Otra vez la he vuelto a liar ¿Cuándo aprenderé?

Publicado: 23/06/2013 13:34 por azotes en sin tema
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Autor: Patty

 

Dedico esta historia basada en hechos reales, a Ivan80. Gracias por guiarme, regañarme y e intentar hacerme más responsable. Sé que es un trabajo muy duro lo que te ha tocado pero espero que te esté mereciendo la pena tanto como a mí. Gracias por dejarme entrar en tu mundo.

Llevaba un par de meses de bajón, un poco tristona. En mi vida laboral había cometido dos errores bastantes importantes y me estaban haciendo sentir muy culpable. Varias noches por semana hablaba con Iván y desde hacía un tiempo me notaba muy seria. Le dije que estaba estresada y que no se preocupara pero no se lo terminaba de creer del todo. Además del trabajo, también estaba haciendo un curso online muy importante y que me había costado muy caro y gracias al malestar laboral que tenía, junto a mi pereza interior, estaba perdiendo el tiempo y no lo estaba haciendo, por lo que Iván ya estaba bastante mosqueado y decepcionado por eludir mis responsabilidades. 

A pesar de tener 27 años, el arte de mentir no se me da nada bien, así que saqué toda mi valentía (junto con su presión constante para que le contara qué estaba pasando, ya que, como habíamos acordado en el pasado, yo le había pedido ayuda para ser mejor persona) y se lo conté una noche. A medida que se lo iba relatando, me sentía supermal, pero creo que no tanto como él, ya que no daba crédito a lo que estaba escuchando. Las amenazas se sucedían, unas tras otras y yo pensaba que las decía en broma, para tratar de asustarme, pero resulta que no era así. No paraba de decirme que estaba cansado de mi actitud tan irresponsable, que pensaba que los otros dos castigos anteriores habían servido para cambiarme aunque fuera un poco, pero que veía que no, por lo que esta vez iba a necesitar algo mucho más duro. Intenté calmarlo, prometiéndole que iba a solucionar mi error, pero no servía para nada, había llenado ya el vaso. Pasaron los días y seguía igual de enfadado. No importaba si me mostraba cariñosa con él, bromista, divertida e incluso rebelde y enfadada!! Que no funcionaba nada. Para final de esa semana, yo había pillado un vuelo para ir a ver a una amiga y de camino poder hacerle una visita a Iván (vivimos en distintas ciudades de España), aunque puestos en el plan que estábamos, no sabía si era buena idea visitarle.

Vino a recogerme al aeropuerto y parecía que todo estaba bien: cariñoso, atento, amable… (después me di cuenta, que estaba disimulando delante de la gente, para no formar un espectáculo), así que me calmé un poco. Llegamos a su casa, a su habitación y todo cambió completamente. Solté la maleta y le tumbé en la cama, para comérmelo a besos y le cambió la cara. Me dijo que estaba muy enfadado con mi actitud, que no se esperaba que fuera tan irresponsable y más teniendo en cuenta cómo estaba la situación laboral del país actualmente para poder hacer lo que me diera la gana… Después de 10 minutos “de charla”, que ya me conocía perfectamente, puesto que llevaba casi una semana regañándome, decidí apelar una vez más a su piedad, disculpándome y diciéndole que llevaba razón pero que ya lo había solucionado y todo estaba bien. A ver, yo sabía de sobra que lo que había hecho no estaba bien y que me merecía todo lo que estaba liando y mucho más, pero tenía que intentar ablandarle un poquito antes del castigo. Como última opción y ya desesperada, le dije que ya había aprendido la lección con todo lo que me había regañado y que por favor, no me castigara. Se puso muy serio y me dijo en tono autoritario: lo único que te voy a dar a elegir, es cuándo quieres que te castigue: “¿ahora mismo o después de cenar?”. Le contesté: “mañana… o mejor, nunca” con la mejor de mis sonrisas. Se puso aún más serio y borde y me dijo que no estaba para bromas, que dejara de hacer el tonto y eligiera, ya que el castigo iba a ser mucho peor. Tomé aire y en vista de que había jugado todas mis cartas ya y había perdido, le dije que prefería que fuese en ese mismo momento, ya que no podía más con los nervios que me estaban acompañando toda la semana.

Cerró la puerta de su habitación y me ordenó que me bajara los leotardos y la falda vaquera y que apoyara las manos encima de la cama. Me sentí super nerviosa. No sabía cómo me las había vuelto a apañar, que otra vez estaba en su dichosa camita, con las manos apoyadas, con el culo al aire, esperando mi castigo, como si fuera una adolescente. Mientras me los bajaba, me dijo que rezara a quién quisiera para soportar el dolor, porque este era un castigo real que yo me había buscado y que lo pararía cuando él lo viese conveniente. Joder, seguía enfadadísimo.  

Volví a tomar aire, cuando él, sin más dilación, empezó a darme una tanda de azotes con la mano, para ir “calentando el terreno”. Fueron alrededor de 20 azotes, no muy fuertes que me dio. Paró en seco, me giré un poco, intentando que no se diera cuenta, puesto que no lo quería hacer enfadar más y vi lo que más me temía: la vara. Si no fuera atea, hubiera rezado todo lo que se me hubiera ocurrido en ese momento. Me asustó muchísimo el hecho de ver que no había sacado más instrumentos, sólo la vara. No me podía creer que tenía pensado el castigo entero sólo con eso!!! Tragué saliva, intentando que no se me notara lo mucho más nerviosa que me había puesto, al ver lo que me esperaba. Empezó el verdadero castigo. Los azotes eran muy rápidos y muy fuertes. Nunca me había pegado con tanta intensidad. Aguanté los 7 primeros con bastante entereza, ya que aguanto bastante bien el dolor, o eso pensaba yo hasta ese día. Al octavo azote me quería morir ya. Joder, como me dolía. Sólo se escuchaba en la habitación mis quejidos y mis “ayyy”.

Cuando llevábamos alrededor de 30 azotes, le supliqué que no pegara tan fuerte. En ese instante paró y me dijo que había tenido una idea: para recordarme que debía tener un buen comportamiento en el futuro, grabaría el castigo en video, para que cuando se me hubiera pasado el dolor del trasero y se me ocurriera faltar a mis responsabilidades, le diera a “play” y recordara las consecuencias. No le puse pegas a la objeción, porque mientras preparaba la cámara de video, era tiempo que me estaba dejando descansar de los azotes. Aunque después me arrepentí, ya que cuando reanudó el castigo, empezó a golpear mucho más fuerte y rápido, ya que tenía que ser un castigo ejemplar, puesto que salía en el video y el muchacho quería lucirse.

En un principio, soporté la tanda de 6 azotes seguidos, pero a medida que seguía azotando, cada vez me costaba mucho más aguantar los azotes. No podía aguantar la posición de tener las manos apoyadas en la cama, me levantaba muchísimo y eso le hacía enfadar más. En un par de ocasiones, a pesar de que sabía las consecuencias por castigos anteriores, puse las manos en el culo para que parara y la respuesta fue la esperada. Me pegó con la vara en las manos fuertemente para que no lo volviera a repetir. Sólo quería que el castigo terminase de una vez. Le supliqué que parara de nuevo, le pedí perdón, le dije que de verdad había aprendido la lección, que por favor no pegara tan fuerte que no podía más… En una ocasión, pegué un grito de dolor y se acercó a mi oído y me dijo que no volviera a gritar más si no quería que los vecinos se enterasen de lo que estaba pasando (aunque por un lado, sabía que los vecinos le iban a dar la razón a él y probablemente se unieran al castigo), por lo que agarré la manta de su cama con todas mis fuerzas con las manos y la boca y la mordí fuertemente para intentar aguantar más el dolor sin chillar. El castigo era una agonía. En una de las miles de veces que me levanté de mi puesto, porque no podía aguantar más, me prometió que a la próxima me ataría para que no me moviera… y así lo hizo. Me ató las manos a la espalda con una cuerda, por lo que dificultaba el moverme. En uno de los movimientos para intentar evitar los azotes, acabé de rodillas en el suelo y continuó los azotes sin piedad y más fuerza si podía. Volví a suplicar clemencia, una vez más, ya que la cifra de azotes recibidos con la vara, rondaban los 400 y mis resistencias estaban vencidas ya (aunque curiosamente, había aguantado el tirón sin llorar). Apagó la cámara y me desató.

Le di las gracias porque el castigo se había terminado ya, cuando me dijo que estaba muy equivocada. Me informó de que lo había parado porque estaban quedando marcas muy feas y moradas y que por seguridad, decidió parar, pero que al día siguiente, el castigo se reanudaría, que sólo me había dado la mitad de lo que me merecía, así que, que no me hiciera ilusiones. Me llevó hasta el rincón y me dijo que tendría que estar allí durante 20 minutos. Él se iba a preparar la cena. Si cuando volviese de la cocina, yo no estaba en el rincón, el castigo empezaría de cero otra vez. Después de tal amenaza, no quería ni respirar allí en el rincón. Me toqué el culo, cuando Iván salió por la puerta y estaba hinchadísimo. Me merecía estar en esta situación sin duda, así que no tenía el derecho a quejarme. Pensé que tenía bastante suerte de tener un amigo que se preocupa por mi crecimiento personal y se encarga de corregirme cuando me desviaba. También se me pasó por la cabeza que al día siguiente el castigo tenía que continuar. Qué horror!! 

Volvió de la cocina para comprobar que seguía en mi posición y claro obviamente seguía ahí, en ningún momento se me pasaría por la cabeza despegar mi nariz de la pared por aquello de la supervivencia y eso… Me dijo que ya podía dejar de mirar a la pared. Con toda la vergüenza del mundo, le miré a los ojos y le dije que lo sentía muchísimo que no volvería a ocurrir lo de mi trabajo. Nos besamos, mientras yo no dejaba de frotarme el culo porque me dolía montón y me sonrío. Le dije que en mi opinión, no necesitaba un segundo castigo, ya que con este ya había aprendido la lección (tenía que volver a intentarlo por si colaba…) y se limitó a decir que la cena se estaba enfriando y que nos fuéramos a comer.

Por fin, después de comer llegó la tregua y tuvimos una relación sexual increíble. Al terminar, nos tumbamos en su cama, yo boca abajo por supuesto y me quedé dormida mientras Iván me acariciaba el culo y veíamos unos capítulos de la sexta temporada de la serie “The Big Bang Theory”.

A la mañana siguiente, yo había quedado con mi amiga para pasar el día entero juntas, desde el desayuno y para variar, me costó mucho despertarme. Pero no pasaba nada, allí tenía a mi lado a Iván, que me hacía de despertador con la regla! ¡Qué forma más bonita de empezar el día, con el culo dolorido una vez más! ¡Sí, señor! Al tercer azote con la regla, ya estaba de pie, buscando mi ropa como una loca. El día lo pasé genial, estuvimos comiendo, de compras, en la playa y mi amiga se había percatado de la dificultad que tenía para sentarme con comodidad, así que se lo conté (ella ya sabía el pacto que tenía con Iván con respecto a mi educación), se echó a reír y me dijo que me lo merecía. Al llegar la noche, le confesé que tenía miedo de volver a su casa ya que no sabía si iba a estar preparada para un segundo castigo. Ella intentó consolarme y me dio ánimos, así que aparecí en su casa casi a las 11 de la noche. Por lo visto Iván me había estado escribiendo por el whatsapp por si me había pasado algo y yo no lo había visto, así que otro motivo para tenerlo “contento”.

Al llegar a su piso y vi que había visita, sentí mucho alivio, ya que sabía que delante de ellos no me iba a castigar (yuju!!!!). Estuvimos cenando y de forma muy cariñosa, le persuadí argumentándole que el castigo ya no tenía sentido, que nos podían escuchar, que ya estaba todo zanjado entre nosotros… y me dijo que me había librado por esa noche, pero que al día siguiente, antes de coger el avión, recibiría mi merecido para que fuera con el culo calentito todo el viaje.

A la mañana siguiente me levanté a la primera vez que sonó el despertador (no quería seguir ganándome más puntos), me vestí, desayunamos y me puse a hacer mi maleta. Había quedado con mi amiga para despedirme y para darle un regalo que yo había comprado y no me cabía en la maleta. Cuando le avisé a Iván de que iba a bajar, me dijo que en cuánto subiera, tendría la segunda parte del castigo, así que, no debía tardar mucho. Llegué abajo, me abracé a mi amiga y lo primero que me dijo es que si me podía tocar el culo!! Nos echamos a reír y le conté que al final me había librado del castigo de anoche pero que lo iba a tener en cuánto subiera. Charlamos un rato más, me deseó suerte y nos despedimos. Aproveché en la calle para llamar a mis padres, a mi abuela… para hacer tiempo, por si se pasaba la hora y no le daba tiempo castigarme. Subí a su casa una hora más tarde. Me disculpé por la tardanza (falsamente, ya que había tardado a propósito) y le dije que ya no daba tiempo el castigo, ya que en 30 minutos tendríamos que salir de allí, porque si no, perdería el avión.

Me condujo de nuevo hasta su cama, me volvió a apoyar las manos y de un tirón me bajó el pantalón y el tanga. Empezó de nuevo el ritual. Me dio unos cuantos azotes con la mano para preparar los glúteos a la vara y comenzó el segundo castigo. Puesto que tenía el culo totalmente morado y dolorido del día anterior (podéis ver las fotos de fetlife que lo confirman: patry_look), era mucho más difícil soportar el dolor de los azotes esta vez. Volvía a golpear rápido y fuerte otra vez. Lo único que se me pasaba por la cabeza era que para la próxima vez, cuando estuviera dormido, tenía que prenderle fuego a esa vara o tirarla “accidentalmente” por la ventana, así seguro que me libraría de ese sufrimiento. Como era de esperar, me costaba mucho acatar la posición con las manos apoyadas en la cama, así que me levantaba en varias ocasiones para que me diera un respiro. Pero le daba igual, incluso estando de pie, me seguía azotando. Volvieron a caer casi 200 azotes con la vara. Yo sólo pedía clemencia e intentaba decirle que parara ya que iba a perder el avión (mentira, no sabía ni la hora que era, simplemente lo decía para que parase). Golpeó los 10 últimos azotes muy fuertes y me dijo que ya había terminado el castigo. Menos mal, porque no aguantaba ni un solo azote más. Le tuve que dar las gracias por el castigo y besarle y no sé qué pasó que de repente nos encontramos “haciendo las paces” de nuevo. Echamos un polvo exprés, porque realmente ya iba tarde para el aeropuerto, aunque fue uno de los más placenteros que he echado en mi vida.

Espero que os haya gustado la historia y recordad la moraleja: cada irresponsabilidad tiene sus consecuencias…