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Relatos de azotes

LIARLA DEJA MARCAS MORADAS

LIARLA DEJA MARCAS MORADAS

Autor: Patty

 

 

-        Vale, cariño nos vemos la semana que viene.

-        Vale, mamá. ¿En qué ciudades das los conciertos esta semana?

-        En Madrid, Salamanca, Sevilla y Málaga. Pero no te preocupes que te llamaré todas las noches después del trabajo para hablar.

-        No es necesario que me llames, sé cuidarme sola.

-        ¿Sola tú?, anda, déjate de tonterías y dame un abrazo que el taxi me está esperando ya para ir al aeropuerto.

 

Ambas se funden en un abrazo fuerte en el salón de casa dónde se encuentra las maletas de Mónica y Edgar, uno de los guardaespaldas de la familia.

-        Edgar,  te encargas tú de mi hija. Si se mete en líos, apúntamelo en una lista, y a la vuelta, me la pasas. Que vaya a clase puntual, que estudie, que entregue todos los trabajos que tiene que entregar, y haga deporte. No quiero que se desmadre en esta semana que no estoy yo aquí.

-        Sí, señora.

-        Mamaaaaaaa, te recuerdo que tengo 19 años y no cinco  – dijo Nora muy seria.

-        Pórtate bien, bicho.

 

Mónica cogió sus maletas, se subió al taxi y desapareció carretera abajo. Nora estaba muy contenta porque su madre se iba de gira y por un tiempo podría hacer lo que le diera la gana sin que la supervisara nadie. La madre era muy protectora. Cariñosa, pero para ella,  la educación de Nora era sin duda lo más importante. Era muy estricta. No le consentía gritos, ni palabrotas, ni gestos obscenos, ni que bajara la guardia en sus estudios, en su trabajo, o en su salud. Quería que su hija estudiara duro, se esforzara al máximo para ser una mujer de éxito en su carrera, al igual que ella lo había conseguido años atrás, y poder llevar una vida cómoda. Pero claro, para eso había que trabajar y ser constante. Nora tenía un defecto importante; una pereza que aparecía siempre que nadie estaba pendiente de ella. Mónica no dudaba en premiarla cuando se lo merecía con viajes caros, ropa, alta tecnología, caprichosos que ella quisiera en ese momento… pero igualmente, cuando su comportamiento no era el adecuado, no dudaba ni un solo momento en castigarla. Normalmente, los castigos consistían en no dejarla salir con sus amigos, privarla de cualquier regalo que le tenía prometido, y en casos extremos en que la hija se había pasado muy mucho de la raya, no dudaba en darle unos buenos azotes. Éstos se ajustaban en función de la edad y la falta. Es decir, que a medida que Nora era  mayor, los azotes eran mucho más numerosos y con instrumentos más dolorosos, para que aprendiera bien la lección. La hija odiaba este tipo de castigo porque le parecía muy humillante que a su edad se le castigara de forma semejante, ¡además del dolor! Pero a la madre le daba igual, ya que sabía que esta era una forma muy efectiva de mantenerla controlada. Además, la desnudez no era un tema tabú en su familia, por lo que verle el trasero para disciplinarla no era nada extravagante para ella, aunque su hija opinara diferente.  

-        Bueno Edgar – se dirigió Nora hacia el guardaespaldas- olvida lo que acaba de decir mi madre. Vamos a hacer un trato. Tómate esta semana de vacaciones, cuando vuelva le decimos que todo ha ido genial, y yo no te delato.

 

-        Jajajaja, ¿estás loca? ¿qué quieres? ¿que tu madre me despida? Además, ni sueñes que me voy a despegar de ti en toda la semana.

 

 

-        Anda, tírate el rollo. ¿Quién sabe cuándo nos vamos a volver a ver en esta situación? Por fiii. No seas rancioso.

 

-        Nora, háblame con respeto, por favor, no me gusta que me llames así. Ya has escuchado a tu madre, haz todas tus tareas y cumple con tus obligaciones como la mujer que eres ya y no apuntaré nada en la lista.  Así que venga, vete a estudiar – dijo muy serio. A pesar de que tenía muy buena relación con Nora, su trabajo era muy importante para él y pensaba cumplirlo a rajatabla, como llevaba haciendo hasta entonces. No se iba a dejar engatusar por la niña.

 

 

-        Paso. Voy a ver una peli que llevo tiempo queriendo ver, pero que aún no he tenido la oportunidad. Es de dos chicas que se enamoran y follan mucho… ¿Te apuntas? O ¿tienes miedo de empalmarte?... - le dijo en tono burlón sacando la lengua.

 

-        Segundo aviso, Nora, vete a estudiar.

 

-        ¿Hola?  ¿Estás sordo? Te he dicho que no me da la gana, que voy a ver una peli, joder. Eres un puto coñazo. Peor que mi madre. Venga, ve a abrir una botella de vino. Ya que me tienes que vigilar, que nos lo pasemos bien.

 

-        Primero, no bebo en horas de trabajo. Y segundo, que sepas que ya no tienes más avisos. No pienso dejarte pasar ni una, así que por tu bien, más vale que te espabiles. – Edgar sabía que tenía que ser estricto con ella, porque en alguna ocasión había sido más blando y Nora había aprovechado ese momento de debilidad para hacer lo que quería y se prometió a si mismo que no iba a volver a pasar.

 

-        Capullo…

 

-        ¿Qué me has llamado?- dijo Edgar en tono autoritario.

 

-        Lo que me has oído.

 

-        Muy bien, de acuerdo, vamos a empezar la lista más pronto de lo que pensaba. Tu madre se va a poner loca de contenta cuando vuelva. Sabes cómo es ella con las faltas de respeto.

 

-        Empieza la lista y date por despedido, Edgar. No… de hecho…, te irás tú, te haré la vida imposible hasta que tengas que dimitir, así que piénsate muy bien lo qué vas a hacer.

 

-        ¿Me estás amenazando, Nora?

 

-        Te estoy educando, tío.

 

-        ¡Esa es mi labor! De acuerdo, vete a ver la película, pero te garantizo que te arrepentirás de ello.

 

-        A ver, no hace falta ponerme a estudiar ahora mismo. El trabajo lo entrego dentro de dos días, así que aún tengo tiempo de sobra. Así, que relájate, hazme el favor.

 

-        …

 

Esa noche Nora se salió con suya. Vio la película, después encargó comida china para cenar y luego llamó a unas amigas para que vinieran a su casa. Quería un poco de marcha. Empezaron a hacer botellón en casa de Mónica y cuando estaban un poco más achispadas, decidieron llamar a otros amigos para que subieran a casa y pasar un rato divertido. Al final, en la casa se juntaron más de 20 personas bebiendo, con música alta, riéndose a carcajadas… Los vecinos vinieron a quejarse del jaleo, pero Nora no les hizo mucho caso por lo que al poco tuvo que intervenir Edgar, apagando la música y echando a todos de la casa, para evitar una denuncia.

A la mañana siguiente, la casa era un total desastre, lleno de botellas de alcohol vacías y vasos por todos lados, algunos envoltorios de condones tirados por el suelo, bolsas de patatas abiertas… Nora se levantó con una gran resaca y además, tardísimo. Con el tiempo justo para ducharse e irse a clase, ya que entraba a las tres y media de la tarde. Al volver de clase por la noche, se encontró con toda la casa perfectamente recogida y limpia, ya que el chico de la limpieza se había encargado de todo, pero había tenido que trabajar horas extras. Ella se acordó de que aún debía terminar el informe que tenía que entregar, pero no tenía fuerzas para mucho, y tampoco ganas de hacerlo. Así que fue para su habitación y se tiró en su cama. Al par de minutos, Edgar tocó en la puerta, que estaba abierta:

-        Buenas noches Nora, ¿cómo llevas el informe que tienes que entregar mañana?

 

-        Déjame en paz.

 

 

-        Intuyo que no lo has acabado aún...

 

-        No, no lo he terminado aún. Mira, no tengo cuerpo para tus sermones ahora. Me voy a dormir. Mañana me levanto a primera hora y lo hago. Total, tengo hasta las once y media para mandarlo por email.

 

 

-        No. Ponte a hacerlo ahora, que nunca se sabe lo que puede pasar mañana. Venga, y si estás cansada, te aguantas. No haber montado la fiesta de anoche.

 

-        No me apetece, y ahora no sé ni cómo me llamo. Mañana me levanto a las siete y lo hago, te lo prometo.

 

-        Tú verás lo que haces…

 

-        Que siiiiii, pesado.

A la mañana siguiente no escuchó el despertador y se despertó a las diez y media. ¡Horror! Tenía sólo una hora hacer y entregar el informe. Lo hizo rápido, mal y copiándo algunas partes de una compañera que le había pasado el suyo terminado para comparar ambos. Se sentía mal por ello, pero no le quedaban más opciones por la hora que era.

-        Edgar, ya lo he terminado. Me voy que tengo una reunión.

-        ¡Buenos días! Que trabajo te cuesta saludar, señorita. Venga, que te llevo a la reunión.

Se subieron al coche, Edgar conducía y le preguntó intrigado:

-        Has hecho el informe muy rápido esta mañana, ¿no?

-        Sí, estaba inspirada.

-        Espero que no hayas hecho trampas.

-        Define trampas…

-        Nora, eres increíble de verdad. Pasas de tus responsabilidades y encima haces trampas. Pues muy bien, sigue por ese camino que vas muy bien. 

-        Oye, que no me siento orgullosa, sólo que se me ha ido un poco de las manos. Sólo eso. Espero que me guardes el secreto, porque si mi madre se entera, me mata.

-        Si tuviera la oportunidad te mataba yo mismo, que vaya semanita me estás dando, joder. 

-        Te dije que te la tomaras de vacaciones y no quisiste. ¡Pues ahora a ganarte el sueldo!

-        Anoche cuando estabas dormida, llamó tu madre para preguntar por ti. Le dije que estabas durmiendo y le estuve contando tus batallitas de esta semana…

-        Joder Edgar, eres un bocazas. ¿Para qué cuentas nada? ¿Y qué te ha dicho? – dijo removiéndose incómoda en su asiento.

-        Pues la verdad es que se enfadó mucho. No entiende la actitud de adolescente que estás teniendo, así que ve preparándote para cuando venga, porque te va a caer una buena.

 

-        Eres un tonto y además me caes mal, ¿lo sabías?

 

-        Muy inteligente por tu parte seguir aumentando la lista, Nora.

 

-        Me voy a la reunión, que te diviertas.

 

-        Que tengas un buen día, muchacha.

 

El día, la verdad es que lo pasó bastante bien. Intentó olvidarse de la conversación que había tenido con Edgar en el coche y centrarse en sus tareas académicas. Cuando llegó a casa por la noche, sonó el teléfono. Era Mónica.

-        ¡¡Hola mamá!! ¿Qué tal todo? ¿Me estás echando de menos?

 

-        Hola, cielo. Todo genial, claro que te estoy echando de menos, siempre lo hago. Pero llamaba por otro tema.

 

 

-        ¿Qué pasó? – Nora hizo esta pregunta con un hilo de voz temblorosa, y además cruzó los dedos para que el tema del que quería hablar no fuera el de su comportamiento.

 

-        Anoche te llamé y estabas dormida, así que hablé con Edgar y me contó la semana tan “estupenda” que llevas.

 

-        Mamá, Edgar es un exagerado, no hagas caso de lo que te cuenta. Venga, cuéntame qué tal va la gira.

 

-        Señorita, no me cambies de tema. En cuanto vuelva, vamos a tener una conversación muy seria tú y yo. Y más te vale que no sea verdad todo lo que me ha contado, porque de lo contrario, vas a estar un mes sin poder sentarte. ¿Me he explicado clarito?- dijo Mónica de forma muy autoritaria.

 

-        Pero mamá…

 

-        ¿Te has enterado o no?

 

-        Si, señora, todo muy claro.

 

-        Vale, pues aprovecho para decirte que mi último concierto se ha cancelado porque tenemos a la mitad de los bailarines enfermos, así que mañana por la tarde me tienes allí.

 

-        ¡Qué pronto! Vale, pues nos vemos mañana. Yo mañana también puede que salga un poco antes de las clases, así que nos vemos en casa.

 

-        Muy bien, nos vemos mañana. Un beso, te quiero, cielo.

 

-        Te quiero, mamá.

Después de colgar, Nora supo que estaba metida realmente en problemas. Se había pasado de la raya y encima su madre vendría al día siguiente. Estúpido Edgar, ahora tenía que ingeniárselas para que mañana no contara absolutamente todo lo que había pasado esta semana, incluyendo lo del informe.

-        Edgar, ¿puedes venir un momento, por favor?

 

-        Sí, claro, dime.

 

-        Quería disculparme por mi actitud de esta semana. No sé qué me ha pasado. Sabes que no soy así, perdóname no volverá a ocurrir. Pide lo que quieras y te compensaré. -esta disculpa era totalmente falsa, pero tenía que ablandarlo de alguna manera, así que se le ocurrió ésta.

 

 

-        Tranquila, no es necesario que me pidas perdón ahora, ya mañana con tu madre aquí, y cuando se ajusten las cuentas, ya me lo pedirás. ¿Quieres algo más?

 

-        Vaaaaa, no seas así, ¿qué quieres a cambio? – se levantó del sofá, se puso bien el pelo, se reajustó los pechos dentro del sujetador y se plantó justo delante de él, pasándose la lengua por los labios- Te hago una felación si rompes la lista.

 

-        Jajajaja, no sabía que le tuvieras tanto miedo a tu madre. Lo siento, pero mi respuesta es no. De hecho, si te soy sincero disfrutaré con el castigo, porque lo tienes bien merecido.

 

-        ¡Mira que eres cruel y malvado! ¿No te doy pena o qué?- preguntó Nora poniendo morritos.

 

-        Ninguna- contestó Edgar fríamente.

 

Nora dio media vuelta y desapareció de la habitación dejando a Edgar allí solo. Se le pasaron mil ideas por la cabeza para intentar escapar del inminente castigo, pero todas las opciones eran simplemente absurdas. Así que cenó algo rápido  y se fue a dormir, que al día siguiente le esperaría un día duro.

A la mañana siguiente se levantó temprano, estuvo estudiando y se fue a la playa a correr un rato, necesitaba despejar todos esos nervios que le estaban matando. Después se fue a clase y cuando volvió a casa, se dio una ducha rápida y se puso su pijama favorito de Snoopy.  Mientras hablaba con una amiga por whatsapp no dejaba de mirar por la ventana, esperando histérica que llegase su madre en el coche familiar, ya que Edgar había ido a recogerla al aeropuerto. De repente, vio aparcar el coche y a su madre saliendo de él con las maletas. Respiró profundamente 5 veces para calmarse y bajó a saludarla.

-        ¡Hola mamá! ¿Qué tal el viaje?- le preguntó Nora mientras le daba un abrazo, al cual la madre se lo devolvió de forma fría.

 

-        Bien.

 

-        ¿Has cenado en el avión?.

 

-        Sí.

 

 

-        … - joder que seria viene mamá.

 

-        Además durante el camino en coche he hablado con Edgar sobre ti. Voy a subir a darme una ducha y en cuanto baje, te quiero en el salón esperándome, que tenemos una charla pendiente- sentenció Mónica.

 

 

-        ¿No podemos hablar mañana mejor? Vendrás cansada del viaje y además mañana es sábado y estamos las dos de descanso… - dijo Nora intentando prorrogar la sentencia.

 

-        No. Será esta noche.

Mónica subió las escaleras con su bolso y a los pocos minutos se escucharon los grifos de la ducha. Nora aprovechó el ruido de la ducha para acercarse a Edgar  y hablar con él.

-        ¿Qué le has contado si puede saberse? Que no veas el cabreo que trae.

 

-        Le he dado la lista de tu maravilloso comportamiento de esta semana y  la ha estado leyendo en el coche, sólo eso.

 

-        Ya te vale, ésta no te la perdono, que lo sepas- miró con cara de odio a Edgar. Este le respondió con una sonrisa, ya que sabía que por fin había llegado el momento de darle el merecido a la niña malcriada.

 

 

A los veinte minutos apareció la madre en el salón, aparentemente un poco más calmada y con la lista en la mano. Cerró la puerta tras de sí, quedándose madre e hija solas. A Nora se le volvió a encoger en un nudo el estómago. La cosa no pintaba nada bien. Mónica se sentó en una silla del salón al lado de la mesa y llamó a su hija para que se sentara a su lado.

-        Nora, ¿ésta lista es verdad?- le dijo la madre muy seria.

 

-        ¿Qué lista, mamá?

 

-        Te lo advierto, no estoy para bromas ni para que me vaciles. Contéstame.

 

-        Mamá, no tengo ni idea de lo que pone en esa lista, déjame que la vea.

 

-        No, no te preocupes, que ya te la leo yo. Presta atención:

  • Insultar, amenazar y faltar el respeto a Edgar en reiteradas ocasiones.
  • Hacer una fiesta en casa sin permiso, molestando a los vecinos, los cuales han estado a punto de denunciarnos, y además haciendo trabajar más al personal de limpieza.
  • No hacer deporte.
  • No estudiar todos los días.
  • Copiar el informe que tenías que entregar de una compañera en lugar de entregar el tuyo propio por falta de tiempo, por la desorganización.

 

-        ¡Qué exagerada está esa lista!- maldito cabrón pensó, no se ha dejado ni una.

 

-        ¿Me estás diciendo que es mentira lo que pone aquí? ¿Qué Edgar me está mintiendo? Te recuerdo que no te conviene mentir.

 

-        A ver, sí y no… yo no le he faltado el respeto a nadie y lo de los vecinos es que son unos exagerados. Tampoco hacíamos tanto ruido… - intentaba excusarse como podía pero tenía pocos argumentos para rebatir, ya que Mónica la ponía nerviosa,  porque la miraba fijamente a los ojos para saber si su hija mentía.

 

-        Vale, vamos a llamar al personal y le vamos a preguntar… más te vale que me estés diciendo la verdad.

 

-        No, no. No es necesario que llames a nadie. – al llamar al personal podía suponer que ellos presenciarían el castigo y se moriría de la vergüenza. -Vale, puede que me haya pasado un poquito con Edgar, pero es que ha sido muy pesado, no me dejaba ni respirar y necesitaba un poco mi espacio.

 

-        ESE NO ES MOTIVO PARA INSULTAR, AMENAZAR, NI FALTAR AL RESPETO A NADIE. MÍRAME A LA CARA CUANDO TE HABLO. ¡ADEMÁS PARA ESO LE PAGO! PARA QUE SEA TU SOMBRA Y TE VIGILE. DESDE LUEGO NO ESPERABA ESTO DE TI. NO TE HE EDUCADO YO ASÍ. SIEMPRE TE HE INTENTANDO INFUNDIR EL RESPETO Y LA BONDAD HACÍA LOS DEMÁS. SABES QUE ODIO LAS PALABROTAS Y MENOS SI SON PARA INSULTAR A ALGUIEN.

 

-        Ya lo sé, lo siento… -dijo cabizbaja.

 

-        ¡CÁLLATE, QUE AÚN NO HE TERMINADO!  A ver qué más dice la dichosa lista… Ah sí, lo de la fiesta. Que sepas que las horas extras que tuvo que trabajar el personal ese día para limpiarlo todo, va a salir directamente de tu bolsillo, ¿entendido?. Y a pesar de que has tenido muchísima suerte y los vecinos no nos han denunciado, mañana a primera hora, quiero que te presentes en su casa con una cesta de fruta en la mano para que se la des y te disculpas con ellos.  No me puedo creer que no te hayan denunciado. Además, fuiste muy egoísta ahí ¿NO HAS PENSADO QUE REPERCUSIÓN MEDIÁTICA PUEDE TENER SOBRE MI CARRERA SI NOS LLEGA UNA CITACIÓN DEL JUZGADO?  – Mónica dio una palmada en la mesa haciéndose notar su evidente enfado.

 

-        …   - no se atrevía a contestar después del grito de antes.

 

-        Contéstame. ¿Es que acaso no te has parado a pensar en las consecuencias?

 

-        No.

 

-        Me parece genial, muy bonito todo. Pero no te preocupes que las consecuencias las vas a sufrir bien pronto, para que no vuelva a repetirse nada semejante.

 

-        Lo siento…

 

-        Más lo vas a sentir luego. Sigo con la lista. No hacer deporte. Me prometiste que todos los días harías por lo menos media hora de ejercicio porque te lo recomendó el médico y esto también te lo has saltado a la torera.

 

-        Ese no es del todo verdad, hoy me he ido a correr a la playa.

 

-        Y el resto de días te lo has pasado por el forro, señorita. Bueno, continúo. No estudiar todos los días ni hacer los deberes, obligándote a entregar uno copiado de una compañera. Explícame este YA, antes de que te estrangule.

 

-        A ver, ese está muy exagerado. Si que he estudiado… bueno vale, sólo desde que me llamaste por teléfono ayer, pero es que quería aprovechar y descansar un poco. Tampoco es para ponerse así… Y con respecto al informe, pensé que me daría tiempo, pero en la fiesta bebí, y tuve resaca todo el día… Cuando llegué a casa sólo quería dormir, y a la mañana siguiente, cuando iba a hacerlo, no escuché el despertador… Y claro, tenía que entregarlo, así que eché mano para inspirarme de otro informe. Pero te juro que no lo copié entero, sólo unos cuantos apartados en los que tenía dudas…

 

-        QUE VERGÜENZA. Estás cursando unos estudios muy importantes que te van a servir para tu carrera profesional, y pasas del tema. Yo no te he educado así. ¿Qué te digo siempre? Que tienes que esforzarte al máximo para triunfar en la vida. Copiando y haciendo el vago no vas a ninguna parte.

 

-        Mamá, no estoy orgullosa de esto. Es cierto que me descuidé un poco, pero te prometo que no volverá a pasar.

 

-        Vale, eso espero. Que sepas que no te vas a ir de rositas. Este castigo me duele más a mí que a ti, pero bajo ningún concepto quiero que se vuelva a repetir nada semejante. Te dije que si todo esto era cierto, no te ibas a poder sentar en un mes, pues tú lo has querido. EDGAR, pasa un momento por favor.

 

-        Dígame señora, ¿qué necesita?

 

-        Si eres tan amable, tráeme de mi habitación el cepillo de madera, el cinturón y la vara, por favor. Voy a enseñarle a mi hija modales y algunos valores.

 

-        Sí, señora, enseguida vuelvo.

 

-        No, mamá, por favor, espera, vamos a negociar. Sé que la he liado un poco, pero por favor, déjame compensarte con otras cosas. Pídeme lo que quieras pero no me castigues- suplicó Nora.

 

-        Habértelo pensado dos veces antes de actuar, ahora atente a las consecuencias, señorita.

 

Mónica se levantó de su asiento y se dirigió al sofá de dos plazas que tenían en el salón. Le hizo un gesto con la mano, indicándole que se acercara a ella hasta el sofá, pero Nora no se movía.

-        Ven aquí inmediatamente.

-        No, que me pegas- contestó Nora desafiante.

-        Si voy a tener que ir a buscarte yo, va a ser mucho peor. Cuento hasta tres. Uno, dos, y…

-        Es que no quierooooo. Ya soy muy mayor para este tipo de castigos.

-        ¡Tres! Muy bien, será por las malas entonces.

Mónica se acercó con paso decidido hasta Nora, se quitó la zapatilla de andar por casa y le propinó a Nora unos quince zapatillazos fuertes en el trasero y alguno en las piernas, le cogió de una oreja y la dirigió hasta el sofá.

-        Ayyyyy, mamá, suéltame joder, que me haces daño.

La madre se sentó en el sofá y de un tirón de un brazo puso a su hija boca abajo en sus rodillas. En ese momento apareció Edgar con todo el instrumental.

-        Mónica, ¿dónde lo pongo? – preguntó Edgar.

 

-        Dame el cepillo y el resto déjalo encima de la mesa. Gracias Edgar.

Edgar hizo el ademán de irse fuera del salón, cuando Mónica le dijo:

-        Por favor, Edgar, quédate, no te marches. Quiero que presencies el castigo de mi hija. Al fin y al cabo tú eres el que la ha tenido que aguantar en esta semana de rebeldía que ha tenido, y quiero que estés aquí para que veas que no le pienso consentir todo eso. 

 

-        No, mamá, por favor, que él no esté aquí- dijo Nora en tono de súplica e intentando levantarse de las rodillas de su madre. Pero ella, firmemente, la volvió a colocar en su sitio.

 

-        ¿Te molesta que esté aquí? Pues habértelo pensando dos veces antes de insultarle, faltarle al respeto y amenazarle. Que esa actitud no se la merece nadie y menos Edgar, que lleva tantos años con nosotras y es un trabajador ejemplar.  

 

-        Gracias, señora. Me quedaré aquí- dijo Edgar sonriente.

 

-        Bueno, pues lista o no, empezamos- sentenció Mónica.

 

La volvió a recolocar bien entre sus rodillas y el brazo del sofá para que ambas estuvieran cómodas y comenzó el castigo.

 

PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS. Le dio una buena tanda de azotes rápidos y enérgicos encima del pantalón del pijama para ir calentando el terreno. Nora empezaba a moverse para intentar librarse de los azotes.

-        Mamaaaaa, más flojo que me haces daño – imploró la hija.

 

-        Uyyy, pues prepárate porque aún ni hemos empezado.

 

PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS.

En ese momento, la madre le bajó de un tirón el pantalón del pijama y continuó azotando con fuerza. Sólo se veían las braguitas blancas, y alrededor de ellas se podían adivinar unas zonas enrojecidas fruto de la azotaina bien merecida.

PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS. Continuaron los azotes. De repente, le bajó las braguitas también y se pudo observar un culo rojo y un tatuaje precioso con patitas de perro. Nora intentó subirse las bragas pero la madre le agarró la mano y le siguió golpeando con fuerza.

-        ¡Delante de Edgar no, mamá! Que se va a empalmar – dijo Nora entre quejidos y risas.

 

-        Aaah, veo que tienes ganas de bromas aún. Vale, pues las bragas se quedan bajadas.

 

-        Joder mamá. Que estaba bromeando. Pero vaya espectáculo que le estás dando, ¿qué va a pensar de ti?

 

-        Por mi no hay ningún problema, lo que estoy pensando es que ojalá pudiera dártelo yo, porque me ha sentado muy mal tu actitud esta semana- se aventuró a decir Edgar.

 

-        ¿Ves? Piensa que estoy haciendo lo correcto. Y no digas joder- y Mónica le dio 5 azotes fuertes en la misma nalga para que notara bien el dolor.

 

-        Auuuuuuchhh, vale, vale, ya lo pillo.

PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS.

-        Vale mamá, ya he aprendido la lecciooooonnn, suéltame, por fiiiiiii- decía esto mientras pataleaba del dolor.

 

-        Ni hablar.

 

 

 

PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS, PLAS. De repente paró en seco y Nora fue a tocarse el culo. Se lo noto muy caliente además de dolorido.

-        Vale, ahora toca el turno del cepillo, que me duele ya la mano de castigarte.

 

-        Ejem… creo que yo estoy un poquito peor que tú, mamá.

 

-        ¿Y no te lo mereces?- preguntó Mónica.

 

-        ¿Yo? Qué va. Me parece todo una exageración- vaciló Nora.

 

-        Muy bien, veo que aún no está calando el mensaje. A ver si el cepillo nos hace reflexionar un poquito más.

 

PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS,

-        Ayyyyyyy, ayyy, ayyy- se quejaba Nora

PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS.

-        Auch, ayyyyy, no tan rápido ni tan fuerteeeeee.

 

PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, … La respiración de Nora estaba muy agitada, no paraba de patalear y la madre parecía hacer caso omiso a sus quejidos.

PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS.

-        Mamá, paraaaaaa, déjame iiiiir… auchhhh, que duele muchísimooooo- se quejaba Nora mientras la madre seguía castigando con una pauta fija. Alternaba distintos cachetes, pero en alguna ocasión golpeaba el mismo varias veces. Golpeaba fuerte y además bastante rápido por lo que no le daba tiempo recuperarse del azote anterior cuando ya le había propinado el siguiente.

 

PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS.

 

-        Levántate, que vamos al rincón – ordenó Mónica.

Nora se levantó con cuidado, tenía el trasero muy rojo y no sólo eso, su cara también estaba del mismo color, además de que expresaba dolor. Su madre se levantó también del sofá, la cogió de la mano y la llevó hasta el rincón. Edgar no perdía detalle de la escena, en la que la chica malcriada estaba dolorida y con los pantalones del pijama y las bragas por los tobillos, de los pataleos. Cabe decir que le parecía una imagen graciosa y él estaba disfrutando con todo esto.

-        Ni se te ocurra tocarte el culo o no te doy tiempo de descanso. Mientras estás aquí, quiero que vuelvas a pensar en lo que te he preguntado hace un rato: ¿te mereces este castigo, si o no? ¿Entendido?

 

Nora se quedó en silencio, por lo que la madre le dio un azote más en el trasero. Dio un salto y contestó:

-        ¡Ayyy! Sí, señora.

 

Mónica se dirigió hacia dónde estaba Edgar para hablar con él. Habló muy bajo para que Nora no se enterara y le preguntó si le gustaría participar en el castigo. Que lo había estado pensando y sería justo, puesto que había sufrido amenazas por parte de su hija y quería darle una lección para que no se le ocurriera volver a hacerlo. Edgar, aceptó encantado. Después, ambos se dirigieron hacia la cocina y se prepararon un café calentito mientras Nora seguía en el rincón con el culo rojo al aire. Acto seguido, se dirigió a la cadena de música y puso el cd de María Callas, el favorito de madre e hija.

-        Muy bien cariño, ven, que vamos a volver a hablar.

Nora se dio media vuelta y se fue andando hasta su madre, que estaba sentada en una silla de la mesa del salón con la vara y el cinturón encima de ésta. Por el camino iba tapándose con la mano sus genitales. 

-        Dime mamá- dijo en tono más calmado.

 

-        ¿Has llegado a alguna conclusión ya? – preguntó Mónica después de darle un sorbo a su café.

 

-        Sí, claro. A dos conclusiones. La primera de ellas es que a mí también me apetece un café… - en ese momento la madre le lanzó una mirada fulminante, dándole a entender que no siguiera por ahí- vale, y la segunda es que sí, tienes razón, me merezco el castigo. He hecho cosas impropias de mí esta semana. Lo siento mucho.

 

 

-        Vale, mucho mejor. He pensado que las faltas más graves que has cometido ha sido faltarle el respeto a Edgar, insultarle y amenazarle, junto con lo del informe, así que he decidido que los dos instrumentos que quedan, el cinturón y la vara nos lo vamos a repartir.

 

-        ¿Qué quieres decir?- se puso blanca en ese momento.

 

-        Te voy a dar setenta y cinco azotes con el cinturón para que ni se te ocurra volver a repetir el incidente del informe. Y Edgar te va a propinar cincuenta azotes con la vara, para que recuerdes que debes portarte como una mujer bien educada.

 

-        Pero mamá…. ¿Él?....- titubeó Nora.

 

-        Perdona, aún no he terminado. Sí, te los va a dar él y además de este castigo, durante una semana, todas las noches después de cenar, recibirás un recordatorio.

 

-        ¿Quéeeee? ¿Una semana? ¿Estamos locos o qué? ¡Me parece súper injusto! – dijo cruzándose de brazos, olvidándose de que en ese momento se le quedó al aire la vagina. Aunque acto seguido, notó el frescor y volvió a taparla con las manos.

 

-        Recibirás veinte azotes con el cepillo el día que esté yo y diez azotes con la regla cuando te los dé Edgar. Y después de eso, te pondrás a estudiar- dijo Mónica impasible mientras seguía tomándose su café.

 

-        ¡ME NIEGO! No lo acepto porque no me parece bien- dijo Nora enfurecida.

 

-        Muy bien, en lugar de veinte con el cepillo y diez con la regla, serán cuarenta y veinte. ¿Alguna protesta más?

 

-        ….- Nora fue a hablar, pero en ese momento se mordió la lengua y se calló.

 

 

 

-        Vale, pues continuemos con el castigo. Quítate los pantalones y las braguitas, apoya las manos en la mesa y el culo lo quiero ver bien alto, cariño. Es el turno del cinturón.

La hija tenía los ojos llenos de rabia, pero no se atrevió a hablar porque podía aumentar su castigo. Apoyó las manos en la mesa como su madre le había ordenado, esperando el primer golpe en su ya enrojecido trasero. Mónica, con mucha tranquilidad cogió el cinturón, lo dobló en dos, apoyó una mano en la espalda de su hija, cogió impulso y empezaron los azotes.

 

PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF…

-        Auuuuuuch-  Edgar podía ver la cara de dolor de Nora con cada azote. Estos caían sin prisa pero sin pausa.

PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF. Nora pataleaba en el suelo de impotencia.

-        Mamá, perdóname por favor, de verdad, que ya he captado el mensaje. ¡Duele mucho!- dijo Nora, con la respiración entrecortada poniendo la mano en el trasero para que Mónica parase el castigo.

 

-        La idea es que duela. Quita la mano de ahí- dijo de forma autoritaria.

 

-        No… por favor- miró la chica a su madre con ojos suplicantes.

 

-        Vale, ese azote se repite y no vale. Quita la mano de ahí, YA.

 

En ese momento Nora quitó la mano de su trasero pero dio una fuerte patada en el suelo como señal de protesta. A lo que la madre sin pensárselo dos veces, soltó el cinturón encima de la mesa, cogió la vara y le propinó 5 azotes fuertes y rápidos al tiempo que le dijo:

-        ¡Menos genio, señorita! Mírame- Nora le devolvió la mirada con los ojos llorosos- Si te duele, te aguantas. Haber pensado mejor tus actos. Ahora aguántalos como una mujer.

 

PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFFFF, PLAFFFF, PLAFFF, PLAFFF, PLAFFF y en el último azote, cogió más impulso y cayó con mucha más fuerza que los anteriores: PLAFFFFFFFFFFFFFFFFF.

-        Levántate, Nora. Ahora te vas a ir al rincón de nuevo mientras me termino de  tomar el café. Lo dicho, ni se te ocurra tocarte el trasero o empiezo desde cero con el cinturón.

 

-        Sí, mamá.

La escena era digna de mención. Por un lado estaba la madre, Mónica, sentada en el sofá con Edgar, tomando ambos un café, muy tranquilos. Mientras de fondo se seguía escuchando a María Callas cantando Madame Butterfly. Por otro lado, a Nora, en un rincón, desnuda de cintura para abajo, con el culo muy rojo y con las marcas moradas del cinturón. En el rincón además se podía escuchar cómo la chica intentaba normalizar su respiración agitada además de estar sudando un poco. Quince minutos más tarde, la madre se levantó para llevar la taza vacía de café a la cocina y volvió a llamar a su hija.

-        Muy bien Nora, terminemos con esto ya. Edgar, coge la vara, por favor- ordenó Mónica- Cariño, ponte con el estómago pegado en la mesa, la espalda bien arqueada, las piernas un poco separadas y de puntillas para que esté el trasero bien alto.

 

-        Mamá, antes de continuar, me gustaría decir que de verdad, lo siento muchísimo.  Sé que lo merezco y puedes estar tranquila que no volverá a suceder más- le dijo mirando fijamente a los ojos a su madre.

 

-        No sabes cuánto me alegro, cielo. Ahora, por favor, haz lo que te he pedido. Serán cincuenta azotes. Ponte en posición.

 

Siguió a rajatabla todas las indicaciones, ya que no quería fallar en nada, puesto que el culo le dolía mucho, y la vara era el peor instrumento de todos. Te quema la piel con los azotes y deja marcas muy feas. Era un dolor totalmente diferente a otros. Había tenido la ocasión de probarla el año anterior y recordaba ese castigo como uno de los peores que había padecido nunca. Edgar, cogió la vara, calculó y tomó distancia. Y sin más dilación comenzó el castigo como su jefa le había pedido.

 

ZASSSSSSSS

-        Uffffffffffffffffffff.

ZASSSSSSSSS, ZASSSSSSSSS, ZASSSSSSSSS. Se tomaba su tiempo entre azote y azote. Parecía estar disfrutando de la escena.

ZASSSSSSSSS, ZASSSSSSSSS, ZASSSSSSSSS, ZASSSSSSSSS. ZASSSSSSSSS, ZASSSSSSSSS.

-        Para por favor, que no puedo soportar el dolor- suplicó Nora con los ojos vidriosos.

 

-        Mira, vamos a hacer una cosa Edgar, le darás tandas de diez azotes rápidos y después de cada tanda, podrá descansar un par de minutos para que pueda recomponerse. Nora, tienes que aguantar las tandas de diez sin levantarte como acabas de hacer ahora. Si te levantas o pones la mano para evitar el azote, además de que ese no se cuenta, te cogeré yo misma de las manos para que no te muevas. 

 

-        Como usted diga, señora.

 

-        Venga, cielo, vuelve a tu posición. Recuerda que tienes que estar de puntillas.

Nora volvió a su posición, a pesar de que en su trasero ya se podían distinguir perfectamente las marcas violáceas de la vara. Lo único que deseaba es que terminara ya toda esa agonía. Respiró profundamente, esperando a que llegara de nuevo el azote. 

ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS. De repente se levantó, con las lágrimas saltadas y dijo que no podía aguantarlos.

-        Muy bien. Edgar, este último azote no ha valido, dale los tres que quedan de esta tanda, que descanse, y para las siguientes yo la sujeto.

 

ZASSS, ZASSS, ZASSSS. Le dejó descansar un par de minutos. Y enseguida volvió a la posición inicial, pero esta vez, Mónica se puso al otro lado de la mesa de manera que podía coger las manos a su hija, y ver su cara.

ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS. La madre tuvo que sujetarle bien fuerte de las manos para que no se levantara y pudo ver como caían por su rostro las lágrimas de humillación y dolor. Volvió a descansar. Su trasero era una agonía, le dolía muchísimo y estaba arrepentida de verdad de haberse portado así.

ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS.

-        Venga, cariño que es tu última tanda y terminamos- le animó la madre.

 

-        No puedo más, de verdad. Perdóname esta última, por favor, te lo suplico.

 

-        Lo siento, pero mi respuesta es no. No quiero que se vuelva a repetir lo que hiciste nunca más.

 

-        Pero mamá, TE JURO que no volverá a suceder- le suplicó con los ojos rojos y su rostro lleno de lágrimas.

 

-        Edgar, vamos por la última, por favor.

 

Adoptó la posición, la madre volvió a agarrar fuertemente sus manos y la miró fijamente a los ojos. Le dolía ver a su hija en esta tesitura, pero más le dolía la actitud que había tenido, llegando incluso a amenazar a Edgar. Ese tipo de comportamientos no se toleraban en su casa.

ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSS, ZASSSSSSSS.

Finalmente, terminaron los últimos azotes. Le soltó las manos. La hija no paraba de llorar. La madre se le acercó y le dio un abrazo que duró varios minutos. Mónica, intentó consolarla, acariciándole el pelo.

-        Lo siento muchísimo, mamá. Me he comportado como una cría. Siento en el alma haberte defraudado. ¿Podrás perdonarme?- dijo entre lágrimas, aunque casi ni se la entendía, porque tenía la voz entrecortada por el llanto.

 

-        Shhhhhhhhh, venga, mi niña, cálmate, ya pasó todo. Venga, ve al cuarto de baño a lavarte la cara y luego a tu habitación. En un rato me paso y hablamos.

 

-        Vale, snifff, snifff. 

 

Recogió sus pantalones y sus braguitas y se dirigió al cuarto de baño. Allí se miró al espejo y vio su trasero. Era una auténtica pena. Muy hinchado, lleno de marcas muy moradas, se podía ver perfectamente el camino que habían recorrido el cinturón y la vara. Se lo tocó suavemente con la mano y le dolía una barbaridad. Se lavó la cara, se sonó los mocos, se cambió el pijama y se puso un camisón que casi no le cubría el trasero y se tumbó en su cama bocabajo. Intentó calmarse un poco, respirando profundamente y se puso a pensar en todo lo que había pasado y porqué había llegado a esta situación. A los 20 minutos, pegó su madre en la puerta de la habitación y entró. Venía con un bote de crema hidratante y con un cola cao calentito.

-        Toma cariño, te he traído un cola-cao porque es muy tarde ya para tomar café. ¿Cómo te encuentras? ¿Estás más calmada ya?

 

-        Gracias, mamá, eres la mejor. Pues la verdad que me siento mal, muy mal. Si permites que lo diga, he sido una gilipollas. Edgar, estaba el pobre haciendo su trabajo y yo he intentado sabotearlo, además lo de la fiesta, que se me fue un poco de las manos… Debí haber cortado antes para no molestar a nadie, pero me dejé llevar, porque además estaba muy borracha. Y lo del informe, ha sido un poco la consecuencia de la fiesta. En ese momento me vi sin más recursos, y por eso lo hice. Ahora comprendo que no debí haberlo hecho. Tú estás luchando para que tenga una buena formación y sea alguien importante en mi campo el día de mañana y yo te pago haciendo trampas….  Encima no he hecho ni si quiera deporte, aún sabiendo que es bueno para mi salud… De verdad, no sabes lo arrepentida que estoy. Sólo espero que me puedas perdonar… y Edgar también- le soltó toda esta parrafada sin mirarla a la cara de la vergüenza tan grande que sentía.

 

-        Cariño, mírame- le dijo mientras le cogía de la barbilla para que la mirase- Por mi parte ya estás perdonada. Sé que eres joven y tienes ganas de hacer mil cosas y muchas de ellas no son las correctas. Yo también he sido joven, pero si no hubiera sido porque la abuela que me ató en corto, hoy no viviríamos así, con todas las comodidades que tenemos. Vivimos en un mundo muy difícil y competitivo. Por eso, quiero que te esfuerces al máximo, sin olvidar nunca ser buena persona, respetando a todos los que te rodean. Odio tener que castigarte y verte así, pero es la única manera que tengo de que te centres y volver a orientarte. Venga, para que veas que vengo en son de paz, termina de tomarte el cola cao, que te voy a poner un poco de crema, que… ¡vaya marcas tienes!

 

-        Gracias mamá por estar pendiente de mí, y gracias por el castigo. A pesar de que ha dolido muchísimo, era muy merecido.

 

-        De nada. Con respecto a Edgar, deberías disculparte con él también- sugirió la madre.

 

-        Por supuesto, lo tenía pensado. El pobre que ha tenido hasta que castigarme  y todo. Vaya trabajo más surrealista tiene.

 

-        Jajajaja, no te creas que lo ha pasado muy mal tampoco. Te tenía muchas ganas y estoy segura de que ha disfrutado haciéndolo.  Venga, anda,  súbete el pijama que te eche crema- le dijo la madre mientras abría el tarro.

 

Se la untó muy despacio, con mucho cuidado y cariño, porque las marcas aún eran muy recientes, y notaba a su hija estremecerse de dolor cuando pasaba por algunas zonas. A pesar del dolor, la crema hidratante era muy reconfortante. Sobre todo porque se la estaba poniendo su madre, que además la había perdonado ya. A los quince minutos, cerró el bote, y la hija estaba medio dormida en la cama. La madre le dio un suave azote en el trasero para despertarla y le dijo:

-        Cariño, ya he terminado. ¿Bajas a hablar con Edgar?

-        Sí, voy ahora. Gracias, mamá, ¡qué manos tienes! ¡Te quiero!

-        No hay de qué, bicho.  Yo también te quiero.

Se levantó de un salto, le dio un beso a su madre y se fue escaleras abajo, aunque frotándose el culo.

-        Edgar, ¿puedo hablar contigo?

-        Sí, claro, dime, ¿qué quieres?

 

-        Quería pedirte perdón, pero esta vez de corazón, no como el otro día, que era para intentar librarme del castigo… He sido una gilipollas y te he puesto a prueba y no lo mereces. ¿Podrás perdonarme?

 

 

-        Siempre y cuando me prometas que no me vas a faltar nunca más.

 

-        ¡Te lo juro!- dijo levantando la mano, en señal de juramento.

 

-        Vale, entonces sí. Estás perdonada- dijo con una sonrisa. En el fondo era un buenazo. Sabía que no era mala chica, aunque a veces se descarrilaba un poco. Estaba contento de poder contribuir en su educación.

 

-        ¿Puedo darte un abrazo? – preguntó Nora con una sonrisa picarona en la cara.

 

-        Bueeeeeeno, si insistes jajaja.

Ambos se abrazaron y ella se sintió feliz porque ya estaba todo solucionado… o casi solucionado. La madre se había percatado de todo y cuando terminaron de abrazarse, apareció en la escena.

-        Bueno, cariño, como ves, ambos te hemos perdonado, pero sabes que tu castigo aún no está terminado. A partir de mañana, quiero que seas súper responsable y cumplas con todas tus obligaciones. Además, durante los próximos siete días, después de cenar, buscarás el cepillo o la regla y te irás a tu habitación. Si esa noche estoy yo, me esperarás en tu habitación con el pantalón y las braguitas bajadas y con el cepillo encima de la cama. Si esa noche yo no estoy en casa, Edgar se encargará, pero en lugar de buscarle el cepillo, le pondrás encima de la cama la regla. Después del castigo, te irás a estudiar dos horas, y luego él o yo iremos a comprobar si es verdad que has estudiado. Finalmente, te irás a lavar los dientes y a dormir. ¿Alguna pregunta?

 

-        Pero mamá… ya he aprendido la lección…- dijo casi en un hilo de voz.

 

-        Quiero asegurarme de que no se te olvida rápido. Venga, y ahora a dormir. Buenas noches, cielo.

 

Se fue a la cama y se durmió enseguida, boca abajo, por supuesto, y desnuda para que nada le rozara el trasero. Los nervios, el cansancio y el dolor, ayudaron bastante a que se durmiera bien rápido.  Al día siguiente, se levantó con el culo aún hinchado y dolorido. Se duchó, se vistió y bajó a desayunar. Ese día no había planes, así que se puso la ropa con los pantalones más anchos que tenía para que no le rozaran, y no se puso ropa interior. Entró en la cocina y allí estaba su madre con una taza de café en la mano.

-        Buenos días, cielo. ¿Cómo has dormido?- le dijo mientras le daba un beso a su hija en la mejilla.

 

-        Buenos díaaaassss. Demasiado bien, no me quería levantar pero tengo obligaciones que hacer, así que me he levantado del tirón. ¿Y tú?

 

 

-        Yo muy bien. ¿Qué tal van esas marcas? A ver, déjame que las vea.

Se desabrochó el pantalón y se lo bajó un poco más arriba de las rodillas para que la madre lo pudiera ver.

-        Uffff, tienen mala pinta. Está muy morado y un poco hinchado todavía. Después de desayunar, te pondré un poco más de crema- le dijo la madre mientras le pasaba la mano por el trasero.

 

-        Vale. Yo si no te importa, voy a desayunar de pie…

 

-        Jajaja, claro, sin problemas. Pobrecita mi niña, que se porta como una gamberra de vez en cuando. Menos mal que ahí está su madre para corregirla.

 

-        Si… seguro que soy la envidia de mis amigas….

El día transcurrió bastante bien. Sin ningún incidente. La conducta de Nora fue excelente. Fue muy amable con el personal  y además pasó el día entero con su madre, aprovechando que estaba de descanso y compartieron algunas actividades juntas, entre ellas hacer deporte. Finalmente, llegó la noche y después de terminar de cenar, su madre sentenció:

-        Cariño, ya sabes lo que toca. Sube que ahora voy yo.

 

-        Sí, mamá.

Fue a buscar el cepillo de madera que estaba en la habitación de su madre. Y después se fue a su cuarto a esperarla. Sabía que la madre le había dicho que tenía que esperarla con el pantalón y las braguitas bajadas, pero le parecía muy humillante hacer eso, así que decidió no hacerlo, con la esperanza de que su madre no se acordara. A los cinco minutos entró la madre en la habitación y la vio sentada en la cama con los pantalones puestos.

-        Nora, ¿qué te dije de cómo tenías que estar esperándome?

 

-        Con el cepillo en la cama.

 

-        ¿Y qué más?- le dijo Mónica muy seria.

 

-        No lo sé… ¿era algo más?

 

-        No te hagas la tonta, que nos conocemos…

 

-        Vale, sí, pero es que me da mucha vergüenza… es muy humillante tener que hacer eso.

 

-        Lo sé y ese es el objetivo, que sea humillante para que se te bajen esos humos y seas más humilde. Pues que sepas, que te va a costar caro no haberlo hecho. En lugar de cuarenta azotes, te voy a dar cien, para que mañana sepas qué tienes que hacer.

 

 

-        Mamá, aún me duele el culo muchísimo, cien con el cepillo, con lo que duele, es mucho. Por fi, perdóname. Prometo portarme bien durante los cuarenta azotes.

 

-        Bájate ya el pantalón si no quieres que sean doscientos.

Rápidamente la hija se los bajó y se puso de forma voluntaria en las rodillas de la madre, que para entonces estaba ya sentada en su cama.

PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS.

-        Ufffff, cómo duelen- se quejó Nora.

PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS.

-        Auuuuuuchhh, ayyyy, ay, ay, ay, ayyy un poco más despacio por favor- decía esto mientras pataleaba porque el dolor era insoportable.

PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS,

-        Lo siento muchoooooo, ayyyy, mañana estaré en la posición, lo jurooooo.

PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS PLASSSS, PLASSSSS, PLASSSS, PLASSSS.

-        Muy bien. Levántate, y ahora quiero verte estudiar. En dos horas vuelvo y veré qué has hecho, si no te ha cundido, cogeré la vara, ¿entendido?

 

-        Muy clarito. Gracias, mamá. Y siento haberte desafiado.

 

-        Que no vuelva a suceder.

Esa noche estudió muchísimo, y cuando la madre volvió  para comprobarlo, en lugar de la vara, fue a buscar más crema hidratante. Se la aplicó a su hija hasta que se quedó dormida en la cama, por supuesto, una vez más bocabajo.

Pasó la semana sin incidentes. La chica se aplicó al máximo. Se notaba que el castigo estaba surtiendo efecto. No se atrevía a meter la pata en nada, porque si no, sabía que por la noche podría ganarse más azotes y no estaba dispuesta a eso, ya que permanecer sentada en el trabajo, o incluso conducir, se había convertido en un auténtico suplicio. Intentaba disimular para que sus compañeras no se enteraran, pero había momentos en los que era difícil.

 

Las dos últimas noches, Mónica se había tenido que ir de viaje de nuevo, así que sería Edgar el que se encargara del castigo. Después de cenar, le dijo a Edgar que había terminado y que se iba a ir a su habitación a esperarle. Fue primero a buscar la regla y nada más llegar a su habitación, se bajó los pantalones y las braguitas por las rodillas, puso la regla encima de la cama y apoyó las manos sobre el colchón, a la espera de su castigo. Edgar sonrió al ver la escena y al comprobar cómo se le habían bajado los humos a esta chica. La misma que hacía más de una semana le había insultado y le había amenazado con hacerle la vida imposible para que dimitiera.

-        Muy bien, Nora. Vamos a empezar. Tu madre me dijo que te diera veinte, ¿correcto?

 

-        Correcto.

ZASSS…….  ZASSS……… ZASSS…….. ZASSS…….  ZASSS……… ZASSS……..

-        Uffffff, cómo pica la regla- pensó que además lo estaba haciendo muy lento,  a conciencia, para que calaran bien los azotes.

 

-        Supongo que sí, y tiene que picar mucho más con el culo lleno de las marcas moradas que tienes aún.

 

ZASSS…….  ZASSS……… ZASSS…….. ZASSS…….  ZASSS……… ZASSS……..

-        Auuuuuuchhh, que ganas tengo de que se acabe este castigo ya.

 

ZASSS…….  ZASSS……… ZASSS…….. ZASSS…….  ZASSS……… ZASSS……..

-        Venga que te quedan sólo dos azotes. Los estás aguantando muy bien.

ZASSSSSSSSSSSSSSSS……………ZASSSSSSSSSSSSSSSSS. Los dos últimos fueron con más fuerza.

-        Ayyyyyyyyyyyyyyyy. ¿Puedo levantarme ya, por favor?

 

-        Sí, claro que puedes.

 

-        Gracias Edgar.

 

-        Me gusta esta nueva función que me ha dado tu madre, me siento poderoso jajajaja.

 

-        ¡Me alegro de que por lo menos uno de los dos disfrute con esto! – le dijo sacándole la lengua- Por fi, anda, llama a mi madre y dile que ya me has castigado. Si además le mencionas que no me he levantado y te he esperado en la posición indicada, te lo agradecería eternamente.

 

-        Sí, no te preocupes. Eso está hecho. Anda, ahora vete a estudiar mientras hablo con ella.

 

-        Ok, gracias.

 

Edgar llamó a Mónica para contártelo todo esto y al colgar, Nora recibió un whatsapp de su madre en el que ponía: Buena chica. Ánimo que sólo te queda un día de castigo. Besos, te quiere mamá.

Al día siguiente, por fin llegó el último castigo. Lo recibió con total entereza, como una campeona, casi con lágrimas en los ojos, que no se sabía si eran porque por fin terminarían los azotes por un tiempo, o por el dolor causado. Ella misma llamó a su madre  por teléfono:

-        Mamá, que Edgar ya ha terminado con el castigo.

 

-        Muy bien, cariño. ¿Y cómo ha ido?

 

-        He llorado ¡creo de alegría y dolor a la vez!- admitió Nora.

 

-        Me alegro. Ahora espero que hayas aprendido la lección y tu comportamiento sea excelente. No quiero que se vuelva a repetir, ¿vale?

 

-        Tranquila mamá. Muchas gracias por seguir educándome. Tengo mucha suerte contigo y bueno… con Edgar también, la verdad.

 

-        No hay de qué, me alegro de que hayas llegado a esa reflexión. Cariño, te dejo que el concierto está a punto de empezar. Nos vemos mañana en casa. Muchos besitos. Te quiero, bicho.

 

-        Vale, mamá. Enséñales al público la clase de mujer maravillosa que eres. Un beso. Te quieroooo.

 

 

FIN

Otra vez la he vuelto a liar ¿Cuándo aprenderé?

Otra vez la he vuelto a liar ¿Cuándo aprenderé?

Autor: Patty

 

Dedico esta historia basada en hechos reales, a Ivan80. Gracias por guiarme, regañarme y e intentar hacerme más responsable. Sé que es un trabajo muy duro lo que te ha tocado pero espero que te esté mereciendo la pena tanto como a mí. Gracias por dejarme entrar en tu mundo.

Llevaba un par de meses de bajón, un poco tristona. En mi vida laboral había cometido dos errores bastantes importantes y me estaban haciendo sentir muy culpable. Varias noches por semana hablaba con Iván y desde hacía un tiempo me notaba muy seria. Le dije que estaba estresada y que no se preocupara pero no se lo terminaba de creer del todo. Además del trabajo, también estaba haciendo un curso online muy importante y que me había costado muy caro y gracias al malestar laboral que tenía, junto a mi pereza interior, estaba perdiendo el tiempo y no lo estaba haciendo, por lo que Iván ya estaba bastante mosqueado y decepcionado por eludir mis responsabilidades. 

A pesar de tener 27 años, el arte de mentir no se me da nada bien, así que saqué toda mi valentía (junto con su presión constante para que le contara qué estaba pasando, ya que, como habíamos acordado en el pasado, yo le había pedido ayuda para ser mejor persona) y se lo conté una noche. A medida que se lo iba relatando, me sentía supermal, pero creo que no tanto como él, ya que no daba crédito a lo que estaba escuchando. Las amenazas se sucedían, unas tras otras y yo pensaba que las decía en broma, para tratar de asustarme, pero resulta que no era así. No paraba de decirme que estaba cansado de mi actitud tan irresponsable, que pensaba que los otros dos castigos anteriores habían servido para cambiarme aunque fuera un poco, pero que veía que no, por lo que esta vez iba a necesitar algo mucho más duro. Intenté calmarlo, prometiéndole que iba a solucionar mi error, pero no servía para nada, había llenado ya el vaso. Pasaron los días y seguía igual de enfadado. No importaba si me mostraba cariñosa con él, bromista, divertida e incluso rebelde y enfadada!! Que no funcionaba nada. Para final de esa semana, yo había pillado un vuelo para ir a ver a una amiga y de camino poder hacerle una visita a Iván (vivimos en distintas ciudades de España), aunque puestos en el plan que estábamos, no sabía si era buena idea visitarle.

Vino a recogerme al aeropuerto y parecía que todo estaba bien: cariñoso, atento, amable… (después me di cuenta, que estaba disimulando delante de la gente, para no formar un espectáculo), así que me calmé un poco. Llegamos a su casa, a su habitación y todo cambió completamente. Solté la maleta y le tumbé en la cama, para comérmelo a besos y le cambió la cara. Me dijo que estaba muy enfadado con mi actitud, que no se esperaba que fuera tan irresponsable y más teniendo en cuenta cómo estaba la situación laboral del país actualmente para poder hacer lo que me diera la gana… Después de 10 minutos “de charla”, que ya me conocía perfectamente, puesto que llevaba casi una semana regañándome, decidí apelar una vez más a su piedad, disculpándome y diciéndole que llevaba razón pero que ya lo había solucionado y todo estaba bien. A ver, yo sabía de sobra que lo que había hecho no estaba bien y que me merecía todo lo que estaba liando y mucho más, pero tenía que intentar ablandarle un poquito antes del castigo. Como última opción y ya desesperada, le dije que ya había aprendido la lección con todo lo que me había regañado y que por favor, no me castigara. Se puso muy serio y me dijo en tono autoritario: lo único que te voy a dar a elegir, es cuándo quieres que te castigue: “¿ahora mismo o después de cenar?”. Le contesté: “mañana… o mejor, nunca” con la mejor de mis sonrisas. Se puso aún más serio y borde y me dijo que no estaba para bromas, que dejara de hacer el tonto y eligiera, ya que el castigo iba a ser mucho peor. Tomé aire y en vista de que había jugado todas mis cartas ya y había perdido, le dije que prefería que fuese en ese mismo momento, ya que no podía más con los nervios que me estaban acompañando toda la semana.

Cerró la puerta de su habitación y me ordenó que me bajara los leotardos y la falda vaquera y que apoyara las manos encima de la cama. Me sentí super nerviosa. No sabía cómo me las había vuelto a apañar, que otra vez estaba en su dichosa camita, con las manos apoyadas, con el culo al aire, esperando mi castigo, como si fuera una adolescente. Mientras me los bajaba, me dijo que rezara a quién quisiera para soportar el dolor, porque este era un castigo real que yo me había buscado y que lo pararía cuando él lo viese conveniente. Joder, seguía enfadadísimo.  

Volví a tomar aire, cuando él, sin más dilación, empezó a darme una tanda de azotes con la mano, para ir “calentando el terreno”. Fueron alrededor de 20 azotes, no muy fuertes que me dio. Paró en seco, me giré un poco, intentando que no se diera cuenta, puesto que no lo quería hacer enfadar más y vi lo que más me temía: la vara. Si no fuera atea, hubiera rezado todo lo que se me hubiera ocurrido en ese momento. Me asustó muchísimo el hecho de ver que no había sacado más instrumentos, sólo la vara. No me podía creer que tenía pensado el castigo entero sólo con eso!!! Tragué saliva, intentando que no se me notara lo mucho más nerviosa que me había puesto, al ver lo que me esperaba. Empezó el verdadero castigo. Los azotes eran muy rápidos y muy fuertes. Nunca me había pegado con tanta intensidad. Aguanté los 7 primeros con bastante entereza, ya que aguanto bastante bien el dolor, o eso pensaba yo hasta ese día. Al octavo azote me quería morir ya. Joder, como me dolía. Sólo se escuchaba en la habitación mis quejidos y mis “ayyy”.

Cuando llevábamos alrededor de 30 azotes, le supliqué que no pegara tan fuerte. En ese instante paró y me dijo que había tenido una idea: para recordarme que debía tener un buen comportamiento en el futuro, grabaría el castigo en video, para que cuando se me hubiera pasado el dolor del trasero y se me ocurriera faltar a mis responsabilidades, le diera a “play” y recordara las consecuencias. No le puse pegas a la objeción, porque mientras preparaba la cámara de video, era tiempo que me estaba dejando descansar de los azotes. Aunque después me arrepentí, ya que cuando reanudó el castigo, empezó a golpear mucho más fuerte y rápido, ya que tenía que ser un castigo ejemplar, puesto que salía en el video y el muchacho quería lucirse.

En un principio, soporté la tanda de 6 azotes seguidos, pero a medida que seguía azotando, cada vez me costaba mucho más aguantar los azotes. No podía aguantar la posición de tener las manos apoyadas en la cama, me levantaba muchísimo y eso le hacía enfadar más. En un par de ocasiones, a pesar de que sabía las consecuencias por castigos anteriores, puse las manos en el culo para que parara y la respuesta fue la esperada. Me pegó con la vara en las manos fuertemente para que no lo volviera a repetir. Sólo quería que el castigo terminase de una vez. Le supliqué que parara de nuevo, le pedí perdón, le dije que de verdad había aprendido la lección, que por favor no pegara tan fuerte que no podía más… En una ocasión, pegué un grito de dolor y se acercó a mi oído y me dijo que no volviera a gritar más si no quería que los vecinos se enterasen de lo que estaba pasando (aunque por un lado, sabía que los vecinos le iban a dar la razón a él y probablemente se unieran al castigo), por lo que agarré la manta de su cama con todas mis fuerzas con las manos y la boca y la mordí fuertemente para intentar aguantar más el dolor sin chillar. El castigo era una agonía. En una de las miles de veces que me levanté de mi puesto, porque no podía aguantar más, me prometió que a la próxima me ataría para que no me moviera… y así lo hizo. Me ató las manos a la espalda con una cuerda, por lo que dificultaba el moverme. En uno de los movimientos para intentar evitar los azotes, acabé de rodillas en el suelo y continuó los azotes sin piedad y más fuerza si podía. Volví a suplicar clemencia, una vez más, ya que la cifra de azotes recibidos con la vara, rondaban los 400 y mis resistencias estaban vencidas ya (aunque curiosamente, había aguantado el tirón sin llorar). Apagó la cámara y me desató.

Le di las gracias porque el castigo se había terminado ya, cuando me dijo que estaba muy equivocada. Me informó de que lo había parado porque estaban quedando marcas muy feas y moradas y que por seguridad, decidió parar, pero que al día siguiente, el castigo se reanudaría, que sólo me había dado la mitad de lo que me merecía, así que, que no me hiciera ilusiones. Me llevó hasta el rincón y me dijo que tendría que estar allí durante 20 minutos. Él se iba a preparar la cena. Si cuando volviese de la cocina, yo no estaba en el rincón, el castigo empezaría de cero otra vez. Después de tal amenaza, no quería ni respirar allí en el rincón. Me toqué el culo, cuando Iván salió por la puerta y estaba hinchadísimo. Me merecía estar en esta situación sin duda, así que no tenía el derecho a quejarme. Pensé que tenía bastante suerte de tener un amigo que se preocupa por mi crecimiento personal y se encarga de corregirme cuando me desviaba. También se me pasó por la cabeza que al día siguiente el castigo tenía que continuar. Qué horror!! 

Volvió de la cocina para comprobar que seguía en mi posición y claro obviamente seguía ahí, en ningún momento se me pasaría por la cabeza despegar mi nariz de la pared por aquello de la supervivencia y eso… Me dijo que ya podía dejar de mirar a la pared. Con toda la vergüenza del mundo, le miré a los ojos y le dije que lo sentía muchísimo que no volvería a ocurrir lo de mi trabajo. Nos besamos, mientras yo no dejaba de frotarme el culo porque me dolía montón y me sonrío. Le dije que en mi opinión, no necesitaba un segundo castigo, ya que con este ya había aprendido la lección (tenía que volver a intentarlo por si colaba…) y se limitó a decir que la cena se estaba enfriando y que nos fuéramos a comer.

Por fin, después de comer llegó la tregua y tuvimos una relación sexual increíble. Al terminar, nos tumbamos en su cama, yo boca abajo por supuesto y me quedé dormida mientras Iván me acariciaba el culo y veíamos unos capítulos de la sexta temporada de la serie “The Big Bang Theory”.

A la mañana siguiente, yo había quedado con mi amiga para pasar el día entero juntas, desde el desayuno y para variar, me costó mucho despertarme. Pero no pasaba nada, allí tenía a mi lado a Iván, que me hacía de despertador con la regla! ¡Qué forma más bonita de empezar el día, con el culo dolorido una vez más! ¡Sí, señor! Al tercer azote con la regla, ya estaba de pie, buscando mi ropa como una loca. El día lo pasé genial, estuvimos comiendo, de compras, en la playa y mi amiga se había percatado de la dificultad que tenía para sentarme con comodidad, así que se lo conté (ella ya sabía el pacto que tenía con Iván con respecto a mi educación), se echó a reír y me dijo que me lo merecía. Al llegar la noche, le confesé que tenía miedo de volver a su casa ya que no sabía si iba a estar preparada para un segundo castigo. Ella intentó consolarme y me dio ánimos, así que aparecí en su casa casi a las 11 de la noche. Por lo visto Iván me había estado escribiendo por el whatsapp por si me había pasado algo y yo no lo había visto, así que otro motivo para tenerlo “contento”.

Al llegar a su piso y vi que había visita, sentí mucho alivio, ya que sabía que delante de ellos no me iba a castigar (yuju!!!!). Estuvimos cenando y de forma muy cariñosa, le persuadí argumentándole que el castigo ya no tenía sentido, que nos podían escuchar, que ya estaba todo zanjado entre nosotros… y me dijo que me había librado por esa noche, pero que al día siguiente, antes de coger el avión, recibiría mi merecido para que fuera con el culo calentito todo el viaje.

A la mañana siguiente me levanté a la primera vez que sonó el despertador (no quería seguir ganándome más puntos), me vestí, desayunamos y me puse a hacer mi maleta. Había quedado con mi amiga para despedirme y para darle un regalo que yo había comprado y no me cabía en la maleta. Cuando le avisé a Iván de que iba a bajar, me dijo que en cuánto subiera, tendría la segunda parte del castigo, así que, no debía tardar mucho. Llegué abajo, me abracé a mi amiga y lo primero que me dijo es que si me podía tocar el culo!! Nos echamos a reír y le conté que al final me había librado del castigo de anoche pero que lo iba a tener en cuánto subiera. Charlamos un rato más, me deseó suerte y nos despedimos. Aproveché en la calle para llamar a mis padres, a mi abuela… para hacer tiempo, por si se pasaba la hora y no le daba tiempo castigarme. Subí a su casa una hora más tarde. Me disculpé por la tardanza (falsamente, ya que había tardado a propósito) y le dije que ya no daba tiempo el castigo, ya que en 30 minutos tendríamos que salir de allí, porque si no, perdería el avión.

Me condujo de nuevo hasta su cama, me volvió a apoyar las manos y de un tirón me bajó el pantalón y el tanga. Empezó de nuevo el ritual. Me dio unos cuantos azotes con la mano para preparar los glúteos a la vara y comenzó el segundo castigo. Puesto que tenía el culo totalmente morado y dolorido del día anterior (podéis ver las fotos de fetlife que lo confirman: patry_look), era mucho más difícil soportar el dolor de los azotes esta vez. Volvía a golpear rápido y fuerte otra vez. Lo único que se me pasaba por la cabeza era que para la próxima vez, cuando estuviera dormido, tenía que prenderle fuego a esa vara o tirarla “accidentalmente” por la ventana, así seguro que me libraría de ese sufrimiento. Como era de esperar, me costaba mucho acatar la posición con las manos apoyadas en la cama, así que me levantaba en varias ocasiones para que me diera un respiro. Pero le daba igual, incluso estando de pie, me seguía azotando. Volvieron a caer casi 200 azotes con la vara. Yo sólo pedía clemencia e intentaba decirle que parara ya que iba a perder el avión (mentira, no sabía ni la hora que era, simplemente lo decía para que parase). Golpeó los 10 últimos azotes muy fuertes y me dijo que ya había terminado el castigo. Menos mal, porque no aguantaba ni un solo azote más. Le tuve que dar las gracias por el castigo y besarle y no sé qué pasó que de repente nos encontramos “haciendo las paces” de nuevo. Echamos un polvo exprés, porque realmente ya iba tarde para el aeropuerto, aunque fue uno de los más placenteros que he echado en mi vida.

Espero que os haya gustado la historia y recordad la moraleja: cada irresponsabilidad tiene sus consecuencias…

Vacaciones en Valencia

Vacaciones en Valencia

Autor: Patty

Aquí estoy de nuevo para contaros mis últimas aventuras. Como bien sabéis, me gusta que éstas se correspondan con la realidad, así que para no ser menos, esta también está basada en hechos reales.

Bueno, empiezo por el comienzo de los tiempos. Érase una vez que los planetas parecían que se había alineado, y, puesto que estaba de oferta el billete de avión hacia Valencia y el piso de mi spanker y amigo, Iván, se quedaba vacío, decidí pillarme un vuelo para hacerle una visita turístico-sexual. Esa misma semana del viaje, en mi ciudad estábamos de feria y a pesar de todas las obligaciones estudiantiles que tenía (a principios de septiembre tendría el último examen de la carrera que de aprobarlo ya la terminaría), pues decidí salir de fiesta. Sólo se tiene 27 años una vez así que había que aprovechar!!. Salí el día a festejar y a darlo todo dos días antes del viaje. Como hacía algunos meses que no bebía, pues digamos que igual se me subió un poco la cabeza… bueno vale, igual influyó que cayeron un mojito de sandía, una botella entera de Cartojal, tres chupitos de tequila y un par de vasos de tinto de verano, pero bueno, que sí que se me subió un poco… o bastante. ¿Qué pasó? Pues que hay gente que le da por llorar con las borracheras y otras que se ponen muy cariñosas; pues bien, yo soy de las segundas que con el alcohol me pongo calentilla y muy empalagosa. La música estaba muy alta, hacía calor y tenía un amigo en la discoteca con un piso al lado de la fiesta, así que lo localicé por whatsapp y quedamos para tener un coito alcohólico (es decir, es como un coito “normal”, pero se diferencian,  que con cada penetración, la cabeza te da bastante más vueltas por el efecto del alcohol).

En fin, toda la fiesta genial hasta ahí hasta que me di cuenta que no llevaba mi bolso. Sí. Ese mismo bolso en el que estaba toda mi documentación (DNI, tarjeta sanitaria, carnet de conducir y de la universidad, etc.…hasta la de la BP con los puntos de la gasolina!!), las llaves de mi casa, de mi coche, maquillaje, dinero, mp4 y un largo etcétera. Llamé a mis amigas, porque el móvil si lo llevaba encima con unos cuantos € que me había sobrado de las bebidas, y se habían ido ya para sus casas. En medio de la desorientación por el alcohol, conseguí coger el bus que iba para mi casa y llegar hacia allí. Por el camino, decidí parar para comer algo para que la comida rebajara los efectos del alcohol, ya que yo vivo con mis padres y no es muy grato que vean a su hija de 27 años en tal estado de embriaguez. Cuando llegué a mi casa, toqué al portero (ya que yo no tenía mis llaves) y nadie me abría la puerta, así que en un acto de valentía y desesperación, me fui a casa de mi abuela para que me acogiera mientras llegaba alguien a mi casa para que me abrieran. Tengo que decir, que fue muy humillante y penoso visitar a mi abuela a las 12 de la noche estando borracha y que ella intente mantener una conversación y tú no puedas seguirla porque se te trabe la lengua. A las 4 de la mañana apareció mi familia, que por lo visto también estuvieron en la feria. Como me acosté muy tarde, me levanté casi a las 5 de la tarde del día siguiente con la preocupación de que no tenía mi bolso con mi documentación y sin DNI no me dejarían coger el avión.

Me pasé toda la tarde-noche buscando el bolso como una loca, junto con mis amigas, hasta que decidí darle la noticia a Iván, que no sabría si iba a poder visitarle porque no me dejarían viajar. Yo, para quitarle hierro al asunto, intentaba hacer bromas, ya que él estaba muy serio y enfadado pero sólo conseguía enfadarlo aún más. Tenía todos los planes hechos y la comida casi preparada para mi estancia en su casa para que ahora todo se fuera al traste por mi mala cabeza. Sólo me dijo: que sepas que te espera un spanking por perder tu documentación y por los nervios que estoy pasando. Prepárate porque va a ser el castigo real que siempre has esperado y sin palabra de seguridad.  Tengo que reconocer, que me asusté, ya que siendo racionales y sinceros, me lo merecía, pero también sabía que estaba muy enfadado por un motivo real. A ver qué planes tenía reservados y a saber si lo iba a poder aguantar.

Por la mañana, a las 8 de la mañana me presenté a comisaría para suplicarle al policía que me hiciera un duplicado del DNI ya que en pocas horas tenía que viajar y cuál fue mi sorpresa al ver que había casi 30 personas más en mi misma cola que también se les había perdido el DNI en la feria. Me reconfortó ver que también hay gente inútil como yo que va perdiendo su documentación por ahí, aunque probablemente ellos no fueran a tener las mismas consecuencias que iba a tener yo en pocas horas.

Llegué a Valencia y antes de ver a Iván, hice una parada para cenar con mi amiga del alma valenciana. Fue todo genial y a las 12 y media de la noche me fui a casa de mi amigo. Los dos estuvimos contentos por vernos, aunque yo estaba super nerviosa por dentro. Para calmar un poco los nervios, nos bebimos una botella de vino mientras charlábamos de cosas banales como la temperatura que hacía, el viaje, cumpleaños, familia… Hacía muchísima calor, así que decidimos darnos una ducha juntos y así calmábamos los nervios y como no, podría persuadirlo para librarme de mi castigo… por lo menos esa noche.

Allá en la ducha, nos besamos, nos acariciamos y le enjaboné con sumo cuidado todas las partes de su cuerpo. Puesto que de su entrepierna nació una prominente erección, le empecé a masturbar mientras le besaba, para que finalmente me agachara para hacerle una felación. Pude notar en mi lengua, como iba brotando el líquido preseminal. Me levanté, nos liamos y le pregunté si podía hacerle un beso negro. Era una práctica que nunca había realizado anteriormente y me llamaba la atención hacerla y qué mejor forma que desvirgarse con esta práctica que en la ducha, en la que todo está limpito. Aceptó la propuesta, le di la vuelta, me agaché, abrí ambas nalgas con mis manos y empecé a lamer. Tengo que reconocer que me excitó hacerlo y que me atreví a darle un pequeño mordisco a uno de los glúteos e intentar meter la puntita de uno de mis dedos en su ano. Me encantó ver como su pene se iba poniendo más erecto y más duro, así que terminé de hacerle sexo oral y eyaculó en mi cara. Nos terminamos de duchar rápido y medio mojados y desnudos nos fuimos a su cama. De repente, se levantó y fue a la cocina. Cuando volvió, tenía en su mano un tarro de Nutella (me encanta mezclar el placer del sexo con el placer del chocolate). Le empecé a lamer los pies con mucho detenimiento, sin dejarme ningún rincón sin lamer: tobillos, planta, dedos… Fui recorriendo mi lengua de nuevo hasta llegar a su polla y volví a ponerla a tono, con la felación. Cogí un poco de Nutella y le eché por la barriga y en el pene para lamerlo con mucho gusto después. A continuación, se dio la vuelta y le puse un poco de chocolate también en el ano y terminé de hacerle el beso negro que me había dejado a medias en la ducha, pero esta vez con mucha más intensidad, ya que la postura facilitaba la labor. Después, él me tumbó en la cama, me besó y me proporcionó un sexo oral fantástico, después se puso a mi lado y me estuvo masturbando con un pequeño vibrador rosa para clítoris, que me había traído de mi casa.  Estremecí de placer, ya que las vibraciones de esa pequeña maravilla, me ponían a mil porque sabía muy bien hacer su trabajo. Le pedí a Iván que se pusiera un condón, necesitaba que me penetrase. Me metió su polla en diversas posturas en mi vagina hasta que acabamos en el consabido misionero (es la postura que más me excita para alcanzar el orgasmo). Empecé a hacer movimientos vaginales para excitarle más y se acabó corriendo. Me encantó escucharle gemir. Me penetró un poco más para que yo también alcanzase el orgasmo y a los pocos segundos tuve una gran explosión, gracias también a la ayuda externa del vibrador.

Después del orgasmo, me dio media vuelta y me dijo que quería hacer “un test” sobre los nuevos instrumentos que tenía, que quería que le diese mi opinión para el castigo del día siguiente. Me propinó tres azotes con cada instrumento que tenía, entre los que se encontraban los siguientes: tres tipos de cinturones, de diferente anchura y material, una regla de madera, una vara de madera también y su vara de plástico. Me di la vuelta, le miré con cara de odio y le dije que tenía prohibido utilizar el cinturón más grueso, la regla y las varas porque picaban un montón. Se echó a reír y me dijo que eso ya lo decidiría él, que tenía motivos de sobra para usar eso y mucho más.

Tuve suerte, porque con la relación sexual que tuvimos, acabamos agotados y era bastante tarde, así que nos fuimos a dormir. ¡Me había librado del castigo esa noche!

Nos levantamos bastante tarde, desayunamos y estuvimos un rato charlando en la habitación (yo, tenía que ser cauta, así que procuraba sentarme lejos de él, ya que en cualquier momento podría pasar lo inevitable), cuando me dijo que me sentara más cerca de él que quería hablarme más cerca. Respiré hondo, porque sabía que todo iba a comenzar y le dije que no, que estaba bien cómoda dónde estaba y que le escuchaba perfectamente desde ahí. Se levantó, me cogió de las manos y me sentó a su lado, en la cama. Me dijo que estaba enfadado conmigo, por ser tan irresponsable, que casi me pierdo el viaje por mis descuidos, que no se podía creer que con mi edad bebiera tanto hasta perder el control y además me preguntó por mis estudios. Antes de ir a visitarle, acordamos que tenía que tener estudiado la mitad del temario y no fue así, me faltaban 2 temas para llegar a la mitad. Por primera vez en mi vida, le dije que tenía razón y que si servía para algo que lo sentía pero que pensara también (todo esto con una sonrisa, para ver si colaba), que lo había solucionado ya que había conseguido volar… y que con respecto a los estudios, que tenía tiempo, que no se preocupara que había sido muy exagerado al exigirme la mitad del temario. Me volvió a regañar y de un tirón, me tumbó sobre sus rodillas. El castigo acababa de comenzar.

Me dio pocos azotes pero enérgicos con su mano y rápidamente me bajó el pantalón y las bragas de un tirón. No me atrevía a decirle nada, porque sinceramente y vuelvo a repetir, que por primera vez en la vida, sentía que él tenía razón. Me azotó con la mano en mi trasero hasta que se me puso colorado y me dijo que me levantara. Me levanté de sus rodillas y fui a subirme el pantalón pero me lo negó porque aún el castigo estaba empezando.

Se dio media vuelta, encendió la televisión para enmascarar el sonido a los vecinos de lo que iba a venir, cogió la regla de madera y me hizo que apoyara mis manos en la cama, dejando mi trasero a su total disposición. Estúpida y condenada regla!! Dolía muchísimo y más que golpeaba con mucha fuerza, porque se notaba que estaba enfadado de verdad y quería que la lección quedase bien grabada. En un par de ocasiones, puse las manos en mi trasero y la respuesta fue la esperada, me golpeó la palma de las manos con la regla tanda de diez azotes en cada palma. No sé cuántos azotes cayeron, pero se me hizo eterno.

Después llegó el turno de la vara de madera, esta era hermana gemela que la regla, porque picaba muchísimo también la condenada. En uno de los azotes, le dije que por favor que no pegara tan fuerte, que me dolía mucho, que sentía todo lo que había hecho, pero que bajara la intensidad. ¿A vosotros os hizo caso? Porque a mí, no.

Cuando vi que volvió a parar, supe que iba a cambiar de nuevo de instrumento, así que aproveché para tocarme el trasero y estaba muy hinchado ya. Aquí aprovechó para volverme a golpear en las palmas de las manos, porque no me había dado permiso para tocarme. Cogió la temida vara de plástico (temida sobretodo porque la última vez que la utilizó en mi cumpleaños, la recordaba con temor) y que volvía a doler muchísimo. Con cada azote, saltaba y me costaba mucho mantener la posición, con las manos apoyadas en la cama. Le volví a suplicar que parara o que lo hiciera más flojito, pero le daba igual, tenía en mente que aprendiera esa lección y lo iba a hacer. En unas de las ocasiones que dejé de guardar mi posición por los azotes, aproveché para darme la vuelta, mirarle a los ojos (intentando poner mi máxima cara de niña buena mezclada con cara de cachorrito abandonada) y le dije que tuviera más cuidado que me estaba doliendo muchísimo. Me volvió a obligar que adoptara de mi posición y siguió dando azotes a diestro y siniestro.

De repente, paró y  me preguntó que dónde estaba mi cepillo de madera. Le dije que no era necesario que lo utilizara que ya había sido suficiente y me volvió a preguntar muy serio y borde, así que con resignación le dije que estaba en el cuarto de baño. Odiaba el cepillo. De todos los instrumentos hasta ese momento para mí era uno de los peores… que equivocada estaba. Tras ese día, cambié de opinión totalmente. Cuando volvió, me dijo que el cepillo era más pequeño que la última vez, que si lo había cambiado por uno más pequeño para que me doliese menos. Como no estaba en predisposición de vacilarle más, porque tenía el culo muy dolorido ya, le juré que no, que era el mismo. Así pues, me tumbó de nuevo sobre sus rodillas, apoyados en la cama y me dio muchos azotes muy enérgicos y con un buen ritmo. Tengo que reconocer, que después del dolor de la regla y las varas, más el culo tan hinchado, no me dolió tantísimo el cepillo como solía recordar, pero eso no significa que no pataleara y me moviera, porque ya no sabía cómo ponerme para que me doliera menos. Da igual cuanto me moviera, que siempre acertaba en golpear las nalgas. Y cuando ponía la mano, golpeaba con más fuerza de nuevo para que no las pusiera más.

Posteriormente, llegó el turno del cinturón, que afortunadamente es un tipo de dolor diferente y después de haber probado la regla, parecía no doler tantísimo, aunque picaba también lo suyo. A estas alturas, ya no distinguía los azotes, simplemente me dolía todo el culo entero y más que varios azotes se escaparon hacia la parte baja de las nalgas y las piernas y otros a la parte alta y triplicaban el dolor obtenido ya. Los saltos que di, fueron innumerables, junto con las pertinentes súplicas. Le dije que por favor, que parara, que ya había pillado el mensaje, que me estaba haciendo daño de verdad y que le prometía portarme bien y no beber más alcohol.

Finalmente, los azotes cesaron y me dijo que me pusiera de rodillas mirando al rincón con las manos en la cabeza. Se me hizo eterno ese momento, me dolían los brazos de tenerlos en alto y más que me tuvo en esa postura casi 20 condenados minutos. Cuando se fue a la cocina a preparar la comida, aproveché para tocarme el culo y estaba más hinchado que nunca. Para intentar distraerme un poco (en lugar de pensar en mis fechorías para no hacerlas más), me puse a escuchar a “Los Simpsons”, que estaba echando un capítulo en ese momento. El tiempo tan largo de espera que a mí se me hizo eterno, me dijo que ya podía levantarme. Me levanté, me fui a la cocina y le dije que me perdonara, que sentía mucho todo lo sucedido. Me dijo que sí, que me perdonaba y nos dimos un beso. Le dije que me dolía mucho el culo y accedió a echarme crema hidrante, para mimarme un poco y como gesto de que me había perdonado ya.

Comimos una deliciosa comida preparada por Iván, ya que es un gran cocinero. Todo fue genial, aunque me sentía bastante dolorida al tener que permanecer sentada comiendo. Después de comer, decidimos echarnos una siesta y allí tirados en la cama y abrazados, pude notar su erección en mi culo, así que decidí complacerle. Nos besamos, nos acariciamos y como hacía muchísima calor, le desnudé. Yo me quedé en sujetador y en ropa interior. Tiré un cojín al suelo y me puse de rodillas frente a él,  mientras Iván permanecía sentado en la cama con su pene erecto. Mientras me miraba con ojos deseosos, le empecé a masturbar con una mano y me metí su polla en mi boca. Humedecí mis labios y recorrí mi lengua por su glande, por el tronco llegando hasta sus testículos. Le vi muy excitado, así que le dije que quería que se corriese en mi boca. Me quitó el sujetador para no marcharlo de semen, aumenté la velocidad de la mamada y se acabó corriendo encima de mí, mientras yo seguía de rodillas.

Después de este encuentro sexual, estuvimos haciendo turismo por Valencia. Vimos la ciudad de las ciencias y dimos un largo paseo por la ciudad hasta que se nos hizo de noche. Estuvimos cenando en casa, nos duchamos y mientras Iván estaba sentado leyendo las noticias en el ordenador, le abracé por detrás y le pregunté si le apetecía que yo fuera su sumisa mientras le iba besando el cuello. Meses antes, habíamos estado hablando sobre la posibilidad de jugar y establecimos nuestros límites infranqueables así como la palabra de seguridad. Sus ojos brillaron tras la proposición, ya que él se considera más amo que spanker y aceptó el trato.  Me ordenó que le lavase sus pies cansados, después de haberle hecho andar durante toda la tarde, después me hizo que se los lamiera con mucho cuidado, sin dejar un solo centímetro sin lamer, chupando dedo por dedo, las plantas, entre los dedos, todo esto mientras yo permanecía de rodillas en el suelo y él estaba sentado en la cama. Seguidamente, me ordenó que me desnudara, y que me tumbara en el suelo, con la cabeza apoyada en el suelo, mientras él ponía los pies sobre mi cara. Me levanté sin permiso y fui a beber agua de un vaso, y como castigo, Iván me ordenó que fuera a por un plato con agua, lo pusiera en el suelo y bebiera agua, como los perros, utilizando solo la lengua. Después de beber agua, metió uno de sus pies en el plato para que lo siguiera lamiendo de nuevo. Esto me pareció super humillante y tanto asqueroso, pero decidí aceptar lo que me propusiera durante el juego y no quería romper el encanto. Cuando terminamos, me puso a cuatro patas en el suelo y me utilizó para poner sus pies en mi espalda, como si fuera una mesita. Acto seguido, sacó de su armario unas cuerdas de Bondage y me ató de pies y manos, mientras yo estaba boca abajo. Una vez bien atada, cogió la vara de madera y me empezó a azotarme con ella por todo el cuerpo: pecho, brazos, abdominales, piernas, espalda, trasero y pies (debo reconocer que dónde más me dolió fue en las plantas de los pies). Después me metió su polla erecta en mi boca hasta la garganta para que le chupara bien. Después me soltó de los pies, dejándome las manos atadas a la espalda y me obligó a que le lamiera de nuevo el ano otra vez. Con todo esto, no bajó en ningún momento la erección de Iván. Después me puso de rodillas, me ordenó que sujetara con los dientes la vara y me hizo una foto en esa posición. Me soltó la cuerda de las manos, que parecerá una tontería, pero lo agradecí muchísimo ya que no era nada cómodo para los hombros tener las manos atadas en la espalda. Cogió la regla de madera y me dio 150 azotes en las manos. Me dijo que pusiera la mano para que me pegara con la regla y que si quería más, que la volviese a poner y cuando llevábamos 150, ya no podía más, ya que las manos me ardían, pero fue una experiencia agradable, saber que le estaba complaciendo y además estaba descubriendo hasta dónde llegaban mis límites. Después me volvió a poner las manos encima de la cama y me volvió a azotar bien fuerte en el culo con la regla (a pesar de que ya tenía las marcas del castigo que había tenido esa mañana). La verdad es que dolían muchos esos azotes, porque eran fuertes y porque era la segunda tanda en ese día, pero los intenté aguantar lo mejor que pude. Cuando los azotes terminaron, decidí poner un DVD del Kama Sutra en 3-D que me traje de mi ciudad y mientras lo veíamos tumbados en la cama, ambos empezamos a tocarnos. Cuando el tema subió de tono, Iván, me puso unos videos de Nacho Vidal y en la postura del perrito, me cogió fuerte del pelo y me empezó a penetrar de forma violenta. Me encantó notar como chocaban sus testículos contra mi vagina, tan fuerte, tan dominante. Le dije que me penetrara en el misionero, que quería correrme, y así lo hicimos y ambos nos corrimos con mucho gusto, mientras seguía sonando Nacho Vidal de fondo. Nuevamente, se nos hizo muy tarde y acabamos durmiendo plácidamente, a pesar del calor, pero antes de dormir, me volvió a echar crema hidrante en el culo que para entonces ya tenía bastantes marcas.

La mañana siguiente, la dedicamos a hacer turismo, subidos en el autobús turístico típicos de los guiris, tomamos horchata de chufa y paella valenciana, además aproveché para comprar un par de souvenirs. Volvimos a casa, terminé de hacer la maleta ya que en pocas horas me volvería a mi ciudad y nos dormimos una siesta, por el agotamiento de toda la mañana haciendo turismo. Faltaba media hora para irnos a coger el metro de camino hacia el aeropuerto y yo no me quería despertar de la siesta. Iván, intentó despertarme por las buenas y como no le hacía caso y además estaba boca abajo durmiendo (obvio, teniendo en cuenta el estado de mi trasero), me amenazó con coger la regla si no me levantaba. No le hice caso a su amenaza y dos minutos más tarde, me subió el camisón del pijama y me empezó a azotar de nuevo. Al quinto azote, ya estaba despierta y de pie fuera de la cama. Decidimos tener un spanking de despedida y de recordatorio para que me portase bien y estudiara en serio para el examen, pero este sería especial. Cogió el cinturón, me puso las manos en el borde de la cama, me bajó el tanga y empezó a azotar tan fuerte y rápido como pudo durante 20 minutos. El trato era que me estaría pegando con el cinturón hasta que dijese la palabra de seguridad y así fue. Lo cierto, que este castigo de recordatorio fue idea mía, que se la comenté antes de quedarnos dormidos en la siesta, así que cuando el castigo comenzó tuve que hacerme la valiente. Quería saber dónde estaban mis límites y siendo este es el tercer castigo en dos días, podría comprobarlo. Cayeron muchos azotes, más de 300, ya que fueron muy rápidos y no puse la mano para que parase. Hubo un momento, de que a pesar de que dolían muchísimo, pude concentrarme en mi respiración y los azotes se hicieron mucho más llevaderos, a pesar del dolor. Iván, tras ver el estado de mi culo, me advirtió de que dijera la palabra de seguridad, que después me iba a arrepentir en el avión, así que, le dije la palabra, además de que iba subiendo en intensidad la fuerza de los azotes y me estaba costando muchísimo ya aguantarlos sin llorar. Me puso más crema y me hizo un par de fotos de mi trasero, para recordar lo vivido y nos abrazamos. Me vestí rápidamente y nos fuimos hacia el aeropuerto. Nos despedimos con un beso ante el control policial del aeropuerto valenciano y me volví a mi ciudad. El camino de vuelta, sentada, se me hizo bastante largo por el dolor del trasero, pero muy gratificante al recordar todo el fin de semana tan fantástico que había pasado.

 

 

 

 

Confieso

Confieso

Autor: Lucia

Deseaba que llegase este momento. Y al tiempo, lo temía.

-Cuéntame- me preguntas- ¿Te has portado bien desde nuestro último encuentro?

Me había hecho el firme propósito de no mentir. Pero noto un vuelco en el estómago. Estoy nerviosa. Y no puedo evitarlo. Trato de maquillar la verdad. Sí, por supuesto. Me  he portado super, super, super bien. Bueno, tal vez algún detallito sin importancia.

Me recuerdas que mentir es una falta especialmente grave. Y me animas a confesar. Me conoces bien, y sabes que mi comportamiento no habrá sido ejemplar, ni mucho menos.

_Estoy seguro de que hay alguna pequeña falta sobre la que hay que trabajar un poco. Pero pienso que será lo mejor que me lo cuentes todo. Yo sabré entender, y ya sabes que suelo ser justo.

Pienso que sí, que puede que sea comprensivo. Pero que eso de ser justo, equivale a ponerme en sus rodillas darme tantos azotes como él considere que merezco. Y aún no estoy preparada para dejarle decidir. Para dar el paso y entregarme al castigo.

Obviamente no va a colar lo del buen comportamiento. ¿Tal vez una confesión parcial?

-En realidad, fue una tontería, no tiene importancia. ¿Te acuerdas de aquello que te conté sobre la vecina?

Se acuerda. Es una de las cosas que me gustan de él, presta atención a lo que le cuento . Mi vecina es una imbécil de primera, y me critica.

-¿Qué le has hecho?

-Nada… bueno, le eché un poco de lejía en el buzón. Como es tan bajita, y su buzón es de los altos, tiene que meter el brazo sin mirar. Y suele ir con blusitas de esas caras, de colores vivos, además. Y de manga larga, como si fuera una monja, que habrase visto, con este tiempo, la muy cursi….

Me haces un gesto para que me calle. Noto que te aguantas una sonrisa. Pero disimulas rápido y me sueltas un rollo sobre las buenas relaciones con los vecinos, las cosas que una señora no tiene que hacer y todo eso…

-Sigue contando. Seguro que hay algo más.

Niego, Creo que ya tenemos materia suficiente que tratar hoy, la verdad. Pero insistes, insistes. Acabo por confesarte que he anulado dos citas con el dentista. Otra bronca

-Pero…¡es que me da mucho miedo!

-Te voy a ayudar con eso. Después de la azotaina que vas a recibir por esto, no le tendrás miedo al dentista, le tendrás miedo a anular las citas.

Protesto, claro. Y además, sin cuidar las formas.

-¿y tú dices que eres comprensivo? Lo que eres es un …

-Un ¿qué?

-Nada- retrocedo, justo a tiempo.

-Mejor, pero la intención es lo que cuenta. Así que añado esto a la lista.

No confieso nada más. Me callo lo de los tres días que he llegado tarde al trabajo porque no me puse el despertador a tiempo. Y no digo nada de los dos cestos de ropa pendiente de lavar, ni de los tres días seguidos cenando pizza porque estaba un poquitín perezosa y no me apeteció hacer la compra. Ni cuento que he descubierto el genial truco de cambiar la voz cuando llama mi suegra y decir que no es aquí, se ha confundido de número.

Aún así, empiezas a darme la charla sobre las faltas cometidas, y me preguntas si estoy de acuerdo contigo en que merezco unos buenos azotes.

La negociación. Siempre tan inútil. Digo que sí, que me he portado mal, pero que con unos cuantos azotes  y no muy fuertes, sin duda será suficiente. Pero no funciona así. Lo sé de sobra.

Enseguida estoy sobre tus rodillas. No sé cuánto tiempo voy a estar allí. Cuando empiezan los azotes, no me importa si el castigo va a ser largo. Lo estoy pasando bien. Una vez va desapareciendo la ropa, me resulta un poquitín más duro. Siento vergüenza cuando me bajas las braguitas, pero la dureza de los azotes directamente sobre la piel, hace que la vergüenza pase a un segundo plano. Al principio, estaba protestando, diciéndote que eras injusto, que  no era para tanto .Pero ahora, que duelen más, cambio el discurso. Y el tono. No lloro, pero casi. Y afirmo categóricamente que no lo volveré a hacer. Que voy a ser buena.

Y es lo que siento, de verdad. Voy a ser la mejor spankee del mundo, con tal de que la azotaina termine. Pero de pronto, ya no quiero que termine. Y ya no protesto, ni hago promesas. Sigo decidida a ser buena, pero empiezo ahora mismo. Empiezo por aceptar mi castigo, y me quedo calladita mientras continúan los azotes. No calladita exactamente, algún gimoteo se me escapa.

Sé que aun durará bastante. Me enviarás al rincón, y después, seguiremos. Pero ya no habrá resistencia.

El Nuevo Jefe del Departamento

El Nuevo Jefe del Departamento

Autor: Marita Correa

Ricardo es el nuevo jefe del departamento fiscal de una importante asesoría. Un antiguo compañero suyo de universidad,  directivo de la empresa, pensó en él, para reparar el enorme fiasco que su antecesor ha realizado en este departamento.

Es un hombre atractivo de unos 55 años, para sus empleados un hombre serio y reservado  escondiendo  para sus más allegados,  su lado más afable, extrovertido y su gran sentido del humor.

Entre todos sus subordinados que tiene a su cargo hay una mujer que lo saca de quicio, contestona, orgullosa, cuarenta y tantos, recién divorciada y queriendo recuperar todo el tiempo perdido de su matrimonio, no hay día que llegue tarde,  no la encuentre charloteando con su compañera y siempre tiene una excusa cuando no tiene su trabajo listo.  Muchas veces ha querido presentar una queja sobre ella pero hay algo en esa mujer que le impide hacerlo

Por supuesto, la antipatía es mutua. Ella ya se ha ganado varias broncas por parte de él  y la ha relegado hacer trabajos que no le corresponden, sin embargo lo que menos soporta  es su indiferencia hacia ella, ha intentado ganárselo y llamar su atención de todas las maneras posibles, sin lograr conseguirlo.

Una mañana Natalia no está especialmente de humor, su compañera y mejor amiga Marta se queda extrañada y empieza a interrogarla.

Marta- ¿Qué te pasa? No has abierto la boca en toda la mañana

Natalia- Nada

Ana se levanta y se va a la habitación de las fotocopias, Marta la sigue, no se va a quedar sin enterarse que le pasa a su amiga

M- Venga, no te hagas la interesante, si al final me lo vas a contar, ¿saliste a noche con Jesús?

N- No, lo he dejado con él. Oye Marta, déjame en serio,  Don Estirado quiere que le revise todos esos informes, dice que los datos son erróneos, estoy harta de este tipo, ¡Como echo de menos a Marcos! (antiguo jefe, todos le llamaban Señor Abascal, menos ella,  que era su empleada favorita)

M- ¿Y cómo no lo vas a echar de menos?, si lo tenías comiendo de tu mano

N-  Eso no es verdad, además ¿qué me dices ahora de la nueva?, Pero que pelota que es, no has visto como coquetea con él, y él le corresponde, el único momento del día en que sonríe es cuando habla con ella, seguro que tienen un rollo.

M- ¿Con Lucía? No me he fijado, pero ya veo que tú sí y me da a mí que lo que estás es un poco celosa.

N-  ¿¿Queeeeee?? Por favor, si no lo soporto!!

M- Si claro, por eso vienes todos los días tan arregladita y vas a tomar café justo cuando va él. Lo que te fastidia es que no te haga ni caso.

N-  ¡Oye bonita!,  que yo le doy mil vueltas a esa petarda, cursi e insípida, y si me lo propongo, a él me lo meriendo en un periquete

M- Sí, claro

N- Claro no, clarísimo ¿Qué te apuestas?

M- Lo que quieras, ¡Vas a perder!

N- Una cena en Mateos

M- ¿¿En Mateos, estás loca?? ¡¡Ese sitio cuesta una pasta!!

N- Me da igual, lo vas a pagar tú

M- Hecho

N- Hecho

Las dos mujeres sellan la apuesta con un apretón de manos

M- ¡Pero ya  sabes que quiero todos los detalles!

N-  ¡Si siempre te lo cuento todo! Sé que Don Estirado, suele quedarse en el despacho hasta tarde, así que si quiere que termine estos informes no me va a quedar otra que quedarme a mí también, verás cómo mañana esta rendido a mis pies

Sin ningún cuidado las dos comenzaron a reír a carcajadas y salieron de la sala de fotocopias, Natalia había olvidado su mal humor y empezaba a planear como conquistar al huraño de su jefe

Llegó la hora de salida,  como tenía planeado  se quedó trabajando, a los pocos minutos no pudo aguantar más y se dirigió al despacho de Ricardo, la puerta estaba abierta, él estaba absorto en unos documentos y llamó su atención con unos golpecitos en la puerta

Natalia-  ¿Puedo pasar?

Ricardo-  ¿Qué haces tú aquí todavía? Le preguntó con tono de sorpresa

N- Tengo un poco de trabajo atrasado

R-  ¿Sólo un poco?,  Sonrió  y siguió ojeando sus papeles

A ella le fastidió el tono sarcástico de su jefe, pero hizo ver que no le importaba y siguió a lo suyo.

N-  Verás Ricardo,  hay unos datos de unos clientes que no aparecen  en mi ordenador, me preguntaba si a lo mejor tú los tienes archivados.

R-  Ahora no puedo ocuparme de eso, estoy muy liado, déjalo ahí y ya lo mirare mañana

N-  Lo entiendo, yo también estoy muy liada, Qué  estrés ¿verdad?

Él ni siquiera le contestó

Aunque Ricardo no la miraba,  la mujer se fue acercando de forma coquetona hacia la mesa, se apoyó en el lateral de esta y mirando a su jefe le dijo:

Oye Ricardo, se me ocurre una idea, ¿no te parece que nos merecemos un descanso? Podemos pedir al bar de enfrente que nos suba una botellita de vino, algo de picar, conversamos un ratito, nos conocemos un poco mejor, y bueno… si nos apetece seguimos con el papeleo o no.

Ricardo contemplaba con asombro, el descaro y la insolencia de su empleada, sonrió y levantándose de la silla se fue hacia ella, que lo seguía mirando de una forma atrevida

 Yo tengo una idea mejor, dijo él, sus cuerpos estaban casi pegados uno frente a otro y ella notaba como se le cortaba la respiración, le costaba reconocer que ese hombre la ponía a 100, pero por supuesto no iba a dejar que lo notara

N-  Ah sí ¿Qué idea?

R-  He oído hablar de un nuevo restaurante, ¿Cómo se llama? … ah sí,  Mateos, creo que es excelente ¿Lo conoces?

A Natalia se le borro de inmediato la sonrisita de la cara, y notó como se ruborizaba de repente, bajó la cabeza,  intentando que no se notara su sonrojo y  con un hilito de voz contestó que no lo conocía

Él tomó la libertad de coger su barbilla para obligarla a mirarle  a los ojos

Por primera vez ella se quedaba sin palabras y sin saber cómo manejar la situación

R- ¿¿No lo conoces??

N- No

R- ¿¿No es ahí donde vas a ir con Marta, cuando logres seducirme??

Ella lo miraba con los ojos muy abiertos intentando buscar una respuesta ingeniosa, que no encontró

F- Tu amiga y tú, deberíais tener más cuidado con lo que habláis en la sala de fotocopias, nunca sabes si el jefe estará tomando café en la sala de al lado

Ella empezó a balbucear algunas palabras, al final consiguió decir:

 Ricardo,  ¿no te lo habrás creído verdad?  Sólo bromeábamos

R-  Me gustaría saber quién te ha dado permiso para tutearme. ¿Crees que tu antigüedad en la empresa te permite reírte de todos nosotros? ¿Sabes porque me tengo que quedar cada noche hasta las tantas?

Natalia lo miro a los ojos y le dijo:

No señor, no lo se

R-  Porque tengo que corregir todos tus errores, esos que nos han hecho perder varios clientes (eso no era verdad, pero claro, ella no lo sabía) En dirección empiezan a estar muy hartos de ti,  así que me han solicitado que haga un informe sobre tu trabajo y todas tus meteduras de pata, para rebajar tu liquidación.

N-  ¿¿Queeee??  ¿Quieren despedirme?  Dijo Natalia con asombro, ¡No pueden hacer eso!, dijo totalmente indignada, no podía creer lo que estaba escuchando. Había olvidado todo su bochorno anterior.

N-  Llevo 20 años en esta empresa, he regalado mucho de mi tiempo, he conseguido muchos clientes, mi trabajo ha sido excelente y en cuanto mi vida personal se complica un poco y afecta mínimamente a mi trabajo, me quieren dar la patada, increíble!!

R- Descontando el tiempo que te pasas en cafetería, el llegar tarde constantemente,  el hacer que tus compañeros hagan tu trabajo, los motes y las burlas para todos nosotros. Este departamento está pagando tu poca profesionalidad

N- ¿¿Me  estas llamando poco profesional?? Natalia volvió a lo del tuteo,  esto sí que no lo aguanto, no merezco este trato, así que sabes lo que te digo: “Que te den a ti y a tu informe” ¡Me largo!

 Como quieras, gritó Ricardo, no hace falta que vengas mañana,  te avisaran cuando tu finiquito esté listo,  además,  Lucia merece un ascenso, ha hecho un excelente trabajo desde que está aquí, se alegrará mucho cuando se entere de que tu puesto está libre

Ella se paró en seco, lentamente se giró hacia su jefe, no podía estar hablando en serio, esa arpía, rastrera y pelota no podía quedarse con su puesto, pero la mirada de él le decía lo contrario.

Se quedó pensativa durante unos instantes, y contestó:

 De acuerdo,  tú ganas, le dijo, intentando tragarse su orgullo. Si estoy aquí supongo que todavía no has entregado ese estúpido informe y sabes que necesito el empleo, así que suelta ya tus condiciones

R- Condiciones, esa es la palabra exacta. Para empezar tendrás que demostrar que te lo tomas en serio, hacer muchas horas extras, por supuesto no retribuidas y conseguir que los clientes que hemos perdido vuelvan de nuevo.

N- No tengo elección ¿verdad?

R- Sí que la tienes, pero con tus referencias te será difícil encontrar un empleo de esta categoría

Ella estaba de pie frente a él, con los brazos cruzados, y su cara reflejaba todo la rabia que la comía por dentro. Ricardo la observaba detenidamente

N- Bueno, no querrás que empiece ahora ¿no? Aunque cuanto antes empecemos antes acabaremos con esta mierda.

Ricardo se convencía por momentos,  que era lo que esta mujer  necesitaba  con urgencia y le preguntó:

A ti nunca nadie te ha dado unos buenos azotes ¿¿verdad??

Ella lo miró con cara de espanto

N-  ¿¿Cómo?? Pero ¿de qué coño vas?

R- Mira, lo primero que vas hacer es aprender modales y a tratar a tus superiores y subordinados con el respeto que se merecen

Ricardo se dirigió al aseo de su despacho, saliendo al instante con algo en sus manos

R-  Vamos a comenzar  por tu vocabulario, no pienso consentirte ni una sola grosería más, desenvolvió una pastilla de jabón y le ordeno que abriese la boca

Ella lo miraba con asombro y soltó una carcajada

N- Es broma ¿verdad? No voy hacer eso

R- Metete el jabón en la boca AHORA

Natalia no pudo evitar asustarse ante la orden de su jefe, esto iba en serio, empezó a dudar si quedarse o echarse a correr, pero las piernas le temblaban así que no le  quedaba otra que quedarse,  todo aquello le pareciera surrealista. Tomó la pastilla y se la colocó con suavidad entre los labios

R-  Así no, quiero que la muerdas con fuerza y más vale que no se te caiga

Ella lo hizo, demostrando con el gesto de su cara, lo que le desagradaba el sabor del jabón

R- Ahora te colocaras sobre mis rodillas y recibirás una buena zurra. No pongas esa cara, sabes que te la mereces y que te hará mucho bien.

Sin más la cogió del brazo y la arrastró hacia una silla, se sentó e inmediatamente la colocó sobre su regazo. Subió su falda y cuando ella sintió sus dedos tirando del elástico de sus braguitas, se revolvió de inmediato tirándose al suelo y gritando:

N- ¡¡No puedes hacer esto, no puedes!! Pero ¿en qué época te crees que vives?

Él se levantó muy enfadado de la silla, la levantó del suelo y zarandeándola le gritó:

R- ¡¡Mas te vale obedecerme si quieres volver a sentarte!!

Natalia comenzó a darse cuenta que esto iba muy en serio

Ricardo recogió la pastilla de jabón, se fue al baño de nuevo y regresó con la pastilla enjuagada y llena de espuma, ella seguía en mitad del despacho observando cómo su jefe con el ceño muy fruncido se aproximaba hacia ella, le metió de nuevo la pastilla de jabón en la boca, aghhhh, ahora sí que notaba el repugnante sabor del jabón, y en una fracción de segundo, se encontraba  de nuevo sobre las rodillas de su jefe, con la falda arriba y las bragas abajo.

R-  Creo que no me comprendiste cuando te pedí que no me tutearas, te lo voy a explicar de otra manera a ver si así lo entiendes.

Sin más miramientos el comenzó a azotarla, Natalia tenía la cabeza casi a la altura del suelo,  por lo que su trasero quedaba muy empinado, subiendo y bajando al compás de las nalgadas, rápidas y enérgicas, ella no dejaba de patalear  y se quejaba como podía, ya que el jabón le impedía gritar.

10 minutos después el jefe de Natalia estaba más calmado y bajó el ritmo de los azotes, observando como la palidez del culo de la empleada se había transformado en un rojo intenso y penetrante,  y que su  rabieta se había convertido en llanto. Se compadeció de ella y pensó que ya era hora de pasar a la segunda parte. La ayudo a ponerse en pie, la falda recuperó su posición original y observo la cara de Natalia, llena de lágrimas, rímel corrido y la pastilla de jabón en la boca, todo esto le daba una imagen muy graciosa, el evitó sonreír porque aunque ella se había ganado con creces ese castigo, en cierto modo le daba un poco de pena.

R- Ve al baño, enjuágate la boca y lávate la cara, le ordenó

N- Si señor, contestó ella y se dirigió al baño

 Al fin Natalia había aprendido la manera correcta de dirigirse a su jefe. Ella salió del baño y pensando que todo había terminado se dirigió hacia la puerta

R- ¿Te he dicho yo, que puedes marcharte?

No señor, contestó ella en tono bajito

R- Pues vuelve  aquí, casi hemos terminado

¿Cómo que casi? Preguntó ella entre sollozos

R- Quiero asegurarme que has aprendido la lección

N- Por favor señor Ramos, no podré aguantar más y le aseguro que ya he aprendido.

 Él se dio cuenta de que era sincera, pero su comportamiento había sido tan lamentable que no la podía dejar marchar con tanta facilidad.

R- Natalia no voy a discutir, ya sabes cómo funciona esto, quiero que te apoyes sobre la mesa, serán 20 azotes con el cinturón, si te tapas con las manos o te levantas, serán 10 más.

La mujer se dio cuenta de que sus suplicas no funcionarían, así que secó sus lágrimas se llenó de dignidad y se dirigió hacia la mesa, apoyando su tripa en la mesa

Él le ordenó que estirara los brazos,  se agarrara al borde de la mesa y que separara las piernas, ella obedeció a la primera, no pensaba volver a suplicarle a pesar de lo humillante de la situación.  No tardó en sentir el primer lengüetazo del cinturón sobre su ya magullado trasero, lo que le hizo dar un respingo y un leve lamento.

Ricardo sabia como repartir los azotes, abarcando todo el trasero de la mujer y centrándose en la parte inferior de sus nalgas, quería que los recordase durante unos días a la hora de sentarse, y aunque no eran suaves, tampoco eran excesivamente fuertes, ya que con la zurra anterior, ella no resistiría sin perder la postura y no quería castigarla con 10 extras más.

Ella los soportó sin cubrirse, moverse y sin apenas quejarse, su jefe la observaba agarrada al borde de la mesa, contemplando como el cinturón había marcado su piel, en ese momento,  deseaba abrazarla y consolarla, pero no se podía permitir hacerlo, así que le bajo la falda y le dijo que se levantara, así lo hizo ella.

R- Ahora vete a casa, pero mañana te quiero aquí a primera hora, más vale que te pongas al día  con los balances, y no me hagas enfadar de nuevo o ya sabes que te pasará.

Ella con mucha dignidad recogió sus bragas del suelo, se sentía tan avergonzada y humillada… Pero también sentía la humedad de entre sus piernas y rogaba que él no se diera cuenta de ello, o podría pensar que le había gustado ¿o es que le había gustado?

Dedicó una fría mirada a su jefe, le deseó buenas noches y abandonó la habitación.

A él, sin saber muy bien porque, esa mirada de hielo le dolió, no quería que lo odiara, y se quedó largo rato en su despacho pensando en todo lo sucedido

A la mañana siguiente cuando Marta llegó a la oficina, Natalia ya estaba sentada a su mesa pegada al ordenador y tecleando sin parar.

M- ¿Pero qué haces tú aquí a estas horas? Te has caído de la cama, o ¿es que no has dormido en casa? Bromeó Marta.

M- Te dije que mandases un mensaje fuese la hora que fuese,

N- Ahora no puedo hablar Marta, tengo que tener estos balances listos para mañana

M- Madre mía pero que mala cara que tienes, oye vamos a tomar un café ahora mismo y me lo cuentas y ya sabes, ¡quiero todos los  detalles!

En ese momento el señor Ramos entraba en la oficina y después de dar los buenos  días a todos se dirigió a Natalia y le pidió que pasase a su oficina.

Ella saltó de la silla, olvidando que debía levantarse con mucho cuidado, y por un instante llevo sus manos para frotar sus nalgas maltrechas, cuando se dio cuenta de su gesto, en seguida paró y se encaminó al despacho de su jefe.

Marta con cara de asombro, miraba la escena, sin lograr entender nada.

Ricardo estaba apoyado en la parte delantera de su mesa esperando que ella entrara, cuando lo hizo,  él le preguntó ¿Cómo vas?

N-  Bueno acabo de revisar los balances de marzo del año pasado, pero  para mañana estarán todos listos.

R- Me refiero a ti

Por un momento se sintió bloqueada, pero reaccionó y con el mismo aire arrogante con el que se había despedido la noche anterior le contestó que estaba perfectamente.

R- Me alegro por ti, vamos a comprobarlo. Cierra la puerta y ponte sobre la mesa, ya conoces la postura

N- ¿Cómo?

R- Ya me has oído

No es posible que me vaya azotar de nuevo, aquí,  con toda la oficina llena de gente, pensaba para sí, y dudaba si hacerlo o no, por un lado detestaba que el controlase la situación pero por otro,  sentía una irresistible atracción por él, y no podía olvidar como ese hombre,  la había doblegado la noche anterior, y el cúmulo de maravillosas y desconocidas sensaciones que había experimentado, así que se dirigió a la mesa, ella misma se quitó la ropa y se situó de nuevo sobre el escritorio, sin saber cómo a él le fastidiaba su orgullosa actitud.

Sus nalgas presentaban un colorido entre violáceo y azulado que estimuló todos los sentidos de su jefe.

Ella esperaba sentir el calor inmediato del cinturón, sin embargo se sobresaltó al sentir algo frio sobre su delicado trasero.

R- Es crema, he pensado que te sentará bien, ya que te quedan muchas horas que estar sentada.

El extendió  la crema por el trasero de la mujer, suavemente, muy despacio, no tenía ninguna prisa.  Ella empezó a relajarse,  a dejarse llevar por el frescor de la loción y el tacto de la mano de su jefe, que ahora bajaban por el interior de sus muslos,  aproximándose a su zona privada, él sonrió cuando observó que su empleada abría un poco más las piernas para facilitarle su labor.

En ese momento él se detuvo,  agarró las caderas de la mujer, reclinándose  sobre ella,  lo que a Natalia le permitió sentir la bestial erección de su jefe, ella giró su cabeza buscando la boca de Ricardo,  que se aproximaba a la suya, cuando sus labios estaban a punto de tocarse, él le dijo:

Vístete, aún te queda una larga jornada de trabajo

En ese momento  una intensa ira se apoderó de ella, y tuvo que aferrarse aún con más fuerza al borde de la mesa para no saltar en ese momento sobre él, solo le apetecía pegarle, arañarlo, insultarlo, ya ni siquiera le importaba su empleo, pero si le importaba que sus compañeros se enterasen de lo sucedido, por lo que tenía que controlarse, así que se vistió rápidamente, ¡como odiaba a ese hombre!, estaba furiosa y solo quería salir de esa habitación y perderlo de vista.

Cuando estaba a punto de marcharse él le dijo:

R- Por cierto, Natalia

Ella respiró hondo y sin ni siquiera girarse con un tonó repelente y sarcástico contestó:

N- ¿Si señorrr?

R-  Recuérdale a Marta que te debe una cena, pero no esta noche, tú y yo, tenemos que acabar algo que hemos empezado. Si tú quieres, claro

Ella siguió sin girarse, estaba perpleja, ¿había escuchado lo que había escuchado? Se asombró como en solo unos segundos toda su ira desaparecía, y un escalofrío de placer le recorría todo el cuerpo, entonces se volvió hacia él. Pudo comprobar el ahora amable gesto de Ricardo y una mirada picarona, que lo hacían aún más irresistible. Ella le contestó con la enorme sonrisa que ahora se dibujaba en su cara.

Cuando salió del despacho y Marta la vio sonreír de esa forma, supo que su amiga se había salido con la suya, sólo que esta vez, Marta no iba a conocer todos los detalles”

 

 

 

 

 

Quid pro quo

Quid pro quo

Autor: casi_angel

- "La nariz pegada a la pared, súbete la falda y las bragas por las rodillas, ábrete de piernas para que no se caigan. ¡No me puedo creer que anoche tuvieras la osadía de faltarme al respeto delante de mis amigos!

-"perooo yo no..."

- "¡Silencio, no quiero ni oír una palabra de esa boquita hasta que estés dispuesta a suplicar perdón por tus acciones. Las manos sobre la cabeza y no te muevas hasta que yo te diga!"

Puedo sentir el calor de su mirada a mis espaldas, la vergüenza y vulnerabilidad de mi culo expuesto mientras él está completamente vestido. Esa mezcla de sentimientos hace que me enfade aún más, tampoco fue para tanto lo que le dije. Tengo ganas de darme la vuelta y decirle que es un susceptible, pero no me atrevo porque sé lo que viene después y no quiero empeorar la situación. Solo de pensar en la azotaina que me espera se me contrae el culo, casi puedo sentir el dolor y la indignación vuelve a consumirme, pero esta vez no pienso pedirle perdón por una bromita tonta, no es mi culpa si se lo ha tomado tan mal. Vuelvo a revivir la escena por la que me encuentro en este lugar tan vulnerable. Anoche vinieron dos amigos suyos y estuvimos jugando al trivial durante horas, fue muy divertido a pesar de que nosotros perdimos. Cuando sus amigos estaban saliendo por la puerta les dije: "No queréis quedaros para protegerme, Jesús es un mal perdedor, no sabe perder y me lo va a hacer pagar a mi. Encima de que tiene la culpa de que hayamos perdido, que clase de hombre no sabe de deportes, menudo nenaza!" Cerramos la puerta y yo me di la vuelta dirigiéndome al cuarto. De repente sentí que me agarraban del brazo, volteándome hasta estar cara a cara.

- "¿Cómo te atreves a faltarme al respeto de esa manera? Y delante de mis amigos... ¿Quién te crees que eres?

- Yo...

- Silencio, no quiero escuchar nada de lo que tengas que decir, no hay excusa posible para lo que has hecho. Estoy demasiado enfadado para castigarte ahora. ¡A la cama y sin chistar!

No me gusta nada cuando Jesús se enfada conmigo, como sumisa que soy vivo por que él sea feliz. Me costó horas dormirme sin embargo me dormí antes de que él entrara a la habitación. Nada más levantarme corrí a buscarle, tenía la esperanza de que ya se le hubiera pasado y pudiéramos hacer las paces. En la cocina encontré una nota. Estoy en el gimnasio, dúchate, rasúrate bien todo, ponte la camisa blanca cortita, falda azul y bragas blancas de niña pequeña. Los pies descalzos y sin sujetador, quiero verte los pezones a través de la camisa. Desayuna y espérame. No eran buenas noticias, siempre iba al gym para descargar, así que debía seguir enfadado. Cuando volvió me mandó al rincón y aquí estoy.  Y así van pasando las horas o esa impresión tengo yo. Vuelvo a dar vueltas en mi cabeza a lo ocurrido una y otra vez. Tengo que admitir que el comentario fue un poco desatinado pero no para ponerse así, bueno igual si... No! Y así va pasando el tiempo, me duelen los brazos de tenerlos ahí arriba, la espalda también y no puedo más de estar quieta, necesito moverme. Cuando estoy a punto de rendirme porque ya no puedo más suena el timbre y del susto me doy la vuelta.

- ¿Quién te ha dicho que puedes moverte? Vuelve a tu postura. Acabas de añadir diez azotes con el cinturón a tu castigo.

Vuelvo corriendo a colocarme en mi lugar, los azotes extras son los peores y no quiero ganarme ni uno más. Tras darme un azote fuerte al pasar, Jesús se dirige a abrir la puerta. El azote ha sido tan fuerte que seguramente haya dejado la huella de su mano. Oigo voces masculinas que se van acercando. ¡No puede ser, Jesús nunca me haría esto! Pero es, las voces se acercan cada vez más y como en las pesadillas no puedo moverme, porque mi señor me ha ordenado quedarme donde estoy y no puedo desobedecerle.

- "Aquí está Rocío como veis esta castigada por su comentario estúpido de ayer. Ella intentó humillarme delante de vosotros, así que voy a hacer lo mismo, solo que yo voy a ser más efectivo."

Puedo sentir como me sube el rubor por todo el cuerpo. Hasta mi culo, tan expuesto y a la vista, debe estar rojo como un tomate. Puedo escuchar las risitas nerviosas de sus amigos, pero Jesús enseguida cambia de tema y comienzan a hablar de sus planes para esta noche. Estoy flotando como en una nube, esto no puede ser verdad. De repente las cosas se ponen mucho peor:

- "Pero que maleducado soy, ni siquiera os he preguntado si queríais algo de beber, ¿qué queréis?"

Los dos piden una cerveza.

- "Rocío tráeselas"

Con las braguitas por las rodillas me dirijo tambaleándome como un pingüino a la cocina.

-"Quítate las bragas, solo faltaba que tires las cervezas por patosa. De paso quítate la falda ya no la vas a necesitar.

Me quedo quieta, congelada, no puedo, si lo hago me van a ver mi coño desnudo, nunca más podré mirarles a la cara. Sin embargo los ojos de Jesús dicen que está a punto de añadir más latigazos con el cinturón y eso si no creo que pueda aguantarlo. Me doy la vuelta despacio, cuanto menos me miren ahí abajo mejor y poco a poco dejo caer la falda. La levanto y junto con las braguitas me las llevo a la cocina dónde las dejo dobladitas sobre un banco. Preparó las dos cervezas y con una en cada mano vuelvo al cuarto de estar. Al dar el primer paso me doy cuenta que con las bebidas no voy a poder tapar mi coño, recién depilado y brillante por todos los jugos que esta constante humillación está provocando en mi. Al volver ninguno de los tres puede quitarme los ojos de encima, mis muslos están cada vez más húmedos y siento que voy a explotar de la vergüenza. Sin poder soportarlo más dirijo la mirada al otro lado del cuarto, donde veo la silla. Sencilla, sin brazos, es la protagonista en la mayoría de mis castigos. La silla está colocada frente al sofá pero de lado para que tengan una vista panorámica de mi trasero a lo largo del castigo.

"Bien ahora que tenéis vuestras cervezas ha llegado la hora de comenzar", dice Jesús sentándose en el silla. Con un solo gesto me conmina a acercarme y tumbarme sobre sus muslos. "¡Abre las piernas ya sabes que es parte de tu castigo!". Con las piernas abiertas, desde el sofá pueden ver todo, desde mi pubis, abierto por la postura, hasta mi culo tieso por la tensión de la espera. 

Jesús termina de colocarme bien, sujetándome fuerte de la cintura para que no me caiga. “Antes de que comience, ¿tienes algo para decirme?”. Los nervios, la mezcla de vergüenza, miedo a lo que va a pasar y excitación me juegan una mala pasada, incrementando mi mal humor.

-       “Sí, que te odio, eres un imbécil, no me puedo creer que me estés haciendo esto! ¿Cómo puedes ser tan cruel? Y todo por una bromita de nada, cómo se puede ser tan susceptible”. Exclamo mientras forcejeo por salir de esta situación en la que yo misma me he metido.

¡Pám! El primer azote me silencia por completo a lo que sigue una tromba de azotes. Yo no puedo escapar. Al principio consciente de que me están mirando, procuro no moverme, pero a medida que su mano cae sobre mi culo cada vez más rojo no puedo evitar levantar las pierna, tratando de escapar al dolor, mostrando una imagen panorámica de mi sexo. Jesús, harto de mis movimientos pasa una pierna por encima de las mías para mantenerme en posición mientras continua azotándome sin tregua. Tras una primera tanda de lo que se sienten como mil azotes pero que serían más bien cien, toma un ritmo más pausado. Entre azote y azote comienza la regañina:

- “Eso ha sido por el exabrupto, no me puedo que creer que después de ganarte un castigo tan severo todavía te quede cara para cuestionarme. A mi no me vas a faltar al respeto. ¡Nunca! Tú y yo tenemos un trato, yo me ocupo de ti y de tu disciplina y a cambio tu respetas mis decisiones y me respetas a mi. Me he hecho cargo de tu educación creo que a cambio es muy poco lo que te pido”.

Y así continua la bronca mientras van cayendo los azotes cada vez más fuertes. Envuelta en una niebla de dolor y de miseria cada vez son menos las palabras que van penetrando mi psiquis pero son suficientes las que llegan a buen puerto. Soy yo la que le ha pedido que me eduque, que me ayude a ser mejor persona. Y así es como se lo pago, haciendo comentarios estúpidos e hirientes delante de sus amigos, tratando de humillarle, y todo, si soy sincera conmigo mismo, para llamar su atención, para saber si de verdad me va a tomar en mano, para provocarle. La azotaina sigue y ya no puedo evitar los gemidos y sollozos cada vez más fuerte, mientras grito sin parar:

“¡Por favoooor!”

¡Pán Pín Pún!

“¡Perdóoon, lo siento mucho!”

¡Pín Pán Pám!

“¡Nunca más lo hago de verdad lo juroooo! Me voy a portar bien. Voy a ser la niña más buena del mundo”.

“¡Buuuuaaaa nooooo nooo más!” Pám Pám Pún “Por favoooor no puedo aguantar más.”

 

La última tanda de azotes me deja afónica y sin fuerzas. Ya no soy capaz de mover un músculo y arrepentida le dejo que siga a su antojo. Viendo que estoy a punto de llegar al límite, Jesús deja caer las últimas palmadas en el espacio entre las nalgas y el muslo, la zona más dolorosa de todas. Cuando termina me acaricia toda la zona. Puedo sentir el calor que se desprende de mis nalgas.

“Así me gusta, el culete bien rojo para aprender la lección.”

Su mano continúa explorando, acercándose cada vez más a mi coño. Sus dedos me recorren de arriba abajo, evitando rozar mi clítoris.

“Mmmm estás chorreando, realmente eres una perrita, parece que te ha gustado que te de una paliza delante de mis amigos.”

Acercando su mano a mi rostro exclama:

“Límpiamela bien, que no quede ni rastro de tus jugos.”

¿Será posible morirse de vergüenza? Cerrando los ojos con fuerza, como si eso pudiera hacerme invisible, recorro su mano con la lengua, despacio, asegurándome de tragar todo, saboreando mi propio aroma.

Me da la vuelta y tras un largo abrazo en el que no puedo evitar llorar y moquearle toda la camisa, me levanta y de la mano me lleva otra vez al rincón.

-“El castigo no ha terminado todavía, estarás diez minutos en el rincón, para pensar como vas a disculparte y después recibirás cuarenta latigazos con el cinturón más los diez extra que te has ganado. Como sabes los extra son siempre en los muslos.”

- “No por favor, no puedo más, discúlpeme. Mi culo no puede soportar más castigo, hago lo que sea pero el cinturón no, se lo suplico”.

- Por supuesto que vas a hacer lo que sea, aquí mando yo! Pero el castigo te lo has ganado a pulso, no quiero escuchar ni una palabra más de tu boca, la nariz pegada a la pared y nada de tocarte para aliviar el dolor.

Vencida, hago lo que me pide rezando por que la azotaina pase rápido y pueda soportar el dolor. El escozor en mi culo cada vez se va haciendo más insoportable y las ganas de frotármelo van en aumento. Mientras conversan de sus cosas puedo sentir el calor de sus miradas, empeorando mi situación. Finalmente:

“Bien, ya puedes salir. Como sabes el cinturón lo recibirás como siempre, desnuda. Quítate la camisa y colócala sobre el respaldo de la silla. Pon las manos sobre el asiento, el cuerpo alejado, las piernas rectas y separadas a la altura de los hombros.”

Con las tetas colgando, el culo para arriba y el sexo a la vista, debo ser toda una visión. El respeto al cinturón me impide concienciarme completamente de la imagen que estoy dando. Ese sonido tan temido por las spankees, el del cinturón pasando por las enhebras del pantalón me deja la mente totalmente en blanco a la espera del terrible dolor.

“No te muevas, si sales de esa postura volveremos a empezar, no me importa que ya lleves 39 latigazos. Quiero que cuentes cada uno de ellos y me des las gracias. Vamos allá.

Wussshhh splat!

- argggghhh! Uno gracias

Wussshhh splat!

- Dooooos buuuaaa gracias

Wussshhh splat!

- Ayyyyyy treeeessss graciaaas

En el séptimo no pude evitarlo y me moví, tapándome el culo con las manos

- ¿Quita las manos de ahí o quieres que te las ate?

- Nooooooo, no puedo más por favooor buaaaa

- Tienes tres segundo para volver a tu sitio o te ato a la silla

No puedo soportar la idea de estar tan vulnerable delante de los otros, así que abatida vuelvo a mi posición

- Desde el principio…

Wussshhh splat! Wussshhh splat! En el onceavo golpe vuelvo a salirme de posición y vuelta a empezar. Al final los cuarenta se han convertido en cien latigazos. Exhausta, estoy a punto de derrumbarme después del último.

- “Bien todavía te quedan los diez últimos.” – No tengo fuerzas ni para protestar – “Tranquila voy a sujetarte de la cintura para que no te muevas, no quiero hacerte más daño del necesario. Esta vez no tienes que contar y lo haré lo más rápido posible para terminar antes.”

Wussshhh splat! Wussshhh splat! Wussshhh splat! El dolor en los muslos es insoportable, al final, casi todo mi peso es sostenido por él. Inmediatamente después del último, Jesús tira el cinturón al suelo y con cara de alivio me coge en sus brazos. Carga conmigo hasta el sofá donde sus amigos le hacen sitio para que nos sentemos. Me sienta sobre sus rodillas, con el culo entre sus piernas para que no roce con nada. Acurrucada contra su pecho vuelvo a romper a llorar, desconsolada mientras el me susurra palabras de aliento al oído. El cansancio y las lágrimas hacen que, a pesar del dolor, me vaya quedando dormida mientras él me dice lo orgulloso que está de mi y lo mucho que me quiere. Cuando despierto estamos los dos solos en la cama. Agradecida por su cariño y firmeza le demuestro durante horas todo el “respeto y la adulación” que se merece.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Spanker de pago

Spanker de pago

Autor: Aimée González

Aquí estoy, mirando al espejo las marcas de mi trasero que desgraciadamente ya empiezan a desaparecer. La azotaina fue la semana pasada así que me he pasado toda la semana dándole largas a mi novio para que no se dé cuenta del estado de mi culo.

Me presento, me llamo Marta, 42 años divorciada con dos niñas, y actualmente salgo con un compañero de trabajo, mantenemos una bonita relación aunque yo necesito algo más, algo que no me atrevo a pedirle

Veréis, la semana pasada ojeando un periódico fui a parar a la página de contactos y me puse a cotillear y uno llamó poderosamente mi atención: Spanker profesional……..

Por supuesto no iba a llamar, quedar con un extraño para que me azote y encima pagarle, no estoy tan desesperada  ¿¿¿o sí??? Arranqué la hoja del peri y me la llevé y después de un millón de dudas y luchando conmigo misma para no llamar, al final me rendí e hice la llamada.

Quedamos una semana después en un hotel bastante alejado de mi casa, yo llegué primero, no quise ir vestida muy llamativa llevaba falda azul estrecha y camisa blanca y unos taconcitos no muy altos, discreta, no quería que pensara que era una cualquiera.

Llamaron a la puerta, miré el reloj, las 6 en punto, menuda puntualidad!! Mis piernas comenzaron a temblar y empecé a hiperventilar, no sé cómo pude llegar a la puerta, me sentía inmovilizada, me puse una sonrisa y abrí la puerta lo más natural posible.

¡Hola! dije mientras abría, y me quedé pasmá; No tendría  más de 32, o quizá menos, hubiera preferido que fuera mayor que yo, pero la verdad es que estaba como un queso!!!

Hola contestó soy Rafa, me zampó dos besos y entró en la habitación. Era un tipo alto, moreno, pelo rizado, aunque en lo primero que me fijé fue en sus manos, y sí, tenía manos de Spanker, traía una bolsa grande de deportes, le ofrecí una bebida del mini bar y comenzó a charlar,  se notaba que era un profesional, a los 10 minutos de una agradable conversación comencé a sentirme más relajada.

Se tomó el refresco, dejó el vaso sobre la mesa y se dirigió hacia la cama sentándose al filo de esta, me miro y me dijo con voz cálida “Ven aquí” tendiendo su mano hacía mí. Había llegado el momento, fui hacia él, tomó mi mano y me posicionó sobre sus rodillas. No podía creerlo, al fin estaba en esa postura tantas veces soñada

Entonces comenzó a azotarme sobre la falda, primero sobre un cachete, después en el otro, lo hacía rítmicamente, ni un azote era más fuerte que el otro, todos tenían la misma intensidad, que si al principio no parecían muy duros a los pocos minutos comenzaban a hacer su efecto.

El no hablaba, solo se limitaba a calentarme y de mi boca sólo salían leves gemiditos, el sonido de los cachetazos llenaban toda la habitación.

No sé cuánto tiempo llevaba ya en esa posición pero mis gemidos empezaron a convertirse en grititos, pero él seguía a lo suyo, parecía no cansarse nunca, aquello ya empezaba a quemar y entonces no pude evitar comenzar a moverme y a quejarme con más fuerza, ya no aguantaba más y me puse a patalear. llevé mi mano hacia atrás para proteger mi pobre culo,

-Para por favor, no puedo más,

Entonces paró, fui a levantarme pero no me dejó.

-¿Te he dicho que te levantes?

 Me preguntó con un tono muy severo

-No, pero…

-Pero nada, aquí mando yo,  si te digo que te levantes lo haces, sino te quedas como estas hasta que yo te de permiso, aquí hay unas reglas y las vas a cumplir todas,  a no ser que no quieras volver a sentarte. ¿Lo has entendido?

- Si, dije con una vocecita que no me salía del cuerpo

-Espero que sea así

Y siguió con su tarea durante al menos 10 minutos más, entonces paró y me dijo

- Ahora puedes levantarte

Me levanté despacito, lo primero que hice fue frotarme el trasero, no pude evitar que las lágrimas empezaran a correr por mi cara.

-Ponte ahí, ordenó

Me puse frente a él mientras intentaba ponerme la falda en su sitio.

El seguía sentado en la cama y entonces me dijo:

-Si quieres que nuestra relación prospere, más vale que la próxima vez no vengas vestida como una institutriz

Aquello me ofendió pero solo conteste;

-Vale

-¿Vale? ¿Esa es la respuesta de una niñata o de una señora?

-Lo que tu digas, la próxima vez vendré vestida de otra forma

-Aprendes rápido, así me gusta. Ahora quítate la falda

- No por favor Rafa, no puedo, la próxima vez, hoy no estoy preparada, de verdad que he tenido suficiente por hoy.

-Yo decido cuando es suficiente, gruñó, quítate la falda, obedéceme, si te la tengo que quitar yo va a ser peor.

Dudé entre quitármela o salir corriendo de la habitación, pero yo solita me había metido en ese lio, así que llegaría hasta el final, me la quité.

-Ahora las bragas

¡Glup!,¡¡Las bragas!! Estaba a punto de protestar de nuevo, pero con su mirada me lo dijo todo, no iba a dejar que me marchara sin acabar su trabajo.

Menuda situación, inexplicable la vergüenza que sentía, me las quité y tiré de mi blusa hacia abajo intentando cubrirme lo máximo posible.

-Date la vuelta,

Me giré y él se quedó observándome por un momento, era extraño, pero había olvidado completamente el dolor de mis nalgas.

-Ven aquí y abre la bolsa,

Se refería a la bolsa de deportes que traía y que había dejado al pie de la cama junto a él.

Me arrodillé y abrí la bolsa, me quedé sorprendida al ver su contenido,  estaba llena de instrumentos dedicados al spanking, los mismos que había visto tantas veces por internet.

-Busca el cepillo.

Rebusqué y allí estaba, de tamaño mediano y de madera.

- Dámelo

Dudé

- Obedéceme Marta

- Me levanté y balbuceando le dije: No creo que pueda soportar el…

No me dejó terminar, de un rápido tirón me volvió a situar sobre sus rodillas y empezó a pegarme otra vez.

- Me equivoqué, no aprendes rápido, corregirte me va a llevar más tiempo del que pensaba

Ahora ya no gemía, empecé a gritar, a patalear  a llorar de verdad y a suplicarle que parara

Pero él no sentía compasión, seguía zurrándome sin piedad, y como yo no paraba de moverme, me inmovilizó con sus piernas.

Esta vez me pegaba con fuerza y no podía moverme.  Si la primera vez no hablaba, ahora no paraba de reñirme, de decirme lo mal que me estaba portando y lo desobediente que era. Nunca pensé que aquello pudiera doler tanto, por supuesto no pude contar cuantos azotazos me dió pero seguro que no fueron menos de 200.

Entonces paró y me dijo:

- Los últimos 10 serán sobre tus muslos, por no hacer las cosas a la primera, ¿estás de acuerdo?

¡Qué  gracioso! como si pudiera escoger

- Si Rafa, lo que tu decidas

Y sin decir nada más me arreó 5 en cada muslo, uff , Auuuuu!!! Eso sí que dolía, hubiera preferido otros 20 en el trasero

Paró de nuevo y sentí como se inclinaba hacia la bolsa, me entró pánico, pensé que iba a seguir zurrándome con cualquiera de aquellos chismes que traía,

-¡¡NOOOO!!  Por favor no más, no más, e intenté escapar  de sus rodillas.

 -Tranquila, tranquila

Me susurró con la voz suave y cálida del principio,

-Solo es crema, te sentará bien

 Empezó a esparcirla y di un pequeño respingo  solo de sentir el frescor de la crema sobre mis nalgas tan calientes, parecía que estuviera  helada. Al fin pude dejar de llorar y comencé a relajarme, me hubiera quedado en esa posición para siempre y aunque el castigo había sido duro, no tenía ninguna duda que quería volver a repetirlo

Después de ese maravilloso masaje, me ayudó a levantarme y me sentó sobre su regazo, apoyé mi cabeza en su pecho y me beso en la cabeza, miles de sensaciones diferentes recorrían mi cuerpo,  levante la cabeza,  lo mire a los ojos, él me miró a mí y con su voz firme y cálida me preguntó:

-¿Vas a pagar con tarjeta o en efectivo?

 

Continuará...

 

 

Historia real: el spanking más duro de mi vida

Historia real: el spanking más duro de mi vida

Autor: Patty

 

Me gustaría comenzar este relato declarando que todo lo que se cuenta a continuación es totalmente verídico no hay nada inventado. Fue, tal cual pasé mi cumpleaños de este año 2012, de verdad y quisiera compartirlo con vosotros.

Soy una chica joven, de 27 años, del sur de España. Me encontraba en la capital española, haciendo un Máster, a pesar de que aún no había terminado la carrera, una licenciatura de 5 años. Me encontraba en mi octavo año de carrera, con una sola asignatura pendiente y haciendo el tonto sin estudiar para sacármela. El Máster era privado, por lo que si me encontraba en mi último año me dejaban acceder a él, con tal de que pagara las cuotas y así fue. Soy spankee de nacimiento, fue por eso que decidí hacer la especialización en sexología, para intentar comprender mejor todo este mundo spanko que tanto me fascinaba. Tuve la suerte de descubrir allí a unas amigas excelentes, sexólogas, que les fascinaban tanto como yo la sexualidad, por lo que no dudé en contarles mi pasión por el spanking. Aún recuerdo, estando en mi habitación del hotel, con 8 de ellas sentadas entre el suelo y la cama y yo narrándoles lo que a continuación os voy a contar…:

Ese fin de semana de mi cumpleaños, salimos todas las chicas de fiesta por Madrid para celebrarlo. Fue una noche de desfase: buena cena, mucho alcohol, mucha fiesta y muchos chicos. Yo como buena cumpleañera, tuve la oportunidad de probar a algunos madrileños. Esa noche o esa mañana, más bien, me acosté a las 9:00 de la mañana en el hotel, con mucha resaca y mucho sueño, pero a las 11:00 tenía que estar en pie. Puesto que a las 12:00, vendrían a darme mi último regalo de cumpleaños…

Mi regalo de cumpleaños se llamaba Iván, un chico guapo, educado, serio, cariñoso, estaba terminando el doctorado de su carrera… y con una vara en su mochila. Nos conocimos hace bastante tiempo por estas redes tan fantásticas que hay en Internet y después de un año y medio charlando, decidimos conocernos en la capital. Él era spanker y amaba tanto como yo el spanking, así que decidimos quedar para “charlar” de algunos temas pendientes que teníamos por ahí. Yo, a pesar de que me moría de ganas por conocerle porque ya había pasado a ser un amigo, la noche de juerga me estaba pasando factura por la mañana y a las 12:00 me quería morir del mal cuerpo que tenía.

Quedamos en el metro para dirigirnos a mi hotel y por el camino nos tomamos un café, necesitaba cafeína en vena para todo lo que me venía encima. Durante el café, hablamos un poco de todo, política, economía, de cómo va el país y de mis estudios… Me había matriculado de mi asignatura 6 veces y sólo me había presentado a 2 convocatorias. La última convocatoria fue dos semanas anteriores a mi cumpleaños y en lugar de presentarme, hice algo de lo cual ya no me siento orgullosa. Dije en mi casa que me iba al examen, cuando realmente a dónde fui es dormir a mi coche y cuando calculé la hora en el que habría terminado el examen, me volví a mi casa, diciendo que había hecho el examen y que el profesor lo había puesto muy difícil por lo que lo más seguro es que no lo aprobaría… Mis padres se lo creyeron y por el momento me salvé. No ocurrió lo mismo cuando se lo conté a Iván.

Después de tomarnos ese café, nos subimos a la habitación del hotel. Lo cierto, es que ésta estaba hecha un desastre, toda la ropa tirada, la maleta abierta, envoltorios de preservativos abiertos por el desfase de la noche… pensaba recogerlos para intentar dar una buena primera impresión, pero el mal cuerpo no me dejó. Llegamos, nos acomodamos y me dio mi regalo de cumpleaños. Estuvimos conversando un rato, muy tranquilos en la cama y él se levantó para ir al baño. Cuando volvió, traía en su mano mi cepillo de madera. En ese momento, me puse nerviosa, porque intuía que todo iba a comenzar ya. Todos estos meses atrás, me encantaba provocarle, diciéndole que tenía cara de ser un spanker blandito, que seguro que me aburría con sus castigos, que si no sabía imponerse, que se metiera en sus asuntos en cuestión de mis estudios… y un largo etcétera que se pasaron por mi cabeza en ese momento, porque claro no es lo mismo vacilar en la distancia, que cuando ya estamos los dos en las mismas cuatro paredes.

Sacó de su mochila la vara y la puso en la cama. Iván se sentó en la cama, de un tirón me bajó el pantalón y el tanga, al cual yo intenté no dejarme, quitándole las manos para que no me lo quitara, pero él fue más fuerte y me puso por la fuerza en sus rodillas. Empezó el castigo en ese momento. Comenzó azotando fuerte con su mano en el trasero, aunque era para ir preparando la zona, como un precalentamiento para lo que venía. Fueron pocos azotes, sobre unos 30 y después cogió el cepillo. A diferencia de la mano, este sí que dolía de verdad. Golpeaba fuerte, con ganas, ya que la verdad que me los merecía por floja y mentirosa, pero bueno, yo tenía que intentarlo y le decía que le recordaba que era mi cumpleaños y que no se pasara, que dolía mucho y que no pegara tan fuerte, a lo que hizo caso omiso y todo lo contrario, golpeaba más fuerte aún. Cayeron más de 50 azotes con el cepillo, incluyendo algunos azotes extras en las palmas de las manos por ponerla en el trasero para impedir los azotes ya que picaban mucho. Tengo que decir, que jamás me habían pegado en las palmas de las manos con un cepillo de madera y ¡duele un huevo! No sabía si me dolían más las manos o el culo.

Tengo que reconocer, que no sabía si era por el cansancio, la resaca, o el miedo a que estaba la vara ahí (nunca la había probado en “mis carnes” antes), que me porté bastante bien durante el castigo, ya que protesté lo mínimo, y eso que soy de las peleonas.

Bueno, continuo, me levantó de sus rodillas y pensé que me daría un descanso, pero todo lo contrario, me hizo que me pusiera en el borde de la cama, con el culo en alto, ese mismo culo que ya estaba bastante rojo por el cepillo. Me tumbé, diciéndole que no hacía falta más, que podríamos acabar aquí y escuché cómo se quitaba el cinturón. Se me cogió un nudo en el estómago cuando escuché la hebilla de la correa, me volví para mirarle y vi como doblaba el cinturón en dos. Cuando comenzó a azotarme con él, el primero no me dolió mucho, pero los 9 restantes sí que dolieron porque los aplicó con mucha fuerza. Sólo fueron 10 azotes porque este hacía mucho ruido y estaban limpiando nuestra planta del hotel y no quería levantar sospechas. En ese momento di las gracias de que hiciera mucho ruido, porque el cinturón también picaba que no veas. Puso el cinturón en su sitio y vi que quería coger la vara. Ya que no me daba descanso, le dije que antes que la utilizara quería tocarla primero para ver cómo era, aunque en realidad era para que me diera tiempo a respirar un poco. Aproveché cuando no estaba mirando para tocarme el culo y ya estaba un poco hinchado de los azotes.

No me dio mucho tiempo para recrearme y me obligó a que me tumbara de nuevo en el borde la cama. Tengo que reconocer que respiré hondo porque tocaba el turno de la vara. Sólo sabía de la existencia de la vara por videos de spanking que había visto, comentarios de otras spankees y todo lo que había leído y la conclusión era la misma: que era uno de los instrumentos que más duelen de todos. Recuerdo que sólo pensaba que tenía que aguantarlos sin llorar, porque soy muy orgullosa para eso, pero teniendo en cuenta que ya tenía unos cuantos azotes dados ya y el cansancio tenía miedo de no poder soportarlos.

Empezaron los azotes con la vara y jamás había sentido nada igual. Una quemazón increíble y dolor impresionante y eso que ¡sólo me había dado un azote! En ese momento, volví a respirar hondo y me agarré a las sábanas de la cama. Se me pasó el tiempo larguísimo, cuando siguió azotando con la vara. No daba descanso, pegaba fuerte y rápido y ahí sí que empezaron las quejas y las súplicas. Dolía muchísimo y sólo deseaba que se terminaran. En tres ocasiones tuve que poner la mano en el culo porque no podía aguantar más dolor. Cada vez que ponía la mano, me pegaba en la palma con el cepillo. Él me decía que no pusiera la mano y harto de que la pusiera, la tercera vez que la puse, me dio 10 azotes tan fuertes con el cepillo en la mano que decidí no volverla a poner más por mucho que me doliera el culo ya que dolió muchísimo. Los azotes siguieron cayendo con la vara sin piedad, y yo ya le decía que me perdonara, que iba a estudiar pero que por favor que parara, pero nada, le daba igual. Ya no sabía a qué más sábana agarrarme para intentar aguantar el dolor. Más de 100 azotes me propinó en el culo con la estúpida vara. Los últimos 20 fueron más fuertes y más rápidos aún por lo que era un sufrimiento inmenso. Odiaba ese instrumento. Y pensar que en pocas horas tendría que coger el AVE de camino a mi ciudad natal ya que al día siguiente tenía que trabajar. ¿Cómo iba a aguantar las 3 horas de camino sentada todo el rato?

Por el fin el castigo terminó, me parecía increíble y menos mal porque no podía aguantar más tiempo. Me dijo que me había ganado un ratito de estar en el rincón. Odio estar mirando en el rincón, porque me siento como si tuviera 5 años. Tenía que estar con los pantalones y tanga bajados, de rodillas y con las manos en la cabeza para no poder tocarme el culo. Es super humillante tener que hacer eso. Mientras, él estaba tumbado en la cama vigilándome. Se me hizo eterno el tiempo de castigo en el que sólo pensaba que al día siguiente tenía que trabajar, cómo iba a estar sentada en el trabajo sin que se me notara nada… Después de ese rato que se me hizo interminable, me dejó levantarme, nos besamos y le pedí perdón por mi comportamiento irresponsable. Afortunadamente me perdonó y me tumbó en la cama de nuevo, ya que iba a echarme crema hidratante en el culo. Lo hizo con mucho cuidado, cosa que lo agradecí muchísimo porque me dolía montón.

Ya era tarde, así que nos pusimos a almorzar, él sentado y yo de pie porque no me podía sentar cómoda del dolor. Después de comer, comenzamos a besarnos apasionadamente. Senté a Iván en la cama, puse la habitación a oscuras y empecé a desnudarle mientras le besaba. Le pedí que se tumbara en la cama boca arriba y puse en mi ordenador que tenía encima de la mesa, canciones de Kenny G. Me acerqué a su oído y le susurré que cerrara los ojos, se relajara y que centrara toda su atención en el recorrido que iría haciendo mi lengua. Empecé a lamerlo entero, no dejé ni un solo rincón sin mi saliva excepto su pene, prestando especial atención a sus pies, ya que es un gran fetichista y le excita mucho esa práctica. Mientras le lamía, pude notar cómo iba evolucionando su erección, cómo iba pasando mi lengua por su entrepierna y haciéndole “sufrir” por no hacerle una felación. Empecé a desnudarme, porque sentí bastante calor. Después le pedí que se pusiera boca abajo y repetí el mismo proceso. Iván estaba muy relajado y excitado, ya que todo este proceso lo hice muy lentamente, para que ambos disfrutásemos del momento, sin prisas. Casi 30 minutos después, volví de nuevo a sus labios y empecé a masturbarle para después, en ese momento sí, hacerle una gran felación. Su cara denotaba una gran satisfacción por la situación tan placentera que estaba experimentando. Nos volvimos a besar, me tumbó a mí en la cama y empezó a hacerme lo mismo. Me levantó las piernas y me hizo un sexo oral fantástico, muy tierno y placentero, haciendo que me estremeciera de placer. Le pedí que se pusiera el preservativo, ya que quería cabalgar un poco sobre él, el cual Iván aprovechó para acariciarme los pechos y tocarme mis nalgas doloridas por el castigo de antes. Le pedí que hiciéramos el misionero y se puso encima de mí. Debido a la gran excitación acumulada que teníamos los dos, no fue necesario que tuviéramos mucha penetración para que en breve alcanzáramos el orgasmo. Empezó a follarme más fuerte y le dije que en breve iría a correrme, así que metí mis dedos mágicos en mi clítoris y me corrí mientras no paraba de penetrarme de forma violenta. Fue un orgasmo muy intenso, por lo que creo que puedo afirmar sin equivocarme, que algunos vecinos de las habitaciones de al lado se enteraron de todo. En ese momento, Iván también se corrió. Fue todo muy tierno y placentero, pero ese orgasmo fue el que me dejó totalmente muerta. Mi cuerpo ya no daba más de sí, entre la resaca (que no me importó mucho y en la comida nos bebimos una botella de vino entre los dos), la falta de sueño, el dolor, el placer y el estado tan inmenso de relajación en el que estaba sometida, sólo quería dormir. Nos echamos los dos en la cama, medio abrazados, desnudos y nos pasamos un buen rato conversando. Nos fuimos a la ducha y nos duchamos mutuamente. También tengo que decir, que a cada momento, mi amigo, me tiraba pellizcos en el culo para que me doliera y ver cómo me picaba con él.

 

Finalmente nos tuvimos que marchar cada uno para nuestra ciudad. El camino en AVE se me hizo largo porque me dolía bastante el culo, pero ni punto de comparación con lo que me dolían las 2 semanas siguientes. Con el frío, las nalgas me dolían muchísimo, así que cada vez que iba a trabajar, era un infierno tener que sentarme incluso para conducir. Las marcas duraron 3 semanas, pero bueno, aprendí a ser más responsable… o ¿quizás no?

FIN

 

PD: Después del castigo, me hizo un par de fotos para que me acordara de ese día. Quien quiera verlas, sólo tiene que seguir estos links de los protagonistas:

https://fetlife.com/users/556067

https://fetlife.com/users/594546