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Relatos de azotes

La víctima y el verdugo

 

Historia con Moraleja

Este relato está basado en una antigua fábula francesa y con todo afecto dedicado a Selene.

Autor:  Amadeo Pellegrini

El sirviente se apresuró, gozoso, a cumplir la orden de conducir a la bella Lisette a la cava de la mansión para aplicarle allí los veinticinco azotes que, como castigo, le impusiera la señora.

Al oír la sentencia la altiva damisela no suplicó, ni aguardó a que el hombre fuera por ella, giró sobre sí misma y abandonó la cámara con la frente erguida y un sonoro repicar de tacones.

El rasgo más prominente de aquella mujercita era, no tanto su notable belleza sino la insoportable arrogancia con que rebajaba y humillaba a quienes la rodeaban, de allí la inocultable alegría con que los circunstantes recibieron la noticia del castigo y presenciaron su retirada.

En la cocina los sorprendidos sirvientes contemplaron a Lisette pasar majestuosamente por delante de ellos con su sempiterna sonrisa en los labios.

Al llegar al umbral de la escalera que conducía al subsuelo, ella rechazó desdeñosa el sostén ofrecido por su acompañante para iniciar el descenso por sus propios medios, recogiéndose las faldas con la mano izquierda, mientras apoyaba la otra en el muro.

El ocasional verdugo colocó encima de un tonel la lámpara que portaba aprestándose a desnudar a la mujer, quien, con recios ademanes y despectivas palabras, lo rechazó comenzando sin más a despojarse de las vestimentas hasta quedar apenas con el justillo, los calzones y las medias.

Como el doméstico mostrara intención de arrebatarle estas últimas prendas, Lisette con total desparpajo se desembarazó de ellas para mantenerse erguida frente a él en completo estado de desnudez.

De inmediato, sin ofrecer resistencia ni demostrar temor alguno, con los puños sólidamente amarrados quedó ella colgada de uno de los ganchos fijados a la viga maestra en espera del castigo...

La soberana entereza de su víctima fastidió al encargado que decidido a prolongarle la agonía  hasta escuchar sus súplicas, con total parsimonia desprendió el grueso látigo y sin darse prisa se ocupó de untar la gruesa lonja de cuero con un trozo de grasa de cerdo, luego probó la flexibilidad de la tralla descargando fuertes golpes en el suelo.

Lisette ni siquiera parpadeó al escuchar a sus espaldas los temibles chasquidos del látigo. Una vez más el hombre quedó burlado por la fiera altivez de la joven. Amoscado entonces tuvo una idea cruel, trocó el instrumento de flagelación por la lámpara y con ella en alto comenzó a examinar detenidamente el cuerpo desnudo de Lisette.

-¡Ah! ¡Mademoiselle qué fea verruga tenéis debajo de vuestro pecho izquierdo! -exclamó burlón, mientras le acercaba la luz al rostro para añadir:

-¡Cáspita Mademoiselle! ¡Nunca hubiera imaginado tantas arrugas en vuestra piel! ¡Con razón os empolváis hasta las cejas... que deberías depilar mejor, desde luego!

A continuación girando a su alrededor exclamó:

-¡Oh! Qué cantidad de desagradables lunares salpican vuestras espaldas, parecen cubiertas por una horda de bichos negros... y qué flácidas caen vuestras nalgas...

Las lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de Lisette, que imposibilitada de resistir más aquel reconocimiento comenzó a sollozar y gritar.

Los cocineros y criados apretujados en la entrada del sótano a la espera de los azotes oyeron sorprendidos clamar a la víctima:

-¡Basta ya!... ¡Basta por Dios, bastardo! ¡Cierra la boca y empuña el látigo de una buena vez!...

Moraleja: Sabed que a veces la lengua provoca mayores dolores que el látigo.

Alazán

 

Autora: Selene

 

Llegué a las cuadras encendida, llena de rabia e impotencia. Había hecho mi trabajo más rápido de lo habitual, para abandonar antes mi oficina y tener tiempo de montar un rato. Pasé por casa a cambiar mi sobrio traje ejecutivo por el pantalón y el jersey de montar y de paso, recoger la fusta que permanecía guardada desde hacía años en el armario. Un armario del que yo había podido salir, pero ella aún no lo había hecho.

Me recibió el mozo de cuadra, con la alegría que siempre siente al verme, mi trato con él distante pero amable, me habían granjeado su amistad incondicional y sabía que contaba con su admiración por mí desde que observó que los caballos mantenían conmigo una relación especial que no tenía con ninguna otra persona. Yo podía caminar por el prado entre ellos y siguiendo un extraño instinto ellos se acercaban a mí para ser acariciados uno a uno. Le hablaba y les mimaba, llamando a cada uno por su nombre... mi caminar era seguido de cerca por el de los caballos, lo que era observado como un espectáculo por alguien que vivían tan cerca de ellos y sin embargo nunca gozó como yo de su total confianza.

Le pedí que me ensillara un macho, uno concreto, un ejemplar alazán de mucho nervio y carácter... a la inglesa. Él sabía que hace tiempo dejé de montar a la inglesa y que solo corría en ejemplares domados a la vaquera. Intentó disuadirme diciéndome que el alazán llevaba mucho tiempo sin que lo montaran y había que darle cuerda antes, pero mi mirada autoritaria le fulminó de una pasada y cogió una silla inglesa para adaptarla al caballo.

Nada más sentir mi peso sobre él, el caballo se encabritó y tuve que sujetarme con fuerza para no terminar en el suelo. Una vez controlado, lo encaminé a la puerta de las cuadras y le pedí al mozo que me alargase mi fusta. De nuevo su mirada preocupada, conociendo de sobras que nunca la llevaba en mis largos paseos y nunca había hecho uso de ella. Una vez en mi mano, miré la fusta despacio y la empuñé de forma elegante, elevando el pulgar y el meñique mientras hacía fuerza con el interior de la mano...

Un spanker la coge de otra forma, nada parecido a cuando se toma para montar... fue el pensamiento que me vino a la cabeza al sentirla así entre mis dedos. Salí al galope, sin paseo previo para acostumbrarnos uno al otro. Levantando polvo en el camino a nuestro paso, utilizando la fusta sobre los cuartos traseros del caballo para instarle a correr más y más... en peligro, me sabía en peligro mientras galopaba contra el viento... las crines del alazán y mi pelo suelto al viento, casi se confundían con la cercanía de mi cabeza a su cuello para no perder el equilibrio a tanta velocidad. Me sentí centauro durante el galope, sin nada más en mi mente que correr cada vez más.

Mis nalgas elevadas sobre la montura, la espalda arqueada hacia dentro... y el control con las piernas. Sientes que dominas lo que tienes entre las piernas... y la fusta, en mi mano, transmitiéndole la única orden que tenía que obedecer. Más rápido, más rápido... El frío era intenso en una mañana otoñal que se levantó con viento norte. Y yo solo quería correr y sentir, dominar... controlar... gritar fuerte y que mi voz y el chasquido de la fusta fuesen uno solo.

A pesar del viento, ambos regresamos sudando por el esfuerzo. Mojadas las crines y mi pelo, los flancos del caballo y mis piernas... sudor y rabia concentrados en dos cuerpos que se habían fundido en el esfuerzo. El caballo llegó tranquilo y yo desahogada... rendida, como recién terminada una sesión donde hubiese sido mi cuerpo y no el del caballo el receptor de los azotes de la fusta. Me dolía todo y era delicioso sentir cada uno de mis músculos, que otras veces permanecían ausentes al no sentir nada en ellos. Ahora todo mi cuerpo estaba presente. Sin embargo, la rabia que me había llevado hasta allí, permanecía conmigo en lo más profundo de mí misma. Al final, tanto esfuerzo y no había conseguido deshacerme de ella.

En la puerta de la cuadra, me esperaba el instructor. Con expresión enfadada. Nada más verme llegar, me arrebató desde abajo las riendas de un tirón y empezó a increparme, a reñirme con evidente enfado como nunca lo había hecho antes.

- Estás loca, eres una incauta, podías haberte matado con esa actitud, ¿a que estabas jugando?. Te has puesto en peligro sin necesidad y has puesto en peligro uno de los mejores caballos... estás loca!!!

- Sí... estoy loca, pero hemos vuelto los dos...

- ¿Y si no hubieras vuelto? ¿y si en vez de pasar sobre el puente hubieras caído bajo él?.

La rabia se acentuaba en su cara y sus gestos mientras me hablaba y miré hacia el puente de madera que había pasado al galope sin tomar conciencia de donde estaba ni por qué lo hacía... el puente... había caído tras de mí al tomarlo de regreso. Con el estruendo del galope y la rabia que me consumía no me había dado ni cuenta... podía haberme matado en el puente...

Tomé de pronto conciencia y solo acerté a pronunciar una serie de disculpas sin sentido... pero él no estaba dispuesto a escucharlas... Bajé del caballo con la mirada baja, pensando en cuanta rabia me había llevado a la cuadra, cuanto dolor arrastraba mi alma antes de trasladarlo a mi cuerpo... y cuan irresponsable había sido con mi actitud absurda e infantil... pero apenas pude pensar más.

Sentí como me cogía del brazo y me metía en el interior de la cuadra mientras le daba las riendas al mozo y le ordenaba llevar a beber al caballo... escuché como cerraba la puerta desde dentro y pasaba el enorme cerrojo por ella... y sentí... como me empujaba sobre una silla vaquera colocada sobre un travesaño dispuesto para sustentar monturas... sentí como doblaba mi cuerpo sobre ella y ponía una mano sobre mi espalda para sujetarme con firmeza... y sentí... la fusta sobre mis nalgas, cubiertas por el pantalón... y su rabia, contenida apenas para ejecutar el castigo sin crudeza... azotándome cada vez con más fuerza hasta que me ordenó bajar el pantalón y mis bragas... y sentí.. que tenía que obedecerle... sin saber aún porque obedecía, pero sabía que tenía que hacerlo... y sentí, su justo castigo por todo lo que acababa de hacer... por haberme puesto en riesgo de esa absurda manera...

En cada nuevo azote que me era dado justamente, iba perdiendo la rabia interior de la que no había podido deshacerme en el galope, la rabia que había crecido en mí, haciéndome rebelde y haciendo que sintiera ese absoluto desprecio frente a la vida que acababa de demostrar con mi actitud infantil e inmadura. Poco a poco, toda esa rabia se iba esfumando bajo sus azotes.

Todo en mí se quedó de pronto vacío para dejarme de esa forma, pacificada y tranquila empezar a llenarme de nuevo, pero esta vez de sensaciones distintas, lejos ya de las que me habían llevado aquella mañana hasta las cuadras.

Y sentí... todo lo que se siente cuando te sabes justamente castigada por alguien a quien de verdad le importas, pues supe en aquel momento de todo el sufrimiento de aquel hombre, que sin decírmelo nunca, hasta ver que podía perderme al llegar al puente...

Heridas sin sanar (II)

 

Autora: Jadhe

Cuando llegaron a  la casa, antes de bajar del auto, le dijo:

-Ya sé que no soy ninguna niña. Pero, me puede... que mi Padre, no esté de acuerdo con esta relación y...

-¿Crees que se oponga?

-Pienso, en lo que el cree... y tal vez se oponga

-Ah! Y tú ¿qué crees? ...Piensas que esto, que hacemos ¿Está mal?

Ella se le quedó viendo a los ojos y este le correspondió, buscando una respuesta a tráves de ellos.

-No me malinterpretes Héctor...

-Ah! ¿No? Y entonces ¿Qué me estas pidiendo? ¿Que asuma el papel del novio colegial ó que siga siendo tu chofer?

-Mi padre es una persona mayor, se lo diré, pero dame tiempo

-¿Tiempo...? ¿Tiempo, para qué? ó por ¿Cuánto tiempo?

-Dame un mes, para preparar el camino... y...

-Dime una cosa... ¿A qué le tienes miedo?

-Pues, a no saber como vaya a reaccionar. Entre nosotros, hay una relación muy estrecha y debo decirte que es una de las piezas más importante en mi rompecabezas mental y sentimental.

-¿Segura, que sólo es por eso?

Viendo hacia fuera de la ventanilla del auto, divagaba su mirada y afirmó con la cabeza, pero preguntándole lo siguiente:

-¿Tienes alguna duda Héctor? Con respecto a eso

-Recuerda que no nos conocemos y no sé cómo piensas la mayoría de las veces.

-Eso lo sé... también por eso lo hago, si yo le digo a mi Padre... de lo nuestro y tú me haces una charada... ¿Cómo puedo enfrentar esta situación? Sin sentirme como una idiota, por confiar en casi un desconocido.

-Bien... no se diga más...

Héctor salió del auto, algo molesto y le abrió la portezuela del copiloto, retomando su posición de chofer:

-Señorita, servida... ¡Que pase buen día!

-Por favor, Héctor... entiéndeme...

-Eso es lo que estoy haciendo... y por el bien de los dos -y viéndola a los ojos, le dijo: Yo tampoco estoy dispuesto a estar con alguien que responde a sus impulsos. No me considero una paleta, para que la pruebe y luego decida que ya no le gusta su sabor. Yo también estaba confiando, en una casi desconocida... (Devolviéndole la pelota).

-Pero, pero... Héctor

-Disculpe, Señorita, si no tiene otra cosa a donde mandarme, me retiro a mi habitación...

Y diciendo esto, se fue caminando a su habitación... y ella se quedó ahí parada; pensando, que no le agradó lo que le dijo. Pero, que al mismo tiempo... era un hombre que tenía una forma de pensar propia y eso le encantó. Al día siguiente, ella salió temprano, sin avisarle a Hectór de esto.

Al despertar este e ir a la cocina a desayunar le preguntó a la sirvienta:

-Paty... ¿Y la Señorita ?

-Salió muy temprano ¿Qué no le avisó a usted que saldría?

Èl, haciendo una mueca de disgusto, mientras tomaba su café y viendo a través de la ventana:

-No, al parecer se le olvido ó... no quiso que la llevara...

Viendo su reacción, la sirvienta la disculpó:

-Seguro que se le olvidó... con lo distraída que es....

-Tu jamás me dirías la verdad... aunque la supieras... ¿Me equivocó?

-¿A que te refieres...?

-Tienes años y felices días de ser su empleada, lo demás lo puedes deducir... Estaré en el sótano, echándole mano a los autos, si es que ella pregunta...

-Bien, se lo diré...

Cuando ella entró a la casa, se fue directo a la cocina y se dirigio a Paty:

-Y ¿Héctor?

-Eso mismo pregunto él, en la mañana, que en dónde estabas.

-Y tú ¿Qué le respondiste?

-Que saliste muy temprano

-¿Por qué lo dices? Ella supuso, ya que jamás le había hecho varias preguntas sobre un empleado

-Mira, niña... yo no nací ayer... tú y él se traen algo... ¿Verdad? Tú sabes que te quiero mucho, como si fueras mi hija... y que tu felicidad... es la mía...

-Y tú sabes de sobra... que eres bien correspondida -y le dió un abrazo fuerte.

Ella le indicó que se encontraba en el sótano; ella no bajó a verlo, se quedó un rato más por ahí; ya que tenía poca destreza en mentir, probablemente se delataría, si él preguntaba algo... Luego ya en su cuarto, se desabrochó el pantalón y bajándose las bragas, casi hasta donde terminan los glúteos, se vio en el espejo; para ver si le había dejado algún recuerdito la noche anterior... cosa que le dió mucha risa y se sobó el trasero, pero en forma acariciante...

Después de comer, le tocó la puerta a Héctor, contestando este:

-¿Quién?

-¿Se puede? -èl se incorporo rápidamente, ya que estaba recostado viendo televisión.

-Claro, pase... -èl puso la barrera del usted entre ellos dos y ella la asumió.

-Disculpe que no le haya avisado antes, ¿Me puede llevar al Centro?

-Si, claro... -ella lo siguió con la mirada y a cada uno de sus movimientos.

-Solo déjeme darme una pequeña mano de gato y saldré... -como ella seguía ahí, sin moverse- ¿Me espera, en el vestíbulo? -y se le quedó viendo a los ojos...

- Sí... seguro... Y cerrando la puerta, tras de sí, le dijo: Allá lo espero...

   En su mente, rondaban muchas preguntas, pero decidió dejarlo por la paz... después de todo y conociéndola poco, tal vez había vuelto a las andadas de niña caprichosa y voluntariosa. Cuando ya estaban en el auto, ella recibió una llamada:

-Si diga... Ella subió el vidrio antirruido, para que no oyera él...

Sacando un cicle de su cigarrera, pensó: Algo esconde, notando su nerviosismo... Ella debes en cuando lo miraba y èl correspondía la mirada, en el espejo retrovisor; ella se ruborizó al percatarse de esto, pues pensó que tal vez se delataba con la mirada. Él al verla ruborizarse, confirmó que en efecto, algo escondía, suponiendo algún romance en puerta... Ella colgó y bajó el vidrio nuevamente. Pensó:

-¡Vaya! Con la niña está... con que secretitos, eh?

Ella se mordisqueaba las uñas, sin atreverse a verle a los ojos. Ella hizo lo que necesitaba hacer en el centro y luego le pidió:

-¿Me puede acompañar a cenar?

-Sus deseos son órdenes...

Ella sonrió y éste le correspondió la sonrisa. Cuando estaban adentro del Restaurante y llevaron los menús, ella le preguntó:

-¿Qué va a cenar?

-Usted, dijo que la acompañará a cenar, no que iba a cenar...

Ella se molestó por el juego de palabras en el que acababa de caer. El sacó su cigarrera, tomó un chicle de esta y depositó la cigarrera en la mesa. Ella se acercó para tomarla y a escasos 2 cm se detuvo...

-¿Puedo?

-Si, claro...

-Que hermosa cigarrera, nunca había visto una igual

-¿La mandó hacer?

-No, es un regalo... de mi padre... -Ella leyó la oración que contenía

-¿Qué es exactamente a lo que se refería? Haciendo una seña, adonde acababa de leer

- En resumen... que toda reacción, obedece a una acción...

¿Por qué un Padre le regala a su hijo... una cigarrera? No es que lo critique... pero...

-Hace bien en no hacerlo. Esa es una larga historia, que no estoy dispuesto a compartir... con alguien como usted

Ella un poco sorprendida por su respuesta, decidió no indagar más.

-Y digame... ¿Como está su padre?

-El murió hace 5 años

-¡Lo siento!... en verdad... ¡Lo siento! ¿Le puedo hacer una última pregunta?

-Escucho...

-Algún día ¿me contará esa historia?

-Tal vez... eso depende...

-¿Depende de qué?

-De usted... por supuesto...

-Por favor ¿podemos dejar los formalismos? ¿me puede tutear?

Pensando que era su turno, le preguntó:

-¿Te puedo hacer una pregunta, Jessica?

-Por supuesto...

-¿A dónde saliste en la mañana? Acercándose a la mesa y buscando el contacto visual...

Ella bajó la vista... pretextando buscar el salero... y haciéndole señas al mesero para que le trajera más café.

-¡Ah! Eso... fui... a... arreglar unos papeles... de... de mi Padre... y...

-Olvídalo, sabes... a eso mismo me refería... cuando dije que no estaba dispuesto a compartir con alguien como Usted. La confianza se gana día a día... la espero en el auto.

Ella se dio cuenta que sería más difícil de lo que creyó, mentirle a ese hombre... y eso le molestó, porque no podría ocultarle nada.

En el trayecto, ninguno de los dos se dirigió la mirada y mucho menos la palabra. Dos seres ausentes e inmersos en sus problemas. Al día siguiente, coincidieron en la cocina, y le comentó que saldrían muy temprano, el día siguiente; que alistará su pasaporte, 4 ó 5 mudas de ropa para zona calurosa y su licencia de manejo. Ella quería aprovechar los últimos días de vacaciones que le quedaban...

Paty, que estaba ahí en ese momento, le comentó que si no era demasiado arriesgado ir con un desconocido a ese viaje:

-No te preocupes, yo sé lo que hago. Además mi Padre lo investigó en su record laboral... y es una persona de fiar.

-Yo me refería... al aspecto sentimental...

-¿Se me nota mucho?

-Algo... no me gustaría que un granuja se aprovechará de usted...

Cuando estaban en el aeropuerto, escucharon:

-Vuelo 308, con destino a Cancún, México... Ella sonriendo, comentó:

-Ese es nuestro vuelo, cuando lleguemos verá que son las playas más hermosas que haya visto, la arena parece sal, de tan blanca que está y el mar tiene un azul tan claro que invita a sumergirse inmediatamente.

-¿Se le olvida que soy de allá?

-Es cierto, lo siento...

Cuando bajaron del avión, ella prendió su celular y vio tres llamadas pérdidas. Una de su padre y otras dos... de ese alguien que esperaba que la llamase; ella le habló a su padre y luego se alejó de Héctor, al hablarle a la otra persona. Como ya era tarde, cuando llegaron, cada quien se retiró a su habitación del hotel y pidió algo de cenar para los dos, pero por separado.

Al día siguiente, ella tocó la puerta; pero este no respondió y como estaba entreabierta, ella entró, al ver la puerta del baño abierta supuso que no estaba ahí. Se disponía a salir, cuando vio el celular en el tocador; ella se acercó y reviso las llamadas recibidas, solo vio un número telefónico que se repetía, al oír ruido, devolvió el celular a su lugar; aprendiéndose el número de memoria. El entró y vio su última acción:

-¡Vaya! Tu no aprendes, dicen que la curiosidad mató al gato, y voy a matar su curiosidad...

Ella se hizo hacia atrás. Mientras se aproximaba hacia ella, la sujeto de la mano y la llevó hasta la cama, tumbándola sobre sus piernas, empezó aporrearla con fuerza y frenesí, mientras le decía:

Plaf! Aaaaay... Plaf! Aaaaay... Plaf! Aaaaay... Plaf! Aaaaay...

-Se acuerda que le dije ¿Que cada reacción obedece a una acción?

-Siiiiiiiiiiiiiiiiiiii....

Plaff! Aaaaay... Plaff! Aaaaay... Plaff! Aaaaay... Plaff! Aaaaay...

-Mi Padre, se refería... exactamente a esto...

Plaff! Aaaaaay... Plaff! Aaaaaay... Plaff! Aaaaaay... Plaff! Aaaaaay...

-Usted, se comporta como una niña malcriada...

Plaff! Aaaaaaay... Plaff! Aaaaaaay... Plaff! Aaaaaaay... Plaff! Aaaaaaay...

-Pues bien... yo la reprendo, como a una niña malcriada

Plaff! Aaaaaaay... Plaff! Aaaaaaay... Plaff! Aaaaaaay... Plaff! Aaaaaaay...

Como él traía solo el traje de baño, tipo boxer, pero pegado a a su piel, al estar sobre sus piernas; ella las admiro con sus ojos y manos, lo fuertes que parecían y que se sentían. Y aunque sus piernas eran velludas, sus vellos eran rizados y muy delgados; pensando que era una sensación agradable y acarició su pierna discretamente.

Ella recargó su cabeza en la pierna, mientras este la golpeaba, acomodando su cabeza hacia a un lado y con su rostro la acarició de nuevo, al percartarse de esta sensación; la levantó y la aventó sobre la cama, levatándole la minifalda vueluda que traía y tomó el cinturón de sus pantalones que estaban en el buró y  solo le dio tres cinturonazos sobre las nalgas. Y luego, se retiro al loby del hotel.

Mientras se limpiaba las lágrimas y se sobaba, ella habló por su celular y le dio el número telefonico a la persona con la que hablaba. Cuando el regresó:

-Lo siento y discúlpeme... tal vez, me excedí un poco...

Ella le contestó:

-Yo lo siento más... -robándose y mirándose el trasero.

-Tienes razón, me lo merecía... Aduciendo que si le decía que no estaba de acuerdo, le preguntaría con respecto al teléfono y se fue a su cuarto, para evitar más plática...

Después de una hora, tocó su puerta y le dijo que lo esperaba en la playa. Ella cambió su atuendo, en vez de un bikini, portaba un traje de baño tipo boxer, que le cubría perfectamente la partes golpeadas. Él le pregunto:

-¿Por qué cambiaste de atuendo? Pues al azotarla, él había visto aquel bikini y viéndolo a los ojos:

-¿Tú por qué crees?

Èl rio de buena gana...

-Ja, ja, ja, ja...

-Si ríase... ríase todo lo que quiera...

Ella se levantó y se sumergió en el agua para nadar un rato, èl traía unos lentes oscuros, con los que pudo admirar aquella mujer que le afectaba sus sentidos, sin que ella lo descubriera. Para ella era un placer estar dentro del mar.... era algo que le encantaba hacer y lo disfrutaba con vehemencia. Después de un rato, lo invitó al agua... él se rehusó y se recostó en la arena...

Pasando media hora más, ella gritó y saltó en un pie dentro del agua; él se incorporó y fue a donde estaba ella... y le preguntó:

-¿Puede caminar? Ella tratando de apoyar el pie, se quejó nuevamente...

Él la cargó en sus brazos y la sacó hasta donde tenían las toallas y la revisó donde ella le señalaba; el no vio sangre por ningún lado y le hizo algunos movimientos muy ligeros, para asegurarse que no tenía algo roto. Ella se quejó levemente y le preguntó:

-¿Puede caminar?

-No creo -tratando de apoyar el pie en la arena.

Él nuevamente la tomo en sus brazos, sin ningún esfuerzo y mientras caminaba, ella pasó su brazo alrededor de su cuello y acarició su cabello, esa sensación de sentir su cabello rizado entre sus dedos... era maravillosa. Subieron hasta su cuarto, por el elevador, le preguntó:

-¿Es necesario hablarle al doctor?

-No creo, sí me duele... pero no es para tanto...

-¿Le pido, un favor? Puede pasarme un refresco del frigobar

Se agachó para tomar el refresco y ella admiro aquel cuerpo; con ojos de deseo, con ojos de admiración... lo recorrió desde la espalda hasta los glúteos algo redondos y carnosos, pero musculosos y allí descansó su mirada; al levantarse y girar, encontró que lo miraba. Ella se agachó y se vio el supuesto pie lastimado; tratando de no evidenciarse. Él le dio el refresco e hicieron contactos sus manos, él se sentó en la orilla de la cama y se acercó para darle un beso; y ella le correspondió, largamente con tal suavidad que más que un beso, parecía una caricia.

    Él la tomo por la cintura, recordando que la última vez que la había tomado de allí, ella se estremeció, encontrando la misma respuesta. Ella se acercó más aún y se volteó para dejarse caer encima, recorriendo con sus manos lentamente y apenas rozando, cada tramo de piel sobre su torso, jugando con sus tetillas con la lengua; él se apoyó en sus manos para quedar inclinado, la tomó por los glúteos, la cargó quedando ella a horcajadas y la depositó en la cama, sin dejar de besarla, quedó encima de ella.

Luego la volteó boca abajo y bajó el traje de baño, hasta quitárselo y quitándose el propio, entonces empezó a subir comenzando a besar sus tobillos lentamente, cuando llego a la zona de los glúteos, besó un poco, jugó un poco con la lengua y luego le dio leves mordiscos y acariciando con sus manos, que hicieron que se encendiera, moviendo su cadera ritmícamente. Luego la volvió a girar besándola por todas partes, llegando hasta su rostro y allí se fundieron en uno solo, hasta quedarse dormidos.

Ella al despertar, vio como el sol se escondía tras el horizonte y no lo encontró a su lado, ella se desencantó un poco, en ese momento volvía del pasillo, con una charola en la mano, con la comida y un florero con una sola rosa, la sacó del florero y se la regaló en la mano. Ella sonrió ampliamente y se le acercó para darle un beso y acurrucarse entre sus brazos.

Continuará...

Heridas sin sanar (I)

Autora: Jadhe

Paseaba de un lado a otro, masticando un chicle, llevaba 45 min. esperando; sacó el próximo chicle de una cigarrera de plata que le había regalado su padre varios años atrás cuando fumaba y que había reemplazado los cigarrillos por chicles, en el que llevaba una leyenda grabada: 

“Es proporcional y en la medida que lo necesita cada ser humano; sea o no, consciente de esto. Tarde o temprano el dolor, le hará consciente de sus actos, encontrado su camino para enmendar su vida”.   

Era un hombre de rasgos algo duros y ligeramente toscos; descifrando una vida que cuando se pasan necesidades y problemas fuertes, se refleja en el rostro. Pero esa tosquedad, le venía bien, pues lejos de parecer agresivo, lo hacía parecer un hombre atractivo; todo en conjunto.

Su estatura, su porte, su cuerpo que a fuerza de correr todos los días por las mañanas, era delgado sin llegar a la flacura; pues era un hombre de hombros anchos y grandes. Sus ojos color miel enmarcados por unas largas pestañas y tupidas, dueño de unos labios coquetos que invitaban a besar, ya que su labio inferior era más grueso, redondo y carnoso, los cuales parecían una herida en su rostro por el color carmesí que destilaban; remataba con una barbilla partida, que así como sus pómulos eran algo prominentes.   

Debajo de su nariz se encontraba un bigote que terminaba en las comisuras de los labios y bien recortado por una mano experta, cabello rizado y castaño. Su tono de piel era indefinido, pues siempre parecía que recién regresaba de tomar el sol en la playa, sus mejillas tenían un tono rosado. Al terminar de masticar el chicle, lo tiro al suelo con brusquedad.   

Portaba un pantalón de vestir oscuro, camisa clara, corbata, chaleco y encima un abrigo color beige que le cubría hasta las rodillas y en la bolsa derecha de este, pendía un guante, pues el otro lo tenía puesto, para manipular la cigarrera que traía jugando en la mano y de su cuello colgaba una bufanda blanca.   

Al empezar a nevar y aunque el paisaje era espectacular, decidió meterse al auto para evitar que los copos nieve lo mojase. Acostumbrado en su trabajo anterior a ir y venir de una construcción a otra, supervisando el trabajo de los albañiles, carpinteros, ayudantes, dando ordenes de lo que seguía, etc.; le molestaba de sobremanera, tener que esperar por un largo tiempo, inmóvil.   

Encendió la calefacción y el estereo, y de la guantera para calmar sus nervios, saco un disco de música instrumental, que previamente había metido ahí; recargo su cabeza e inclino el asiento hacia atrás, para disfrutar de la música; mientras seguía esperando, cerró los ojos para concentrarse en la música. Llevaba así 10 min. Cuando la puerta trasera del auto se abrió y volteando a ver la silueta que se introducía. Se incorporó y volvió el asiento a su posición original.   

No dijo ni buenas noches, ni tampoco pidió perdón por la tardanza, dándole la siguiente orden:

-Dirigite al teatro. ¡Buenas Noches, señorita!   

Tan solo se le quedo viendo y volvió a voltearse, en eso sonó el celular de ella y contestó:

-¡Hola!, ya voy en camino, te espero en la puerta y...

-¿Como que se retraso el avión? No me digas eso...

-Y ahora ¿Con quien voy a ir?

-No, no creo que ninguna de nuestras amistades, se encuentre disponible y... de ser así, no llegaría a tiempo. El espectáculo esta a 30 min. de empezar, con el tiempo justo solo para llegar.

-¿Por qué no me hablaste antes? Y ahora ¿Qué voy hacer?

-Pues a buena hora decidió el capitán revisar la puerta de los pasajeros y encontrarse que no podrían abrirla, para que el pasaje descendiense del avión...   

Héctor pensaba que ella era muy desconsideraba, pues lo tuvo afuera, casi una hora esperándola y con la persona que platicaba, jamás le pregunto si se encontraba bien y luego toda esa altanería y arrogancia de no saludar, ni disculparse... eso lo encendía; pero, no dijo nada. Ella seguía hablando por el celular... 

-Prometiste que estarías a tiempo, sin excusas...

-Claro que no... ¡Cómo crees!

-Ni siquiera lo conozco y además no sé si es guap...   

Ella encendió la luz del auto y le pidió que volteara a verla. El no hizo caso, ya que se encontraba a media carretera, así que le repitió la orden:

-Te estoy hablando y además no me gusta repetir las órdenes.    

El no le hizo caso, ya que estaba orillando el auto, para estacionarse y luego de parar el auto con el freno, volteo y le dijo:

-¿Quiere provocar un accidente? Bien, hágalo, pero no conmigo a bordo...   

Ella se le quedó viendo, con una expresión de sorpresa; pues no podía creer lo que veían sus ojos. Ella se acerco el celular a la oreja y dijo:

-Luego hablamos de esto, personalmente papa... me tengo... que despedir...   

Cerró el celular y lo metió a su bolso, para luego pensar que entre todas sus amistades; no conocía a alguien tan atractivo, ni con su voz, que parecía música para sus oídos, ya que al escucharla antes, no se percató que tenía una voz dulce y melodiosa que acariciaba sus sentidos; pero, a la vez enérgica y grave que se hacía respetar y escuchar. 

-¿Esta claro?... ¿Esta claro?

Este la sacó de sus pensamientos:

-Bien, bien, no tienes que ponerte así... tienes razón, pero, no es para tanto...   

Restándole importancia al incidente, acostumbrada a que hicieran, lo que les ordenaba; pero, esta vez su padre había contratado a un hombre 6 años mayor que ella y con esas características de saberse conducir y hacerse escuchar, cuando tenía la razón. Pues siempre terminaba despidiéndolos, por pretextos absurdos e incoherentes. Que no tenían educación, que eran muy jóvenes, etc., etc.   

Cuando llegaron al lugar, espero hasta que le abriera la puerta del auto y ella estiro la mano para apoyarse en el y salir. Pero, haciéndose el distraído, viendo hacia otro lado, ella salio y el cerro la puerta. Molestándose por no darle la mano, para que saliera. Entonces le dijo:

-Quitate la gorra y acompáñame al...   

Pero este no traía la gorra reglamentaria de chofer que le habían asignado.

-¿Por qué no trae la gorra puesta? -volviendo a su tono de mando-

El se limito a verla a los ojos fijamente, pero no le contesto.

-Bien, olvídelo, es mejor así... solo acompáñame.

Y diciendo esto, se encamino hacia la puerta del teatro.    Pero, este no la siguió ahí se quedo parado con los brazos cruzados, siguiéndola con la mirada en señal de protesta y esperando ver su reacción; ella al no oír pasos algunos que la siguieran, volteo hacia atrás.

-¿Qué esperas?

-¿Me esta invitando o me esta ordenando?, Pues mi trabajo solo consiste en traerla y llevarla a donde lo deseé en el auto y no estar de su acompañante personal.   

Ella tragó saliva y le dijo:

-Bien, ¿Quieres venir conmigo al teatro?

-No escuche... ¿Acaso dijo por favor?-Ella levantó los ojos al cielo, como pidiendo paciencia, tomó aire y lo soltó poco a poco; rascándose discretamente la cabeza.

-Esta bien... tu ganas ¿Puedes venir conmigo y ser mi acompañante? Por favor...

-Eso esta mucho mejor. 

Y al terminar de recorrer la distancia para llegar hasta donde ella se encontraba:

-No creo haberle dicho que podía tutearme, así que le agradecería que se dirija con un Usted, para la próxima.    Entonces le ofreció su brazo, para que ella lo tomará y ella sonrió, mostrando ligeramente sus dientes; dándose cuenta, de que el era un perfecto caballero, por este pequeño detalle, pero significativo. Entonces le entregó los boletos que ella traía para entrar en la mano.

  -Si le preguntan algo, yo contestaré, limitese a asentar con la cabeza ¿Correcto?

-¿Me lo pide ó me lo ordena?  

Y agarrándose las mejillas, en forma de desesperación:

-Por  favor, ¿Puede hacer lo que le pido?   

El asintió con la cabeza y dándole su brazo nuevamente, subieron la escalera, mientras ella sonreía con los labios cerrados, por este detalle. Al llegar al palco que les correspondía, el abrió la puerta y retiro la silla, para que ella se sentase y acercándosele a la oreja, le pregunto:

-¿Dijo Usted, gracias? Acaso...   

Volteándolo a verlo, directo a los ojos, y luego volteo hacia otro lado, torciendo  la boca.

-¡Que amable, es Usted! Muchas gracias... (En tono un poco irónico).

-De nada, era lo menos que podía hacer; dada la categoría y la educación de alguien como Usted; me imagino que a su padre le costo muy cara la educación que le dio (también, en tono irónico).   

De nueva cuenta volteo a verlo a los ojos y hasta que el correspondió la mirada, le hizo una mueca y movió la cabeza en un gesto de desaprobación y de no entender lo que le pasaba aquel hombre, que parecía tan ajeno al resto que había contratado su padre, para su servicio. ¿Quién se creía o quien era? Para hablarle de esa manera, el se sentó a su lado y ella cruzó su pierna derecha y apoyo sus manos sobre su propia pierna.

-Me prestarías un.. ¿Me prestaría, uno de los programas que dieron en la entrada? Por favor...   

El le dio el programa en las manos, pero sin soltarlo, hasta que escucho unas gracias. Con cada uno de sus actos, estaba educando a esa mujer arrogante, altiva y pedante. Se puso a hojear aquel folleto, pero sin leerlo; pues no le dejaba de molestar su manera de dirigirse hacia ella. Ninguno de los empleados que había en la casa, le había tratado de esa forma.   

A mitad de la función, lloró por lo que pasaba en la obra, acompañada  con música de fondo por la orquesta que se encontraba en el lugar; acentuando con esto, las escenas que así lo ameritaban... El que se encontraba pendiente de todo lo que ella hacía; pues, era una mujer que nadie podía dejar verla, por su belleza; le ofreció un pañuelo, para enjugar sus lágrimas y ella sin pensarlo dijo gracias automáticamente.   

Al terminar la obra, ella se levanto y el la secundo, todavía visiblemente emocionada; antes de salir a la calle, le pidió que le diera su abrigo que traía en la mano y ella sin entender para que, se lo dio; entonces le dijo:

-Voltéese

-Mmmmmmmmmh?

-¿No se va poner el abrigo?

-¡Oh, si! Si, si, si... pues esta haciendo mucho frío   

El se puso sus guantes y vio como ella lo observaba, entonces le ofreció los guantes, para que ella se los pusiera, pero desistió la invitación y con gesto de ser muy poca cosa, lo que le ofrecía. Se le adelanto para llegar al auto, el se dio un golpe en la mejilla con la mano abierta, diciéndose a si mismo que era un tarado, ofreciéndole los guantes, sabiendo como era.   

Le abrió la puerta del auto y la cerró, cuando esta entró; subiendo al carro, prendió el auto y antes de arrancar, puso el disco que traía; para tranquilizarse. Ella recostó su cabeza en el asiento trasero y cerró los ojos; pero, posando como si estuviera en una sesión de fotos, para alguna revista; segura de si misma, segura de la belleza que poseía, segura de que alguien la iba a observar...   

Cuido que su cabello, no le estorbase en la cara, cruzó sus piernas, quedando ligeramente su falda hacia arriba, desabotono su abrigo, desmadejo su cuerpo, para verse sensual; coqueteándole, pero sin abrir sus ojos.   

De vez en cuando abrió los ojos en el trayecto solo para comprobar si este la observaba, a traves del espejo retrovisor; pero sin acertar si lo hacía o no, pues el camino era muy oscuro; esto le molesto, pues le gustaba sentirse deseada por unos ojos hermosos, como los que el poseía. Y regreso a sentarse bien.   

Al llegar a la casa, ella abrió la puerta del carro y caminando aprisa, abrió la puerta de la casa, se metió y azotó la puerta. El mascullando su enojo, se decía si mismo, que como era posible que se dejase engañar por esa mujer; pensando que lo iba a tratar con un poco más de respeto, poniéndole ciertos límites.   

Que equivocado estaba y cuan lejos, se encontraba de la verdad; ella por el momento, llegó a su cuarto, se quito las zapatillas aventándolas, se quito el abrigo dejándolo tirado en el suelo, se quito las medias rasgándolas, tropezó con el vestido que traía hasta los tobillos y cayo al suelo, quedando torcida pues el vestido la jalo de los hombros, con los tirantes que poseía el vestido.   

Maldijo su suerte, pues pocos hombres le llamaban la atención, y cuando por fin encontraba al hombre en cuestión, este simplemente la ignoraba; ella lloró, pero no por la caída, sino por el coraje que estaba pasando. Cuando le apetecía, manipulaba a los hombres para que ellos hicieran y actuarán como ella quería; pero, no este...    

Y allí estaba su desgracia, solo le llamaban la atención los hombres que no se dejaban dominar por sus formas, por sus insinuaciones, ni por su belleza. Cuando un hombre caía en sus artimañas, este simplemente le dejaba de interesar. Como si fuera magia, no soportaba un hombre así. Simplemente lo desechaba, como si fuera un pañuelo usado.   

El estaciono el carro dentro del garaje, en donde había 3 carros más de lujo; pensando para si mismo, que esta gente, si sabía para que servía el dinero. Y se metió a la casa por la puerta de servicio, se introdujo a su cuarto y se quito la ropa, para quedar en calzoncillos y ponerse la pijama de franela, se metió a la cama lo más rápido que pudo, apago la luz de su lámpara y se durmió.   

A la mañana siguiente se metió muy temprano a bañarse, aunque prefiriera no hacerlo, pues al quitarse la ropa, sentía una necesidad inmediata de ponérsela, por el frío que hacía; cuando estaba bañándose; pensaba en su pasado, toda una vida trabajando en las construcciones, se arriesgo a invertir en unas hectáreas de tierra, para junto con otros constructores, levantar casas y venderlas.   

Pero, la persona que les vendió, jamás les dijo que los terrenos eran inservibles para tal propósito;  y el terreno estaba registrado ante gobierno, con todas las de la ley, para ese propósito; de acuerdo con los papeles que les entregó el vendedor, cuando estaban negociando. Pero, cuando ya estaban construyendo, llego gobierno y les dijo que no podían construir en ese lugar porque...   

Sus pensamientos fueron interrumpidos por la sirvienta, al tocar la puerta de su habitación, para avisarle que Jessica, iba a salir de compras en 2 horas;  el contesto que se daba por enterado, termino de bañarse y salio para vestirse; escogió una camisa tejida muy finamente y negra, que hacían resaltar el color de sus ojos, como si solo esto poseyera en su rostro; un pantalón azul marino y una chamarra especial para el frío, sin olvidar sus guantes.   

Pero, sus dos horas se convirtieron en tres horas y media y ella simplemente no aparecía en la puerta para abordar el carro; así que decidió meterse a la casa e ir directamente a donde se encontraba ella. Casi al llegar a su recamara encontró a la sirvienta y como vio a este muy decidido a abrir  la puerta; esta le dijo que el no podía entrar allí.   

Así que cuando irrumpió en la habitación Jessica estaba de sobre aviso; ella en tono de que le estuviera faltando al respeto, le pregunto:

-¿Qué si le parecía, que esas eran las formas de entrar a una recámara?

-Y Usted cree ¿Que esas son formas de hacerme esperar tanto tiempo, afuera en el frío? Solo porque soy su empleado...

-No... Pero, para eso le pagan y muy bien

-Usted esta equivocada, su padre me contrato como chofer, no como niñero...

-¿Como niñero, eso es lo que Usted piensa?

-Así es, su comportamiento no obedece al de una mujer de 35 años

-¿Ah, no? Y a Usted ¿Que edad, le parece que tengo?

-Pues se comporta, como cuando mi hija tenía 3 años...   

Ella hizo un gesto de desilusión, pero que el no noto; ya que al decir lo de su hija, salio inmediatamente; se fue a su cuarto se sentó en la cama y se dejó caer hacia atrás y varias lágrimas también. Pero, ella que lo siguió hasta el cuarto de él; abrió la puerta y camino hacia donde estaba el

-¡Ah! No... Ahora el que va escuchar es....   

Ella se quedo paralizada al ver las lágrimas que rodaban por sus mejillas en aquel hombre que parecía de hierro. Este al sentirse vulnerable se levanto, se dirigió a la puerta y dándole la espalda, la invito a que saliera, con un ademán. Ella consternada, no se atrevió a preguntarle nada y simplemente obedeció a salir.   

Cuando estuvo lista, le tocó la puerta y le dijo que lo esperaba en el vestíbulo; el se arregló un poco el cabello y salio. El le abrió la puerta de la casa y enseguida la del auto... cuando el auto se echo a andar, ella le pregunto de forma sutil, cual era el motivo de su llanto, a lo que el respondió, con nada de sutileza:

-Con el debido respeto señorita, eso es cosa que a Usted, no le incumbe...   

Ella bajo la mirada apenada y enseguida volteo a ver el paisaje, pero viendo sin ver, pensaba que algo le dolía aquel hombre y que no era cualquier herida; pero que, como todos los hombres se daban valor para demostrar lo contrario, aunque les carcomiera el alma o hasta la vida misma, su papel de “hombre” podía estar en juego si demostraba algún signo de debilidad y el no iba a ser la excepción.   

Tratando de ser considerada, le pregunto:

-Desea, que dejemos esto para otro día... puedo hacer las compras en otro mom...   

El paro el auto a la orilla de la carretera y volteo a verla:

-Sabe, Usted no sabe cuando parar; ¿Verdad? No sabe respetar el silencio de los demás, callándose...

-Siempre hablando, siempre pensando que Usted tiene la razón...

-Bueno, le voy a decir una cosa, si Usted viviera la mitad de lo que he vivido; tal vez tendría un poco más de respeto por los demás. Pero, dudo que sepa el significado de esa palabra...   

Ella lo miraba azorada, sin pronunciar ni jota, lo escucho; tal vez, porque recordó al verlo en su cuarto llorando y pensó que jamás había visto llorar a un hombre de esa forma; y que por lo mismo, tampoco supo que hacer, lo vio tan frágil, como si fuese un cristal a punto de romperse en mil pedazos.   

Pero, tan solo fue ese momento, ya que ahora parecía el mismo demonio...el interrumpió sus pensamientos, al tomarla de la mano y decirle:

-¿Me esta escuchando?   

Ella abrió los ojos asombrada y le contesto:

-Si, si lo estaba escuchando... solo que me preguntaba si... si...

-¿Había alguna forma de poderle ayudar, sin que se ofenda?   

Entonces el la soltó y se acomodo en su lugar, para enseguida arrancar el auto:

-No lo creo... pero, también se lo agradezco

-En verdad, pienso que deberíamos ir otro día, Usted esta demasiado alterad...

-No se preocupe por mí, yo sé como arreglar mis problemas...   

Ella pensó de nuevo: Y ahí va otra vez, el caballero con armadura de acero, que nada le afecta, nada le hace daño, ¡Vaya, que hombre tan terco! Cuando llegaron al lugar, ella le pidió de la manera más atenta que la acompañase y el accedió; entraron a una cafetería y se tomaron una café, que apenas les cayo por el frío que hacía.   

El no decía nada, pero su mirada estaba extraviada; ella pensó que la estaba esquivando y el pensaba en el incidente de la mañana. Y entonces volvió a recordar que Gobierno, llego; les clausuro el lugar, les dio una multa y todo el material se hecho a perder o se lo robaron, porque no los dejaban ingresar al lugar. Pues el lugar, había sido un basurero municipal y por lo tanto, no podían construir...   

Ella le pregunto, sacándolo nuevamente de sus pensamientos:

-¿Le puedo hacer una pregunta?

-Si no es de carácter personal, por mí esta bien... (Pero, sin voltear a verla).   

Ella se rasco la cabeza e hizo un mohín, molestándose un poco tal vez por haber acertado a su pregunta:

-No sé como decirlo, es de carácter personal; pero no tan personal como Usted cree... ¿Me explico?

-No, no entiendo las ambivalencias

-Digamos... que... la verdad, no sé como preg... mejor le formulo la pregunta y Usted guarda silencio... si no desea contestarla, ¿Le parece?

-No... No me parece, pero la escucho...

-¿Como se llama?   

El volteo a verla a los ojos y rio de buena gana, echándose para atrás, hasta recargar su cabeza en el asiento.

-¡Vaya! Usted, si me sorprende de momento a momento...

-Pensé que no sabía sonreír y mire si hasta sabe carcajearse. ¿Dije algo gracioso?

-Pues pensé, que iba a preguntar algo más complicado, como todas las mujeres...

-Yo no soy todas las mujeres

-Es cierto, Usted y yo no hemos sido presentados correctamente hasta el momento... mi nombre es Héctor Ríos y Usted se llama...

-Jessica Landeta

-Mucho gusto...   

Mientras ella correspondía al saludo, no podía dejar de ver aquellos ojos; que parecían tan sinceros, pero que a la vez guardaban secretos...  y entonces se atrevió a preguntar:

-Y antes de esto, ¿A que se dedicaba?   

El se levanto de la mesa, se dio media vuelta y ella se quedo observándolo, mientras cruzaba el umbral de la puerta. Ella se quedo petrificada, se cruzo de manos, se acaricio a si misma los brazos y finalmente apoyo su cabeza entre estos, hasta caer en la mesa. Cuando pasaron 10 min. Pago la cuenta, se levanto y salio de aquel lugar.   

Mientras ella caminaba sin rumbo, sonó su celular y observando el número hizo una mueca:

-¿Qué quieres? Y entonces se detuvo en un pie y el otro moviéndolo con impaciencia

-Entre tu y yo, ya esta todo dicho...

-No sé, porque sigues insistiendo con lo mismo...    El la observaba no muy lejos de ahí

-Ja, ja, ja, ja, ja... eso sí que es gracioso; ¿Me extrañas?

-Y no me extrañaste, cuando quisiste engañarme con mi mejor amiga… ¿Eh?-Sabes, para mí todavía es muy doloroso... pero ni muerta volvería contigo

-Lo que tú hiciste... no tiene nombre; sabes   

 Ella colgó, cerró los ojos, apoyo las manos en el barandal y con el puño cerrado golpeo este, asomándose una lágrima... cuando Héctor se acerco:

-¿La puedo ayudar en algo?   

Ella abrió los ojos, para mirar los ojos de el:

-No, claro que no puede ayudarme... (Y pensándolo mejor)

-Sabe que... si..., si puede ayudarme. Aviente este celular, hasta la fuente que esta allá... (Indicando hacia abajo y en medio de aquel lugar).

-Y por favor... cómpreme un celular nuevo, en aquella tienda... y cuando regresemos sería mucha molestia pedirle que vaya a arreglar en teléfonos, para cambiar el número telefónico de la casa y que sea privado... por favor...   

El no contesto, pero estiro la mano para recibir el celular y aventarlo al lugar indicado. Cuando cayó este al agua, se hizo pedazos, por la caída. Un policía que vio como caía en el agua, salpicando a las personas que estaban sentadas alrededor de la fuente. Volteo a ver de donde había salido el objeto disparado y Héctor reacciono agachándole la cabeza a ella y este a su vez agachándose, para evitar que mirara sus rostros: 

-¡Hey! Ustedes 2, par de bribones-Mientras ellos corrieron hasta llegar a una tienda de ropa y se escondieron, sin dejar de reírse y cuando la risa se les termino, se vieron fijamente a los ojos. Entonces, el tomo la iniciativa:

-Será mejor que la espere, aquí afuera; si nos ven a los 2 juntos; será más fácil de identificarnos.

-¡Valiente cosa! Y Usted cree, ¿Que nos llevarán arrestados como 2 párvulos a la oficina del Director, para que llamen a nuestros respectivos padres?   

El ya no respondió, solo se limito a salir de ahí y sentarse, en una de las bancas que se encontraban en los pasillos. Ella en realidad, no salio a comprar ropa, sino solo salio a distraerse y a conocer un poco más a ese personaje que la tenía cautivada. Así que vio la ropa, escogió un par de guantes y una gorra que combinaba y pidió otros 3 pares pero de diferentes colores. Para evitar delatarse, al no comprar nada.  

Al llegar a la casa, le dijo que después de la comida, que saldrían y que trataría de estar puntual después de la 5:00 pm; el asentó con la cabeza y se fue a su cuarto,  y se puso a escuchar un poco de música para apaciguar un poco sus demonios,  los cuales eran muchos a ultimas fechas.   

Y mientras escuchaba se le venían las escenas de la última vez que vio a su pequeña, su mujer lo había dejado, cuando se entero que había perdido todo. Como si la tierra se las hubiera tragado, ya llevaba 3 años sin verla. Se sentía impotente, traicionado, aturdido… y con 3 años, dando tumbos, pero atormentado por pensar que jamás volvería a ver a su niña.   

Así pasaron algunas semanas, le dijo a la sirvienta que llamará al chofer; par a ir a hacer algunas compras, pues ese día asistiría a una fiesta en la noche; cumpleaños de una de sus amigas. Saldrían a las 10:00 am, en busca del regalo, el decidió esperarla en el vestíbulo, dentro de la casa, ya que afuera estaba nevando ligeramente.    

Ella bajo por las escaleras como las 11:15 am y le pregunto que ¿Qué hacía ahí? Contestándole:

-¿Le parece justo que espere allí afuera, con el frío que hace y con la impuntualidad que la caracteriza?   

Ella se agacho ligeramente y se ruborizo un poco:

-Bueno es hora de que nos marchemos, el tomó el paraguas y le ofreció su brazo para salir de la casa. Ella volvió a sonreír, un hombre que estaba al tanto de cada detalle.    En el camino, sonó el celular de el y sin pensarlo, se estaciono y salio del auto contestando la llamada, ella lo observaba desde el interior, viendo como se le descomponía el rostro, haciendo muecas de sufrimiento y otras de enojo; en un momento, se acerco al auto y con el puño cerrado le dio un golpe a este. Ella se estremeció, al pensar que su dolor era grande y deduciendo que los dos se encontraban en problemas.   

Entonces colgó y en un arrebato tomo fuerza para aventar el celular, pero se contuvo y lo guardo en su bolsillo; subió a la banqueta y pateo lo que encontró a su paso, un bote de basura, la misma basura que salio de este, el teléfono público, etc.… y cuando se canso, se recargo en la pared y se sentó en cuclillas, cruzando sus brazos encima de sus rodillas y clavando el rostro entre sus brazos.   

Ella que ya había salido del auto, pero sin acercársele, hasta que se calmo; tomo sus brazos en forma acariciante:

-En verdad, siento lo que le esta ocurriendo…   

El rápidamente se incorporo y tomo la postura del hombre de siempre, fuerte e invulnerable. Ella lo vio directo a los ojos

:-Conmigo no se haga el fuerte, no tiene porque fingir; hasta un edificio puede caerse, si tambalean sus cimientos.   

Eso lo hizo reaccionar y sintió una gran admiración por ella, le acaba de demostrar, que aparte de ser una cara bonita, era una mujer inteligente y sensible. Aunque la mayoría del tiempo demostrase lo contrario. Ella le dijo:

-Lo siento si me inmiscuí, donde no me llaman; pero cualquiera que sea su problema tiene solución ¿No cree?   

Él la abrazo brevemente, a ella le sorprendió un poco y reaccionando correspondió al abrazo, aunque breve, porque el se soltó rápidamente. En la noche se preparo para ir a la fiesta, al llegar a esta, le dijo a Héctor que se fuera; que ella le hablaba cuando se fuera a retirar. Pero a los pocos minutos le hablo por tel. y le comentó que había dejado el regalo en el auto, ¿Qué si podía regresar?   

Al bajar el regalo del auto, la curiosidad le hizo leer la pequeña tarjeta que colgaba de este. Leyendo el contenido: “Tu y yo seremos grandes amigas por siempre: Roberto no puede deshacer esta amistad de muchos años. Mi orgullo de mujer estaba dolido de momento, cuando te ofendí; pero, dentro de mí, se que nada tuviste que ver, con lo que te propuso”.   

Una vez más comprobaba, que era una mujer inteligente, aunque momentáneamente se dejaba llevar por sus impulsos y arrebatos; pero, con sentimientos nobles. Cuando la fiesta estaba terminando, ella le hablo para que viniera a recogerla, notando en la voz, que estaba un poco ebria.   

Cuando llego, esta le hizo esperar más de 40 min. todavía, en la intemperie; cuando se abrió la puerta trasera y se introdujo; el pregunto, mientras el auto avanzaba:

-¿Le parece correcto que yo este en la intemperie, esperándola y luego en el estado en que viene?... Siempre tan correcto en su forma de hablar

- Y esooooo a Usted, ¿Que le importaaaa?…

-Ah! Además contestona la señorita…

-Usted dedíquese, para lo que fue contratado… además no se haga el sufrido que estaba adentro del auto…  

El orillo el auto, saliendo de este sin cerrar la puerta y se metió a la parte trasera de este por el lado izquierdo y cerrando la puerta detrás de sí. Ella al darse cuenta:

-Oiga, ¿Qué hace?

-Lo que debí hacer en los primeros días, que la conocí…

-¿Eh?    

Entonces la tomó por la nuca e hizo que cayera sobre sus piernas:

-¿Qué diablos ha…   

Cuando ella sintió como levantaba su abrigo de pieles, para secundar con el vestido, empezó a forcejear y hasta la borrachera se le bajo, la piel se le puso de gallina, al sentir el frío que estaba haciendo. El pudo admirar unas bragas azules de seda con encajes negros y que hacían ver espectacular aquel trasero, ya que al dejar la puerta delantera abierta, la luz quedo prendida del auto.

-No se atreva a….

-¿Qué no me atreva a que? A esto… 

La piel se le puso de gallina un tanto por el frío que hacía y otro por el temor; cuando sonó la primera nalgada: 

Plaf! Aaaayy!

-Idiota…

-Yo puedo ser un idiota en algunas ocasiones, pero a Usted no hay nadie quien le  gane…

Plaf! Aaaayy!

-Es Usted un cretino…

Plaf! Aaaayy!

-Y Usted una niña malcriada…

Plaf! Aaaayy!

-Imbecil suélteme

Plaf! Aaaayy!, Plaf! Aaaayy!, Plaf! Aaaayy!, Plaf! Aaaayy!

Le arremetió con más fuerza

-¿Decía Usted?

-Que es un bruto…

Plaf! Aaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaayy!,

-Eso imagine que iba a decir…

-Suélteme, suélteme… imbécil-

Si yo fuera Usted, me quedaría calladita

Plaf! Aaaaaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaaaayy!, le daba con más fuerza a cada insulto

Plaf! Aaaaaaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaaaaayy!,    

El vio como ese trasero, empezaba a tomar una coloración, a fuerza de los golpes. Ella puso su mano en el trasero, para evitar que la siguiera golpeándola. El tomo su mano y la puso sobre su propia nuca y encima la mano izquierda de el, para sostenérsela y evitar que volviera a taparse el trasero. Empujándola hacia abajo y con esto su trasero quedo más elevado y su cara enterrada sobre el asiento. 

-Tal vez a Usted le agrada esto, si no; no se atrevería a decir tantas leperadas juntas ¿Verdad?

Plaf! Aaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaayy!,

 -Suélteme desgraciado…

-Sabe deberían de lavarle con jabón, esa boquita…

Plaf! Aaaaaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaaaaayy!,    

Entonces prosiguió a bajarle la última frontera, metió sus dedos en la parte superior de las bragas y se dispuso a bajarlas:

-¿Qué hace, idiota?   

Pero, el no perdía ni la calma, ni la compostura. Como si fuese una especie de misión en su vida.

-¡Vaya! Con la muchachita… tan bonita, y con esa boca. Apenas si se puede creer.

Entonces vio sus manos estampadas en el trasero.

-Y Usted piensa ¿Qué así voy a entender? Tarado

Plaf! Aaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaayy!,

-Es Usted un reverendo estúpido

-Siga… siga diciendo palabrotas, y la noche será larga…

-No lo creo, en cuanto lleguemos, será despedido; imbécil

Plaf! Aaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaayy!

-Ja, ja, ja… Usted cree que eso me intimida, lejos de hacerlo me anima más… Así que… ¿Adivine que? Esto apenas va empezando.

Entonces le hizo ligeramente hacia un lado y se desabrochó el cinturón… Y cuando soltó el primer cintarazo, sobre sus posaderas desnudas. Ella se levanto ligeramente apoyándose en la mano izquierda que tenía libre; pero Héctor la tenía bien sujeta y con algo de fuerza, la sometió. Ella ya no pudo contener el llanto, ante su frustración por quitarse de ahí o al menos sobarse, pero ninguna de las 2 cosas consiguió. 

Plaf! Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaayyyyyyyyyyyyyyy!   

Y el frío que hacía, ya no lo sentía; más que en las piernas…

Plaf! Aaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaayy!

-Los primeros golpes que me dio, son una caricia a comparación de esto. Por favor ya no me pegueeeee…

Plaf! Aaaaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaaayy!

-¿Va a seguir tomándose libertades que no le correspondan, sobre otras personas?

-Ya noooooooo, ya noooooooooo…. ¡Suélteme ya!

-Todavía, no ha aprendido lo suficiente…-La agarro con fuerza y tomo vuelo con el cinturón; cuando escucho decir apresuradamente:

-Por favoooor, por favooor…

-Bien, parece que ya esta dando los primeros frutos, los azotes que recibió   

Entonces el la soltó y ella se incorporó, pero volvió a caer sobre sus piernas, al sentir el dolor que le producía estar sentada y grito:

-Auuuuuuuuuuuuggghhh!    

El delicadamente le subió su prenda intima, acariciándole sutilmente el trasero, mientras se la subía; le bajo el vestido, acariciando nuevamente aquel trasero y le dio una palmada ligera, sobre sus glúteos. Ella aulló:

-Aaaaaaaaaaaauuuuuuuuuuuuggggghhh! -Y se sobo muy suavemente el trasero…

-Esto no hubiera pasado, si se comportará como la mujer, que dice ser…    

Le bajo el abrigo, ella se sentó y empezó a golpearlo.

-¡Es Usted un animal… el la tomó por la cintura, apretándola contra sí; para evitar que siguiera golpeándolo, sin sospechar, que esa parte de su cuerpo era demasiado sensible y no pudo más que estremecerse. Al notarlo el, se le quedo viendo fijamente a los ojos.    

Ella se acerco y entreabrió sus labios, inclinando su cabeza hacia un lado, con una mano metió las manos entre sus cabellos y jugando con ellos, la atrajo hasta quedar los labios pegados; dándose un beso profundo pero suave. Ella le dio un leve mordisco en el labio inferior y el con las manos le limpio las pocas lágrimas que quedaron sobre su mejilla.   

Después de eso, la jalo hacia fuera del carro, la tomó por la cintura por debajo del abrigo y cargándola hasta quedar a la misma altura sus ojos y los pies de Jessica despegados del suelo; le dio un giro de 360º y le dijo al oído:

-Sabes, no creí sentir algo así; por nadie más… pero, ni creas que por esto… te salvas de recibir unos azotes, de vez en cuando ¿Entendiste?   

El la palmeo, 2 ó 3 veces, ella se quejó levemente y luego se rio, acurrucándose sobre su pecho; apoyando su cabeza en su hombro. El metió su mano nuevamente entre el cabello, jugando con el y poco a poco la fue bajando, mientras le daba un largo beso. 

Continuará...

 

Memorias de un spankee

Autor: Cars

Hoy,  la noche parece más solitaria que de costumbre. Estas calles antaño recorridas con avidez por encontrarme con su mirada, se me antojan tan desiertas y desoladas como mi propia alma. Miro adelante, a un punto inconcreto entre las sombras de una ciudad ya callada y en calma, como si al hacerlo, en medio de esas sombras pudiera verla de nuevo. ¡Pero no! no es posible ya que está lejos. A una distancia insalvable  para mí, ya que es la que marca el tiempo y no el espacio. Es una distancia emocional más que carnal. Atrás queda lo vivido, el mundo de sensaciones que abrió ante mí. Ese sabor agridulce que tiene la entrega.  

Aun me parece que puedo oler su perfume. Sentir la suavidad de su piel, y sentir los latidos de su corazón. Aquel otoño… ¡Cómo recuerdo aquel aroma a humedad y frescor! Estaba radiante, en medio de una multitud que no podía eclipsar su donaire y su alegría. Nos miramos un instante pero fue como si el tiempo se detuviera para reiniciarse en un mundo distinto. Desde el comienzo marcó con firmeza la senda, y yo una vez me hube perdido en su mirada no pude por más que seguir por ella sin saber que al final ansiaría lo que me imponía como ansiamos el aire para respirar.  

Desde que entré en el local no pude separar los ojos de ella. Una cascada rojiza de pelo ondulante caía por una espalda tersa y morena, se movía al son de una música que no cesaba. Yo me ruboricé cuando nuestras miradas se cruzaron. Ella sonrió y yo baje la vista como haría un colegial sorprendido en alguna travesura. Cuando la miré de nuevo, ella me dedicó una sonrisa. Tras varios minutos de miradas,  se acercó a mí.  

-¿Cómo te llamas? -me preguntó acercándose a mi oído para que la música no ahogara sus palabras. 

No daba crédito a lo que pasaba, por lo que tardé unos segundos en contestar. Ella me miraba a la espera de esa respuesta que yo no era capaz de articular. 

-¿No me has oído, o es que te gusta que te repitan las cosas? 

-¡No, no lo siento! –me apresuré a decir saliendo de ni embobamiento- ¡Discúlpame por favor! Me llamó Andy.

 -Y dime Andy. –hizo una leve pausa para mirarme- ¿Porqué no has parado de mirarme? 

-¡Yo…! –no podía creer lo directa que era aquella desconocida que conseguía turbarme de aquella manera. El suelo pareció temblar a mis pies- No quería molestarte, solo que me pareces muy guapa y…  

-¿Y? 

-¡Lo siento tengo que irme! –me levanté. Mi cuerpo temblaba por el nerviosismo. Y ella parecía disfrutar con ello. .

-¡A mi también me pareces muy interesante! –me dijo reteniéndome levemente del brazo y hablándome al oído- Es una pena que te vayas, pensaba pedirte que me acompañaras al coche, y así podíamos charlar sin tanto ruido.  

No entiendo muy bien lo que sucedió, lo cierto es que en pocos minutos me ví andando por estas calles hoy grises y solitarias con ella. Durante el camino me estuvo recriminando medio en broma medio enserio mi actitud al mirarla tanto y no contestarle al momento. No le di mucha importancia al menos hasta llegar junto al coche. 

-¡Gracias! –me dijo tendiéndome la mano- Ha sido un paseo muy agradable, pero todo llega a su fin. 

-Para mí también lo ha sido.   Le respondí al tiempo que apretaba levemente su mano, y sentía su tacto y su calor. Alcé la mirada reteniendo su mano, y me perdí en aquella mirada coralina. Fue ahí, en ese instante, cuando supe que estaba prisionero de su voluntad.  

-¡Andy! Me gustaría invitarte a mi casa a tomar una copa. –me dijo con seguridad- ¿Te apetece? 

-¡Mucho! 

-No sé, creo que no es buena idea. –eijo separándose bruscamente y abriendo la puerta del coche. 

-¿Por qué no es buena idea? 

-Eres un buen chico. Pero… 

-Te prometo que seré un caballero. 

Ella sonrío, su rostro irradiaba seguridad y alegría. Tras unos segundos, aquella sonrisa se borró y su tono cambio radicalmente. 

-¡Está bien, sube al coche! ¡Ya veremos! 

Durante el camino nos enfrascamos en una conversación de lo más intrascendente. Tras unos minutos llegamos a un chalecito con setos y un portón de hierro, que se abrió al aproximarnos.  El salón estaba decorado con un gusto exquisito. Ella se acercó a una mini cadena y puso un CD de música romántica. 

-Voy a cambiarme –dijo mientras salía del salón- Prepara unas copas. Para mí, un martini con tres hilos y una aceituna.  

Yo me apresuré a servirlas. Cuando regreso yo ya la esperaba con las copas en la mano. Ella se había quitado la ropa y vestía una camiseta que le llegaba a los muslos, y unas zapatillas. No sé porque me fije en ellas, pero lo hice. Ella se acercó y cogió el martini.  

-Ponte cómodo, sácate la chaqueta, o… es que ya te vas. 

-¡Claro! –cuando colgué la chaqueta en el perchero, note que algo pasaba, me giré ella estaba casi sentada en la mesa del comedor mirando su copa. 

-¡Andy! Te dije en el bar que no me gusta repetir las cosas.

-¿Qué? -¡Tres hielos! sonó en mi mente, y yo solo le puse uno. La verdad es que no me pareció tan importante como me lo parecía ahora- ¡Ah! Disculpa, déjame la copa ahora te pongo dos más. 

-¡No importa! Ven. -me dijo mientras se sentaba en la mesa y me extendía los brazos.  

Yo me acerqué y me puse entre sus piernas. Ella me besó ligeramente en los labios.  -¿Qué vamos ha hacer para que me entiendas a la primera? -Nos volvimos a besar 

-Dame tiempo… -le susurré mientras le besaba el cuello.

Sentí su mano en mi espalda, y un segundo después, aquel primer azote sobre los pantalones. Fue lo bastante fuerte como para que llamara mi atención. La miré con una sonrisa en los labios. Ella me besó. Y nuevamente su mano golpeó mi trasero.  

-¡Creo que necesitas un incentivo para que prestes más atención!- Su mano me golpeo varias veces seguidas. Ya comenzaba a sentir un picor que me hizo alejar  de ella. 

-¿Qué haces? –le pregunté frotándome la zona golpeada. 

-Creo que esta bastante claro… –me dijo sin apenas inmutarse.- Necesitas un poco de disciplina. ¿Quieres venir aquí antes de que me enfade?  

-¡Quiero aclarar algo antes de….!             

-¡No hay nada que aclarar! Ven aquí o vete. ¡Ahora! 

Su tono era implacable y no daba lugar a replica. Movido por un extraño impulso, me acerqué. Ella dejó ver una sonrisa, me rodeó con sus brazos, y me habló al oído. 

-¡Me has hecho enfadar!, y ahora tengo que castigarte. Espero que no me enfades más de lo que estoy. 

La miré. Ella me beso fugazmente en los labios, antes de hacer que me inclinara un poco. Su mano acarició mi trasero unos instantes, para comenzar luego a azotarlo con dureza. Su mano caía una y otra vez sobre mis nalgas. Eran azotes enérgicos. Tras unos cinco o diez minutos, permitió que me incorporara un poco, después sus manos hábilmente me desabrocharon los pantalones y me bajaron los slips. Fue en ese momento cuando reparé en lo excitado que estaba pese al dolor que sentía. Ella contempló por unos instantes el color rojizo que comenzaba a tener mi trasero, antes de continuar con la azotaina, pero esta vez sin ropa que se interpusiera entre su mano y mi piel.  

Los azotes se sucedían, mientras ella se dedicaba a aleccionarme sobre mi comportamiento. Una y otra vez su mano golpeaba mis nalgas, y el dolor era tan intenso que por momentos consiguió que las lágrimas afloraran a mis ojos. Tras un tiempo que no soy capaz de precisar se detuvo. Acaricio la zona golpeada, y me abrazó con cierta ternura. Yo la besé. Ella se levantó y tiró de mí conduciéndome hasta el dormitorio. Por el camino dejé los pantalones, manteniendo sólo la camisa. Durante esos minutos ninguno articuló ni una palabra. Nuestros cuerpos latían y se comunicaban sin necesidad de hablar. Ella se sentó en la cama. Y tiró de mí hasta que quedé de rodillas entre sus piernas. Busqué su boca pero rehusó. Yo besé sus manos, sus brazos, sus muslos, ella levantó mi cabeza, y me miró a los ojos. 

-¿Me has pedido permiso para besarme? –me preguntó en un susurro. 

-¡No! 

 -¡Ya! Tendré que explicártelo de una forma que lo entiendas.  

Ella bajó la mano y se descalzo cogiendo una zapatilla, después me indicó que me tumbara sobre su regazo. Pese a mis protestas, me acomodó a su gusto, y comenzó una azotaina larga y pausada. Sin prisas pero sin escatimar fuerzas. La zapatilla golpeaba una y otra vez mis nalgas en medios de sus reproches y sus regaños. Bastaron unos pocos azotes con la zapatilla, para que rompiera a llorar como un colegial. Yo, pese al dolor me entregué a su voluntad, y sentí como aquella paliza pese a doler como dolía también me excitaba sobremanera. Tras una veintena de zapatillazos especialmente fuertes, dio por terminado el castigo. Mi trasero para entonces ardía y dolía horrores. Ella se levantó, y con delicadeza extendió una crema por él. Sus manos recorrieron mi cuerpo y nos amamos como nunca antes lo había hecho. Al terminar nos abrazamos. 

-¿Cómo te llamas? 

-¡Para ti! MI AMA….

 

Fantasías recurrentes (I): Priorato

Autora: Selene

Mi relato de "Priorato" es un homenaje desde el mundo spanko al mundo bdsm de “Historia de O” y para que quede evidencia de ello, menciono la existencia del libro en un momento determinado,, pero también pretende significar que el  spank también necesita su propia "ceremonia de iniciación", no tan elaborada como la del relato, sino íntima entre spanker y spankee, pero también necesaria.Espero que os guste.  

Un coche oscuro, con los cristales ahumados subidos hasta arriba se detuvo justo en la puerta de un extraño Monasterio situado en el corazón de las montañas, en un lugar donde nadie que no lo conociera hubiera podido encontrarlo. Casi oculto entre la maleza, solo una pequeña torre sobresalía del resto del edificio que recubierto de piedra en su exterior, se camuflaba completamente pasando desapercibido.

Bajó del coche con el corazón acelerado, las muchas horas de camino mirando a través de las ventanillas no había contribuido a calmar su ánimo, sino a exacerbarlo aún más. La acompañaban dos “hermanas mayores”, que ya asistían al Monasterio desde hacía algunos años y la custodiaban de forma protocolaria, pues en ningún momento a ella se le pasó por la cabeza la idea de escapar. Ya había escapado demasiadas veces de sí misma y ahora necesitaba encontrarse a través del aislamiento y la soledad a la que iba a verse sometida durante los días previos a su ceremonia de iniciación.

Nada más pisar el estrecho camino que la separaba de la puerta de entrada dos cosas llamaron poderosamente su atención. La primera era el silencio absoluto que reinaba en aquel lugar, roto tan solo por el rumor lejano de un río donde se presentía caer una cascada. La otra, era la sustitución de la habitual simbología cristiana que se hubiera podido esperar en aquel lugar por un extraño símbolo que ya había visto antes colgado por una fina cadena del cuello de las jóvenes que la acompañaban.

Una pequeña cruz de plata cuyas puntas o extremos recordaban los de una fusta se veía cruzada por una S dorada, dispuesta al revés, se hallaba situada sobre los dinteles de todas las puertas que iba atravesando en su recorrido por el Monasterio y ondeaba en el centro de una bandera blanca que colgaba en el pequeño balcón que sobresalía de la torre.

El lugar era cálido en su interior, pero ella temblaba levemente, excitados como estaban todos sus sentidos ante el espectáculo que iba contemplando a su paso. Armaduras medievales que portaban en sus guanteletes finas fustas plateadas, martinett y una larga serie de instrumentos de azote, convivían estáticas con el ir y venir silencioso de las “hermanas” que caminaban descalzas sobre la superficie alfombrada, cubiertas por completo por una túnica gris plata que dejaba adivinar sus pechos y nalgas desnudos bajo el tejido, pues se posaba sobre las formas femeninas con gran suavidad.

Al traspasar la tercera puerta, la hicieron girar a la derecha, donde la esperaban dos “hermanas” más, cubiertas por la capucha de la túnica y que fueron las encargadas de desnudarla, bañarla y perfumarla antes de cubrirla a ella también con una de aquellas túnicas, aunque de color blanco. Llamaba tanto la atención el silencio reinante, que en ningún momento se le ocurrió romperlo con sus propias palabras, aunque nadie le había dado instrucciones para ello, su instinto le decía que debía permanecer callada.

Una vez cubierta, fue conducida a través de los largos pasillos a una celda monástica en la que una sencilla cama, una mesa y su silla y dos libros dispuestos sobre esta eran el único mobiliario. Una nota sobre los libros la invitaba a entregarse a la lectura como única compañía que iba a disfrutar hasta que llegara el momento de su ceremonia. Uno de ellos era un clásico de la literatura erótica “Historia de O”, que ella ya había leído y releído varias veces, por lo que lo apartó y comenzó a leer el otro “Priorato”.

Ella conocía ya las reglas y funcionamiento del Priorato, había sido puesta al día por una de las “hermanas”, la que la visitó en su casa para contarle aquella increíble historia cuando después de luchar contra los instintos y las fantasías que la había perseguido toda su vida, se decidió a poner un tímido anuncio en un periódico local, diciendo “Chica rebelde busca hombre que le enseñe buenos modales” y su número de teléfono. Había escrito más de cincuenta frases para tratar de ilustrar su búsqueda y finalmente fue esa la que insertó en la sección de Contactos.

Dos días después recibió la llamada de una chica joven, de voz suave y sensual que en un tono intrigante le dijo que sabía donde estaba lo que ella buscaba. Quedaron en un lugar céntrico, en una cafetería donde tenían buenas vistas sobre el Tajo y a su encuentro llegó una jovencísima chica, de pelo largo y negro que la miró buscando reconocerla a partir del único dato del que disponían ambas, una flor blanca depositada sobre la mesa.

Lo que oyó a partir de ese momento la dejó helada al principio y excitada después. Un mundo secreto, donde se rendía culto a los azotes, donde las chicas eran iniciadas en una ceremonia tras la que se les imponía “El Signo”, para ser reconocida fuera del Monasterio, donde después de conocer a una serie de hombres interesados que practicaban el misterioso culto podría ser elegida por uno de ellos y tomada como “pupila” y ella podría ratificar la elección si el hombre era de su agrado o seguir disponible si no lo era, donde nada se imponía, sino que se consensuaba y las parejas de “master y pupila” se entregaban por días y noches al placer de los azotes.

No tardó mucho en convencerla para adentrarse en ese mundo desconocido, lleno de misterios y placeres secretos y allí mismo concertaron su recogida dos meses después, tiempo suficiente para que se preparase mentalmente o renunciara a conocer ese mundo paralelo que acababa de abrirse ante sus ojos. En esos meses, recibió en correo sin identificar toda la documentación que debía conocer para adentrarse… y llegado el momento, aquel coche oscuro la recogió en la plaza, tal como habían acordado.

Ahora estaba allí, dedicada dos días a la meditación y a la lectura, nerviosa por la inminencia de la llegada del momento de su ceremonia.

La mañana de “su día” comenzó con un sol deslumbrante entrando por la pequeña ventana de su celda y de nuevo, una cohorte de “hermanas” vino a recogerla y la acompañaron al lugar de culto. Allí, nerviosa y agitada fue situada entre suaves cánticos a la luz de las velas frente a un altar mucho más bajo que los que se situaban en las iglesias. Todas las hermanas llevaban la túnica gris mientras ella llevaba una blanca.

Un hombre, cubierto también por una de aquellas túnicas salió tras las columnas y con la cabeza aún tapada y la voz seca se situó frente a ella y le preguntó:

-¿Vienes porque deseas iniciarte sin haber sido obligada a ello?

 -Sí, vengo por mi voluntad.

-¿Conoces la regla y te comprometes a cumplirla desde que se te imponga El Signo hasta el final de tus días?

-Sí, la conozco y la acepto.

-Entonces, Selene… desnúdate y posa tu cuerpo en el altar.

Y así, es como recibió su nombre justo antes de dejar caer al suelo la túnica inmaculada y tenderse temblando sobre el pequeño altar donde cuatro hermanas la sujetaron con firmeza para ayudarla a resistir la larga sesión de azotes a la que iba a ser sometida como rito iniciático.

Entonces, el “Gran Maestre” descubrió su cabeza y entre los cantos de las hermanas, sintió por fin lo que había sido su sueño durante tantos años, lo que había trastornado su corazón y su cuerpo durante toda su juventud y ahora, se disponía a disfrutarlo serena. Lo primero que sintió fue una rígida mano que fue azotándola con firmeza mientras sentía arder sus nalgas y el calor se extendía al resto de su cuerpo. Cada cierto tiempo, que ella no alcanzaba a calcular, el “Gran Maestre “se detenía y tomaba un instrumento de castigo para ella.

Probó en sus carnes la fusta, el martinet y otra serie de cosas que le eran mostradas antes de ser empleadas sobre su cuerpo. La ceremonia, lenta en su ejecución se prolongó durante más de dos horas, en las que tan solo alcanzó a emitir pequeños quejidos casi imperceptibles. Aguantó lo más quieta que pudo aquella ceremonia que cumplía en una sola sesión todos sus sueños. El leve descanso de los intervalos la ayudaba a recuperarse entre un instrumento y el siguiente y así, disfrutó su ceremonia entre una gran excitación sexual completamente entregada a ella.

Concluida la sesión el “Gran Maestre” le comunicó que pasaría el día en los lugares comunes, completamente desnuda, para que ella y el resto de hermanas pudieran ver constantemente las nalgas enrojecidas por los azotes recibidos y al día siguiente, tendría su túnica gris y “El Signo”.

Un signo que cada vez que se miraba en un espejo, tras una sesión de azotes, para ver el color de sus nalgas se reflejaba en él dejando ver con claridad una vez reflejado, la S que ahora no se veía invertida y de la que, solo las iniciadas conocían el significado. Después, cuando ella comenzó a presentir que sería abandonada en su estado de excitación, el “Gran Maestre” le vendó los ojos y le ordenó ponerse de pie y apoyar las manos en el altar y así, sabiéndose expuesta totalmente a las miradas de todas las chicas, tras permanecer inmóvil unos minutos, sintió la recia mano que la había azotado acariciar su sexo humedecido y escuchó la pregunta que sabía que le iban a formular antes de proceder a lo que ella más esperaba:

-¿Quieres y deseas ser completamente poseída por el Priorato?

- Sí… quiero.

Y así, Selene, sintió como la llevaban a un maravilloso orgasmo culminando entre fuertes gemidos la ceremonia que la hizo merecedora de llevar el resto de su vida “El Signo del Priorato”.

 

Empatía forzada I

 Autora: Jadhe

Cuando despertó en el hospital, tenía varios vendajes en el cuerpo, suero y una enfermera a su lado; cuyo labor en ese momento era tratar de bajarle la temperatura, porque aun inconsciente, su cuerpo se convulsionaba; pero esto no obedecía a nada físico, sino algo en su mente. Ya que su cabeza no dejaba de moverse de un lado a otro y exclamaba sin parar no, no, no, no…  mientras su corazón cambiaba de ritmo cardiaco y acababa empapado de sudor…

Le preguntó a la enfermera que en donde se encontraba y ella le contestó que en el Hospital del Seguro, enseguida pidió a la enfermera ver a sus padres, aun poniendo en orden sus ideas, … el silencio que hizo la enfermera, lo sacó de sus pensamientos y le volvió a preguntar por sus padres, esta vez viéndola a los ojos; para no encontrar respuesta alguna y ver desaparecer a la enfermera rápidamente.

Inquieto, trató de encontrar alguna explicación, pues dado su estado, probablemente había perdido el conocimiento durante semanas y por eso su padres no se encontraban ahí, posiblemente estaban en su casa en ese momento. Cuando vio aparecer al doctor en turno, preguntándole como se sentía, él contestó que bien y nuevamente volvió a preguntar por sus progenitores.

El doctor tratando de evadir la pregunta, le pidió que abriera la boca y le metió el termómetro, para acallarlo; mientras hacía tiempo, tomándole la presión y haciendo anotaciones. Él vio el nerviosismo del doctor… y entonces se sacó el termómetro que lo mantenía mudo, lo agarró del brazo y viéndolo a los ojos fijamente, porque el doctor lo estaba evadiendo con la mirada, el doctor ya no pudo seguir esquivándolo.

-Doctor, por favor contésteme ¿Dónde están mis padres?

-Lo siento muchacho, debes ser fuerte… (haciendo un larga pausa), desgraciadamente murieron en el accidente, hace 2 meses

.–¿Cómo?... se quedó perplejo por un instante.

-Una moto, se incrustó, donde tus padres estaban y desgraciad…

Reaccionando le dijo que eso no era cierto, gritando… entonces empezó a arrancarse las cosas que tenía conectadas a su cuerpo y que le impedían moverse, para luego bajar de la cama, pues aunque el doctor trataba de calmarlo… estaba como loco, y su fuerza parecía descomunal ya que no podía detenerlo. El doctor llamó a varios enfermeros para inyectarle un calmante, ya que debido al shock y lo delicado que se encontraba, podía provocarse un paro cardíaco… 

Dos años después, sentado en la cama mientras veía su reloj, se dio cuenta que ya era bastante tarde y apenas se estaba levantado, pero sin afectarle demasiado, tenía cosas más importantes en que pensar. La vida estaba pesándole demasiado en ese momento, pero se repetía a sí mismo; que pasado el tiempo, todo volvería a la normalidad… aunque no sabía cuándo.

Su vida era un caos, había dejado de dar clases de música y canto, tanto en la escuela Preparatoria, como en la Universidad; perdió su pasión, la música, su amor a dar clases; perdió la casa de la que eran dueños sus padres, en apuestas; perdió  el humor, la alegría, la lucha por la vida diaria y con esto la novia; ni siquiera cuando terminaron, el reaccionó; asumió la cosas, sin rastros de dolor o así lo hizo parecer; es decir había perdido el rumbo.  

La culpa lo consumía, cuando se acostaba en las noches para dormir; veía una y otra vez, la escena en el accidente en que murieron sus padres y a la cual irónicamente sobrevivió (ya que el hubiera cambiado su vida sin pensarlo 2 veces, por la de sus seres queridos).    

Y entones gritaba frenéticamente, golpeando lo que se encontrará a su paso, para luego aferrarse, apretando su almohada hasta quedar en cuclillas, como pidiendo perdón, evocando la imagen de sus padres y allí en su cuarto, empezaba a llorar en silencio, mordiéndose las manos y balanceando su cuerpo hacia delante y hacia atrás, sin dejar de abrazar su almohada. Así permanecía durante mucho, mucho tiempo… hasta que el sueño lo vencía y lo invadía. 

Esa era su vida, sin que algo o alguien pudiera quitarle el dolor que llevaba y que lo quemaba por dentro… lo único que lo mantenía fuera de su cuarto, era un poco de alivio cuando cantaba en el restaurante donde estaba contratado. Contaba con una voz única, lo mismo cantaba un rock, que una balada o música ranchera, su voz era grave pero la hacía como se le antojaba. 

Trabaja solo para sobrevivir, ya que ni siquiera lo llenaba cantar, aunque ya había dejado de beber; siempre cantaba lo que le pedían sus clientes; pero siempre terminaba con la misma canción, ya para irse a su casa, todos los días, en una especie de auto terapia, la canción preferida de sus viejos, como él les decía. 

Jamás había entendido porque a ellos les gustaba tanto esa melodía, pero ahora en el provocaba que los vellos de su piel, se erizaran, tan solo de escuchar la introducción de esta, al escuchar la guitarra, se estremecía: “Un gato en la oscuridad” de Roberto Carlos.

"Cuando era un chiquillo, qué alegría

jugando a la guerra, noche y día

saltando una verja, verte a tí

y así, en tus ojos; algo nuevo, descubrir.

Las rosas decían, que eras mía

y un gato, me hacía compañía

desde que me dejaste, yo no sé, ¿porqué?

la ventana, es más grande sin tu amor.

El gato que está, en nuestro cielo

no va a volver a casa, si no estás

no sabes mi amor, que noche bella

presiento que tu estas en esa estrella.

El gato que está, triste y azul

nunca se olvida, que fuiste mía

más sé que sabrá, de mi sufrir

porque mis ojos, una lágrima hay.

Querida, querida, vida mía

reflejo de luna, que reía…

Cuando terminaba, sus mejillas terminaban mojadas, por las lágrimas vertidas en ellas. Para el resto de la gente, que no sabía de su dolor; pensaba que era parte del show, ya que al final se despedía con un sonrisa y sin quebrársele la voz, les refería algunas palabras de agradecimiento. Todos aplaudían y pedían que regresara a cantar, pero los clientes ya sabían que después de esa melodía, se retiraba

Hasta que una noche, uno de los clientes importantes que tenía el restaurante, se puso de impertinente que obviamente estaba ebrio y le decía que no cantará aquella canción, que no le gustaba; sin hacer caso, a lo que le decía, se dispuso a cantarla y aquel ebrio, fue hasta donde el estaba, arrebatándole el micrófono y poniéndose a hablar que no quería que cantara aquella canción.

Amablemente, le quitó el micrófono, y lo invitó a sentarse, acompañándolo a su lugar; su compañero (Alejandro) que ya lo conocía, aquello le olía a problemas y se acercó para disuadirlo que no cantará la canción, total tenía más noches para seguir cantándola. El no le dijo nada y empezó a cantarla, dándole la espalda a su compañero y al ebrio.

Pero como buen ebrio, este se paro y lo jaló del hombro fuertemente, para decirle que no cantara esa canción tan horrible y sin más le soltó tremendo golpe con el puño cerrado y se armó un zafarrancho. Terminando algunos en el hospital y otros en la cárcel.

Al día siguiente, el dueño le dijo que no quería verlo por allí (aun a su pesar, ya que de verdad, mucha gente venía al restaurante nada más para verlo y oírlo cantar); pues el ebrio en cuestión era gente con mucho poder y había amenazado al dueño, que si no lo corría, le cerraría el restaurante y lo acusaría de algo grave.

Cantaba en otros bares, pero le dijeron lo mismo; busco en otros lugares pero nadie le quería dar trabajo, pues el tipo en cuestión había amenazado a medio mundo, igual que al restaurantero. Se sentía perdido, así que se tomó el fin de semana, para ver que iba a hacer, tal vez emigrar a otro estado, lejos de aquel pesado…

Cuando Alejandro fue a buscarlo a la mitad de la semana siguiente hasta su casa y le dijo que le había conseguido trabajo, se le iluminaron los ojos. Pero este le dijo que no se emocionará tanto, que todavía no le decía en que consistía el trabajo, que no era de cantante. Él se quedó viéndolo con cara de interrogación:

-No es un trabajo difícil, el que vas a desarrollar, pero quiero que lo pienses con calma y que me digas si lo vas a aceptar o no; ya que di mi palabra que la persona que trajera, no se iba a echar para atrás, una vez aceptado el trabajo.

-Así que no me puedes quedar mal Carlos… empeñe mi palabra y tú sabes lo que eso significa para mí.

Él en tono de broma, le dijo:

-Pues a ¿Quién hay que matar?... no me asustes…

-No es lo que tú te imaginas Carlos, mira voy a explicarte en que consiste…

Él le dijo lo que tenía que hacer, aunque omitió varios detalles importantes y relevantes. Le dijo que iba a trabajar cuidando a una joven, que iba a ser una especie de guarura (guardaespaldas) y maestro al mismo tiempo, pero que no debía preocuparse; ya que había otros 3 guaruras al resguardo de esta con la suficiente experiencia y que ya tenían tiempo con la familia, eso lo asustó, lejos de tranquilizarlo, ya que lo puso de sobre aviso, que la joven en cuestión, era hija de alguien que pesaba.

-Pero yo sé que te encantaba dar clases y que sabes manejar a los jóvenes, así que por eso te recomendé.

Así el fin de semana, se la pasó pensando si aceptaba aquel trabajo o no; aquel ebrio, le había quitado momentáneamente, lo único que le gustaba y que sabía hacer bien.

Por otro lado, si quería irse a vivir a otro estado, tenía que tener dinero para el viaje y para los primeros días que estuviera ahí, consiguiendo trabajo, aunque de sobra sabía que no le costaría tanto conseguirlo, debía estar preparado para lo inesperado… y así mataba 2 pájaros de un solo tiro, pues así se evitaba pagar alquiler y los gastos de la comida, ya que iba a vivir allí; según la explicaciones de Alejandro. Así que después de pensarlo detenidamente, vio que en ese momento era su única y mejor opción.

Sus padres iban a salir de urgencia y no podrían llevarla, como casi siempre. Ella contaba con 20 años y estaba a la mitad de su carrera, ya que no sabían cuanto se iban a tardar y por lo peligroso del viaje, quería que su hija estuviera bien protegida. Junto con la servidumbre y su nana de toda la vida.

Su padre había tratado de conseguir a una guarura que supiera como tratar a los jóvenes, que hubiera dado clases, pero simplemente, no había encontrado al personaje en cuestión; por eso cuando le recomendaron a Carlos no lo pensó 2 veces, le bastaba que supiera lo elemental en cuanto a armas y defensa personal, Carlos contaba con esas características.

Finalmente el día que se fueron, la joven fue presentada antes; aunque ella de manera despectiva y altanera, ni siquiera se dignó a darle un saludo y como buena manipuladora que era, decidió tomar las riendas para que supiera quién iba a ser la patrona, durante la ausencia de sus padres. Su padre le dijo a la joven:

-Mira Samantha, él es Carlos Mendoza

-¿Este el nuevo guarura?-Así es cariño

-Mmmmmhhh!, barriéndolo de arriba a abajo-Ya le diste los pormenores de la casa, los horarios, el comedor, etc…

-Así es hija

-Bueno, chao papá, que tengan buen viaje; tengo que irme a la escuela…

Su padre siguió platicando con él y le habló del carácter difícil que tenía su hija y que simplemente no habían podido jamás, corregirla. Físicamente era una joven fuerte, pues practicaba natación, aunque era baja de estatura para su edad, siempre parecía tener 3 años menos; pero, con solo verla, sus gestos, ademanes, su manera de mirar, se podía adivinar su forma de ser.

Cuando los guaruras se enteraron de la contratación de Carlos, les cayó mal; pues no tenía pizca de guarura, tantos tratos especiales para con Carlos; que si tenía un contrato especial, que si tenía un cuarto dentro de la casa y ellos cerca del establo, como el resto de la servidumbre varonil; pues, no se les hacía justo que muchos de sus compañeros, no los hayan contratado por la culpa de este.

Al día siguiente, los otros 3 guaruras (Fernando, Alberto y Guillermo) se pararon muy temprano a las 6:00 am y cuando fueron a la casa por el dichoso Carlos, este aún no se levantaba, ya que el estaba acostumbrado a otros horarios. Fernando tomando las riendas de su jefatura, le dijo a este:

-No estoy dispuesto a que hagas lo que se te venga en gana, así que darás 3 vueltas más que nosotros, en el perímetro de las bardas que rodean la casa.Carlos se mantuvo callado, sin rezongar, para cuando este terminó de dar las vueltas, estos ya habían terminado de desayunar y Fernando ordenó que retiraran el plato de Carlos; así que como en el comedor había un frutero, empezó a comerse una manzana; Samantha lo sorprendió y le dijo.

-Eso que hace, no habla bien de Usted, ya me enteré de lo sucedido… de esta mañana

-Mmmmmhhh!

Entonces le habló a la cocinera:-

Sandra, sírvele al Señor el desayuno… en eso entraba al comedor el jefe de guaruras (Fernando), y alcanzó a escuchar lo que dijo Samantha.

Entonces Carlos decidió darle una cachetada con guante blanco a la joven:

-No gracias, Samantha;  yo sé que fue parte de mi castigo, y como tal lo voy asumir, aunque no esté de acuerdo con él… ya que para este trabajo se requiere energía y que en parte perdí al correr… y se le quedó viendo a los ojos a Fernando.

-Tienes razón Carlos, puedes ir a desayunar, después de que lo hagas te espero en nuestra oficina para detallar nuestras funciones.

En cierta ocasión, cuando regresaban de la escuela, ella le pidió a Fernando:

-Para en cualquier tienda, para comprar algunas chuchearías (término para comprar papas, refrescos, etc…)

-Lo siento señorita, no puedo… es por su seguridad

-¿Cómo que no puedes? No seas necio y haz lo que te digo

-Señorita… en verdad no puedo, créame… (diciéndoselo en forma de súplica)

Entonces Carlos, le sujeto la muñeca y le dijo:

-Ya le dijeron que no se puede, cuando lleguemos a casa… algunos de nosotros irá por lo que pida ¿Entendió?

-Está bien.. y dirigiéndole una mirada, le dijo… pero, ya suélteme…

Fernando que iba en el asiento delantero, en el área del copiloto, volteó a ver a Carlos y se le quedó mirando sorprendido…

Al llegar, ella bajó del auto y aventó la puerta tras de sí… haciendo que a uno de los guaruras, casi le aplastara un pie, al salir esta… al entrar a la casa los guaruras le dijo a Guillermo:

-A ver tú, tráeme unos fritos, un refresco y una paleta y puedes quedarte con el cambio…Cuando este regreso con las cosas, ni siquiera le dio las gracias… Carlos pensaba que iba a ser difícil su tarea; pues realmente la trataban, como si fuese la patrona… ya que ellos tres estaban acostumbrados de cuidar a los padres de Samantha y fue difícil separar, una cosa de otra cuando ellos se fueron.

Las cosas transcurrieron así durante tres meses y ninguno aguantaba ya la situación. Todos se quejaban de las rabietas que hacía la joven. Carlos escuchaba sus quejidos, pero no decía nada… ya que siempre lo hacían a un lado y le hacían cosas pesadas, como esconderle la ropa o cosas por el estilo y empezó a reír en sus adentros, porque sabía que los 3 guaruras, no tenían la menor idea de cómo tratarla.

Un día en una de esas rabietas, le sirvieron de comer algo que a ella no le gustaba y gritando, tiró el plato al suelo y le habló a una de las sirvientas:-

¡Hey, Silvia! Ven a recoger esto… y prepárenme otra cosa…

Carlos, se dijo así mismo, que era su oportunidad, ya que los tres se morían del coraje en la cocina; pero no se atrevían a contradecirla…

-Si no fuera por la paga, ya habría renunciado… dijo Fernando y los otros 2 asintieron…

-Yo sé, cómo arreglar esta situación… Carlos le dijo a Fernando… y detuvo en el camino a Silvia, para que no acudiera al llamado de Samantha.

-¿Así, cómo?

-Solo hay una condición…

-Habla… le dijo Fernando

-Solo déjalo en mis manos, oigan lo que oigan y pase lo que pase, no intervendrán… se quedarán aquí  ¿De acuerdo? Y ninguno de ustedes tendrá que renunciar.

Fernando, no muy convencido, se quedó pensando, luego le estrecho la mano y los otros asintieron con la cabeza, aunque dentro de si… pensaba que no iba a lograr su propósito. Pues los gritos de Samantha, cada vez eran más fuertes:

-Hey… tarada, te dije que vinieras a recoger esto…

Carlos salio de la cocina y llego hasta donde estaba Samantha…-

No te dije que vinieras túuuuuu… ¿Dónde esta Silvia?

-La que va a recoger todo esto… eres túuuu…

- Ja… no me digas, ¿Por qué no dejas de meterte… en lo que no te importa?

-Claro que me importa… ¿Crees que esas son maneras…

-Silviaaaaaaaaa…

-Ella no vendrá, tiene órdenes de no venir… puesto que tú recogerás, lo que tiraste…

-¿Queeeeeee?

-Lo que oíste… este lo decía calmadamente, tratando de no desesperarse, ya que no soportaba las insolencias de aquella mocosa.

-¿Lo recogerás o no? además le debes una disculpa a la sirvienta…

-¡No me digas!

-Bueno… tú te lo búscate…Agarro una silla del comedor, le tomó por la muñeca a Samantha, se sentó y la tumbó sobre sus piernas:

-¿Qué haces tarado? Suéltame…

Plaf! Plaf! Aaaayy!

-Tú no eres nad….Plaf! Plaf! Aaaayy!

-Idiota…

Plaf! Plaf! Plaf! Aaaayy!

-¡Le exijo.. que me suelte!

Plaf! Plaf! Plaf! Aaaayy! Plaf! Aaaaayy!

-No creo, que usted, esté en posición de exigirme

Plaf! Plaf! Plaf! Aaaayy! Plaf! Plaf! Aaaaaayy!Le arremetió con más fuerza…

-¿Decía señorita?

Las lágrimas de Samantha, empezaron a brotar

-¡Suéltemeee, imbéciiiiiiiiil!

Plaf! Aaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaayy!,

-¡Vaya… es usted increíble, aún no se ha dado cuenta… que si continúa en esa forma, estará sobre mis piernas, por un largooooooó ratoooooooo…. Y prosiguió a subirle la falda que traía…

-¿Qué haces?

Plaf! Aaaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaayy!, Plaf! Aaaaaaaaayy! ,

Así el castigo se prolongó más de 10 minutos y los guaruras se asomaban por la ventanilla de la cocina, viendo lo que Carlos hacía, lo que ninguno de los tres se atrevió a hacer y ninguna de ellos daba crédito, pero respetando lo que había dicho Carlos… ninguno intervino.

-Yaaaa paraaaaaa, por favoooooor…

-¿Vas a recoger esto?

-Siiiiiiiiiiiiiiiii… lo haré…

-Bien… cuando termines de limpiar… te espero en la cocina.

Ella empezó a recoger todo y se cortó con el plato roto que estaba en el suelo… ya que en su vida, había tenido que levantar un dedo en casa; Carlos escuchó cuando el plato volvió a caer al suelo:

-Aaaaaayyyyyyy! !!!

-¿Qué te paso? Saliendo de la cocina, para acercarse a ella.

-Me corteeee…

Entonces le pidió de favor a Sandra, que le trajera el botiquín, haciendo presión sobre el dedo, para evitar que siguiera sangrando y fueron al baño para la lavarle la herida. Cuando Sandra trajo lo que le pidió:

-No me vas a poner alcohol, ¿O sí? En la escuela, nos han dicho que no es… Aaaayyyy!!!!

-¿Qué no es necesario que?

-Ya para que te digo… si ya me pusiste alcohol…

-Como quieras… ahora solo falta un par de vendoletes… ya está… ahora solo te falta algo

-¿Me falta algo?-Si… ciertas disculpas

-¡Ah, eso! Pues no lo voy a hacer…

-¿Escuche bien?

-Sí… escuchaste bien, no lo voy a hacer…

-Como quieras

Él la cogió del brazo y la llevó de nuevo a la silla, sobre sus piernas y le levantó la falda nuevamente:

-Puedes golpearme nuevamente, pero no lo haré…

-Eso es lo que tú crees… a ver a quien se cansa primero…Como vio que no iba a ser tarea fácil, sacó su cinturón; pero, Samantha se cubrió con la mano.

-Quita la mano, si no quieres que te golpee encima de ella…Pero ella, no la quitó… retándolo aun más…

-¿Cómo tú prefieras? Te prometo, que lo harás después del primero

Le dió, sin demasiada fuerza, solo para que quitase la mano…

Splash, Aaayyyy! E inmediatamente quito la mano…

Splash, Aaaayyyy! Splash, Aaaayyyy! Splash, Aaaayyyy! Ella pataleaba, para que la soltara.

-¿Vas a pedir disculpas?

-Nooo…

-Bien… esto va a ser más difícil de lo que pensé… pero, no imposible…

Splaash, Aaaaayyyy! Splaash, Aaaaayyyy! Splaash, Aaaaayyyy!

-Noooooooo… entonces resbalando un poco, ella le dio una mordida en la pierna

Él le sujeto la cabeza, la jaló y de nuevo la puso en la posición en la que estaba y le soltó otros cinturonazos.

Splaash, Aaaaayyyy! Splaash, Aaaaayyyy! Splaash, Aaaaayyyy!

-Mocosa del demonio…

Splaash, Aaaaaayyyy! Splaash, Aaaaaayyyy! Splaash, Aaaaaayyyy!

-¿Vas a pedir disculpas, ahoraaaa?

-No lo voy a haceeeeer…

Splaash, Aaaaaaayyyy! Splaash, Aaaaaaayyyy! Splaash, Aaaaaaayyyy!-

Yo no estaría, tan seguro…

Splaash, Aaaaaaaayyyy! Splaash, Aaaaaaaayyyy! Splaash, Aaaaaaaayyyy!

A pesar de que su piel no era blanca, sino trigueña; la marcas que el cinturón hacia sobre su piel, eran visibles…

Splaash, Aaaaaaaayyyy! Splaash, Aaaaaaaayyyy! Splaash, Aaaaaaaayyyy!

-Yaaaaaa, yaaaaaaaa… está bien; pediré disculpaaaaaaas…

-Puedes levantarte. Ella se paró e inmediatamente llevó sus manos, sobre la parte adolorida… y se encaminó a la cocina. El se metió el cinturón en su lugar, mientras ella observaba esta acción.

Sandra, le dijo a Carlos:

-No es necesario, Señor…

-Claro que es necesario, esta jovencita; necesita que la eduquen… ¿Verdad Samantha?

Ella volteó a verlo y asintió con la cabeza, ya que el llanto no le permitía hablar; los otros guaruras, miraban lo dócil que se había puesto…

-Lo siento…

-¿Lo siento qué…?

-Ya le dije que lo siento, ¿Qué más quieres?

-Tú quieres otra tunda ¿Verdad? Y la tomó de la muñeca

Ella abrió los ojos, sorprendida y rápidamente contestó:

-Lo siento… lo siento, Sandra; no volverá a pasar…

-¿Me… puedo retiraaaaaaar? Sin dejar de sobarse

-Está bien… 

Ella se metió a su cuarto… y entonces Fernando, le dijo:

-¿No crees, que fuiste demasiado duro?

-¿Lo crees? Solo le dí… lo que ella pidió; los primeros azotes, no se le hicieron suficiente… para pedir disculpas…

-Pues en eso… tienes razón…

-Y ¿no crees que sus padres, te corran? cuando se enteren…

-No, su padre me dijo que si yo era capaz de cambiar sus actitudes, que me lo agradecería enormemente.

Él sabía que hacía, cuando contrato a un Profesor… por eso lo hizo.

Samantha comprendió, que las cosas no serían iguales a partir de ese momento; a partir de que Carlos se encontrara en ese lugar… 

(Continuará)

Los secretos de Charito (parte final)

Autor: Amadeo Pellegrini 

Al regreso del viaje de bodas la pareja se instaló en la casona familiar. Se los veía muy felices. Y si bien yo mantenía contacto con ellos, poco a poco fui tomando distancia, pues si bien la desdicha ajena acerca a las personas de buena voluntad, la felicidad, egoísta por definición, aleja , en cambio, a los demás de su alrededor.

Eso me ocurría a mi que no soportaba sentirme un extraño en medio de tanta dicha.

Pasaron varios años. Ellos no tenían hijos, pero estaban más unidos que nunca y una y otro seguían mostrándose muy felices.

Nos encontrábamos en fechas emblemáticas como las de Navidad y Año Nuevo. Para los respectivos cumpleaños intercambiábamos saludos y buenos deseos.

De pronto los golpeó la desgracia. Un enorme cerdo se les cruzó en el camino; sorprendido Andrés torció el volante, pero no alcanzó a esquivar al animal, en consecuencia el vehículo dio tres tumbos antes de quedar recostado en la banquina del lado del chofer, que llevó la peor parte: falleció en el acto.

Charito, inconsciente, fue trasladada al sanatorio y tuve que viajar de urgencia.

Cumplí mi deber, me hice cargo de las exequias del desdichado Andrés, contraté el servicio, envié dos enormes coronas una a nombre de la esposa y otra mía personal, tomé también la decisión de encargar una misa de corpore insepulto, antes de proceder a la inhumación.

Creí hacer lo correcto, a pesar que mi primo político era reconocido francmasón, pero a la hora de la muerte la iglesia no repara en esas minucias especialmente si la limosna se abona por anticipado.

Me dediqué después a mi prima que continuaba inconsciente,  pero cuyos  signos vitales resultaban alentadores, tanto que los médicos resolvieron  trasladarla de la sala de terapia intensiva a una habitación privada.

Hasta que ella se repusiera, como familiar más cercano y socio además, -pues continuaba en la sociedad- me correspondía hacerme cargo de sus asuntos de modo que una vez que quedó instalada en la habitación del sanatorio confiada a los cuidados de enfermeras especialmente contratadas por mi para que no se apartaran de su cabecera, me dirigí a la casona de los Deroud, cuyas paredes guardaban tantos secretos. 

Siento el deber de decirlo. A pesar del tiempo transcurrido, aun corroía mi espíritu el misterio de aquella relación tan sui generis de mi prima con Valdivia. Los mismos interrogantes que se habían planteado los curiosos en su momento continuaban desvelándome.

¿En qué momento se conocieron? ¿Cómo se enamoraron? ¿De qué manera lograron ocultar su amor a los ojos del mundo? Preguntas que nunca me había atrevido a formularles, pero cuyas respuestas confiaba encontrar allí adentro.

Animado por ese pensamiento ingresé en la casa. Margarita, la mujer que oficiaba de ama de llaves, cocinera, mucama y asistente de Charito desde sus épocas de soltera había dispuesto para mi uno de los cuartos de huéspedes.

Sin que se lo pidiera, ella misma me entregó las llaves de la casa, de manera que no bien se hubo retirado, inicié mi investigación.

La primera comprobación fue que mis llaves no abrían todas las puertas, quedaba un sector de la casa, concretamente un par de habitaciones, herméticamente cerradas. Allí estaba sin duda aquello que me interesaba.

Recordé entonces que la policía me había entregado los efectos personales del muerto en una bolsa de polietileno. En ese momento, ocupado como estaba entre el sanatorio y la funeraria, no verifiqué el contenido, me limité a guardarla tal como la había recibido.

Fui por ella y allí estaban el reloj, el anillo de bodas, la billetera, otros objetos menudos como monedas sueltas, un alicate para las uñas, la licencia de conductor y lo que más me interesaba: el llavero.

Sólo debía acertar con las llaves que me abrieran las puertas de los misterios de la pareja. 

La tormenta amenazante desde las primeras horas de la jornada descargó de pronto todo su furor sobre la ciudad, relámpagos y truenos se sucedían de manera continuada y poco después una tupida cortina de agua lo envolvió todo.

Entré a la primera habitación. Hasta que hallé el interruptor de la luz, los relámpagos me brindaron una visión fantasmagórica del cuarto de juegos de mi prima. Conservaba allí las muñecas, juguetes, libros y demás objetos que habían formado parte de su niñez y que yo aun tenía presentes.

Cuando encendí la luz eléctrica pude observar en detalle la estancia de paredes de color rosa claro decoradas con motivos infantiles , ventanas blancas con visillos y cortinas de color crema.

Más allá del aspecto inofensivo que ofrecía a primera vista, el conjunto irradiaba algo morboso; cruel y sensual al mismo tiempo, como algunos lienzos victorianos cuyas sombras y medios tonos sugieren un cúmulo de extrañas voluptuosidades.

Flotaba en el ambiente un aroma de santuario idólatra, cual si el lugar estuviera preparado para oficiar esotéricos rituales.

La inspección del guardarropas reforzó esa impresión pues lo hallé atiborrado de prendas infantiles, falditas plisadas, vestidos de organdí, blusitas primorosamente bordadas, tapados, gorritos, guantes, manguitos de piel, disfraces y un sinfín de accesorios, todo a la medida actual de mi prima.

Me trasladé a la habitación contigua, cuyas paredes grises y los oscuros muebles Chippendale, un escritorio, sillas y sillones de alto respaldo tapizados en cuero, ofrecían un severo contraste  con la anterior,

Había allí un muro cubierto  de libros, fotografías, estatuillas y otros adornos menudos, los otros dos tenían cuadros y  el último además de reproducciones, una panoplia con fustas de distintos tipos y tamaños.

En el marco de mayor tamaño, -una aguada-, podía verse un hombre vestido a la usanza campesina calzado de almadreñas y tocado con un gorro de lana terminado en forma de media, azotando con una correa el trasero desnudo de una jovencita retenida por la cintura, mientras otra niña de la misma edad, con las manos unidas y los dedos entrelazados, los contempla angustiada. No llevaba firma, sólo la siguiente leyenda: “A cada uno lo suyo”.

El otro de igual tamaño encuadraba una lámina, reproducción de una estampa grabada en acero. El motivo de la escena, -presumiblemente del siglo XVIII-, el castigo de una doncella atravesada de bruces sobre el regazo de una dama que agita un manojo de varas sobre las expuestas nalgas, en tanto sujeta falda y enaguas por encima de la cintura. En el ángulo inferior derecho, en letras pequeñas, se lee:  “A. Molinier – H.Stahl SC”  y al pie, en el medio impreso en dorado, el título: “Pour l’amener à la Raison”.

Había enmarcadas además otras láminas más pequeñas, entre ellas un grabado de Goya titulado: “Y si ha quebrado el cántaro...” también algunas fotografías, casi todas desnudos de mi prima.

Me concentré en el escritorio cuyos cajones estaban cerrados con llave. Las encontré sin mayores dificultades adentro de una de las ánforas decoradas con motivos griegos.

Todo lo que buscaba estaba allí: varios fajos de cartas, una multitud de fotografías y varias agendas de cuero que resultaron ser los diarios de mi prima. Todo aquello me insumió varios días de lectura matizados con visitas al sanatorio.

Las cartas y los diarios íntimos contenían material para redactar varias novelas eróticas o un denso catálogo de voluptuosidades al por mayor. 

Se habían conocido en la biblioteca, que Valdivia frecuentaba a diario. Ninguno había reparado que Charito cumplía allí por las tardes las funciones de bibliotecaria, en tanto la presencia del “Lechuzón”,  mezclado con los escasos lectores pasaba inadvertida para todo el mundo.

En aquel un ámbito propicio, poco frecuentado, recoleto, donde reina el silencio o se habla poco y en voz muy baja, florecieron sus amores.

Primero se sucedieron los cruces de miradas, después los comentarios de ciertos libros, como “La Cabaña del Tío Tom”  las biografías de algunos santos emblemáticos y las enjundiosas historias de la Inquisición en América de José Toribio Medina, los condujeron a descubrir la recíproca afición por los azotes.

Concientes ambos de las enormes diferencias sociales que los separaban resolvieron mantener sus relaciones al margen de las miradas ajenas.

Comenzaron por intercambiarse cartas diariamente mediante el hábil sistema de meterlas dentro de los libros, de modo que cada vez que Valdivia se acercaba al escritorio a devolver o retirar alguna obra, en el interior iba y venía la correspondencia de uno y de otra.

Jamás me hubiera imaginado la audacia de los amantes, en especial de mi prima, ni los ingeniosos ardides que empleaban para recogerse en secreto a disfrutar ardientes horas de pasión, pues según se desprendía de la lectura de los diarios íntimos  los sentimientos de ambos desembocaron velozmente en irrefrenable pasión.

Por lo general al oscurecer Valdivia pasaba por la biblioteca para colarse subrepticiamente en la parte de atrás del “Chevrolet”  que Don Raúl le había comprado a su hija. Esperaba allí echado en el piso a que Charito dejara sus tareas.

Ella guardaba el automóvil en la cochera con el pasajero escondido que permanecía allí hasta que regresaba por él.

Charito cumplía antes el rol de hija devota: daba de cenar a su padre, lo acompañaba hasta el momento de ir al dormitorio, allí le llevaba el té y permanecía a su lado hasta asegurarse que tomara la pastilla de “Bromural“  que lo sumía en un sueño continuado y profundo.

Recién después, en ropa de cama, -sin nada debajo-, según sus propios dichos, iba en busca del amado para entregarse a los  placeres de Eros en los que las azotainas resultaban indispensables.

Las intimidades del matrimonio se hallaban aun más prolijamente registradas y descritas. Por medio de ellas logré saber que a Charito la fascinaba desempeñar el papel de “nena” para el que disponía del surtido ajuar que había hallado en el guardarropas del cuarto de juegos; en tanto a su cónyuge  le encantaban los roles de maestro severo, tutor irascible, papá estricto que le permitían curvarla sobre sus rodillas para enrojecerle las posaderas…   

Los pronósticos del Neurólogo que hice venir de Buenos Aires, se cumplieron acabadamente: al cabo de unas semanas del accidente Charito recuperó el conocimiento. Yo estaba a su lado cuando abrió los ojos.

Tardó en reconocerme, cuando me ubicó una dolorida sonrisa iluminó su rostro, apreté entonces su mano que sostenía entre las mías y murmuré:

-Todavía me tienes a mi… 

- FIN -