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Relatos de azotes

El Nuevo Jefe del Departamento

El Nuevo Jefe del Departamento

Autor: Marita Correa

Ricardo es el nuevo jefe del departamento fiscal de una importante asesoría. Un antiguo compañero suyo de universidad,  directivo de la empresa, pensó en él, para reparar el enorme fiasco que su antecesor ha realizado en este departamento.

Es un hombre atractivo de unos 55 años, para sus empleados un hombre serio y reservado  escondiendo  para sus más allegados,  su lado más afable, extrovertido y su gran sentido del humor.

Entre todos sus subordinados que tiene a su cargo hay una mujer que lo saca de quicio, contestona, orgullosa, cuarenta y tantos, recién divorciada y queriendo recuperar todo el tiempo perdido de su matrimonio, no hay día que llegue tarde,  no la encuentre charloteando con su compañera y siempre tiene una excusa cuando no tiene su trabajo listo.  Muchas veces ha querido presentar una queja sobre ella pero hay algo en esa mujer que le impide hacerlo

Por supuesto, la antipatía es mutua. Ella ya se ha ganado varias broncas por parte de él  y la ha relegado hacer trabajos que no le corresponden, sin embargo lo que menos soporta  es su indiferencia hacia ella, ha intentado ganárselo y llamar su atención de todas las maneras posibles, sin lograr conseguirlo.

Una mañana Natalia no está especialmente de humor, su compañera y mejor amiga Marta se queda extrañada y empieza a interrogarla.

Marta- ¿Qué te pasa? No has abierto la boca en toda la mañana

Natalia- Nada

Ana se levanta y se va a la habitación de las fotocopias, Marta la sigue, no se va a quedar sin enterarse que le pasa a su amiga

M- Venga, no te hagas la interesante, si al final me lo vas a contar, ¿saliste a noche con Jesús?

N- No, lo he dejado con él. Oye Marta, déjame en serio,  Don Estirado quiere que le revise todos esos informes, dice que los datos son erróneos, estoy harta de este tipo, ¡Como echo de menos a Marcos! (antiguo jefe, todos le llamaban Señor Abascal, menos ella,  que era su empleada favorita)

M- ¿Y cómo no lo vas a echar de menos?, si lo tenías comiendo de tu mano

N-  Eso no es verdad, además ¿qué me dices ahora de la nueva?, Pero que pelota que es, no has visto como coquetea con él, y él le corresponde, el único momento del día en que sonríe es cuando habla con ella, seguro que tienen un rollo.

M- ¿Con Lucía? No me he fijado, pero ya veo que tú sí y me da a mí que lo que estás es un poco celosa.

N-  ¿¿Queeeeee?? Por favor, si no lo soporto!!

M- Si claro, por eso vienes todos los días tan arregladita y vas a tomar café justo cuando va él. Lo que te fastidia es que no te haga ni caso.

N-  ¡Oye bonita!,  que yo le doy mil vueltas a esa petarda, cursi e insípida, y si me lo propongo, a él me lo meriendo en un periquete

M- Sí, claro

N- Claro no, clarísimo ¿Qué te apuestas?

M- Lo que quieras, ¡Vas a perder!

N- Una cena en Mateos

M- ¿¿En Mateos, estás loca?? ¡¡Ese sitio cuesta una pasta!!

N- Me da igual, lo vas a pagar tú

M- Hecho

N- Hecho

Las dos mujeres sellan la apuesta con un apretón de manos

M- ¡Pero ya  sabes que quiero todos los detalles!

N-  ¡Si siempre te lo cuento todo! Sé que Don Estirado, suele quedarse en el despacho hasta tarde, así que si quiere que termine estos informes no me va a quedar otra que quedarme a mí también, verás cómo mañana esta rendido a mis pies

Sin ningún cuidado las dos comenzaron a reír a carcajadas y salieron de la sala de fotocopias, Natalia había olvidado su mal humor y empezaba a planear como conquistar al huraño de su jefe

Llegó la hora de salida,  como tenía planeado  se quedó trabajando, a los pocos minutos no pudo aguantar más y se dirigió al despacho de Ricardo, la puerta estaba abierta, él estaba absorto en unos documentos y llamó su atención con unos golpecitos en la puerta

Natalia-  ¿Puedo pasar?

Ricardo-  ¿Qué haces tú aquí todavía? Le preguntó con tono de sorpresa

N- Tengo un poco de trabajo atrasado

R-  ¿Sólo un poco?,  Sonrió  y siguió ojeando sus papeles

A ella le fastidió el tono sarcástico de su jefe, pero hizo ver que no le importaba y siguió a lo suyo.

N-  Verás Ricardo,  hay unos datos de unos clientes que no aparecen  en mi ordenador, me preguntaba si a lo mejor tú los tienes archivados.

R-  Ahora no puedo ocuparme de eso, estoy muy liado, déjalo ahí y ya lo mirare mañana

N-  Lo entiendo, yo también estoy muy liada, Qué  estrés ¿verdad?

Él ni siquiera le contestó

Aunque Ricardo no la miraba,  la mujer se fue acercando de forma coquetona hacia la mesa, se apoyó en el lateral de esta y mirando a su jefe le dijo:

Oye Ricardo, se me ocurre una idea, ¿no te parece que nos merecemos un descanso? Podemos pedir al bar de enfrente que nos suba una botellita de vino, algo de picar, conversamos un ratito, nos conocemos un poco mejor, y bueno… si nos apetece seguimos con el papeleo o no.

Ricardo contemplaba con asombro, el descaro y la insolencia de su empleada, sonrió y levantándose de la silla se fue hacia ella, que lo seguía mirando de una forma atrevida

 Yo tengo una idea mejor, dijo él, sus cuerpos estaban casi pegados uno frente a otro y ella notaba como se le cortaba la respiración, le costaba reconocer que ese hombre la ponía a 100, pero por supuesto no iba a dejar que lo notara

N-  Ah sí ¿Qué idea?

R-  He oído hablar de un nuevo restaurante, ¿Cómo se llama? … ah sí,  Mateos, creo que es excelente ¿Lo conoces?

A Natalia se le borro de inmediato la sonrisita de la cara, y notó como se ruborizaba de repente, bajó la cabeza,  intentando que no se notara su sonrojo y  con un hilito de voz contestó que no lo conocía

Él tomó la libertad de coger su barbilla para obligarla a mirarle  a los ojos

Por primera vez ella se quedaba sin palabras y sin saber cómo manejar la situación

R- ¿¿No lo conoces??

N- No

R- ¿¿No es ahí donde vas a ir con Marta, cuando logres seducirme??

Ella lo miraba con los ojos muy abiertos intentando buscar una respuesta ingeniosa, que no encontró

F- Tu amiga y tú, deberíais tener más cuidado con lo que habláis en la sala de fotocopias, nunca sabes si el jefe estará tomando café en la sala de al lado

Ella empezó a balbucear algunas palabras, al final consiguió decir:

 Ricardo,  ¿no te lo habrás creído verdad?  Sólo bromeábamos

R-  Me gustaría saber quién te ha dado permiso para tutearme. ¿Crees que tu antigüedad en la empresa te permite reírte de todos nosotros? ¿Sabes porque me tengo que quedar cada noche hasta las tantas?

Natalia lo miro a los ojos y le dijo:

No señor, no lo se

R-  Porque tengo que corregir todos tus errores, esos que nos han hecho perder varios clientes (eso no era verdad, pero claro, ella no lo sabía) En dirección empiezan a estar muy hartos de ti,  así que me han solicitado que haga un informe sobre tu trabajo y todas tus meteduras de pata, para rebajar tu liquidación.

N-  ¿¿Queeee??  ¿Quieren despedirme?  Dijo Natalia con asombro, ¡No pueden hacer eso!, dijo totalmente indignada, no podía creer lo que estaba escuchando. Había olvidado todo su bochorno anterior.

N-  Llevo 20 años en esta empresa, he regalado mucho de mi tiempo, he conseguido muchos clientes, mi trabajo ha sido excelente y en cuanto mi vida personal se complica un poco y afecta mínimamente a mi trabajo, me quieren dar la patada, increíble!!

R- Descontando el tiempo que te pasas en cafetería, el llegar tarde constantemente,  el hacer que tus compañeros hagan tu trabajo, los motes y las burlas para todos nosotros. Este departamento está pagando tu poca profesionalidad

N- ¿¿Me  estas llamando poco profesional?? Natalia volvió a lo del tuteo,  esto sí que no lo aguanto, no merezco este trato, así que sabes lo que te digo: “Que te den a ti y a tu informe” ¡Me largo!

 Como quieras, gritó Ricardo, no hace falta que vengas mañana,  te avisaran cuando tu finiquito esté listo,  además,  Lucia merece un ascenso, ha hecho un excelente trabajo desde que está aquí, se alegrará mucho cuando se entere de que tu puesto está libre

Ella se paró en seco, lentamente se giró hacia su jefe, no podía estar hablando en serio, esa arpía, rastrera y pelota no podía quedarse con su puesto, pero la mirada de él le decía lo contrario.

Se quedó pensativa durante unos instantes, y contestó:

 De acuerdo,  tú ganas, le dijo, intentando tragarse su orgullo. Si estoy aquí supongo que todavía no has entregado ese estúpido informe y sabes que necesito el empleo, así que suelta ya tus condiciones

R- Condiciones, esa es la palabra exacta. Para empezar tendrás que demostrar que te lo tomas en serio, hacer muchas horas extras, por supuesto no retribuidas y conseguir que los clientes que hemos perdido vuelvan de nuevo.

N- No tengo elección ¿verdad?

R- Sí que la tienes, pero con tus referencias te será difícil encontrar un empleo de esta categoría

Ella estaba de pie frente a él, con los brazos cruzados, y su cara reflejaba todo la rabia que la comía por dentro. Ricardo la observaba detenidamente

N- Bueno, no querrás que empiece ahora ¿no? Aunque cuanto antes empecemos antes acabaremos con esta mierda.

Ricardo se convencía por momentos,  que era lo que esta mujer  necesitaba  con urgencia y le preguntó:

A ti nunca nadie te ha dado unos buenos azotes ¿¿verdad??

Ella lo miró con cara de espanto

N-  ¿¿Cómo?? Pero ¿de qué coño vas?

R- Mira, lo primero que vas hacer es aprender modales y a tratar a tus superiores y subordinados con el respeto que se merecen

Ricardo se dirigió al aseo de su despacho, saliendo al instante con algo en sus manos

R-  Vamos a comenzar  por tu vocabulario, no pienso consentirte ni una sola grosería más, desenvolvió una pastilla de jabón y le ordeno que abriese la boca

Ella lo miraba con asombro y soltó una carcajada

N- Es broma ¿verdad? No voy hacer eso

R- Metete el jabón en la boca AHORA

Natalia no pudo evitar asustarse ante la orden de su jefe, esto iba en serio, empezó a dudar si quedarse o echarse a correr, pero las piernas le temblaban así que no le  quedaba otra que quedarse,  todo aquello le pareciera surrealista. Tomó la pastilla y se la colocó con suavidad entre los labios

R-  Así no, quiero que la muerdas con fuerza y más vale que no se te caiga

Ella lo hizo, demostrando con el gesto de su cara, lo que le desagradaba el sabor del jabón

R- Ahora te colocaras sobre mis rodillas y recibirás una buena zurra. No pongas esa cara, sabes que te la mereces y que te hará mucho bien.

Sin más la cogió del brazo y la arrastró hacia una silla, se sentó e inmediatamente la colocó sobre su regazo. Subió su falda y cuando ella sintió sus dedos tirando del elástico de sus braguitas, se revolvió de inmediato tirándose al suelo y gritando:

N- ¡¡No puedes hacer esto, no puedes!! Pero ¿en qué época te crees que vives?

Él se levantó muy enfadado de la silla, la levantó del suelo y zarandeándola le gritó:

R- ¡¡Mas te vale obedecerme si quieres volver a sentarte!!

Natalia comenzó a darse cuenta que esto iba muy en serio

Ricardo recogió la pastilla de jabón, se fue al baño de nuevo y regresó con la pastilla enjuagada y llena de espuma, ella seguía en mitad del despacho observando cómo su jefe con el ceño muy fruncido se aproximaba hacia ella, le metió de nuevo la pastilla de jabón en la boca, aghhhh, ahora sí que notaba el repugnante sabor del jabón, y en una fracción de segundo, se encontraba  de nuevo sobre las rodillas de su jefe, con la falda arriba y las bragas abajo.

R-  Creo que no me comprendiste cuando te pedí que no me tutearas, te lo voy a explicar de otra manera a ver si así lo entiendes.

Sin más miramientos el comenzó a azotarla, Natalia tenía la cabeza casi a la altura del suelo,  por lo que su trasero quedaba muy empinado, subiendo y bajando al compás de las nalgadas, rápidas y enérgicas, ella no dejaba de patalear  y se quejaba como podía, ya que el jabón le impedía gritar.

10 minutos después el jefe de Natalia estaba más calmado y bajó el ritmo de los azotes, observando como la palidez del culo de la empleada se había transformado en un rojo intenso y penetrante,  y que su  rabieta se había convertido en llanto. Se compadeció de ella y pensó que ya era hora de pasar a la segunda parte. La ayudo a ponerse en pie, la falda recuperó su posición original y observo la cara de Natalia, llena de lágrimas, rímel corrido y la pastilla de jabón en la boca, todo esto le daba una imagen muy graciosa, el evitó sonreír porque aunque ella se había ganado con creces ese castigo, en cierto modo le daba un poco de pena.

R- Ve al baño, enjuágate la boca y lávate la cara, le ordenó

N- Si señor, contestó ella y se dirigió al baño

 Al fin Natalia había aprendido la manera correcta de dirigirse a su jefe. Ella salió del baño y pensando que todo había terminado se dirigió hacia la puerta

R- ¿Te he dicho yo, que puedes marcharte?

No señor, contestó ella en tono bajito

R- Pues vuelve  aquí, casi hemos terminado

¿Cómo que casi? Preguntó ella entre sollozos

R- Quiero asegurarme que has aprendido la lección

N- Por favor señor Ramos, no podré aguantar más y le aseguro que ya he aprendido.

 Él se dio cuenta de que era sincera, pero su comportamiento había sido tan lamentable que no la podía dejar marchar con tanta facilidad.

R- Natalia no voy a discutir, ya sabes cómo funciona esto, quiero que te apoyes sobre la mesa, serán 20 azotes con el cinturón, si te tapas con las manos o te levantas, serán 10 más.

La mujer se dio cuenta de que sus suplicas no funcionarían, así que secó sus lágrimas se llenó de dignidad y se dirigió hacia la mesa, apoyando su tripa en la mesa

Él le ordenó que estirara los brazos,  se agarrara al borde de la mesa y que separara las piernas, ella obedeció a la primera, no pensaba volver a suplicarle a pesar de lo humillante de la situación.  No tardó en sentir el primer lengüetazo del cinturón sobre su ya magullado trasero, lo que le hizo dar un respingo y un leve lamento.

Ricardo sabia como repartir los azotes, abarcando todo el trasero de la mujer y centrándose en la parte inferior de sus nalgas, quería que los recordase durante unos días a la hora de sentarse, y aunque no eran suaves, tampoco eran excesivamente fuertes, ya que con la zurra anterior, ella no resistiría sin perder la postura y no quería castigarla con 10 extras más.

Ella los soportó sin cubrirse, moverse y sin apenas quejarse, su jefe la observaba agarrada al borde de la mesa, contemplando como el cinturón había marcado su piel, en ese momento,  deseaba abrazarla y consolarla, pero no se podía permitir hacerlo, así que le bajo la falda y le dijo que se levantara, así lo hizo ella.

R- Ahora vete a casa, pero mañana te quiero aquí a primera hora, más vale que te pongas al día  con los balances, y no me hagas enfadar de nuevo o ya sabes que te pasará.

Ella con mucha dignidad recogió sus bragas del suelo, se sentía tan avergonzada y humillada… Pero también sentía la humedad de entre sus piernas y rogaba que él no se diera cuenta de ello, o podría pensar que le había gustado ¿o es que le había gustado?

Dedicó una fría mirada a su jefe, le deseó buenas noches y abandonó la habitación.

A él, sin saber muy bien porque, esa mirada de hielo le dolió, no quería que lo odiara, y se quedó largo rato en su despacho pensando en todo lo sucedido

A la mañana siguiente cuando Marta llegó a la oficina, Natalia ya estaba sentada a su mesa pegada al ordenador y tecleando sin parar.

M- ¿Pero qué haces tú aquí a estas horas? Te has caído de la cama, o ¿es que no has dormido en casa? Bromeó Marta.

M- Te dije que mandases un mensaje fuese la hora que fuese,

N- Ahora no puedo hablar Marta, tengo que tener estos balances listos para mañana

M- Madre mía pero que mala cara que tienes, oye vamos a tomar un café ahora mismo y me lo cuentas y ya sabes, ¡quiero todos los  detalles!

En ese momento el señor Ramos entraba en la oficina y después de dar los buenos  días a todos se dirigió a Natalia y le pidió que pasase a su oficina.

Ella saltó de la silla, olvidando que debía levantarse con mucho cuidado, y por un instante llevo sus manos para frotar sus nalgas maltrechas, cuando se dio cuenta de su gesto, en seguida paró y se encaminó al despacho de su jefe.

Marta con cara de asombro, miraba la escena, sin lograr entender nada.

Ricardo estaba apoyado en la parte delantera de su mesa esperando que ella entrara, cuando lo hizo,  él le preguntó ¿Cómo vas?

N-  Bueno acabo de revisar los balances de marzo del año pasado, pero  para mañana estarán todos listos.

R- Me refiero a ti

Por un momento se sintió bloqueada, pero reaccionó y con el mismo aire arrogante con el que se había despedido la noche anterior le contestó que estaba perfectamente.

R- Me alegro por ti, vamos a comprobarlo. Cierra la puerta y ponte sobre la mesa, ya conoces la postura

N- ¿Cómo?

R- Ya me has oído

No es posible que me vaya azotar de nuevo, aquí,  con toda la oficina llena de gente, pensaba para sí, y dudaba si hacerlo o no, por un lado detestaba que el controlase la situación pero por otro,  sentía una irresistible atracción por él, y no podía olvidar como ese hombre,  la había doblegado la noche anterior, y el cúmulo de maravillosas y desconocidas sensaciones que había experimentado, así que se dirigió a la mesa, ella misma se quitó la ropa y se situó de nuevo sobre el escritorio, sin saber cómo a él le fastidiaba su orgullosa actitud.

Sus nalgas presentaban un colorido entre violáceo y azulado que estimuló todos los sentidos de su jefe.

Ella esperaba sentir el calor inmediato del cinturón, sin embargo se sobresaltó al sentir algo frio sobre su delicado trasero.

R- Es crema, he pensado que te sentará bien, ya que te quedan muchas horas que estar sentada.

El extendió  la crema por el trasero de la mujer, suavemente, muy despacio, no tenía ninguna prisa.  Ella empezó a relajarse,  a dejarse llevar por el frescor de la loción y el tacto de la mano de su jefe, que ahora bajaban por el interior de sus muslos,  aproximándose a su zona privada, él sonrió cuando observó que su empleada abría un poco más las piernas para facilitarle su labor.

En ese momento él se detuvo,  agarró las caderas de la mujer, reclinándose  sobre ella,  lo que a Natalia le permitió sentir la bestial erección de su jefe, ella giró su cabeza buscando la boca de Ricardo,  que se aproximaba a la suya, cuando sus labios estaban a punto de tocarse, él le dijo:

Vístete, aún te queda una larga jornada de trabajo

En ese momento  una intensa ira se apoderó de ella, y tuvo que aferrarse aún con más fuerza al borde de la mesa para no saltar en ese momento sobre él, solo le apetecía pegarle, arañarlo, insultarlo, ya ni siquiera le importaba su empleo, pero si le importaba que sus compañeros se enterasen de lo sucedido, por lo que tenía que controlarse, así que se vistió rápidamente, ¡como odiaba a ese hombre!, estaba furiosa y solo quería salir de esa habitación y perderlo de vista.

Cuando estaba a punto de marcharse él le dijo:

R- Por cierto, Natalia

Ella respiró hondo y sin ni siquiera girarse con un tonó repelente y sarcástico contestó:

N- ¿Si señorrr?

R-  Recuérdale a Marta que te debe una cena, pero no esta noche, tú y yo, tenemos que acabar algo que hemos empezado. Si tú quieres, claro

Ella siguió sin girarse, estaba perpleja, ¿había escuchado lo que había escuchado? Se asombró como en solo unos segundos toda su ira desaparecía, y un escalofrío de placer le recorría todo el cuerpo, entonces se volvió hacia él. Pudo comprobar el ahora amable gesto de Ricardo y una mirada picarona, que lo hacían aún más irresistible. Ella le contestó con la enorme sonrisa que ahora se dibujaba en su cara.

Cuando salió del despacho y Marta la vio sonreír de esa forma, supo que su amiga se había salido con la suya, sólo que esta vez, Marta no iba a conocer todos los detalles”

 

 

 

 

 

Quid pro quo

Quid pro quo

Autor: casi_angel

- "La nariz pegada a la pared, súbete la falda y las bragas por las rodillas, ábrete de piernas para que no se caigan. ¡No me puedo creer que anoche tuvieras la osadía de faltarme al respeto delante de mis amigos!

-"perooo yo no..."

- "¡Silencio, no quiero ni oír una palabra de esa boquita hasta que estés dispuesta a suplicar perdón por tus acciones. Las manos sobre la cabeza y no te muevas hasta que yo te diga!"

Puedo sentir el calor de su mirada a mis espaldas, la vergüenza y vulnerabilidad de mi culo expuesto mientras él está completamente vestido. Esa mezcla de sentimientos hace que me enfade aún más, tampoco fue para tanto lo que le dije. Tengo ganas de darme la vuelta y decirle que es un susceptible, pero no me atrevo porque sé lo que viene después y no quiero empeorar la situación. Solo de pensar en la azotaina que me espera se me contrae el culo, casi puedo sentir el dolor y la indignación vuelve a consumirme, pero esta vez no pienso pedirle perdón por una bromita tonta, no es mi culpa si se lo ha tomado tan mal. Vuelvo a revivir la escena por la que me encuentro en este lugar tan vulnerable. Anoche vinieron dos amigos suyos y estuvimos jugando al trivial durante horas, fue muy divertido a pesar de que nosotros perdimos. Cuando sus amigos estaban saliendo por la puerta les dije: "No queréis quedaros para protegerme, Jesús es un mal perdedor, no sabe perder y me lo va a hacer pagar a mi. Encima de que tiene la culpa de que hayamos perdido, que clase de hombre no sabe de deportes, menudo nenaza!" Cerramos la puerta y yo me di la vuelta dirigiéndome al cuarto. De repente sentí que me agarraban del brazo, volteándome hasta estar cara a cara.

- "¿Cómo te atreves a faltarme al respeto de esa manera? Y delante de mis amigos... ¿Quién te crees que eres?

- Yo...

- Silencio, no quiero escuchar nada de lo que tengas que decir, no hay excusa posible para lo que has hecho. Estoy demasiado enfadado para castigarte ahora. ¡A la cama y sin chistar!

No me gusta nada cuando Jesús se enfada conmigo, como sumisa que soy vivo por que él sea feliz. Me costó horas dormirme sin embargo me dormí antes de que él entrara a la habitación. Nada más levantarme corrí a buscarle, tenía la esperanza de que ya se le hubiera pasado y pudiéramos hacer las paces. En la cocina encontré una nota. Estoy en el gimnasio, dúchate, rasúrate bien todo, ponte la camisa blanca cortita, falda azul y bragas blancas de niña pequeña. Los pies descalzos y sin sujetador, quiero verte los pezones a través de la camisa. Desayuna y espérame. No eran buenas noticias, siempre iba al gym para descargar, así que debía seguir enfadado. Cuando volvió me mandó al rincón y aquí estoy.  Y así van pasando las horas o esa impresión tengo yo. Vuelvo a dar vueltas en mi cabeza a lo ocurrido una y otra vez. Tengo que admitir que el comentario fue un poco desatinado pero no para ponerse así, bueno igual si... No! Y así va pasando el tiempo, me duelen los brazos de tenerlos ahí arriba, la espalda también y no puedo más de estar quieta, necesito moverme. Cuando estoy a punto de rendirme porque ya no puedo más suena el timbre y del susto me doy la vuelta.

- ¿Quién te ha dicho que puedes moverte? Vuelve a tu postura. Acabas de añadir diez azotes con el cinturón a tu castigo.

Vuelvo corriendo a colocarme en mi lugar, los azotes extras son los peores y no quiero ganarme ni uno más. Tras darme un azote fuerte al pasar, Jesús se dirige a abrir la puerta. El azote ha sido tan fuerte que seguramente haya dejado la huella de su mano. Oigo voces masculinas que se van acercando. ¡No puede ser, Jesús nunca me haría esto! Pero es, las voces se acercan cada vez más y como en las pesadillas no puedo moverme, porque mi señor me ha ordenado quedarme donde estoy y no puedo desobedecerle.

- "Aquí está Rocío como veis esta castigada por su comentario estúpido de ayer. Ella intentó humillarme delante de vosotros, así que voy a hacer lo mismo, solo que yo voy a ser más efectivo."

Puedo sentir como me sube el rubor por todo el cuerpo. Hasta mi culo, tan expuesto y a la vista, debe estar rojo como un tomate. Puedo escuchar las risitas nerviosas de sus amigos, pero Jesús enseguida cambia de tema y comienzan a hablar de sus planes para esta noche. Estoy flotando como en una nube, esto no puede ser verdad. De repente las cosas se ponen mucho peor:

- "Pero que maleducado soy, ni siquiera os he preguntado si queríais algo de beber, ¿qué queréis?"

Los dos piden una cerveza.

- "Rocío tráeselas"

Con las braguitas por las rodillas me dirijo tambaleándome como un pingüino a la cocina.

-"Quítate las bragas, solo faltaba que tires las cervezas por patosa. De paso quítate la falda ya no la vas a necesitar.

Me quedo quieta, congelada, no puedo, si lo hago me van a ver mi coño desnudo, nunca más podré mirarles a la cara. Sin embargo los ojos de Jesús dicen que está a punto de añadir más latigazos con el cinturón y eso si no creo que pueda aguantarlo. Me doy la vuelta despacio, cuanto menos me miren ahí abajo mejor y poco a poco dejo caer la falda. La levanto y junto con las braguitas me las llevo a la cocina dónde las dejo dobladitas sobre un banco. Preparó las dos cervezas y con una en cada mano vuelvo al cuarto de estar. Al dar el primer paso me doy cuenta que con las bebidas no voy a poder tapar mi coño, recién depilado y brillante por todos los jugos que esta constante humillación está provocando en mi. Al volver ninguno de los tres puede quitarme los ojos de encima, mis muslos están cada vez más húmedos y siento que voy a explotar de la vergüenza. Sin poder soportarlo más dirijo la mirada al otro lado del cuarto, donde veo la silla. Sencilla, sin brazos, es la protagonista en la mayoría de mis castigos. La silla está colocada frente al sofá pero de lado para que tengan una vista panorámica de mi trasero a lo largo del castigo.

"Bien ahora que tenéis vuestras cervezas ha llegado la hora de comenzar", dice Jesús sentándose en el silla. Con un solo gesto me conmina a acercarme y tumbarme sobre sus muslos. "¡Abre las piernas ya sabes que es parte de tu castigo!". Con las piernas abiertas, desde el sofá pueden ver todo, desde mi pubis, abierto por la postura, hasta mi culo tieso por la tensión de la espera. 

Jesús termina de colocarme bien, sujetándome fuerte de la cintura para que no me caiga. “Antes de que comience, ¿tienes algo para decirme?”. Los nervios, la mezcla de vergüenza, miedo a lo que va a pasar y excitación me juegan una mala pasada, incrementando mi mal humor.

-       “Sí, que te odio, eres un imbécil, no me puedo creer que me estés haciendo esto! ¿Cómo puedes ser tan cruel? Y todo por una bromita de nada, cómo se puede ser tan susceptible”. Exclamo mientras forcejeo por salir de esta situación en la que yo misma me he metido.

¡Pám! El primer azote me silencia por completo a lo que sigue una tromba de azotes. Yo no puedo escapar. Al principio consciente de que me están mirando, procuro no moverme, pero a medida que su mano cae sobre mi culo cada vez más rojo no puedo evitar levantar las pierna, tratando de escapar al dolor, mostrando una imagen panorámica de mi sexo. Jesús, harto de mis movimientos pasa una pierna por encima de las mías para mantenerme en posición mientras continua azotándome sin tregua. Tras una primera tanda de lo que se sienten como mil azotes pero que serían más bien cien, toma un ritmo más pausado. Entre azote y azote comienza la regañina:

- “Eso ha sido por el exabrupto, no me puedo que creer que después de ganarte un castigo tan severo todavía te quede cara para cuestionarme. A mi no me vas a faltar al respeto. ¡Nunca! Tú y yo tenemos un trato, yo me ocupo de ti y de tu disciplina y a cambio tu respetas mis decisiones y me respetas a mi. Me he hecho cargo de tu educación creo que a cambio es muy poco lo que te pido”.

Y así continua la bronca mientras van cayendo los azotes cada vez más fuertes. Envuelta en una niebla de dolor y de miseria cada vez son menos las palabras que van penetrando mi psiquis pero son suficientes las que llegan a buen puerto. Soy yo la que le ha pedido que me eduque, que me ayude a ser mejor persona. Y así es como se lo pago, haciendo comentarios estúpidos e hirientes delante de sus amigos, tratando de humillarle, y todo, si soy sincera conmigo mismo, para llamar su atención, para saber si de verdad me va a tomar en mano, para provocarle. La azotaina sigue y ya no puedo evitar los gemidos y sollozos cada vez más fuerte, mientras grito sin parar:

“¡Por favoooor!”

¡Pán Pín Pún!

“¡Perdóoon, lo siento mucho!”

¡Pín Pán Pám!

“¡Nunca más lo hago de verdad lo juroooo! Me voy a portar bien. Voy a ser la niña más buena del mundo”.

“¡Buuuuaaaa nooooo nooo más!” Pám Pám Pún “Por favoooor no puedo aguantar más.”

 

La última tanda de azotes me deja afónica y sin fuerzas. Ya no soy capaz de mover un músculo y arrepentida le dejo que siga a su antojo. Viendo que estoy a punto de llegar al límite, Jesús deja caer las últimas palmadas en el espacio entre las nalgas y el muslo, la zona más dolorosa de todas. Cuando termina me acaricia toda la zona. Puedo sentir el calor que se desprende de mis nalgas.

“Así me gusta, el culete bien rojo para aprender la lección.”

Su mano continúa explorando, acercándose cada vez más a mi coño. Sus dedos me recorren de arriba abajo, evitando rozar mi clítoris.

“Mmmm estás chorreando, realmente eres una perrita, parece que te ha gustado que te de una paliza delante de mis amigos.”

Acercando su mano a mi rostro exclama:

“Límpiamela bien, que no quede ni rastro de tus jugos.”

¿Será posible morirse de vergüenza? Cerrando los ojos con fuerza, como si eso pudiera hacerme invisible, recorro su mano con la lengua, despacio, asegurándome de tragar todo, saboreando mi propio aroma.

Me da la vuelta y tras un largo abrazo en el que no puedo evitar llorar y moquearle toda la camisa, me levanta y de la mano me lleva otra vez al rincón.

-“El castigo no ha terminado todavía, estarás diez minutos en el rincón, para pensar como vas a disculparte y después recibirás cuarenta latigazos con el cinturón más los diez extra que te has ganado. Como sabes los extra son siempre en los muslos.”

- “No por favor, no puedo más, discúlpeme. Mi culo no puede soportar más castigo, hago lo que sea pero el cinturón no, se lo suplico”.

- Por supuesto que vas a hacer lo que sea, aquí mando yo! Pero el castigo te lo has ganado a pulso, no quiero escuchar ni una palabra más de tu boca, la nariz pegada a la pared y nada de tocarte para aliviar el dolor.

Vencida, hago lo que me pide rezando por que la azotaina pase rápido y pueda soportar el dolor. El escozor en mi culo cada vez se va haciendo más insoportable y las ganas de frotármelo van en aumento. Mientras conversan de sus cosas puedo sentir el calor de sus miradas, empeorando mi situación. Finalmente:

“Bien, ya puedes salir. Como sabes el cinturón lo recibirás como siempre, desnuda. Quítate la camisa y colócala sobre el respaldo de la silla. Pon las manos sobre el asiento, el cuerpo alejado, las piernas rectas y separadas a la altura de los hombros.”

Con las tetas colgando, el culo para arriba y el sexo a la vista, debo ser toda una visión. El respeto al cinturón me impide concienciarme completamente de la imagen que estoy dando. Ese sonido tan temido por las spankees, el del cinturón pasando por las enhebras del pantalón me deja la mente totalmente en blanco a la espera del terrible dolor.

“No te muevas, si sales de esa postura volveremos a empezar, no me importa que ya lleves 39 latigazos. Quiero que cuentes cada uno de ellos y me des las gracias. Vamos allá.

Wussshhh splat!

- argggghhh! Uno gracias

Wussshhh splat!

- Dooooos buuuaaa gracias

Wussshhh splat!

- Ayyyyyy treeeessss graciaaas

En el séptimo no pude evitarlo y me moví, tapándome el culo con las manos

- ¿Quita las manos de ahí o quieres que te las ate?

- Nooooooo, no puedo más por favooor buaaaa

- Tienes tres segundo para volver a tu sitio o te ato a la silla

No puedo soportar la idea de estar tan vulnerable delante de los otros, así que abatida vuelvo a mi posición

- Desde el principio…

Wussshhh splat! Wussshhh splat! En el onceavo golpe vuelvo a salirme de posición y vuelta a empezar. Al final los cuarenta se han convertido en cien latigazos. Exhausta, estoy a punto de derrumbarme después del último.

- “Bien todavía te quedan los diez últimos.” – No tengo fuerzas ni para protestar – “Tranquila voy a sujetarte de la cintura para que no te muevas, no quiero hacerte más daño del necesario. Esta vez no tienes que contar y lo haré lo más rápido posible para terminar antes.”

Wussshhh splat! Wussshhh splat! Wussshhh splat! El dolor en los muslos es insoportable, al final, casi todo mi peso es sostenido por él. Inmediatamente después del último, Jesús tira el cinturón al suelo y con cara de alivio me coge en sus brazos. Carga conmigo hasta el sofá donde sus amigos le hacen sitio para que nos sentemos. Me sienta sobre sus rodillas, con el culo entre sus piernas para que no roce con nada. Acurrucada contra su pecho vuelvo a romper a llorar, desconsolada mientras el me susurra palabras de aliento al oído. El cansancio y las lágrimas hacen que, a pesar del dolor, me vaya quedando dormida mientras él me dice lo orgulloso que está de mi y lo mucho que me quiere. Cuando despierto estamos los dos solos en la cama. Agradecida por su cariño y firmeza le demuestro durante horas todo el “respeto y la adulación” que se merece.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Spanker de pago

Spanker de pago

Autor: Aimée González

Aquí estoy, mirando al espejo las marcas de mi trasero que desgraciadamente ya empiezan a desaparecer. La azotaina fue la semana pasada así que me he pasado toda la semana dándole largas a mi novio para que no se dé cuenta del estado de mi culo.

Me presento, me llamo Marta, 42 años divorciada con dos niñas, y actualmente salgo con un compañero de trabajo, mantenemos una bonita relación aunque yo necesito algo más, algo que no me atrevo a pedirle

Veréis, la semana pasada ojeando un periódico fui a parar a la página de contactos y me puse a cotillear y uno llamó poderosamente mi atención: Spanker profesional……..

Por supuesto no iba a llamar, quedar con un extraño para que me azote y encima pagarle, no estoy tan desesperada  ¿¿¿o sí??? Arranqué la hoja del peri y me la llevé y después de un millón de dudas y luchando conmigo misma para no llamar, al final me rendí e hice la llamada.

Quedamos una semana después en un hotel bastante alejado de mi casa, yo llegué primero, no quise ir vestida muy llamativa llevaba falda azul estrecha y camisa blanca y unos taconcitos no muy altos, discreta, no quería que pensara que era una cualquiera.

Llamaron a la puerta, miré el reloj, las 6 en punto, menuda puntualidad!! Mis piernas comenzaron a temblar y empecé a hiperventilar, no sé cómo pude llegar a la puerta, me sentía inmovilizada, me puse una sonrisa y abrí la puerta lo más natural posible.

¡Hola! dije mientras abría, y me quedé pasmá; No tendría  más de 32, o quizá menos, hubiera preferido que fuera mayor que yo, pero la verdad es que estaba como un queso!!!

Hola contestó soy Rafa, me zampó dos besos y entró en la habitación. Era un tipo alto, moreno, pelo rizado, aunque en lo primero que me fijé fue en sus manos, y sí, tenía manos de Spanker, traía una bolsa grande de deportes, le ofrecí una bebida del mini bar y comenzó a charlar,  se notaba que era un profesional, a los 10 minutos de una agradable conversación comencé a sentirme más relajada.

Se tomó el refresco, dejó el vaso sobre la mesa y se dirigió hacia la cama sentándose al filo de esta, me miro y me dijo con voz cálida “Ven aquí” tendiendo su mano hacía mí. Había llegado el momento, fui hacia él, tomó mi mano y me posicionó sobre sus rodillas. No podía creerlo, al fin estaba en esa postura tantas veces soñada

Entonces comenzó a azotarme sobre la falda, primero sobre un cachete, después en el otro, lo hacía rítmicamente, ni un azote era más fuerte que el otro, todos tenían la misma intensidad, que si al principio no parecían muy duros a los pocos minutos comenzaban a hacer su efecto.

El no hablaba, solo se limitaba a calentarme y de mi boca sólo salían leves gemiditos, el sonido de los cachetazos llenaban toda la habitación.

No sé cuánto tiempo llevaba ya en esa posición pero mis gemidos empezaron a convertirse en grititos, pero él seguía a lo suyo, parecía no cansarse nunca, aquello ya empezaba a quemar y entonces no pude evitar comenzar a moverme y a quejarme con más fuerza, ya no aguantaba más y me puse a patalear. llevé mi mano hacia atrás para proteger mi pobre culo,

-Para por favor, no puedo más,

Entonces paró, fui a levantarme pero no me dejó.

-¿Te he dicho que te levantes?

 Me preguntó con un tono muy severo

-No, pero…

-Pero nada, aquí mando yo,  si te digo que te levantes lo haces, sino te quedas como estas hasta que yo te de permiso, aquí hay unas reglas y las vas a cumplir todas,  a no ser que no quieras volver a sentarte. ¿Lo has entendido?

- Si, dije con una vocecita que no me salía del cuerpo

-Espero que sea así

Y siguió con su tarea durante al menos 10 minutos más, entonces paró y me dijo

- Ahora puedes levantarte

Me levanté despacito, lo primero que hice fue frotarme el trasero, no pude evitar que las lágrimas empezaran a correr por mi cara.

-Ponte ahí, ordenó

Me puse frente a él mientras intentaba ponerme la falda en su sitio.

El seguía sentado en la cama y entonces me dijo:

-Si quieres que nuestra relación prospere, más vale que la próxima vez no vengas vestida como una institutriz

Aquello me ofendió pero solo conteste;

-Vale

-¿Vale? ¿Esa es la respuesta de una niñata o de una señora?

-Lo que tu digas, la próxima vez vendré vestida de otra forma

-Aprendes rápido, así me gusta. Ahora quítate la falda

- No por favor Rafa, no puedo, la próxima vez, hoy no estoy preparada, de verdad que he tenido suficiente por hoy.

-Yo decido cuando es suficiente, gruñó, quítate la falda, obedéceme, si te la tengo que quitar yo va a ser peor.

Dudé entre quitármela o salir corriendo de la habitación, pero yo solita me había metido en ese lio, así que llegaría hasta el final, me la quité.

-Ahora las bragas

¡Glup!,¡¡Las bragas!! Estaba a punto de protestar de nuevo, pero con su mirada me lo dijo todo, no iba a dejar que me marchara sin acabar su trabajo.

Menuda situación, inexplicable la vergüenza que sentía, me las quité y tiré de mi blusa hacia abajo intentando cubrirme lo máximo posible.

-Date la vuelta,

Me giré y él se quedó observándome por un momento, era extraño, pero había olvidado completamente el dolor de mis nalgas.

-Ven aquí y abre la bolsa,

Se refería a la bolsa de deportes que traía y que había dejado al pie de la cama junto a él.

Me arrodillé y abrí la bolsa, me quedé sorprendida al ver su contenido,  estaba llena de instrumentos dedicados al spanking, los mismos que había visto tantas veces por internet.

-Busca el cepillo.

Rebusqué y allí estaba, de tamaño mediano y de madera.

- Dámelo

Dudé

- Obedéceme Marta

- Me levanté y balbuceando le dije: No creo que pueda soportar el…

No me dejó terminar, de un rápido tirón me volvió a situar sobre sus rodillas y empezó a pegarme otra vez.

- Me equivoqué, no aprendes rápido, corregirte me va a llevar más tiempo del que pensaba

Ahora ya no gemía, empecé a gritar, a patalear  a llorar de verdad y a suplicarle que parara

Pero él no sentía compasión, seguía zurrándome sin piedad, y como yo no paraba de moverme, me inmovilizó con sus piernas.

Esta vez me pegaba con fuerza y no podía moverme.  Si la primera vez no hablaba, ahora no paraba de reñirme, de decirme lo mal que me estaba portando y lo desobediente que era. Nunca pensé que aquello pudiera doler tanto, por supuesto no pude contar cuantos azotazos me dió pero seguro que no fueron menos de 200.

Entonces paró y me dijo:

- Los últimos 10 serán sobre tus muslos, por no hacer las cosas a la primera, ¿estás de acuerdo?

¡Qué  gracioso! como si pudiera escoger

- Si Rafa, lo que tu decidas

Y sin decir nada más me arreó 5 en cada muslo, uff , Auuuuu!!! Eso sí que dolía, hubiera preferido otros 20 en el trasero

Paró de nuevo y sentí como se inclinaba hacia la bolsa, me entró pánico, pensé que iba a seguir zurrándome con cualquiera de aquellos chismes que traía,

-¡¡NOOOO!!  Por favor no más, no más, e intenté escapar  de sus rodillas.

 -Tranquila, tranquila

Me susurró con la voz suave y cálida del principio,

-Solo es crema, te sentará bien

 Empezó a esparcirla y di un pequeño respingo  solo de sentir el frescor de la crema sobre mis nalgas tan calientes, parecía que estuviera  helada. Al fin pude dejar de llorar y comencé a relajarme, me hubiera quedado en esa posición para siempre y aunque el castigo había sido duro, no tenía ninguna duda que quería volver a repetirlo

Después de ese maravilloso masaje, me ayudó a levantarme y me sentó sobre su regazo, apoyé mi cabeza en su pecho y me beso en la cabeza, miles de sensaciones diferentes recorrían mi cuerpo,  levante la cabeza,  lo mire a los ojos, él me miró a mí y con su voz firme y cálida me preguntó:

-¿Vas a pagar con tarjeta o en efectivo?

 

Continuará...

 

 

Historia real: el spanking más duro de mi vida

Historia real: el spanking más duro de mi vida

Autor: Patty

 

Me gustaría comenzar este relato declarando que todo lo que se cuenta a continuación es totalmente verídico no hay nada inventado. Fue, tal cual pasé mi cumpleaños de este año 2012, de verdad y quisiera compartirlo con vosotros.

Soy una chica joven, de 27 años, del sur de España. Me encontraba en la capital española, haciendo un Máster, a pesar de que aún no había terminado la carrera, una licenciatura de 5 años. Me encontraba en mi octavo año de carrera, con una sola asignatura pendiente y haciendo el tonto sin estudiar para sacármela. El Máster era privado, por lo que si me encontraba en mi último año me dejaban acceder a él, con tal de que pagara las cuotas y así fue. Soy spankee de nacimiento, fue por eso que decidí hacer la especialización en sexología, para intentar comprender mejor todo este mundo spanko que tanto me fascinaba. Tuve la suerte de descubrir allí a unas amigas excelentes, sexólogas, que les fascinaban tanto como yo la sexualidad, por lo que no dudé en contarles mi pasión por el spanking. Aún recuerdo, estando en mi habitación del hotel, con 8 de ellas sentadas entre el suelo y la cama y yo narrándoles lo que a continuación os voy a contar…:

Ese fin de semana de mi cumpleaños, salimos todas las chicas de fiesta por Madrid para celebrarlo. Fue una noche de desfase: buena cena, mucho alcohol, mucha fiesta y muchos chicos. Yo como buena cumpleañera, tuve la oportunidad de probar a algunos madrileños. Esa noche o esa mañana, más bien, me acosté a las 9:00 de la mañana en el hotel, con mucha resaca y mucho sueño, pero a las 11:00 tenía que estar en pie. Puesto que a las 12:00, vendrían a darme mi último regalo de cumpleaños…

Mi regalo de cumpleaños se llamaba Iván, un chico guapo, educado, serio, cariñoso, estaba terminando el doctorado de su carrera… y con una vara en su mochila. Nos conocimos hace bastante tiempo por estas redes tan fantásticas que hay en Internet y después de un año y medio charlando, decidimos conocernos en la capital. Él era spanker y amaba tanto como yo el spanking, así que decidimos quedar para “charlar” de algunos temas pendientes que teníamos por ahí. Yo, a pesar de que me moría de ganas por conocerle porque ya había pasado a ser un amigo, la noche de juerga me estaba pasando factura por la mañana y a las 12:00 me quería morir del mal cuerpo que tenía.

Quedamos en el metro para dirigirnos a mi hotel y por el camino nos tomamos un café, necesitaba cafeína en vena para todo lo que me venía encima. Durante el café, hablamos un poco de todo, política, economía, de cómo va el país y de mis estudios… Me había matriculado de mi asignatura 6 veces y sólo me había presentado a 2 convocatorias. La última convocatoria fue dos semanas anteriores a mi cumpleaños y en lugar de presentarme, hice algo de lo cual ya no me siento orgullosa. Dije en mi casa que me iba al examen, cuando realmente a dónde fui es dormir a mi coche y cuando calculé la hora en el que habría terminado el examen, me volví a mi casa, diciendo que había hecho el examen y que el profesor lo había puesto muy difícil por lo que lo más seguro es que no lo aprobaría… Mis padres se lo creyeron y por el momento me salvé. No ocurrió lo mismo cuando se lo conté a Iván.

Después de tomarnos ese café, nos subimos a la habitación del hotel. Lo cierto, es que ésta estaba hecha un desastre, toda la ropa tirada, la maleta abierta, envoltorios de preservativos abiertos por el desfase de la noche… pensaba recogerlos para intentar dar una buena primera impresión, pero el mal cuerpo no me dejó. Llegamos, nos acomodamos y me dio mi regalo de cumpleaños. Estuvimos conversando un rato, muy tranquilos en la cama y él se levantó para ir al baño. Cuando volvió, traía en su mano mi cepillo de madera. En ese momento, me puse nerviosa, porque intuía que todo iba a comenzar ya. Todos estos meses atrás, me encantaba provocarle, diciéndole que tenía cara de ser un spanker blandito, que seguro que me aburría con sus castigos, que si no sabía imponerse, que se metiera en sus asuntos en cuestión de mis estudios… y un largo etcétera que se pasaron por mi cabeza en ese momento, porque claro no es lo mismo vacilar en la distancia, que cuando ya estamos los dos en las mismas cuatro paredes.

Sacó de su mochila la vara y la puso en la cama. Iván se sentó en la cama, de un tirón me bajó el pantalón y el tanga, al cual yo intenté no dejarme, quitándole las manos para que no me lo quitara, pero él fue más fuerte y me puso por la fuerza en sus rodillas. Empezó el castigo en ese momento. Comenzó azotando fuerte con su mano en el trasero, aunque era para ir preparando la zona, como un precalentamiento para lo que venía. Fueron pocos azotes, sobre unos 30 y después cogió el cepillo. A diferencia de la mano, este sí que dolía de verdad. Golpeaba fuerte, con ganas, ya que la verdad que me los merecía por floja y mentirosa, pero bueno, yo tenía que intentarlo y le decía que le recordaba que era mi cumpleaños y que no se pasara, que dolía mucho y que no pegara tan fuerte, a lo que hizo caso omiso y todo lo contrario, golpeaba más fuerte aún. Cayeron más de 50 azotes con el cepillo, incluyendo algunos azotes extras en las palmas de las manos por ponerla en el trasero para impedir los azotes ya que picaban mucho. Tengo que decir, que jamás me habían pegado en las palmas de las manos con un cepillo de madera y ¡duele un huevo! No sabía si me dolían más las manos o el culo.

Tengo que reconocer, que no sabía si era por el cansancio, la resaca, o el miedo a que estaba la vara ahí (nunca la había probado en “mis carnes” antes), que me porté bastante bien durante el castigo, ya que protesté lo mínimo, y eso que soy de las peleonas.

Bueno, continuo, me levantó de sus rodillas y pensé que me daría un descanso, pero todo lo contrario, me hizo que me pusiera en el borde de la cama, con el culo en alto, ese mismo culo que ya estaba bastante rojo por el cepillo. Me tumbé, diciéndole que no hacía falta más, que podríamos acabar aquí y escuché cómo se quitaba el cinturón. Se me cogió un nudo en el estómago cuando escuché la hebilla de la correa, me volví para mirarle y vi como doblaba el cinturón en dos. Cuando comenzó a azotarme con él, el primero no me dolió mucho, pero los 9 restantes sí que dolieron porque los aplicó con mucha fuerza. Sólo fueron 10 azotes porque este hacía mucho ruido y estaban limpiando nuestra planta del hotel y no quería levantar sospechas. En ese momento di las gracias de que hiciera mucho ruido, porque el cinturón también picaba que no veas. Puso el cinturón en su sitio y vi que quería coger la vara. Ya que no me daba descanso, le dije que antes que la utilizara quería tocarla primero para ver cómo era, aunque en realidad era para que me diera tiempo a respirar un poco. Aproveché cuando no estaba mirando para tocarme el culo y ya estaba un poco hinchado de los azotes.

No me dio mucho tiempo para recrearme y me obligó a que me tumbara de nuevo en el borde la cama. Tengo que reconocer que respiré hondo porque tocaba el turno de la vara. Sólo sabía de la existencia de la vara por videos de spanking que había visto, comentarios de otras spankees y todo lo que había leído y la conclusión era la misma: que era uno de los instrumentos que más duelen de todos. Recuerdo que sólo pensaba que tenía que aguantarlos sin llorar, porque soy muy orgullosa para eso, pero teniendo en cuenta que ya tenía unos cuantos azotes dados ya y el cansancio tenía miedo de no poder soportarlos.

Empezaron los azotes con la vara y jamás había sentido nada igual. Una quemazón increíble y dolor impresionante y eso que ¡sólo me había dado un azote! En ese momento, volví a respirar hondo y me agarré a las sábanas de la cama. Se me pasó el tiempo larguísimo, cuando siguió azotando con la vara. No daba descanso, pegaba fuerte y rápido y ahí sí que empezaron las quejas y las súplicas. Dolía muchísimo y sólo deseaba que se terminaran. En tres ocasiones tuve que poner la mano en el culo porque no podía aguantar más dolor. Cada vez que ponía la mano, me pegaba en la palma con el cepillo. Él me decía que no pusiera la mano y harto de que la pusiera, la tercera vez que la puse, me dio 10 azotes tan fuertes con el cepillo en la mano que decidí no volverla a poner más por mucho que me doliera el culo ya que dolió muchísimo. Los azotes siguieron cayendo con la vara sin piedad, y yo ya le decía que me perdonara, que iba a estudiar pero que por favor que parara, pero nada, le daba igual. Ya no sabía a qué más sábana agarrarme para intentar aguantar el dolor. Más de 100 azotes me propinó en el culo con la estúpida vara. Los últimos 20 fueron más fuertes y más rápidos aún por lo que era un sufrimiento inmenso. Odiaba ese instrumento. Y pensar que en pocas horas tendría que coger el AVE de camino a mi ciudad natal ya que al día siguiente tenía que trabajar. ¿Cómo iba a aguantar las 3 horas de camino sentada todo el rato?

Por el fin el castigo terminó, me parecía increíble y menos mal porque no podía aguantar más tiempo. Me dijo que me había ganado un ratito de estar en el rincón. Odio estar mirando en el rincón, porque me siento como si tuviera 5 años. Tenía que estar con los pantalones y tanga bajados, de rodillas y con las manos en la cabeza para no poder tocarme el culo. Es super humillante tener que hacer eso. Mientras, él estaba tumbado en la cama vigilándome. Se me hizo eterno el tiempo de castigo en el que sólo pensaba que al día siguiente tenía que trabajar, cómo iba a estar sentada en el trabajo sin que se me notara nada… Después de ese rato que se me hizo interminable, me dejó levantarme, nos besamos y le pedí perdón por mi comportamiento irresponsable. Afortunadamente me perdonó y me tumbó en la cama de nuevo, ya que iba a echarme crema hidratante en el culo. Lo hizo con mucho cuidado, cosa que lo agradecí muchísimo porque me dolía montón.

Ya era tarde, así que nos pusimos a almorzar, él sentado y yo de pie porque no me podía sentar cómoda del dolor. Después de comer, comenzamos a besarnos apasionadamente. Senté a Iván en la cama, puse la habitación a oscuras y empecé a desnudarle mientras le besaba. Le pedí que se tumbara en la cama boca arriba y puse en mi ordenador que tenía encima de la mesa, canciones de Kenny G. Me acerqué a su oído y le susurré que cerrara los ojos, se relajara y que centrara toda su atención en el recorrido que iría haciendo mi lengua. Empecé a lamerlo entero, no dejé ni un solo rincón sin mi saliva excepto su pene, prestando especial atención a sus pies, ya que es un gran fetichista y le excita mucho esa práctica. Mientras le lamía, pude notar cómo iba evolucionando su erección, cómo iba pasando mi lengua por su entrepierna y haciéndole “sufrir” por no hacerle una felación. Empecé a desnudarme, porque sentí bastante calor. Después le pedí que se pusiera boca abajo y repetí el mismo proceso. Iván estaba muy relajado y excitado, ya que todo este proceso lo hice muy lentamente, para que ambos disfrutásemos del momento, sin prisas. Casi 30 minutos después, volví de nuevo a sus labios y empecé a masturbarle para después, en ese momento sí, hacerle una gran felación. Su cara denotaba una gran satisfacción por la situación tan placentera que estaba experimentando. Nos volvimos a besar, me tumbó a mí en la cama y empezó a hacerme lo mismo. Me levantó las piernas y me hizo un sexo oral fantástico, muy tierno y placentero, haciendo que me estremeciera de placer. Le pedí que se pusiera el preservativo, ya que quería cabalgar un poco sobre él, el cual Iván aprovechó para acariciarme los pechos y tocarme mis nalgas doloridas por el castigo de antes. Le pedí que hiciéramos el misionero y se puso encima de mí. Debido a la gran excitación acumulada que teníamos los dos, no fue necesario que tuviéramos mucha penetración para que en breve alcanzáramos el orgasmo. Empezó a follarme más fuerte y le dije que en breve iría a correrme, así que metí mis dedos mágicos en mi clítoris y me corrí mientras no paraba de penetrarme de forma violenta. Fue un orgasmo muy intenso, por lo que creo que puedo afirmar sin equivocarme, que algunos vecinos de las habitaciones de al lado se enteraron de todo. En ese momento, Iván también se corrió. Fue todo muy tierno y placentero, pero ese orgasmo fue el que me dejó totalmente muerta. Mi cuerpo ya no daba más de sí, entre la resaca (que no me importó mucho y en la comida nos bebimos una botella de vino entre los dos), la falta de sueño, el dolor, el placer y el estado tan inmenso de relajación en el que estaba sometida, sólo quería dormir. Nos echamos los dos en la cama, medio abrazados, desnudos y nos pasamos un buen rato conversando. Nos fuimos a la ducha y nos duchamos mutuamente. También tengo que decir, que a cada momento, mi amigo, me tiraba pellizcos en el culo para que me doliera y ver cómo me picaba con él.

 

Finalmente nos tuvimos que marchar cada uno para nuestra ciudad. El camino en AVE se me hizo largo porque me dolía bastante el culo, pero ni punto de comparación con lo que me dolían las 2 semanas siguientes. Con el frío, las nalgas me dolían muchísimo, así que cada vez que iba a trabajar, era un infierno tener que sentarme incluso para conducir. Las marcas duraron 3 semanas, pero bueno, aprendí a ser más responsable… o ¿quizás no?

FIN

 

PD: Después del castigo, me hizo un par de fotos para que me acordara de ese día. Quien quiera verlas, sólo tiene que seguir estos links de los protagonistas:

https://fetlife.com/users/556067

https://fetlife.com/users/594546

La Fiesta

La Fiesta

Autor: Patty

Como cada día abrió la puerta de la casa tras un intenso día de trabajo, dejó sus zapatos en el terracita y se puso sus cómodas zapatillas. Todo permanecía en silencio, signo inequívoco de que su novia no estaba en casa. Su mente rápidamente se dio cuenta de que había quedado con sus amigas para irse de juerga por todo el barrio, ya que estaban en fiestas. No tenía muchas ocasiones de divertirse con ellas, pues cuando no era una, era la otra la que siempre tenía un compromiso con el novio o con la familia, así que habían decidido que ese día ninguna tendría más planes que salir todas juntas y pasarlo en grande. Como sabía que tardaría en volver se dispuso a cenar tranquilamente frente al televisor y relajarse con una cerveza fresquita mientras la esperaba, aunque sabía que lo haría medio dormido en el sofá, aunque eso no le importaba en demasía. Encendió la televisión, abrió su cerveza y comenzó a cenar al mismo tiempo que se ponía una película, distraído pensó que la espera se le haría más corta.

 

Cuando abrió los ojos se dio cuenta de que se había dormido, miró el reloj y eran las dos y media de la mañana, por descontado que la película ya había terminado, se levantó y miró en el dormitorio, su novia no había llegado aún, de modo que volvió a su sofá en el salón y comenzó a jugar con los mandos cambiando de canal una y otra vez en busca de algo que le llamara la atención. Al final decidió dejar el canal local donde estaban hablando de las fiestas de la ciudad, de cómo la juventud se lo pasaba en grande, y de los ya consabidos desfases de algunos con la bebida, y justo en ese punto su mirada se quedó clavada en la pantalla, mientras una reportera hacia una entrevista, o más bien intentaba hacer una entrevista a unas jóvenes que estaban sentadas en la acera apoyadas sobre la pared casi sin poder articular palabra, lo único que podían hacer era reírse sin más, debido a la gran borrachera que llevaban. Al terminar el espectáculo que estaban dando las tres amigas, la reportera se volvió para dirigirse hacia el espectador que en ese momento estuviese viendo la televisión para en un tono sarcástico y graciosillo hacer un chiste de la escena que acababan de ver y seguro que todo el mundo se reiría con ganas pues la verdad es que la escena era graciosa, claro está para todos menos para ciertas personas, como madres de las chiquillas, novios de las mismas, etc., debió ser ese el motivo por lo que ni una solo sonrisa salió de su cara cuando vio a su novia en tal estado de embriaguez en la televisión.

 

Miró la hora del video y se dio cuenta que había puesto el final de la película a grabar y utilizando el canal del video para cambiar de canal lo que acababa de ver había quedado grabado en la cinta de video, rápidamente como acto reflejo lo apagó y miró la hora, eran las tres de la mañana. Cogió el móvil y llamo a su novia para ver cómo estaba e ir a buscarla si lo necesitaba pero no recibió respuesta ninguna, el móvil debía estar apagado o fuera de cobertura. Sin poder hacer nada y un poco preocupado se quedó allí esperando sin poder hacer nada, las horas fueron pasando hasta que la puerta después de cuatro horas se abrió para que su novia hiciera acto de presencia tranquilamente como si nada hubiese pasado.

 

Amor, ¿qué haces ahí en el sofá?, no me digas que me estás esperando aún, tienes que tener el cuello destrozado.

 

¿Cómo estás? Es la única frase que salió de sus labios, era lo único que quería saber.

 

Bien, como quieres que este, un poco cansada después de un noche de fiestas, pero tranquilo nada que una buena cabezadita en la cama no solucione. Pensaba que no resistiríamos tanto, pero bueno ya sabes al final decidimos tomarnos los churros juntas.

 

Entonces te lo has pasado bien, espero que no te hayas desmadrado mucho esta noche (él esperaba una confesión, tampoco pasaba nada porque se hubiese emborrachado, aunque que la viera todo la ciudad en la televisión no iba a ser agrado ni para él ni para sus padres)

 

Anda tonto, que cosas tienes, si sabes que no bebo alcohol, hemos estado bailando y pasándonoslo bien en la feria con la banda que tocaba, hasta que se ha terminado y luego un chocolate y para casa. Venga vamos a dormir.

 

Sabes que no tienes por qué mentirme bombón, no pasa nada por lo que has hecho, aunque no les gustará a tus padres cuando lo vean.

 

Ella se quedó mirando a su chico como no sabiendo a que se refería, aunque sabía perfectamente que lo que acababa de decir era una mentira bastante gorda que no se asemejaba en nada a la realidad de lo que había pasado esa noche con sus amigas. Él la miró y giró la vista hacía el televisor dando al play del video, la imagen de ella apareció en la pantalla, reflejando el estado en el que se encontraba en el momento en el que la estaban intentando entrevistar junto con sus amigas y evidentemente era un intento porque ellas no podían articular palabra alguna. Su cara se puso roja como un tomate de vergüenza, la acababan de pillar in fraganti en una mentira de chiquilla, y no sabía ni donde esconderse, era como si deseara que la tierra se la tragase.

 

En ese estado no creo que hayas dado muchos pasos de baile seguidos, además por las imágenes creo que eso no está ni por asomo cerca de la feria, por lo menos donde la banda toca, y ese estado de embriaguez no es ni mucho menos en el que estás ahora totalmente despejada. Así que… ¿Por qué no lo intentas otra vez y me cuentas lo que ha pasado?

 

Lo que te imaginas cari, que como no bebemos nunca y esta noche lo hemos hecho nos hemos pillado un ciegazo que no veas, supongo que cuando nos grabaron serían las dos de la mañana, porque a las dos y media el hermano de mi amiga nos recogió y nos llevó a casa, he estado allí durmiendo un poco hasta que me he encontrado mejor para volver a casa. En definitiva una noche buena y mala a la vez. Así de simple. Perdona que no te lo contase pero me daba tanta vergüenza… y más ahora después de verme en la tele.

 

Espero que eso no lo repitan mañana, sino tu madre seguro que lo verá y no creo que le guste, aunque ya seas mayor para poder hacer lo que quieras, lo que no entiendo es porque me mentiste, el otro día me montaste un pollo por algo mucho menos.

 

Lo sé y perdona no volverá a pasar, sabes que yo no soy así. Ahora lo único que quiero es darme una ducha e irme a la habitación a dormir un rato, ok? Perdona.

 

Si cariño, date una ducha y luego te vuelves de inmediato para acá, que pienso castigarte, te voy a dar unos azotes para que aprendas.

 

Las miradas de ambos se entrecruzaron. La verdad es que presentía que se lo iba a decir, primero porque se lo merecía por comportarse como una niña al emborracharse así sabiendo que no aguantaría la tasa de alcohol al no estar acostumbrada y luego por intentar encubrir todo lo que pasó.

 

Creo que no necesitas  que te diga por qué ¿verdad, cariño? Emborracharte como una colegiala, mentir para encubrir tu niñería y luego el espectáculo televisivo. Si vivieras en casa estoy seguro de que tu madre no dudaría en quitarse la zapatilla y darte una buena azotaina con ella en el culo y como ya no vives allí y no creo que lo haga, de ahora en adelante cada vez que te portes mal, voy a ser yo el que te la dé. Así que aquí te espero.

 

La chica se dio la vuelta y se dirigió al baño para ducharse, mientras se desnudaba frente al espejo pensaba en lo que le dirían sus padres cuando viese las imágenes, incluso aun no viviendo ya con sus padres, ellos le pedirían explicaciones por ese comportamiento. Se miró frente al espejo justo después de salir bajo el agua de la ducha, contempló su espléndido trasero y el color del mismo, aquel que estaba predestinado desde hacía un rato a cambiar de color en unos pocos minutos después. Se secó, se puso su pijama, salió del baño hacia el salón dónde estaba su novio. Para su sorpresa, en la mesa del salón había además un cepillo de pelo de madera, instrumento que anteriormente no estaba allí puesto, por lo que dedujo que su novio lo había traído y no precisamente para peinarla…

 

Ha llegado el momento cielo, espero que pienses en todo como tú me dices a mí cuando me regañas, mientras te doy lo que te has ganado esta noche a pulso. Bájate el pantalón del pijama y ponte sobre mis rodillas y no quiero verte esquivar ni uno solo de los azotes que te voy a dar, ni que te estés cubriendo con la manita todo el tiempo, o al final me quitaré el cinto y te daré unos buenos latigazos en tu ya maltrecho culo.

 

Pero amor…!! Ya te he dicho que lo siento, anda, perdóname…. Con el hecho de ya haberme visto en video, ya ha sido suficiente castigo, de verdad. Te prometo que esto no va a volver a suceder nunca más. Por fiiiiiiiiiiiiiii.

 

Cada segundo que tardes en obedecer, será peor para ti.

 

Que noooooooo, anda cari, perdóname. Además, es súper tarde ya y me muero de sueño. Prometo compensarte mañana.

 

Muy bien, señorita, que sepas que al castigo que pensaba darte, le aumento 30 azotes más. ¿Vas a seguir perdiendo el tiempo?

 

Mira que sepas que eres un gilipollas, eres muy exagerado. Esto es una estupidez, para todo lo que estás montando a estas horas. Me voy a la cama, buenas noches.

 

 

La chica se dio media vuelta dispuesta irse a su habitación, pero el novio la frenó en seco y la cogió por la muñeca. Se sentó en el sofá y bruscamente la tumbó boca abajo sobre sus rodillas. No pasó ni un solo segundo cuando su trasero comenzó a notar los primeros azotes, eran con la mano los podía notar, rápidos, enérgicos, alternándose entre sus dos nalgas, su novio no hacia ningún comentario. Llevaría como unos veinte azotes y su trasero ya comenzaba a sentirse calentito. En ese momento, de un tirón, le bajó el pantalón del pijama y las braguitas y le empezó a dar unos azotes mucho más fuertes que antes. Le propinó casi cien azotes y el culo ya le ardía a la chica. Al novio también le empezaba a doler ya la mano, así que hizo un pequeño descanso. Ahora comenzaría el turno del cepillo.

 

Cuando el primer azote del cepillo cayó sobre su trasero dio un pequeño alarido, le había dolido, había sentido el picor que le producía pero no tuvo tiempo de pensar cuando sintió el segundo en el lado opuesto al recibido el primero y así fueron cayendo uno tras otro sobre su culo. El color del mismo había cambiado totalmente de aquel que la chica había visto al reflejo del espejo, ahora era de un rojo intenso y no paraba de mover el culo de un lado a otro intentando lo inevitable, escapar una y otra vez a los azotes con el cepillo, que estaban cayendo irremediablemente sobre su trasero, sobre ese trasero tan espléndido que tenía como su novio se lo describía miles de veces cuando se lo veía al cambiarse de ropa. Ella lloraba desconsolada pero el cepillo volvía a caer una y otra vez, el picor que llegó a sentir por todo su culo ahora era acompañado por un ardor constante del mismo, como si saliesen llamas de él y un dolor intenso por la cantidad de ellos ya recibidos. Fueron alrededor de unos sesenta o setenta cepillazos los que se había llevado y esperaba que el cinturón no fuese parte de su castigo, a pesar de haber estado intentando esquivar el cepillo en innumerables ocasiones.

 

El castigo se acabó. Por fin terminaron los azotes y en la misma postura en la que estaban, ella tumbada encima de las rodillas de él, el chico le terminó de quitar las bragas y el pantalón del pijama y le abrió las piernas  y notó como descendía una abundante lubricación proveniente de la vagina de su novia.

 

De repente, el chico tuvo una erección y desde esa postura le metió 3 dedos en la vagina y empezó a penetrarla con los dedos y a acariciarle el clítoris. Ella se estaba empezando a estremecer de placer. Por lo que la levantó de sus rodillas y ambos se besaron y se abrazaron. Uno le empezó a quitar la ropa al otro y se quedaron completamente desnudos y se fueron a la habitación de ambos. La chica se puso de rodillas y le empezó a chupar la polla a su novio. Este se sentó en un puff rojo que había en la habitación y le cogió de la cabeza a la chica para que chupara más profundamente. Con una mano ella le cogía y apretaba los testículos y con la otra mientras se la chupaba a su novio le iba masturbando. El chico se estremecía de placer, ya que los movimientos cada vez eran más rápidos y además mientras su novia se la chupaba, él le acariciaba los pechos. A continuación levantó a su chica del suelo y la llevo hasta la cama dónde le empezó a chuparle el clítoris y a meterle los tres dedos rápidamente en la vagina que para entonces ya estaba muy húmeda y lubricada.

 

Él le dio media vuelta a ella y la puso agachada en el filo de la cama y la empezó a penetrar de pie mientras ella se apoyaba en la cama. Después la tiró contra la cama y la siguió penetrando violentamente desde atrás en la postura del perrito mientras la cogía del pelo, del pecho o le daba algunos azotes para aumentar la intensidad de la penetración.

 

Los dos estaban muy calientes y muy excitados y la chica le dijo que en breve iría a correrse, por lo que él la volteó y en la postura del misionero le estuvo metiendo la polla hasta el fondo hasta que ella suplicó que parara porque tenía que meterse los dedos en el clítoris… iba a correrse. Y así lo hizo, empezó a gritar de placer mientras con las uñas de la mano que le quedaba libre se las hincaba a su hombre en el trasero del orgasmo tan placentero e intenso que estaba teniendo. Tras ver esta escena, fue lo que al novio le faltaba para correrse, por lo que rápidamente sacó la polla mojada de la lubricación de la vagina de su novia y le cogió la cabeza a la chica para que terminara de chupársela… a los pocos segundos se corrió en la boca de su novia. El semen se deslizó por los labios, ojos, garganta, tetas… mientras que la chica después de la corrida de su chico, empezó a lamerle la polla hasta que no quedó semen.

 

Ambos se dieron una ducha juntitos y cuando se secaron ella fue a la cama. Él la siguió con un bote de crema hidratante. Ambos se tumbaron en la cama, la chica bocabajo por supuesto, ya que aún le dolía bastante los azotes que le había dado su novio y este le untó un poco de crema en el culo hasta que ella se quedó dormida por dolor, el cansancio y el placer que había sentido tan intensos. Él la besó, le dijo que la amaba y ella medio dormida le correspondió el beso y también le dijo “te amo”. Él aprovechó para recordarle que a partir de ese momento no dudaría en usar el cepillo en su trasero cada vez que fuera irresponsable o se portara mal.

 

FIN

Sin Prisas

Sin Prisas

Autor: Lucia

 

Un poco tarde. No lo puedo evitar. Sé que no esta bien lo que hago, pero...

Salgo tarde, como cada día, y cuando llego al barrio, me acuerdo de que falta gel de baño o pasta de dientes... Total, solo voy a entrar un momento, sé que están cerrando, pero no tardaré mucho...

 Todas las veces lo mismo. Me paro delante del muestrario de maquillajes y pienso que me iría bien otra barra de labios. Me pruebo una tras otra en el dorso de la mano. Y ahí está, la reina de los catarros, la cajera, paseando a mi alrededor y tosiendo. Como siempre. Yo pensaba irme ya, pero ahora que se joda, que me voy a probar todo lo que se me antoje.

El caso es que no acaban de convencerme estos tonos. Escojo otra marca, pero es una marca de las caras y tienen el muestrario en una vitrina. Normalmente, esta vitrina no está cerrada con llave. Le pido a la señorita rinitis que me la abra y lo hace, con cara de muy malas pulgas. 

-Disculpe... es que, como cerramos a las nueve. Me dice con retintín- ya tenia esto recogido.

-Solo será un momento, no se preocupe- Pero si, ya puede preocuparse, la muy impertinente, porque ahora se va a joder y voy a tardar todo lo que quiera. Después del pintalabios, paso a los esmaltes de uñas,  y le pido que me los pruebe sobre una tira de celofán  porque en el frasco no se ve bien como quedan. 

Estoy guardando la tarjeta de crédito cuando le veo. No se de donde ha salido. Es un hombre de unos cincuenta, no especialmente guapo pero con un aspecto muy interesante. Se acerca a la otra chica, y le habla, con una voz profunda. Con la clase de voz que, cuando la oigo hace que me entren ganas de portarme muy, muy mal.

Cuando al fin, decido ser buena, pagar mis compras e irme. Son las diez menos veinte.

-Ana... ¿que esperas para cerrar la caja?

-Discúlpeme, señor García. Estaba atendiendo a esta señora. 

No se si es la mirada reprobatoria del hombre, o la mirada acusatoria de la chica, pero no puedo evitar tratar de dar la puntilla.

-Señorita... si es tan amable, quisiera llevarme la tira de celofán donde hemos probado los esmaltes, para elegir en casa, sin que usted me meta prisa.

La chica se pone roja de furia. Se contiene como puede, niega que me haya metido prisa, y me dice que la dichosa tira de celofán la ha tirado a la papelera. No suelto la presa, y le digo que entonces, no habrá problema en que, o bien me busque esa tira, o me deje probar los esmaltes de nuevo...

-Tranquila, Ana. Vamos a hacer una cosa. Tú cierras tu caja. Y ahora, dame esa papelera, que vamos a pasar a mi despacho. No quisiera que esta señora se marchase sin lo que parece necesitar tanto. 

Me dice que haga el favor de acompañarle, y el me sigue, con la papelera en la mano. Empiezo a pensar si no he ido demasiado lejos. En realidad yo no quería causarle problemas  a esa boba. Pero no he podido evitar un estremecimiento cuando ha dicho eso de "lo que parezco necesitar tanto."

Me indica que entre en su despacho, y le dice a la cajera algo que no entiendo. Pero me lo explica en cuanto nos quedamos solos.

-¿Cual es su nombre?

-Lucia... escuche, no se moleste, puedo volver otro día...

-Si viene otro día, por favor, tenga en cuenta que cerramos a las nueve. La tengo observada, señora, y no es la primera vez ni la ultima que nos hace salir tarde del trabajo.

Contengo una respuesta airada. Normalmente, no me contendría, pero me está riñendo, y es el tipo de hombre que me encantaría que me riñese a menudo. 

-Le estaba diciendo a Ana que puede marcharse. Porque quería hablar con usted a solas. Francamente, no es fácil encontrar a una persona tan desconsiderada como usted. 

Empiezo una excusa... salgo tarde del trabajo, solo pretendía aprovisionarme de unas cuantas cosas necesarias antes de ir a mi casa. Me mira, con una expresión de burla, y coge mi bolsa.

-Todos artículos de primera necesidad, ya lo veo. ¿No le quedaba nada de gel de baño en casa?

-Pero no con aroma a mandarina-protesto automáticamente.

-Añadimos a su lista de faltas que es usted una caprichosa. Además de desconsiderada, que ya lo hemos aclarado. El resto, son frivolidades por el estilo. 

-De verdad, lo siento, no volveré a causarle estos problemas...

-¿y sus modales?- Al hablar, parece usted una persona educada, correcta. Pero es inadmisible la forma en que ha tratado a la pobre Ana.

-Si, vale. Me disculpare con ella y me iré, y ya está

-Nada de "ya esta". Y no puede disculparse con ella porque se ha marchado. ¿Usted cree que con disculparse lo soluciona todo? Ni hablar, señora.

Titubeando, le vuelvo a pedir disculpas. A estas alturas tengo un revoloteo en el estomago, que ni te cuento. Todo esto se parece a la más interesante de mis fantasías. Me contengo, pensando que es eso, un parecido, que este caballero tan interesante me esta echando una bronca que no se por qué estoy aguantando, pero que no va a   pasar de ahí. Le digo que si hay algo que pueda decir para que me disculpe, lo que sea....

-Se trata, más bien, de algo que yo puedo hacer por usted. 

Le pregunto que es, casi temblando. Temiendo que lo que voy a escuchar sea, precisamente, lo que quiero escuchar. Cierro los ojos, y escucho.

-Mi intención no es otra que ayudarla, señora. Porque es obvio que tiene usted un problema. Su problema, es la falta de amor al prójimo. Se comporta usted como una niñata caprichosa y desconsiderada, y estoy seguro de que es consciente de ello. ¿Es así?

Decido jugármela... Total ¿qué puedo perder?

-Si, señor García. Lo siento. Tiene usted razón, pero es que no puedo evitarlo.

-Yo puedo ayudarle a aprender a evitarlo.

-¿Usted? ¿Como podría ayudarme? (vaya si se como podrías ayudarme, pienso).

-Usted, no es mala, querida. Lo que necesita es que la eduquen. ¿Está de acuerdo?

-Si, señor.

-Debo advertirle que mi idea de educar a una mujer descarriada como usted, es aplicarle unos buenos azotes, para que la falta no se repita. 

Diosssss. No puedo creerme mi suerte. Esto no puede estar pasando, es un sueño. No pienso mucho, antes de decirle que si, antes de admitir que lo mejor será que me aplique el correctivo de inmediato. Se sienta en una silla, y me dirijo hacia él como hipnotizada. Y no es que me deje llevar, es que voy    sola. Apoyo las manos en el suelo, mientras escucho su voz, diciéndome que lo que va a suceder es por mi bien, y espera que aprenda bien la lección. 

Al principio soy buena. Mantengo las manos en el suelo, no trato de cubrirme, y ni siquiera protesto mucho. Y eso que el cabrón sabe azotar, no es la primera vez que lo hace, ni mucho menos. Solo protesto cuando me alza la falda, tras unos minutos. Mi protesta me vale un azote fuerte que me hace quejarme. Pero cuando me baja las braguitas hasta media pierna y empiezo a notar los azotes sobre la piel desnuda, es cuando empiezo a quejarme en serio. Pero algo pasa en mi interior, porque en minutos, paso de las quejas y del pedir por favor que cese el castigo, a gimotear mientras me abandono totalmente a los azotes. Ahora lamento profundamente mi desconsideración y mi impertinencia y hasta haber molestado a la choni de la cajera. Asumo el castigo, mientras él me dice no solo cuanto lo merezco, sino lo beneficioso que va a ser.

-Aunque tengo la sensación de que de momento, se lo esta pasando en grande, señora.

No se lo niego, no tiene sentido. 

Continua, hasta que me oye pedir perdón, débilmente. 

No me atrevo a protestar cuando me lleva al rincón. Me quedo allí, con la falda subida, y las bragas bajadas, y con la seria advertencia de que no se me ocurra moverme. Pero tarda mucho. Y mi intención es buena, porque empiezo meditando y llegando  a la conclusión de que me pasé un poco con esa pobre analfabetilla funcional, pero enseguida me aburro. Por los ruidos que escucho, está apagando luces y preparándose para cerrar del todo. 

Cuando vuelve, no estoy en el rincón, sino ojeando un periódico que he encontrado. He dejado caer descuidadamente la falda. Me mira, y sacude la cabeza de un lado a otro, con gesto pesaroso.

-Ya veo que ni siquiera es usted capaz de permanecer quietecita en el rincón. 

-Lo siento, fue un despiste... 

Hago ademán de volver al rincón, pero me detiene.

-No, querida. Ya, no. Es tarde para eso. Sin duda, es menester una corrección más seria.

Observo como se quita el cinturón y lo dobla por la mitad. Siento pánico, pero al mismo tiempo, me recorre una sensación que... No me resisto, me dejo conducir hacia la silla donde antes se sentó para azotarme, pero esta vez, me apoyo en el respaldo con las manos en el asiento.

Y los azotes comienzan a caer. 

No son muchos. Apenas veinte, aunque no los cuento. A cada azote, suena una frase suya... “que sea la ultima vez", " si vuelve a ocurrir, la azotaré el doble", "menos llorar y mas aprender", etc., etc.

Cuando al fin, termina, hablamos un rato largo. El caso es que salimos muy, muy tarde, y nos despedimos delante del cierre. 

-Y ya sabes, niñata. Si te vuelvo a ver por aquí pasadas las nueve, recibirás más de lo mismo.

Me voy, pensando en que voy a hacer para sentarme a cenar sin que en casa me noten nada raro.

Y pensando también en que la semana próxima podría acercarme a ver unas sombras de ojos. Sin prisas. 

 

Nota del Editor: por razones ajenas a nuestra voluntad los comentarios han quedado mucho más abajo, todo es cuestión de bajar un poco más y dejar tu comentario...

 

 

 



 



 



 



 



 



 



 



 



 



El entrenamiento de jazmín

El entrenamiento de jazmín

Autora: Domme Lili

 

El motor del auto se apagó así como el último rayo de sol en el horizonte.


jazmín {DL} tensionó su cuerpo desnudo sobre el asiento de la moto, mientras escuchaba los pasos de las botas -que adivinó negras- acercándose.

En silencio, Domme tomó la correa de la moto, y atando sus manos en el manillar, le dijo seca:
- Acuéstate en el banco, una pierna para cada lado....

jazmín obedeció, y al terminar nota que casi no puede tocar el césped con las puntas de sus pies.

Siente como dos guantes de cuero grueso, utilizados para manejar la misma moto -lo sabía por la textura que la acariciaba en el momento- la recorrían impunemente, a veces acomodándola mejor, a veces vejándola aún más. Cuando parecía que todo había adquirido una extraña calma...
 
El sonido de la fusta cortó el aire y su inconfundible ardor empezó a distribuirse en toda la extensión de sus nalgas y piernas  como si una orquestra la accionara...

Las gotas gruesas de la tempestad que había amenazado llegar durante la tarde, empezaron a caer sin que ninguno de los dos personajes dejara de mantenerse sumergido en su mundo de sádico placer... Gotas que parecían querer colaborar con la sumisa, refrescándola de su tormento.

jazmín, ya sin poder disimular toda la delicia que esos azotes le propiciaban, empezó a mecerse, al principio casi inconscientemente. Después, todo su cuerpo se movía, tratando de culminar el gozo que se avecinaba. Casi no soportaba más la fusta, ni la lluvia, ni la demora en terminar el castigo. Apenas deseaba que nada la detuviera hasta llegar al clímax y así lo  demostraba en el asiento de cuero que la mantenía, con movimientos de hembra en celo.
 
Domme, dándose por satisfecha cuando el tono rojizo de su sumisa se aproximó al del horizonte, se retiró del lugar, dejando la moto encendida.

 

Un pensamiento cruza fugazmente la cabeza de jazmín: "No dice adónde va, si regresará..."
Los gemidos incontenidos de su placer la alejaron de cualquier análisis. La moto vibraba como queriendo arrancar mientras el cuerpo castigado y ya complacido de jazmín se distendió  completamente.
 
¡Bien que su Dueña le había advertido que su entrenamiento en ese bosque tropical sería muy severo!, recuerda sonriente jazmín.

 

DL

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Cuando mi Señora se fue no pude evitar quedarme esos minutos más sobre la moto y terminar lo que deliciosamente había iniciado, recordando mientras voy montada hacia el clímax, la textura de la piel de los guantes recorriéndome.

 

Cuando terminé, entré a la cabaña, por fin noté la fría lluvia; decidí darme un baño rápido y con solo mandil ponerme a preparar una cena ligera.


Espero que llegue pronto, la necesito junto a mí, necesito saber que mi castigo sirvió para su perdón.

Terminé de cocinar y preparar una linda mesa; luego, junto a su sillón favorito al lado del fuego, me arrodillé a esperar…

 

jazmín{DL}

Tercera edición: Nalgadas de personas más jóvenes a personas mayores

Tercera edición: Nalgadas de personas más jóvenes a personas mayores

Nota del Editor: Ante la cantidad de comentarios (más de 700) que produjo este artículo desde inicio de año, con el consiguiente agotamiento del espacio que Blogia dedica a los mismo, publicamos con mucho gusto nuevamente este magnífico artículo con el fin de que continúe el hilo de charla. Este es el enlace del emplazamiento del primer artículo original:  http://azotes.blogia.com/2006/033102-nalgadas-de-personas-mas-jovenes-a-personas-mayores.php y este es el emplazamiento del segundo artículo: http://azotes.blogia.com/2010/011001-segunda-edicion-nalgadas-de-personas-mas-jovenes-a-personas-mayores.php

Buen verano 2010!(Hemisferio norte y en el Sur que el invierno sea agradable)

Autor: thebestspanker@yahoo.com

Nota del Editor: este relato está basado en hechos verídicos que le ocurrieron al narrador.

Sobre el tema en cuestión, habré de decirles que, desde bastante joven tuve algunas ocasiones de sobar y dar unas cuantas nalgadas a los traseros de respetables damas que me llevaban añitos, algunas varios más, algunas unos cuantos.
   
Recuerdo un incidente en particular, cuando me tocó hacer de enfermero de una muy interesante dama –semi pariente-. Ella era paraguaya y para entonces estaría bordeando los 40, mientras quien esto escribe andaría por los 22 o 23 añares.
  
Resulta que esta casi tía mía, quien estaba pasando una temporada al cuidado de una anciana que vivía muy cerca de la vivienda que entonces moraba con mis padres, andaba bastante resfriada y la cosa se había complicado con una bronquitis que casi no le dejaba respirar.
  
Por conveniencia y también por afinidad, una vez que había atendido a la anciana, ella se venía a compartir las comidas del medio día y de la noche a la casa.
  
Fue en una de esas visitas que salió el comentario de que se sentía verdaderamente mal, pero que tenía que pasar la noche cuidando de la anciana y que, lo peor de todo era que la enfermera que le había colocado la primera inyección -de 3 dosis recetadas-no podría ir ese día.
  
Ni corto ni perezoso, me brindé a colaborarla, puesto que era el flamante poseedor de un certificado que garantizaba mi habilidad de brindar primeros auxilios, que había recientemente logrado mediante un curso que se dictaba en la Cruz Roja.

Viendo a aquella mujer aún joven y bien proporcionada, de cuerpo delgado y caderas gratas a la vista que cruzaba conmigo su mirada sorprendida, pude observar cómo invadía su rostro rápidamente el rubor, propiciado, supongo, por lo extraño de la situación. Es quizás necesario aclarar que estábamos los dos solos, en el comedor de diario, ya que el resto de la familia se encontraba disfrutando de la televisión en la planta alta.

Me preguntó si tenía experiencia colocando inyecciones y le respondí que sí, que había resultado el mejor del curso en aplicarlas vía intramuscular y que, en definitiva, las endovenosas me daban un poco más de trabajo, por lo que tenía cierto temor de aplicarlas.

Me respondió que, por ese lado no habría problema, porque las inyecciones que necesitaba eran intramusculares. Pero, precisamente por eso –me confesó- le daba mucha vergüenza pensar en que yo se las aplicara y concluyó con que era mejor que buscara una farmacia donde pudieran inyectarla. Me pidió pues que más bien la acompañara a buscar una.

Sin embargo, no pudimos encontrar ninguna cerca y ella se sentía muy mal, por lo que me pidió que la acompañara a la casa de la anciana, donde ella vivía temporalmente.

Llegados allá, me invitó a pasar un momento, para invitarme un café y me pidió que la esperara en una amplia sala que poseía la casa de la anciana.

Cuando regresó con el café, me sorprendió al decirme que lo había pensado mejor y de que, dadas las circunstancias aceptaba mi ofrecimiento. Me dijo que ella tenía las ampollas de penicilina y las botellitas de agua mezclada con silocaina. Le repliqué, algo turbado, que requeriría también algodón y alcohol medicinal y me dijo que no habría mayor problema.

Mientras aún saboreaba el café y conversaba, con ella recostada en un extremo del amplio sillón, le pregunté si no sentía que tenía temperatura. Como respuesta, me pidió que fuera a su habitación y que buscara el termómetro que había dejado sobre la mesa de noche, mismo que encontré en aquella ubicación, junto a 4 ampollas y dos jeringas descartables.

Sin pensarlo mucho, cogí una de las botellitas de agua, la partí por el cuello como me habían enseñado en el curso y procedí a llenar una de las jeringas con su contenido, para posteriormente romper el sello de la ampolla que contenía la penicilina benzatínica de 1.200 unidades que le habían recetado y proceder a mezclar el agua con el polvo blanco hasta formar una sustancia viscosa que agité con firmeza hasta verificar que no quedaran grumos. Acto seguido, volví a cargar el contenido en la jeringa, puse el protector en la aguja y fui a buscarla.

De retorno en su habitación, bastante excitado por cierto, y con una erección de los mil demonios que intentaba disimular bajo mi jean, sin poder conseguir ocultar la protuberancia que se había formado como frondosa vena en mi bolsillo frontal derecho y que bajaba por parte de mi pierna, me atreví a decirle que, primero le tomaría la temperatura y que después le aplicaría la inyección, por lo que la invité a recostarse de bruces y soltarse el pantalón. Me preguntó algo extrañada si no le iba a tomar la temperatura primero y le respondí que sí, pero que sería rectal, que era la más precisa. Confundida, me preguntó como se tomaba esa temperatura y le expliqué que debería introducir el termómetro en su ano. Uffffffffffffff!!!!!!! Casi me muero y cómo temblaba mi voz al hacerlo!!!!! Rápidamente, me respondió que no, que era suficiente y que quizás sería mejor que volviera a casa. Le repliqué que ya había preparado la inyección y que si no deseaba que le tomara la temperatura estaba bien. Quizás, ella misma podría hacerlo luego, pero insistí, quizás con un poco de morbo y porque realmente sigo pensando que es la mejor manera de tomarla, que cuando lo hiciera, introdujera el termómetro en su ano.

Con bastante recelo, terminó por aceptar finalmente que la inyectara, no sin repetir su negación varias veces, pero, dado su frágil estado, terminó por ceder finalmente y, mientras soltaba el broche del pantalón se recostó de bruces en su cama.

Me acerqué por detrás y le bajé de un tirón el pantalón hasta media pierna, ocasionando que ella tratara de levantárselo nuevamente. Instintivamente, sin meditarlo, le apliqué un par de nalgadas por hacerlo y le dije que se quedara quieta. Casi de inmediato me disculpé, pero no recibí respuesta alguna y solo vi como fruncía las nalgas y ocultaba la cabeza apretándola contra la cama. Observando esto y más envalentonado, cogí con mis dos manos su calzón (negro de poliéster) por la banda superior, a la altura de las caderas y de un golpe se lo bajé hasta la base de las nalgas, descubriendo a mi vista un par de blanquísimas carnes con una ligera coloración rosada en una de ellas (la izquierda). En ese momento, vi como tensionaba aún más las nalgas y le indiqué que debería relajarse para recibir la inyección, pero sólo recibí su silencio. Paso seguido, busqué la jeringa y recién me percaté que no tenía el algodón y el alcohol, por lo que le pregunté donde los tenía. Sin moverse y con la boca apretada contra la cama, me dijo que buscara en su ropero, mientras permanecía así, expuestas sus nalgas a mi ansiosa vista.

Una vez obtenidos ambos elementos, volví donde ella y procedí a limpiar la superficie donde aplicaría la inyección (escogí la nalga izquierda). Le pedí que pusiera sueltas las nalgas pero como no lo hacía, apliqué la técnica aprendida de dar unas palmaditas hasta lograr que finalmente estuvieran más sueltas (debo decir que fue un gran deleite para mí, puesto que las palmadas consistían en rítmicos y suaves golpes de mis dedos contra esas suaves carnes contenidas por una piel firme, como pude comprobar). Cuando vi conveniente, pellizqué una extensión apropiada de su nalga e introduje la aguja con un suave golpe que al parecer apenas percibió, para luego proceder, previa comprobación de que no había perforado ningún vaso, a introducir suavemente el viscoso líquido. Ella empezó a quejarse por la sensación de dolor (la penicilina benzatínica es una inyección bastante dolorosa), por lo que disminuí la presión en la base superior de la jeringa y me di todo el tiempo del mundo para aplicársela. Cuando terminé, jalé la jeringa y vi como salía un poquito de líquido blanquecino del pequeño hueco que dejó, por lo que presto acudí con el algodón empapado en alcohol para proceder a friccionar ese espacio. Instintivamente, coloqué con descuido mi mano libre sobre la otra nalga y, cayendo en cuenta, también se la acaricié. ¡Vaya que me puse cachondo con ello! Más grato, sin embargo, fue ver que ella me dejaba hacerlo. Cuando concluí este impensado sobeo que se prolongó por unos deliciosos e interminables instantes, casi de manera natural, le aplique unas cuantas nalgadas más y le subí los calzones, indicándole que podía vestirse.

Lentamente, mientras se incorporaba de la cama, giró su rostro hacia mí, aún dándome la espalda y pude observar, además del marcado rubor que inundaba sus mejillas, una amplia sonrisa que contagiaba hasta a su mirada, mientras me agradecía y me pedía que volviera al día siguiente para colocarle la otra inyección y ponderaba mis dotes de enfermero.

Ah! Me olvidaba, sí terminé, aunque no ese día, tomándole la temperatura rectal y puedo confesarles que le coloque muchas inyecciones más, que le di muchas nalgadas (aunque nunca disciplinarias como siempre deseé hacerlo) y que acaricié aquellas carnes a lo largo de todo ese año que permaneció cerca de nosotros.

El resto, me lo guardo en un rinconcito especial de mi memoria.

En La Paz, a 22 días de marzo de 2006