segundos en propinármelos. A esas alturas lloraba como una niña de 6 años. Me giró hasta sentarme en sus rodillas. Me avergonzaba estar así sentada con la ropa bajada y siendo consolada por la persona que me había castigado tan duramente. Sin darme ni cuenta noté como empezaba a acariciarme la parta baja de mi espalda mientras que con la otra mano jugueteaba con los pelos de mi pubis. Empezó a lamerme el cuello suavemente hasta acabar besándome apasionadamente. Estaba excitadísima y quería seguir su juego en igualdad de condiciones. Intenté desabrocharle el cinturón para poder acariciarle el pene. Esto hizo que su actitud cambiara radicalmente. Me cogió la cara con ambas manos y me miró seriamente.

-Aún no he terminado contigo, gatita. ¿A cuánto asciende la multa que te han puesto?

-Creo que son 96 euros.

-No voy a darte 96 azotes más. La multa asciende a 16.000 pesetas de las de antes ¿no? Me parece razonable propinarte 16 azotes. Y no me mires de esa manera. De alguna manera has de pagar la infracción que has cometido.

No quise creer que fuera a azotarme de nuevo y menos en el estado de excitación en que nos encontrábamos los dos. El seguía mirándome pero yo me negaba a obedecer. Finalmente tuve que ceder y me di la vuelta para volver a tumbarme en sus rodillas. El no me lo permitió, me cogió por la cintura y me puso de pie en frente suyo.

-No voy a zurrarte otra vez con la mano. Estos azotes son para castigar una conducta más grave. Te los daré con el cinturón – mientras decía esto, se levantó y colocó un cojín enorme en medio del sofá. – Túmbate.

Me tumbé en contra de mi voluntad y noté como mi culo quedaba mucho más elevado que mi cuerpo. Notaba el tacto del cuero suave del sofá en mis piernas y pensé que le habría costado una fortuna. Vi como se desabrochaba el cinturón y lo hacía resbalar lentamente por las presillas del pantalón. Lo dobló en dos y lo chasqueó en el aire. El primer azote me pilló desprevenida, cayó en la parte baja de mis nalgas y no pude evitar un grito.

-Si se te vuelve a ocurrir gritar empezaré a azotarte desde el principio. Tu decides.

Volvió a azotarme de nuevo. Me daba los correazos en tandas de dos o tres muy seguidos y después dejaba un tiempo pequeño de descanso para que pudiera recuperarme. Yo estaba llorando a mares pero eso no le hizo dejar de castigarme. Cuando quedaba poco para terminar no pude resistir pedirle que parara.

-Por favor, no me castigue! No puedo resistir ni uno más...

-Parece que nunca aprendes ¿verdad? ¿En qué hemos quedado? Estás comenzando a enfadarme y voy a tener que empezar de nuevo.

Esta vez si que me zurró duro y no me dejo descanso entre uno y otro. Cuando terminó se quedó de pie mirándome mientras yo lloraba y me acariciaba el trasero que parecía tener relieve por donde había caído la correa. Se fue hacia el pasillo por donde había venido antes su compañero y oí como abría la nevera. Cuando volvió traía algo escondido en la mano y no pude averiguar lo que era. Se sentó a mi lado y me acarició el culo despacio. De pronto noté algo muy frío que se deshacía al contacto con el ardor de mi piel. ¡Había traído un cubito de hielo! Poco a poco fui recuperándome de la azotaina y gracias a sus caricias volví a estar en un estado de total excitación. Me puso boca arriba y me levantó el polo. Posó la yema de sus dedos por mi vientre, subió hasta llegar a mis pezones y acabó lamiéndomelos. Por fin pude desabrocharle el pantalón y coger su pene completamente erecto. Empecé a masturbarle lentamente. Mientras lo hacía me introdujo un dedo en la vulva y gimió al notar mi humedad. Durante unos segundos llegué a pensar que tendríamos un orgasmo de un momento a otro. Fue él quien puso fin a la situación.

-Cariño, te esperan en tu trabajo. ¿Quieres llegar tarde de nuevo? Puedes volver cuando acabes. Estas en tu derecho de escoger. Si decides volver aceptarás lo que te pida hasta el final. Te advierto que soy un amante inflexible y que no cedo a no ser que sea por fuerzas mayores. Si decides no volver esta noche será sabiendo que has dejado a un hombre completamente enamorado.

Sobrinita

m/f cinturón

Autor: Jano

Cuando abrió la puerta de la habitación,su sobrina Circe, sin más ropa que una exigua camiseta que apenas le cubría la cintura y dejando a la vista su culo, moreno por el sol, amplio y respingón que mostraba sin tener conciencia de su presencia. Le sorprendió lo que estaba haciendo: montada a horcajadas sobre el brazo del sillón , se movía adelante y atrás frotándose sobre él, con un movimiento que no dejaba lugar a dudas sobre su intención.

Excitado por el espectáculo y a la vez irritado por tan desvergonzada actitud, airadamente se dirigió a la jovencísima Circe exigiéndole que parara. Ella pareció no oírle y siguió con el vaivén. En vista de que no le hacía caso,
él, bruscamente, sacó rápidamente su cinturón que chasqueó en el aire y, sin explicaciones ni avisos, lo abatió sobre las expuestas nalgas, dejando rojas señales alargadas sobre ellas.

Ella, al primer cintazo, trató de eludir el castigo sin éxito. La mano de su tío la sujetó fuertemente al sillón; mientras, no cesaba de descargar un latigazo tras otro sobre aquel corazón de sandía en que se estaba convirtiendo el culo de
la joven.

El cinturón cruzaba el aire con un silbido amenazador antes de estrellarse ora sobre un lado, ora sobre el otro, alternando.

Las protestas y gritos de Adela fueron dando lugar a suaves gemidos cada vez que el cinturón hacía impacto en sus carnes.

Aparentemente, con la intención de evadirse del castigo,su cuerpo volvió a moverse de forma convulsiva de atrás hacia adelante frotando su entrepierna contra el brazo del sillón. Al observar aquella maniobra, su tío aumentó la fuerza y frecuencia de los azotes, ante lo cual, ella, por toda respuesta, incrementó la velocidad de sus movimientos.

La escena pareció quedar suspendida en el tiempo.

El tío, más excitado que enfadado con ella, sin embargo, no paraba de descargar golpes sobre aquél culo al que no dejaba de mirar como hipnotizado.

En tanto, Circe se aferraba al brazo del sillón, incluso con las uñas clavadas en él sin dejar de frotarse. El resto del cuerpo subía y bajaba al ritmo de los azotes.

Ninguno de los dos parecía prestar atención al tiempo transcurrido desde que empezara el castigo.

Repentinamente, ella cayó desplomada sobre el sillón. Asustado, su tío dejó de golpear pensando que se habría desmayado; cuando intentó levantarla, Adela se le abrazó con fuera al cuello mientras le besaba apasionadamente en los labios.

Lo que sucedió a continuación, pertenece a la intimidad de sobrina y tío.

Aquello fué "El Comienzo de una "Gran Amistad" (Casablanca)

JANO."