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Relatos de azotes

Tercera edición: Nalgadas de personas más jóvenes a personas mayores

Tercera edición: Nalgadas de personas más jóvenes a personas mayores
Nota del Editor: Ante la cantidad de comentarios (más de 700) que produjo este artículo desde inicio de año, con el consiguiente agotamiento del espacio que Blogia dedica a los mismo, publicamos con mucho gusto nuevamente este magnífico artículo con el fin de que continúe el hilo de charla. Este es el enlace del emplazamiento del primer artículo original:  http://azotes.blogia.com/2006/033102-nalgadas-de-personas-mas-jovenes-a-personas-mayores.php y este es el emplazamiento del segundo artículo: http://azotes.blogia.com/2010/011001-segunda-edicion-nalgadas-de-personas-mas-jovenes-a-personas-mayores.php

Buen verano 2010!(Hemisferio norte y en el Sur que el invierno sea agradable)

Autor: thebestspanker@yahoo.com

Nota del Editor: este relato está basado en hechos verídicos que le ocurrieron al narrador.

Sobre el tema en cuestión, habré de decirles que, desde bastante joven tuve algunas ocasiones de sobar y dar unas cuantas nalgadas a los traseros de respetables damas que me llevaban añitos, algunas varios más, algunas unos cuantos.
   
Recuerdo un incidente en particular, cuando me tocó hacer de enfermero de una muy interesante dama –semi pariente-. Ella era paraguaya y para entonces estaría bordeando los 40, mientras quien esto escribe andaría por los 22 o 23 añares.
  
Resulta que esta casi tía mía, quien estaba pasando una temporada al cuidado de una anciana que vivía muy cerca de la vivienda que entonces moraba con mis padres, andaba bastante resfriada y la cosa se había complicado con una bronquitis que casi no le dejaba respirar.
  
Por conveniencia y también por afinidad, una vez que había atendido a la anciana, ella se venía a compartir las comidas del medio día y de la noche a la casa.
  
Fue en una de esas visitas que salió el comentario de que se sentía verdaderamente mal, pero que tenía que pasar la noche cuidando de la anciana y que, lo peor de todo era que la enfermera que le había colocado la primera inyección -de 3 dosis recetadas-no podría ir ese día.
  
Ni corto ni perezoso, me brindé a colaborarla, puesto que era el flamante poseedor de un certificado que garantizaba mi habilidad de brindar primeros auxilios, que había recientemente logrado mediante un curso que se dictaba en la Cruz Roja.

Viendo a aquella mujer aún joven y bien proporcionada, de cuerpo delgado y caderas gratas a la vista que cruzaba conmigo su mirada sorprendida, pude observar cómo invadía su rostro rápidamente el rubor, propiciado, supongo, por lo extraño de la situación. Es quizás necesario aclarar que estábamos los dos solos, en el comedor de diario, ya que el resto de la familia se encontraba disfrutando de la televisión en la planta alta.

Me preguntó si tenía experiencia colocando inyecciones y le respondí que sí, que había resultado el mejor del curso en aplicarlas vía intramuscular y que, en definitiva, las endovenosas me daban un poco más de trabajo, por lo que tenía cierto temor de aplicarlas.

Me respondió que, por ese lado no habría problema, porque las inyecciones que necesitaba eran intramusculares. Pero, precisamente por eso –me confesó- le daba mucha vergüenza pensar en que yo se las aplicara y concluyó con que era mejor que buscara una farmacia donde pudieran inyectarla. Me pidió pues que más bien la acompañara a buscar una.

Sin embargo, no pudimos encontrar ninguna cerca y ella se sentía muy mal, por lo que me pidió que la acompañara a la casa de la anciana, donde ella vivía temporalmente.

Llegados allá, me invitó a pasar un momento, para invitarme un café y me pidió que la esperara en una amplia sala que poseía la casa de la anciana.

Cuando regresó con el café, me sorprendió al decirme que lo había pensado mejor y de que, dadas las circunstancias aceptaba mi ofrecimiento. Me dijo que ella tenía las ampollas de penicilina y las botellitas de agua mezclada con silocaina. Le repliqué, algo turbado, que requeriría también algodón y alcohol medicinal y me dijo que no habría mayor problema.

Mientras aún saboreaba el café y conversaba, con ella recostada en un extremo del amplio sillón, le pregunté si no sentía que tenía temperatura. Como respuesta, me pidió que fuera a su habitación y que buscara el termómetro que había dejado sobre la mesa de noche, mismo que encontré en aquella ubicación, junto a 4 ampollas y dos jeringas descartables.

Sin pensarlo mucho, cogí una de las botellitas de agua, la partí por el cuello como me habían enseñado en el curso y procedí a llenar una de las jeringas con su contenido, para posteriormente romper el sello de la ampolla que contenía la penicilina benzatínica de 1.200 unidades que le habían recetado y proceder a mezclar el agua con el polvo blanco hasta formar una sustancia viscosa que agité con firmeza hasta verificar que no quedaran grumos. Acto seguido, volví a cargar el contenido en la jeringa, puse el protector en la aguja y fui a buscarla.

De retorno en su habitación, bastante excitado por cierto, y con una erección de los mil demonios que intentaba disimular bajo mi jean, sin poder conseguir ocultar la protuberancia que se había formado como frondosa vena en mi bolsillo frontal derecho y que bajaba por parte de mi pierna, me atreví a decirle que, primero le tomaría la temperatura y que después le aplicaría la inyección, por lo que la invité a recostarse de bruces y soltarse el pantalón. Me preguntó algo extrañada si no le iba a tomar la temperatura primero y le respondí que sí, pero que sería rectal, que era la más precisa. Confundida, me preguntó como se tomaba esa temperatura y le expliqué que debería introducir el termómetro en su ano. Uffffffffffffff!!!!!!! Casi me muero y cómo temblaba mi voz al hacerlo!!!!! Rápidamente, me respondió que no, que era suficiente y que quizás sería mejor que volviera a casa. Le repliqué que ya había preparado la inyección y que si no deseaba que le tomara la temperatura estaba bien. Quizás, ella misma podría hacerlo luego, pero insistí, quizás con un poco de morbo y porque realmente sigo pensando que es la mejor manera de tomarla, que cuando lo hiciera, introdujera el termómetro en su ano.

Con bastante recelo, terminó por aceptar finalmente que la inyectara, no sin repetir su negación varias veces, pero, dado su frágil estado, terminó por ceder finalmente y, mientras soltaba el broche del pantalón se recostó de bruces en su cama.

Me acerqué por detrás y le bajé de un tirón el pantalón hasta media pierna, ocasionando que ella tratara de levantárselo nuevamente. Instintivamente, sin meditarlo, le apliqué un par de nalgadas por hacerlo y le dije que se quedara quieta. Casi de inmediato me disculpé, pero no recibí respuesta alguna y solo vi como fruncía las nalgas y ocultaba la cabeza apretándola contra la cama. Observando esto y más envalentonado, cogí con mis dos manos su calzón (negro de poliéster) por la banda superior, a la altura de las caderas y de un golpe se lo bajé hasta la base de las nalgas, descubriendo a mi vista un par de blanquísimas carnes con una ligera coloración rosada en una de ellas (la izquierda). En ese momento, vi como tensionaba aún más las nalgas y le indiqué que debería relajarse para recibir la inyección, pero sólo recibí su silencio. Paso seguido, busqué la jeringa y recién me percaté que no tenía el algodón y el alcohol, por lo que le pregunté donde los tenía. Sin moverse y con la boca apretada contra la cama, me dijo que buscara en su ropero, mientras permanecía así, expuestas sus nalgas a mi ansiosa vista.

Una vez obtenidos ambos elementos, volví donde ella y procedí a limpiar la superficie donde aplicaría la inyección (escogí la nalga izquierda). Le pedí que pusiera sueltas las nalgas pero como no lo hacía, apliqué la técnica aprendida de dar unas palmaditas hasta lograr que finalmente estuvieran más sueltas (debo decir que fue un gran deleite para mí, puesto que las palmadas consistían en rítmicos y suaves golpes de mis dedos contra esas suaves carnes contenidas por una piel firme, como pude comprobar). Cuando vi conveniente, pellizqué una extensión apropiada de su nalga e introduje la aguja con un suave golpe que al parecer apenas percibió, para luego proceder, previa comprobación de que no había perforado ningún vaso, a introducir suavemente el viscoso líquido. Ella empezó a quejarse por la sensación de dolor (la penicilina benzatínica es una inyección bastante dolorosa), por lo que disminuí la presión en la base superior de la jeringa y me di todo el tiempo del mundo para aplicársela. Cuando terminé, jalé la jeringa y vi como salía un poquito de líquido blanquecino del pequeño hueco que dejó, por lo que presto acudí con el algodón empapado en alcohol para proceder a friccionar ese espacio. Instintivamente, coloqué con descuido mi mano libre sobre la otra nalga y, cayendo en cuenta, también se la acaricié. ¡Vaya que me puse cachondo con ello! Más grato, sin embargo, fue ver que ella me dejaba hacerlo. Cuando concluí este impensado sobeo que se prolongó por unos deliciosos e interminables instantes, casi de manera natural, le aplique unas cuantas nalgadas más y le subí los calzones, indicándole que podía vestirse.

Lentamente, mientras se incorporaba de la cama, giró su rostro hacia mí, aún dándome la espalda y pude observar, además del marcado rubor que inundaba sus mejillas, una amplia sonrisa que contagiaba hasta a su mirada, mientras me agradecía y me pedía que volviera al día siguiente para colocarle la otra inyección y ponderaba mis dotes de enfermero.

Ah! Me olvidaba, sí terminé, aunque no ese día, tomándole la temperatura rectal y puedo confesarles que le coloque muchas inyecciones más, que le di muchas nalgadas (aunque nunca disciplinarias como siempre deseé hacerlo) y que acaricié aquellas carnes a lo largo de todo ese año que permaneció cerca de nosotros.

El resto, me lo guardo en un rinconcito especial de mi memoria.

En La Paz, a 22 días de marzo de 2006

1223 comentarios

Carlónimo -

Un breve sueño de madrugada.

Mi preciosa mujer yacía con sus frondosas nalgas al aire, espléndidamente dispuestas para que un calenturiento médico la inyectara.

Con ostensible placer el doctor le desinfectó el glúteo derecho y, acariciando su tersa y pálida superficie, le clavó la puntillosa aguja, de manera tan pausada que cada avance hacía estremecer a la bella receptora.

Emitiendo lastimosas quejas, mi amor disfrutaba el momento y mantenía una placentera complicidad con su médico, lo cual me encelaba pero, a la vez, inexplicablemente me excitaba.

Advirtiendo mi presencia, el médico me invitó a acercarme, con lo cual trató de disimular su insolente pretensión de solazarse con mi amada. Ella, a su vez, reforzó el encubrimiento de su aliado diciéndome: “El doctor te invita a que seas tú quien termine de aplicarme la inyección, mi vida”.

Ella jugaba con las excitadas mentes de los dos hombres que la admirábamos y la deseábamos.

Tomé la jeringa y quedé en primer plano contemplando con emoción las redondas y respingadas nalgas, empujé lentamente el émbolo el cual, arrancando quejas y sensuales estremecimientos, se deslizó con suavidad hasta vaciar la jeringa.

Extraje gradualmente la aguja de cuya superficie pendía la elástica piel del glúteo. De la minúscula marca brotó una exigua gota de sangre que se fue engrosando progresivamente.

El médico me entregó la borla alcoholizada, con la que recogí el breve hilillo de sangre y apliqué un suculento masaje al glúteo.

La sensual ondulación del moflete nos excitó a los dos.

Jugaba mi mujer con la pasión y las expectativas de sus dos admiradores. Como marido yo podía disfrutarla, pero ella hacía valer su derecho de someterse a los cuidados del diligente médico, quien gustoso se enseñoreaba inyectándola y hurgando a voluntad sus partes íntimas.

El caprichoso escenario en el que estábamos inmersos los tres, era por demás excitante.

Anónimo -

Divergencias estéticas

Admiro a mi güerita y reconozco el gran esfuerzo que realiza para mantenerse sana y en forma, aunque eso tiene un precio nada leve por cierto. Yo quisiera que se estresara menos por su figura pero ella no transige. En mi opinión debería conservar esa pequeña reserva grasa que le sienta muy bien por cierto, pues se le distribuye de manera muy estética en los sitios más encantadores haciéndola lucir sobre todo una piernas y unas nalgas espléndidas. Le he reiterado que nalgoncita se ve soberbia, pero ella prefiere no tener ni un gramo de más y lucir un hermoso cuerpo de modelo francesa.

Yo no tengo inconveniente, sus dos “look” me fascinan y me ponen como papa caliente pero el segundo, o sea la total esbeltez, conlleva una penuria adicional para los dos que en ocasiones se torna extenuante.

Para ser más explícito les diré que, conforme a la opinión de nutriólogos expertos, las personas que como Anna están sometidas a jornadas de trabajo muy intensas, cuando no tienen una cierta reserva energética sucumben ante cualquier agresión viral o bacteriana, su organismo se torna altamente vulnerable y dependiente de los molestos antibióticos y complementos vitamínicos que, para ser efectivos, se tienen que aplicar por vía intramuscular. Es esa la razón por la cual, como ustedes saben, mi preciosa Anna tiene que inyectarse constantemente.

Hace unos días cayó enferma de gripa y como eso le pasa tiro por viaje, el médico le recetó además del antibiótico un complejo vitamínico extremadamente doloroso que por prescripción se aplica con aguja larga y en los costados de las nalgas casi en la zona de las piernas, sitios tan inusuales que ponen al paciente en estado de shock.

En medio de un terrible jaleo, entre gritos y lágrimas, el facultativo le logró aplicar la primera inyección en mi presencia para que yo le pudiera suministrar las siguientes siete dosis y completar el tratamiento. Fue una experiencia espeluznante conforme a la cual entendí las dificultades que me esperaban. A partir del siguiente día nos hemos adaptado a una rutina.

A las seis de la mañana le inyecto el antibiótico lo cual hasta cierto punto es normal y lo disfrutamos como preludio de un intenso coito matinal. No bien mi amor ha despertado la induzco a que se ponga boca abajo, le descubro sus nalgas, le desinfecto y perforo el cachete en turno, después me recreo accionando lentamente el émbolo y contemplando las gratas reacciones que van desde un leve estremecimiento hasta la emisión de excitantes murmullos que por lo general ocurren en el momento de extraer la aguja. Inicio el sublime ritual besando y acariciando con vehemencia a mi bien amada, sintiendo la tersura de su piel, transmitiéndole el calor y energía de mis manos, provocando sus instintos, desatando el ensueño. Penetro su vagina y nos sumimos en el fausto intercambio de señales placenteras que anteceden el éxtasis: la agitada respiración, el exaltado frotamiento de nuestros cuerpos, los gritos, invocaciones, mordeduras, jadeos y contorsiones que preceden la total euforia, el extravío, el torrente, el instante supremo que glorifica nuestra existencia.

Pero después, ya en la noche, antes de entregarnos al descanso tengo que aplicarle el terrible vitamínico, lo cual nos lleva a otra vertiente.

Se acomoda de costado, descubre sus preciosas nalguitas de las cuales acaricio la zona lateral, identifico el insólito punto de incisión, mi amada se rebela, me ruega que espere, que le permita aplazar la penuria, llora, me sujeta las manos, pero es un acuerdo tácito que no le tenga piedad, que la someta. Desprendo con fuerza sus dedos de mi brazo, le sueno unas nalgadas, secas, súbitas, disciplinarias, le grito ¡Ya basta, te comportas o te amarro! Ahoga sus sollozos, llora en silencio, pero emprende otra vez la bataola al sentir que le clavo en vertical la aguja en el sitio más fibroso del culo, ésta avanza lenta pero implacable. Se desgañita, gime, se estremece, le doy nuevas nalgadas, resonantes, amedrentadoras, empujo sin piedad el émbolo, el dolor aumenta, explota en ofensivas imprecaciones muy “a la mexicana”: “¡Puta madre, me vas a matar Carlónimo, no mames, te la bañas!”

Sufro y a la vez me río a carcajadas, extraigo la aguja y tomando a mi amada en brazos la levanto, la llevo hasta la poltrona, postrada en mi regazo la arrullo como a una nena, beso sus mejillas, enjugo sus lágrimas, acaricio su cabello, se va poco a poco tranquilizando, me abraza, suplica que la perdone, me dice que está muy apenada, que no vuelve a hacerlo, que se ha comportado como una tonta. Se abandona en mí como una cría.

Arreglo su ropa, beso sus mejillas y la acuesto, pienso en lo difícil que será repetir la aplicación el otro día.

Carlónimo -

Estimada Marce, mi prolongada estancia en ese blog me ha enseñado que las personas llegan y se van súbitamente. Esa situación me causaba congoja pero ya aprendí a sobrellevarla. Así que, bienvenida, no sé cuánto tiempo quieras estar aquí pero, no te preocupes, mientras estés, si yo sigo en posibilidad de conversar contigo, lo haré con gusto. Recuerdo que llevábamos una secuencia muy estimulante de vivencias en las que tu novio y tú, además de un admirador tuyo fueron los protagonistas principales. Desconozco la razón por la que desapareciste pero esa es cuestión tuya, por más que yo quiera a mis amigos no interfiero en sus decisiones personales. Ahora bien, acerca de “Marce” yo escribí la última vez, así que te corresponde continuar el relato, o generar un nuevo escenario, como tú prefieras. Quedo en espera de tu respuesta. Recibe un abrazo muy afectuoso.

Marce -

Wow! Pensé que no podría volver a encontrar esto... No se porque pero no podía ingresar a escribir desde hace mucho. Pero bueno me pondré al corriente con sus comentarios.

Saludos!

Inés -

Muy buenos y muy calientes. grcias.

Carlónimo -

“El doctor me recetó seis inyecciones y quería aplicármelas él, pero su insistencia no me gustó y le dije que no.”

“Yo te las pongo”.

“Sí, mi amor, eso está mejor”

Era penicilina, de la más dolorosa. Me entregó las cajitas y las jeringas.

Y así fue como esa noche ataviada con un soberbio baby doll se acostó boca abajo y se replegó la panty para que la inyectara. La ví muy dispuesta pero se negó a observar cómo preparaba la jeringa: Aspirar el agua, pinchar el frasco del polvo y agregarla al líquido, revolver, succionar lentamente, esperar a que el compuesto estuviera cristalino y extraer las burbujas de aire.

Esperaba paciente pero gritaba: “No quiero ver la aguja… me impresiona”

Le arrastré la panty hasta las piernas, sus nalgas brotaron completas ¡exuberantes! haciendo que el pene se me endureciera.

Empapé el algodón con alcohol, recorrí la deliciosa curvatura de los glúteos y, cerca del lunarcito que tiene en la parte exterior del lado derecho desinfecté y clavé el vértice de la aguja, lo empujé y sentí que el acero avanzaba arrancándole un leve quejumbre y haciendo que su cuerpo se estremeciera.

Jalé el émbolo y al ver que no avanzaba empecé a presionarlo observando los efectos ¿Te duele, mi vida? “Sí… el líquido duele mucho, pónmela despacito… Duele! Duele!! Duele mucho!!!”.

Yo miraba la jeringa, el remanente de la sustancia, me excitaron sus lamentos. Recordé que antes permanecía impávida cuando la inyectaba, lo cual me hizo pensar que sus gritos eran parte del juego erótico que ahora quería practicar y que me gustó, así que participé con dulces arrumacos: “Ya… mi chiquita; es sólo un piquetito, afloja la nalguita…”

Pensaba en el sensual momento que vivíamos y en el privilegio de tener intimidad y juego erótico con una mujer tan agraciada que me excita con su coqueta complicidad, la lozanía de su piel y las femeninas curvas que la adornan y caracterizan.

Evocaba los eventos en que se siente admirada: Cuando la rondan y adulan, cuando el alterado doctor la ausculta y pretende ser él quien la inyecte argumentando que… “son inyecciones muy especiales…” Y en efecto, no dudo que lo sean para él, aguijado por el deseo.

Al tocar fondo el émbolo disfruto de ver la angustiosa salida de la aguja apretada por la elástica epidermis que la abraza y se cuelga de ella con desesperación, rehusándose a soltarla.

La tersa superficie del glúteo denota una leve prominencia inducida por el medicamento que se aglomera en el músculo. Me limito por ende a colocar la húmeda borla de algodón sobre el pinchazo y aplicarle un suave masaje dispersante.

Acaricio y beso sus nalgas, de lo cual se estremece, suspira y solloza.

Montado en sus piernas, a horcajadas, coloco mi ardiente pene en el redil de su entrepierna. Lo avanzo suavemente, le acoplo el glande a los labios vaginales que lo engullen y debido a la abundante secreción pre-coital puedo embutirle todo el salchichón en su íntimo reducto.

La percepción visual de la penetración es fascinante.

En esa pose tan placentera como inusual en la que sus nalgas y su vagina vulnerada las tengo a la vista, emprendemos la ardiente cópula. Observo cómo entra y sale el húmedo y ruborizado pene y experimento la calentura que poco a poco me aproxima al éxtasis.

Mis manos inquietas recorren la estrecha cintura, la espalda y las formidables nalgas.

Percibo el creciente jadeo, los cojones se me endurecen, rebosan de presión y me arrancan un potente grito al sentir que mi pene escupe cuatro andanadas de caliente y espeso semen.

Se paraliza, grita de gusto, fortalezco el embute… Nos disolvemos en el amor, en el placer y en el espléndido fetiche de las jeringas.

Más allá del contacto físico, o cópula, aderezaron nuestra inolvidable fiesta diversos elementos subjetivos: erotismo, fetichismo, posesión, sujeción, sadismo, masoquismo, coquetería, entelequia, celos, sospecha, orgullo, exhibicionismo; mezclados en una proporción concreta que nos satisface a los dos actores y nos envuelve en una deliciosa complicidad.

Qué gusto sentir que la admiran, que la pretenden, que su cuerpo y su estilo son inquietantes, que maneja el entorno, su imagen, que disfruta su feminidad, que se sabe deseada y que me ama al extremo de compartir conmigo su vida entera: amor, fetiches, calenturas, vivencias y estímulos subliminales.

Gustavo -

Tus escritos nunca son ociosos querido Carlónimo, siempre tienen un ingrediente de sinceridad y de vida intensa de hondos sentimientos. Me hiciste enamorar de Cristina.

Gustavo -

que intenso has sido siempre Carlónimo, no dejes de escribir yo te leo y se de otras personas que no se pierden tus relatos.

Carlónimo -

Qué bello escrito el que brotó de mi pluma aquella mañana de 2011. La nostalgia por Cristina ¡Qué bella mujer! es perenne. Qué días aquellos en San Sebastián, encerrados en la habitación frente a La Concha. Oyendo el rumor del mar hundía mi cabeza en el recodo de su cuello, aspiraba la dulce fragancia de su cabello, besaba su piel y dejaba que sus manos amorosas, casi maternas, se desplazaran a lo largo de mi cuerpo. Yo era su niño y, a la vez, su hombre. Me dejaba amar y conducir por ella, pero jugaba con sus morbos y sus instintos para arrancarle los más espectaculares orgasmos.

A continuación transcribo el escrito.

Al estudiar en Barakaldo mi vida poco a poco se fue normalizando, la distancia apagaba una hoguera que meses atrás parecía imposible someter. El recuerdo de Cristina había encontrado acomodo en el desván de mi cerebro.

Me reencontré con Maitena, una hermosa amiguita de la infancia que era un cromo de chica y nos hicimos novios. Nos reuníamos cada tarde en el Jardín Botánico donde podíamos más o menos burlar la férrea vigilancia de sus padres. Pero pronto se nos acabó el escondite pues a la primera sospecha le impusieron una escolta de hermanos y primos con quienes llegué a tener encuentros muy animados a mamporros.

Pero seguimos viéndonos y más de una vez llegamos a tener intimidad. Era un sol de chica: alta, guapa, muy desarrollada, con una voz preciosa que no dejaba de entonar los bellos cantos vascos. Mi vida transcurría entre estudio, amigos y mi amada Maitena. Fueron años preciosos de los que mantengo muy bellos recuerdos.

Una noche que llegué de regreso a casa encontré un telegrama y cuando lo leí no podía creer el mensaje. Recuerdo las breves palabras una por una:

“Tato estoy en San Sebastián hotel Londres ansiosa verte. Cristina”

Al otro día que era viernes me volé las clases y a las 10 de la mañana ya había hecho el viaje de poco más de una hora y me encontraba en la recepción del hotel donde comprobé que Cristina estaba efectivamente registrada pero había salido, así que me fui a caminar por la playa. Era una mañana de octubre, algo brumosa.

Apoyado en el barandal del soberbio paseo me distraje contemplando la bahía y escuchando unas gaitas, cuando a lo lejos divisé una figura femenina que venía corriendo en traje de baño por toda la orilla del mar, justo en la parte que las olas humedecen la arena a lengüetazos.

La silueta fue creciendo y acaparando mi atención hasta hacer que el corazón me retumbara en el instante mismo que la escultural cadera, los vigorosos muslos y las estremecedoras nalgas me hicieran reconocer a Cristina.

Salí disparado, bajé a zancadas por la artística rampa que conecta el andador con la arena y gritando como un loco la hice detenerse, mirarme con fijeza y abrir los brazos para recibirme. Nos apretujamos hasta más no poder, pataleamos por el agua y rodamos entre las olas sin que el impactante frío otoñal nos cohibiera.

Ver a Cristina en aquellos lares fue como un caprichoso sueño de esos que no tienen ni pies ni cabeza. Mi cerebro no la ubicaba, fue como yuxtaponer dos realidades lejanas y de polos iguales que consecuentemente se rechazan. Pero el cariño acumulado y la tristeza que nos causó la súbita separación nos hicieron llorar y enjugar nuestras respectivas lágrimas con los labios.

Tirados en la arena nos quedamos muy juntitos y muy quietos fundiendo nuestras auras, recreando nuestra vibra, llenándonos de mimos y pensando. Después nos pusimos de pie y caminamos abrazados hasta alcanzar el andador, cruzar la avenida y entrar al majestuoso hotel.

Sentí la mirada curiosa y escandalizada de algunas personas que espontáneamente reprobaban nuestra relación. No concebían que un mozalbete se liara con una mujer madura llevándola íntimamente abrazada y que ella a su vez caminara acariciándole las nalgas. Así era Cristina, una dama imponente, liberal, cuyas ironías hacían temblar a la gente.

Teniendo por escenario aquella ciudad tan encantadora y todo el tiempo a nuestro favor, nos dimos vuelo paseando, mimándonos y amándonos a toda hora. Hicimos el amor en todas las poses imaginables y por todas las vías posibles. Pasamos días enteros encerrados en la habitación del hotel. Me llené de Cristina y ella se llenó de mí.

En ese marco aprendí que no hay circunstancias fatales que imposibiliten el amor. Que una mujer y un hombre se pueden amar sin importar su edad o vínculos sociales. La “señora Cristina” de mi infancia y adolescencia se transformó para mí en una preciosa mujer con quien disfrutaba las delicias del sexo. En esos días no hubo inyecciones ni supositorios ni nada que no fuera la entrada y salida de mi pene por sus íntimos reductos.

Nos tratamos de igual a igual y su cuerpo de mujer (menos elástico y más robusto que el de las chicas) tenía un significado muy especial pues me hacía sentir responsable de los sentimientos y circunstancias que ella abrigaba y empeñaba en una relación tan desigual.

Aprendí a entender el significado profundo de algunos comentarios suyos, como: “Soy otra, me has quitado un yugo”; “la vida es más fácil de lo que pensaba”; “no me importa la gente sino solo tú”.

Aprendí que las mujeres maduras no presionan sino compensan al amante joven; que la dilatada suavidad de su cuerpo guarda una correlación directa con el relajamiento y apertura de su alma; que sus objetivos son tal vez más simples y más puros; que su belleza es atemporal y está aderezada por el importante ingrediente de la experiencia; que son fascinantes y que de ellas se aprende mucho.

De aquellos días tengo el recuerdo de unos besos apasionados que se nutrían de la quimera y de la esperanza; un cuerpo acogedor al que me asía cada noche sintiendo en él tanto placer como protección; una entendida complicidad que nos obligaba a erradicar prejuicios y temores.

Y mucho sexo… sexo intenso, nalgas monumentales, piernas descomunales, tetas enajenantes, poses embriagantes, escenarios míticos fundados en la sapiencia y en el profundo conocimiento de la condición humana.

Cristina se despidió de mí en una tarde soleada. Viendo el artístico reflejo del sol en la superficie del agua, me dijo: “Tato, te agradezco la felicidad que me has dado. Trata de olvidarme, no sé si volvamos a vernos, no podemos llegar a más y no quiero causarte problemas con tu madre”.

“Piensa que lo nuestro fue tan solo un sueño… Un placentero sueño”.

Carlónimo -

El pequeño espía

Hay aproximaciones a mujer y hay mujeres verdaderas con estrecha cintura, profusas nalgas, torneadas piernas, abundantes curvas y una cabellera larga embelesadoramente rizada. Así era mi prima Anna quien por ese tiempo se enfundaba un estrecho jeans y hacía gala de un frondoso trasero en forma de corazón, realmente desquiciante.

Aquella tarde en la que yo estaba en su casa oí que comentaba: “Sí, es que van a venir a inyectarme”. Su información me encendió las glándulas y me puso atento al desenlace hasta que, en efecto, llamó a la puerta y entró una chica muy mona de la misma edad que ella, que después de saludar a la familia siguió la indicación y se internó con Anna en la recámara, pusieron el seguro, produjeron una serie de ruiditos difusos combinados con expresiones verbales moderadas, algunos sugerentes silencios y risitas finales, hasta que salieron de la habitación, primero la chica y después Anna con la jeringa y el algodón en mano, agradeciendo los singulares servicios de su asistente y despidiéndola por fin, para luego comentar quejumbrosamente: ¡Aaayy, me dolió mucho! frotarse el soberbio glúteo izquierdo y arrojar los citados fetiches a la basura. La muy estimulante escena me llevó a procurarme puñetas tranquilizantes, pero no imaginé que al día siguiente contemplaría la nueva aplicación.

Habiendo llegado a su casa, tal vez por mi tierna edad me dejaron libre y me fui a plantar frente a la puerta entreabierta de la recámara donde pude ver con toda claridad a Anna acostada boca abajo sobre la cama con el jeans y la panty replegados, que cruzaban en diagonal su formidable trasero dejando a la vista la mitad superior del glúteo izquierdo, media raja y el pálido, carnoso y abombado glúteo derecho totalmente descubierto, donde mi preciosa prima sufriría su segundo pinchazo intramuscular.

Terminada la carga de la jeringa con una sustancia pastosa color azul turquesa, las partículas de oxígeno fueron cuidadosamente extraídas, el soberbio moflete desinfectado, rectificada la posición de la jeringa y, por fin, incrustada la aguja, mediante una presión lenta y constante que arrancaba sensuales lamentos a mi rubia prima.

Con el tosco acero incrustado en su nalga, la sufriente Anna padeció estoicamente la entrada del líquido, gritando, estremeciéndose, frotándose el cabello y suplicando a su enfermera que espaciara el avance de la sustancia, pues la presión del émbolo laceraba sus nervios y su ánimo. La entrada del tercio final del remedio fue angustiosa. Los gritos delirantes, aquella escultura viviente se retorcía y gritaba afirmando que le quemaban las entrañas.
Extraída la aguja, una densa gota de sangre brotó del punto vulnerado. La enfermera la enjugó ejerciendo una leve presión y masajeando menudamente el redondo cachete, mientras Anna gimoteaba refiriendo las penurias por las que había pasado.

La terapia de consolación se prolongó espléndidamente… Me pude extasiar en la contemplación del pálido cachete y de la belleza escultural de aquellas frondosas nalgas de Anna, que fueron entonces la motivación de mis frecuentes pajas.

Carlónimo -

Se te agradece Fer la asistencia, ya entraré como decía mi querido Simón "cada tantos" a acompañarles con alguna ocurrencia. Me agradaría mucho recibir sus comentarios pero... si no... pues ni modo. Sólo, en medio del océano, me apaño.

Carlónimo -

Mi preciosa hispana estaba malita, su nivel corporal de hierro había descendido bruscamente y requería la aplicación de cinco intramusculares dolorosísimas.

Sentados en el sofá del salón la tenía en mis brazos confortándola para que se sometiera al molesto tormento que ocurriría en unos minutos.

En punto de las seis llegó nuestra amiga Eulogia a quien tuvimos que recurrir por ser una eminencia en ese tipo de aplicaciones. Crecida al castigo, como es su costumbre, ordenó enseguida: ¡A ver güerita, te acuestas sobren las piernas de tu hombre, nalguitas pelonas y dispuestas!

Tú Carlónimo, le subes la mini y le quitas las bragas pues son de muy buena calidad y sería una pena que se retorcieran y ajaran. Esa línea exclusiva de ropa íntima que usa tu chica, en El Corte Inglés cuesta una fortuna.

Anna parecía no oír ni percatarse de nada, miraba con rostro inexpresivo la enorme y arcaica jeringa vidriada de cinco mililitros con su alongada aguja de base dorada que brillaba burlona y desafiante, al tiempo que vomitaba por su elíptica punta espesas gotas del rojizo reconstituyente confeccionado a partir de una base de suero hepático con alto contenido ferroso.

Mi preciosa obedeció dócilmente, se acostó sobre mis rodillas, se dejó descubrir sus pálidas y respingadas nalguitas y cooperó elevando las torneadas pantorrillas para que le extrajera la fina panty de encaje negro que coloqué en el descansabrazos del asiento, desde el cual presidía y acentuaba el erotismo de la singular escena.

A la cálida luz del candil, los albos glúteos de mi amada adoptaron un sensual tono dorado que desafiaba la lujuriosa condición de Eulogia, cuya irónica sonrisa e incesante frotamiento de manos, denotaban la excitación que le producía la resignada actitud de Anna.

Lista la jeringa y espléndidamente dispuestas las nalgas, Eulogia separó entre sí sus dedos meñique y pulgar al máximo, para posar el primero en el huesito de la cresta ilíaca y el segundo en el inicio de la raja que separa las nalgas, a efecto de calcular visualmente la mitad de ese segmento que, conforme a los manuales de enfermería, es el punto exacto donde debe clavarse la aguja.

Una vez identificado el sitio correcto posó en él la borla de algodón para frotarlo en círculos concéntricos, en tanto que Anna, percibiendo el picante aroma del alcohol, se agitaba nerviosamente ante la proximidad del pinchazo. Contrastando la práctica frecuente de clavar de golpe la aguja, Eulogia comentó que las aplicaciones de hierro deben ser diferentes. Posó los dedos pulgar y cordial de su mano izquierda en los extremos de la pequeña área desinfectada, jaló la piel hacia los dos lados extendiéndola al máximo, e inició la perforación lánguidamente, con lo cual si bien no parecía lastimar a Anna, la ponía nerviosa haciéndole exclamar: “¿Por qué así Eulogia? Clávamela de una vez, no me gusta sentir el avance en esa forma. Eulogia…por favor…”

Eulogia le respondió: “Tranquila cariño, de mi cuenta corre que no sufres”. Cuando la aguja estuvo totalmente adentro el émbolo avanzó produciendo un creciente gimoteo de la paciente pero pronto se detuvo. Eulogia le advirtió: lo siguiente va a doler más, pero tranquila… Extrajo la mitad de la aguja y la volvió a meter con un ligero ajuste en la dirección. Anna gritó de dolor pero Eulogia la atajó insertándole la punta de su dedo en el ano y haciéndolo vibrar menuda y rápidamente con una gran maestría. Lo sorpresivo de la acción, la pena y ¿por qué no? hasta el innegable placer que aquella acción le produjo , mitigó el dolor confinándolo a un segundo plano, de manera que Eulogia pudo seguir apretando el émbolo sin causar alarma a su paciente.

Eulogia volvió a retraer la hipodérmica, ajustar de nuevo la dirección y clavarla otra vez mientras aplicaba un nuevo estímulo anal. Mi preciosa Anna se veía desconcertada; se sentía incómoda por el hecho de que Eulogia la estuviera violando su intimidad, pero de alguna manera lo consentía por saber que eso la liberaba de la penuria.

De pronto Eulogia me gritó: ¡Atiende a tu chica! ¿qué no ves cómo tiene la puchita? Hasta entonces me di cuenta que la grieta vaginal estaba empapada. Eulogia retiró su dedo del culo mientras yo llevaba mi lengua al clítoris haciendo gritar de placer a mi preciosa Anna.

De esta manera, Eulogia pudo realizar dos ajustes más en el direccionamiento de la sustancia, así como la aplicación final de ésta, sin que Anna sufriera, ya que el enorme placer de los orgasmos superaba con creces al dolor causado por la inyección.

Una vez concluida la aplicación Eulogia salió diciendo: “Promesa cumplida, Anna, te inyecté sin sufrimiento ¿no es así?”. Mi güerita le respondió: “Como alguna vez le dije a Adriana, vecina nuestra: Lo importante es convertir un mal momento en el momento más apasionado. Gracias Eulogia, reconozco que me ayudaste a superar este doloroso trance, desde luego con el contundente relevo de mi Carlónimo. Espero que lo sigan haciendo”. Eulogia concluyó diciendo: “Ahora comprenden por qué Elisa, sus hermanas y sus hijitas se ponen en mis manos incondicionalmente. Yo les allano cualquier molestia y terminan disfrutando como unas locas. Así que, ya lo saben, estoy disponible cuando quieran, será un placer servirles. Ah! Yo también me voy empapada como lo están ustedes, los dejo para que se regocijen mutuamente y yo me voy con mi marido para hacer lo propio”.

Esa noche Anna y yo copulamos cuatro veces: dos vaginales y dos anales, no terminábamos de saciar nuestra calentura.

Anónimo -

ya se arreglo esto o no

358 -

Tu

Fer -

Me alegra ver que hay vida inteligente en este blog... tengo el otro blog "Azotes y Nalgadas" infectado por un troyano o virus...
Lo que veo es que, por algún motivo, la ortografía española no se representa bien en los últimos posts.
Un afectuoso saludo,
Fer

Carlonimo -

Estimado Gustavo, a pesar de que ya no quiero permanecer en este blog, no puedo desatender tu amable petición. Jamás le negaré un relato a un gran amigo como tú. Espero que te guste, aunque tendrás algunos problemas para poder leerlo, debido a la nula atención que nos presta el editor a quien, sin embargo, le doy las gracias por el apoyo que antes nos brindó. Un abrazo.

La infidelidad y sus consecuencias

Quiero comentarles acerca de un suceso de esos muy negros y corrosivos que suelen disolver a los matrimonios, pero que, por el contrario, ha revertido las inercias negativas del mío, para unirme con mi mujer en un romance sin precedentes.

En una ocasión Graciela, mi esposa, me contó que había ido a ver al doctor para consultarlo acerca de ciertas molestias. Me dijo que la auscultó y que mientras le observaba cada parte de su cuerpo le iba diciendo “muchas cosas…” como dándome a entender que le había echado los perros. Y que después le dijo que debía aplicarle un tratamiento a base de inyecciones intramusculares, de las cuales la primera se la pondría en ese momento.

Como se trataba de un doctor, mi esposa le dijo que sí estaba de acuerdo y se preparó para recibir su inyección. Se volteó boca abajo en la mesa de exploración y se bajó la panty un poquito y sólo de un lado como se hace normalmente en esos casos, dejando a la vista del doctor casi medio cachete, pero entonces el médico se quedó pasmado por la belleza del formidable trasero que tenía a la vista, y le dijo: “No linda, me puedo confundir y lastimarte, descúbrete las nalguitas completas” y de un jalón le bajó la panty hasta las pantorrillas.

Teniéndola ya con las nalgas pelonas se puso a preparar la jeringa lentamente, humedeció después el algodón, le estuvo tentando con toda parsimonia cada glúteo para buscar el mejor lugar, y por fin le dijo que la iba a pinchar del lado izquierdo. Le desinfectó con toda lentitud el sitio y le clavó lentamente la aguja, produciéndole con toda premeditación un intenso dolor. Después fue empujando el émbolo muy despacio mientras le decía que con esas nalgas tan buenas era un placer inyectarla, y que si ya se lo habían dicho antes.

Mi esposa estaba muy nerviosa y tal vez por eso se animó a contestarle que sí, que en efecto, ya antes algunos doctores y enfermeros mientras la inyectaban le comentaron que su anatomía les facilitaba mucho la labor. Conversando así, fue más de media hora el tiempo que el doctor tardó en ponerle la inyección y mientras tanto le preguntaba acerca de experiencias anteriores, como de que si alguna vez se habían propasado con ella al inyectarla y que si le excitaba sentirse admirada por causa de su imponente trasero.

Graciela se puso aún más nerviosa y parece que se enredó en la conversación hasta terminar por hacerle algunas confidencias sobre la vez que un practicante de medicina intentó aprovecharse de ella. El médico la escuchaba con morbo, terminó de inyectarla, sacó la aguja y después de aplicarle un minucioso masaje le dijo: Vamos a otra cosa que te puede doler un poquito pero que, sin duda, te va a gustar. Le separó las nalgas y le metió la punta de su dedo por el ano. Cuando Graciela le reclamó airadamente, él extrajo su dedo pero le clavó un termómetro, y dice mi esposa que el médico lo que quería era observar su reacción para continuar penetrándola si ella lo toleraba. Así la tuvo por unos veinte minutos, con el termómetro clavado en el recto y diciéndole que no se moviera, que debía confirmar que no hubiera cambios de temperatura después de la inyección.

Graciela estaba sacada de onda al sentir que el doctor la miraba muy de cerca y me dijo que sentía algo muy raro porque “una se siente como impotente al estar con todo el culo a la vista y entregado”, me decía, y que el doctor le volvía a decir que tenía muy bonito cuerpo y que él personalmente seguiría inyectándola y que si ya antes le habían hecho también eso que él le estaba haciendo. Mi esposa le dijo que no, que era la primera vez que le metían el termómetro por el culo y que si eso tardaría mucho porque se sentía muy incómoda, pero el doctor soltó una carcajada y le contestó que se tranquilizara pues era algo rutinario, porque la temperatura del recto es la más precisa de todo el cuerpo, y que además era un placer estársela tomando a ella, y le preguntaba si aquello le producía placer porque en el recto confluyen muchas terminaciones nerviosas muy sensibles. Pero mi esposa ya no quiso contestar porque sintió que se trataba de una insinuación directa, así que el médico ya no insistió pero después de sacarle el termómetro le dio unas palmaditas en los glúteos y pretendió besárselos, pero mi Graciela se levantó bruscamente, se vistió y salió corriendo del consultorio.

A pesar del aparente mal rato tenido con el doctor, a Graciela no le disgustó del todo el atrevimiento y las insinuaciones recibidas, porque los siguientes días se estuvo arreglando muy bien y usando diminutas tangas de hilo dental cuando iba a consulta. Una noche, regresando de su cita, al acostarnos traté de acercarme a ella y me di cuenta que estaba bien excitada pues de inmediato se desnudó y accedió a que la pusiera boca abajo y que me le montara a horcajadas pues yo quería ver si la estaban inyectando, y sí, comprobé que tenía dos marcas del lado derecho y una muy fresca del izquierdo. Sentí un poco de celos pero también me calenté muchísimo y no le quise decir nada, la puse de perrito y me la cogí bien rico. Ella jadeaba como nunca y terminó gritando como loca cuando sintió las violentas ráfagas de esperma.

Al otro día le pregunté si ya no tenían que inyectarla y me dijo que no sabía pero yo me daba cuenta cada vez que iba a ver al médico pues se ponía ropa interior muy sexy. Un día busqué entre sus cosas y encontré que tenía una tarjeta de presentación del doctor la cual ostentaba la dirección ¿Qué quieren que piense de eso si ya era evidente que el doctor la estaba inyectando y que mi esposa iba a verlo con ropa interior bien sexy? Así que al día siguiente al ver que de nuevo se había colocado una minúscula tanga, me fui al domicilio que había visto en la tarjeta y estuve esperando a escondidas. Al rato que llega Graciela y entra al consultorio donde permaneció más de una hora. Cuando salió, el doctor la acompañó hasta la puerta y se despidieron con un beso exprés en los labios.

Desde ese momento decidí espiarla pero no para reprimir su romance, sino para disfrutarlo, me hice el propósito de verlos en acción. En la noche le pregunté cómo seguía y si ese día la habían inyectado y, después de pensarlo muy bien como que sospechó que yo supiera algo y me dijo: Pues sí, pasé a ver al doctor porque me faltaba una inyección, así que me la aplicó y aprovechó para revisarme y dice que estoy mejorando mucho. Se portó muy cariñosa y nos fuimos a acostar. Yo estaba bien encabronado pero le bajé la panty y al ver que ya tenía otra marquita de inyección, me puse como olla exprés y de nuevo que me la cojo de perrito viendo sus nalgas enfrente de mí y sobre todo viendo sus marquitas e imaginándola postrada con la aguja clavada y el doctor admirándola.

Entonces me puse en el lugar del médico para verla objetivamente como si apenas la estuviera conociendo y así de manera realista me di cuenta que mi mujer está de muy buen ver y que si no fuera mi esposa y la viera en la calle, seguramente me causaría una gran apetencia. Me encabronó sentirme burlado pero al mismo tiempo me fascinó que otro hombre deseara a mi mujer y que se enloqueciera al verla, y hasta que… por qué no decirlo… llegara a cogérsela. Me calentó mucho que el doctor estuviera desesperado por hacer con mi esposa, al menos una vez, lo que yo hacía regularmente.

Cuando terminamos de hacer el amor le pregunté a Graciela si ya no vería más al doctor y entonces me dijo que ya no quería verlo porque él le decía muchas cosas y que se veía muy interesado en ella y que la hacía sentir incómoda y que mejor evitaría situaciones de tentación. Al otro día, sin que yo se lo preguntara me dijo: “Ya no voy a ir a ver a ese doctor porque se porta muy coqueto conmigo”. Dándome a entender que la estaba acosando. Pero eso me lo dijo con cierta malicia.

Me di cuenta que mi mujer andaba en malos pasos porque tal vez no había encontrado en casa lo que le ofrecían afuera. Iba casi diario a que el médico la inyectara pero no me lo decía aunque yo ya estaba bien seguro porque la espiaba. Un día, llegando a la casa, cuando ya estábamos acostados le empecé a agarrar las nalgas y a descubrírselas y entonces me preguntó: ¿Piensas que soy atractiva? O sea que ¿si tú no me conocieras y de pronto me empezaras a tratar te parecería atractiva, te excitaría? Yo sentía algo de celos pero al hacer un examen interno de mis apetencias descubrí que, en efecto, Graciela me tenía fascinado con su aventura como si yo fuera el doctor. O sea que yo estaba viendo a mi esposa como a una mujer desconocida y eso fue delicioso. Verla con nuevos ojos fue increíble, como si me hubiera despojado del lastre de la rutina. Me di cuenta de que mi esposa es muy atractiva, que sus nalgas son muy excitantes y que con ese atributo puede calentar a cualquiera tranquilamente, ser muy deseada. De manera que le perdoné su coquetería y empecé a disfrutar que tuviera un amante pues eso me abría los ojos, y cada vez quería yo saber más acerca de lo que mi mujer hacía a mis espaldas.

Una tarde la esperé afuera de su trabajo y cuando salió vi que se fue directamente a un hotel de paso muy cercano. Entró y después de dos horas salió junto con el doctor, iban abrazados uno al otro como novios, él la acompañó a que tomara el tren y se despidieron con un fuerte abrazo y un prolongado beso en los labios. Ese día comprobé que ya tenían relaciones sexuales y me entró el brete de espiarlos en su intimidad. Así que una tarde de un día en que mi mujer había salido bien arregladita, fui al hotel donde ellos acuden y percatándome que el doctor ya había tomado la habitación 103 y esperaba a Graciela adentro. Yo pedí la habitación 104 y tuve la suerte de que me la dieran y de que las ventanas de los dos cuartos se conectaran en un cubo del edificio y al nivel de planta baja.

Entonces aguardé por el ojo de la puerta y vi que mi esposa venía llegando y que entró a la habitación donde estaba su amante. Me salí por la ventana, me acerqué a la de ellos y los estuve espiando por una rendija. Como tenían su ventana abierta pude oír muy bien lo que decían. Él la recibió comentándole: “Estás preciosa Graciela, me tienes desesperado, no sabes cómo te estoy deseando. Se trenzaron en un faje supremo estando los dos de pie y él metiéndole la mano por debajo de la faldita y al interior de la panty.

Escuché los profundos suspiros que emitían, las diversas expresiones de placer y hasta el jadeo que acompasaban y que iba en aumento, de tal manera que decidieron entrar a la cama. Él la desvistió lentamente y le besaba cada parte de su cuerpo con embeleso. Se lanzaron los dos sobre la cama, él encima de ella, para iniciar un suculento faje entre risas mimos y gimoteos. El pene erecto del doctor comenzó a resbalar por el cuerpo Graciela desde los muslos hasta los senos, cuyos pezones se erguían tan tiesos como renuevos de apio. Siguió subiendo el tolete y así como estaba mi mujer postrada boca arriba lo recibió en sus labios y le dio acceso a la garganta entre besos lamidas y chupetones, hasta que el deseo de llevar el placer a los ámbitos genitales hizo que giraran quedando ella encima de él.

Las preciosas nalgas de Graciela me quedaron a plena vista. Mi rival se las acariciaba y las apretujaba diciéndole: “¿De quién son estas nalguitas tan preciosas, Graciela?”; “Son tuyas “doc” y siempre lo serán”, respondía ella; Siguieron besándose y él le sugirió la penetración, a lo cual ella le preguntó: “¿Cómo quieres que me ponga?”. El médico se incorporó, la puso de perrito y le punteó el ano pero ella lo detuvo en seco: “No mi vida, sexo anal no…” mejor vaginal.”

Él siguió resbalando su pene por toda la raja de mi mujer y le decía: “Mmmmmmm, tus nalguitas son preciosas, desde la primera vez que te las vi para inyectarte me impresionaron por lo bien formadas y abundantes que son”. “Bueno, pues ya te dije que son tuyas, doc, aprovéchalas, pero ésta vez penétrame por la vagina”. Intercambiaron más besos tronados, arrumacos, resoplos, mi mujer se acostó de espalda, separó las piernas, él le punteó la vulva y empujó suavemente.

Sobrevino el inconfundible Aaaaaaaaaaaaahh!!!! que acompaña la ajustada penetración. Menudearon los armónicos chirridos de la cama, el jadeo, las expresiones de placer: Ah, Oh, Mmmm, Ah, Aaah, Aaaah. “Asíiii, toda mi vida, másss, Aaah, Aaah, Así, más, como va, me vengo, me vengo, ya voy, Uuuuh, Uuuuh, Uuuuh, Ay, ay, aaaaaayyyy. Uuuuujjjjhh. El coito terminó con violentos e intermitentes bramidos producidos por las sucesivas descargas de semen. Después de prolongados resoplidos sobrevino el silencio, sólo interrumpido por los consabidos arrumacos: Gracias… no sabes cómo me has hecho gozar. Y tú a mí querida, estás deliciosa, me encantas, eres la gloria.

Se quedaron un buen rato acostados descansando, conversando y besándose. Ella le preguntó: ¿No hay riesgo de que se entere tu mujer de esto? No, por supuesto que no, respondió el doctor, agregando la pregunta ¿Y tu marido? Mmm, respondió Graciela, no lo sé, pienso que ya lo sospecha pero como lo tengo bien abastecido de sexo no dice nada, hasta empiezo a sospechar que lo nuestro lo excita y que por eso lo tolera ¿Cómo crees? Pues sí, lo estoy comprobando. “Pues no pienso dejarle que se dé vuelo contigo, te voy a comer completita. Mmmmmmm, Una rabiosa sesión de besos, el roce de las manos en los excitados cuerpos, “Así, otra vez” “Sí, mi amor, como tú quieras, cuantas veces quieras.

El médico volvió a hurgarle el ano. ¿Insistes por ahí? Sí, déjame metértela por la colita, mmmmmmmmm, la tienes riquísima ¡Aaah, travieso…! ¿Qué no ves que me haces daño? Pero me vuelves loca ¿Cómo podría negártelo? ¿Cómo resistir tu asedio? Bandido, eres de lo peor… Bueno ¿Cómo quieres que me ponga? ¿Un perrito clásico? Bueno… ¿así o más empinadita? ¿Máaasss? Bueno, soy toda tuya, pero despacito, concertado, no me lastimes. A ver, puntéame que yo la sienta primero, espera…

Las espléndidas nalgas de mi esposa llenaban la escena y me producían una gran excitación, ardía en deseos de ver que mi rival la penetrara. Bueno, ahora, empuja despacito, dijo ella, aunque después se arrepintió y lo frenó: ¡Aaaayy, nooo, espera, espera! Me lastimaste, nooo, mi amor, te digo que me la metas quedito… Déjame descansar, aaayy me lastimaste feo, ciérrame las nalgas, apriétamelas una contra la otra.
Se dejó caer boca abajo y dirigió a su amante para que la asistiera: Así… ¡Aaahh qué consuelo! No me las sueltes, así apriétamelas otro poquito… me duele mucho el ano.

Después de una razonable pausa mi mujer se volvió a empinar y le propuso a su amante: Bueno, lo intentamos otra vez, pero despacito mi vida, por favor despacito, cuando yo te indique me lo empiezas a meter pero muy despacito. Ponte más lubricante en el glande, bastante. Mmmmm, ahora, empuja un poquito, ay… ahora sí, ya lo toleré, me está entrando tu pito, pero espera… a ver, métemelo un poco más ¡Aaay! Mmmmm, espera, espera… ahora, más… bien…más… bien, puedes metérmelo todo…

Mmmmmmmmm qué rico, ya, lo lograste, lo tengo todo adentro, me tienes por fin enculada, qué delicia, tállame, suavecito primero suavecito, así, ah, ah, ah, más rápido, ah, ah, aah, aaah, más, ya fuerte o como tú quieras, qué rico… Tus nalguitas, decía él, son preciosas, tienes el coño suavecito, qué placer, un festín, Ah, ah, ah, ah, ah. Ella gritaba: Dame con fuerza, más, ah, ah, ah, ah. Estoy por venirme, preciosa ¿puedo…? Cuando quieras, mi amor, éste palo es todo tuyo, todo tuyo, gózalo, que yo también estoy gozando, qué rico, qué rico, Aaaay, aaay, Va la leche, Aaaaahhh, está bien calientita, qué rica, yo también me vengo… Aaaaaaaahhhhh. Soberbio, eres un chico caprichoso pero me hiciste gozar mucho.

Aquella sesión de mi mujer con su amante me dejó una fijación incontrolable, al grado que empecé a evocarla cada vez que hacíamos el amor y tenía desenlaces explosivos. Ya nada más como juego una noche le dije que me daba celos que viera al doctor pues él estaba en posibilidad de auscultarla y de contemplarla desnuda. Entonces se alteró y me respondió: Yo ya hable con él y le dije que soy una mujer casada, que lo nuestro no puede ser. Eso me lo repitió varias veces. ¿Así te dijo: “lo nuestro”?, le pregunté, ¿Qué es eso de “lo nuestro”? ¿qué acaso ha habido algo más que una relación médico-paciente entre ustedes? Pero ella me respondió muy molesta: ¿Yo cuándo te he dejado de responder como mujer? así que deja de molestarme con tus celos infundados. Él me ve como doctor y sí me ha auscultado y, además, para que lo sepas, sí me ha inyectado y me gusta que él lo haga porque son inyecciones difíciles de aplicar y no me voy a exponer a que me inyecte cualquiera, pero eso no quiere decir nada más que él es un doctor y que yo soy su paciente, eso es todo.

Aprovechando el momento le dije: Sí, yo ya sé que te inyecta pues te he visto las marcas en las nalgas… pero ese chupetón que ahora traes en la nalga derecha sí me preocupa. Y es que, en efecto, traía una chupada soberbia que el doctor le había propinado y mi mujer no se había dado cuenta. Se puso muy nerviosa pero su reacción fue gritarme: Ya deja de estarme revisando hasta las nalgas ¡Ya basta, no aguanto más tus pinches celos! Sí, tienes razón, el doctor me quiere, dice que está enamorado de mí, pero yo no le hago caso, sólo le permito que me inyecte y que me atienda como médico que es y nada más. Eso que llamas chupada no es más que un golpecito que me di contra el escritorio en la oficina.

No quise discutir, preferí llevármela tranquilo. Mi esposa y él ya eran amantes y Graciela estaba disfrutando la relación pues siguió vistiéndose muy coqueta. . Pero la infidelidad de mi mujer me había favorecido pues hagan de cuenta que estaba estrenando mujer, que ella se comportaba de manera muy distinta a como era. Sentía que es una mujer muy divertida a la que podía conquistar y me parecía buenísima, me daban ganas de tener aventuras con ella. Al hacer el amor se veía muy fogosa e incluso me proponía nuevas poses y me excitaba pensar que las había aprendido con su amante. A partir de ese momento la fui revalorando y daba lo mejor de mi cuando teníamos sexo, para conquistarla.

Había varias cosas no realizadas con mi mujer hasta ese momento y que bajo la nueva circunstancia que vivíamos decidí probar. Una mañana, mientras disfrutábamos el café y conversábamos, le dije: No sé cuántas inyecciones te falte recibir, querida, pero quiero proponerte que me des la oportunidad de participar siendo yo quien te las aplique. Me miró con ojos de sorpresa, nerviosismo y excitación, luego dijo: Bueno… sé que alguna vez has inyectado pero me parece que no tienes mucha experiencia.

Lo que bien se aprende no se olvida, le respondí, déjame participar. Volvió a clavarme la vista pero esta vez acompañada por una sonrisa y un giro de cabeza que denotaban curiosidad y complicidad. Después de un suculento sorbo de café, se pasó la lengua sugestivamente por entre los labios y me expresó su parecer: Bueno… tal vez no sean todas las que me faltan pues el doctor puede decidir aplicarme algunas los días que tengo consulta con él, pero… estoy de acuerdo, me agrada la idea de que tú me inyectes, así ya no tendré que ir al consultorio tantas veces. Se colgó de mi cuello y me dio un apasionado beso de amor. El corazón me latió muy fuerte; comprendí que conquistar a una mujer es un negocio recurrente, de todos los días, y que era para mí un placer inmenso arrebatar a mi mujer de los brazos de su amante, que ella lo engañara y lo traicionara a él, por mi causa.

Esa misma tarde le dije a Graciela: Como acordamos, querida, te voy a inyectar hoy, pero quiero que vivamos esa experiencia en un sitio apartado y muy romántico, nos iremos a pasar la noche en un lujoso hotel de Cuernavaca. Como respuesta me dio un gran beso y se puso a preparar su equipaje. Cuando estuvimos por fin en completa privacidad, nos contemplamos mutuamente y comprendimos el valor de nuestra relación. Fue un placer descomunal verla tendida boca abajo con una tanguita de encaje tan fina, sensual y etérea como el profundo sentimiento de amor que nos une.

La tranquilidad con que Graciela se abandonó esa vez en mis manos, contrastaba el temor y la incomodidad que el doctor le había provocado al inyectarla en su consultorio. El sensualísimo acto transcurrió en completa calma. Le deslicé la tanguita hasta las piernas, los pálidos y rebosantes bombones permanecieron en absoluta relajación, la aguja penetró dócilmente haciendo vibrar la parte externa del glúteo, la sustancia corrió con suavidad, el semblante de satisfacción de mi mujer calificó la aplicación como suprema. Extraída la aguja, mientras le daba el masajito de consuelo, Graciela me decía cosas tan lindas como: Gracias, mi vida, qué momento tan bello el que me haces vivir, perdóname el no haberte valorado a tiempo, el haberme extraviado, el haber sido una tonta… Su voz se empezó a quebrar y yo no la dejé que se siguiera lastimando. La abracé, la colmé de besos, enjugué sus lágrimas y las sorbí para saborearlas, percatándome con ellas de su sincero arrepentimiento.

De la inyección pasamos al supremo deleite, después de un intercambio de caricias le hice probar mi pene por vía oral, lo chupó, lo degustó, lo midió, sintiendo que no cabía en su boca, que superaba con creces la longitud y el grosor de la modesta pieza de su amante. Nunca antes me había mamado la verga y puedo asegurar que aquella fue una experiencia suprema para los dos, que me hizo llegar a una eyaculación soberbia, que mi esperma recorrió sus labios y se precipitó a borbotones contra su cara y contra su pecho, que en ese momento sanamos nuestras heridas y consolidamos nuestra relación, la cual había carecido de aquel ingrediente de entrega carnal espontánea y sin límite.

Le propuse después el coito anal y Graciela celebró mi sugerencia. Empinada, en la misma forma que adoptara con su amante nos días antes, recibió mi glande y lo alojó en su estrecho conducto rectal. Cuando empujé ella tembló de dolor pero sin dejar de animarme a continuar la penetración. El delicioso estremecimiento de sus nalgas me indicó que estaba fuera de sí, arrobada en el placer de sentirse vulnerada, poseída, saturada. Le separé un poco más las nalgas y seguí metiéndole la barra lentamente. Le pregunté si la lastimaba pero, a diferencia de lo ocurrido con su amante, me pedía avanzar. Cuando ya tenía tres cuartos de mi tolete incrustado en su delicioso agujerito, por fin gritó ¡Espera, mi vida! ¿falta mucho aún? Me quedé paralizado, la dejé descansar y de manera acordada continué embutiéndole la verga. Ella accedió a pesar del dolor, hasta que llegué al tope y los dos respiramos tranquilos. Comencé a bombearla y a hacerla gritar y retorcer de pasión. Graciela temblaba, abría la boca, jadeaba y me decía una y otra vez: ¡Nada como esto, mi vida, nunca me hicieron sentir esto, muchas gracias, te amo! El momento de la eyaculación nos borró del mundo para envolvernos en un placer excelso.

La experiencia que les he compartido tiene muchos sentimientos encontrados, pero después de nuestro encuentro carnal y espiritual no es necesario que Graciela y yo hablemos de la infidelidad. De cualquier forma, si ella me confesara lo que hizo, yo la abrazaría y la llenaría de besos, además de pedirle que me describiera con todo detalle su experiencia. Aquel suceso tan impactante como grosero nos abrió los ojos y nos introdujo en un nuevo escenario de pasión carnal y sensorial. Ahora hacemos el amor como nunca antes lo habíamos conseguido, nos integramos en cuerpo y alma y tenemos orgasmos sensacionales. No he visto más a mi esposa con el médico, me parece que ya terminó su relación. Pero aún si no fuera así, defendería mi matrimonio. Seguiré pretendiendo, conquistando y amando a Graciela como, después de aquella crisis que precipitó su infidelidad, lo he venido haciendo. Estoy convencido de que esa es la vía efectiva para mantenerla conmigo.

GUSTAVO -

PERO TE PIDO QUE POR FAVOR NOS DES ALGUN RELATO CARLONIMO.

Carlónimo -

Estimado Gustavo, estoy esperando la participación de quien empeñó su palabra en escribir, hace ya un año. Muchos saludos.

Anna - 30 de agosto de 2014 - 05:32

La habitación del hotel en La Gran Vía es muy lujosa, estoy encantada de tomar unos días junto a mi amado Carlonimo, me llena de atenciones, mimos y mucha pasión.
Hoy salimos a tomar unas copas, yo traía un vestido rojo corto y muy pegado al cuerpo y el un pantalón y una camisa que le he regalado yo. Lo hemos pasado muy bien juntos, me encanta estar a su lado y oler ese aroma que lo distingue y que me tiene loca.
Al volver hemos tenido un gran momento, yo debía de recibir un tratamiento que me había dejado el doctor y Carlonimo con su delicadeza hacia mi y su pasión desenfrenada, me ha hecho pasar un momento inolvidable.

Mi amor, sí quieres contar como ha sido todo esta noche o esperar unos días y os lo cuento, que después de tanto tiempo me siento desenganchada para escribir.

Gustavo -

Son muy pero muy buenos los relatos y espero que sigas escribiendo Carlonimo. Saludos muy afectuosos a todos.

CARLONIMO -

- ¿A DONDE ME VAS A INVITAR?
- A DONDE EL VIENTO NOS LLEVE.
- DAME
- ¿QUIERES QUE TE DE?
- NO, NALGADAS NO, ME HE PORTADO BIEN.
- TE LAS DOY QUEDITO, ACOSTADA EN MIS PIERNAS.
- ME VA A DOLER
- TE PROMETO QUE NO
- BUENO, PERO MUY QUEDITO ¿COMO ME PONGO?
- VEN AQUI ACOSTADITA.
- ESPERA, NO ME BAJES EL PANTALON.
- SOLO UN POQUITO, PARA QUE LOS PALMAZOS TE ARDAN.
- NO, ESPERA, NO… BUENO PERO YA NO ME LO BAJES MAS.
- VA LA NALGADA ¡SPLASH!
- AY!!!
- SPLASH, SPLASH, SPLASH, SPLASH!!!
- YA, YA NO, YA NO, ME DUELE ¿CREES QUE SOY DE PALO?
- BUENO, AHORA DEL OTRO LADO
- NO, NO, YA NO ME BAJES EL PANTALON!!!
- QUE TANTO ES TANTITO, NECESITO VERTE COMPLETAS LAS DOS NALGUITAS PARA NO LASTIMARTE.
- SPLASH, SPLASH, SPLASH, SPLASH, SPLASH, SPLASH, SPLASH!!!
- AY… QUE RICO!!!
- ¿YA VES? TERMINO GUSTANDOTE.
- PERO YA NO ME PEGUES, MEJOR HAZME CARIÑITOS.
- MMMMM, QUE RICO!!!
- LO COMBINAMOS CON PIQUETES DE HOYITO…
- NO, POR EL ANO NO, POR AHÍ NO… MMMMMMM, ME VUELVES LOCA.
- ¿POR AQUI, SI?
- MMMMM, SI, EL CLITORIS, TIENES DEDOS DE SEDA. AY, AY, AY, AY, AY, AAY, AAAY, AAAAAY, AAAAAAAAAAYYYYY!!!! ME VENGO, ME VENGO, ME VENGO…
- NO, ESPERA, PONTE ASÍ, ACOSTADITA BOCA ABAJO.
- VA LA ESTOCADA, UUUUUUY…
- MMMMMMMMM!!! ASI, ASÍ ASI, AY, AY, AY, AAAAYYY!!!
- POOOUUUUCCHHH, ESTAS DIVINA, VA LA LECHITA, VA, TE LA INYECTO TODA, POOOOUUUUCCHHH!!!
- AY, QUÉ RICO, DIVINO, DIVINO, DIVINO, ME FASCINAS…


CARLONIMO -

ESTIMADO FER, TE ESCRIBO SIN ACENTOS PARA QUE NO SE CORTEN LAS PALABRAS.

TAL VEZ CONOZCAS LA DIFICULTAD CON QUE ME HE VENIDO MOVIENDO EN ESTE ESPACIO TAN ABRUPTO, QUE DEMUESTRA EL POCO INTERES QUE LE CONCEDES COMO EDITOR. SI ME BRINDARAS UNA ASISTENCIA ELEMENTAL PODRIA SEGUIR ESCRIBIENDO.

SALUDOS.

Carlónimo -

Memorias de la Gran Vía

Mientras aseaba la suite entraron los huéspedes, una pareja muy atractiva y equilibrada, sin percatarse de mi presencia. Se dirigieron a la alcoba. Él vestía un pantalón azul marino y camisa sport blanca estampada, de muy buen gusto; y ella un coqueto vestido rojo que le dejaba los torneados muslos a la vista y le dibujaba el contorno de las nalgas, delatando el sensualísimo meneo de los glúteos.

Entraron a la alcoba y dejaron la puerta entreabierta pues ignoraban que yo estaba dentro de la suite en posibilidad de verlos. Pensé retirarme pero la verdad es que no pude reprimir la tentación así que me aproximé al dormitorio y escuché un fugaz diálogo acerca del tratamiento que la mujer estaba recibiendo. “Ya está lista la jeringa, acuéstate, cariño”. Se dio un prolongado silencio, después, la cariñosa petición: “Pónmela acostada en tus piernas, mi churri”. Nuevo silencio, grititos: “Ay, ay”. Resoplos y sensualísimas quejas que se prolongaron sensualmente.

Yo bullía de erotismo así que me asomé impulsivamente y vi a la mujer tendida sobre los muslos de su pareja. Tenía el vestido alzado, la panty deslizada hasta los muslos, y las nalgas muy blancas, hermosas, respingadas, desplegadas a sus anchas, con la jeringa clavada del lado izquierdo. El hombre hacía avanzar el émbolo lentamente, la ambarina sustancia disminuía su volumen en el contenedor.

Muy cachonda para mí la escena pues tengo el morbo de las inyecciones intramusculares ¡Qué ganas de ser yo la pinchada! Concluida la aplicación vi salir la aguja y disfruté el erótico ritual del masaje… que fue concienzudo, firme, delicioso. La dama permanecía tranquila, disfrutando y quejándose de pasión más que de dolor.

Embelesada, le dijo a su compañero:
- “Amor, me torturas ¿Por qué te apetece inyectarme?”

Él respondió:
“Porque estás preciosa, porque me encanta tu sufrimiento… porque te amo”

Mantuvieron un emotivo silencio, ella se incorporó se colgó del cuello de él y lo besó.
- ¿Me vas a… premiar?
- Sí, por valiente y disciplinada ¿Te dolió mucho?
- Sí, mucho… consuélame.

Él se bajó los pantalones, la trusa, sus nalgas masculinas resplandecieron y me dejaron estupefacta admirándolas. Acostó a la mujer boca abajo, la montó por detrás, le acopló el robusto pene a la grieta y la penetró suavemente. Vi los labios vaginales distenderse y acoplarse muy ceñidos, apretando la poderosa barra que los desplazaba.

Gimieron los amantes y se contorsionaron. Entregados al empalme se fugaron al paraíso. Las masculinas nalgas que yo tenía frente a mí reprodujeron el armónico vaivén con que la verga entraba y salía de su confortable cuevita. Yo me ponía en el sitio de ella, imaginando aquel delicioso chorizo clavado en mi pucha.

La chica gritó de pronto:
- “¡Dame por detrás, métemelo en el coño… Por el recto, cariño!”.

El pene salió lentamente, ella se incorporó empinándose de perrito. Sus pálidas nalgas se distendieron hasta mostrar y ofrecer el minúsculo agujero rectal. Se separó los elásticos cachetes, él la punteó con su tolete, empujó y se lo embutió con suavidad haciéndola estremecer y gritar.
- ¡Espera, despacio mi amor ¡me lastimas, me desgarras!

Su amado detuvo el avance, rectificó la dirección y volvió a empujar pero ella se contorsionó gritando aún más fuerte.
- ¡Me duele mucho, mi vida!

El hombre se incorporó, terminó de quitarse la ropa ¡su pene en completa erección me cautivó, qué ganas de chupárselo y de que me lo metiera a mí!

Se sentó sobre la cama y ella se acostó de nuevo boca abajo sobre sus piernas.

Con los dedos le estuvo relajando el esfínter anal. Ella se revolcaba de placer. Después de un prudente masaje la hizo levantar, la indujo a que se empinara de nuevo, le palmeó las nalgas, se las separó cariñosamente y le punteó el ano. La deliciosa salchicha se deslizó con prontitud a lo largo del recto. Pude ver el esfínter anal henchirse, acogiendo con furor a su indomable presa que lo tallaba cada vez con mayor brío.

Me solacé admirando aquellas nalgas masculinas que, en su incesante vaivén, se distendían y se compactaban armónicamente. Deseaba cogérselas, picárselas, mordérselas, inyectarlas, hacerlas mías.

Bramaron, gritaron sin control alguno, se engarrotaron y, perdidos en un prolongado alarido, celebraron los calientes disparos de semen que la mujer atrapó con euforia en su colita. Apretando las nalgas con desesperación, “enganchada” del pene de su hombre, la espléndida güerita gritaba: “Mi amor, tu delicadeza hacia mí y tu pasión desenfrenada, me han hecho pasar un momento inolvidable”.

Anónimo -

Ya está en orden pero ahora Carlonimo donde está. Te esperamos Carlonimo sigue contando tus historias eróticas..

Ramiro -

Quiero que me digan si esto va a continuar, porque ya se volvio un desastre. no se si mi comentario se publique o donde aparezca. rescatemos el blog, es sensacional la secuencia que se llevaba.

Carlónimo -

Jamás te olvidaré, mi preciosa Anna.
https://www.youtube.com/watch?v=oGn-k8qW8VM

Anónimo -

Que pasa aquí porque no se si los comentarios sr punñican

Pepe -

No entiendo, ya no hay fechas reales y todo está revuelto y por lo menos espero que se publique en orden mi mensaje

Anonimo -

que desmadre es este donde queda el norte y donde el sur?

Antónimo -

¿Qué hongo mis chavos?

Como dijo hace unos días nuestro amigo el Gaucho Simón: “No sé por qué motivo hoy me dio por dar un paseíto por aca”; o poco antes la regia Marce: “Después de tanto tiempo los volví a encontrar”; o tantito más allá la güerita Anna: “Llevaba algunos años de no entrar al blog, pero eso no quiere decir que te haya olvidado”; o apenas antes mi hermano Carlónimo: “Aquello que te emociona, evocas constantemente y lo disfrutas una y otra vez, no puede ser irreal”; o un empujoncito más atrás mi encantadora Vero: “HE SOLICIDADO A SANTA CLOS UN RELATO PARA MI DE PARTE DE CARLÓNIMO....”; pues ahora yo me aparezco así nada más como que no queriendo, tan sólo pajareando, por mera curiosidad…

Y después de enterarme de las susodichas apariciones previas, la pregunta obligada que me hago es: ¿qué onda? Si creíamos que esto ya se había acabado pues “ni madres”, resulta que varios andamos como que sobrevolando el área por aquello de “no te entumas”. Y considero oportuno decir esto porque justo ahora encuentro el comentario semanal de la Yazmín Alessandrini que se refiere a: “El verdadero dolor de la ruptura”.

Como que “romper”, así a la brava, no es algo que toleremos tan fácilmente los humanos. Nos duele arrancarnos de súbito una relación o querencia. En palabras de Alessandrini: “el cerebro no distingue entre el dolor físico y el sufrimiento emocional; romper una relación es una de las pruebas más duras para la estabilidad emocional”.

Y dice después la güerita Allesandrini que “Los vínculos y las dependencias nos remiten a forjar sentimientos encontrados que nos confunden, nos enojan, nos entristecen y nos ubican en una situación en la que, cuando menos en una primera instancia, sólo podemos sentir dolor…” Y al efecto, pregunta:”¿Se trata acaso de un dolor real emocional o un falso dolor producto de ver mancillada nuestra autoestima o por quedar socialmente expuest@s debido al rompimiento?”

La pregunta es muy clara y la respuesta también lo es. En nuestro coloquial parloteo dentro del blog, no estamos expuestos a una presión social que nos lesione la autoestima, sino más bien a las emociones que rebullen en nuestra intimidad, conforme a las cuales, dice Yazmín: “vamos construyendo un sinfín de circunstancias y situaciones… hasta que un mal día el destino puede presentarnos un viraje totalmente inesperado y resquebrajar desde los cimientos” nuestra quimera.

Y es eso lo que lamentamos al ver roto el escenario en el que participábamos. Las palabras de nuestro ilustre gaucho: “pasé muy buenos momentos aquí” son, en mi opinión, el sentir y la motivación de quienes nos asomamos al blog para revivir las emociones íntimas que se agitan en nuestro cerebro.

Así que, no la piensen tanto mis chavos, ni se anden con eufemismos grotescos. Todos sabemos la pata con la que cojeamos. Aquí siguen ¡de a peso! los pinchazos.

Carlónimo -

Les dejo este relato que escribí a fines de noviembre y se me quedó “traspapelado”.

Qué deliciosa jornada vivimos en Madrid en ocasión del Día de la Hispanidad. La Plaza Mayor donde se congregaron los grupos artísticos enmarcó una vez más la pasión de Anna y Carlónimo, expresada con abrazos, caricias y amorosos besos.

Después de cantar y bailar con los amigos latinoamericanos nos fuimos al Palacio de Debod y, tirados en el césped a un costado de la fuente, retozamos hasta el umbral del coito. Los ardientes labios de mi amada acariciaron, mordieron y apresaron los míos; sus inquietas manos me frotaron el cabello y la espalda; sus duros pezones surcaron mi pecho; su señalada pelvis trepidó al contacto con mi abultado falo.

La apreté contra mí cuerpo, la palpé por debajo del vestido y acaricié con delectación sus nalguitas. Mi güerita tembló y bramó de excitación, nos abandonamos por un instante al imperio del deseo, pero al no ser posible saciarlo en un espacio público pactamos una inevitable tregua y nos fuimos al Mercado de San Miguel donde bebimos y nos dimos un festín de tapas. Teniendo a mi amada sentada sobre las piernas sobrevino otra vez el incontrolable deseo, así que alternados con bocadillos y sorbos de sidra y de cerveza, la tupí de besos y mordiscos. Sus chamorros desnudos me invitaban a llevarla de una vez a la cama.

Pero teníamos un plan para ese día y decidimos cumplirlo. Nos fuimos al cine en la Gran Vía para ver la película de Cantinflas “From México to around the world” con Oscar Jaenada que me pareció una buena pieza pero, conociendo muy bien las costumbres, el lenguaje y el folklore de mis paisanos, me percaté de que en mi Patria no tendría mayor demanda.

En las butacas del cine, cuando reiniciábamos el contacto íntimo, sentí que me palmeaban con insistencia la espalda. Me incorporé y pude ver que se trataba nada menos que de Eulogia ¡Carlónimo! ya sabía que eras tú pues te conozco desde todos los ángulos y además te identifiqué por el ímpetu amoroso que te caracteriza. Y ésta chica, tu compañerita, no puede ser otra que Anna ¡Hola querida, qué gusto encontrarnos de nuevo! ¿Ya sabes que me casé? Mira, te presento a Ismael, mi marido ¿Por qué no salimos juntos al final de la función. Nos podemos tomar unas copitas y vernos ¡Tengo tantas cosas que inyectarles ¡Ja ja ja ja! Perdón… que contarles…!

En efecto, concluida la función nos encontramos con ellos y mi güerita decidió invitarlos a una reunión que ya tenía acordada en casa de Almudena. Nos fuimos para allá pero yo me ausenté por un rato para ir a la Embajada de México y atender un asunto personal.

Cuando llegué por fin al “depa” de nuestra amiga, Anna me dijo señalando la recámara: Ahora mismo están inyectando a Almudena, no es nada serio sino que tiene dolor en la garganta y Eulogia se ofreció a aplicarle el antibiótico pues la convenció de que es una enfermera altamente calificada. No pude advertirle del riesgo ¿Cómo ves?

En ese momento se abrió la puerta de la habitación y salió la experimentada enfermera diciendo: Por favor, necesito alcohol. Como no había en casa me dispuse a salir para comprarlo pero antes le pregunté: ¿Quieres que compre de una vez la jeringa? ¡Nooooooo! fue su respuesta, tú ya sabes que yo no inyecto con esos juguetes. Tengo mi jeringa profesional y siempre la llevo conmigo, una nunca sabe…

Salí y regresé con el alcohol. Anna se lo entregó a la enfermera y después me dijo discretamente: Me siento muy nerviosa, la pobre Almudena está acostada en el lecho muy tranquila. Y, aquí entre nos, tiene un culito tan majo y tan bien dispuesto, que ya imagino la excitación que le estará causando a Eulogia. No sabe la pobre Almudena en la que se metió y el inhumano tormento que le espera.

Eulogia cerró y puso el seguro de la puerta, nos quedamos paralizados al imaginar la reacción y el dolor de nuestra amiga al ser pinchada. Pasaron algunos minutos que nos parecieron eternos y forjaron en nuestra mente un escenario complejo, cargado de sinsabores, erotismo y sentimiento de culpa.

Escuchamos una breve conversación a través de la puerta, indicativa de que Eulogia tenía lista la jeringa y daba las últimas instrucciones a su víctima. La paciente decía:(…) las inyecciones me ponen nerviosa (…) tenme paciencia. La enfermera indicaba: Así, querida. No, no te va a doler nada, quítate la panty completa. Ahora empina y relaja tu culito. Por cierto que lo tienes muy lindo… Será un placer inyectarte, querida.

A ver, esta nalguita derecha tan blanquita y carnosita, vamos a pincharla. Así, te desinfecto lentamente… Va el piquete, no te muevas muñeca, uno, dos, tres… La angustiosa reacción no se hizo esperar: ¡Aaaaaaaayyyyy! Noooo, ¡Maaadrreeee Saaaantaaa! despacio, espera, te lo suplicoooooo… No sabes cóooommoo me dueleeeee! Es (…) muy dolorosa (…) ¡Oyee! ¡No…! Mi culo (…) ¡Aaayy, espera, despacio…!

Anna me miraba angustiada, luego me dijo: ¡Seguro que a mi amiga le da el “jamacuco”, ya la conozco! Pobrecita Almudena.

Momentáneo silencio, algunas palabras ininteligibles. Gritos de alarma: ¡Contrólate, no tenses la nalga, que te lastimo! Lamentos: (…) ¡No aguanto más! Un silencio prolongado. Después se abrió la puerta y salió muy campante Eulogia con la jeringa vacía, diciendo: ¡Tan tranquila estuvo la chica mientras la inyectaba, que hasta se quedó dormida!

Anna entró corriendo a la habitación y encontró que la bella Almudena había perdido el conocimiento. Le hizo oler alcohol hasta que reaccionó, le sobó la nalguita, la ayudó a vestirse, le enjugó el llanto y la tranquilizó. Por fin salieron de la habitación. Almudena lucía una cortísima minifalda, cojeando ostensiblemente no dejaba de masajearse ella misma la nalga.

Mientras tanto Eulogia, con la pierna cruzada y los impactantes muslos expuestos de manera descarada, recibió a su paciente diciendo: Ya ves… No te dolió la inyección ¿verdad muñeca? Te portaste muy bien, eres valiente, mañana vengo a ponerte la otra.

Almudena contestó: Gracias Eulogia, no sé, no estoy segura de encontrarme en casa mañana pero… bueno, ya veremos. Después le susurró en el oído a Anna: Eulogia es una sádica, pero la forma en que me inyectó, el fetiche de su jeringa, la habilidad de sus dedos hurgando mis nalgas… Aquí entre nos, me fascinaron.

En eso llegaron Julio, Pilar y Jorge y se quedaron pasmados viendo las espléndidas piernotas de Eulogia. Después de las consabidas presentaciones descorchamos algunas botellas de vino, e imbuidos por la película de Cantinflas nos enfrascamos en una interesante charla acerca de México.

Los sitios, tradiciones, costumbres y hasta el lenguaje de mi país estimulan en buena medida la curiosidad de los extranjeros. Por más que les hice recordar que México tiene una importante influencia de España, ellos insistieron en que nuestra cultura siempre les da sorpresas.

Les contesté algunas preguntas y poco a poco fui dejando los comentarios y respuestas en labios de Anna sentada en mis piernas luciendo tres cuartas partes de sus turbadores muslos, que hablaba con propiedad acerca de México y de su gente. Yo la escuchaba encantado pues me fascina verla y sentirla identificada con mi Patria.

Les describió cómo es la vida en algunas ciudades, se refirió a las culturas precolombinas, las fiestas, platillos, bebidas, etc. A todos nos tenía boquiabiertos. Al final se prendió de mi cuello y me dio un resonante beso diciendo: ¡Mi Carlónimo me ha enseñado tanto acerca de su país, que ya lo considero mío!

La atraje hacia mí y la abracé como a una beba. Eulogia no dejaba de admirar con lujuria las esculturales piernas de las tres chicas. Tanto Anna, como Pilar y Almudena, empezaban a sentirse incómodas. Trató de persuadirlas, tanto a ellas como a Julio y a Jorge, que la dejaran aplicarles una vacuna contra el ébola, pero ninguno aceptó. Los dos ardientes hispanos tenían los ojos puestos en la entrepierna de Eulogia donde admiraban la minúscula panty de seda roja, cuyo ajustado diseño delineaba la atrayente panocha.

Eulogia me confió al oído: De que los inyecto, los inyecto ¡a todos! Ya verás, no se me escapan. ¡Cómo se me antojan esos chavales, te apuesto que les pincho las nalgas y después me los cojo!


http://www.youtube.com/watch?v=B7mMueuIAZE

Carlónimo -

Muchas gracias mi vida por haber acudido a Grenoble, Francia, para celebrar un delicioso descanso navideño.

No obstante el mal clima que es normal en esta época del año, las rústicas tabernas y el románico “Grand Hotel” enmarcaron unos días inolvidables en la más estrecha y arrebatada intimidad.

Luciendo cálidos conjuntos otoñales que despuntaban tus curvadas formas femeninas, caminabas amarradita a mi cintura por aquellas callejuelas con aire renacentista, rebosantes de historia, sentimientos, y ardiente pasión de enamorados

El golpe frontal del viento y la evaporada respiración que manaba por el borde de nuestras bufandas, nos hacían sonreír y celebrar el dichoso acontecimiento de compartir por fin una época navideña.

Escalando los Alpes Franceses en el cómodo “Funiculaire”, tomando un reconfortante ponche de orozuz en el inigualable “Kfee des Jeux” o disfrutando las especialidades culinarias de “Le Vin au Vert”, nos disolvimos en el amor y la liviandad. Nuestros cuerpos se unieron y se acariciaron una y mil veces, hasta el ensueño.

Amor, sensualidad, morbo y lascivia, se conjuntaron para hacer de nuestro encuentro una detonación de impulsos frenéticos, donde nalgas, coños, vagina, pene, tetas, labios, piernas, manos, desplegaron sobre el lecho en armonioso ritual, la más cautivadora coreografía sexual.

Me solacé contemplando la firme prominencia de tus nalgas encaramadas en mis piernas, con la afilada hipodérmica incrustada en el bombón izquierdo que temblaba a cada adelanto del émbolo.

Con resignada actitud soportabas el flagelo y me compartías tu morbo, tu intimidad, así como las secretas perturbaciones de tu entelequia, en cuya atención te incrusté la punta de mi dedo por el recto para excitarlo con movimientos espirales que devinieron en penetración total.

La acompasada fricción desde el lento masaje inicial hasta la ruda embestida final, nos llevó a la lujuria. Tus albos cachetes se compactaban y enrojecían por la presión de mi puño. Tu estrecho esfínter me apretaba con extrema furia.

Consumada la inyección te extraje la jeringa y sin dejar de picarte el ano, comencé a azotarte cada vez con mayor vehemencia hasta que me pediste culminar la terapia.
Respondiendo a tu deliciosa petición te hice empinar y te metí el pito en la vagina, a lo cual reculaste como las buenas jacas andaluzas, para sumar la furia de tus arremetidas con las mías. Sujetando y contemplando tus deliciosas nalgas regulé la intensidad y la frecuencia de las rítmicas penetraciones. El pene y los labios vaginales se abrillantaron y ruborizaron sin dejar de frotarse mutuamente, hasta el punto que los fluidos, gritos y exclamaciones festivas se confundieron y encuadraron el paralizante clímax, donde la excelsitud y la divinidad se cristalizan y conforman un solo ser.

Tumbado sobre tu espalda, sintiendo en mi pene las postreras opresiones de tu regocijo vaginal que me succionaba los últimos chispazos de esperma, no dejaba de morderte y de chuparte la espalda y el cuello, pensando en lo maravilloso que es amar y ser amado por una mujer tan encantadora como Anna.

Entreveradas con las intensas jornadas de amor y de placer en la más estrecha intimidad, las visitas a los mercadillos navideños, los conciertos en iglesias y las cenas en diversos restaurantes típicos, sellaron nuestra festividad.

Montamos nuestro “crêche” (belén o nacimiento) en el hotel, recibimos a “Pére Nöel” mediante un sentido intercambio de regalos materiales y espirituales, y brindamos con vino caliente por nuestra felicidad eterna y por la eternidad de nuestra felicidad.

En el terreno del amor seguimos disfrutando nuestros fetiches y morbos en el más estrecho de los consensos. Con mi güerita acostada boca abajo, puesto yo a horcajadas en sus piernas, le estimulaba la vía rectal, le adormecía mediante azotes el glúteo a pinchar, le metía la verga por el conducto vaginal y, teniéndola sumida en semejante arrobamiento, le perforaba sus nalguitas con la hipodérmica, para aplicarle completo y sin molestia el dolorosísimo medicamento prescrito por el médico. Sumida en la más excelsa euforia, no sentía más que un ascenso de su apetencia carnal.

Carlónimo -

Debido a que no me fue posible aplicar a mi preciosa Anna el tratamiento completo antes de regresar a México, ella tuvo que acudir en Madrid a la Sanidad Pública. No obstante, habiendo estado en espera durante más de una hora sin que la llamaran, decidió ir a la farmacia donde antes la habían inyectado.

El paramédico la reconoció enseguida y corrió a recibirla antes de que otro enfermero se le adelantara. Cuando supo que no era inyección sino aplicación de medicamento por vía rectal, su corazón dio un fuerte vuelco y la hizo pasar de inmediato al consultorio.

Caminando detrás de ella, deleitándose al observar sus albas y robustas piernas, así como el armonioso meneo de sus nalgas, recordó el no lejano día en que le aplicó “Flugenol” por segunda vez, la sumisión con que ella se plegó al martirio, disfrutando su entelequia.

Sus palabras: “me ha gustado mucho que lo hicieras en esa posición, me gusta estar sobre tus piernas mientras me inyectas”; no las había olvidado, ni tampoco la forma en que
permaneció después inmóvil, con la respiración muy fina, espaciosa y acompasada.

Una vez en el recinto clínico, Anna se despojó de la falda y la colgó cuidadosamente en el perchero cautivando al muchacho con la espléndida vista de sus nalgas desbordando la panty de seda color naranja la cual, acto seguido, mi preciosa hispana hizo descender despreocupadamente hasta las piernas para tenderse boca abajo en el camastro, ostentando sus tersos cachetes muy blancos, firmes y esponjados. El impactado enfermero se movía inquieto buscando el ángulo más adecuado para mirar las partes más íntimas de mi amada quien, siendo como es, enemiga del recato, no se oponía a que el chico la admirara.

Una vez lista la cánula, mi novia relajó el minúsculo esfínter rectal permitiendo que el paramédico se lo tentara y le untara una buena cantidad de lubricante para acoplarle el tubo y empujarlo lentamente. Los deliciosos cachetes se fueron separando gradualmente hasta alojar la hiriente puya. Mi güerita se estremeció de dolor pero no lo externó demasiado pues dice que las expresiones son parte del juego erótico y que se lo reserva para cuando está conmigo.

Cerrando los ojos y resoplando, mi preciosa Anna se resignó a recibir el ardiente medicamento pero, por más que el joven empujaba, el émbolo se resistió a avanzar. Los momentáneos recesos y nuevos intentos tampoco tuvieron éxito, de manera que el enfermero retiró la cánula y le dijo a su paciente que intentaría la aplicación en otra pose.

Tratando de sugerirle con eufemismos que se empinara, ella lo paró en seco diciendo: “No te mortifiques, hombre, que ya entiendo, queréis ponerme en cuatro patas. Pues me pongo en cuatro y ya estᅔ. Hincó las rodillas en el camastro y se empinó dramáticamente parando sus apetitosas nalgas hasta dejar a la vista la minúscula entrada rectal, por donde el muchacho le insertó a duras penas el dardo.

Con el culito totalmente traspasado, haciendo un gran esfuerzo de relajación y de concentración que le permitiera aminorar el dolor, mi güerita se apalancaba con los brazos apoyados en la cama para resistir los empujones que le daba el fornido muchacho al tratar de sumir el émbolo, el cual nuevamente se resistió a entrar, hasta el punto que después de varios intentos la cánula fue de nuevo retirada.

Una tercera tentativa de aplicación en decúbito izquierdo también fracasó poniendo a mi preciosa Anna en el límite de su resistencia. Cuando el chico le extrajo el tubo sin haber podido alojar la sustancia en el recto, mi güerita se tiró boca abajo desesperada para juntarse ella misma las nalguitas una contra la otra, entre lamentos y lágrimas que ya no pudo disimular pues estaba realmente lastimada.

Mientras el joven la miraba en su encantadora desnudez, ella se incorporó como pudo y le dijo: Ahora lo vamos a hacer como yo te diga. Mi amada güerita cogió unas almohadas y unas colchas y las apiló en el centro del camastro para tenderse con el pubis apoyado en la cima, adoptando así una pose análoga a la que adquiere cuando yo la pongo en mis piernas para inyectarla o para aplicarle ese mismo medicamento.

El joven no perdía detalle pues estaba realmente excitado de ver a mi asturianita en diferentes poses a cual más de eróticas. Cuando le clavó por cuarta vez la cánula y empujó con fuerza el émbolo, Anna chilló de dolor pues la sustancia esta vez corrió como chisguete y se le apelotonó en el recto.

Cuando le extrajeron la puya mi preciosa Anna no podía moverse, se quedó materialmente colgada del montículo respirando agitadamente y echando de menos los estímulos que yo le aplico para consolarla. Algunas lágrimas corrieron por sus mejillas al momento que decía: Cómo extraño a “mi amado Carlónimo, que me llena de atenciones, mimos y mucha pasión”.

Carlónimo -

La eficiente asistencia de Luis

“El pasado viernes llegue a mi casa, eran como las 4 de la tarde y no había comido, así que me dirigí a la cocina para prepararme algo”

En esas estaba cuando sonó el timbre y al abrir me encontré con Luis a quien no esperaba. Me explicó que mi novio le había llamado una hora antes para decirle que se pusiera en contacto conmigo para aplicarme un tratamiento que me había prescrito el médico.

En efecto, esa mañana había acudido a la clínica para que el médico me recetara algo con qué remediar mis molestias rectales ya que, a la postre, mi novio no había sido tan “sutil, cuidadoso y romántico” para desvirgarme.

Debía aplicarme enemas y una pomada, pero después de la tierna experiencia de fin de semana, había decidido romper en definitiva con Luis. Sin embargo, resulta que mi novio mismo me ponía otra vez en las manos de él, sin importarle lo que pudiera ocurrir y que, de hecho, ya había ocurrido.

Así que molesta de sentir que mi novio no me valoraba, cambié mi decisión de rechazar la asistencia de Luis y lo hice pasar a mi recámara dispuesta a que ocurriera lo que el instinto y la aparente ingenuidad de mi novio, nos depararan.

Después de explicarle lo que era menester hacerme, atendiendo sus instrucciones me desnudé de la cintura para abajo. Con las piernas, el pubis y las nalgas a la vista, esperé pacientemente a que cargara el medicamento en una perilla de goma de 250 mililitros. Por fin se acercó y “me hizo que me pusiera de rodillas sobre la cama y me tumbara sobre mis codos, dejando al airé mi culo”, para observarlo minuciosamente.

Después de toquetearme una y otra vez la entrada rectal y de apreciar la gravedad de la lesión, me dijo: “Querida Marce la forma menos agresiva de aplicarte el enema es acostada de espalda”. Así que dándome vuelta me hizo elevar las piernas hasta apoyarlas en sus hombros. Mis dos magníficas entradas sexuales le quedaron expuestas, a su entera disposición y solaz.

La atracción que sentía por Luis, aunada al desparpajo con que mi novio me desatendía, hicieron que me abandonara al imperio del deseo, así que mi respuesta al delicioso estímulo de le cánula entrando en mi cola, fue espontánea, eufórica y descarada.

La tentadora pose, el ardor de la medicina, la mirada y las caricias de Luis, me hicieron jadear y oscilar el trasero para acrecentar el placentero roce. En respuesta, mi amante desenfundó su enorme pito y dejándome la perilla colgada del coño me acopló su robusto glande y lo introdujo lentamente en mi vagina.

Besando alternadamente mis pantorrillas que flanqueaban para mí el rostro de Luis, emprendió la deliciosa fricción que yo secundaba con fuertes respingos y arremetidas, hasta que la inminencia del orgasmo me puso en el umbral del éxtasis.

En ese preciso instante Luis apretó la cánula haciéndome sentir, simultáneamente, el ardor de la cruenta sustancia en mi ano y la regocijante explosión del esperma en mi vagina. Me quedé trabada, arrobada, incapaz de asimilar tanto placer. Temblorosa, delirante, le dije mil veces que lo amaba, mientras él no dejaba de tallarme y de repetir mi nombre: Marce… Marce… Marce”

Carlónimo -

Ayer que me reuní con Eulogia y hasta le acepté el amable ofrecimiento de que, en ausencia de mi preciosa Anna, me aplicara una inyección para ayudarme a restablecer de una severa gripa, me impresionó constatar en qué medida puede una persona transformar su aspecto y su vida si se lo propone. En verdad, fuera de todo script, Eulogia ha logrado consolidar una imagen, tanto corporal como anímica, envidiable.

Lucía un pantalón blanco espléndidamente entallado, blusa azul turquesa, y una chamarra corta de gamuza que hacía resaltar su marcada cintura, la prominencia de sus carnosas tetas, una cadera femenina extraordinariamente proporcionada, y unas nalgas rebosantes, tan encantadoramente abultadas que no puedo dejar de ponderarlas y de felicitar, tanto a Ismael su afortunado marido, como a la excitante poseedora. La acostumbrada trenza francesa y sus vistosas arracadas de plata armonizaban el bello conjunto, haciéndola lucir madura, moderna y muy bella.

No desaproveché la oportunidad de que cenáramos juntos en un afamado restaurante del Paseo de la Reforma, donde concentró la admiración de los parroquianos. Al final de nuestro encuentro se despidió regalándome la inquietante confidencia de que, su esposo le aplicaría esa misma noche un doloroso refuerzo de complejo “B”, como preámbulo de su frenesí sexual.

No pude dejar de evocarla, quejumbrosa, delirante, extasiada en el morbo de la medicación intramuscular. Postrada boca abajo con la panty replegada y retorcida a mitad de los soberbios muslos. La terrorífica aguja, de base dorada, enterrada en sus pálidas e inflamadas nalgas, lacerándolas e incitándolas al placer y a la seducción.

Carlónimo -

El romanticismo de Marce con su novio.

“Esa noche sabíamos que nos entregaríamos completamente el uno al otro”.

En la tranquilidad de aquel romántico hotel donde pasamos juntos el fin de semana, mi novio me tuvo en sus brazos modelando un minúsculo negligé ceñido estrechamente a mi cuerpo.

“Me hacía estremecer provocando que la piel se me erizara”.

Cuando me hizo reposar encima de él y sus manos me bajaron suavemente la panty hasta los muslos, mi corazón latía de emoción y mis nalgas se esponjaban insinuándole que me tocara mis partes más íntimas.

“La manera con la cual dirigía mi cuerpo era extremamente sutil, cuidadosa y romántica”.

En el momento que sus dedos me separaron las nalgas e incursionaron en mi ardiente raja, yo estaba deseando concretar una erótica fantasía que no había tenido ocasión de comentar con él.

“Me recostó de espalda, entrelazamos los dedos y colocó mis manos sobre mi cabeza”

Sus labios recorrieron suavemente mi cuello, pezones, ombligo, vulva, me chuparon el clítoris y me hicieron estallar un primer orgasmo que, lejos de menguar, acrecentó mi secreto deseo.

“Con los ojos cerrados disfrutaba el momento”.

No podía esperar más, el apetito sexual me cegaba. Al sentir “sus manos suaves frotando mis muslos” flexioné y separé las piernas adoptando la posición coital. Sentí su grueso tolete que se me incrustaba y me frotaba la vulva.

Al sentir la inminencia de un nuevo espasmo, eufórica de placer me atreví a pedirle lo que tanto deseaba. “Despojándome de todo” prejuicio, le propuse que me follara por detrás, que me lo metiera en el coño.

“Me colocó boca abajo e introdujo su pene en mi ano”

La primera entrada me causó un sufrimiento espantoso, pero me produjo también un placer intenso. Al tercer o cuarto acceso sentí su poderoso falo que entraba y salía sin dolor, a lo cual respondí con una sumisa dilatación del esfínter, pidiéndole que terminara de follarme y de poseerme por esa vía.

“Presionó las marcas de las inyecciones haciéndome recordar el dolor y la situación que pasé”

Al pensar en las jeringas que Luis me había aplicado con tanto cariño, mi vagina disparó un cristalino torrente que me hizo fruncir involuntariamente el coño. Mi novio gritó de placer y a punto de eyacular me estrujó y me pellizcó las nalgas hasta producirme algunos rasguños. Sentí el candente esperma disparado en mis entrañas.

Mi primera experiencia rectal se había consumado. Estaba feliz y satisfecha de haberle entregado a mi novio la virginidad rectal. Pero no podía olvidar a Luis, cuyo recuerdo me aceleró el orgasmo.

Querida Marce, escribes precioso, confirmo que vives intensamente los episodios ¿Nos cuentas algo más acerca de tu primera vez, y de los días posteriores en que tu mamá te aplicó algunos supositorios para remediar las molestias derivadas de tu desvirgamiento y que ella atribuyó a la ingesta de alimentos muy condimentados? ¿Qué le dijiste acerca de los rasguñitos en tus nalgas?

En breve yo les cuento acerca del enema que te aplicó Luis, y de lo que ocurrió después ¿Te parece bien?

Marce -

Después de mi fantasía de estar con Luis; pase al romanticismo juntó a mi novio.

Esa noche sabíamos que nos entragariamos completamente el uno al otro.
Con cada beso que me daba, cada caricia que me hacia, el sentir sus labios sobre mi cuello, escuchar su respiración agitada, percibir su pulso acelerado y cada palabra que salía de su boca, me hacia estremecerme, provocando que la piel se me erizara.

La manera con la cual dirigía mi cuerpo era extremamente sutil, cuidadoso y romantico.

El momento de pasion en el cual estábamos embargados, nos hizo despojarnos de todo lo que estuviera sobre nosotros.
Con un beso apasionado, me recostó sobre la cama, entrelazamos los dedos y coloco mis manos sobre mi cabeza y me dio un beso en la mejilla.
Mientras todo esto pasaba yo permanecía con los ojos cerrados disfrutando el momento.

Susurrando, me pidió que separara mis piernas, sus manos suabes frotaban mis muslos y senti que sus dedos pasaban por mis labios vaginales provocándome que me estremeciera. Coloco su lengua en mi clítoris, logrando el orgasmo, sentía su fuerza tratando de contener los movimiento pélvicos que yo hacia.

Me tomo de la cedera y me acerco hacia el, me penetro, los dos nos fundimos en un abrazo. Después me coloco boca abajo e introdujo su pene en mi ano, provocándome una leve molestia; la cual cambió cuando presionaba las marcas de las inyecciones haciéndome recordar el dolor y la situación que pase.












Carlónimo -

Fuimos a Tenerife, en Canarias, donde evocamos vivencias de tres años atrás, cuando irrumpí en el congreso de tu empresa.

Bello fue encontrarnos en el mismo hotel del cual la vez anterior me tuve que ausentar intempestivamente, dejándote dormida tras haber protagonizado uno de nuestros momentos más intensos.

¡Cómo me ha llenado el recuerdo de tu fragancia plasmada en aquel sensualísimo bikini rosa que pusieras a secar sobre la silla más cercana a la puerta de nuestra habitación, y que al salir llevé a mis labios para depositarte en él un último beso!

Nublado y lluvioso, el tiempo ha sido inadecuado para la playa, pero muy adecuado para el amor. Nos refugiamos en el bar donde bebimos y bailamos abrazados.

Éramos casi los únicos comensales y la orquesta no dejó de satisfacer nuestras expectativas musicales.

Tu vestido cortísimo y entallado fue la pista por la cual mis manos recorrieron la sensual curvatura de tu cuerpo. Te transmití mi calor y mi deseo, te confesé que eres la chica de mis sueños.

Nos fuimos después a la habitación para achucharnos y arroparnos en las alas del deseo. No era el momento de inyectarte sino de amarte.

Te acosté boca abajo, elevé tu vestido, deslicé la minúscula panty, te puse en cuatro, lubriqué tu orificio rectal y te encajé la verga hasta sentir que mis cojones se arrullaban en la acogedora superficie de tus cachetes, haciéndote retorcer y gemir de placer.

Emprendiste el creciente vaivén cuya intensidad se fue acentuando hasta convertirse en furiosos respingos aderezados con gritos e invocaciones de placer y de dolor.

Tu blondo cabello, tu estrecha cintura, tus curvados flancos, tus carnosas nalgas, ¡toda tú! temblabas y te agitabas para acrecentar el roce de tu esfínter. Una y otra vez, hasta llegar al umbral de la suprema erupción.

Te lo saqué del coño y te lo metí en la vagina envuelto en escabrosos espumarajos de esperma, emulando los violentos borbotones del champagne cuando es abruptamente descorchado.

El pastoso semen te bañó la espalda, los glúteos, la raja, los muslos y el interior de la comprimida vulva, que lo acogió con estridente beneplácito.

Me ceñiste con tal fuerza el pene que me hiciste enroscar de placer y felicidad.

Carlónimo -

http://www.youtube.com/watch?v=w1F5BLLFAeM

Carlónimo -

Así, empinada, con mis nalgas dramáticamente expuestas y entregadas al imperio del deseo, sentí los dedos de mis dos amantes en la frontera de mi reducto anal, estremeciéndose y sugiriendo lo que su masculino impulso les dictaba.

Con mis piernas separadas y la humedecida grieta vaginal expuesta, a los ojos de los dos varones que ya la habían hecho suya, fantaseaba que el supositorio era más bien el pene de Luis y el de mi novio ¡de ambos! tallándome el esfínter, simbolizando la posesión de mi cuerpo entero.

Así viví la experiencia, aquel momento inolvidable en el que mis dos amores se hermanaron en el disfrute de mi persona, reconociendo mis encantos y la incontrolable excitación que les causo.

Me dejé querer, permití que los dos me tocaran, me disfrutaran. Yo los disfruté a ellos como una loca.

Inexplicable… inexplicable pero supremo.

Muy buen final le diste al suceso, querida Marce. Te propongo que ahora nos cuentes lo que viviste en la intimidad con tu novio; y yo les cuento lo que ocurrió cuando pediste a Luis que te aplicara un doloroso enema.

Marce -

El pasado viernes llegue a mi casa, eran como las 4 de la tarde y no había comido,así q me dirigí a la cocina para prepararme algo cuando me doy cuenta que había un recado en el refrigerador con la letra de mi mama q decía q mi novio pasaba por mi en la tarde para acompañarme a que me aplicarán la última inyección. Yo estaba algo confundida y con culpa por todo lo que había pasado con Luis. Y también enojada con mi novio porque prácticamente me dejo sola con esto.

Unos minutos más tarde entra la llamada de mi novio. Preguntándome que sí mi mama me pasó el recado, le dije que me había dejado una nota.

Se empezó a disculpar por no haber estado conmigo en la aplicacion anterior, y me dijo que no volvería a pasar, por eso quedo en acompañarme.
La verdad no dejaba de imaginarme el momento, tener a los dos hombres que despertaban cosas en mi.

Así que decidí no alargar más la espera y le dije que ya estaba lista para que me inyectarán.
Tomo el teléfono y pidió el servicio a domicilio, con su mano tapó la bocina del teléfono y me dice que le comentan que si queremos que venga la misma persona.

En ese momento me paralice y sólo le respondí alzando mis hombros dejando que el tomara la decisión, a la cual respondió:
-"sí está bien, mandemos al chico de siempre"-.

Mi corazón empezó a latir tan fuerte, mi respiración estaba en aumento, y mis manos frías.
Al ver como me puse, mi novio trato de calmarme, me abrazo y me dijo: -"tranquila mi amor; ya es el último piquete, ya se acabó "

Pasaron alrededor de 20 minutos cuando llego luis; con su uniforme azul marino, sus tenis blancos y maletín en mano.

Como sigues?....me pregunto, con una sonrisa en su cara. Ya mejor le conteste.

Bueno, mi amor donde vas a quiere que te inyecten aquí en la sala o en tu cuarto. En mi cama le dije a mi novio; así q me tomo de la mano y nos dirigimos los tres.
Mis nervios aumentaban cada vez más y al escuchar a Luis decir que ya estaba listo, fue una sensación inexplicable miedo, culpa, excitación, en fin.

Me acomode en las piernas de mi novio, el sentado al borde de la cama y Luis tomando la iniciativa al bajarme el calzón dejándome desnuda media parte de mi cuerpo a la vista de ellos.

Cuando sentí el alcohol rosando com mi nalga, volteo a ver
A Luis,estaba más q concentrado buscando la zona para encajarme la jeringa y no desaprovecho para toquetearme un rato. Me tomo una pierna y me pidió q la flexionara, dijo que eso me ayudaría a relajar la nalga.

Así que sin avisar clavó la aguja, provocándome una contracción de la nalga, al mismo tiempo que mi novio trataba de relajarme con un masaje en los muslos y luis parecía que no se quería quedar atrás porque sentí su mano sobre mi espalda haciéndo movimientos circulares.

Fue de gran alivió sentir la aguja afuera, pero el momento más excitante fue cuando me pusieron el supositorio.

Me pidieron que me pusiera de rodillas sobre la cama y me tumbara sobre mis codos; dejando al airé mi culo dispuesto a ser penetrado por el supositorio.

Mi novio me tomo la nalga derecha y Luis la izquierda para separar y facilitar la entrada del supositorio, fue incómodo como siempre pero percibir las manos de los dos hombres que me han hecho sentir todo.

Fue inexplicable!

Marce -

El pasado viernes llegue a mi casa, eran como las 4 de la tarde y no había comido,así q me dirigí a la cocina para prepararme algo cuando me doy cuenta que había un recado en el refrigerador con la letra de mi mama q decía q mi novio pasaba por mi en la tarde para acompañarme a que me aplicarán la última inyección. Yo estaba algo confundida y con culpa por todo lo que había pasado con Luis. Y también enojada con mi novio porque prácticamente me dejo sola con esto.

Unos minutos más tarde entra la llamada de mi novio. Preguntándome que sí mi mama me pasó el recado, le dije que me había dejado una nota.

Se empezó a disculpar por no haber estado conmigo en la aplicacion anterior, y me dijo que no volvería a pasar, por eso quedo en acompañarme.
La verdad no dejaba de imaginarme el momento, tener a los dos hombres que despertaban cosas en mi.

Así que decidí no alargar más la espera y le dije que ya estaba lista para que me inyectarán.
Tomo el teléfono y pidió el servicio a domicilio, con su mano tapó la bocina del teléfono y me dice que le comentan que si queremos que venga la misma persona.

En ese momento me paralice y sólo le respondí alzando mis hombros dejando que el tomara la decisión, a la cual respondió:
-"sí está bien, mandemos al chico de siempre"-.

Mi corazón empezó a latir tan fuerte, mi respiración estaba en aumento, y mis manos frías.
Al ver como me puse, mi novio trato de calmarme, me abrazo y me dijo: -"tranquila mi amor; ya es el último piquete, ya se acabó "

Pasaron alrededor de 20 minutos cuando llego luis; con su uniforme azul marino, sus tenis blancos y maletín en mano.

Como sigues?....me pregunto, con una sonrisa en su cara. Ya mejor le conteste.

Bueno, mi amor donde vas a quiere que te inyecten aquí en la sala o en tu cuarto. En mi cama le dije a mi novio; así q me tomo de la mano y nos dirigimos los tres.
Mis nervios aumentaban cada vez más y al escuchar a Luis decir que ya estaba listo, fue una sensación inexplicable miedo, culpa, excitación, en fin.

Me acomode en las piernas de mi novio, el sentado al borde de la cama y Luis tomando la iniciativa al bajarme el calzón dejándome desnuda media parte de mi cuerpo a la vista de ellos.

Cuando sentí el alcohol rosando com mi nalga, volteo a ver
A Luis,estaba más q concentrado buscando la zona para encajarme la jeringa y no desaprovecho para toquetearme un rato. Me tomo una pierna y me pidió q la flexionara, dijo que eso me ayudaría a relajar la nalga.

Así que sin avisar clavó la aguja, provocándome una contracción de la nalga, al mismo tiempo que mi novio trataba de relajarme con un masaje en los muslos y luis parecía que no se quería quedar atrás porque sentí su mano sobre mi espalda haciéndo movimientos circulares.

Fue de gran alivió sentir la aguja afuera, pero el momento más excitante fue cuando me pusieron el supositorio.

Me pidieron que me pusiera de rodillas sobre la cama y me tumbara sobre mis codos; dejando al airé mi culo dispuesto a ser penetrado por el supositorio.

Mi novio me tomo la nalga derecha y Luis la izquierda para separar y facilitar la entrada del supositorio, fue incómodo como siempre pero percibir las manos de los dos hombres que me han hecho sentir todo.

Fue inexplicable!


Carlónimo -

Querido Simón, esta es tu casa y tú lo sabes. En lo personal, te extraño.

Un abrazo

Simón -

Hola queridos amigos y en especial, Carlónimo:
No sé por qué motivo hoy me dio por dar un paseíto por aca; después de tanto tiempo hay mucha lectura atrasada y no me da el tiempo para ponerme al día. Pero me alegra que haya movimiento, pasé muy buenos momentos aquí.
Los anrazo
Simón

Carlónimo -

Al día siguiente estaba muy nerviosa pues si bien me sentía dispuesta a no reprimir mis impulsos sexuales, no me hacía feliz la idea de entregarme a Luis en el consultorio de la farmacia.

Mi novio me llamó por teléfono diciendo que estaría muy ocupado, así que llegaría hasta la noche a verme y me recomendó que no dejara de inyectarme.

Me dio mucho coraje que me dejara expuesta al morbo de un desconocido, así que me exculpé del coito tenido con Luis el día anterior y de lo que pudiera ocurrir entre nosotros. Aunque definitivamente no estaba dispuesta a entregármele esa tarde.

Le llamé y le dije que lo esperaba en casa para que me inyectara y media hora después estaba llamando a la puerta justo cuando mi madre pretendía salir de casa. No quería hacerle sentir ni remotamente que me quedaría a solas con él, así que en presencia suya le rogué a mi madre que me acompañara, fingiendo estar muy nerviosa y necesitada de su asistencia.

Me dirigí a la habitación y mientras Luis preparaba la jeringa me solté el cinturón, me bajé el jeans y me acosté para que mi madre me deslizara la panty llevándola tan solo hasta la cima de los glúteos. Sentí la sumaria desinfección y el contiguo piquete que me hizo saltar, pero resistí el dolor sin externar agitación alguna.

La recia sustancia me invadió el cachete produciéndome un ardor intenso frente al cual me mantuve impertérrita. Después vino el masaje pero al sentir los dedos de Luis ondulándome la superficie del glúteo me invadió otra vez el deseo haciéndome recordar los instantes supremos de nuestro idilio.

Me dejé masajear complaciente y en tanto mi madre llevaba los materiales sobrantes al cesto de basura, Luis me susurró al oído: “Te amo, Marce, tenía la esperanza de que nos entregaríamos hoy de nuevo”.

Permanecí en silencio, después le dije: “No soy una puta para que pretendas saciar tus instintos conmigo”.

Pero es que ayer… repuso vacilante.

Atajándole la conclusión de la frase agregué: “Ayer abusaste de mí, eso es todo”. Sin atreverse a proponerme la aplicación del supositorio se despidió y me dijo: Si lo deseas me llamas mañana para terminar el tratamiento.

Cuando se marchó lloré en silencio, pues en realidad lo amaba y lo deseaba. Mi madre fingió no percibir mi estado de ánimo; se concretó a masajearme el culo, desenvolvió el supositorio y me lo metió en el recto pausadamente. Yo extrañaba a Luis, sus caricias y la maestría con que la noche anterior me había excitado y hecho suya.

No quise recibir a mi novio pues no deseaba verlo y él no insistió en buscarme. Estaba muy molesta pues fue él quien llevó a Luis a la casa para que me aplicara los supositorios ¿Cómo es posible que él no se haya prestado a metérmelos en el culo? Es algo que yo deseaba locamente.

La tarde y la noche se me hicieron eternas, ya quería ver a Luis, resistiéndome aún a aceptar que deseaba ser otra vez suya.

Querida Marce, te dejo la conclusión del relato. Tú decides en qué termina.

Carlónimo -

Después todo fue confuso, no sé cómo ocurrió pero sus manos rodearon mis muslos y su boca se acopló a mi vulva. El inmenso placer me dominó. Retorciéndome le suplicaba a Luis que no dejara de chuparme y de lengüetearme el clítoris.

Gemí de gozo y desesperación. De manera instintiva me di la vuelta y empiné las nalgas. La cabeza de su enorme pene se deslizó al interior de mi vulva, “me lo metió lentamente” haciéndome chillar de frenesí. La acompasada frotación, las caricias en mis nalgas y en mi cintura, los piquetes en el recto y el recuerdo de las inyecciones, me llevaron al éxtasis. Grité, me corrí y me llené de su descarga seminal. Nos quedamos trenzados, abrazados, desconcertados, pero satisfechos.

Esa misma noche mi madre acudió a mi recámara para verificar mi temperatura por vía rectal. Tendida boca abajo con las nalgas descubiertas y el termómetro dentro del culo, sentí sus caricias y sus palmadas en mis cachetes.

Me dijo: “Marce, estás preciosa pero recuerda que la belleza es efímera. Estás en una edad en la que debes conocer, comparar y disfrutar. La represión de los instintos esclaviza y te lleva a la frustración, así que evítala”.

Su comentario y su actitud me emocionaron y me hicieron superar la duda que tenía con respecto a la experiencia que había tenido con Luis. Me volvió la confianza al cuerpo y me pregunté: ¿Qué iría a ocurrir cuando mi amante me aplicara la cuarta inyección?

Marce -

Para la siguiente aplicación, fui directamente a la farmacia para que me atendieran.
Ese día fue muy agetreado para mi, tenía varios pendientes por hacer,por tal motivo llegue a la farmacia como alrededor de las 8:00 de la noche; ya casi no había gente, sólo estaban una pareja de novios y un señor delante de mi haciendo la fila.

Me senté en una silla que estaba afuera del consultorio para esperar mi turno, mientras le daban el paso a la pareja y lo mismo paso con el señor. Con el se tardaron bastante y me empezaba a impacientar al mismo tiempo que me preguntaba si sería luis el que me atendería.

Caminaba de un lado a otro por lo largo del pasillo dándome cuenta que el personal de la farmacia terminaba su turno, lo cual me imaginaba que me quedaría sola con la persona que me inyectaria.
Después de 25 minutos salió el señor del consultorio. El muy amable me informa que dice luis que ya puedo pasar. En ese momento me tarde en reaccionar unos segundos mientras asimilaba que si; era Luis el mismo que me a estado inyectando.

Reaccione nuevamente y me puse de pie para entrar al consultorio, no se si tenía miedo, nervios o era el morbo.

Hola marce como estas; me saludo Luis, lista para tu siguiente piquete. Me decía esto mientras lavaba sus manos.

Te parece sí empezamos marce.....me indico luís.

Me pidió que sí me bajaba el pantalón para tomarme la temperatura. Así qué me puse de pie y empeze a desbrocharme, me coloque a la mitad de los muslos el pantalón y el tomo la iniciativa de bajarme el calzón.
Me dijo que pusiera mis manos sobre el escritorio para inclinarme un poco, mientras fue por el lubricante para introducir el termómetro, estando todo listo me lo metió lentamente y me dijo que tenía q salir un momento, le dije que están bien, tardo aproximadamente 2 minutos en regresar suficientes para quitarme el termómetro, lo reviso y me dijo que mi temperatura ya estaba regulando.

Mientras preparaba la inyeccion me pidió una disculpa por salir un momento, me explico que esa noche le tocaba cubrir el turno nocturno y sólo quería verificar si sus compañeros ya se habían ido, de tal modo que estabamos sólo el y yo en la farmacia no había nadie más.

Me tomo de la mano y me acerco a la camilla donde me recosté y me prepare para ser inyectada, pero la situación de estar sola con Luis con mis pompas a su merced me tensionó un poco. Al momento que me clavó la aguja me fue imposible controlar mi dolor y fue inevitable soltar un pequeño grito.

"Tranquila marce estas súper tensa" fue lo que me dijo luís, trate de alcanzar la jeringa con mi mano suplicándole que me la sacara pero al mismo tiempo Luis me puso un alto y empezó a separarme las pompis para introducirme el supositorio.

Al sentir la entrada del supositorio me exitó un poco sentir dolor al mismo tiempo en dos zonas distintas. Empece a gemir y a mover la cadera en forma circular, y a repetir el nombre de mi novio; olvidándome por completo del lugar en donde estaba. Luis término de aplicarme la inyeccion y me giro boca arriba y me colocó mi mano en el clítoris y me dijo que aprovechara que no había nadie en la farmacia.
Lo último que recuero es que salió del consultorio y cerró la puerta fuertemente.........









Carlónimo -

Espero también los invaluables aportes de mi preciosa Anna.

Carlónimo -

¡Ah! quiero decirte que escribes muy bien, continúa contando.

Carlónimo -

Y así fue como pude presentarme otra vez en la casa de Marce a quien encontré un poco desconcertada. Parecía preguntarse ¿quién le habrá encargado a este muchacho que se hiciera cargo de mi tratamiento?

Así que antes de que me externara su duda la enfrenté con una actitud profesional y respetuosa que la hizo superar el mal momento que le propicié el día anterior.

¿Cómo sigue la enfermita? le pregunté; y antes de que me respondiera agregué: Ya verás que con esta segunda aplicación te vas a sentir mucho mejor pues el medicamento que estamos utilizando es de efecto rápido. Además, los supositorios tienen una secuela no sólo atenuante sino preventiva de la fiebre, por lo cual el médico prescribió su aplicación inmediatamente después de las inyecciones.

La encantadora Marce, si bien con aire dubitativo, me llevó de nuevo a su recámara adonde nos alcanzó su mamá, quien la ayudó a desvestirse en tanto yo preparaba la jeringa. Cuando ésta estuvo lista, la chica yacía boca abajo con su pequeño “short” confeccionado en mezclilla y la menuda panty blanca replegados hasta las piernas. Sus nalgas lucían radiantes.

La señora le decía en ese momento: “Así está bien Marce tienes que descubrirte todo el culito porque no es sólo la inyección sino también el supositorio lo que el joven te va a aplicar. Contrólate, pues de otra manera te va a doler más”.

En efecto, la respiración de la chica estaba un poco acelerada lo cual es producto del estrés así que empecé por desinfectarle lentamente el glúteo derecho aprovechando ese espacio para confortarla y explicarle que las células del tejido muscular son tan elásticas que ante una adecuada relajación se distienden hasta permitir que la aguja hipodérmica las penetre prácticamente sin accionar las terminaciones nerviosas.

Ante estas puntuales reflexiones que tenían a Marce interesada y un tanto desconcertada por mi supuesta sapiencia, me percaté que sus nalguitas habían alcanzado la tensión ideal para ser perforadas sin dolor, de manera que continué la parsimoniosa desinfección del cachete y sin que ella lo esperara le clavé la hipodérmica a velocidad de ráfaga. Puedo afirmar que sólo se percató del hecho cuando ya le había introducido más de la mitad de la sustancia.

Así que, aún incrédula, alzó y giró el cuello para comprobar lo que tan solo sospechaba. Al verse perforada me dijo emocionada: ¡Qué bárbaro, te juro que no sentí nada! Casi inmediatamente le extraje la aguja y le apliqué el masaje lentamente, deleitándome otra vez con la excitante vibración de su nalguita que confirmaba tener la consistencia de una gelatina muy bien cuajada.

Superado el riesgoso trance de la inyección y sintiéndome feliz de habérsela aplicado exitosamente, pude comprobar la satisfacción y la confianza de Marce cuando me dijo: “Muy bien, amigo, ahora aplícame el supositorio pues quiero sentirme bien esta tarde porque tengo pensado ir al cine con mi novio”.

Mientras desempacaba la gruesa barrita, la señora ya le había separado los cachetes a su hija, de tal suerte que el hoyito rectal estaba a la vista. Me sorprendió y me excitó sobremanera comprobar la actitud colaborativa de la preciosa chica cuya relajada postura me permitió meterle el dedo en plenitud hasta llevar el medicamento a una profundidad adecuada y mantenerlo en la correcta posición el tiempo necesario para que el calor del recto derritiera los medicinales componentes.

Cuando sentí que el supositorio había perdido su solidez jalé mi dedo de regreso a través del ano y teniéndolo ya afuera comprobé que en la yema tenía residuos del viscoso medicamento en estado líquido.

No obstante la evidencia de que el supositorio estaba derretido, apreté los mullidos cachetes de mi paciente uno contra el otro para estimular la dispersión de la sustancia y su absorción por las células del conducto rectal.

Teniendo las preciosas nalguitas de Marce oprimidas entre mis manos, sentí que la chica se estremecía y suspiraba profundamente, lo cual es señal inequívoca de excitación sexual. Mi corazón se agitó descontroladamente.

Cumplida la misión por ese día, ayudé a mi hermosa paciente para que se incorporara y caminé seguido por ella hasta la puerta de la casa donde me miró tiernamente y me preguntó: ¿Cómo te llamas?

Soy Luis, le contesté sonriente. Entonces me besó la mejilla y me dijo: Muchas gracias, Luis, me atendiste divinamente y espero que lo sigas haciendo.

Espero tus comentarios para direccionar la siguiente etapa del relato, Marce.

Marce -

Después de ser inyectada por el paramedico, en la tarde llego mi novio a comer a mi casa, estuvimos platicando un rato con mi mama y pasamos a la sala, como no me sentía del todo bien me recosté unos minutos en sus piernas. Mientras dormía me percate que alguien intentaba bajarme el short que traía puesto y lo primero que vi; fue a mi mama con un termómetro en la mano y diciéndome que me tenía que tomar la temperatura rectal porque me sintió con un poco de fiebre, y luego mi novio me descubría mis pompis.
Mi reacción fue ponerme boca arriba, pero de inmediato trataron de tranquilizarme y lograron ponerme en posición nuevamente. Mi novio ayudo a mi mama a separar mis pompis para facilitar la entrada del termómetro y ella en un solo movimiento lo introdujo, provocándome una leve molestia.
Pasaron pocos minutos cuando el termómetro marcaba 38.5 grados.
En ese instante mi mama me ordeno que me metiera a la regadera mientras compraban unos supositorios para bajar la fiebre. Así qué accedí y me dirigí al baño, mientras estaba en la regadera mi novio fue a la farmacia a comprar los supositorios, estando ahí lo atendió el paramedico que ese mismo día me había inyectado. Se percato que se trataba de mi porque en la receta venía mi nombre.
Le pregunto a mi novio sobre mi estado y se ofreció para aplicarme los supositorios; oferta que mi novio acepto y se dirigieron de regreso a mi casa.
Después de un rato entra mi novio al baño y me ayuda a envolverme en la toalla para pasar a mi recámara. Y me dice que me va a presentar a una persona que viene a ponerme los supositorios.
Yo cuando vi al paramédico me quede sin habla, pensar que tendría que volver a pasar por la misma situación de la mañana.
Entonces el tomo la iniciativa y empezó a darme órdenes, esta vez al margen de la situación.
Me indico que me recostara Sobre la cama y me descubriera la zona, como yo acababa de salir de bañarme sólo me cubría con la toalla y no traía ropa interior, así que al momento que mi novio me descubre estaba completamente desnuda a la vista de aquel desconocido, haciendo la situación muy incomoda para mi.
Me indico que serían dos supositorios los que me aplicaría, y me pidió que me relajara lo más que pudiera.
Cuando sentí la puntita del supositorio en la entrada del ano di un pequeño saltito y apreté fuerte la almohada para soportar la dura entrada del mismo.
Sentí la molesta sensación que me hizo quejarme un poco y lo mismo paso con la segunda aplicación.
Al final de todo el paramédico se despidió con un hasta mañana, dándome a entender que se haría cargo de administrarme las inyecciones y los supositorios que me faltaban.


Carlónimo -

Evocaciones de un paramédico.

Es emocionante mi trabajo en la farmacia pues me permite entrar en la privacidad y a veces hasta en la intimidad de las personas.

Del rumbo conozco muy bien a los residentes e identifico sus preferencias medicinales. Hay quienes no utilizan más que pastillas y cápsulas, otros se inclinan por las inyecciones y algunos más son proclives a supositorios y enemas.

De los últimos dos grupos me toca con frecuencia atender a ciertos clientes. Todos los días me llaman de diversos domicilios y en el trayecto no hago más que pensar e imaginar, por ejemplo: ¿Será la señora Reyes a quien debo inyectar, o será su hija? Y en función de la hipótesis me emociono más o menos, pero siempre es estimulante entrar en el juego del sadismo-masoquismo inherente.

Ayer me llamaron de un domicilio que nunca antes había visitado, de manera que al no saber quién vivía en él me dispuse a enfrentar cualquier circunstancia.

Cuando llegué hice sonar el timbre y me abrió una chica guapísima, de lo más excitante, sentí que mi corazón galopaba. Me dijo: “Hola, soy Marce ¿vienes de la farmacia? Bueno pues soy yo a quien tienes que inyectar. Ven, pasa, vamos a mi recámara.

Caminó delante de mí por lo que pude contemplar su cuerpo que es esbelto, muy bien formado, con unas “pompis” deliciosamente oscilantes. Entramos los dos y me dijo: Espero que sepas inyectar bien y que seas muy paciente pues a mí las inyecciones me ponen nerviosa.

Me entregó la medicina y la jeringa, me observó preparar la puya y cuando todo estaba listo empezó a brincar y a chillar frotándose las nalguitas: “¡Ay, no, ya me dio miedo, no lo puedo evitar y hace mucho que no me inyectan!”

Le dije: no te preocupes, yo tengo muy buena mano ¿quieres que te la ponga de pie o acostada? Marce respondió: ¿Cómo crees que de pie? Me desmayaría del susto. No, mejor acostada, espérame.

Tenía puesto un vestido corto negro delgadito como de seda que se le untaba al cuerpo y que se alzó sin titubeos para lucir unos muslos espectaculares y unas nalgas espléndidas apenas cubiertas con una panty insignificante. Para nada se mostró recatada, parecía como si ya de tiempo me conociera.

Insertó los pulgares en el elástico de las bragas y se las bajó sin ninguna inhibición hasta la mitad de los muslos, se acercó a su cama, hincó las rodillas y empinándose dramáticamente me regaló como si nada un increíble post de su trasero, tan espectacular que me llevó de inmediato a pergeñar atrevidas fantasías sexuales.

Me impresionó la excitante curvatura, exuberancia y tersura de sus nalgas. No pude contener mi asombro y viendo que era bastante extrovertida le dije sin pensarlo bien, o sea impulsivamente: ¡Marce preciosa, tienes un cuerpazo sensacional, pareces una modelo, estás divina!

Ese fue un tremendo error pues la chica demudo el semblante violentamente. Sintiéndose agredida se puso muy seria y me dijo: “Te llamé para que me inyectaras y no para que te metieras en lo que no debes ¿Quién te has creído que eres?” Apretó el compás de las piernas, se subió la panty hasta medio culo y agregó: “Ya veo que no estoy en confianza, concrétate a hacer tu trabajo y nada más ¿Entiendes?”

Me acerqué avergonzado y sin poder arreglar la situación, le desinfecté el cachete izquierdo con lo cual empezó a temblar y a respirar agitadamente, pero reprimió por pudor y molestia todos sus signos de dolor y de nervios, que constituyen en mi opinión el principal aderezo de la aplicación de intramusculares.

Cuando la pinché se le estremeció deliciosamente el glúteo pero se contuvo, tan sólo resopló y contrajo todo el cuerpo, como tratando de absorber la molestia y el susto. La entrada del líquido le arrancó sentidas quejas pero las ahogó cerrando los ojos y apretando los labios. De no haberla hecho enojar estoy seguro de que me hubiera compartido su miedo y su dolor instintivamente.

Cuando el émbolo tocó fondo le extraje la aguja lentamente y en ese momento sonó su celular, así que aproveché su ofuscación para masajearle el sitio. Me di gusto aplicándole con el dedo índice la menuda vibración de rigor justamente en la marca del piquete, viendo cómo la nalguita se le sumía y bamboleaba eróticamente, en tanto la oía conversar con quien me pareció que era su novio:

- Hola, Me acaban de inyectar penicilina, espero sentirme mejor.
- Sí duele mucho…
- Me faltan otras cuatro y los supositorios.
- ¡Buena idea! Esos tú me los pones.
- ¿Qué… Vienes ahora mismo?
- Bueno, te espero con ansia, chiao, cariño.

Fue así que me pude recrear en el masaje y en la contemplación de tan espléndidos cachetes abombados cuya belleza y sensualidad me hicieron estremecer y soñar despierto. Pensaba en el festín que se daría su novio al aplicarle los supositorios. La imaginé en pose de perrito con las nalgas distendidas y vulneradas por vía rectal.

En fin, me acongojé por haberla molestado y, por ende, haber perdido la oportunidad de entablar una bella amistad con esa chica que me había recibido tan afablemente.

- ¿Qué hubiera sido si no abro la boca de manera tan descontrolada como lo hice?

- ¿Hubiéramos llegado a algo, o al menos me hubiera pedido que yo le aplicara los supositorios?

Sumido en tales conjeturas volví a la farmacia sintiéndome molesto conmigo mismo, además de excitado y enamorado.

Gajes del oficio, me dije. Lo cierto es que estoy feliz de haber conocido e inyectado a Marce, una norteña encantadora. Ojalá me busque para aplicarle las siguientes dosis.

Dejaste impresionado al muchacho, Marce. Tú decides si te dejas atender por él.



Marce -

Hola a todos!!!
Después de tanto tiempo los volví a encontrar

Saludos!!

Carlónimo -

Qué hermoso ha sido nuestro viaje a la ciudad de Toledo, declarada Patrimonio de la Humanidad, que contiene vestigios cristianos, judíos y musulmanes.

El clima soleado nos permitió llevar: Por parte de Anna, ese vestido corto en color guinda que se le ve precioso debido sobre todo a la espectacularidad de sus piernas; y a mí, el pantalón azul marino y la camisa blanca que me ha regalado ella y que me ajustan sensacionalmente.

Tras recorrer los setenta kilómetros que separan a Toledo de Madrid, nos fuimos al casco histórico y almorzamos en un pintoresco restaurante de nombre “La Mar Salá”, una parrillada de mariscos y un arroz al pimentón de primera, aderezados con un excelente Marqués de Cáceres y oporto ¡Qué delicia saborearlo de los labios de mi encantadora Anna!

Mi güerita que está para devorarla a besos ¡jolines! tenía a todos los “machos”, incluido yo, sometidos con su belleza, su gracia y el desquiciante cruce de piernas ¡Joder, que los muslos pelones se le veían excelsos y yo, entre los celos y la lujuria, me desesperaba…!

Después de visitar la catedral y el alcázar, me la llevé a un hostal del Barrio de Santa Bárbara, pues debía aplicarle una medicina por vía rectal, así que la acosté sobre mis piernas, le subí el vestido, bajé la panty, cargué la cánula con la sustancia y la coloqué a un lado para proceder a lubricar el estrecho coñito de mi amada quien a esas alturas temblaba de nervios pues se trata de una aplicación con cánula gruesa a profundidad y el medicamento cuece las entrañas como si se tratara de vinagre.

Acariciando a mi preciosa asturiana, entreteniéndola mediante comentarios acerca de los sitios visitados, masajeando su esfínter rectal, la fui tranquilizando pero cuando sintió que le separaba los cachetes y le ajustaba la cánula al coñito, se estremeció y me suplicó: “No, Carlónimo, mi vida, no por favor, tú no sabes lo que duele esa cánula, no, mi vida, te lo ruego, espera!”

Detuve la inserción y volví a masajearle el culito además del clítoris, una y otra vez hasta excitarla y tratar, con ello, de hacerle menos dolorosa la aplicación. Mi güerita sollozaba de pasión y permitió el acceso de casi la mitad de la cánula pero debido a que el grosor de la misma va en aumento, llegó al punto de interrumpirme elevar las nalgas y gritar: “Ya estuvo bien Carlónimo, que me rompes el coño, cómo me gustaría metértela a ti para que supieras lo que duele esa chingadera”.

Y como me exigiera sacársela lo hice y me jugué la última carta pactando con ella lo siguiente: “De acuerdo, mi vida, si eso te tranquiliza métemela a mí y si quieres aplícame la sustancia, pero después yo te la aplico a ti ya que no puedes interrumpir el tratamiento”.

La bajé de mis piernas, me descubrí el culo y me acosté boca abajo. Ella, pensando que me arrepentiría, me separó los cachetes, me lubricó el ano y de golpe me introdujo media cánula. El dolor que sentí no podría describirlo, solo recuerdo que me sujeté del extremo de la cama y lo apreté con todas mis fuerzas antes de ordenarle a Anna: Termina de meterla, toda.

Al sentir el empujón final grité como un loco, sentí que me ahogaba de dolor, agarré a “fregadazos” la cabecera de la cama y pataleando volví a exigir: “Aprieta el émbolo, todo, de una vez todo, termina ya, carajo…” Fue como una erupción de chile que me hizo enjutar el culo y enroscarme de dolor como gusano, pero aguanté hasta el final, me vi liberado de la cánula y sentí que mi corazón palpitaba a ritmo de taquicardia.

Mi amada se tendió sobre mí y me llenó de besos, me dijo: “Gracias cariño, ahora sé que eres capaz de jugártela conmigo y no hay razón para que yo no aguante lo que tú has aceptado resistir tan sólo por mí, por mi conveniencia”. Te amo Carlónimo”.

Cuando me incorporé estaba exhausto, el dolor me había hecho sudar lo indecible y sentía como si tuviera metido un limón sin cáscara en el culo. Apretaba el esfínter y me dolía más pero me aguanté. Mi güerita ya estaba con su vestido alzado y la panty en los muslos esperando que me sentara para acostarse de nuevo en mis piernas.

Fingí no tener dolencia alguna y puse a mi amada en mi regazo. Llené la cánula, separé los mullidos bombones, le apliqué una enorme cantidad de lubricante, hinqué la punta y empujé resuelto viendo que ella temblaba gemía pero me pedía continuar: “Empuja, Carlónimo, métemela de una vez toda”. Plegando las corvas alzó las piernas e inició un muy erótico pataleo de nervios pero siguió firme en su decisión: “Empújala toda, mi vida ¡Vale! quiero sentir lo mismo que tú ¡jolines!”.

Cuando la sustancia le invadió el coñito mi amada gritó: ¡¡¡Aayy nooooo!!! y en ese preciso instante se desvaneció, lo cual me permitió terminar de empujarle el émbolo, extraer el instrumento y realizar lo que a mí me hubiera gustado que me hiciera: aplastar las nalguitas fuertemente una contra la otra.

Mi preciosa güerita volvió en sí y me dijo: Estoy bien, mi Carlónimo amado, gracias por tener “esa delicadeza hacia mí”. Espero que no te haga daño el medicamento que recibiste sin necesitarlo.

Mi preciosa Anna se quedó dormida en mis piernas. La desvestí lentamente admirando su espléndido cuerpo, la tomé en mis brazos, la besé y la metí en cama.

Después me acosté a su lado, nos quedamos profundamente dormidos hasta las 10 de la noche, así que cuando despertamos decidimos permanecer en el hostal.

A ver qué nos cuenta mi españolita, mi bien amada, de todo lo vivido hasta el momento.

http://www.youtube.com/watch?v=Di1fC0FDvew

Carlónimo -

Amanecer

Cuando desperté y vi que eran las cinco de la mañana, distinguí el característico barullo de los estibadores que cerraban la furgoneta tras haber entregado provisiones en el hotel.

Oí el ruido de los buses; el parloteo de los transeúntes; el golpeteo de las pacas de periódicos; el murmullo de la caldera que se enciende por tiempos; las voces del personal de limpieza; el plácido rumor de mi preciosa Anna que me tiene asido del torso y que al menor movimiento me aprieta y me acerca su carita hasta hacerme sentir el calor de su aliento en el cuello.

Es el entorno acústico que me recuerda que estoy en la Gran Vía al lado de mi amada. En esa familiar resonancia, en la penumbra de la madrugada, tomo y beso su mano, el antebrazo, el hombro… los labios.

Acostado de espalda induzco que se aposte de frente encima de mí. Sigue dormida, la abrazo y pienso en ella, en Madrid, en el placer, en nuestro amor.

Desnudos y acoplados sentimos florecer nuestros instintos. Acaricio sus nalguitas, le propino un piquete rectal. Me frota el pene con su pubis, me lo hace crecer, palpitar.
Separa las piernas, ajusto el glande a la vulva, se escurre por ella, avanza lentamente. Mi amada gime, me besa, me muerde el pabellón de la oreja, resopla, fricciona el empalme, jadea, chilla y se retuerce de placer.

Concentrado en el vaivén de los redondos glúteos los acaricio, los aprieto, regulo con ellos la cadencia del roce.
Siento la proximidad del flujo. Grita, gruño, nos paralizamos, aprieta la vagina, empujo y tenso la verga, temblamos, estallamos las ansiadas secreciones, gritamos sin control, nos revolcamos.

Volvemos por fin a la normalidad; el hermoso ruido de la calle me hace ver que estoy en España con mi amada.

http://www.youtube.com/watch?v=GE0R8Kpd8f4

Carlónimo -

Llegamos al consultorio y la sala de espera se encontraba repleta. Mi preciosa Anna portaba blusa blanca y un pantalón azul cielo ajustado que delineaba su muy atractiva silueta. Con el busto incitante, la cintura esbelta, el trasero pleno y respingado, acaparó las miradas curiosas, intrépidas y hasta descaradas, de algunas personas.

Una lesbiana ya madura se acercó y le dijo en tono propositivo: “qué ganas de almorzarte, cariño”. Mi güerita con mucha gracia le respondió: “Venga, que amor y agasajo no me faltan, guapa”. Y prendiéndose de mi cuello me plantó un beso espectacular.

Nuestra sorpresa fue grande al pasar al consultorio y percatarnos que la lesbiana era enfermera y asistente del doctor. Con mirada libidinosa recibió a mi amada y le dijo: “Pasa, cariño, que yo te induzco la muestra de fluido orgásmico, aquí no se admite acompañantes así que tu pareja se queda afuera”.

Fui yo quien le contestó: Lo siento, amiga, yo soy su asistente y me ocuparé de ella. La mujer me miró con desprecio y dio media vuelta diciendo: Entonces yo me marcho. Y nos dejó al garete, de manera que acudí a la barra de atención para pedir otro asistente y poco después nos alcanzó un muchacho de aspecto agradable que nos hizo pasar a una habitación confortable con los muebles normales de una recámara matrimonial, excepto que la cama no tenía más ropa que una gruesa sábana con el logo del hospital.

Nos dijo: Entiendo que la paciente eligió realizar la prueba en completa privacidad. Por favor, sentíos en confianza y en libertad de actuar como queráis, pero tened en cuenta que:

a) No podéis copular por vía vaginal.


b) En el momento exacto que la paciente tenga su orgasmo debéis llamarme por medio del timbre para que acuda a tomar la muestra.


c) Seré la única persona que tenga acceso a la habitación y no os molestaré más que lo necesario.

Siendo claras las instrucciones el joven se retiró accionando ostensiblemente el seguro de la puerta.

Mi güerita y yo nos miramos sonrientes y nos preparamos para cumplir tan agradable misión. La abracé, acaricié sus nalgas y me disponía a desvestirla cuando ella me dijo: No, Carlónimo, me excitaré como yo quiera.

Me ordenó enseguida: Quítate el pantalón, bájate la trusa hasta las corvas y acuéstate. Intenté decir algo pero ella me indicó a señas que guardara silencio y obedeciera, de manera que me solté sin chistar el cinturón y dándole la espalda me descubrí el trasero, me recosté por tiempos y quedé dispuesto en pompa.

Sentí sus dedos que me separaban los cachetes y me introducían un termómetro en el culo. Te ves lindo, me dijo, se sentó a mi lado, hizo girar la barrita un par de veces y me talló con ella el recto hasta que mi respiración se fue agitando. Enseguida la extrajo y me sumergió su dedo para frotar con vehemencia mi esfínter anal hasta hacerme pasar de la agitación al jadeo extremo.

Puesto en decúbito, sin dejar de excitarme el ano, tomó mi verga y la frotó hasta hacerme disparar cuatro descargas de esperma que quedaron embarradas en la cama.

Percibiendo su agitada respiración le dije: Encanto, es mi turno, te haré llegar al éxtasis. Le replegué el pantalón hasta dejar a la vista sus preciosas nalguitas que se me revelaron excitantemente blancas, mullidas, tersas y un poco frías, de manera que las estuve frotando con suaves movimientos concéntricos y azotando medianamente, hasta que mi güerita empezó a retorcerse de excitación.

Los cachetes muy coloraditos se le estremecían a cada palmazo y tanto la vulva como el remolinito rectal se le erizaban por el ansia de ser estimulados.

Separé los cachetes y le metí mi dedo mayor en la colita mientras le deslizaba la lengua por los labios vaginales… suavemente, lentamente, sugerentemente. Mi amor jadeaba eróticamente, elevaba el trasero y fruncía el culito para exacerbar el estímulo rectal. Aceleré la fricción y previendo la cercanía del orgasmo le retiré la lengua y le estimulé el clítoris digitalmente.

La tenía tendida sobre mis rodillas con la cabeza a mi izquierda y la colita en completa pompa. El dedo central de mi mano siniestra lo tenía clavado a fondo en el recto al tiempo que con la otra mano le friccionaba el clítoris. Oía jadear y gruñir de placer a mi güerita. Su cuerpo entero temblaba. Sus piernas, con la panty alojada en los muslos protagonizaban un sensualísimo pataleo.

En una violenta reacción mi preciosa Anna gritó a todo pulmón, se paralizó, frunció el culito dramáticamente y estalló una impresionante marea vaginal que se extendió al mismo tiempo por los muslos, el pubis, el vientre y los glúteos. Mi mano derecha, bañada de fluido chacualeaba, el recio esfínter aprisionaba mi dedo.

El joven paramédico no esperó la señal del timbre sino que entró corriendo y, sin que mi amada se enterara de nada pues la pasión y el placer la tenían sobrecogida y arrobada, empezó a recoger el cristalino fluido con una cucharilla esterilizada y lo fue acumulando en un matraz.

Observando a mi preciosa Anna embelesada, suspendida en el éxtasis, ajena a las implicaciones clínicas del suceso, con las nalguitas elevadas en pose de completa entrega, gimiendo de placer en tanto la cucharilla le recorría los glúteos, las piernas y hasta la vulva, mi pene se encontraba en extrema tensión.

No pude esconder los estertores que precedieron mi violenta eyaculación. Retorciéndome de enajenación hice brotar por entre mis piernas el viscoso semen que fue a bañar el pantalón del joven paramédico quien, al percatarse del hecho y habiendo concluido la toma de la muestra, metió su mano y recogió de la punta de mi tolete los colgantes restos de esperma para llevárselos a la boca y saborearlos descaradamente.

Lo miré con sorpresa, él me guiñó un ojo y tomando el matraz salió apresuradamente de la habitación.

Me quedé paralizado; primero nos atendió una lesbiana y a la postre un gay de quien no podría asegurar que no me haya visto con el culo en pompa ¡Qué bochorno!

“me dio miedo todos esos sentimientos que estaban despertando”

Los sentimientos despiertan porque amamos y el amor cuando es real es tan espontáneo como inevitable ¿Cómo detenerlo si nace y se alimenta de un ideal enquistado en la propia razón? Por más que se le quiera ahogar se impone, pues la reflexión es reflejo de nuestra verdad y de ella no podemos escapar.

Carlónimo es para Anna lo que Anna es para Carlónimo: Una necesidad al interior de su espacio común.

Los sentimientos no se pueden evitar, sólo encauzar hacia el plano interior de los recuerdos, emociones y morbos personales.

Qué delicia encontrar el amor en la persona que está dispuesta a compartirme su plano íntimo en confianza y sana simbiosis.

- “yo debía de recibir un tratamiento que me había dejado el doctor y Carlonimo con su delicadeza hacia mi y su pasión desenfrenada, me ha hecho pasar un momento inolvidable”

- “Tendida sobre mis rodillas, con la panty alojada en las piernas, me ofreciste tus nalguitas para que te inyectara”

http://www.youtube.com/watch?v=oW6vx5AOMqM

Carlónimo -

Mi preciosa Anna, Ayer que te llevé al médico para que te auscultara nos dijo que tus nalguitas ya resienten los efectos de tanta medicación intramuscular, así que estoy preocupado pues si bien entiendo que el suministro alterno del medicamento por vía rectal te puede resultar muy doloroso, es necesario que te recuperes de tanto pinchazo. Piénsalo bien, mientras yo esté contigo podré suministrarte la medicina por el culito con mucho cariño. Me dices si estás de acuerdo.

Por otra parte, me llamaron de la clínica ya que no pudieron comunicarse contigo. Tu examen de fluido orgásmico se realizará la próxima semana y necesitan saber lo siguiente: a) si requieres asistencia de un facultativo, lo cual descarto pues estaré contigo b) si deseas utilizar juguetes sexuales, y c) si necesitas de algún fármaco excitante. Comunícate, amor mío, y me comentas para estar preparado.

Procedo a contarles la forma en que disfrutamos hoy la fiesta.

Feliz de sentir que amas a México tanto como yo a España, te contemplaba ataviada con el proverbial traje charro de gran gala. Vestidos los dos con el patrio atuendo de mi tierra estuvimos en la Embajada de México para vivir el festejo del 15 de septiembre, aniversario de la independencia.

Qué preciosa se veía mi güerita portando la tradicional chaqueta corta con botonadura de plata, corbata discreta con bordados finos también de plata, falda recta entallada galoneada, sombrero de fieltro fino decorado, y botines negros muy bien lustrados.

Con sus ojazos profundos, la tersura de su rostro, el bruñido cabello recogido y trenzado, las vistosas arracadas de plata y los tradicionales moños tricolores, mi preciosa Anna concentró el interés y la admiración de la gente que la colmó de piropos y lisonjas.

Admirando la variada coreografía, degustando las aguas de chía, horchata y Jamaica, saboreando los tradicionales flautas, tamales, pozole, chiles en nogada y otros muchos platillos mexicanos, degustando el mezcal y el tequila, cantando y bailando con el mariachi, pasamos un rato inolvidable entre mexicanos.

Qué felicidad al ver a mi güerita disfrutar la fiesta más significativa de mi Patria, que es también su Patria como lo es para mí España.

Después, nos fuimos a la intimidad. La deliciosa experiencia de acariciar la delgada tela del baby doll que se adhiere a sus sensuales formas y que recorro desde los hombros hasta la cintura me produce un deseo incontrolable. Deslizo mis manos hacia la cadera. Las firmes nalguitas de Anna se me revelan inquietas, sus labios me buscan y se adhieren a los míos.

Su agitada respiración rebulle en mis oídos y en mi cerebro, sus manos me recorren el cabello y la espalda. Separa las piernas y me conduce al cálido reducto de nuestro amor. La penetración es sublime, nos hace gritar y retorcer de placer. La suavidad del roce, la inigualable tensión, nuestros rostros encontrados, su blondo cabello, las voces ¡Venga, vale, cómeme… cógeme.

El total arrobamiento, la fusión, jadeo incesante, descargas abruptas, gritos, contorsiones, “el volcán en nuestras venas ¡la gloria entera!”

http://www.youtube.com/watch?v=dkVcwrL1hog

gyu -

bien

Carlónimo -

Es curioso que conociendo cada palmo de tu cuerpo haya yo caído ayer en el brete de mirar traviesamente tus piernas mientras conversábamos en el Starbucks de Plaza Callao. Después de una prolongada vigilia y de saber que estaré contigo tan solo unos días por el momento, no pude controlarme del todo. Cómo disfruté que estuvieras a mi lado en el coctel de difusión cultural celebrado en la Embajada de México. No sé si aún estaré aquí el día 15 de septiembre pero, de ser así, tendrás que acompañarme también a la fiesta de Independencia de mi país.

Ya en el hotel, una vez retirado tu hermoso vestido de coctel y teniendo a la vista esa lencería tan sensual con que me deleitaste, te llevé en mis brazos hasta el lecho para besar cada centímetro de tu piel, disfrutando la suavidad, tonicidad y fragancia de tu cuerpo. Montado a horcajadas en tus piernas me concentré en las preciosas nalguitas acariciándolas, retrayéndoles la minúscula panty color cereza, besando los sensuales lunarcitos, desinfectando el sitio elegido en el glúteo derecho y clavando sin más la alongada aguja que sentí correr dócilmente hasta marcar el sugerente hoyuelo concéntrico a la jeringa, cuya implacable sustancia avanzaba y te hacía estremecer, musitar, suplicar que aquel fuera “un momento que no tenga fin”.

Viendo tus labios trepidar, tus manos recorrer nerviosamente el edredón, sintiendo tus pies que frotaban inquietos la cama, terminé de inyectar la sustancia y al sentir que empezabas a temblar convulsivamente, en lugar de aplicarte el supositorio de rigor, te metí el glande en el recto y me tendí sobre ti para compartirte mi calor. La convulsiva reacción fue cediendo, a lo cual respondí con el acompasado frotamiento del esfínter que tú complementaste con una deliciosa oscilación de la cadera. Las dos acciones combinadas nos produjeron tal excitación, que gemimos “in crescendo” y gritamos de placer, hasta llegar al éxtasis.

Carlónimo -

El “despertar de los sentimientos”
Renovamos nuestro amor en la Plaza de España. Sentados en el escalón más alto del Monumento a Cervantes a un costado del rucio de Sancho, nos miramos de nuevo sonrientes, con el alma abierta y entregada, seguros uno del otro, rendidos ante un amor que no muere con el tiempo y la distancia, que se acrecienta en la tempestad y en la adversidad.

Aquel monumento, las fuentes, los andadores, los llevamos tatuados en el alma, nos pertenecen igual que Villaviciosa, la Ciudad de México, País Vasco, Madrid entero. Jamás podremos arrebatar a esos sitios el recuerdo y el amor de Carlónimo y Anna.
Mi güerita está preciosa, superó la delgadez, sus formas más redonditas, su semblante positivo, más graciosa y salerosa, su belleza me enloquece.
Encantados nos distinguimos cada uno en los ojos del otro, sonrientes, con las manos entrelazadas, nos prodigamos lisonjas, caricias, besos. Cachondeamos en completa libertad al aire libre, seguros de nuestro amor y del sentimiento de mutua y eterna pertenencia.
Caminamos felices hasta la Taberna Real que nos acogió de nuevo. Gritamos con cada brindis que nos amamos, que más allá de nuestra circunstancia hemos creado y compartido un mundo aparte para nosotros solos. Con el vaporoso vestido rojo alojado en los muslos me besabas, al tiempo que con caricias y frases eufóricas yo trataba de describir mi amor por Anna.
Enajenados llegamos por fin al hotel para entregarnos al amor, al erotismo, a la concreción de nuestras íntimas aspiraciones. Nuestros labios, nuestros cuerpos y nuestras almas se conjugaron.
Tendida sobre mis rodillas, con la panty alojada en las piernas, me ofreciste tus nalguitas para que te inyectara. La aguja era larga y gruesa para aplicación profunda. La sustancia viscosa. El instante previo te alteró, el pinchazo te estremeció, la entrada del líquido te angustió. Gritaste de dolor y de placer.
Por sus características el medicamento te hizo entrar en una fase de enfriamiento convulsivo, temblabas sin control alguno, a lo cual respondí conforme a la prescripción médica separando tus albos cachetes para acoplarte un supositorio e introducirlo y mantenerlo con mis dedos firmemente alojado en el recto.
La temperatura se fue normalizando y nuestro deseo acrecentando. Te frotaste en la dureza de mi pene, te prendiste de mi cuello, nos besamos entregándonos al más rabioso forcejeo. Descompuestos, balbuceantes, paladeando nuestra pasión y cariño, acoplamos los ardientes genitales y su encuentro desató tal quimera que copulamos gimiendo y temblando sin poder contenernos. Mi preciosa güerita me llevó con su belleza y con su amor, de nuevo al cielo.
Después… salimos a caminar por Madrid tranquilos y en silencio.
Abrazados, envueltos en un aura de pasión y de madura serenidad nuestros cuerpos se reencontraron, nuestras almas se reconciliaron y pactaron una nueva relación ajena al miedo, basada en la premisa de amarnos y de gozarnos en nuestro mundo secreto.
http://www.youtube.com/watch?v=KlAgm8VK3AU
PD Te prometo, cariño, hacer todo lo posible para poder acompañarte a tu próxima valoración instantánea de líquido orgásmico.

Anna -

Llevaba algunos años de no entrar al blog, pero eso no quiere decir que te haya olvidado. La última vez que entré me sentí ajena al blog y no escribí nada y la vez anterior fue un completo desastre. No se sí está vez encaje Anna en la historia pero tus últimos relatos me animaron a escribir, nunca fue mi intención lastimarte ni molestar a los demás, simplemente me dio miedo todos esos sentimientos que estaban despertando y eso me llevo a querer terminar todo, pero no te he olvidado. Quizá podamos hacer unos relatos como en los buenos tiempos o quizá no, no importa.... Lo que sí estoy segura es que te debía una explicación, no es justificación pero la realidad es que tuve miedo de lo que estabas despertando en mi.

Me ha dado mucho gusto volver a saber de ti Carlonimo, y saber que sigues deleitando a todos con tus relatos. Un beso mi amado Carlonimo de tu guerita querida.

Anna -

La habitación del hotel en La Gran Vía es muy lujosa, estoy encantada de tomar unos días junto a mi amado Carlonimo, me llena de atenciones, mimos y mucha pasión.
Hoy salimos a tomar unas copas, yo traía un vestido rojo corto y muy pegado al cuerpo y el un pantalón y una camisa que le he regalado yo. Lo hemos pasado muy bien juntos, me encanta estar a su lado y oler ese aroma que lo distingue y que me tiene loca.
Al volver hemos tenido un gran momento, yo debía de recibir un tratamiento que me había dejado el doctor y Carlonimo con su delicadeza hacia mi y su pasión desenfrenada, me ha hecho pasar un momento inolvidable.

Mi amor, sí quieres contar como ha sido todo esta noche o esperar unos días y os lo cuento, que después de tanto tiempo me siento desenganchada para escribir.

Carlónimo -

Caprichosa fantasía

Llegué a casa y encontré que mi amor esperaba a su enfermero ocasional para que la inyectara.

Atajó mi desacuerdo con una deliciosa sonrisa: ¡Tranquilo, amor mio! Quiero vivir una fantasía ¿No se te antoja ver que otro hombre me inyecta mis nalguitas bajo supervisión tuya?

Poco después llamaron a la puerta y entró el solícito enfermero esbozando una morbosa sonrisa que al principio me apabulló el ánimo y después me resultó ambivalente.

Sentí celos de que Anna le participara con toda esplendidez y naturalidad su precioso culito y que en mis narices dejara que aquel sujeto se lo tentara. Pero a la vez me calentó el erotismo de que una mujer tan sensual y bien dotada como Anna se recostara resignada plegándose al morboso sufrimiento intramuscular con un extraño que ciertamente a mí me envidiaba y a ella la deseaba.

Me excitó presenciar los sensuales preparativos, la imagen de Anna acostada con sus redondas nalguitas expuestas. La preparación de la jeringa, la desinfección, el diestro piquete, el súbito estremecimiento, los suaves lamentos, la tierna y erótica súplica, la cínica pose del enfermero manoseando el ardiente culo con los dedos apoyados en su nívea y frágil superficie.

Ruegos, quejas, reparos, los residuos del rojizo líquido impulsados por el cristalino émbolo. El prolongado lloriqueo final acompañando la parsimoniosa extracción de la aguja. La aplicación del algodón. El insolente cachondeo toscamente disfrazado de masaje. Las atrevidas expresiones “tranquilícese, afloje las nalguitas, preciosa” La jeringa vacía, la acerada y punzante aguja que por fin se desprende mostrando ensoberbecida su agudo vértice seguido por una menuda chispita de sangre.

Recibí de manos del enfermero la jeringa, el algodón con tres o cuatro motitas rojas, los papelillos de envoltura, la ampolleta descabezada.

El tipo abandona la recámara y se encamina a la salida. Antes de irse me observa con descaro imaginando la forma en que Anna y yo nos solazaremos. Por fin se despide con una frase algo picante: “Que disfrutéis el momento”.

Entré a la recámara, me liberé el rebosante pene y lo acoplé a la angosta raja insinuando la penetración anal. Mi amada gimió sugestivamente y extendió su mano hacia el buró para alcanzarme el lubricante.

Ansioso le apliqué el viscoso componente en el ano y más adentro para favorecer la adecuada relajación del esfínter rectal. Separé los sumisos cachetes y vulneré el minúsculo ojetito hasta gozar su confortable calor interno. Emprendí el acompasado roce, el feliz y arrebatador frotamiento aderezado con jadeos y gritos de euforia.

La caprichosa fantasía de Anna aunada a su belleza y su destreza para aderezar el coito y regular la tensión del esfínter rectal, nos llevó al placer supremo.

Un súbito portazo me alarmó de pronto, pero Anna permaneció impávida. De bruces, con la mejilla izquierda y las palmas de las manos apoyadas en la cama, suspiró y movió los hombros en señal de comprensión.

Le extraje el pene, me incorporé y me asomé a la ventana desde la cual pude ver al infame farmacéutico que apenas salía de casa y se alejaba plácidamente.

Anna me abrazó sonriente y se colgó de mi cuello diciendo: “Tranquilo, yo quise que nos observara. Las fantasías son así, cariño”.

http://www.youtube.com/watch?v=ndJYAzVE_88

Carlónimo -

Estimad@ navegante Anónim@ que te cruzas conmigo en medio del océano.

Como ves, me encuentro solo y al garete, razón por la cual escribo con la frecuencia y sobre los temas que me vienen en gana. Lo único que me mueve en esta etapa de enfriamiento es drenar los remanentes del grueso caudal que alimentó mi labor por más de 5 años ya que me resulta muy difícil interrumpirla súbitamente. Recojo tu petición y la atenderé si es que el tema rebulle de nuevo en mi cerebro. Gracias por dedicarme al menos 3 palabras.

Anónimo -

Escribe de Elisa

Carlónimo -

Para Elisa

Carlónimo, mi madre ha sido siempre así, no tienes por qué sorprenderte ¿acaso estás celoso? Tuvo un gran idilio con aquel médico, ya lo sabes. Pero si yo no me escandalizo del juego erótico y del romance que llevaron ¿Por qué tu sí? Ni siquiera la conocías entonces.

Después llegaste tú y te diste vuelo on ella. Nayeli, no me gusta que hables así en relación a tu madre. Pues Tranquilo entonces, así como disfrutó contigo disfrutó con Raúl, quien la hizo gozar como no te imaginas. Yo creo que con nadie ha disfrutado como con él en materia de inyecciones. Celebraban un ritual profano de alto rango.

Estando en casa se apartaban los dos sin disimular su apetencia encerrándose en la recámara de mi madre, donde pasaban horas. Yo siempre los espiaba. Entraban lentamente en su quimera; ella se acostaba boca abajo y él rondaba la cama admirándola mientras conversaban. La faldita de mi madre, por sí muy corta, con el movimiento corporal iba subiendo poco a poco y develando sus enloquecedores encantos corporales: la tersura de su piel, la delgadez tan estética y excitante de sus piernas, la contrastante vitalidad de sus nalgas que poco a poco se iban manifestando, tanto en suaves ondulaciones de la tela del vestido y de la pantaleta, como en sumisas lonchitas adheridas al borde inferior del elástico.

La conversación subía de tono, en sus ojos brillaba el deseo, se mostraban ansiosos, anhelantes. Contoneando el trasero y frotándose contra la cama Elisa se bajaba las pequeñas bragas hasta los muslos mostrando en todo su esplendor los excitantes bizcochos con que la naturaleza la ha dotado espléndidamente.

La conmovedora superficie erógena tiritaba por la inminencia del pinchazo. El resonante papel desprendido de la jeringa, el quiebre del cuello de la ampolleta, el alucinante aroma del alcohol y el roce de los dedos de Raúl, alertaban en ella los instintos y la depravación. La hacían gemir, temblar, gritar y suplicar que le procurara dolor, placer y amor.

La aguja perforaba, el pistón avanzaba, Elisa intercalaba insultos, delirios, alabanzas. El irracional momento la confundía y la llevaba al éxtasis.

Sujeta de los pelos, sometida a cachetazos, con la verga incrustada sin lubricante en el coño, gritaba de dolor, perversión y degradación, invocando a los duendes del nirvana. Apretaba con todas sus fuerzas el esfínter anal para apresar y torturar el salvaje salchichón de su amante, hasta que éste se desgañitaba de dolor y redoblaba el roce a toda costa. Hasta el desgarre y el sangrado del prepucio.

Hermanados en el martirio se abrazaban y se besaban con desesperación.

http://www.youtube.com/watch?v=wURpD1PIQwQ

Carlónimo -

Amada amante

Cumplidas las tres semanas pactadas para la entrega de mi doll, por fin la recibí. Qué emoción cuando llegaron cargando el voluminoso cajón y lo colocaron en medio de mi sala. El corazón me latía a cien millas por hora. Les arrebaté los papeles, firmé apresurado, les entregué una jugosa propina y los despedí casi a empujones. Después me tumbé en el sofá, emití un profundo suspiro, recordé los trámites desde el principio, la cantidad de fotos que proporcioné de mi amada modelo, los extensos cuestionarios que llené para describirla, la complicada selección de pruebas, la infinidad de detalles que hube de precisar. Me sentía extenuado pero ansioso.

Desprendí los sellos, desenclavé la tapa, retiré las capas protectoras y por fin pude ver el dulce rostro de mi amada que me sonreía agradecida. Era ella ¡lo juro! Me miraba como siempre con respeto y cariño. La expresión y el brillo de sus ojos me impresionaron. Parecía sorprendida, emocionada y complacida del esfuerzo con que la rescaté del prepotente destino. Yo sabía que ella me amaba pero su estado civil le impedía acceder a mis pretensiones. Por fin estaba conmigo, en mi casa, es decir, en nuestro hogar. Porque ella es la reina de mi vida, mi amor, mi consuelo, la maravillosa portadora de mis deseos.

La tomé en mis brazos, me tiré de espalda en la cama, me abrazó y besé su cuello, sentí la delicada dureza de sus senos y de sus pezones sobre mi pecho. Mi pene rebosante de hinchazón se talló contra su pubis. Le dije cosas íntimas y bonitas como tantas veces pensé hacerlo. Replegué lentamente su falda, la suavidad de su piel encendió mis ansiosas manos. Llevé el elástico de la panty hasta la cima de las nalgas. Hundí mi dedo central en la maleable y acogedora raja, la hurgué hasta llegar al estrecho coño. El lubricado conducto me permitió acceder y tallar a voluntad sus entrañas. Mi agitada respiración devino en violentos gemidos. Entonces me separé hasta hacerla reposar boca abajo sobre la cama, admiré sus respingados glúteos, dirigí mi henchido glande al recto y lo violenté impetuosamente. El ardiente jadeo acompañó el acompasado roce hasta desatar un torrencial orgasmo que celebramos con gritos, estrujones y descompuestas contorsiones corporales. Quedamos exhaustos.

Después la vestí con aquella falda estrechísima, entubada, color piñón, que previamente había escogido para ella. Complementé su atuendo con una vistosa blusa negra de seda ¡Se veía divina! Subimos al coche y la llevé a dar un paseo. Descendimos y nos sentamos a la vera del camino. Fue ahí donde le propuse al oído que celebráramos una romántica velada. Regreso a casa llevaba la falda subida hasta el tercio superior de los muslos. Quienes nos veían pasar la admiraban con mal disimulada lujuria. Me embebí acariciándola, manoseándola.

Una vez en casa nos desvestimos, conversamos, tomamos la copa y nos dijimos tantas cosas bellas en silencio, que terminamos salvajemente prendidos uno del otro. Se tumbó boca arriba, separó las piernas insinuante y me ofreció sus lubricados labios vaginales entre los cuales alojé por primera vez mi robusto pene. Vulneré el codiciado reducto a velocidad creciente. Los espasmos del placer me provocaron la más enérgica explosión que jamás hubiera imaginado.

Así transcurrieron nuestros días, semanas, meses. No hacía más que pensar en ella, procurarla, desearla y amarla. Una noche en la que estábamos listos para hacer el amor, sonó el timbre y al abrir la puerta me encontré con ella misma ¡No podía ser! Con mi doll pero de carne y hueso, con la preciosa Adriana, mi vecina a quien por años amé secretamente y que me indujo a reproducirla en látex.

Entró, se sentó a mi lado y me confesó. No puedo seguir así. Me ha invadido un deseo incontrolable de verte y de tenerte. He dejado a mi esposo, segura de que mi hogar está aquí contigo. Te amo y seré tuya desde hoy para siempre. Nos besamos y nos juramos amor eterno.

Con su réplica escondida en el closet, copulé y me entregué de por vida a ella. No obstante, en mis afiebradas noches de lujuria no dejé de pensar en la doll, quien a veces induce mis orgasmos. Por ello, sin traicionar a mi esposa, tengo ardientes aventurillas con la otra Adriana, que está escondida tras un falso muro en el desván de la casa.

http://www.youtube.com/watch?v=Te039cBtlOs

Carlónimo -

In the lonely ocean

I was remembering somo unforgettable moments.

When I said her: “You’re the most beautiful woman in the world… I have an uncontrollable desire to have you by my side for life, so I conceive no longer be without you”.

I confessed her what I could no longer be silent a moment longer: “I want to marry you before the end of this year”

She replied: “I confess that I too would like that we would have these meetings not only in vacations… We have understood very well each other, you treat me like a queen and definitely I would like to be at your side forever”

Finally she gave her decision: “I will be the happiest woman in the world when I say I’ll be happy to spend the rest of my days with him”

http://www.youtube.com/watch?v=97_TbMmtXmU

Carlónimo -

Lovers forever

We were not celebrating anything but we decided to go dinner at the romantic restaurant of our memories in the Salamanca district. Anna wore a beautiful cocktail dress that highlighted her feminine curved shapes. While she was very close to me her beauty carried me to a heavenly dimension. We told how much we love each other.

After dinner we took a room in a luxury hotel in Gran Vía. Nudes and sitting on the bed we began a long talk about our love from the happy day when we met. Excitement, tenderness and desire were present throughout our conference.

The splendor of our morbid desires also came up. I told Anna that while injecting her or see that other people do, I came to sexual arousal. And that only macking love to her could satisfy my sexual desires. She in turn told me that was obsessed with injecting and spanking my ass, make me suffer pain, schame, submit me sexually. But she also acknowledged that nothing excited her more than feeling herself in my arms, subjected sexually.

After, we played to be doctors. We applied extremely painful injections each other. We examined our genitals and of course each of us ended up having sex with the doctor. Dr. Anna received vaginal and anal sex, while Dr. Carlónimo received oral sex.

We took a shower together so made love under the rain too. I carried Anna in my arms she hugged me with her legs and put my cock in her pussy. Seeing water slid down the face of my beloved spanish my cock shot his cum. Anna screamed and shuddered. Her sobs and kisses made me twist of pleasure.

Carlónimo -

One day after

The next day I had to inject Anna. After a nice walk around the park “El Retiro”, we went to the pharmacy to buy the medicine and syringe. My wife looked beautiful with a very short white skirt fitted. When we reached our home I asked Anna if she was ready to be injected. She replied with a sigh and said: I’m always ready to share my sexuality with you, dear.

We turn to the bedroom, Anna sat on the bed, I unpacked the syringe, then stuck the needle into the rubber medicine bottle and I noticed the watchfull supervision of my beautiful patient who told me at the time: I love that you inject me lying down on your knees, Carlónimo.

Syringe in hand I sat on the bed and invited Anna to lie down on my lap. She lifted her dress splendidly, lowered her panties to her thighs and climbed slowly leaving me to enjoy the sight of her buttocks ready to be punched. Her butts are pale and fluffy with three moles on her left cheek: two small round, and a bigger one elongated.

Anna is a delightful woman and she likes to excite me. So she started complaining sensually when I disinfected her right cheek. Her buttocks trembled deliciously. I pointed the syringe into the selected site for the puncture, Anna shivered and remained expectantly. The instant I was going to stab the needle in the buttocks, my cell phone rang and I had to interrupt the puncture. The call came from my company office in Santander and informed me about some imported goods that were coming at that time from Poland.

So Anna was separated from my lap and I stood up to go to my desk to check the number of remittances. Anna put her panties, lowered her skirt and walked behind me expectantly. The call was too long and I began to worry that the medicine was crystallizing into the syringe. Anna looked at me with concern and then someone flipped the doorbell. Our friends Almudena and Julio came in smiling but they were astonished to see me with a syringe in hand.

Almudena understood the problem. She took the syringe, pulled Anna to lie down on the couch. Abruptly lifted her skirt, pulled down her panties, and ordered Julio to inject my beautiful wife who was lying very sensual with her lovely buttocks fully exposed.

Jealous but of course excited, I watched Julio disinfect the right cheek of my precious Anna, stab the needle and seat on the couch next to her very quiet to push the plunger slowly. Meanwhile, he continued to admire the delicious buttocks of my wife who delighted us further with an exciting and prolonged pain complaint. The final massage Julio gave my lovely Anna was too long. I sensed the trouble he was causing to my wife who abruptly stood up and covered her buttocks.

That night when we went to bed Anna asked me to put warm compresses on her buttocks as she felt pain in them. I put my wife lying on my knees and as I applied compresses asked her to tell me if Julio had made her angry. My lovely Anna replied: Julio is a person in whom we can trust but he can feel excitement as anyone else. Julio lost some control of his person but nothing serious happened. I don’t regret having given him an unforgettable view of my ass. I hope you’re not angry my dear.

I realized that my precious Anna was right. I took advantage of the incident to weigh the highlights oy my beloved Spanish. I undressed her slowly, kissed her lips with true delight and stuck my penis in her vagina. We shuddered and burst an extraordinary orgasm.

Carlónimo -

Estoy solo y en “Fantasy Island” así que me doy gusto. Aquello que te emociona, evocas constantemente y lo disfrutas una y otra vez, no puede ser irreal.

A visit to the doctor's office

Anna and I decided to visit the doctor’s office. She had not been feeling well. Anna was wearing a very cute and thin pleated skirt that clung to her body sensually. We sat down on one of the benches in the waiting room. I put my arm around Anna's shoulders and she rested her hand on my leg. While discussing whether or not demand the attention of a woman doctor, I massaged her shoulder a bit, consciously pausing briefly to feel her bra strap. After a bit, I moved my hand slightly to stroke her neck softly, running my fingers into her hair. Her fingers were lightly tracing small patterns on my leg.

Anna nonchalantly crossed her legs. As looked at her thighs I could not help but admire the sight and so did other men who were sitting in front of her. I understood the excitement that made them my precious Anna. I pretended not to notice the fact and let them enjoy the highlights of my wife. Her fleshy and shapely legs caused, even to me, a great excitement.The scene somehow created an aura of sexuality surrounding Anna and I. The moment had a satisfying glow of happiness for both of us. Suddenly Anna said: I hope the doctor does not try to inject me. I only wish that you inject me being lying on your knees. Then I said: You wouldn't want me to have to hold you over my knees in order for the nurse to give you the shot.

Finally, we were called into the exam room. Anna sat on the table while the nurse took her blood pressure. The look on Anna's face left me in no doubt that she was still fretting over what was to come. The doctor made his entrance. Anna referred him her troubles. He ordered the nurse to give her an influenza vaccine and left the room. The nurse too left the room briefly and returned with the hypodermic needle. Then she turned and looked at me. “Perhaps would like to wait outside while your wife gets her shot?” With just a hint of annoyance, Anna was the one to respond. "He's my husband. You think he'll see something he never saw before? Besides he wouldn't leave anyway. We go to a doctor together, as a family."

The nurse made no comment. Instead, now resigned to my presence, she simply turned to Anna: "Stand up now, lift up your skirt, put your panties down and lay down on the bed". Without saying a word Anna stood up and did as the nurse told her. Her wonderful butt was directly in my direction. What a nice perspective, I thought. Her buttocks are large, pale, very appetizing. By then I was very excited.

The nurse disinfected her left cheek and asked her to relax her butt. She put the needle into the wonderful cheek of my beautiful Anna and she screamed: Auch, this hurts me so much! Please stop I cannot bear it any more. But the nurse did not stop. Deeper and deeper the needle went into the butt. Anna trembled with pain and begged: Ah! please stop, it burns so much! She was trembling, could not stand still, but the nurse did not interrupt injecting the terribly burning medicine. On the contrary, she shouted to me: Hold your wife please!

I was amazed about the whole situation. I really enjoyed to hold my crying Anna down. The nurse finished the injection. My dear Anna got more calm. I wished away the tears in her face. Although time seemed to stop for me, the moment soon passed. The nurse took the waistband of her panties and covered my wife’s beautiful ass. Then she backed away. Anna stood up straight and smoothed her skirt back down. She then rubbed her bottom just a little with her hand and said: Really it hurt me a lot, Carlónimo. I'm glad that's over.

When we got home I was very excited. I was only thinking at the time that the nurse commanded: Lift up your skirt and your panties down. Lie face down on the bed. I hugged my dear Anna, undressed her. I placed her in doggy pose, and penetrated her vagina with my phallus. We made love several times… intensely. We ended up screaming our respective names each other.

Carlónimo -

En la intrincada estructura mental proclive al fetiche de las inyecciones gravitan, creo yo, algunas circunstancias que cualquiera de nosotros pudo haber vivido en la infancia, las cuales me invitan a reflexionar.

Estoy convencido de que el acto mismo de inyectar nos despierta una serie de fijaciones de corte sádico-masoquista que tienen que ver, por una parte, con la aceptación del tormento, del dolor, del sufrimiento y, por otra, del dominio, la flagelación, el abuso y el sometimiento.

El flagelador y el flagelado sin decirlo abiertamente pactan, acuerdan una acción de intimidad rebosante de erotismo, en beneficio suyo y de los demás implicados por el simple hecho de conocer o presenciar la aplicación.

En mis recuerdos más antiguos descollan escenas donde una mujer adulta (no sé si tía vecina o amiga de la familia) desdeñando mi presencia por ser tan sólo un niño o bien instigada por su propio placer y descaro, cargaba frente a mi la jeringa, la entregaba a su asistente, se alzaba el vestido, retraía con generosidad su panty y se acostaba tan campante con el soberbio culazo (grande, hermoso, rebosante) en completa pompa, para protagonizar un verdadero espectáculo: recomendando, arengando, regañando, sufriendo, insultando, conjurando el dolor, gimiendo, e invocando cuanta cosa le viniera en gana.

¿Nunca pensó esa mujer en los efectos que pudiera tener aquella tremenda carga erótica que estaba propiciando y manipulando enfrente de mí? ¿No consideró que me calentaría admirando sus encantos corporales y morboseando acerca de su actitud y sufrimiento?

Me parecía desmesurado que una mujer adulta armara tremendo barullo al ser inyectada, cuando a nosotros los niños nos pedía tajantemente que nos aguantáramos. Aquella deliciosa mujer se quejaba sin reparos, lloraba, pataleaba, agredía a su verdugo, de alguna manera su cómplice. Su ambivalente posición en torno de las jeringas me convenció de que, en realidad, realizaba una actuación suprema al ser inyectada y que su motivación era nada menos que el morbo y el deseo carnal.

Siempre pensé que había señales, signos y entendimientos placenteros no verbales entre las “verdugo” y sus “víctimas”. Era todo un espectáculo escuchar aquellas frases protocolarias de las mujeres: Me toca mi inyección, van a venir a inyectarme, me están inyectando, son muy dolorosas, qué horror, piensa en otra cosa, ponte flojita, me la pones despacito, acuéstate, pobres de mis nalguitas, espero que tengas buena mano, no me hagas sufrir mucho, acuéstate, de qué lado prefieres que te la ponga, va el piquete… No, no…

Aparentes reparos que a la postre no lo eran. Esos ardientes escenarios nunca llevaron a la cancelación de la aplicación. Entre gritos, alaridos, pataletas, reclamos, invocaciones, la puntillosa aguja siempre terminaba clavada en el soberbio glúteo, lo invadía con la ardiente sustancia. Las nalgas pelonas, ondulantes, me impactaban por sus dimensiones, su blancura, su realismo y su descaro para exhibirse.

En mi mente infantil no cabía el concepto de perversión, no pensaba en ella aunque en realidad la estuviera practicando. Me bastaba saber que me calentaban las inyecciones. Con sólo ver y, mejor aún, hurgar en aquella cajita plateada medio flameada, recordaba a la excitante mujer inyectada, me sentía embelesado, entraba en un terrible brete.

Intuia que las inyecciones están motivadas por un acordado sufrimiento placentero, compartido, deseado, pues así me lo mostraban las circunstancias ¿A qué lleva todo ese “glamur” de la carga de la jeringa, el sosegado y cachondo acomodo de la “víctima” en la cama, las palmaditas en los nerviosos glúteos, la minuciosa búsqueda del sitio, los sensuales grititos, protestas y estremecimientos?

Los frecuentes anuncios: Ahora sí… ya va, prepárate.

Las sensuales recomendaciones: Quietecita mi amor, no aprietes.

La espléndida exhibición de unas tersas y bien abastecidas nalgas que se contonean de dolor y sin duda también de pasión.

Las demostraciones exageradas, a veces grotescas con que la “víctima” implora piedad: Ay no, mejor sáaacamela.

Pero entroniza a la vez el sadismo: Me duele muchísimo pero no te detengas, termina yaaaaaaaa.

La admiración: ¿Te encanta verme sufrir, verdaaad?

La complicidad: Qué haría sin tiiiii, me inyectaste supremo.

El placer y el sexo: No sabes… me siento como agua para chocolate.

La víctima desborda calentura. Se hace acompañar y contemplar para saciar el morbo, el deseo y la perversión, tanto la propia como la ajena.

Con las impresionantes nalgas al aire, aquella frondosa dama de mi enfancia vociferaba, se regodeaba del espectáculo en el que era la estrella consumada.

Me devaluaba como niño al considerarme insensible, incapaz de percibir el sadismo-masoquismo con que se conducía en el terreno de las inyecciones.

Concluyo pues que, quienes inyectan, de alguna manera desbordan su misticismo-fetichismo al asustar, amenazar, dominar, perforar, causar dolor a la horrorizada víctima. Y son atributos de ésta: plegarse, humillarse, aceptar el sufrimiento, pedirlo a gritos, dejarse, entregarse, incitar la pasión, disfrutar el flagelo, impresionar, escandalizar, excitar, causar envidia, deseo, saberse admirada, idolatrada, suspirada, anhelada.

Carlónimo -

Este lo escribo para mí, desde el solitario océano.

Hace tiempo que la chica no entraba a mi farmacia. Llegó esta tarde y la ví un poco inquieta, como si algo le doliera o le preocupara.

De su bolso extrajo una antigua receta médica y me preguntó: ¿para qué sirve este compuesto?

El Flugenol, señorita, es un antiespasmódico a base de sodio contra los dolores musculares producidos por la insolación.

Se quedó en silencio, recordando.

Guardó la receta, dio media vuelta y se dirigió a la puerta.

Pero antes de salir se detuvo titubeante.

¿Le puedo servir en algo más, señorita, quiere surtir la receta?

Mmmm… no…

Bueno… sí pero…

¿Quiere que yo se la aplique?

Me miró con esos ojos tan majos que la distinguen.

Tratando de darle confianza le recordé que en una ocasión la había inyectado.

Mi comentario pareció no importarle. Me miró inexpresiva, apretó los labios, después los ojos como refrescándolos.

Volvió a mirarme y añadió: Bueno, pues sí. Ayer “el sol me hizo un poco de daño” y esta medicina me ha resultado efectiva al menos una vez… O habrán sido las circunstancias, no lo sé…

Inyéctame…

Tomé el medicamento y la invité a pasar al consultorio.

Desempaqué la jeringa, pinché la goma, extraje el émbolo hasta completar la ambarina carga. Eliminé los residuos de aire, preparé el hisopo y me dirigí al camastro donde ya estaba acostada.

¡Sensualísima! Tenía la falda subida y las bragas deslizadas hasta la mitad del culo. Cómo me excita esa chica, entre otras razones por su serenidad para recibir las inyecciones; no dudo que sufra y que le invadan los nervios, pero tiene un control magnífico de sus emociones.

Hinqué el dedo un par de veces en sus exquisitas nalgas que ni por asomo se tensaron.

Lucían como las ví en aquella primera ocasión que las pinché: mullidas, firmes, blancas, respingadas, deliciosas… Pero esta vez se me revelaron un poco más estrechas.

Aprecié que en general la preciosa chica, sin demérito de su belleza, estaba más delgada. No obstante, la abreviación de sus formas la hacía ver aún más tierna, sensual, elegante, encantadora.

Estando por clavar la aguja le oí decir en voz casi imperceptible, como si soñara: “¡Aquí, mi vida, justo aquí te pido que me inyectes!”

Me quedé perplejo y aparenté no haber oído nada.

Perforé el cachete haciéndolo vibrar. La aguja corrió suavemente hasta desaparecer y hendir el punto de apoyo. Con la jeringa en posición, succioné comprobando no haber invadido un vaso sanguíneo.

Mientras la sustancia se iba alojando en el glúteo la encantadora mujercita en actitud sumisa disfrutaba su entelequia. No dejó de musitar un nombre masculino que tal vez le hacía recordar un momento análogo.

Culminó su ensoñación diciendo: “me ha gustado mucho que lo hicieras en esa posición, me gusta estar sobre tus piernas mientras me inyectas”.

Guardé un respetuoso silencio en tanto le masajeaba el doliente culo.

Tras un insondable suspiro permaneció inmóvil, perfectamente relajada, con la respiración muy fina, espaciosa, acompasada.

Me embebí en la contemplación de su erótica actitud… y de su belleza.

Después, le subí como pude la panty, bajé la faldita cubríendo sus excitantes nalgas, y coloqué una frazada sobre sus piernas para calentarlas.

Salí de la habitación en silencio, dejándola sumida en un profundo sueño, para que se repusiera y descansara.

Carlónimo -

Hace poco vi una película mexicana de la llamada época de oro cuya temática me resulta incitante.

http://www.youtube.com/watch?v=P1aUgS2pUas

Se titula “Isla para dos” y trata de un hombre ya maduro dedicado al arte que decide “desintoxicarse” de su problemática conyugal refufugiándose al efecto en un tranquilo hotel enclavado en las montañas al cual, por azares del destino, acude también una atractiva joven que quiere encontrarse consigo misma.

Se encuentran los dos en circunstancias inmejorables para entablar una sensualísima relación morbosamente vigilada por la dueña del hotel, lo que contribuye a profundizar el vínculo. La matrona interactua con eficiencia para animar el singular romance.

Los protagonistas se gustan uno al otro, deciden pasear juntos y una torrencial tormenta los obliga a refugiarse en una cabaña abandonada donde pasan la noche y consolidan una ardiente intimidad que ya venían alimentando.

El guión en su sencillez es bueno y sólo le falta, en mi opinión, el tórrido ingrediente de las inyecciones, de manera que contribuyo gustoso a perfeccionar el relato y acrecentar su erotismo.

Al término del tercer día, después de haber cenado juntos, Mariana se disculpa y se dirige a su habitación, en tanto que Miguel la admira de lejos sintiéndola por fin suya, recordando embelesado las ardientes escenas de amor que la noche anterior, teniéndola desnuda en sus brazos, protagonizó con ella.

La lujuriosa comadrona quebranta en ese momento su arrobamiento para avisarle que estará un momento fuera, ocupada, porque… “No está usted para saberlo ni yo para contarlo pero la señorita, su amiga, me pidió que después de la cena pase a su habitación a inyectarla…” Parece que la tormenta de ayer le causó algunos quebrantos.

A Miguel, como es lógico, se le avivaron los sentidos y fue tras ellos para merodear el lugar de los hechos. Su chismosa anfitriona al entrar y ver a la joven desenfadadamente acostada boca abajo con el camisón a la cintura, abrió una rendija en la ventana para que el calenturiento amante pudiera espiar y disfrutar la escena.

Con los ojos desorbitados vé la minúscula panty resbalar lentamente descubriendo unos glúteos blanquísimos, redondos, erguidos, carnosos, que le son conocidos, se estremecen al ser desinfectados y se enjutan al sufrir el violento pinchazo. El dolor lleva a la joven a separar los muslos, emitir sentidas quejas y elevar las pantorrillas en la medida que el émbolo avanza y hasta que alcanza el fondo.

Mariana se pliega finalmente a disfrutar el masaje que marca sensuales hoyuelos en su vulnerado cachete.
Miguel está desesperado porque quiere desahogar su calentura. Aguarda impaciente hasta que la matrona nalguea con cariño a Mariana, da media vuelta y sale del cuarto. Al ver a Miguel le guiña el ojo, lo toma del brazo y se lo lleva hasta el restaurante donde lo insta a que se tranquilice convenciéndolo de que debe esperar para que Mariana no descubra el espionaje.

¿Mientras tanto? Pregunta el acalorado Miguel. Mientras tanto te aguantas corazón para no echar a perder las cosas. Si quieres yo te apago de momento el fuego. Minutos después, tumbado sobre la cama el excitado amante recibe estremecedoras chupadas que la matrona le practica succionando, lamiendo y mordisqeando su colosal tolete. Miguel se returce, jadea, empina a la mujer, la penetra y viéndola ofrecerle con desesperación sus nalgas, le dispara hasta cinco viscosos proyectiles que se incrustan en la espléndida vagina.

Después de haber consentido el erótico espionaje del que se percató y fue objeto, Mariana entró en depresión pues esperaba que Miguel la buscara y apagara los terribles fuegos que la tórrida escena de la inyección les había destadado a ambos. Pero al verlo entrar en la habitación de la matrona, tras haberlos espiado y confirmado que cicieron el amor, arregló sus cosas y se retiró del hotel subrepticiamente. El angustiado Miguel lloraría su ausencia.

Carlónimo -

Maruquita y Luis conformaron una preciosa pareja: Ambos de muy buen ver. Guapo, joven y fornido él. Apuesta, madura, de facciones finas, ella. Cuerpo rebosante, atrayentes curvas femeninas descolladas por un vistoso y atrevido atuendo.

Aquella mañana, saliendo de la alberca caminaron abrazados hasta los vestidores. Antes de entrar se anidaron en un recodo. De frente uno al otro, él la rodeó por la cintura y la besó. Se abrazaron, gimieron y se contorsionaron de excitación. Después se miraron sonrientes. Las manos de Luis descendieron hasta los redondos glúteos apenas cubiertos por la minúscula tanga. Oprimiendo aquellos trémulos bombones hizo recordar a su amada: Hoy te toca tu inyección de multivitamínicos, preciosa Maru. ¿Cómo lo voy a olvidar? Respondió ella. Por el momento no hay nadie en mi casa, vamos allá para que me la pongas.

Pasaron a comprar una jeringa de aguja larga con capacidad de 5 mililitros. Al ver el imponente instrumento la atractiva Maruquita exclamó ¡Me va a doler mucho, cariño! Luis la besó y el farmacéutico, al imaginarla acostada con el estupendo culo descubierto, abrió muy grandes los ojos y emitió un profundo suspiro. Al salir la despampanante mujer del establecimiento el empleado no le quitó la vista del espléndido trasero, apenas cubierto por una escuálida faldita blanca.

Llegaron a la casa y pasaron a la recámara muy excitados. Estaban tan calientes que se trenzaron al pie de la cama en un faje desesperado. Luis metió sus manos por debajo de la falda de su amada, cogió la panty y la hizo descender hasta los muslos. Las bien abastecidas nalgas saltaron blancas, majestuosas, tersas y se estremecieron al estímulo de las descompuestas caricias y apretujones que les prodigaba el descontrolado amante quien, sin poder esperar un instante más, se sacó la verga, aventó de bruces a su amada sobre la cama, se precipitó sobre ella, le buscó la entrada vaginal y la traspasó con su enorme y tieso falo. Entre jadeos y gritos acompasados, la delirante refriega los convulsionó disipados en un rabioso intercambio de exhalaciones genitales.

Habiendo saciado su furia permanecieron inmóviles, trabados, aún rugiendo de placer y de mutua exaltación.
Tras el primer acto, deseoso de restablecer la acción, el soliviantado amante se incorporó y fue a buscar la jeringa para inyectar a Maru, quien permanecía tumbada medio boca abajo medio de costado, con la precaria faldita alzada y las insignificantes bragas enroscadas en los muslos. Sus nalgas incitaban a tal grado la lujuria, que Luis le pidió: Quédate así como estás, mi vida, quiero pincharte en esa pose tan sugerente ¡Te ves entera… Divina!

La libidinosa Maruquita le contestó ¡pínchame la cola como te plazca, mi rey, lo importante es calentarte y que me hagas disfrutar como una loca! Permaneció tranquila viendo cómo su amado cargaba la jeringa, empapaba el algodón y se aproximaba con el imponente instrumento al aire. Al sentir que Luis le desinfectaba la nalga, cerró los ojos diciéndo ¡No quiero ver, no quiero, no mi amor…! En el preciso instante que la aguja perforó el mullido y terso cachete haciéndolo brincar de dolor y marcando el sensual hoyuelo, la chica gritó ¡Aaaayyy, mi vida! Entonces se abrió la puerta de la recámara y apareció, con rostro demudado, el celoso marido de Maruquita.

De momento ninguno de los hombres acertó a decir nada. El cornudo marido guardó un precavido silencio y el doctor se quedó expectante. Fue la audaz Maruquita quien intervino reclamando a su esposo por haber entrado sin anunciarse. Pidió al médico que no se distrajera pues la entrada del líquido le dolía mucho. Compuso su figura lo más que pudo cerrando el compás de las piernas y colocándose modosita en la pose clásica.

Entre quejas y reclamos de la singular paciente los tres disfrutaron la erótica escena ¡Ay no, Ay no, despacito doctor, se lo suplico! Las robustas nalgas se estremecían cachondas y eran, por mucho, el centro de atención para los dos varones los cuáles no sabían qué hacer ni les importaba nada. Sólo tenían ojos para su amada.

El médico retiró lentamente la aguja la cual formó el sensual pellizquito en el glúteo, disipado el cual dio salida a una espesa gota de sangre que Luis recogió de inmediato con el hisopo. En ese momento Maruca le ordenó: “¡Entregue el algodón a mi marido, él es quien tiene el derecho de masajearme las nalgas! Lo espero a usted mañana para inyectarme. Adiós y muchas gracias.

Ante tal demostración de carácter, el médico tomó sus cosas y se retiró muy serio. El marido, consolado en parte por el reconocimiento de sus privilegios, se sentó al lado de su mujer y le estuvo masajeando el trasero a placer. Pero rumiaba su molestia por el hecho de que Luis la fuera a inyectar de nuevo. No se atrevió a decir nada.

Carlónimo -

Los irresistibles encantos de Maruquita

El molesto incidente afectó el ánimo de Maruquita quien después de haber tenido serias dificultades para explicar a su hija y a su marido lo ocurrido, se percató de que había sido un rotundo yerro revelar la aventura que se forjó a voluntad con el atractivo estudiante de medicina quien, desde ese día dejó de ser su yerno para convertirse en su ferviente admirador.

Los frecuentes encuentros “ocasionales” convencieron a Maruquita de que sus encantos tenían embelesado al joven cuyas insinuaciones fueron una y otra vez rechazadas por la pretendida quien ¡eso sí! no perdía la oportunidad de estimularlo con su belleza, sus atrevidos atuendos y haciéndole cachondas revelaciones: “¿Cómo quieres que te tenga confianza, mi rey, si en un descuido abusaste de mi ingenuidad. Me pusiste en cuatro patas, me encueraste todita y terminaste haciéndome tuuyaaaa…”.

En un encuentro “casual” que tuvieron en el parque, mientras ella culminaba una tanda de abdominales, el ajustadísimo traje deportivo revelaba con cada empinamiento los sortilegios de su abundante trasero. Concluida la rutina, Maruquita respiró profundo, miró a su amigo y le dijo. Por cierto, Luis, quiero pedirte un consejo como médico que eres. Fíjate que me he sentido muy inflamada del vientre. El muchacho la miró muy serio y contestó: Mi querida Maruquita, para poder opinar requeriría auscultarte primero ¡Claro que sí! dijo ella ¡No hay problema! ¿Por qué no vamos ahora mismo a mi casa y me revisas, porque ya no aguanto la molestia.

Minutos después entraron al domicilio y se encerraron en la recámara de Maruquita que tan sensuales recuerdos les traía a los dos. Sin preámbulos, ella se tiró en la cama, Luis le descubrió el vientre y lo palpó a lo largo y a lo ancho. Concentró después su atención en la parte baja, deslizó el pantalón y la panty hasta el inicio de la zona púbica donde apoyó su mano izquierda y palmeó en ella con la derecha para apreciar la resonancia. Se quedó un momento pensativo, luego pidió a la paciente que se diera vuelta, le retrajo la ropa hasta medio culo y siguió palpándole la baja espalda y el inicio de los espléndidos glúteos donde apoyó con firmeza una mano en cada nalga, y dio algunos apretones que hicieron a Maruca gritar de dolor ¡Ay no Luis, por favor, me duele mucho!

Entonces el médico le pidió darse vuelta y dejándola como estaba con el vello púbico parcialmente descubierto le explicó que tenía los intestinos congestionados, que padecía una fuerte indigestión y que necesitaba aplicarse un enema químico. Anotó en un papelito el nombre del compuesto y le recomendó ir a una clínica para que se lo aplicaran pues tenía que ponérselo por tramos y en profundidad, dependiendo de las reacciones que fuera teniendo. La encantadora y coqueta Maruquita lo paró en seco diciéndole: ¡Pues ya está, me lo aplicas tú, bandido! Deja de actuar como si no me conocieras pues ya me has visto y me has tenido para ti completa.

Dicho esto, llamaron a la farmacia para pedir el medicamento y obtenido éste se encerraron otra vez en la habitación donde Luis colocó una enorme toalla de baño sobre la cama, le pidió a Maruquita desnudarse y acostarse en decúbito izquierdo. Ella, sin chistar, se quitó toda la ropa y ya desnudita se condujo con su amigo de manera tan desinhibida que parecía su mujer, comprobando así la vigencia de su deseo y el origen de su resonado devaneo.

Teniendo las espectaculares nalgas de Maruquita -blancas, mullidas, redondas- empinadas de costado, a su entero solaz y disposición, el médico se quedó petrificado, sufrió un súbito aceleramiento cardíaco, se sentó en el borde de la cama, desempacó el compuesto químico, cargó la canulilla y posó su mano izquierda en el moflete superior de la adorable paciente quien de inmediato le preguntó ¿me va a doler mucho, doctor? Para nada, mi amor, contestó el médico. Pero te vas a portar muy bien obedeciendo todas mis indicaciones.

Afloja muy bien el culito, a ver, así suavecito, le decía mientras frotaba con la yema de su dedo el menudo remolinito rectal que al estímulo se erizaba. Coopera conmigo en la distención, hermosa, te voy a poner un poquito de lubricante, lo vas a sentir frío… Así, suavecita vamos muy bien. Ahora te voy a insertar la cánula ¡Abre la colita, muy bien, separa las nalguitas, eso es, ya casi…!

Distanciándole uno del otro los carnosos y pálidos mofletes, le terminó de empujar la cánula que no medía más de 5 centímetros y llegando al tope le dijo: Vas a sentir la medicina en tu culito. Haz como si trataras de expulsarla, eso te expande el recto y la sustancia penetra. A ver, ahí va ¿la sientes? Sí, ya la siento. Bueno ¡empuja, como si quisieras sacar la manguera, fuerte, empuja! ¿Sientes que la sustancia corre? ¡Sí, cada vez que hago fuerza la siento más adentro!

Excelente, vamos Maru empuja y me avisas cuando sientas el avance. Empuja. Ya avanzó. Empuja. Sigue entrando. Empuja. Ya corrió. Empuja. Espera Luis, siento que cada vez avanza menos, por más que empujo… A ver, preciosa, descansamos un momento. Después de unos instantes ¡Vamos otra vez Maruquita, empuja! Ya, pero no siento que avance. De nuevo, empuja. No Luis, ya no puedo, me parece que tengo atorada la sustancia y que se me va a salir. No, Maru, espera, tranquila, te voy a sacar la cánula y de inmediato aprietas las nalguitas para retener el líquido.

La manguerilla inició un suave movimiento retráctil y la paciente advertía ¡Luis, espera, no la saques porque siento que la sustancia se me sale en chisguete, espera! Tranquila encanto, escúchame bien: Cuando saque la canulilla te voy a insertar mi dedo y así evitamos perder la sustancia. Pero tú aprieta el culito con todas tus fuerzas.

La encantadora Maruquita contrajo los glúteos con fuerza por lo cual la salida de la manguera le resultó dramática ¡Ay Luis, me duele mucho, ya no aguanto! En el momento de mayor molestia la manguerilla salió por fin completa. Se produjo un leve chisguete. El dedo de Luis penetró como tapón. Ahora sí Maru, trata de expulsar mi dedo ¡empuja! No puedo, no puedo hacer que penetre la sustancia, me siento agotada por el esfuerzo.

Tras haber ensayado masajes y golpecitos en la cintura para hacer que la sustancia avanzara, pero no habiendo tenido éxito. Luis comentó a Maruquita lo siguiente: Sólo hay una forma de hacer que el líquido avance. Tendría que penétrate la colita con mi pene. Al distender el tracto rectal la sustancia llegará en automático a la zona donde debe actuar y remediar el congestionamiento ¿Me autorizas a hacerlo?

La escultural Maruquita cerró sus verdes ojos, suspiró profundo y respingando las nalguitas contestó emocionada: Pues… qué delicioso remedio, méteme el pito que no será la primera vez que lo haces. Pero despacio por favor, mi vida. Sin retirar su dedo del ano de Maruquita, Luis se retrajo la ropa como pudo, se liberó el enorme pene que ya tenía en erección plena, lo embarró con una buena cantidad de lubricante, se acostó emulando la pose detrás de su frondosa amada, se sujetó la pichancha para direccionarla, comenzó a retirar el dedo poco a poco sin dejar de atender las eróticas quejas y jadeos con que su compañera lo prevenía y lo estimulaba, hasta que, en un momento decisivo, destapó el estrecho coñito y antes de que éste se contrajera le embutió de un jalón el cabezudo glande, lo cual arrancó a Maruca un descompuesto grito de placentero dolor y un pertinaz bamboleo de las nalgas en un instante de indescritible voluptuosidad, hasta que el duro pene se fue deslizando lentamente y alcanzó la máxima profundidad.

Llegados a ese punto, los amantes se fugaron al paraíso de sus más recónditas apetencias espirituales y carnales. Luis la abrazaba con desesperación y Maruquita, en una gigantesca implosión se retorcía de gozo. Sumidos en el más complejo escenario, en la erótica circunstancia de ser adúlteros reincidentes, seguros de su amor y enloquecidos de pasión, copularon hasta la ignominia.

Ese día despertaron a una realidad inconfesable, se sintieron predestinados el uno para el otro. Debían a toda costa rescatar sus vidas, lo cual no sería fácil. Se siguieron frecuentando a escondidas en la intimidad, disfrutando sus fetiches, sabiendo cada uno que por fin había encontrado a su media naranja y que estaban obligados a oficializar su relación, pues querían compartir su vida.
http://www.youtube.com/watch?v=cpMAgC1z-TU

Carlónimo -

Los irresistibles encantos de Maruquita

El molesto incidente afectó el ánimo de Maruquita quien después de haber tenido serias dificultades para explicar a su hija y a su marido lo ocurrido, se percató de que había sido un rotundo yerro revelar la aventura que se forjó a voluntad con el atractivo estudiante de medicina quien, desde ese día dejó de ser su yerno para convertirse en su ferviente admirador.

Los frecuentes encuentros “ocasionales” convencieron a Maruquita de que sus encantos tenían embelesado al joven cuyas insinuaciones fueron una y otra vez rechazadas por la pretendida quien ¡eso sí! no perdía la oportunidad de estimularlo con su belleza, sus atrevidos atuendos y haciéndole cachondas revelaciones: “¿Cómo quieres que te tenga confianza, mi rey, si en un descuido abusaste de mi ingenuidad. Me pusiste en cuatro patas, me encueraste todita y terminaste haciéndome tuuyaaaa…”.

En un encuentro “casual” que tuvieron en el parque, mientras ella culminaba una tanda de abdominales, el ajustadísimo traje deportivo revelaba con cada empinamiento los sortilegios de su abundante trasero. Concluida la rutina, Maruquita respiró profundo, miró a su amigo y le dijo. Por cierto, Luis, quiero pedirte un consejo como médico que eres. Fíjate que me he sentido muy inflamada del vientre. El muchacho la miró muy serio y contestó: Mi querida Maruquita, para poder opinar requeriría auscultarte primero ¡Claro que sí! dijo ella ¡No hay problema! ¿Por qué no vamos ahora mismo a mi casa y me revisas, porque ya no aguanto la molestia.

Minutos después entraron al domicilio y se encerraron en la recámara de Maruquita que tan sensuales recuerdos les traía a los dos. Sin preámbulos, ella se tiró en la cama, Luis le descubrió el vientre y lo palpó a lo largo y a lo ancho. Concentró después su atención en la parte baja, deslizó el pantalón y la panty hasta el inicio de la zona púbica donde apoyó su mano izquierda y palmeó en ella con la derecha para apreciar la resonancia. Se quedó un momento pensativo, luego pidió a la paciente que se diera vuelta, le retrajo la ropa hasta medio culo y siguió palpándole la baja espalda y el inicio de los espléndidos glúteos donde apoyó con firmeza una mano en cada nalga, y dio algunos apretones que hicieron a Maruca gritar de dolor ¡Ay no Luis, por favor, me duele mucho!

Entonces el médico le pidió darse vuelta y dejándola como estaba con el vello púbico parcialmente descubierto le explicó que tenía los intestinos congestionados, que padecía una fuerte indigestión y que necesitaba aplicarse un enema químico. Anotó en un papelito el nombre del compuesto y le recomendó ir a una clínica para que se lo aplicaran pues tenía que ponérselo por tramos y en profundidad, dependiendo de las reacciones que fuera teniendo. La encantadora y coqueta Maruquita lo paró en seco diciéndole: ¡Pues ya está, me lo aplicas tú, bandido! Deja de actuar como si no me conocieras pues ya me has visto y me has tenido para ti completa.

Dicho esto, llamaron a la farmacia para pedir el medicamento y obtenido éste se encerraron otra vez en la habitación donde Luis colocó una enorme toalla de baño sobre la cama, le pidió a Maruquita desnudarse y acostarse en decúbito izquierdo. Ella, sin chistar, se quitó toda la ropa y ya desnudita se condujo con su amigo de manera tan desinhibida que parecía su mujer, comprobando así la vigencia de su deseo y el origen de su resonado devaneo.

Teniendo las espectaculares nalgas de Maruquita -blancas, mullidas, redondas- empinadas de costado, a su entero solaz y disposición, el médico se quedó petrificado, sufrió un súbito aceleramiento cardíaco, se sentó en el borde de la cama, desempacó el compuesto químico, cargó la canulilla y posó su mano izquierda en el moflete superior de la adorable paciente quien de inmediato le preguntó ¿me va a doler mucho, doctor? Para nada, mi amor, contestó el médico. Pero te vas a portar muy bien obedeciendo todas mis indicaciones.

Afloja muy bien el culito, a ver, así suavecito, le decía mientras frotaba con la yema de su dedo el menudo remolinito rectal que al estímulo se erizaba. Coopera conmigo en la distención, hermosa, te voy a poner un poquito de lubricante, lo vas a sentir frío… Así, suavecita vamos muy bien. Ahora te voy a insertar la cánula ¡Abre la colita, muy bien, separa las nalguitas, eso es, ya casi…!

Distanciándole uno del otro los carnosos y pálidos mofletes, le terminó de empujar la cánula que no medía más de 5 centímetros y llegando al tope le dijo: Vas a sentir la medicina en tu culito. Haz como si trataras de expulsarla, eso te expande el recto y la sustancia penetra. A ver, ahí va ¿la sientes? Sí, ya la siento. Bueno ¡empuja, como si quisieras sacar la manguera, fuerte, empuja! ¿Sientes que la sustancia corre? ¡Sí, cada vez que hago fuerza la siento más adentro!

Excelente, vamos Maru empuja y me avisas cuando sientas el avance. Empuja. Ya avanzó. Empuja. Sigue entrando. Empuja. Ya corrió. Empuja. Espera Luis, siento que cada vez avanza menos, por más que empujo… A ver, preciosa, descansamos un momento. Después de unos instantes ¡Vamos otra vez Maruquita, empuja! Ya, pero no siento que avance. De nuevo, empuja. No Luis, ya no puedo, me parece que tengo atorada la sustancia y que se me va a salir. No, Maru, espera, tranquila, te voy a sacar la cánula y de inmediato aprietas las nalguitas para retener el líquido.

La manguerilla inició un suave movimiento retráctil y la paciente advertía ¡Luis, espera, no la saques porque siento que la sustancia se me sale en chisguete, espera! Tranquila encanto, escúchame bien: Cuando saque la canulilla te voy a insertar mi dedo y así evitamos perder la sustancia. Pero tú aprieta el culito con todas tus fuerzas.

La encantadora Maruquita contrajo los glúteos con fuerza por lo cual la salida de la manguera le resultó dramática ¡Ay Luis, me duele mucho, ya no aguanto! En el momento de mayor molestia la manguerilla salió por fin completa. Se produjo un leve chisguete. El dedo de Luis penetró como tapón. Ahora sí Maru, trata de expulsar mi dedo ¡empuja! No puedo, no puedo hacer que penetre la sustancia, me siento agotada por el esfuerzo.

Tras haber ensayado masajes y golpecitos en la cintura para hacer que la sustancia avanzara, pero no habiendo tenido éxito. Luis comentó a Maruquita lo siguiente: Sólo hay una forma de hacer que el líquido avance. Tendría que penétrate la colita con mi pene. Al distender el tracto rectal la sustancia llegará en automático a la zona donde debe actuar y remediar el congestionamiento ¿Me autorizas a hacerlo?

La escultural Maruquita cerró sus verdes ojos, suspiró profundo y respingando las nalguitas contestó emocionada: Pues… qué delicioso remedio, méteme el pito que no será la primera vez que lo haces. Pero despacio por favor, mi vida. Sin retirar su dedo del ano de Maruquita, Luis se retrajo la ropa como pudo, se liberó el enorme pene que ya tenía en erección plena, lo embarró con una buena cantidad de lubricante, se acostó emulando la pose detrás de su frondosa amada, se sujetó la pichancha para direccionarla, comenzó a retirar el dedo poco a poco sin dejar de atender las eróticas quejas y jadeos con que su compañera lo prevenía y lo estimulaba, hasta que, en un momento decisivo, destapó el estrecho coñito y antes de que éste se contrajera le embutió de un jalón el cabezudo glande, lo cual arrancó a Maruca un descompuesto grito de placentero dolor y un pertinaz bamboleo de las nalgas en un instante de indescritible voluptuosidad, hasta que el duro pene se fue deslizando lentamente y alcanzó la máxima profundidad.

Llegados a ese punto, los amantes se fugaron al paraíso de sus más recónditas apetencias espirituales y carnales. Luis la abrazaba con desesperación y Maruquita, en una gigantesca implosión se retorcía de gozo. Sumidos en el más complejo escenario, en la erótica circunstancia de ser adúlteros reincidentes, seguros de su amor y enloquecidos de pasión, copularon hasta la ignominia.

Ese día despertaron a una realidad inconfesable, se sintieron predestinados el uno para el otro. Debían a toda costa rescatar sus vidas, lo cual no sería fácil. Se siguieron frecuentando a escondidas en la intimidad, disfrutando sus fetiches, sabiendo cada uno que por fin había encontrado a su media naranja y que estaban obligados a oficializar su relación, pues querían compartir su vida.
http://www.youtube.com/watch?v=cpMAgC1z-TU

Carlónimo -

Los irresistibles encantos de Maruquita

El molesto incidente afectó el ánimo de Maruquita quien después de haber tenido serias dificultades para explicar a su hija y a su marido lo ocurrido, se percató de que había sido un rotundo yerro revelar la aventura que se forjó a voluntad con el atractivo estudiante de medicina quien, desde ese día dejó de ser su yerno para convertirse en su ferviente admirador.

Los frecuentes encuentros “ocasionales” convencieron a Maruquita de que sus encantos tenían embelesado al joven cuyas insinuaciones fueron una y otra vez rechazadas por la pretendida quien ¡eso sí! no perdía la oportunidad de estimularlo con su belleza, sus atrevidos atuendos y haciéndole cachondas revelaciones: “¿Cómo quieres que te tenga confianza, mi rey, si en un descuido abusaste de mi ingenuidad. Me pusiste en cuatro patas, me encueraste todita y terminaste haciéndome tuuyaaaa…”.

En un encuentro “casual” que tuvieron en el parque, mientras ella culminaba una tanda de abdominales, el ajustadísimo traje deportivo revelaba con cada empinamiento los sortilegios de su abundante trasero. Concluida la rutina, Maruquita respiró profundo, miró a su amigo y le dijo. Por cierto, Luis, quiero pedirte un consejo como médico que eres. Fíjate que me he sentido muy inflamada del vientre. El muchacho la miró muy serio y contestó: Mi querida Maruquita, para poder opinar requeriría auscultarte primero ¡Claro que sí! dijo ella ¡No hay problema! ¿Por qué no vamos ahora mismo a mi casa y me revisas, porque ya no aguanto la molestia.

Minutos después entraron al domicilio y se encerraron en la recámara de Maruquita que tan sensuales recuerdos les traía a los dos. Sin preámbulos, ella se tiró en la cama, Luis le descubrió el vientre y lo palpó a lo largo y a lo ancho. Concentró después su atención en la parte baja, deslizó el pantalón y la panty hasta el inicio de la zona púbica donde apoyó su mano izquierda y palmeó en ella con la derecha para apreciar la resonancia. Se quedó un momento pensativo, luego pidió a la paciente que se diera vuelta, le retrajo la ropa hasta medio culo y siguió palpándole la baja espalda y el inicio de los espléndidos glúteos donde apoyó con firmeza una mano en cada nalga, y dio algunos apretones que hicieron a Maruca gritar de dolor ¡Ay no Luis, por favor, me duele mucho!

Entonces el médico le pidió darse vuelta y dejándola como estaba con el vello púbico parcialmente descubierto le explicó que tenía los intestinos congestionados, que padecía una fuerte indigestión y que necesitaba aplicarse un enema químico. Anotó en un papelito el nombre del compuesto y le recomendó ir a una clínica para que se lo aplicaran pues tenía que ponérselo por tramos y en profundidad, dependiendo de las reacciones que fuera teniendo. La encantadora y coqueta Maruquita lo paró en seco diciéndole: ¡Pues ya está, me lo aplicas tú, bandido! Deja de actuar como si no me conocieras pues ya me has visto y me has tenido para ti completa.

Dicho esto, llamaron a la farmacia para pedir el medicamento y obtenido éste se encerraron otra vez en la habitación donde Luis colocó una enorme toalla de baño sobre la cama, le pidió a Maruquita desnudarse y acostarse en decúbito izquierdo. Ella, sin chistar, se quitó toda la ropa y ya desnudita se condujo con su amigo de manera tan desinhibida que parecía su mujer, comprobando así la vigencia de su deseo y el origen de su resonado devaneo.

Teniendo las espectaculares nalgas de Maruquita -blancas, mullidas, redondas- empinadas de costado, a su entero solaz y disposición, el médico se quedó petrificado, sufrió un súbito aceleramiento cardíaco, se sentó en el borde de la cama, desempacó el compuesto químico, cargó la canulilla y posó su mano izquierda en el moflete superior de la adorable paciente quien de inmediato le preguntó ¿me va a doler mucho, doctor? Para nada, mi amor, contestó el médico. Pero te vas a portar muy bien obedeciendo todas mis indicaciones.

Afloja muy bien el culito, a ver, así suavecito, le decía mientras frotaba con la yema de su dedo el menudo remolinito rectal que al estímulo se erizaba. Coopera conmigo en la distención, hermosa, te voy a poner un poquito de lubricante, lo vas a sentir frío… Así, suavecita vamos muy bien. Ahora te voy a insertar la cánula ¡Abre la colita, muy bien, separa las nalguitas, eso es, ya casi…!

Distanciándole uno del otro los carnosos y pálidos mofletes, le terminó de empujar la cánula que no medía más de 5 centímetros y llegando al tope le dijo: Vas a sentir la medicina en tu culito. Haz como si trataras de expulsarla, eso te expande el recto y la sustancia penetra. A ver, ahí va ¿la sientes? Sí, ya la siento. Bueno ¡empuja, como si quisieras sacar la manguera, fuerte, empuja! ¿Sientes que la sustancia corre? ¡Sí, cada vez que hago fuerza la siento más adentro!

Excelente, vamos Maru empuja y me avisas cuando sientas el avance. Empuja. Ya avanzó. Empuja. Sigue entrando. Empuja. Ya corrió. Empuja. Espera Luis, siento que cada vez avanza menos, por más que empujo… A ver, preciosa, descansamos un momento. Después de unos instantes ¡Vamos otra vez Maruquita, empuja! Ya, pero no siento que avance. De nuevo, empuja. No Luis, ya no puedo, me parece que tengo atorada la sustancia y que se me va a salir. No, Maru, espera, tranquila, te voy a sacar la cánula y de inmediato aprietas las nalguitas para retener el líquido.

La manguerilla inició un suave movimiento retráctil y la paciente advertía ¡Luis, espera, no la saques porque siento que la sustancia se me sale en chisguete, espera! Tranquila encanto, escúchame bien: Cuando saque la canulilla te voy a insertar mi dedo y así evitamos perder la sustancia. Pero tú aprieta el culito con todas tus fuerzas.

La encantadora Maruquita contrajo los glúteos con fuerza por lo cual la salida de la mangera le resultó dramática ¡Ay Luis, me duele mucho, ya no aguanto! En el momento de mayor molestia la manguerilla salió por fin completa. Se produjo un leve chisguete. El dedo de Luis penetró como tapón. Ahora sí Maru, trata de expulsar mi dedo ¡empuja! No puedo, no puedo hacer que penetre la sustancia, me siento agotada por el esfuerzo.

Tras haber ensayado masajes y golpecitos en la cintura para hacer que la sustancia avanzara, pero no habiendo tenido éxito. Luis comentó a Maruquita lo siguiente: Sólo hay una forma de hacer que el líquido avance. Tendría que penétrate la colita con mi pene. Al distender el tracto rectal la sustancia llegará en automático a la zona donde debe actuar y remediar el congestionamiento ¿Me autorizas a hacerlo?

La escultural Maruquita cerró sus verdes ojos, suspiró profundo y respingando las nalguitas contestó emocionada: Pues… qué delicioso remedio, méteme el pito que no será la primera vez que lo haces. Pero despacio por favor, mi vida. Sin retirar su dedo del ano de Maruquita, Luis se retrajo la ropa como pudo, se liberó el enorme pene que ya tenía en erección plena, lo embarró con una buena cantidad de lubricante, se acostó emulando la pose detrás de su frondosa amada, se sujetó la pichancha para direccionarla, comenzó a retirar el dedo poco a poco sin dejar de atender las eróticas quejas y jadeos con que su compañera lo prevenía y lo estimulaba, hasta que, en un momento decisivo, destapó el estrecho coñito y antes de que éste se contrajera le embutió de un jalón el cabezudo glande, lo cual arrancó a Maruca un descompuesto grito de placentero dolor y un pertinaz bamboleo de las nalgas en un instante de indescritible voluptuosidad, hasta que el duro pene se fue deslizando lentamente y alcanzó la máxima profundidad.

Llegados a ese punto, los amantes se fugaron al paraíso de sus más recónditas apetencias espirituales y carnales. Luis la abrazaba con desesperación y Maruquita, en una gigantesca implosión se retorcía de gozo. Sumidos en el más complejo escenario, en la erótica circunstancia de ser adúlteros reincidentes, seguros de su amor y enloquecidos de pasión, copularon hasta la ignominia.

Ese día despertaron a una realidad inconfesable, se sintieron predestinados el uno para el otro. Debían a toda costa rescatar sus vidas, lo cual no sería fácil. Se siguieron frecuentando a escondidas en la intimidad, disfrutando sus fetiches, sabiendo cada uno que por fin había encontrado a su media naranja y que estaban obligados a oficializar su relación, pues querían compartir su vida.
http://www.youtube.com/watch?v=cpMAgC1z-TU

Carlónimo -

Cuando ves unas nalgas que al andar de la atractiva portadora se mecen sugerentes, te deleitas y las desnudas mentalmente para inferir su natural belleza. Y ¿qué ocurre con la atractiva expositora? Pues que ante el estímulo de saberse admirada y deseada, actúa de acuerdo a su particular apetencia, placer y gusto.

Es un juego natural del entendimiento conforme al cual las dos partes –admirador y admirada- se prodigan un equilibrado placer, en tanto evalúan la posibilidad de avanzar en su aventura hasta donde les apetece. El juego es de dos y pasar a una etapa de mayor acercamiento es, por lo tanto, una acción concertada.

Aquellos que se han entendido inicialmente disfrutan en lo personal sus fantasías dejándose llevar y enredar por los impulsos eróticos que les van surgiendo. Si su morbo es proclive a las inyecciones y encuentran un pretexto y una forma de fincar su relación en ellas, ya se pueden imaginar ustedes el resultado.

Les comento esto porque leí hace un momento el testimonio de una honorable mujer de nombre Maruquita, tan “apenada” y tan “ofendida” por lo que le ocurrió con el novio de su hija, que decidió “desahogar” su pena o tal vez satisfacer su morbo, describiendo el incidente y subiéndolo a Internet.

Les presento a continuación el texto íntegro de la dama al que no realicé modificación alguna y que está en: http://mx.answers.yahoo.com/question/index?qid=20090907234014AA8mSg3


“Ayer tuvimos una cena en mi casa y el novio de mi hija mayor fue, yo he estado muy enferma con una gripa horrible, amigdalas inflamadas, de lo más debil, sólo me pasa una vez al año pero es fuertísimo, mi yerno es estudiante de medicina va en 4to año y trajo una medicina que yo le habia pedido, es una inyección, ya estaba yendosé cuando empezamos a hablar de la medicina y me preguntó quién me la iba a aplicar yo le dije que mi marido es el que siempre lo hace pero la ves pasada me lastmo un nervio y estuve resentida más de la semana, cuando le dije eso, el se ofreció a aplicarme la inyección yo dije que no, por pena es mi yerno, pero mi hija me convenció y sin decirle a mi esposo que estaba en el patio con un compadre le dije que ok, que si subia a mi recamara.
Ya estando ahi yo estaba acostada boca abajo y me descubri una pequeña area del gluteo, me dijo, no mejor rocoja la pierna asi le va a doler menos, total que yo estaba como incada en la cama y luego cargo la jeringa y me bajó los shorts hasta dejar mi trasero al descubierto yo me saque de onda pero no dije nada, me puso la inyección, y más alla del dolor me molestaba la sensación de tener su cara justo frente a mi trasero.
- le dije que nunca ne habian puesto una inyección asi, que me senti super incomoda, pero me dijo que para los "doctores" eso es normal, lo hacen todos los dias.
Yo pienso que el muy canalla lo que quería era verme tooodo y lo hizo, le dije inmediatamente a mi hija que también se extraño mucho, yo no se mucho de medicina o enferemería pero eso no es lo normal al aplicar una inyeccíón verdad?”

Hasta aquí el estimulante relato de la ofendida mujer. Analicemos un poco los hechos.

De acuerdo con su propio testimonio la señora se presentó con el muchacho luciendo un sensual pantaloncillo corto tipo “shorts” ¿No les parece un atuendo poco ortodoxo para quien no está en la playa ni en el campo y que, en estricto sentido, debe proyectar una imagen decorosa y formal pues el muchacho que está frente a ella no es insensible y probablemente se convierta en marido de su hija?

Pero antes de eso, ya le había solicitado al chico la inquietante tarea de que le comprara una ampolleta intramuscular que ella bien pudo adquirir con discreción en la farmacia.

Así que la “ingenua” mujer, primero le pide al joven la inyección y luego se le presenta modelando un retacado pantaloncillo que deja a la vista sus torneados chamorros y que delata, a través de la delgada tela, tanto el excitante volumen como la curvatura y el sensualísimo juego muscular de su trasero.

Entonces, siguiendo el relato de la protagonista, a pesar de las eróticas circunstancias el muchacho ya se le iba sin que se concretara lo que ella seguramente deseaba. Así que se acercó a él para “despedirse” agradeciéndole cumplidamente que le haya llevado la ampolleta y diciéndole además que se la aplicaría su esposo porque él es quien siempre la inyecta ¿Por qué tenía que darle esa información? Pero además le cuenta que la última vez que su marido la inyectó le lastimó un nervio dejándola postrada ¿No les parece que son descaradas insinuaciones?

Como es natural, el joven estudiante de medicina, recordando el juramento de servicio que le legara Hipócrates, se ofreció a inyectar a la suegra y ésta ¡No faltaba más! Le respondió con un rotundo ¡NOOOO!...

Pero se dejó finalmente convencer y se lo llevó a su recámara, bien encerraditos los dos y “sin decirle a su esposo” quien estaba “con un compadre en el patio” ¿Por qué tenía que aclarar esto último la libidinosa señora. Acaso le embargaba el sentimiento de culpa?

Y ahora viene lo más sabroso. Resulta que la “recatada y ofendida” Maruquita no esperó a que el muchacho preparara la jeringa sino que tan sólo entró a la recámara y ¡Prau! de inmediato le dio la espalda, se retrajo la panty y se acostó boca abajo. No es que estuviera ansiosa, dirá ella, sino que quería premiar las virtudes de su yerno permitiéndole que se echara en “taquito de ojo” con su agraciado trasero.

Ante tal apertura el muchacho se animó y ya envalentonado, con la respiración sumamente agitada, conminó a su suegra para que adoptara una posición más cómoda y desde luego más cachonda. De bruces, en pose de rana, con las nalgas totalmente descubiertas y el palpitante ojetito rectal expuesto. La señora “se sacó de onda, pero sin decir nada”. Tan sólo se esponjaba con delectación.

El reducto de los deseos le encabritaba el ánimo desligando su actitud de cualquier prohibición. Se percató de que era mujer y se liberó de cualquier prejuicio. Se dispuso a gozar, a sentirse atractiva, seductora, seducida. Se sabía y estaba en verdad hermosa, cachonda, capaz de excitar al muchacho cuya profesión, actitud y fisonomía la inquietaban.

Se otorgó a sí misma la oportunidad de coquetear, de conquistar. Se aprestó a vivir, a pervertirse, a fornicar, a romper el asfixiante yugo de la rutina. Recibió el profundo pinchazo con grititos de suculento placer. Resoplaba y jadeaba emancipada, ofrecía con descaro el culo. Se dejaba tentar, cachondear y penetrar.

La excitación de sus genitales la desfiguró. Restregaba sus nalgas en el suculento salchichón que las asediaba. Entre arrumacos se abandonó al ardor, al grosor, a las profundas arremetidas anales y vaginales.

Percibió la irresistible presencia de un macho y respodió como hembra. Sus dramáticos alaridos, contorsiones y conjuros esbozaron la pornográfica escena. ¡Méteme el pito completo, incrústame los cojones, derrama toda tu leche. Qué vergota. Eres la gloria!

La recatada mujer de su hogar se repuso de la espectacular cogida, suspiró profundamente, se alzó de la cama, se vistió, retocó su imagen en el espejo, le dijo a su yerno que “nunca le habían puesto una inyección así” y que él la había precipitado a una situación “súper incómoda”.

Maruquita salió de la habitación y entró a la cocina donde permaneció largo tiempo hasta percatarse de que el joven se había retirado. Cuando su hija fue a verla y le preguntó cómo le había ido, ella bajó la cabeza se quedó muy seria y después de un sugerente silencio le confesó con voz entrecortada: “Yo pienso que el muy canalla lo que quería era verme tooodo y lo hizo”
http://www.youtube.com/watch?v=DNRjHpfPcEg


Carlónimo -

Estaba leyendo acerca de un hombre que paseaba con su esposa a quien de pronto el viento le eleva la breve faldita dejando a la vista sus encantos corporales. El marido hace la siguiente reflexión respecto a la excitación que le produce el incidente.

Perhaps it has to do with how unexpected it is. Perhaps it has to do with it being outside--skirts should not be up outside. Perhaps it has to do with how quickly it's over and modesty restored--just a short flash. Perhaps it has to do with stealing an improper look--improper, at least, at this time and place. Perhaps it is the content of the vision itself and its effect on a man with a healthy libido: panties, the hidden treasure. Anyway, whatever the reasons, I hope this thrill never dies for me. It keeps the electricity in our marriage snapping and crackling.

Poco después, ella iba a ser inyectada y la enfermera le da las “ingenuas” instrucciones para que se prepare; el marido vuelve a reflexionar acerca de su propio erotismo.

"Now dear, face the table. Pull up your skirt and drop your panties."
Sometimes the female of the species seems to be utterly naive about how sexy something they say so innocently can sound. But the nurse's command hit me with devastating force. Since it put my mind into such high gear on the subject of sex.

¡Cuánta riqueza! Esos breves razonamientos me bastan para iniciar una cadena de relatos acerca de los intrincados recovecos del erotismo.

Qué lástima, cuántas cosas se me han quedado en el tintero.

Carlónimo -

Hola Vero, tal vez peque de impulsivo pero quiero entregarte el regalo antes de que termine este 6 de enero. Un abrazo.

Remembranzas de la preciosa Vero

Cuando niña recibí “inyectables de hierro a cada rato, tenía manchas blancas por todas partes del cuerpo de tan anémica que estaba”. En ese tiempo me rebelaba, lloraba y pataleaba ante el terrible dolor que me producían los horrendos pinchazos.

Luego crecí y poco a poco fui ofreciendo a voluntad mis nalgas para la recepción de tan inicuos tratamientos. Han sido tantas las experiencias de medicación intramuscular que poco a poco me fui habituando a ellas y hasta las incorporé en mi vida sexual.

He vivido momentos de mucho erotismo, otros más han sido humanamente intensos. Recuerdo haberles compartido una experiencia en la que uno de mis novios estuvo presente y que me resultó angustiosa, pero a la vez me dejó una singular fijación en el ámbito… llamémosle humano sensorial.

Me refiero a aquella vez en que… “Entró Dora, jeringa en mano, cerramos la puerta, y Francisco me descubrió las nalgas. Sentí el frío del algodón con alcohol justo en el momento en que entraron las sobrinas, quedándose en la puerta para observar. No me opuse”.

Les narré en esa ocasión, que el aspecto tierno y formal de aquellas niñas me cautivó. La mayor, una jovencita delgada que llevaba un vestido corto ceñido del tórax en el que se distinguían sus incipientes tetillas, me miraba con extrema curiosidad sin parpadear. La otra, más pequeña, tampoco perdía detalle, pero su expresión era más bien juguetona, parecía compadecerme y reír de nervios, como pensando en la penosa situación en que me encontraba.

Fue un momento difícil. No me agradaba que estuvieran viéndome las nalgas y el agresivo trato que recibí de parte de Dora, la enfermera, desencadenó un caótico escenario de dolor y humillación en el cual la niña menor realmente impresionada terminó lloriqueando, mientras su hermanita con rostro desencajado trataba de consolarla. La tierna carita de Irene, esa encantadora niña que entonces habrá tenido unos trece años, permaneció muy nítida en mis recuerdos, en especial el instante en que, con lágrimas en los ojos y sin dejar de mirarme se retiraba siguiendo a Dora.

La verdad es que… “Por el lado del análisis más profundo, me resultó fascinante la alusión a una persona que posee quedamente demasiadas emociones y sentimientos, y nadie se percata de ellos, quizá todo el mundo se ha sentido de esa manera al menos una vez.”

Hace unos días la inclemente temperatura invernal me ocasionó una soberana gripa de la cual me apareció un pertinaz silbidito en el pecho. El parte del facultativo fue amenazador e inhumano pues me condenó a recibir un doloroso tratamiento a base de inyecciones de penicilina, dos por día, siendo Dora la temida enfermera, de quien pude echar mano en pleno período navideño.

Llegó puntual y amenazante el primer día cuando me tuvo dos veces a su merced con las nalgas totalmente descobijadas y empinadas. Confieso que en esos terribles momentos en que el flagelo era inminente, fue el recuerdo del blog y de sus eróticos relatos, la tabla de salvación que me alejó del cruel martirio, haciéndome entrar en el introvertido y erótico desenfreno sensual.

Al percibir mis nalgas ofrecidas, generosamente participadas, sentía que cada uno de los lectores disfrutaba de ellas, que mis esponjados cachetes alimentaban múltiples y excitantes fantasías. Todo el protocolo: la búsqueda digital del sitio, la cuidadosa desinfección del glúteo, la incitante evaporación del alcohol, las fingidas recomendaciones de Dora, el ansiado sometimiento a base de nalgadas, gritos, improperios, el angustioso y excitante piquete, la formación del sensual hoyuelo, la ondulación del glúteo, mis sentidos y estratégicos lamentos, el ardor de la sustancia que me calcinaba las crudas entrañas, la atrevida revelación de mis orificios rectal y vulvar, la innegable excitación de Dora que disimulaba su deseo con burdas recriminaciones y palmazos que no eran más que descarados cachondeos. Mi reprimido deseo de ser lastimada, apetecida, profanada, mancillada… el cruento dolor, la desvergonzada dilatación de mi esfínter rectal, el irreprimido escurrimiento vaginal, la descarada irrupción de mi explosivo orgasmo.

Sin recato alguno tallé el pubis contra la cama, sollocé, suspiré, imploré, me derramé abundantemente… Aflojé el cuerpo hasta sentir que la agitada respiración se me iba normalizando. Dora musitaba, me decía cosas incomprensibles, extrajo lentamente la aguja, me aplicó el masajito de rigor, balbuceó agitada… La escuché en mi delirio sin prestarle atención alguna.

Me dejó sola. Permanecí postrada, caliente, elevando los abombados mofletes en mi delirio, evocando las deliciosas penetraciones que me han parcticado en ambas cabinas.

Después no supe de mí, pasé una noche tormentosa que se prolongó hasta el amanecer, cuando llamaron a la puerta y al abrir se me reveló aquella carita de ensueño que me dejara tan viva fijación tres años atrás ¿Te acuerdas de mí? Soy Irene… Es que la señora Dora no pudo venir a inyectarte y me pidió que yo lo haga: ella me enseñó y la sustituyo cada vez que me lo pide. Si tu quieres me haré cargo del resto de tu tratamiento ¿Quieres que te inyecte?

No supe qué contestarle, la alteración de la noche anterior me tenía dominada, me encontraba inmersa en una de esas burbujas eróticas que de pronto nos apresan, nos dominan y nos mantienen en constante brete. Asentí con la cabeza, di media vuelta y la preciosa chica me siguió hasta la habitación. Se desvivía en atenciones. Me ayudó a acostarme, bajó suavemente el calzoncito de mi baby doll, luego la panty, sentí mis extensas nalgas brotar como macizos balones, esponjadas, vibrantes, por demás inquietantes…

Puesta frente a mí la deliciosa chica me deleitó con la preparación de la jeringa. Me mostró la ampolleta, el frasquito con los polvos. Las dos nos emocionamos observando la paulatina hidratación del compuesto, el excitante llenado de la jeringa. Nuestra respiración se agitó al ver que se derramaban las minúsculas gotita que brotaron y resbalaron por la acerada aguja.

En ese momento cerré los ojos y me embebí en el disfrute de una escena que me parecía estar leyendo en nuestro fascinante blog. Los deditos de Irene son suaves, delicados, cariñosos, hábiles. Los sentí tentalear mis espléndidas nalgas, impulsar el recio arpón, delimitar la zona del pinchazo, acariciarla y sosegarla mientras entraba la densa sustancia.

Me dominó el erotismo, el deseo, la concupiscencia. Fingí no saber nada, ignorar que los inquietos deditos incursionaban por mi grieta, me punzaban, penetraban y friccionaban el ano, al tiempo que me excitaban la vulva, frotaban el clítoris y me generaban múltiples orgasmos. Con la respiración agitadísima, bramando y retorciéndome como serpiente le grité: ¡Ya basta Irene, el disfrute de mi sexualidad no te autoriza participar tan descaradamente en ella!

La chica se turbó, extrajo la aguja, me practicó el consabido masajito, tomó sus cosas y diciéndome con voz entrecortada: perdón, señorita Vero, no pude evitarlo, pero es que usted me excita… Su voz, su forma de ser, los encantos de su cuerpo. Disculpe, lo siento mucho, no quise molestarla. Le garantizo que nadie sabrá de esto, usted es hermosa, muy hermosa, me encanta de mujer a mujer pero no soy lesbiana, se lo aseguro.

Me quedé sola, postrada boca abajo con las nalgas rebosantes, deseosa de disfrutar un estímulo pleno. En ese preciso instante sonó mi cel… A poco, sentí las fornidas manos de mi Tony que se desplazaban por todo mi cuerpo y se estacionaban en mis ardientes nalgas. Preciosa, princesa, bomboncito, me encantas mi reina. Por mi parte, musité cariñosos arrumacos y gemí como gatita en celo incitándolo a mitigar el ardiente fuego que me embriagaba.

Percibiendo su agitada respiración y sus excitantes besos en mi cuello y en mi espalda, me estremecí al sentir su arrogante salchichón que penetraba colmando en plenitud mis labios vulvares, hasta consumar una soberbia estocada. Gritamos de placer y alimentamos el nutrido roce hasta culminar un coito suave, intenso, extraordinario, inolvidable.

Verónica -

HOLA!!!....
UN ABRAZO A TODOS, BENDICIONES Y BUENOS DESEOS...
Y HABLANDO DE BUENOS DESEOS... HE SOLICIDADO A "SANTA CLOS" UN RELATO PARA MI DE PARTE DE CARLÓNIMO....

Anónimo -

http://www.sibercine.com/2012/08/ver-la-casa-del-lago-pelicula-completa.html#more

Carlónimo -

Fue tan inspiradora la experiencia de inyectarte, preciosa nina, que el relato anterior no bastó para desahogar mis emociones. Hay algunos detalles estelares ocurridos en la siguiente sesión, que a gritos me piden los convierta en texto. Te los entrego, son tuyos.

Reposabas tranquila casi desnuda, sólo un breve corpiño desabrochado acentuaba el cálido contexto de libertad e intimidad reinante. La búsqueda del sitio a pinchar delataba sensuales bachitas en tus pulposas y macizas nalgas espléndidamente abastecidas y generosamente desplegadas.

La sedante y juguetona nalgada me excitó en demasía al producir un sonido chasqueante, pero ahogado por la palmaria firmeza del rebosante glúteo apenas inmerso en un leve estremecimiento.

Con voz enloquecedoramente sensual intentaste decirme algo pero el agudo piquete te pilló a medio camino, sofocó tus tiernas frases y te arrancó una excitante queja. Apretaste el coñito pero la súbita incisión terminó por aliviarte el nerviosismo inicial derivado de la sufriente espera, de aquellos instantes previos en que me sentías maniobrar detrás de ti preparando la jeringa, empapando el algodón y buscando los posibles sitios a pinchar. Ese preciso momento en que me confiabas: “estoy algo nerviosa Carlónimo, las inyecciones me asustan, inyéctame muy despacito… por favor”.

La entrada del áspero líquido te arrancó dulces lloriqueos y reprimidas locuciones encontradas de placer, dolor, excitación y seducción, ingredientes inequívocos del morboso juego que desplegábamos. Tus dicciones fueron tan femeninas y convencionales que me participaron sobre todo tu emotivo disfrute invitándome a secundarlo. Armonizabas a la perfección el envolvente tinglado que habíamos montado.

En un desplante de arrolladora apetencia sollozaste conmovedoramente empinando con refinada coquetería tus mullidas nalguitas en medio de las cuales floreció el rugoso ojetito rectal que palpitaba frente a mí, travieso y desafiante.

Posando mi dedo en el sensible fondillo te insinué la incursión rectal, a lo cual respondiste con un ostensible y cariñoso dilatamiento del esfínter, animándome a sumergirte el dedo.

Al sentirte deliciosamente penetrada iniciaste un impetuoso vaivén. La voluptuosidad de tus gozosos lamentos comprobó que deseabas copular por esa vía. Te contuve, extraje el dedo y te coloqué el henchido glande de mi pene en posición de acceso, sintiéndolo resbalar y acceder dócilmente hasta perderse por completo en ese entorno suave, tibio y estrechamente circundante.

La extraordinaria suavidad del recto nos facilitó entablar un intenso y acompasado roce que nos llevó del placer a la euforia y por fin al enajenante estallido genital. Mis manos te sujetaron por la cadera apoyadas en los espléndidos glúteos que en su ferviente ir y venir denotaban placer y sumisión.

Te regodeaste y deleitaste sabiéndote embutida en tu introspectivo reducto anal. Pensabas en que esa puerta no se le franquea a cualquiera, sino a la persona que has hecho tuya, con quien estableces la más íntima conjunción corporal y emocional.

Integrados en la pasión y en el desbordamiento de nuestros instintos, hermanados en el placer y en la ardiente lujuria, avenidos en la complicidad, copulamos una y otra vez en atrevidas poses y llegamos en comunión a la euforia. Mis ardorosos jugos te inundaron, en turno, el recto y la vulva; tus fogosos efluvios me anegaron el pene, los labios y el rostro.

http://www.youtube.com/watch?v=FYD1hvh6N-4

Carlónimo -

De aquí nadie se va con las manos vacías. Para que te lleves un buen recuerdo de mí, te dejo este relato que es todo tuyo. Adios nina.

nina

Era bella, espigada, de expresiones tiernas, cuerpo armonioso, labios sensuales, sonrisa encantadora. Estaba convertida en una muñeca. Era altiva y un tanto impositiva. Quería que le compartiera mis planes, me escuchaba muy atenta pero no consentía que me apartara de sus designios. En cambio le agradaba que le diera la razón en todo.

A pesar de sus excesos me gustaba estar con ella y la procuraba. Una vez llegué a su casa y la encontré muy abrigada con ojos tristes y pálida. Aún así se veía hermosa, me apetecía abrazarla y consolarla. Me dijo que llevaba tres días enferma y que estaba por llegar el médico para revisarla. Minutos después llamaron a la puerta y entró el facultativo ¿Dónde está la enfermita? A ver linda vamos a revisarte!!

Entraron a la habitación y cerraron la puerta con seguro. Después de unos veinte minutos de vagos rumores y golpeteo del instrumental se abrió la puerta y salió el doctor maletín en mano gritando: ¡Le aplican el tratamiento completo, son doce inyecciones, el jarabe, las tabletas y supositorios en caso de fiebre! nina permaneció en la recámara, su madre salió a despedir al médico, llamó después al hermano menor, le entregó la receta y nos mandó a los dos a la farmacia, pero salió junto con nosotros para buscar a Mariel una vecina que inyectaba.

Regresamos con el paquete de medicamentos: 12 cajitas con sus respectivos frasquito con tapa pinchable que aloja la sustancia pulverizada y ampolleta de 3 mililitros de agua bidestilada. A la vista de aquel poderoso fetiche me sentía muy excitado y pensaba en la dulce y valiente nina que en breve estaría recibiendo la medicación en sus nalguitas. Una onda cálida recorrió todo mi cuerpo haciéndome desear su compañía.

La desinhibida Mariel llegó gritando: ¿A quien voy a inyectar? A la vista de todos (mamá, los dos hermanos, la muchacha, tía Raquel, prima Antonia, el primito Julián y quien esto relata) desempacó en el mismísimo comedor la jeringa, destapó la ampolleta, pinchó el frasco de los polvos, introdujo el agua bidestilada, extrajo la pulla, agitó el compuesto, pinchó de nuevo, cargó la jeringa, la elevó como se estila, empujó suavemente el émbolo hasta apreciar la típica gotita en el agudo vértice de la aguja, empapó la borla de algodón y se dirigió a la recámara con la puya bien parada presidiendo el desfile, seguida en tropel por casi todos; sólo el hermano menor y yo nos quedamos afuera oyendo el barullo con que imponían a la pobre paciente su martirio.

Todos pretendían tener el derecho de presenciar la aplicación y sermoneaban a la pobre enferma: voltéate nina, relájate, bájate bien las bragas… Hasta que un grito rotundo e imperativo de la molesta chica los cimbró completos ¡Cállense todos y váyanse, déjenme en paz! Se produjo un silencio total en cuyo entorno fueron abandonando la habitación José, el hermano mayor, la prima Antonia, la muchacha y el primito Julián que imploraba ¡Nooo, yo quedo ved como inyetan a ninaaaa!

Vuelta a cerrar la puerta, las voces, clamores y gritos internos permitieron conocer los detalles de la aplicación: Tranquila, ya se fueron… No, ponte suave. A ver… nooo, sólo te están desinfectando la nal… no te muevas, nooo. No aprietes, cógete de mí, aprieta mi mano, aprietaaaa. Grita si quieres pero no te muevas. Raquel, sujétala, noooo, de la cintura, sujétala. No te muevas, aprieta mi mano, apriétala, apri… quieta, quietaaaa ¡Aaaaaaaaaayyyyyyyyyy! Sólo es un piquetito, un piquetito, un piqu… yo le sostengo las piernas. Tú allá, de la cintura, de la cinturaaa. ¡¡Suéltenme!! Nooo no aprietes la nalga, nooo, se rompe la aguja y te van a… ¡Así no te podemos soltar, apriétame la mano pero no te muevas! ¡Rita, qué esperas… noooo no te muevas, afloja! ¡Yaa, yaaa, ya terminó todo yaaa, sácasela, ya sácale la aguja Rita! ¡¡Señora, que no he terminado, no se la puedo sacar!! Bueno, bueno, apúrate, ya casi… quieta nina… quieta, tranquila, no falt… yaaa ¿ya ves? ¿ya ves? Yaaa, ya te la sacaron yaaaa, no llores. Cuando se abrió la puerta y la apabullada Rita salió jeringa en mano refunfuñando, pude oír el llanto de nina, muy bajito pero amargo, producto de la impotencia, el estrés y la humillación.

La inyectaron igual al día siguiente, en público, jalonéandola, con todas las agravantes y abusos que se estilaban entonces. Ese día la encontré caminando por la calle y me dijo: Ven Carlónimo, acompáñame, quiero pedirte algo. Caminando me explicó: Tú has visto el vergonzoso espectáculo en que me enredaron ya dos veces. No vuelvo a dejarme inyectar en esa forma. No soy una niña y menos aún la tonta que da espectáculo. Quiero que tú me ayudes, fíjate que acordé con mamá ir a inyectarme a la clínica, por eso salí de casa y supuestamente ya regreso en este momento de ponérmela, pero no lo hice. Sé que es muy importante aplicarme las inyecciones así que cuando no haya nadie en tu casa quiero que me ayudes a ponérmelas. Acordamos vernos a las 5, hora en que mi madre salía a dar sus clases. Ese fue el principio de una bella relación entre los dos.

Aquella tarde llegó con un vestido cortito ajustado color ciruela, siempre se vestía muy bien mi amiga. Yo me sentía extraño, sabía que aquello no era un romance, estaba acostumbrado al trato formal que nina me prodigaba pero, al verla tan linda y por el hecho que me hubiera invitado a ayudarle en algo tan íntimo, empezaba a soñar con ella. Me dijo: Estoy confiando en ti Carlónimo y esto será un secreto que guardaremos los dos. Yo la escuché admirando sus preciosas piernas y pensaba en la excelsitud de sus partes íntimas que en breve me mostraría.

Mientras ella realizaba la hidratación de la sustancia y el cargado de la jeringa seguí disfrutando sus encantos. Al verla levantar su vestido, replegar levemente las bragas hasta medio culo y acostarse lentamente con el compás de las piernas celosamente cerrado, me invadió una emoción muy intensa. Contemplé por primera vez los encantos de mi preciosa amiga que yacía acostada boca abajo con las redondas y amplias nalgas espléndidamente participadas. Ya estoy lista, me dijo, quiero que busques las huellas que me dejaron las dos inyecciones anteriores. Obsérvame y me indicas dónde las tengo.

Al influjo de aquellas deliciosas prominencias gemelas el corazón se me salía del pecho. nina reposaba su cabeza en los antebrazos esperando mi respuesta. Sí, ya ví los dos piquetes, uno de cada lado. A ver, tócalos para que me indiques el sitio. Al posar mis dedos y sentir la mullida firmeza de aquellos espectaculares mofletes la respiración se me agitó a tal grado que no podía controlarla. Bueno, vamos a aplicar la inyección del lado derecho en el puntito que ahí tengo marcado porque es el del primer pinchazo. Presioname el sitio otra vez.

Ahora tállame el algodón varias veces, déjalo secar ¿ya? Bueno, tienes que clavarme la aguja de un solo impulso apuntando hacia el fondo, que la punta de la aguja no se quede superficial sino que se encaje bien en la carne. Estoy lista házlo con cuidado. Ahora… ¡¡Aasayyyy ingrato!! espera déjame ver. Levantando el rostro y dirigiendo la mirada hacia la jeringa aprobó aquel primer movimiento. Sí, está bien. Ahora, fíjate lo que te voy a decir: Jala el émbolo lentamente como tratando de extraer algo. No se puede, le dije, está duro. Perfecto, respondió, quiere decir que no me pinchaste un vaso sanguíneo y que el sitio es correcto. Ahora ya puedes empujar el émbolo pero despacito porque la entrada de la sustancia duele ¡Aaayyy! ¡aaayyy! Sí, vas bien, despacito Carlónimo, despacito… !aaayyy! Espera, despacio ¡aaayyy! Mi preciosa paciente respiraba a profundidad elevando las pantorrillas eventualmente.

Me sentía fascinado de lo que hacía teniéndo a nina postrada frente a mí sin bragas. El émbolo avanzaba lastimosamente arrancando a mi paciente sentidos lamentos que me encendían. Cuando le informé: “ya entró la sustancia” nina respiró satisfecha diciendo ¡Qué diferencia, ya me inyectaste pero me siento respetada y valorada! Permaneció tranquila mientras le aplicaba el masaje que me permitió seguir tentaleando y contemplando sus espléndidas cachas.

Me dejó disfrutar el momento hasta que la agitada respiración de los dos se fue normalizando. Entonces me pidió extraerle la aguja y lo hice lentamente fascinado de apreciar el silencioso roce del acero en la mullida carne que se alzaba y se adhería al pulcro metal. Los dos disfrutábamos el momento y no queríamos que terminara, le mostré la jeringa vacía y me regaló una expresión tan tierna y cariñosa que me cimbró, después se quedó en actitud reflexiva.

Tras un prolongado silencio me preguntó: ¿Puedo confiar aún más en ti, Carlónimo? Satisfecha de mi gesto aprobatorio me entregó un supositorio diciendo: Aplícamelo en el recto a profundidad hasta donde alcances. Estaba de más cuestionar el singular pedimento, me sentía cautivado, empezaba a creer que yo era alguien muy especial para ella. Mis dedos deslizaron la delicada panty color palo de rosa tejida a mano hasta el pliegue inferior del culo, separaron las abombadas y tibias nalgas, buscaron y acariciaron el diminuto esfinter rectal. Sintiendo a mi paciente muy tranquila y colaborativa, coloqué la punta del medicamento en posición de entrada y presioné con el dedo cordial viendo como se dilataba el minúsculo orificio y tragaba la menuda pieza a partir de la eficiente cooperación que la encantadora paciente me brindaba. El dedo también resbaló suavemente hasta perderse al interior de la envolvente y cálida angostura.

Mi disfrute era mayúsculo. Tratando de encauzar la incontrolable calentura empecé a friccionar el oyuelo percibiendo su extraordinaria suavidad interior. nina no dijo nada al principio pero el roce la fue inquietando hasta que me interrumpió con una sorpresiva súplica “!Esta vez no, querido, por favor espera, aún noooo!” Sin extraerle el dedo, sabiéndome dueño de la situación, me quedé reflexionando acerca de aquello que “esta vez” no haríamos pero que la sentida súplica de nina me hacía ver como inminente desenlace.

Al día siguiente volví a inyectarla pero no me pidió que le aplicara el supositorio. Yo tampoco le dije nada, sabía del frágil equilibrio que nuestra relación tenía, pero el estallido de los instintos era solo cuestión de tiempo. En ese tenor, al otro día se quitó el vestido antes de acostarse para ser inyectada. A dos metros de distancia la admiré en su desnudez postrada, permanecí en silencio disfrutando aquella deliciosa vista.

Desde la perspectiva de las piernas admiraba la redondez y fortaleza de los muslos, el contrastante tono de los eminentes labios vaginales, la empinada cuesta de los extensos y abombados glúteos con su hendidura central que continuaba la grieta de la vagina y se extendía hasta los límites de la curvada cadera justo en el enclave de la estrecha cintura. Desprovisto de prejuicios le marqué con mi dedo el sitio a pinchar, desinfecté la tersa superficie y clavé resuelto la aguja sintiendo en mis manos y en mi cerebro la delicada fricción del metal que rasgaba el respingado glúteo. Mientras le aplicaba el hiriente líquido admiraba su extraordinaria anatomía y el bullir de los instintos más recónditos que la hicieron suspirar y estremecer hasta alojar la última gota del medicamento.

Le busqué el ojetito rectal, lo acaricié, lo penetré con el supositorio y después con los dedos vulnerándolo una y otra vez hasta enrojecerlo y provocar el humedecimiento de la ardiente vulva. nina se estremecía ¡Carlónimo, esta vez sí, házme tuya! En ese momento se desbordaron nuestros instintos. Sin dejar de estimularla me liberé el erecto pene, la monté y establecí el ansiado contacto con su entrepierna al tiempo que besaba en turno su cuello, las mejillas y los labios. Giró el cuerpo y nos fundimos en un ardiente contacto lingual y corporal iniciando la liberación de nuestras pasiones. Tumbada de espalda me recibíó en sus brazos, la penetré ansiosamente y copulamos en medio de un rabioso forcejeo hasta llegar al éxtasis. Aullamos de placer con cada explosión orgásmica consumando así nuestra ardiente ¡primera vez! en la que recorrimos la dulce brecha del amor desposeídos de cualquier prejuicio.

http://www.youtube.com/watch?v=5a7UWgkMD5M

Anónimo -

Carlonimo donde estas

Fer -

http://foro.enfemenino.com/forum/f123/__f9580_f123-Jugar-a-medicos-inyecciones-supositorios-enemas.html

Fer -

En primer lugar he de pedir disculpas por no estar presente en este foro en los últimos meses. La cuestión es simple, el trabajo con sus viajes, obligaciones y cansancios me ha hecho reducir mi actividad en los blogs. Esto no es óbice para pedir la continuidad de este foro que tanto aprecio. Está en manos de los que aquí escriben!
Un abrazo,
Fer

nina -

se ke este no es un foro de expreción pero me siento triste y desepcionada carlónimo gracias por todos tus buenos relatos ADIOS

Gustavo -

Carlónimo: hay momentos difíciles pero se que lo vas a superar. Sería una lástima que este gran foro se truncara. Ánimo.

Carlónimo -

De acuerdo nina, eso no importa, cada quien utiliza la vía de expresión que más le acomoda.

El caso es que me hiciste un ofrecimiento espontáneo: “claro que si cuando quieras conversamos y te aclaro que clarividente no soy pero si un poco perceptiva y noto en algunos de tus comentarios que algo te sucede…”

¿Por qué no desarrollas aquí mismo tu dicho? Yo por el momento estoy descansando; me tomé un período “sabático” y quiero reflexionar antes de continuar, en su caso.

Te acercaste y me dijiste que eres lectora de siempre y que conoces prácticamente todos los textos, así que me dejaste gratamente impresionado y es explicable que quiera conocer tu punto de vista. Espero que me digas al menos lo que piensas de todo esto, qué etapas y momentos te han gustado más y que esperas del futuro si es que lo hay.

Carlónimo llegó al punto de no saber dónde está ni adonde va. Camina solo y en el limbo, afectado por el fantasma de sus más caros recuerdos. Gracias por estar aquí, querida nina.

http://www.youtube.com/watch?v=usWnyG0cQq4

nina -

amigo carlónimo no es que no quiera tener contacto directo contigo solo que no e podido abrir tu mail para poder tener esa platica pendiente por lo pronto sigo esperando alguno de tus ansiados relatos espero que estés bien y que nos complazcas a todos tus admiradores. que Dios te bendiga y te deseo lo mejor.

Gil -

Carlónimo, te extrañamos.

Carlónimo -

Querida nina, muchas gracias por tu amable respuesta en la que rompes el perfil de simple ternura y me sorprendes, esta vez con una actitud bastante analítica. La verdad es que, después de cinco años de estar escribiendo, quienes me han privilegiado con su lectura ya me conocen bastante bien y están en posibilidad de percibir cualquier cambio de actitud e inclusive de ánimo en mi persona, a más de que las distintas etapas por las que ha pasado el blog me han dejado su explicable legado. Por más que quiera mantener la “imagen corporativa” del personaje Carlónimo, ésta no puede ser exactamente la misma. Y en esa natural evolución, tal vez no advierta yo los quebrantos y el posible decaimiento que algunos de ustedes perciben. Te agradezco traer a colación este asunto y más aún que me ayudes a identificar los “comentarios” en los que se ha trasparentado la afectación de Carlónimo. Requerimos, en efecto, hacer una reflexión profunda acerca del camino recorrido, quitarnos inercias nocivas y redireccionar en su caso el trabajo por realizar. Antes de entrar en los relatos ¿Podríamos conversar tú y yo en escribeyescribe@hotmail.com ? Espero que me busques por esa vía y que me compartas tu valiosa experiencia.

nina -

amigo carlónimo que te puedo pedir yo tu humilde seguidora si no es que solo uno mas de tus relatos que tanto me gustan mas bien nos gustan porque aquí nos tienes a varios esperando. y claro que si cuando quieras conversamos a y te aclaro que clarividente no soy pero si un poco perceptiva y noto en algunos de tus comentarios que algo te sucede pero no se bien que es. por otra parte y por extraño que te parezca yo también me enfermo muy poco pero cuando caigo caigo pero si tu quieres hacer un relato con mi persona adelante no me disgustaría pues se que lo hiciste pensando en mi y pues por lo de tus enfermedades no te preocupes tus razones tendrás para no relatarlas y tal vez sea como tu dices falta de inspiracion pero bueno eso es otro cantar pro lo pronto me quedo esperando tus relatos cuídate y que Dios te bendiga asta pronto querido amigo carlónimo.

Fany -

Que bueno que ya regresaste Carlonimo, te extrañabamos. Ahora a escribir!

Carlónimo -

Querida Nina ¿sabes? tu comentario ¡me ha encantado! Me inspira renovación, frescura, trigo limpio. Hace tanto tiempo que no me dirigían unas palabras como esas: MUCHAS GRACIAS.

Es muy raro que alguien me diga, de entrada: “he leído prácticamente todos los relatos del bloc” ¡De cinco años! Suena precioso, es un concierto, una delicia. Te admiro, así ya de entrada y tengo mucho que conversar contigo.

Además, me sorprendiste pues nunca me pasó por la mente que al decir “carlonimo nunca se enferma” te estuvieras refiriendo a eso.

Después, me haces saltar el corazón y reír cuando leo: “porque yo se que si te sucede” ¡Vaya clarividencia! Eres un amor, nina.

Pero… lo tal vez inexplicable para muchos de ustedes es que rara vez me enfermo y que las experiencias de medicación en mi persona no me inspiran relato alguno. La razón… no la sé. Pero ¡pues total! uno de estos días me animo y te complazco. Lo que de momento te ofrezco y de corazón, son relatos eróticos acerca de chicas tan preciosas como tú ¿Qué te gustaría leer? Pídeme.

nina -

amigo carlonimo mi comentario no fue con el afán de molestarte y si así fue pues discúlpame solo que e leído prácticamente todos los relatos del bloc y en tantos años pues nunca as relatado ni tan siquiera una simple gripe lo cual me gustaría pues se que a la gran mayoría de los hombres no les gusta en enfermarse y creo que sabemos por temor a las temidas y dolorosas inyecciones y sus consecuencias así que como tu lo veras si me gustaría saber como te comportas tu cuando te enfermas porque yo se que si te sucede por lo pronto espero tu respuesta deseándote en verdad una muy buena salud

Carlónimo -

Yo no me olvido de ninguno de ustedes preciosa Lety, los alojo en mi corazón “de por vida”.

Gracias Pascual por tus halagadores comentarios que son para mí un gran incentivo.

En efecto, no es usual que me ausente, deliciosa Fany, te ofrezco una sentida disculpa, pero después de cinco años me he dado por fin un descanso discrecional.

No, yo nunca me enfermo, encantadora nina. Mi trabajo en favor de ustedes ha sido tan frenético que depongo cualquier quebranto. Me encantaría que precisaras tu afirmación.

Queridísima Vero, te agradezco tus honrosas palabras, pero el término “asombrosas hazañas” me sacude con su ironía. En general, doy a mis relatos el direccionamiento que ustedes me piden.

Por otro lado, perdona que me involucre de alguna manera en tus comentarios para Antónimo, mi hermano, pero su contenido es tan radical que impacta la sustancia del blog. Dejando a salvo la relación de pareja que ustedes llevan y que por supuesto están en su derecho de encauzar libremente, te recuerdo que la sustancia de este blog es el erotismo. Si no desean hablar de las “seductoras noches” de su amor, pueden optar por la creación de escenarios neutrales tan estimulantes como aquellos con los que nos deleitaste durante una bella etapa de tu participación. Otra vía es el interesante trabajo editorial que ha caracterizado a mi hermano y que tú, con tu preparación académica, seguramente enriquecerías llevándolo a niveles insospechados. En fín, creo que existen múltiples alternativas de participación que ya se ejercen y que no es necesario “reinventar”, así que lo único importante es el deseo de escribir y de favorecer la creación de un verdadero taller literario.

Tu tienes un gran talento y en tu primera etapa te caracterizaste por una gran apertura mental (me impresionaba la Vero de entonces). Pues bien, recuerda que Verónica, Antónimo, Paty, Carlónimo, Carmen, Simón, Anna, Maricruz, etc; no son más que PERSONAJES. No te pierdas en los laberintos mentales que atormentaron a nuestro querido gaucho, quien nunca entendió quién era su muy amada Silvia.

La idea de encauzar nuestra vida conforme al planteamiento de Arthur Shopenhouer (reinventarnos) es apasionante pero corresponde al ámbito de nuestra VIDA PERSONAL, que tu bien sabes es ajena al blog. Yo no reinventaría a Carlónimo y no sé si la pluma de Antónimo haría lo propio. Sería como asesinar a los personajes.

Verónica -

Hey!!!
Me ausento un par de meses y me maravillo ante tantas andanzas que han ocurrido en ese lapso….
Veo a la flamante Eulogia, aprendiendo el “Kamasutra” muy a su estilo, y empapándose de una joven vitalidad… Lo interesante es que a Ismael le parezca bien que obtenga tantas pretensiones, después de todo, es prueba de su buen gusto… pero algo tan descarado, seguro que se moría de celos!!!... Un aplauso por tan rebosante por todo el abanico de posibilidades en el terreno sexual que se han dispuesto a intentar… Ojala nos relatara también las fantasías que ella le pide (o exige)… Digo, ni que fuera tan dispuesta ella, sin recibir nada a cambio ¿eh?... El otro día me encontré con Ismael en un Restaurante, él iba por una junta de negocios, y grande fue mi sorpresa al verlo levantarse al retrete sin poder caminar un solo paso absteniéndose de arrastrar los pies, y hacer muecas de dolor, incluso se tocaba discretamente las nalguitas…. ¡Que barbara mujer!...

Y luego… para seguir con sorpresas, me encuentro con que La bella Paty se animó al suplicio de la amenazante jeringa de Eulogia… ¡Válgame!... Seguro se arrepintió de “retarla” pues le salió caro el chistesito… El disfrute de Maricruz a espaldas de su marido, ya es el colmo…. Parece esto, una olla exprés a punto de estallar…!!!
Bueno, y Adriana y Ramón, Elisa y Raul, Cristina y Joel, y por supuesto, la preciosa Lety ya son el colmo!... Me invitan a estallar!!

Antonimo: Te extraño mucho…. Leí tu reflexión hace tiempo, y me hizo pensar en muchas cosas, así que te sugiero lo siguiente: Vamos a reinventarnos!!! Como decía Shopenhouer… No solo en el arte de viajar, y de pasar interminables y seductoras noches juntos……… ¿Qué dices?...

Carlonimo… Te quiero mucho!!! Sigue deleitándonos con tus asombrosas hazañas

nina -

porque carlonimo nunca se enferma

Fany -

Querido Carlónimo. No es usual que te ausentes por tanto tiempo. Extraño tus relatos y tu grata presencia.

Pascual -

Muy caliente tu último relato, Carlónimo. Hay varios detalles estratégicos que manejas como potenciadores del erotismo que me encantaron: las frases iniciales provocativas y desafiantes, el encanto de la “primera vez”, las señales contradictorias que emite la chica como “no me hagas sentir lo que no quiero”. Además de algunos clos up muy oportunos como: “mi pene se deslizó con suavidad, como salchicha, por todo el recto” Yo creo esta vez aplicaste un juego de factores “subterráneos” muy interesante.

Por lo que veo Fer ya se hizo rosca con su ofrecimiento de nueva casa. Pues el se lo pierde. Saludos.

Leticia -

Carlónimo pensé que te habías olvidado de mí o que te habías molestado por mi pretención de hacer el amor contigo. Veo que no y que eres un amor. El relato que me dedicaste es maravilloso y supera todo lo que me pude imaginar acerca de ti y de mi. Describes un momento fuerte entre los dos que me impresiona. No dejo de leerlo una y otra vez. Gracias, me hiciste superar por un instante mi lesbianismo y sentirme mujer. Eres adorable.

Carlónimo -

Yo también te espero con impaciencia, Paty, pero ahora les dejo este relato tendiente a disminuir mis adeudos.

El ganador se lleva todo

Desde que la ví me gustó. No puedo definir con exactitud lo que más me atraía de ella, pero la deseaba. Su rostro agradable, su nariz de niña traviesa, sus ojos expresivos, su cuerpo femenino: las piernas torneadas, llenas; nalgas abundantes, empinadas; su voz muy sensual; y la marcada curvatura de su cadera.

Tan sólo de pensar en abrazarla, de tentarla y degustar sus frescos labios, me entraba un fuerte escozor por todo el cuerpo que me dominaba y me hacía perder la calma. La inquietud era mutua pues de otra manera no explico que me rondara, que me buscara y tratara de estar conmigo.

Conversábamos intensamente, pero en cuanto me refería a ella disparaba sus certeros dardos lesbianos diciéndome que de los hombres no deseaba ni esperaba nada. Salimos juntos varias veces pues a los dos nos gusta el teatro. Cierta tarde, tras haber disfrutado un estreno entramos a un café donde me contó que estaba en un tratamiento a base de intramusculares. Bromeando le sugerí: “Te las aplico”. Y me llevé la grata sorpresa de verla extraer de su bolso la ampolleta y la jeringa diciendo: “Bueno, me toca hoy, espero que tengas buena mano”. Se palpó las nalgas, percibí en sus ojos el deseo por más que tratara de ocultarlo.

Nos fuimos a mi depa, ansioso de ver y tocar esas redondas carnes la encaminé a la alcoba y le pedí que se preparara. Desempaqué la jeringa, carqué el grumoso medicamento, empapé la breve borlita de algodón y la ví soltarse el cinturón, bajar el cierre del jeans que lucía muy ajustado, retraer la prenda hasta medio culo y tenderse lentamente para quedar acostada impávida, invitándome a deslizarle la pantaleta que tenía sensualmente hundida en la raja. No me privé de descubrir sus carnosas nalgas completas y palparlas. A ese estímulo Lety mostraba desinterés. Luego me dijo: “estoy sabrosa, ya lo ves, date gusto mirándome y tocándome si quieres pero no me excitas, sabes muy bien que soy lesbiana.

Desinfecté el carnoso y respingado cachete, se lo pinché con decisión, sentí deslizar la aguja, internarse en el vasto glúteo. Lety tembló, sus robustas piernas se inquietaron, sus labios articularon sentidas quejas. Mientras la sustancia penetraba permaneció tranquila pero el erótico temblor de su cadera y de sus hombros la delataron. Sufría pero se aguantaba, trataba de mostrar su fortaleza.

¿Te duele, preciosa?

Para nada y no me digas así pues pareciera que pretendes conquistarme.

¿Si te dijera que sí…?

Pierdes tu tiempo.

Pues, la verdad es que tu cuerpo me gusta muchísimo.

Sus nalgas se estremecían menudamente; la minúscula panty color solferino alojada al inicio de los torneados muslos vibraba murmuradora potenciando la concentrada excitación del glúteo. Lety me parecía muy hermosa pero me excitaba más saberla fuera de mi alcance. Tratando de romper su férrea resistencia me acerqué y le dí un suave besito en las nalgas. Enseguida se revolvió gritando ¡No, Carlónimo, déjame!

Es que tus nalgas me excitan, encanto. Tú tienes la culpa por haberme pedido que te inyectara. Y ¿sabes? Serás de disposición lesbiana pero tus encantos femeninos son innegables: La tersura de tu piel, la curvatura, la abundancia y consistencia de tus nalgas, la cintura estrecha, la cadera amplia, tus movimientos gráciles, el esbelto y fino talle, tu cuello erguido… estilizado, tu cabello lacio y sedoso, esos labios carnosos tan expresivos que yo besaría con deleite…

¡Ya Carlónimo, deja de fantasear a tus anchas. Termina de inyectarme, ya sácame la aguja… Sácamela!

Intentó levantarse y se lo impedí montándome en sus piernas a horcajadas. Imposibilitada, se revolvía pero la aguja clavada en su extenso culo le limitó el radio de acción amén de que, era evidente, las inyecciones la excitaban. Mientras empujaba el émbolo le acaricié las redondas nalgas y comencé a insinuarle el estímulo rectal. Con vocesita menuda, implorante me decía: ¡No, Carlónimo, no me hagas eso, no me hagas sentir lo que no quiero, te lo ruego! Pero su cuerpo empezó a tolerar y a festejar lo que sus labios se empeñaban en sancionar.

Los reiterados: ¡No, no, por favor, no…! Se fueron replegando y convirtiendo en velados suspiros, jadeos y emocionados sobresaltos. Mis manos se posaron en su cintura y siguiendo el curvado talle empezaron a recorrer sin recato los espléndidos glúteos, cuya fibrosa consistencia me dio el plus de excitación que necesitaba para convertir aquella leve escaramuza en ofensiva.

Habiéndo dejado la jeringa sobre la cama, me extraje el hinchado pene y se lo embutí en la profunda raja, recorriéndole todo el fondo de la grieta con mi enardecido glande. Sin dar cuartel ni respiro a tan deliciosa chica, combiné las arremetidas con besos y suaves caricias en cuello, brazos y espalda.

El último y desesperado esfuerzo de Lety para detener mi furiosa embestida fue gritar a pulmón abierto: ¡Aaayy ingrato, contigo no se puede…! Después relajó su delicioso cuerpo, depuso la tensión y accedió sumisa a que le picara el culo.

Salvado el muy estrecho escollo del inaugurado esfínter anal, mi pene se deslizó con suavidad, como salchicha, por todo el recto hasta que mis cojones reposaron en sus carnosos glúteos. No pudimos concretar un regular vaivén pues era la primera experiencia rectal de Lety y le dolía mucho la frotación a la cual no estaba acostumbrada. Así que disfrutamos por el sólo hecho de haber concretado ese suculento y privilegiado empalme. Le obsequié los súbitos espasmos de mi ceñida verga que saltaba con intermitencia, y se la extraje después lentamente, resbalándola con embeleso para que la gozara en todo su calibre, antes de proceder a la ansiada penetración vaginal. Sus enormes nalgas distendidas, distanciadas una de la otra por el efecto de la imprevista penetración anal, se me revelaban eufóricas, presuntuosas.

Habiendo cambiado su actitud, con mucho ánimo receptivo, la preciosa Lety elevó sus frondosas nalgas para mostrarme de frente su lubricada rajita vulvar, que mi pene traspasó con suavidad. Emprendimos el rítmico y concertado roce aderezado con espléndidas acometidas y retozos corporales, hasta sentir que nos derretíamos de gozo. Nuestros íntimos jugos explotaron y se confundieron en un pantagruélico festín de exclamaciones y de involuntarios retorcimientos, que nos dejaron postrados, enjutos, apacibles, satisfechos.

La deliciosa Lety sometida, temblaba de placer en mis brazos.

http://www.youtube.com/watch?v=iyIOl-s7JTU

Paty -

Carlónimo, tu sabes crear de cualquier suceso una escena de amor ¡Qué lindo! Y la armonía con el link me encantó: ¡Touching me, touching you! Te espero con impaciencia. Touch me enterely, darling…

Carlónimo -

http://www.youtube.com/watch?v=1vhFnTjia_I

Carlónimo -

Queridas Hilda, Paty, Maricruz y Marce, preciosas, las amo por estar conmigo, por no dejarme. En mi vida, gracias a Dios, siempre ha estado presente una linda mujer que no me deja, que me libra del abismo. Cuando más aciago me parece el escenario, siempre hay una encantadora chica que me acompaña, me levanta el ánimo y me hace ver que la vida es bella, que se puede diusfrutar y que los encantos femeninos son patrimonio del hombre que tiene fe y sentido de orientación… desde luego.

Hoy es viernes y me encuentro en verdad atosigado por lo intensa que ha sido la semana laboral, pues no me dejó espacios de comunicación con ustedes. Pero se que me comprenden y que saben cuándo se les ama de verdad. Y ustedes, PRECIOSAS, no escatiman mimos y halagos porque son mujeres, MUJERES de verdad y saben distinguir lo negro del blanco, aman su cuerpo y su capacidad de disfrutar y no se dejan avasallar por PENDEJOS que creen ser dueños de las faldas y de lo que se encuentra en ellas. Como decía mi abuela: “Allá se los haya” a quienes se dejen dominar por quien las enajena.

No he podido pensar mucho pero, hoy que regreso de Miami, justo en el aeropuerto ¡GUAU! una preciosa chica de nombre Susy me atendió en la cafetería. Tenía su bracito izquierdo adolorido ¿Qué te ocurre preciosa? No se, no me pegué pero… me duele, aquí en el codo, no lo puedo flexionar sin sufrimiento.

¡Préstamelo! No, pero, así no… ¡Desvístete!

Aaaayy, no… ¿Cómo?

Sólo el codito, mi amor, no te pases ni malinterpretes.

Aaah! Bueno.

Se retiró el saco de un lado y me dio su bracito.

Mira, hermosa, lo tienes entumido de frío, una sobadita no te viene mal, así suavecito ¿dónde te duele? O más bien ¿dónde necesitas mi consuelo… Aquí en este lugarcito?

Aaayy sí, ahí, ahí me duele… Dame tu consuelo.

Despacito, te lo acaricio, mi vida, como si penetrara y estimulara ¿ves, qué sientes, encanto? El suave tallado, acompasado, cercano… íntimo ¿te gusta?

Sus ojitos cerrados, su boquita entreabierta, los suaves suspiros, el jadeo disimulado, me dijeron todo.

No tallaba, sino acariciaba, traspasando, llegando y llegándole directamente al alma, a los deseos más recónditos, ocultos, inconfesables.

Por un momento se fugó y me fugué con ella, contemplándola, haciendo míos sus deseos, haciendo suyos mis anhelos. Mis dedos se transformaron en genitales; su bracito me dio acceso. Una simple presión desató la entelequia. Gemimos, sollozamos y nos fundimos hasta retorcernos y saber que nos pertenecíamos.

Permanecimos quietos, ajenos al lugar, al escenario, colapsados, sorprendidos, ensimismados. Reaccionamos al unísono. Nos miramos, no sabía qué decirme.

Ya te puedes vestir, mi vida… fue maravilloso.

Su agitada respiración no le dejó espacio para la reflexión. Me miró, la miré, sonreímos y volvimos a la relidad. Una realidad difusa que no asimilamos, ni entendimos, ni nos sirvió de nada. No enturbió el cristalino recuerdo de nuestro empalme.

Sueñen, vivan, gocen ¡La vida es maravillosa!

Preciosa Marce, escribe, yo te acompaño ¡Vamos a crear fastuosos escenarios juntos! Dame la pauta… te sigo… hermosa.

marce -

carlonimo primero que nada muchas felicidades por estos años que sigan muchos mas llenos de cosas buenas para ti y para todos los que leen gracias a este blog podemos "divertirnos" y expresarnos sin ningún complejo.
espero compartir mas relatos con todos uds. ya que me aleje por un tiempo, pero nunca deje de leer.
saludos a todos!!!
pd: quería saber si alguien es de monterrey ?????

Maricruz -

Enhorabuena Carlónimo yo muy contenta, fenomenal que sean ya cinco años aunque yo tenga pues uno y pico apenas de estar leyendo y enterándome de tantos bonitos relatos. Antes no me daba cuenta de ellos pero encontré el caminito y ahora estoy siempre pendiente y salto de alegría cuando veo uno nuevo que todos me gustan. Son distintos y se refieren a diversas situaciones pero yo no me caso con un solo género y cada relato lo disfruto pensando qué nos dice Carlónimo o qué le mueve a él emocionalmente. Me da mucha pena no poder comentar cada vez, pero disfruto. Como ya lo han dicho otras personas, no a todos se nos da escribir y eso es muy sencillo de entender. Carlónimo pues hoy te digo que siempre te leo, que estoy contigo, que me pareces un hombre maravilloso y que no te vas a ir nunca de mi vida.

Paty -

Carlónimo “Incantatore” estoy a punto para celebrar tus ¡cinco años! “Fare l’amore e di festa”. Eehhh? Cómo te quedó el ojo Eulogia.

Hilda -

Carlónimo, recibe un abrazo sincero en este quinto aniversario del blog. Todo tu trabajo que has realizado está aquí presente y es extraordinario por su cantidad y por su gran calidad. Cuando leo tus relatos de cualquier año me impresiona tu creatividad y tu constancia. Yo desearía que siguieras escribiendo por mucho tiempo pero te reitero que para mi lo más importante es no perder tu amistad. Un beso.

piry -

ta a todo mecate. me gusta.

Carlónimo -

Cuando por fin despertó Joel y se vio tendido en la sala del hospital, comprobó el drama que su conciencia en lenguaje onírico ya le venía insinuando. Su médico, que en ese momento realizaba la visita de rutina lo acogió bonachonamente: ¡Pues qué… mi dilecto colega, ya está usted aquí de nuevo listo para la revancha! Muy buen intento, se la jugó con el viagra y !créame! de hecho ganó la partida pues, aquí entre nos, tiene a su hermosa prometida rondando el hospital y preguntando por usted noche y día.

Yo… no se, no estoy seguro de querer verla. Me veo a mí mismo aquí postrado, presumo lo que me ocurrió y… ¡No, no, por Dios, qué pena! ¿Qué va a pensar Cristinita sino que ya estoy caduco…? Fue terrible sentir que ni con viagra… Este cuerpo así cansado, agotado, no me sirve de nada. Ahora que tenía la oportunidad de conseguir aquello que durante tantos años estuve deseando… Cuando por fin rendí en mis brazos a esa jugosa, dulce, plena, deliciosa hembra que yo cuidé con esmero. Ahora que era mía !No, no puedo aceptar este fracaso, no podré llevarlo a cuestas! Doctor, por favor, le pido que me ayude a bien-morir en calma ¡Quiero la eutanasia, aaaaayyyyy!

¡Calma, hombre, que no es para tanto, no todo es placer carnal en la vida ¡Aaaayyy! No me diga eso, que si a mi se me cierra la posibilidad de disfrutar a Cristinita, la preciosa mujer de mis sueños, no quiero vivir más ¡Quiero morir! Ayúdeme a morir, se lo ruego ¡Soy un horrendo trasto viejo, un fracaso!

Desesperado, se arrancó la aguja del suero, se incorporó y corrió para lanzarse por la ventana. Pero su médico, un hombre bastante fornido, logró sacarlo de balance haciéndolo rebotar lastimosamente contra la pared !Cataplum, aaaoooouuuuch! Entraron de inmediato varios paramédicos, lo sometieron y le aplicaron un poderoso sedante.

Cuando despertó, Cristina estaba a su lado, tan adornada y compuesta como una muñeca. Su madurez y el juvenil atuendo le daban un aire de audacia y modernidad. Su escote, breve pero insinuante, paralizó al doctor Quirarte quien la miró perplejo sin acertar a decir nada. Cuando por fin reaccionó y muy nervioso trató de disculparse: “Cristinita, yo, yo…” la preciosa Cris le indicó con mímica guardar silencio, lo confortó y permaneció a su lado cuidándolo con esmero, hasta el momento que lo dieron de alta.

Más aún, se fue con él a su casa para acompañarlo y seguirlo consintiendo. Cada ocho horas lo inyectaba y convertían el momento en un verdadero festín de voluptuosidad, donde Quirarte se chiqueaba inmerso en sus más caros y recónditos anhelos. “Cristinita, ahora soy yo quien te entrega su cuerpo. Ten, aquí están mis nalgas para que me las pinches”. Desparramado, con el boludo trasero desnudo y en sobrada pompa, despojado de todo prejuicio, desafiando el riesgo de caer en desfiguros, paraba las nalgas e incurría en grotescos melindres que a cualquier otra persona le hubieran provocado risa.

Pero él se sentía en confianza y Cristina estaba conciente de la enorme carga emocional que su amigo por fin aliviaba. Nunca antes se había sentido tan estelar, tan importante, tan apreciado, tan comprendido, tan sensual… para la dama de sus sueños. Con la brutal hipodérmica clavada, disfrutando y sufriendo, balbuceando infantiles quejas, deliraba sumido en su propia entelequia.

Una de esas noches, avasallado por la duda pero conciente de que debía afrontar el problema, se aproximó a Cristina, se la sentó en el regazo y se dio gusto acariciándole los frondosos muslos que el diminuto baby doll dejaba descubiertos. Ansioso trataba de estimularla, de ofrecerle con sus manos el disfrute que su pene no podía abastecerle.

Poco a poco pasó de los chamorros a las nalgas, al busto y por fin a la vulva. Le deslizó la panty, colocó a la preciosa mujer culo arriba sobre sus piernas y empezó a acariciarla con embeleso. Cristina pasó, por etapas: del profundo suspiro al jadeo y por fin al sollozo. Pero cuando sintió que el éxtasis se aproximaba, paró sin miramientos a su amante: ¡Espera Joel! Esto no puede ser así, mi vida. Tú eres un hombre y mereces participar en el placer que me das. A tu maestría para excitarme con tus manos quiero que agregues el recurso invaluable de estimularme con tus genitales. Vamos, yo sé que puedes.

Se puso de pie, lo desnudó, lo hizo acostar boca arriba, se le montó invertida en un clásico sesenta y nueve y, flanquándole el rostro con los excelsos chamorros, le dejó a la vista sus enormes nalgas, la vulva, el coño y la breve pantaletica enredada a media pierna. Le agarró el flácido pene que dormitaba insensible y lo metió completo en su boca para chuparlo mientras le acariciaba con gran maestría los flojísimos cojones.

Quirarte resoplaba viendo, tentando y lamiendo la excitada vulva; sus dedos traspasaban una y otra vez el enardecido coño. Mentalizaba el hecho mismo de tener a Cristina entregada, pero su pito permanecía encogido.

No obstante, en el momento exacto que Cristina accionó el neurálgico punto “G”, botón estratégico de la concupiscencia, se oyó un soberbio rebuzno ¡¡Hiiiihoooo!! Seguido de potentes voces: ¡Cristinita, carajo, cómo le hiciste, preciosa, sinigual, encantadora!

Se aferró a las espléndidas nalgas de su amante para morderlas, lamerlas y besarlas. Su resucitada pichancha, rebosante y tiesa como badajo, se columpiaba desafiante. Los labios y la lengua de Cristina acorralaban e hidrataban el boludo glande que se enseñoreaba y emitía sus primeras gotas espermáticas.

Joel reía y gritaba feliz ¡soy hombre potente, recio, potro ¡un pinche burro, qué chingaos! Y tú mi ardiente potranca que te caes de buena… Ahora sí ¡cuidado! porque te traspaso con mi indomable verga ¡carajooooo! Ay, ay ay ¡Epa, Yupi, hurra, al ataqueeeeeee!

Quería seguir lamiendo y excitando la vulva. Pero Cristina, experimentada y conocedora como pocas, lo interrumpió, se incorporó para tenderse boca arriba, abrió el compás de las piernas y se montó al eufórico vejete introduciéndose ella misma el henchido pene que resbaló como pez en el agua, hasta perderse en la lubricada vulva.

Emprendieron el cadencioso tallado gritando y doblándose de lujuria. El fetiche de la resurrección flotaba en el ambiente. Cristina estaba satisfecha de saber que sus encantos permanecían vigentes, que tenía la capacidad de excitar, restablecer, gozar y hacer gozar a su hombre. Él se mostraba feliz de saberse activo; sexualmente apto para penetrar y prodigar el disfrute carnal a Cristina.

Llegaron por fin al éxtasis. Entre gritos, juramentos y empellones, descargaron la talega de su apetencia y se entregaron un merecido tributo de amor y agradecimiento. Después de resoplar y restregarse uno al otro a sus anchas, permanecieron tranquilos, besándose y acariciándose con embeleso.

Tras un romántico paréntesis de charla y mutuas adulaciones, Cristina se puso de pie y caminó desnuda en dirección al baño. Su erguida figura, la esplendidez de su cuerpo y las deliciosas curvas, la revelaron a los ojos de Joel como una mujer en plenitud: madura, bella y excitante. Su pene que después del coito ya se encontraba en “cuarto menguante” reaccionó súbitamente.

Mientras orinaba, Cristina reía a carcajadas, de oír a su amado Joel que corría, saltaba y gritaba: ¡Yupi, soy feliz… Qué chingona pichancha!

Nunca se debe perder la esperanza. Un abrazo, feliz Fin de Semana.

http://www.youtube.com/watch?v=mnUkNmTFCGs

Pascual -

Todos los relatos magníficos espero ansioso los d3el “empalme” de Adriana con Ramón y la conquista de Nayeli a Raúl. La cachonda Elisa ya no se siguió metiendo con el muchachito? Haaa! y tenemos que celebrar tu quinto aniversario, pero en serio yo estaré en contacto contigo. Gracias por todo amigo Carlónimo.

Carlónimo -

Mi querida Hilda, en efecto, el próximo 5 de marzo cumpliré cinco años de estar aquí con ustedes, conviviendo y hablando de cosas que nos relajan y nos alegran la vida.

En respuesta a tu amable comentario, te diré que para escribir no es necesario contar con mucho tiempo, ni sentarse con solemnidad frente a la hoja en blanco. Hace poco comentaba con alguno de ustedes que, cuando tienes algo que decir pues simplemente lo dices. Y para tener algo que decir sólo tienes que vivir con el cerebro activo y los ojos abiertos. No es necesario que me reconozcan algún mérito; sólo hago lo que me viene en gana. Nunca te olvidaré, preciosa.

Les cuento que hace unos días tuve la oportunidad de platicar con mi amiga Nayeli. Esto fue lo que conversamos.

Hola encanto, gracias por aceptar mi invitación, tenía muchos deseos de verte ¿Cómo estás y qué me compartes?

Hola Carlónimo, yo también quería verte y contarte que mi vida va sobre ruedas, pues me reencontré con alguien que me ha hecho sentir mujer, de nuevo.

Así que… ¿Tienes ahora una experiencia hétero?

Pues sí, al menos por ahora. Mi chica y yo rompimos nuestra relación y durante la etapa de duelo me reencontré con Raúl, un viejo amigo con quien tuve algunas de mis primeras experiencias sexuales ¡Magníficas, de lo más excitantes! ¿Te gustaría que te contara?

Pero… ¡Por supuesto! Soy todo oídos, preciosa Nayeli.

Bueno, ps Raúl es un chico cinco años menor que yo pero nos llevamos divinamente. Lo conocí en circunstancias muy especiales. Resulta que llegó un día a mi casa porque su mamá le pidió a mi mamá que lo inyectara. Él tenía entonces quince años y se conducía como niñito, aunque yo no pienso que lo fuera del todo. El caso es que llegaba a casa muy formalito y casi ni hablaba. La primera vez, le oí decir todo nervioso: “Señora Elisa, buenas tardes, vengo a verla porque mi mamá parece que habló con usted y le explicó que yo vendría porque necesito que… Bueno, es que hace como una semana que…”

Mi madre, aguda y poco paciente, le contestó: “Sí, si, vienes a que te inyecte las nalgas; anda pasa si quieres te la aplico aquí mismo en la sala. Vamos, dame la medicina, descúbrete el culo y te acuestas.”

Mi madre entró a la cocina y yo que ya tenía veinte años y que podía ver a Raúl como a un chiquillo, me quedé muy campante disfrutando. El chico me miró de soslayo y en silencio, hasta que llegó mi madre con la jeringa, disponiéndose a cargarla. Entonces Raulito se retiró completo el pants quedando tan sólo en calzones. Se los deslizó hasta la cresta del culo y se acostó como si nada mostrándonos la parte superior de unas nalgas tan pálidas, tersas, carnosas y respingadas que me hechizaron.

No podría explicarte qué fue lo más sensual de aquella primera escena. Un adolescente tímido, muy blanquito, delgadito, de lo más formal, pulcramente vestido con una camiseta de algodón color azul cielo, tendido apaciblemente en el sofá, con una expresión de miedo y pena. Su cabello rizado oscuro, algo revuelto, nalguitas carnosas, erguidas, diáfanas, tan perfectas como las de una escultura del más representativo arte griego, perfectamente abombadas. La ceñida trusa negra retraida hasta la cima de los glúteos, la deliciosa raja a la vista, las pantorrillas alzadas ¡Una pose monumental de corte clásico!

Me calenté cañón y estoy segura de que mi madre también lo estaba. La noté nerviosa, escamada, supongo hubiera preferido que me retirara dejándole el campo abierto. La conozco muy bien, no tiene límites. El chico se dejó inyectar en calma, su actitud fue de excitación más que de sufrimiento. Empinaba las nalgas ofreciéndolas con impudicia. Se sabía atractivo y buscaba sembrar la apetencia en nosotras. A cada avance del émbolo me miraba desafiante, como diciendo: “¿No te excitan mis encantos, mi sufrimiento? Obsérvame y disfruta”

Extraída la aguja, mi madre se sentó a su lado, y le aplicó un intenso masaje que confirmó su descarada apetencia. Le manoseó las nalgas sin disimulo. Lo vistió ella misma y lo encaminó a la puerta recordándole que lo estaría esperando al día siguiente. Cuando estuvimos las dos solas me miró enojada y me dijo: ¡Te diste gusto, ramera! Te lo comías con los ojos… Eres una morbosa…”

Al día siguiente fingí salir de casa pero espié por la ventana. Mi madre lo tenía en su recámara secuestrado, desnudo, en cama. El chico se dejó disfrutar. Sabiéndose deseado y en intimidad cooperó para que mi madre lo abordara. Frotando el pubis hacía gala de su erección. Mi madre entendió el mensaje y mientras lo masajeaba le invadió por debajo del cuerpo la entrepierna. Al sentir el eficiente acoso el chico se dio la vuelta y lo que vimos fue impresionante ¡Tenía una picha descomunal de más de veinte centímetros de longitud, con superficie abrupta, curvada y ondulada!

Mi madre se avalanzó sobre la cotizada pieza; se aferró, terminó de endurecerla y se la metió en la boca para chuparla. El chico le asió la cabeza y la atrajo hacia él con desesperación para hacer más profunda la estocada. Al sentir la enorme boa que le aplastaba la campanilla mi madre emitió descompuestos bramidos de asfixia. Abrió unos ojotes enormes y recogió los elásticos carrillos para succionar con mayor fuerza. Frotando y mamando aquella monstruosa culebra le arrancó tan violentos escupitajos que a ella le rebotaron en la cavidad bucal y quedaron dramáticamente colgados como espesos mocos, de sus distendidos labios.

El chico yacía sublimado, rendido de placer y de contento, pero mi madre no había terminado, así que se alzó el vestido y se le montó para que la penetrara. Pero eso me dio mucho coraje, así que corrí hasta la puerta y accioné el timbre hasta que la hice llegar a abrirme. Estaba despeinada, desencajada, temblorosa, con la mirada perdida, frustrada. Le dí un zalamero besito diciéndole: ¡Ya llegué, mami! Me encerré en mi recámara como si no supiera nada. A poco, percibí que mi madre encaminaba al chico hasta la puerta.

Impactante tu historia, querida Nayeli. Pero ¿Cómo fue que tú…?

Ahora cuéntame de tí Carlónimo, lo que sigue de mi historia te lo comparto luego.

Hilda -

Muy buenos tus últimos relatos Carlónimo, el de Maricruz y el de Adriana. Compruebo una vez mas tu enorme creatividad. También recordar que ya está muy cercano tu quinto aniversario en este blog que no es de nadie más sino TUYO POR DERECHO, pues ya son incontables tus relatos y participaciones de altísima calidad. Gracias otra vez Carlónimo por todo lo que nos das: tu compañía, tu trabajo, tu amistad, tu comprensión, el gran esfuerzo que realizas para complacernos y sobre todo ¡ese “plus” tan maravilloso!!! de compartirnos tu personalidad, tu forma de ser y tu percepción de la vida, que a mí en lo personal me ha ayudado a encontrarme y que sencillamente, me fascina. Mi gran amigo Carlónimo, yo te quiero mucho, por favor no me olvides nunca.

Carlónimo -

Querida Maricruz: todos los detalles de tu atrayente personalidad me ayudan a delinear el contexto.

Querida Paty: Muchas gracias. Recibe un abrazo cariñoso.

Estimado Ramón, atendiendo la solicitud que me formulaste por email, te entrego el relato que me pediste.


Adriana y Ramón

Desde que nos conocimos surgió la tentación que ignoramos sin llegar a desaparecerla. Nuestra relación se fue acrecentando. Como personas casadas, cada uno por su lado, nos compartimos nuestras respectivas experiencias.

Luego inicié un juego excitante conforme al cual elogiaba la belleza de Adriana, le hacía ver que me gustaba, que me atraía sexualmente y bromeaba invitándola a salir conmigo, a irnos de vacaciones, a entablar una relación de intimidad en pareja.

Ella me sobrellevaba. Fue poco a poco aceptando mi juego y consintiéndolo. Nuestra relación personal se estrechó. Nos sentimos felices al estar juntos; nuestra conversación fluyó ligera; intercambiamos sonrisas y miradas de complicidad, placer y deseo.

Hace unos días, ella entró a mi oficina y se acercó a saludarme. Yo estaba hablando por teléfono. Volví el rostro para besar su tersa mejilla pero nos enredamos en tal forma que nuestros labios se confrontaron y se juntaron.

Luego le pedí que me acompañara al banco. Salimos juntos de la oficina y atravesamos el parque sumidos en una cálida conversación que continuamos en la sucursal bancaria. Ella estaba de frente al controlador luminoso de turnos, así que le dije: “Mi vida, tengo el 34”. Ella se rio complaciente diciéndome: “Sí, amor, tienes el 34”. Parecíamos y nos sentíamos pareja. Disfrutamos y consentimos esa deliciosa percepción.

Al regresar de la ventanilla, ella me aguardaba sonriente sin dejar de mirarme. Seguimos conversando y al salir, de regreso al trabajo, la tomé del brazo. Me apretó la mano ciñéndola a su cuerpo y caminamos muy juntitos, como novios o esposos, conversando, sonriendo y disfrutándonos mutuamente.

Así estaban las cosas entre los dos. Nos gustábamos mucho pero ninguno estaba dispuesto a poner en riesgo su matrimonio. Pensábamos que sería un error declararnos amor, si bien nos lo habíamos manifestado en mil formas.

Pocos días después Adriana se enfermó y la acompañé al centro de salud donde le recetaron inyecciones y fui después con ella a que se las aplicaran.

El primer día entró sola al consultorio; pude percibir voces difusas y algunas sentidas quejas. Tardó más de quince minutos al cabo de los cuales salió cojeando y me tomó del brazo diciendo: “No creí que me doliera tanto, me lastimaron demasiado”. Luego me tomó la mano y me hizo tentarle el glúteo, donde tenía una pequeña protuberancia que le dejó el pinchazo.

Me excité demasiado y le pregunté si tenía hematoma. Percibiendo mi acalorada curiosidad ella respondió: “te enseñaría mis nalguitas pero no es posible en estas condiciones”, lo cual terminó de calentarme.

Al día siguiente, cuando la llamaron para inyectarla, me jaló diciendo: “Ven, acompáñame”. Entramos los dos al consultorio, pero la enfermera me hizo salir diciendo que no se aceptaban acompañantes. Volví a escuchar lamentos tras de la puerta, esta vez más agudos y prolongados; la aplicación se demoró veinte minutos. Al salir, Adriana me dijo: no vuelvo a venir a este sitio; me lastimaron horrible.

El tercer día me llevó a una casa particular. Llegamos juntos, abrazados, como esposos. La mujer nos hizo pasar a los dos a su recámara donde Adriana subió su vestido y se acostó bien dispuesta sobre la cama. Llevaba una pantaletica roja que se le adhería deliciosamente a las nalgas. Fue un momento espectacular: ¡Mi entrada triunfal en su deseada intimidad!

La señora terminó de cargar la sustancia, se acercó a la paciente y pensando que se trataba de mi esposa, deslizó sin reparos la panty hasta dejar a la vista los dos soberbios cachetes. Después de palparlos comentó que había una leve inflamación del lado derecho. Me hizo tocar el firme y redondo glúteo lo cual rebasó mis expectativas con creces.

Adriana se mantuvo tan serena que empecé a sentirla mi mujer. La enfermera me fue refiriendo cada uno de sus movimientos: “Mire usted, le aplico suaves palmaditas para relajar el glúteo… Desinfectamos… Y… ¡Pinchamos!”.

El culito se bamboleó deliciosamente.

Continuó la mujer: ”Esta sustancias es muy densa. La empujamos lentamente”

“¿Cómo la siente, señora? Dígame cuando le arda o le duela demasiado”

“Mire, señor, como la sustancia se va concentrando en esta área, justo alrededor de la jeringa ¡mire, tiéntela, aquí justamente, mire cómo la nalga se tensa”

“Tiente de este lado, mire, ahora compare con este otro sitio donde estoy inyectando la sustancia, mire toque así, hinque un poco su dedo… ¿Ve?”

La preciosa Adrianita se enjutó muy dolida y repuso suplicante: “Espere, permítame descansar, me duele mucho…”

La diestra enfermera me instruyó: “Consuele a su esposa, las caricas eróticas representan la mejor opción en estos casos, qué bueno que la acompañó.

¡Ande, estimúlela con toda confianza!”

Vacilante, le acaricié las piernas y las nalgas. Sentí que mi amiga se estremecía. El émbolo avanzaba lentamente, la enfermera me codeó y me señaló la ardiente vulva.

¡Yo estaba en serio predicamento!

Fingí no entender. La mujer insistió ¡Estimúlela! Adriana se mantenía a todas luces expectante. Se me ocurrió preguntarle con candidez: ¿Cómo te sientes, mi vida? Ella no respondió. El émbolo avanzaba, el lastimado culito se estremecía, los excitantes lamentos aumentaban.

La enfermera me miró recelosa, como dudando de mi parentesco. Los ojitos de Adri permanecían cerrados, entornados, sus manitas tallaban inquietas la superficie de la cama.

Armándome de valor, me mojé con saliva las yemas de mis dedos y se los apliqué a mi amiga en los encrespados labios vaginales. Los sentí calientitos, suaves, rutilantes. Mi escultural mujer se conmovió, empezó a jadear y a frotarse los muslos uno con otro.

La singular enfermera me miraba con aire de complicidad; sus ojos destellaban, sus labios se encrespaban, su respiración se aceleraba. Inquieta me decía: “Yo avanzo el émbolo y usted penetra la vulva”

Adriana se removía nerviosa, inconforme, pero muy excitada.

En un acto de suprema audacia, sumí mi cabeza en medio de las bien dotadas piernas y le apliqué un decidido estimulo lingual en el clítoris, hasta hacerla temblar, retozar, jadear y gritar.

Una vez la jeringa afuera, Adrianita separó con decisión las piernas y se abandonó al disfrute hasta consumar un espléndido orgasmo.

La calenturienta enfermera no perdía detalle, pero en el instante supremo, me guiñó el ojo y salió de la habitación muy resuelta, mostrándome que ponía el seguro de la puerta.

Unos instantes después, en esa misma cama, Adriana y yo tuvimos nuestro primer empalme.

http://www.youtube.com/watch?v=mpckmyK7rAE&feature=endscreen&NR=1

Paty -

Feliz día del amor y la amistad a todos. Carlónimo, tu relato sobre mí es sorpresivo y como siempre muy bueno. Sigue volando.

Antónimo -

Hola chavas y chavos

Se acabó el recreo pues ya regresó la bruja ¡Uuuyy qué miedo! Viene desatada y renovada, se trajo toda la sabiduría y las mañas de los ítalos ¡Preparen sus culitos, mis hermanos! Pero no se pasen, ya vieron cómo le fue a Paty por envalentonarse y desafiarla.

Aunque ya la traía contra ella, a mí se me hace que le tiene tirria desde que la inyectó acostada en las piernas de Carlónimo; le rechinaban los dientes de rabia. Pero… ¿de qué se queja la ingrata si dice que ella está muy bien cogida? Y que su Ismael la tiene como a “una princesa”. Se ve que le ha ido muy bien en su matrimonio.

En cambio el de Maricruz parece que no funciona como ella quisiera. Es que es una bronca, como ella dice, no es tan sencilla la cosa. Si los novios revientan por “quítame estas pajas”, cuantimás los esposos que en la lucha diaria por la vida van caminando muchas veces a contracorriente. La convivencia marital es cañona, no cabe duda. Nada más oigan la reflexión que hoy nos comparte la Yazmín Alessandrini.

Bajo el título “Ingredientes para el amor” dice la güerita que: “A propósito del ya tan mercantilizado Día del Amor y la Amistad o Día de San Valentín, much@s nos preguntamos sobre la factibilidad de poder encontrar a ese ser tan especial con quien podamos compartir nuestras vidas. La verdad es que no es nada fácil. Sin embargo, a nuestro alrededor, en el día a día es posible, encontrarnos con parejas de ancianos que viven totalmente enamorados uno al lado del otro que lo primero que se nos ocurre preguntarles es ¿cuál es la receta?”.

Efectivamente, dice ella que no es posible encontrar una receta para “vivir eternamente enamorados de nuestr@ espos@””. Sin embargo, agrega Yazmín que hay que valorar un estudio publicado por el psicólogo chileno Hernán Patricio Díaz, egresado de la Universidad Andrés Bello, “quien explica que si bien no existen embrujos o hechizos para alcanzar el éxito en nuestras relaciones matrimoniales, sí es posible aderezar nuestra vida de pareja con algunos ingredientes que nos permiten allanarle el camino al éxito de esta importante parte de nuestras vidas.”

El primer paso, según el mentado estudio, es respetar “la libertad de nuestra pareja, porque tanto hombres como mujeres somos individuos únicos y cada uno cuenta con sus espacios personales.”

El segundo paso, que “siempre hay que vivir en la verdad. El verdadero amor siempre obliga a ejercer la sinceridad. Quien ama no engaña ni oculta nada.”

Y el tercero, que “hay que cultivar el afecto (…) Alimentar nuestro amor con acciones, gestos y detalles que impacten en nuestra pareja, haciendo a un lado el egoísmo.

Respecto a la libertad, pues ya ven que el Pacto de Eulogia con Ismael ha funcionado, porque cada uno se da sus buenos espacios para la promiscuidad y en ese tenor se llevan a toda madre. A Ismael le vale que los ítalos se chuten a su esposa bajo las olas, mientras él pueda hacer lo suyo con las ardientes “bambolonas”. Habrá que tomarlo en cuenta.

Respecto a que hay que vivir en la verdad, pues lo mismo, Ahí tienen a Eulogia que no tiene pelos en la lengua para decir que se puede dar sus escapaditas con Carlónimo o con los Ítalos, pues al cabo que su consorte hace lo mismo y se lo dice tan campante ¿Será así de simple la cosa, mis cuates?

Y de cultivar el afecto, pues también basándonos en la misma exitosa pareja y sus confesiones diremos que puede ser útil. A pesar de los pecadillos de cada uno, es plausible oír que la chava diga que su “ñor” la tiene “muy bien cogida”.

De manera que la fórmula infalible sería como dijera el Padre de la Economía, el célebre Adam Smith, en el síglo XVIII: “Laissez faire, laissez passer” o sea, “Dejar hacer y dejar pasar”, sin la imposición de trabas, prohibiciones o alcabalas. La libertad de cada quien como el ingrediente ideal para mantener unida y en equilibrio a la pareja. Pero eso sí, no olvidar el tercer elemento, reforzar la unidad a través de un intenso ¡Prau Prau! Como decían nuestros abuelos: A la mujer hay que tenerla: Bien comida, bien vestida y bien cogida. Cumplidas las tres condiciones, no tendrás bronca alguna.

Y por lo que se ve, la aguda Maricruz parece compartir esta idea, pues ni suda ni se acongoja (o sea que no se encabrona). Mientras su relación marital “se pone graciosa”, ella disfruta la vida con Carlónimo. Como dijeran también nuestros abuelos: En esta casa se coge a las tantas… esté quien esté. No deja de ser sabiduría profunda.

Muchos besos para mi preciosa Vero, que por lo que se ve, también comparte la fórmula del Psicólogo Andrés Bello, pues no sabe y “le vale gorro” lo que a estas horas yo estoy haciendo.

Maricruz -

Pero hombre, Carlónimo yo creía que muchas cosas que habíamos tratado en el armario eran, pues eso, de puertas adentro. Pero no importa cariño fíjate que el matrimonio es mucho más bonito de lo que yo pueda deciros. Pero es una cosa que el hombre propone y papá Dios dispone. No siempre sale como quisiéramos, aunque soy amante de las soluciones, ya veremos como marcha esto. Mi relación marital está graciosa todavía pero no lo suficiente. Y bueno, si tu me das la oportunidad de vivir y gozar alguna vez contigo, pues a eso estoy más que dispuesta. Pero pienso en todos gente preciosa, que yo no me atribuyo en exclusiva a Carlónimo. Disfruto lo que él me da. Pero yo os amo a todos y os mando un beso a todos.

Carlónimo -

No obstante que después de nuestra última relación la preciosa Maricruz reconoció “sin eufemismos” haberse calentado y tenido una experiencia maravillosa, los nervios y el sentimiento de culpa la alejaron y evitó restablecer contacto conmigo.

Durante los siguientes meses coincidimos en dos cenas corporativas a las que acudió en gran idilio con su marido. Confieso que su actitud me pudo y que a lo largo de esos eventos le dediqué algunas nostálgicas miradas, pero terminé aceptando que aquello era lo mejor para los dos, al considerar que cualquier encuentro nuestro se tendría que dar en la más triste y abominable clandestinidad.

Pero donde hay fuego hay calor y, en posteriores encuentros pareció renacer la mútua tentación. Ya fuera en auditorios o salas de juntas, nuestras inquietas miradas se toparon con frecuencia haciéndonos temblar. Tratábamos de componer el escenario ignorándonos, pero volvíamos a caer, hasta que una tarde nos quitamos la careta y después de sorprendernos en mutua observancia terminamos riendo. Nos acercamos uno al otro e intercambiamos sinceras confesiones: “Perdona, no puedo evitarlo”; “no te preocupes, yo estoy igual”. Nos miramos en cálido contubernio y pactamos cenar juntos.

Esa misma noche la recogí en su hotel y la llevé a un romántico chalet italiano. Lucía encantadora ataviada con un cortísimo vestido negro, medias también negras; collar y brazalete de oro. Su sedoso cabello suelto le imprimía un gracioso toque de sencillez y espontaneidad. Nos mirábamos con gusto. Desde luego que ya nos conocíamos en intimidad, pero ese protocolo de ingenuas señales previas le estaba faltando a nuestra relación, así que lo disfrutamos mucho. Acrecentó nuestro deseo y nos hizo por lo menos distraernos del destemplado sentimiento de clandestinidad.

En la pista de baile nos abrazamos; sumidos en el ensueño nos fugamos al paraíso. La suavidad de su cuerpo, la delirante proximidad de sus encantos, me apresaron por completo. No la miré, la sentí, la idealicé, la viví. Me llené de su juventud, de su belleza, de su feminidad. El esponjado busto, la lisura de su talle, el laconismo de su cintura, la curvatura de sus caderas, me hicieron estremecer y entrar en el reducto de la total irracionalidad; de esa arrogante tentación que nos seduce y nos hace justificar el más culposo escenario.

Nuestra conciencia no aceptó más que la cualidad de ser hombre y mujer que se desean más allá de cualquier circunstancia. Así que vivimos el momento con intensidad y terminamos nuestro coloquio en la cama. Tuvimos a nuestro favor la estimulante circunstancia de que ese día le tocaba a Maricruz su inyección mensual de anticonceptivo a base de estrógeno y progestina, bastante dolorosa, que nos acrecentó la fase de juego erótico. Fue un deleite verla acostada retrayéndose ella misma hasta los muslos la breve pantimedia y las minúsculas bragas, de elegante color negro, que contrastaban la generosa palidez de sus nalgas en completa pompa.

A Maricruz le encanta aderezar con sensuales gemidos y ruegos el momento de ser inyectada.. Con el culito pinchado exclamaba melosa: “Nooo, mi amooor”; “me dueleee”; “despacito, por favooor, me arde muchooo”. Los ardientes melindres conformaron un poderoso catalizador de nuestra calentura. Aplicada la ruda sustancia, mientras le procuraba el sensual masajito en la nalga, resoplábamos de excitación.

La desvestí lentamente en cuidadoso protocolo, haciendo reposar por fases mi henchido glande en las zonas erógenas de su cuerpo. La uretra arrojaba pequeñas porciones de semen que formaron relumbrantes manchones en la raja, los glúteos y la entrepierna. La agitación de los dos era extrema. Desesperado, busqué la entrada rectal. Maricruz cooperó sujetándome el pene con su manita y metiéndoselo ella misma en el coño. Entre gritos de euforia, placer y dolor, mantuvimos un frenético mete y saca. Sus albas nalguitas adornadas por la marca del reciente pinchazo iban y venían incrustándose una y otra vez la tensa y brillante barra.

Estando a punto de eyacular me detuve extrayéndole el salchichón del ano y busqué la lubricada rajita vulvar que lo embuchó suavemente. Fue un alivio recibir el reconfortante auxilio de los efluvios vaginales. El irritado pene corrió con gran tersura. Al sentir la fricción en su clítoris, la preciosa Maricruz se estremeció gritando y acelerando el ritmo.

El lúbrico instante del éxtasis nos cercaba. Valoré la deliciosa chica que tenía en mis manos: su origen, su espléndido cuerpo empinado, penetrado. La impudicia y la lujuria nos cubrieron con su enceguecedor manto. No había espacio para otra cosa que no fuera el carnal disfrute, la extrema tensión que impulsó nuestro flujo sanguíneo. Mis bolsas escrotales estallaron; Maricruz se apalancó con los brazos en la cama emitiendo efusivos festejos y eróticos sollozos. Apretó la vagina y la raja del culo hasta enjutarse toda entera y gritar que aquello era ¡vida, salud… el paraíso mismo!

Prometimos vernos pronto. Pero… como es natural, se recluyó de nuevo en el silencio. La comprendo y la apoyo; me encantaría que viviera en total armonía con su esposo.

Pascual -

Que impresiòn Carlónimo contigo nunca se está tranquilo. Pero tienes razón. Por que habría de cambia Eulogia?

Carlónimo -

A veces nos dejamos llevar por los impulsos… Nos creemos capaces de domar lo indomable.

Paty llegó esa mañana con aire desafiante. Saludó a la apreciada Eulogia cautivándola con sus encantos. Se tiró en la poltrona, cruzó las torneadas piernas, bromeó, se mostró jactanciosa, hasta que su interlocutora le espetó con voz solemne y grave una inquietante pregunta: “Oye linda, me estás pidiendo que te inyecte. Nadie del blog me lo había pedido antes ¿Estás dispuesta y segura de poder enfrentar las consecuencias?”

La ingenua sonrisa se esfumó del rostro de la chica, cuyas rodillas se juntaron púdicamente para cerrar el camino a la tersa y diáfana entrepierna ¿Por qué esa pregunta, amiga? Se me antoja que me inyectes pues compartimos el morbo y tu jeringa es emblemática para nosotros ¿A qué consecuencias te refieres?

Una ostentosa carcajada retumbó las paredes hiriendo los tiernos oídos de la joven, cuyo rostró se mudó por la aguda onda gélida que empezó a recorrerle las venas. “Ya verás –gritó la petulante Eulogia- pero no te inquietes, no tiene importancia, otras chicas como tú han pasado por esto. Te verás inmersa en una realidad que desconoces pero que disfrutarás divinamente. Ven conmigo preciosa, vamos a mi recámara, es hora de empezar, tus preciosas nalguitas me inducen al gozo y al descaro. Vamos a disfrutar…”

A partir de ese momento todo fue distinto; Paty se sintió forzada a sostener su dicho pero supo muy bien que las cosas no serían como ella imaginaba. Entendió que con Eulogia no se juega porque es una mujer terrible a quien no le gusta que desafíen su autoridad y su infamia.

El corazón de la preciosa chica latía bruscamente, su culito se fruncía de nervios. Tratando de esconder su miedo se sentó en el borde de la cama y observó a la imponente mujerona retirar la plateada tinita del fuego, colocar sobre un plato el contenedor de la sustancia, el émbolo y las agujas de distinto grososr y tamaño. Ensamblar la jeringa, agitar el frasquito de la sustancia, pincharlo, trasladarlo a la pica, empapar el algodón y acercársele con rostro impúdico, degenerado, para alzarle la falda, bajarle de jalón la panty e inducir bruscamente que se acostara.

La chica se postró; el miedo la embargaba. Comprobó la indecencia con que le cachondeaban las nalgas. Pensó en Elisa, la delgada adolescente con quien años atrás se ensañó la perversa Eulogia. Reflexionó en el curioso parecido físico que tenía con ella: piernas delgadas, nalgas frondosas y torneadas. Se vio vestida con el tableado jumper escolar que tenía levantado hasta la espalda. Sintió la fricción del algodón, los toscos dedos de Eulogia, la espantosa estocada de más de cinco centímetros de profundidad. Gritó de dolor, se estremeció, suplicó: “Espera, me duele demasiado”

En medio de una extensa risotada recibió el primer sopapo a puño cerrado en la espalda. Sintió que no respiraba, un súbito bramido cruzó por su garganta, se agitó, trató de incorporarse y sintió un despiadado golpe en la cabeza. Se dio cuenta de que aquello no era un juego y que Eulogia no bromeaba.

Se quedó quieta; el dolor de la inyección la torturaba pero no se arriesgó a recibir un nuevo manotazo. De soslayo vió la cara de Eulogia transformada por el patológico deseo. No pudo controlar los gritos que le producía el espantoso flujo que en ese momento le entraba en la nalga. Cuando el dolor era insoportable sintió, además, que la violenta mujer le introducía una tosca cánula en el recto, con tal violencia que le rasgó el esfínter anal. Sus gritos y exclamaciones de sufrimiento eran desaforados.

Cesó el castigo de la jeringa pero sintió que los intestinos se le llenaban de agua. Vio el enorme irrigador que Eulogia sostenía y apretaba con saña para aumentar el flujo. Su coñito empezó a emitir violentos chisguetes pues tenía las entrañas colmadas, inundadas. Aumentaron las risas de Eulogia quien la levantó y la llevó a jalones hasta el baño y la sentó en el inodoro para que desalojara su vientre. Luego la tomó de los pelos y la arrastró hasta tumbarla boca arriba en la cama. Paty se dio cuenta que era ella pero que también era Elisa. Sintió miedo y se desconcertó a tal extremo que no fue capáz de oponer resistencia en torno a la nueva agresión de que era objeto.

Tenía los toscos dedos de Eulogia en el borde de la vagina y sintió la cruel incursión que le despedazaba el himen produciéndole un colosal sangrado. Llorando pidió clemencia pero en cambio fue blanco de insultos y jalones. Sintiendo fuertes tirones de cabello oía que Eulogia le gritaba: “Cochina, ramera, mira lo que hiciste nada más de caliente, ya te desvirgaste tú misma por cochina, por caliente ¡Cochina, cochina, cochina, cochina!

Desesperada, se cubría los oídos. Se veía los muslos y el vientre empapados de sangre; lloraba y gritaba sin comprender lo que pasaba. En eso entró un hombre de aspecto cruel y degenerado que le enseñaba las nalgas diciendo: Mira ahijada, me han estado inyectando ¿no te calienta esto? Sí, sí, ya veo que estás caliente; entonces, chupa, ten ¡mámame la verga! Y le metía el tieso pito por la boca hasta la garganta, hasta hacerla sentir que se ahogaba por el boludo glande y el flujo de esperma que le colmaba la campanilla.

A punto de ahogarse, el malvado violador la hizo girar colocándola de perrito y le metió el enorme pito por la vagina hasta hacerla temblar de dolor y de incipiente placer masoquista. Paty se debatía entre el dolor y el deseo; el asqueroso viejo le gritaba: “Elisa, mi preciosa ahijada, me haces gozar con tus encantos, con esas nalgotas tan sabrosas que me encantan”. Después de una violenta fricción que le dolía como si le estuvieran metiendo una descomunal estaca, sintió los gruesos chisguetes de esperma que se le alojaron en las antrañas. Tremendas dudas invadían su cerebro: ¿Elisa, padrino, Paty, Eulogia? Ya no podía precisar su identidad ni lo que había pasado con ella. Se abandonó en el gozo depravado que la embargaba.

Avasallada por el cruento castigo se quedó tumbada sobre la cama; desapareció el malvado padrino y reapareció Eulogia para abusar nuevamente de ella excitándole la vulva y chupándole los pezones con tal maestría que le arrancó sucesivos orgasmos. Atónita, insensible, desubicada, desencajada, Paty, Elisa, o quien fuera, empezó a llorar desconsoladamente. Su llanto duró minutos, horas, días, semanas.

Cuando reaccionó se incorporó de un brinco, se puso de pie. Gritó: ¡Degenerada, pinche degenerada, eres un asco, una escoria, bazofia, desgraciada Eulogia, me la hiciste, abusaste, me desgraciaste la vida! Sintió que se desvanecía, cayó como plomo al suelo, abrió por fin los ojos. Reconoció su alcoba, sus efectos personales, su pijama. Se levantó corriendo, gritando, suplicando…

http://www.youtube.com/watch?NR=1&feature=fvwp&v=lKdQ0j7QLh8

Mis buenos amigos, que tengan un excelente fin de semana.

Pascual -

Doña Eulogia ¡glup! Una erótica amenaza para todos. Muy interesante la reseña de los fetiches de moda en Italia. Carlónimo, espero con ansia el relato de la inyección a paty.

Paty -

Eulogia!!! ya te extrañaba. Me sorprendes estando tan rejuvenecida y tan “bien cogida!!” ja ja ja No te enojes, eso dijiste. Ya te estoy entendiendo porque yo pensaba que eras traicionera pero veoo que te entiendes con Ismael y que así se divierten. Me prendes con tantos fetiches interesantes y te voy a tomar la palabra. Ya que estás en México quiero que me inyectes, se me antoja probar tu dolorosa jeringa. Me inyectas despacito por favor, no me vayas a lastimar demasiado mis nalguitas. Carlónimo, tu relatas ¿sí? le das el final que quieras…

Eulogia -

¡Chicos! ¿cómo están!? yo aquí en México gozando de unas breves vacaciones que después de 6 meses de estar en Italia son un manjar y las estoy pasando maravillosamente al lado de mi cariñosísimo Ismael que me hace sentir una princesa y me ha enseñado tantas cosas que nada que ver con lo que yo sabía antes de sexo. Estoy fascinada por todo lo que hemos vivido juntos en esa tierra donde te vas de espalda al conocer sus fetiches y sus escenarios eróticos. Estoy tan rejuvenecida que con decirles que ya llevo tres proposiciones de matrimonio de caballeros italianos que aunque saben que soy casada están tan entrados conmigo que se la juegan y me invitan a irme con ellos. Todo eso lo sabe Ismael desde luego y lo disfruta como enano, yo he salidom ganando porque cada vez que le cuento de alguien que me pretende me da unas arremetidas íntimas, por todas las cabinas como dice Vero que, pues eso, que estoy ¡bien pero bien cogida, rebosante de sexo!!! Ahora les cuento un poquito de todo eso, van a ver.

Todo empezó porque Ismael me fue llevando poco a poco a las playas nudistas, primero en Cappocotta muy cerca de Roma donde la cosa ya me parecía muy atrevida pero después me di cuenta que era bien fresa. Claro que la primera vez que me desnudé y salí a caminar y a acostarme tan campante en la arena luciendo mis nalgas, mis tetas y ¡hasta la puchita! Les confieso que me sentí muy nerviosa, sobre todo porque nunca imaginé que mi cuerpo no tan fresco como el de las chiquillas, lejos de pasar inadvertido fuera algo así como el platillo fuerte. Yo no se lo que sienten allá los chavos y los señores cuando ven a una dama madura ¡se les para grueso la pichancha! Y te la muestran descaradamente.

Yo me turbaba al principio y pues, qué pena con Ismael pero cuando me dí cuenta de que esa es una parte importante del juego que el estaba jugando y que se excitaba de verme admirada y pretendida por otros hombres pues hasta me dí vuelo contonéandome y poniéndome en las poses más atrevidas y eróticas y gozando por la forma en que tenía alborotados a los gallos.

Luego ya fuimos a otras playas, como Guvano y Bibblona, donde las reglas son más laxas y te tienes que comportar mucho más liberal. Allí te abordan como si nada enfrente de tu pareja quien tiene que hacerse guey y buscar su propia aventura mientras a ti te dicen linduras, te untan el bloqueador, te cachondean y te cogen, eso sí dentro del agua para que no se vean todos los detalles. No saben ustedes lo que yo sentía cuando estaba de bruces con el agua al cuello penetrada por el culito y que el agua a veces me rebasaba el nivel de la cabeza y sentía que me ahogaba, pero esa es parte de la diversión y del fetiche pues cuanto más te desesperas por el miedo de ahogarte más se calientan los hombres y nomás sientes los chorros de esperma que te depositan por todas partes.

Son gruesos los italianos y cuando yo creía que ya había visto todo, Ismael me empezó a iniciar en otras prácticas bien cachondas que me dejaban con la boca abierta. Empezó pidiéndome que me desnudara y que estuviera con él solamente provista de tacones muy altos, que me paseara enfrente de él como en pasarela, luego que me tirara en la cama, rodara y le mostrara cada una de las partes íntimas de mi cuerpo pero siempre teniendo enfrente de él las puntiagudas zapatillas. Resulta que es uno de los fetiches de moda por allé y creo que también en otras partes de Europa. A Ismael le encanta verme acostada boca arriba mostrándole toda mi pucha en flor pero con las piernas bien alzadas apuntando al techo de manera que los tacones armonicen con el ofrecimiento descarado de mi intimidad ¡Guau! sólo de acordarme de esos momentos siento que me chorreo.

También me inventaba Ismael ciertas escenas. Me decía por ejemplo, ház de cuenta que yo no soy tu marido sino tu amante y que ahora que estamos cogiendo te llama por el celular tu esposo y tu te levantas a contestarle y le dices linduras para tranquilizarlo, pero teniendo tus nalgas enfrente de mí entregándomelas deseosa de que te las pique y que te siga haciendo gozar ¿Cómo ven chicos?

Otras veces me ha hecho disfrazar de conejita o de sirena porque sobre todo las felpas están de moda como fetiche, así que me ponía desnuda pero con orejitas y una tierna borlita de peluche pegada a una tosca cánula que me metía en el culo. Y ya así, me inyectaba pero no acostadita como humano sino encogida de pruces como en pose de conejo ¡Aaaayyy! No saben el dolor tan fuerte pero es que Ismael se imaginaba que efectivamente estaba inyectando a una coneja nalgona, bien buena que lo calentaba terriblemente.

}Otras veces me vistió de sirena con una cola bien artística y muy real que simulaba grandes escamas pero que me dejaba una buena parte de las nalgas pelonas porque así me inyectaba pero ¡colgada de los brazos! La idea es que parezcas una humillada sirena capturada y presa que debe sufrir el más cruento flagelo de la jeringa. También ¡cómo duele que te metan la aguja en las nalgas cuando estas están suspendidas, lastimosamente colgantes! Sentía que me desmayaba, pero después de la aplicación Ismael me metía su pene y me hacía gozar como una loca tanto por el culo como por la pucha y hasta por la boca. Aprenbdí a disfrutar y a gozar de sentir el rostro completamente embarrado de esperma que te escurre por todas partes.

Ya les contaré luego acerca de otros fetiches y escenas como esa de que Ismael me nalgueara hasta hacerme llorar y luego me tumbara boca arriba y me penetrara deliciosamente la vagina pero incentivado por el hecho de ver mis lágrimas escurriendo, sorberlas, lamerlas y degustarlas. Eso también está de moda en Italia ¿Cómo ven chicos?

Ya me voy porque va a llegar Ismael y hoy quiere que me vista de Caperucita Roja con las tetas de fuera y la caperuza tapándome apenas la mitad de las nalgas. Pero tengo que acercarme a él en la cama y decirle todo eso de: ¿Por qué tienes esos ojotes tan grandotes? Etc. hasta terminar con que ¿Por qué tienes esa jeringota y ese pitote tan grandotes? Allí empieza la fiesta ¿Gustan ustedes? Luego les sigo acontando ¡Aaahh! Y les participo lo que aprendí en materia de inyecciones ¡Vayan preparando sus nalguitas! No saben cómo las he deseado…

Carlónimo -

¡Hola a todos! Qué gusto sentirme acompañado; a los buenos amigos se les extraña. Como dice Vero, hemos iniciado con “nuevos brios” el 2013. A mí, bríos no me faltan aunque enero ha sido de trabajo profesional muy intenso.

Mi buen Pascual, gracias, no sabes cómo me alienta tu grata presencia, llevas ya algún tiempo acompañándome y animándome. Eso es algo que no tiene precio.

Querida Maricruz, no me olvido de tí. Sí, con gusto relataré lo que me pides.

Querida Leticia, gracias por reportarte y animarme. Desde luego que sí, te daré gusto.

Querida Vero, por mí no queda. trataré que mis relatos “sigan siendo un escape a todo el estrés diario que nos aqueja”. Espero contar con la buena disposición de ustedes.

Hoy tanto por recordar y vivir…

http://www.youtube.com/watch?v=mQ_TdIa7JGU&feature=endscreen&NR=1

Leticia -

Gracias Carlónimo muy bello el relato. No te olvides que está pendiente mi fantasia. Que me dominas y me haces sentirme mujer. Pégame si quieres pero no duro ¿okis?

Verónica -

Hola chicos…
Gracias por comenzar el año con nuevos bríos… debo admitir el avance y calidad inminente de todos los relatos… Como pueden ver, empecé el año con mi precioso “Ken”, y sintiendo nuevamente, que el mundo tiene sentido….

Carlonimo: Que este año, tus relatos sigan siendo un escape a todo el estrés diario que nos aqueja, nuestro pequeño santuario…nuestra isla de la imaginación… Gracias nuevamente por tus bellos relatos: La madre de tu pequeño rebosa sensualidad a raudales… no dejes de procurarnos más acerca de sus “escapaditas”… Jessica es una chica preciosa, e interesante, ya que gusta de dar rienda suelta a sus impulsos más profundos…. ¡bienaventurada!, que nunca se reprima… Sin embargo… mi relato favorito es el de Lorena: La medida de sensualidad adecuada, como siempre, acompañada por el perfecto estilo literario que te caracteriza… esperamos la tercera parte…

Pascual.. Mil gracias por tus palabras… aquí me encuentro nuevamente, esperando tu participación y relatos…

Pascual -

Carlónimo, Captas y nos transmites muy bien los sentimientos de los personajes. Como siempre Excelente!
Dónde andas ahora, vuelve pronto.

Mayte -

Me gustan estos relatos.

Carlónimo -

El relato que me pediste, preciosa Leticia, primero que escribo fuera de mi Patria. Espero les guste.

La conocí cuando entré a trabajar; era una de las personas con mayor experiencia en el área. Me recibió con amabilidad, me dio las primeras instrucciones y, aunque formalmente no me capacitó, supervisó el entrenamiento que me daban. Desde el principio me atrajo como mujer. Es delgada, rubia y simpática.

El primer día de labores me invitó a comer y me trató en forma tan cálida que terminó de conquistarme. Pero comprobé que no es lesbiana, así que le oculté mis inclinaciones para no perder la comunicación. En nuestros ratos de convivencia le hablé acerca de chicos para que no sospechara lo que sentía por ella.

Traté por todos los medios de ahondar nuestra relación, así que al caer enferma de gripa me ofrecí a cuidarla. Fue tan intenso su decaimiento que no tuvo opción de rechazar mis atenciones. Se avino a ellas, de tal suerte que la acompañé a su casa y la instalé en su alcoba.

Le dije que le aplicaría un supositorio; la pobre estaba tan afiebrada que ni siquiera externó su opinión. Así que me senté a su lado, replegué la ropa de cama, le hice girar boca abajo, alcé el delgado camisón y cuando tuve sus preciosas nalguitas a la vista permanecí hipnotizada contemplándolas y acariciándolas con ardiente beneplácito. Son tan suaves, apetitosas y torneadas, que no pude evitar besarlas.

Su pequeña panty negra contrastaba la palidez de los redondos cachetes, los cuales permanecieron rendidos, a mi entera disposición. Replegué la menuda prenda hasta ver el ojete rectal que traspasé con la punta de mi dedo. Sintiendo la fuerte presión del esfínter, se lo acaricié lentamente hasta dilatarlo.

Al ver que mi dedo ya entraba con relativa facilidad, separé las preciosas nalguitas y estuve a punto de introducir el supositorio. Pero el deseo me dominó en ese momento; pensé que no podía desperdiciar la oportunidad de disfrutar a esa encantadora chica que tanto me excitaba; así que me embebí contemplando y fantaseando con sus nalgas. Las besaba pensando que eran mías ¡sólo mías!

Sumida en tan dulce quimera le excité los enardecidos labios vulvares animada por el encanto tactil y visual de estarle embutiendo un enorme supositorio y llevarlo a la profundidad que me permiteron los dedos. Al cabo fue tan intensa mi excitación que, al no poder llegar más adentro, me incorporé para buscar algún instrumento de relevo, que por fin encontré en el buró de mi amiga.

Con la respiración agitadísima le clavé el redondo mango del cepillo de pelo en el recto, y se lo sumí más de quince centímetros ¡hasta el tope! En tanto chupaba y succionaba con desesperación su afiebrado clítoris, hasta arrancarnos a las dos un formidable orgasmo.

Fue la única vez que disfruté a esa chica y debo admitir que lo hice sin su consentimiento. No sé si por haber intuído de alguna manera mis pretensiones, pasado el momento más crítico de la enfermedad me dijo que ya podía cuidarse sola, así que me despidió con fina cortesía, pero con firmeza.

De nuevo en el trabajo me sigue tratando con deferencia, pero ya no puedo disponer de sus encantos. Tan sólo cuando es viable la miro caminar y contonearse. Contemplo sus nalguitas y evoco los sensuales lunarcitos que conocí y que tiene alojados en la “pompi” izquierda.

http://www.youtube.com/watch?v=4XWYefe9EzI

Carlónimo -

Al tercer día volvimos para presenciar la nueva inyección a Lorena quien ya estaba en su alcoba modelando una escueta faldita jaspeada, tan ceñida que al menor movimiento la delgada tela revelaba el excitante oscilo de sus nalgas. Plantada en el espejo admiraba el curvado contorno de su cuerpo: puesta de frente, se tocaba los erguidos senos; y de perfil, se palmeaba los extensos y respingados glúteos. Parecía muy excitada, como si esperara algo más que ser inyectada.

De súbito se abrió la puerta y entró un atlético mocetón como de veinte años, quien se le aproximó por detrás y le talló con su pene el esculpido trasero. La preciosa Lorena se estremeció completa, empinó graciosamente el culo y le buscó los labios para besarlo. El muchacho se extasió degustando aquellos dulces y maduros belfos; deslizó al mismo tiempo sus manos por el torso hacia la cintura y la cadera; alzó el breve vestido y acarició las blanquísimas y sedosas nalgas apenas cubiertas por una frívola pantaletica negra que parecía reventarse por la presión de tan generosas y excelsas carnes. A mí se me fue la respiración y el corazón se me salía del pecho al ver las deliciosas intimidades de Lorena, diestramente manipuladas y estimuladas.

Después de desvestirla y propinarle un soberbio “masaje” corporal, la cargó en vilo y la colocó boca abajo acostada. Se sacó el enorme pito y con su boludo glande acarició la parte superior de los muslos así como los perlados labios vaginales; y humedeció con sus efluvios la profunda grieta de las nalgas, hasta dejarla ostensiblemente lubricada.

Punteó y penetró sin miramientos el diminuto orificio rectal haciendo a Lorena saltar, oponerse y gritar, primero de sorpresa, luego de dolor y por último de emoción. Con la boca enteramente abierta, la atractiva mujer se mostraba extasiada sufriendo y disfrutando la acompasada fricción en su diminuto esfínter, por el que se ocultaba y reaparecía, una y otra vez sin cesar, el rojo, brillante y rollizo pene.

La dama no se quejó más; jadeó y se retorció hasta engarrotarse. Con las piernas y el pubis adosados al lecho, el torso ligeramente levantado y sostenido por los codos, festejó los gruesos chisguetes espermáticos que le invadieron el estrecho reducto intestinal. El enorme falo salió lentamente del ano tendiendo viscosos columpios de semen que quedaron adheridos a las nalgas.

El chico se incorporó y se acostó boca arriba al lado de Lorena, quien apenas repuesta del primer empalme entendió la precisa instrucción que le daban y se acopló encima de él. Después de intercambiar ardientes besos y caricias, la espléndida mujer alzó su cara y emitió voces hacia la puerta hasta hacer entrar a su competente enfermera, quien seguramente ya esperaba turno afuera.

Sin inhibiciones, la profesional abrió su maletín, tomó la excitante jeringa y empezó a cargarla con el ambarino medicamento de costumbre, en tanto el joven amante introducía su vigoroso pene en la vagina de Lorena, acoplados justamente en la posición en que se encontraban: él abajo y ella arriba. Lorena celebró el nuevo contacto con rítmicos movimientos oscilatorios y trepidatorios que hacían contonear su agraciado, extenso y prominente, culo.

La enfermera se aproximó muy despacio, presenció con irrebatible deleite la cópula, hasta ver que los amantes deliraban inmersos en el exquisito umbral del éxtasis, momento en el cual incrustó la hiriente aguja, en el esponjado cachete de la paciente.

Al sentir el violento pinchazo Lorena se agitó y, sin dejar de moverse, gritó arrebatada. Al influjo de la dolorosa inyección tan caprichosamente colocada, el chico ya no pudo controlar su calentura y explotó una ringlera de potentes descargas que invadieron el estrecho reducto vaginal, justo cuando la ardiente sustancia penetraba el bamboleante glúteo.

Afectada por los dos intensos flujos, el seminal y el medicinal, la encantadora mujer se paralizó, gritó como una loca y se desplomó exánime, permaneciendo flácida, vencida, sumisa, entregada en los robustos brazos del amante, quien terminó su soberbia eyaculación picándole el culo con los dedos, apretándola, besándola, estrujándola, nalgueándola y bofetéandola, como si fuera un simple trapo, su juguete, una marioneta.

Aquella singular escena me calentó y la disfruté horrores, pero también me rebasó en el terreno emocional y sentimental. A mis quince años, no concebía que la adusta señora Lorena a quien yo secretamente amaba, caracterizada por su altiva seriedad, tuviera una forma de disfrute tan salvaje y rebuscada: a espaldas de su marido; incentivada por fetiches; con la activa participación de terceras personas; y una propensión masoquista tan marcada. Me sorprendió y me disgustó también que compartiera sus debilidades con un muchacho tan impulsivo e inconciente, cuya inmadurez le podía reportar serios problemas.

Los atributos físicos de la señora Lorena me fascinaron; en lo profundo de mi corazón la seguí amando y deseando, e incluso hoy no puedo evocarla sin inquietarme. Sus eróticos detalles corporales condicionaron mi patrón de preferencias. Pero de aquella insólita mujer aprendí también que, en el terreno de la sexualidad, la mente humana suele ser tan caprichosa y compleja como se quiera.

Carlónimo -

Querido Pascual, muchas gracias por tu amable y siempre grata compañía.

Querida y preciosa Carmen, lo mismo digo de ti, hablas poco pero siempre de manera muy oportuna.

Ustedes traen hoy a mi corazón la fortaleza que necesito.

Los quiero mucho a todos ustedes, pero escribo porque las preciosas hadas del nirvana me lo inspiran. Ellas están a mi lado, caminan junto a mí, me despiertan en la madrugada para conversar conmigo, se me revelan cuando voy manejando ya tarde rumbo a casa. Anoche mismo, una de ellas estaba sentada a mi lado en el vehículo, sonriendome, entonando bellos cantos. Su belleza me cautivó, sus excitantes formas femeninas me apresaron. Se acercó, me besó y me traspasó para flotar después como ligera bruma y perderse en el infinito. Me debo a ellas, no se cuándo me dejarán, es algo que no deseo.

Que tengan un delicioso fin de semana. No dejen de soñar nunca.

http://www.youtube.com/watch?feature=endscreen&NR=1&v=OKStJaD3wcE

Carmen -

Carlónimo, como siempre estás atento para satisfacernos, eres todo un caballero. Tus relatos me encantan, a veces pienso que nosotros tus lectores no te correspondemos como mereces. En lo personal no se me da redactar, discúlpame, pero eso si, siempre te leo y disfruto muchísimo tus relatos. Gracias por todo, te mando un abrazo y un beso de todo corazón.

Pascual -

Buenísisimooo, este relato de Lorena está padrísimo, bien candente. No se cómo tienes tantas vivencias guardadas en tu cerebro, o como tu imaginación puede ser tan prolija. Te mando un fuerte abrazo amigo Carlónimo.

Carlónimo -

Pues sí Pascual “nuestro fetiche preferido” sigue motivándonos a participar. Les voy a contar algo.


La Señora Lorena

Yo recuerdo de hace ya muchos años, a una mujer de mediana edad que poseía unas formas tan cautivadoras que me causaban un brete colosal. No era escultural sino “gordibuena”, acinturada, con unas nalgas espléndidas muy bien paradas. Era la mujer del tendero del rumbo y se la vivía departiendo con amigas, unas más buenas que otras, pero todas daban de qué hablar.

Había algunos chismes acerca de ellas: que no atendían como se debe a sus maridos; que de vez en cuando les ponían los cuernos; etc. El caso es que destacaban por sus encantos y por la esmerada atención de su persona; siempre lucían muy bien arregladas y se desenvolvían con aire tan distinguido como desafiante.

Yo era entonces un mocoso de 15 años. Javier, un amigo cercano que vivía en la casa contigua a la de Lorena (la señora del abarrotero) me alcanzó una mañana cuando me dirigía a la escuela y con emocionada discreción me dijo: “Búscame en la tarde, para ver algo bien cachondo”. Con un leve movimiento de cabeza le pregunté de qué se trataba y él guiñando un ojo repuso: “Tú búscame, te conviene”.

Así que pasé la mañana en brete y cuando lo busqué como a las cinco de la tarde me susurró casi al oído: “alcánzame a las seis y media, van a inyectar a la señora Lorena y la podemos ver desde mi casa”.

Temblando de emoción llegué a la hora pactada y nos refugiamos en la recámara de Javier quien estaba tan ansioso como yo y me dijo en voz baja: “a las 7 llega la enfermera, vente vamos a la azotea”.

Subimos a zancadas la escalera y me llevó a su escondite: una pequeña buhardilla que coronaba el cuarto de servicio. En completa penumbra nos desplazamos a gatas hasta quedar acostados frente a un visillo por el cual se divisaba en plenitud la ventana de la alcoba de Lorena.

Minutos después se encendió la luz de la habitación y vimos entrar a la preciosa dama ataviada con un elegante conjunto formal de color negro muy entallado, que develaba la esplendidez de sus piernas, la brevedad de su cintura y el abultado trasero que amenazaba reventar el ceñido pantalón.

Con la respiración muy agitada la vimos plantada frente al espejo retocando su figura, acicalándose y certificando la pulcritud de su atuendo. De pronto interrumpió su arreglo, dio media vuelta y se dirigió a la puerta por la cual apareció y entró una joven enfermera, delgada, con vestimenta rigurosamente profesional.

Muy sonrientes se saludaron de mano, cambiaron algunas impresiones y se enfrascaron en una desenfadada charla mostrando el grado de acercamiento y de confianza que se tenían. La joven salió, se ausentó por un momento y regresó secando sus manos con una toalla.

Extrajo de su maletín los utensilios necesarios, elevó la jeringa, la cargó con una sustancia ambarina densa; empapó el hisopo y se aproximó a Lorena quien de inmediato se quitó la chaqueta, soltó el cinturón y retrajo el ajustado pantalón sin cortapisas hasta los muslos, dejando a la vista unos mofletes vastos, carnosos, blanquísimos, rebosantes, apenas cubiertos por una diminuta y apretadísima panty de color negro.

Se tendió a lo ancho de la mullida cama adoptando una pose tan relajada y confortable que parecía descansar y dormir, más que posar para la inyección. Javier y yo teníamos las frondosas nalgas de Lorena de frente a nosotros, así que la enfermera, emplazada a un costado, no nos impedía admirar la escena.

Vimos cómo la enfermera deslizó con mucha dificultad la muy apretada pantaleta cuyo fino elástico subió hasta la cima de los abombados glúteos y descendió a jalones por la ladera inferior de los mismos hasta yacer en el pliegue, tan estirada y estrujada que parecía reventarse. Contrastaba el oscuro color de la prenda con la palidez de los enormes glúteos, así como de los soberbios muslos que la dama había dejado parcialmente expuestos.

La minuciosa búsqueda del sitio más idóneo para pinchar fue todo un espectáculo. Vimos cómo en la delicada superficie de los glúteos se formaban sugerentes hoyuelos ante la embestida de los delicados dedos de la enfermera, que recorrían y probaban los posibles puntos de incisión. La agraciada Lorena, cuya extensa cadera le imprimía una excitante feminidad y sensualidad, parecía elegir que le pincharan el moflete izquierdo pero, tras una breve discusión, accedió a que le flagelaran el derecho.

La jeringa se dispuso en posición de ataque trasluciendo su ambarina y espesa carga. La acerada y puntiaguda aguja fulguraba amenazante. La enfermera emitió sus instrucciones a la paciente la cual en involuntario reflejo se compactó tensando cada uno de los músculos de su cuerpo.

La enfermera le dio una cariñosa nalgadita para tranquilizarla, direccionó con toda precisión la aguja, la balanceó un par de veces a manera de simulacro y disparó certeramente el dardo incrustándolo de un jalón, haciendo temblar la tersa y alba superficie horadada. Tras emitir un agudo grito que alcanzamos a percibir, la preciosa Lorena suplicaba y era cariñosamente consolada, su enfermera le palmeaba cariñosamente las nalgas.

El ingreso de la medicina fue angustioso y lento. A cada avance la paciente imploraba y alzaba alternadamente las piernas abanicándolas (derecha-izquierda-derecha), estacionándolas en el punto más álgido cuando el sufrimiento le era insoportable. Ese certero indicativo de penuria me resultaba tan excitante que, viendo a Lorena permanecer con las dos piernas alzadas y quietas en el aire, yo sentía que el pene y los cojones me estallaban.

En esos momentos de mayor padecimiento la enfermera detenía resueltamente el flujo, confortaba a su amiga y pactaba con ella los nuevos avances. La preciosa Lorena le tenía sujeta la muñeca del brazo sin violencia y se estremecía cada vez que el émbolo penetraba. Sus deliciosas nalguitas se comprimían dramáticamente, la raja del culo se le enjutaba.

El depósito de la sustancia se fue agotando, las nalgas se estrujaban. Un postrer avance hizo que Lorena apretara con firmeza el brazo de la enfermera y moviera con desesperación el cuerpo. Después permaneció muy quieta, tranquila, convencida de la eficiencia con que la habían inyectado.

La enfermera se sentó en el borde de la cama e inició un cariñoso y paciente masajeo en pequeños círculos concéntricos, el cual se prolongó por varios minutos en los que las dos amigas conversaban. Las pantorrillas volvieron a elevarse y se balanceaban alternadamente, pero esta vez con aire juguetón y festivo. Las prominentes zapatillas de fino charol imprimían a Lorena un aire de femenina y sensual elegancia.

Javier y yo nos dimos gusto contemplando aquellas preciosas nalgas tan apetecibles como exuberantes que a la postre nos provocaron espléndidas estampidas de esperma, con las cuales culminamos las majestuosas puñetas que nos tejimos.


Pascual -

Felicidades a todos que tengan una año nuevo lleno de prosperidad y de erotismo. Los últimos relatos parecen disipar el nudo y sin entender totalmente el juego me parece muy bien que se haya podido presentar un nuevo escenario aunque precariamente. Lo más importante al final del dia es que nos sigamos divirtiendo con nuestro fetiche preferido. Marina sigue siendo un “excitante” misterio. A Vero se le extraña, espero que ya tengas ordenados tus pensamientos Vero para continuar ofreciéndonos tus exelentes relatos. Carlónimo, el personaje de la señora Mariscal me gusta mucho y sugiero que lo retomes igual que el de Cristina. Aunque siempre nos sorprendes con algo nuevo y excitante.

Antónimo -

Hola chavas y chavos.

Fíjense que hay momentos en la vida de un hombre que…

¡Aaahh! Qué dijeron, ya se va a poner a filosofar como el Carlónimo. Pues no, yo no tengo esos alcances (o esas mañas). A mí las cosas claras. Si sí: pues ¡prau!; y si no… pues ¡prau! de todas maneras a retozar duro porque ¿apoco un revés del corazón nos va a conducir a puros lloriqueos y lamentos?

¡Para naadaaaaa mis chavos! La vida es bella y debe seguir su curso de cualquier forma.

Las vacaciones me las pasé con una chava bien querendona, buena onda y que está como quiere, tanto en la retaguardia como en la media frontal y en la delantera ¡qué cuerpazo! Fue antes mi novia pero cortamos y al no hallarnos nos encontramos de nuevo porque la verdad es que sin ella… no la hallo y ella sin mí… pues tampoco la halla.

Así que la pasamos juntos en Ruidoso con el pretexto de esquiar, alojados en una cabaña de fábula. Entablamos una convivencia plena, coronada por la más ardiente intimidad. Nos preguntábamos: ¿Ps qué onda, somos o no somos, estamos o no estamos? Y antes de contestar, sólo de vernos, se nos enjutó la garganta, lloramos como chiquitos, nos abrazamos hasta sentir que los huesos nos tronaban.

Rodamos por toda la “King” saboreándonos mutuamente. Su aroma, su cuerpo, sus caricias, sus mimos y sus besos me enloquecieron de nuevo. Desesperado, me lancé en pos de sus nalgas para desnudarlas, acariciar la suave y mullida piel que temblaba de excitación. Mis labios apresaron el delgadísimo elástico de la tanga y lo retrajeron hasta el pliegue quedando sus hermosos “colchoncitos” tan rebosantes y sumisos que terminaron de calcinarme.

Ostentaban los rojos puntitos causados por sensuales jeringazos ¿quién te las picó, cómo fue, te dolió… mi vida?

Quería saber, indagar, revivir, entrar en aquellas escenas tan eróticas que yo no pude disfrutar. Cobrando justa revancha, apoyé mis manos en la cama y me alcé parcialmente quedando mis piernas descansando en paralelo de los espléndidos chamorrazos de mi amada. Observé con toda atención sus nalgas pensando que son mías, imaginando la rauda jeringa que perfora los convexos glúteos.

Mi pene alcanzó su máxima longitud al sentirse apresado por la suave y mullida raja que enseguida ensanchó su cauce y se balanceó con suavidad arrullándome la dura estaca, cuyas intensas emanaciones lubricaron el diminuto ojetito rectal que bullía y oscilaba buscando acoplarse al enrojecido glande. Poco a poco la pichancha se fue dirigiendo al preciado objetivo: dilatándolo, penetrándolo.

El suculento agujerito engulló la enorme presa hasta desaparecerla por completo, apretujarla, e iniciar un suave y acompasado vaivén que ocultaba y develaba alternadamente la pieza, abrillantándola y ruborizándola.

La fricción fue en aumento hasta llegar a ser frenética. Mi preciosa Vero gritaba suplicándome que le tallara el excitado esfínter rectal con todo rigor y hasta con violencia. Apretaba las nalguitas, elevaba el rostro, jadeaba y decía ensimismada: ¡qué pichota, qué vergota, qué pinche longanizotaaaa! Antónimo, mi vida, perfórame, rásgame, disfrutame y házme gozar como sólo tú sabes.

Termina de contarles, mi vida, diles cómo terminamos ese coito ¡Por una pinche vez en la vida, dame gusto!

Carlónimo -

Mis buenos amigos ¿cómo están, cómo vivieron la Nochebuena y los festejos de Año Nuevo? Espero que todos ustedes se encuentren muy bien de salud y llenos de energía para iniciar el 2013 con arduo trabajo profesional, pero también con erotismo, del más creativo y estimulante, pleno de inyecciones intramusculares.

¡Vamos entrando en calor!

Por estos días de descanso y de grata convivencia familiar, dentro de las acostumbradas celebraciones decembrinas, tuve la experiencia insólita, sorpresiva, de encontrarme otra vez con esa hermosa mujer a quien tengo alojada en el alma y que es madre de mi hijo Carlos, el tintineante cascabelito de mis andanzas.

Fue en medio del bullicio, los abrazos y el resplandor navideño, que me ví otra vez reflejado en sus ojos. La ví hermosa, tan llena de esperanza, de alegría y de confianza, que como nunca nos abrazamos, nos llenamos de besos y nos amamos. No fueron uno ni dos, sino siete preciosos días los que convivimos en el más reconfortante idilio.

Al ver su entallado vestido color cielo nocturno decembrino; al sentir la curvada superficie de su talle; degustando sus labios carnosos y frescos que me besaron impacientes; no pude pensar más que en ella, en la gratuidad de nuestro amor, en la pureza de nuestros sentimientos… en la dolorosa circunstancia que nos aleja.

Más allá del infortunado e inexplicable estigma, pernoctamos abrazados, entregados al pleno disfrute de nuestra ensoñación. La tuve a mi alcance, nos desnudamos. Mis manos y mis labios se dejaron llevar por la placentera suavidad de su cuerpo. Viví su excitación, el raudo estremecimiento de sus formas. Sorbí los duros pezones, palpé las firmes y redondas nalgas, hurgué la apetitosa hendidura de nuestros encuentros.

Se entregó cada noche a la apetecible terapia de las inyecciones. Sus nalguitas tiritaron por el tosco flagelo de la hipodérmica clavada en el carnoso y amedrentado glúteo, que oscilaba por reflejo a cada impulso del émbolo.

Sus sensuales quejas, la imponente perfección de sus nalgas, el erótico intercambio verbal, el fetiche de la jeringa, la inquietante brevedad de su lencería, me erizaron la piel, me aceleraron el pulso, me hicieron enloquecer de pasión.

Así, cada noche me provocó y la estimulé. Desprovistos de cualquier prejuicio nos entregamos a la lujuria. Marina y Carlónimo, nuestros fetiches, nuestros cuerpos dispuestos, entregados, anhelantes uno del otro.

La fiebre, el deseo, el sádico impulso, la masoquista resignación, las quejas, el inclemente dolor, las agujas, las atrevidas poses: nalgas empinadas, pucha dilatada, pene tieso, cojones plenos, fluídos vaginales, el rudo embate seminal, las promesas, las súplicas, apretujones, sacudidas, gritos eufóricos.

¡¡El más ardiente clímax!!

Bocas abiertas, ojos entornados, jadeos decrecientes, espasmos relajantes… Tiernos suspiros, caricias, muchos besos, labios encontrados, alientos cariñosamente embrollados.

Maricruz -

Gracias por recordarme Carlònimo, que yo no te olvido. Espero me dediques otro relato, alguna travesurilla contigo. Besos.

Pascual -

Felicidades Carlònimo, te estaremos esperando, descansa que bien merecido lo tienes. Que llegueds con nueva inspiraciòn y ànimo redoblado. Rrecibe un abrazo. muy sincero

Carlónimo -

Perdón. Mi querida Maricruz, cómo dejar de mencionarte, espero que sigas participando con esa sensualidad desbordante. Si olvido a alguien más, perdónenme, estoy cansado como les dije y en parte la culpa es de ustedes por ausentarse tanto. Un abrazo.

Carlónimo -

Mis buenos amigos, hoy es el último día del mundo (según la fantasiosa interpretación que se ha hecho de la sorprendente cosmogonía Maya y su anuncio de inicio del quinto sol). Y es también el último día de trabajo formal para mí en 2012, a más de fecha fatal para despedirme de ustedes y desearles unas felices fiestas navideñas.

Acorde al tan mentado acontecimiento que en términos científicos consiste en la alineación física del Sol, la Tierra, Venus y el centro de nuestra galaxia, fenómeno que invertirá el campo magnético del Sol, nuestro blog pasa también por una etapa de cierta inestabilidad y transición.

Estamos en espera de que Fer nuestro editor cumpla su ofrecimiento de entregarnos una nueva casa que tenga fachada propia y condiciones más adecuadas para trabajar (me refiero al tamaño de la letra).

A esto hay que agregar la alteración de nuestro escenario que estamos por ver cómo evoluciona y aterriza.

En lo personal, a más de estar sujeto a múltiples presiones, me siento muy cansado, por lo que evito la tentación de escribir más relatos en los últimos días del año y me otorgo el descanso que mi molido cuerpo me está exigiendo.

Quiero reiterarles que, al margen de cualquier escenario, mi respeto hacia ustedes como personas es inflexible y espero que juntos vayamos delineando los contextos, no teniendo más objetivos que cultivar el género literario y ofrecernos cada uno en lo personal y a voluntad, un sano desahogo de nuestra sexualidad.

Querida Vero, mi gran amiga, te reitero que fuiste la estrella del año y espero que sigas brillando cada vez con mayor intensidad.

Querida Hilda, ya sabes el profundo cariño y el respeto que me inspiras. Espero que por fin te decidas a escribir relatos.

Querido Pascual, espero que nos sigas acompañando y participando, al menos con tus interesantes comentarios.

Paty preciosa, cómo extraño tus cariñosos y atinados comentarios. Espero que la amistad cultivada por “email” se traduzca en una mayor participación en este foro que nos permitió conocernos.

Antónimo, mi entrañable hermano, amigo y compañero de vida. Muchas gracias por ser cómo eres.

Querido Fer, nuestro gran amigo y Editor.

¿Quién más? ¿Elisa, Eulogia, Carmen, Paula, Marce, nanny, Gil, Gustavo… Anónimo?

Los amigos que leen y no escriben así como los que escriben por email y ya no sé si leen.

A los que se fueron y que no olvido: Anna, Simón, Gastón, India, Lydia, Karo, Karol, Karito, Carola…

De todos me acuerdo y por todos elevo una plegaria a Dios.

Un abrazo muy afectuoso. Nos vemos en Enero.

Vivian -

Que pasa con los relatos Carlónmo.

Hilda -

Chicos, qué pena, los recatos, los prejuicios y los miedos se impusieron una vez más. Bellos escenarios-tristes finales  Carlónimo, muy bueno el relato acerca de Jessica. Excitante y muy erótico en su género. ¡¡Continúa por favor!!

Carlónimo -

Difícil es pronunciarse sobre este asunto. En lo que a mí concierne requiero también “estabilizar mis pensamientos” pero eso será sobre la marcha, no creo que enclaustrándome resuelva el problema. Desde luego, preciosa Vero, yo no dejaré de ser tu amigo como no he dejado de serlo de alguna otra persona que se haya retirado. Lo que sería una lástima es que dejaras de escribir porque en verdad tienes vena para ello. Te recomiendo que no dejes de ejercitarte.

Para continuar, les contaré que hace unos días me llegó a escribeyescribe@hotmail.com el siguiente email que simplemente transcribo:

“Carlónimo, me llamo Jessica y tengo 29 años. Las inyecciones para mí son muy calientes y me exitan desde que era una niña. Yo no se que hechizo tienen, o si es porque tenemos que ponérnoslas en las nalgas o porque al hablar de ellas es entrar dentro de la intimidad ya sea de nosotros mismos o de otras personas. De solo pronunciar la palabra “inyección” yo siento que los colores se me suben al rostro. Soy morena clara, de ojos verdes y se que mi cuerpo es muy deseable. Cuando me tienen que inyectar es una tía la que me las aplica y yo creo que a ella las inyecciones le provocan las misma inquietud que a mí, yo lo siento en sus manosy en sus ojos, en suma, en todo su cuerpo cuando me está inyectando. Las dos nos tenemos mucha confianza y luego siento deseos de decirle a mi tía Raquel lo que yo siento y preguntarle también su sentir de ella. Imagino muchas cosas como inyectarnos una a la otra y compartir nuestro morbo con algunas caricias íntimas. Carlónimo ¿podrías ayudarme escribiéndome un relato sobre esta extravagante fantasía? No sabes como te lo voy a agradecer, espero que si quieras complacerme.”

Con todo gusto lo haré, preciosa Jessica, esperando no defraudar tus expectativas.

La “extravagante fantasía” de Jessica

Lo que les voy a contar me sucedió apenas ayer cuando mi tía Raquel acudió a inyectarme. Desde muy temprano me sentí nerviosa tan solo de saber que volvería a vivir esa excitante experiencia. Estaba tan deseosa que más de una vez entré a mí recámara, me alcé el vestido, replegué la panty y me acosté como si ya fueran a aplicármela. Teniendo a la vista la jeringa y el medicamento, empecé a frotar mis nalgas con inquietud observándome de soslayo en el espejo. Mis carnosos glúteos erguidos se estremecían de pasión; los recorrí sugestivamente, pellizcándolos con rabia para emular el dolor del violento piquete, de la hiriente entrada del líquido, del punto más álgido cuando la concentración de la sustancia te irrita, te arde, te lastima, te cuece la carne. Mis labios gemían, la vulva se me perlaba. Fuera de control me acariciaba los ardientes labios vaginales penetrándolos, excitándome el clítoris hasta reventar un espléndido orgasmo.

Así lo hice, dos y hasta tres veces porque ya no aguantaba, porque en el sexo es común que adelantemos vísperas, porque soy de temperamento candente y porque tengo este fetiche metido en la médula y en el alma.

A las cuatro en punto llegó Raquel y se encerró conmigo en la recámara. Ansiosa me elevó el vestido, deslizó sus manos a lo largo de mis enérgicos muslos, sentí que se estacionaban firmes en la cúspide de mis nalgas. Sus dedos hurgaron el lindero del ceñido elástico, lo alzaron en un movimiento doloso… titubeante… que derretía mi estructura ósea haciendo que me desplomara boca abajo, desnuda del culo, ofrecida, descarada, insinuante ¡puta! Ví a Raquel puesta de espalda preparando la jeringa. No retiré mis ojos de esas nalgas extensas, redondas, paradas, que delinean sugerentes ondulaciones, que ostentan eróticas lonjitas en su base. Esas nalgas maduras en las que tantas veces he pensado, que me han incitado el deseo, la desmesura, la lujuria…

Envuelta en el voluptuoso aroma del alcohol; alterada de sentir a esa preciosa mujer a mi lado, excitándome y excitándose; escuchando sus dulces palabras de aliento, de cariño y de deseo: “Vamos Jessica, quietecita, tranquila mi amor, relaja las nalguitas, no te muevas encanto, mi vida, disfruta… Va el piquete”. El suave rasgón de la aguja, la ligera presión que me hace formar un leve cráter en el glúteo, el ríspido transitar de la sustancia que se concentra en un punto de ardiente dolor, deseo y satisfacción; son vivencias que me enajenan, que condicionan mi actuación, que me llevan a pedirle a Raquel que me lastime más, que me golpee.

Satisfecha respiro y sollozo al sentir sus primeros manotazos, violentos, ásperos, desmesurados, revestidos de ardiente deseo. Sus manos se precipitan furiosas sobre mis nalgas, aporreándolas, lacerándolas, induciéndome a gritar, a retorcer, a suplicar: dolor y placer, piedad y castigo, resignación y agresión. El rabioso embate de Raquel se sobrepasa, llega al punto de herirme, de hacerme sufrir sin consideración. Gruesos chisguetes de lágrimas nublan mis ojos y se precipitan sobre la cama.

¡Basta ya! le grito ¡Ahora va la mía! Con insólita fuerza me incorporo, la rodeo por la cintura y la desplomo sobre el lecho, golpeo su espalda, sus piernas y sus nalgas. Le arranco el cinturón, le bajo los pantalones y las bragas haciendo surgir unos mofletes monumentales, esplendorosos,ligeramente flácidos, cachondos, que lejos de oponer resistencia se abaten humildes, se empinan, se me ofrecen, me invitan a golpearlos y a besarlos, lamerlos, morderlos y contemplarlos con gran deleite. Esperando su reacción, recibo con apetencia la consigna de que me solace: “Disfruta Jessica, yo sé que así querías tenerme. Disfrútame…” A horcajadas la observo, la nalgueo hasta provocarle un erótico enrojecimiento que me excita aún más. Ansiosa, tomo la jeringa del buró, esa misma con que me inyectó, y sin mediar aviso se la incrusto en las nalgas: ¡No, mi vida! ¿qué haces? ¡Quiero inyectarte, hacerte lo mismo que tú me haces! ¡Disfruta, Jessica, disfruta de mí como yo de ti!

Después de un placentero juego erótico en que me solazo observando sus espléndidas nalgas pinchadas estremecidas de excitación, le arranco la aguja y me tiro de bruces encima de ella mimándola, acariciándola, cachondeándola, besándola. Nuestros labios se acoplan, nuestros cuerpos se tallan y se agitan, nuestras manos invaden las zonas erógenas, exasperándolas, prodigándoles los más placenteros espasmos, hasta sumirnos en el más lujurioso delirio.

Veronica -

Hola chavos y chavas…

No pretendo dramatizar de más algunas interpretaciones inadecuadas, a veces las personas buscan el “pretexto ideal” para simplemente concluir algo que la verdad, nunca estuvo a “su nivel”… ni hizo feliz a esa persona…

¡Que lastima!, pero hay que seguir adelante….
Me tomaré un breve receso, ya que aun debo pasar por la fase de aceptación, y estabilizar mis pensamientos… ¡¡Nos vemos prontito…!!
En breve seguiré maquinando relatos medianamente entretenidos… (Re chafas)

Antonimo: Gracias por todo lo que pudo llegar a ser cierto… Adios

Carlónimo: Confío en que, después de todo esto, seguiremos siendo amigos, y compartiendo relatos de las fantasías más descabelladas…

Saludos!

Antónimo -

Hola chavas y chavos

Desde el tiempo del legendario Anónimo se trataron en este espacio los temas de la moralidad y de los celos.

Yo recuerdo que nuestro gran antecesor le propuso un día a Simón, que no se escandalizara al ver que su amada Silvia era objeto de admiración.

Yo insistí después con él proponiéndole que, lejos de enojarse, disfrutara saber que su chica despertaba las más encendidas pasiones.

Pues ahora no me voy a echar para atrás. Vero está preciosa y es normal que los hombres la admiren. En cuanto a mi hermano, en ningún momento me ha ocultado que ella le guste, igual que yo le dije en su oportunidad que Moni, su exnovia, me gustaba mucho. Él nunca me descalificó por ello y sé muy bien que si Moni me hubiera aceptado, Carlónimo habría respetado las circunstancias.

Vero y yo nos hemos disfrutado mucho y nustras vidas ya se enriquecieron con tan grata experiencia. No desconozco el “escenario fantasioso, que todos tenemos derecho a poseer y pocos tienen las agallas de hacer público…”. Ella tiene derecho “a dar rienda suelta a su mente, fantasías, sueños, locuras… en fin, a su rompecabezas mental…”

Si en los “sueños, fantasías y locuras” de esta preciosa mujer está implicado mi hermano ¡enhorabuena! Yo sé que mi gran compañera, con quien recorrí un delicioso tramo de mi vida, seguirá estando en buenas manos, lo cual no puede dejar de regocijarme.

Adelante, mi Vero, adelante mi hermano, conmigo no tendrán ningún problema para conocerse y llegar a ser la “equilibrada pareja” que representan. ¡Un abrazo! Que sea para bien de los dos. Yo aquí sigo, no hay fijón, mis chavos.

Veronica -

Hola personitas hermosas…
Los paso a saludar rapidin, y pues comento los últimos acontecimientos:

Carlónimo: Respondiendo a esta importantísima cuestión: “Nuestra búsqueda de emociones pasionales no tiene límite, el disfrute de ellas no nos sacia… ¿Estaremos locos?”… Tú sabes que las actitudes fuera de lo común, suelen tomarse como locura…pero la locura mueve el mundo, y es relativa, y mientras no dañemos a nadie, tenemos derecho a dar rienda suelta…
Gracias por todos tus relatos, mantienen con vida este santuario nuestro, definitivamente, la señora Mariscal es la representación, de lo sensual que resulta la madurez, y creo que ella sabe reflejar su seguridad, y explotar sus cualidades para derretir a cualquiera…. ¿Sabes? Es difícil encontrar la perspectiva del relato de nosotros, y es que, al ser partícipe, cuesta trabajo evaluar el asunto… sin embargo, te lo agradezco, fue maravilloso, bello y erótico, como siempre, con el toque especial que lo adereza… y que encaja a la perfección en la “Isla de la fantasía”. Fascinante.. y por último, pero no menos importante: El relato de Inés: Aplaudo tu imaginación, erotismo, y el planteamiento, para mí fue de lo mejor, esas cosas son las que me hacen insistir en que deberías escribir un libro, mi talentoso y querido amigo… mi estrella…

Pascual: Mil gracias por la retroalimentación, es lo que me impulsa a continuar escribiendo…. Saludos

Antonimo: Mi opinión de tu polémico tema es la siguiente: La gente manipuladora, sabe envolver a su “víctima”, son personas sensuales, irresistibles, pero egoístas, de carácter fuerte… usan su inteligencia para mover las cosas a su favor sin tomar en cuenta la dignidad del otro, por el simple hecho de tener siempre el control de todo… Y tristemente, consiguen anular la autoestima del otro… haciéndole ver que no son nada sin ellos a su lado… Cariño, escogiste ese tema porque viene a colación por el relato que, de seguro te molestó… ciertamente, tienes todo el derecho de molestarte, mas yo no lo veo como “manipulación”, ni “engaño”, sino como una situación de erotismo, un escenario fantasioso, que todos tenemos derecho a poseer y pocos tienen las agallas de hacer público… se que, mis tripas se harían picadillo, de haber leído un escenario de ese tipo, de ti, con otra mujer, pero finalmente comprendo que, tienes derecho a dar rienda suelta a tu mente, fantasías, sueños, locuras… en fin, a tu rompecabezas mental… mientras me seas fiel, y mantengas estable la relación, con toda la sinceridad posible, para mí no hay inconveniente… pero mientras no confíes en mí, no vale la pena seguir juntos… piensa las cosas: yo te amo, y aunque decidas no seguir conmigo, te seguiré brindando siempre apoyo incondicional… En cuanto a Carlónimo pues…¿Qué te puedo decir? Es una de mis personas favoritas…lo sabes

Hilda: Gracias por tu opinión… Yo coincido contigo, te mando saludos y abrazos y ojala, que puedas pronto escribirnos algo….

Pascual -

Excelente el relato sobre Inés y su inyectadora automática.
Carlónimo, yo espero que la época navideña no te afecte en creatividad. De lo otro, estoy de acuerdo con Hilda, aquí entramos para disfrutar, y espero que muy pronto nos brinde Vero su relato de cómo vivió la experiencia.

Hilda -

Carlónimo, de nuevo mi reconocimiento por tu capacidad de crear escenarios de mucho interés, aunque en esta ocasión no puedo dejar de reconocer la gran iniciativa de Vero. Si me permiten opinar, yo no creo que el escenario que han creado tenga que resolverse a base de moralidad. O sea ¿por qué no alterar un escenario como lo hizo Vero para desencadenar un interesante centro de discusión y de erotismo? A mí en lo personal, aprovechando que Antónimo es una persona de criterio muy amplio, a mí en lo personal me emocionó ver a Carlónimo y a Vero juntos por primera vez en una escena tan erótica, hasta me puse chinita pues lo deseaba desde hace tiempo. Para mí conforman una pareja muy equilibrada sobre todo en lo intelectual, que es lo que mueve a este foro. Una felicitación muy cariñosa para los dos y decirles que cuentan con mi voto de confianza.

Antónimo -

Hola chavas y chavos

¿Cómo ven la Isla de la Fantasía al día de hoy? Yo digo que ya parece la casa del jabonero donde… el que no cae, resbala ¡Qué mandarriazo!
Y la Yazmín Alessandrini, como siempre coludida con Carlónimo, escribe hoy mismo en su reputada columna, bajo el sugerente título: “¿Juegan con tu mente débil?” que “La manipulación, para muchos, es todo un arte”.

Se pregunta la güerita: “¿cómo es posible que esta acción (que en varias ocasiones se presenta como un disfraz de la tan repudiada violencia psicológica) la ejerzan aquéll@s que se supone nos aman y que es a través de este amor que deberían protegernos de daños emocionales tan graves?”

Y aclara que: “Esta interrogante tiene una resolución compleja, pero primigeniamente la manipulación que los seres amados ejercen hacia nosotros tiene un origen básico y éste es el conocimiento que éstos poseen de nosotros. Por eso siempre será el pan y la sal de nuestra cotidianeidad que suframos chantajes de todo tipo y de toda magnitud”.

Luego dice Yazmín que en relación a esos supuestos abusos: “No podemos ser tan dramáticos y ponernos en pie de guerra al menor indicio de que nuestr@ novi@ o espos@ se aprovecha de nuestro corazón de pollo para que acabemos haciendo su santa voluntad”.

Lo anterior se sustenta, dice ella, en que: “Hay de manipulaciones a manipulaciones”. Y, muy conciliadora, concluye: “Así que lo mejor es que sean tolerantes, hombres y mujeres por igual, también sean flexibles y balanceen “unas por otras”

O sea que, según la Yazmín, es mejor que apechuguemos los estrafalarios caprichos manipuladores de nuestra pareja… ¿Qué tanto es tantito? No hagas panchos mi chavo…

¿Cómo ven ustedes esto? Yo pienso que hay que establecer los límites de la manipulación ¿o no? Creo que hay mucho que hablar al respecto y, para iniciar esa charla, qué mejor que contar con la calificada opinión de mi preciosa Vero, como protagonista y psicóloga ¿Qué fue lo qué pasó, mi vida?

Será un simple ejercicio mental pero ya ves que Carlónimo de todo saca provecho. O no dijo un día que:

“La realidad y la ficción son circunstancias que nada aportan al corazón ¿Vivimos cuando soñamos o soñamos cuando vivimos? No lo sé, no estoy seguro y es algo que no me importa. Cuando me vaya todo será plano, recordaré tan solo las veces que mi corazón ha podido saltar de emoción”.

http://www.youtube.com/watch?v=Yam5uK6e-bQ

Carlónimo -

Bueno pues a otra cosa mariposa ¿han oído hablar de los aparatos de inyección impersonal?

Cuando saliero a la venta en medio de una agresiva campaña publicitaria, los anuncios aludían a las desventajas de que se dependiera de otra persona para recibir medicación intramuscular.

Los argumentos en favor del revolucionario instrumento fueron más o menos los siguientes:

- ¿Por qué desnudarse frente a un extraño?
- ¿sabe usted si le aplicarán correctamente la inyección?
- ¿Está seguro de la solvencia moral del aplicante?
- ¡Ya basta de sufrir el ingente dolor!
- Aplíquese las intramusculares usted mismo, sin molestia alguna, con un método científico, en completa privacidad y en la forma más higiénica.

Cuando Inés compró el novedoso utensilio y convenció a su amiga Lulú de estrenarlo, llegó con ella a la recámara y como tenía buena labia rebatió todo argumento en contra, hasta lograr que la excitante mujer se bajara los chones y se acostara.

Pero una vez que le fijó en el glúteo esa especie de cataplasma plástica, la pobre paciente empezó a brincar, a lloriquear y a maldecir su suerte, al grado que Inés se vio obligada a desprender el utensilio de la mullida nalga y a mostrarle el procedimiento con todo detalle.

Mira Lulú, es un sistema modernísimo mediante el cual se cumplen eficientemente las seis fases operativas de la aplicación intramuscular: Masaje inicial; Desinfección; Punción; Suministro del medicamento; Expulsión de la aguja; y Masaje.

La fiel amiga le dio la razón en todo pero a la hora de parar las nalguitas, recibir de nuevo la plantilla, sentir el brusco roce de la banda desinfectante, e imaginar la violenta arremetrida de la aguja, brincó y se puso de pie con el llano artefacto adosado al cachete como nopal.

¡No manches, esa madrola me pone bien nerviosa! Asi que después de varios intentos frustrados en los que la pobre Lulú fracasó, terminó subiéndose los chones y disculpándose se fue a su casa.

Inés trató de probar el aparato con su esposo pero éste, después de prometerle que sí, pretextó que tenía “un chingo de sueño” y se durmió, eso sí, boca arriba para no exponerse a sufrir un pinchazo subrepticio.

De manera que Inés llegó a la triste conclusión de que no le quedaba otra que someterse ella misma a la prueba lo cual, no obstante su fe en la ciencia, le causó un terrible brete tan sólo de pensar en el violento instante que la aguja brotaría como catapulta y le perforara el cachete inmisericordemente, sin que sus gritos o súplicas fueran atendidos.

Guardó el utensilio cerca de tres meses pero llegó el aciago día en que se le presentó la necesidad de inyectarse. “Tragando gordos” o sin saber si “pisaba altos o bajos” desempacó el revolucionario artefacto, cumplió la rutina antiséptica, se liberó del vestido y de las bragas y, plantada frente al espejo observó sus deliciosas nalguitas un tanto acobardadas.

Les aplicó reanimantes palmaditas, se colocó la chuncha, se acostó boca abajo, contó tres veces hasta diez y armándose de valor cerró los ojos, apretó los labios, tensó todo el cuerpo, jaló del gatillo, sintió el firme roce de la banda desinfectante, apretó las nalguitas y sintió un “megachingadazo” que le hizo gritar: ¡Aaaayyyyyy puta madre, me muero!

Maldijo la modernidad y a la abuela del pinche vendedor que le vendió el instrumento, se arrancó la madrola y la tiró al suelo, corrió al espejo y se percató que tenía el puntazo en la cima del glúteo de donde brotaba un grueso torrente de sangre ¡P’a su madre! Y ¿ahora qué hago?

Sin poderse parar la hemorragia, se tiró boca abajo en la cama, se acomodó el paquete entero de algodón en la nalga, llamó al hospital y cuando llegó el médico la encontró casi desmayada con un litro de sangre regado en los glúteos la raja y en la cama.

Pero ¡señora! ¿qué es esto?… No, relájese, póngase boca arriba y quédese quieta. El médico le elevó los pies llevándolos a reposar sobre sus hombros y la mantuvo así con todo el culo alzado hasta que por gravedad le detuvo la tremenda hemorragia.

Después la desnudó, la bañó y se la llevó cargando hasta la cama donde le aplicó torniquetes, pomadas y vendoletes, prodigándose un suculento festín tangible y visual, hasta que la desesperada Inés se fue tranquilizando y terminó abrazada del médico, llorando amargamente en su hombro.

Cuando el celoso marido llegó a casa y sorprendió al excitado facultativo que tenía a su esposa sentada en las piernas muy bien abrazada acariciándole las preciosas nalguitas, exigió una pronta explicación cayendo en la cuenta de que, si bien el doctor había incurrido en cierto abuso, le había salvado la vida a su mujer.

Por esa razón y porque quería demandar a la empresa que producía tan peligrosos artefactos, el molesto marido pidió que el médico testificara los hechos.

Éste, atemorizado y apenado por haber sido sorprendido en flagrancia fajándose a la atractiva y asustada dama, aceptó la encomienda y se fue a los tribunales donde, después de pesadas audiencias se determinó que la víctima debía presentar pruebas.

Así que la deliciosa mujer se puso de pie, alzó su falda, se bajó la panty y le enseñó las torneadas nalguitas al juez quien ordenó tomarle fotos que salieron publicadas en los diarios y aparecieron en horario estelar de la TV.

Fue un caso muy sonado donde la ofendida mujer ganó el juicio, recibió una jugosa indemnización, y finalmente se puso en manos del eficiente médico que le había salvado la vida y que desde ese día se convirtió en su médico de cabecera.

Cada vez que la inyectaba repetían el suculento protocolo consolatorio. Inés reposaba con el culo desnudo en las piernas del eficiente facultativo que la consolaba prodigándole cariñosos besitos y suaves caricias en las piernas y en las nalgas. Se dice que tuvieron experiencias más íntimas, pero eso no me consta.

paspdprpr -

ay Carlonimo!

Carlónimo -

Quiero comentarles que por descuido no ví en su oportunidad la brillante descripción hecha por Vero, de la reciente inyección que le aplicó un singular médico al que caractericé como secreto enamorado de ella.

Bueno, pues ya después vine a enterarme que, de acuerdo con el relato de Vero, ese doctor, bosquejado por mí, es para ella nada menos que Carlónimo, o sea, yo mismo.

Está por demás decirles la tremenda impresión que me causó saber que, de acuerdo con el sentir de la principal protagonista del relato, estoy enamorado de mi cuñada.

Vaya enredo en el que me metieron y que se suma a algunos otros que promovieron, tanto mi hermano Antónimo al decir que yo “ya no me hallo” y que ando “del tingo al tango”, como nuestra amiga Blanca, a quien mi añorada y “misteriosa mujercita” le “da espina”.

Pero como estamos en la Isla de la Fantasía, donde todo puede ocurrir ¿qué puedo decir? Me colgaron los supuestos de que “ando” con mujeres casadas, de que fantaseo pensando en Anna, y ahora, que llevo en el alma el oculto deseo de conquistar nada menos que a mi cuñada.

Después de darle mil vueltas al asunto, he llegado a la conclusión de que al rehuir o ignorar el caso no soluciono nada. Así que ¡lo ponemos en blanco y negro! Los hechos hipotéticos ya están planteados. No creo que ahora, después de hurgar en la trama original finalmente se ofendan.

De tal suerte que, en la siguiente cita el doctor (o sea, Carlónimo) ve llegar a Vero con una espléndida minifalda y siente que el corazón se le sale del pecho. La chica comprueba que sus encantos socavan ¡y en qué forma! la muy frágil resistencia del médico.

En aras de soportar el inminente dolor, decide plegarse al erotismo del momento, así que no sufre al ser informada que recibirá un nuevo refuerzo ferroso por vía intramuscular. Por el contrario, se propone capitalizar el hecho de ser largamente admirada y secretamente deseada.

Esta vez, más que nunca, se “deja querer” y ofrece un rotundo plus que hace temblar al médico. Desabrocha su falda y la deja caer al suelo, después se extrae la microscópica tanga, dobla con cuidado las dos prendas y así, con las lindas nalguitas al aire, se dirige garbosa al camastro donde se acuesta con cierto desparpajo.

Carlónimo, nervioso, con la respiración visiblemente agitada, la observa en silencio. Al ver esas piernas de concurso y esas nalgas redondas, tan forraditas e incitantes, se queda perplejo. Sus ojos destellan, sus labios se estremecen.

Carga resuelto la jeringa, se acerca, palpa sin recato los dos espléndidos cachetes sintiéndolos suaves, tibios, relajados, excitantes y… muy excitados.

Sin prevenir a la chica, avasallado por el “ambiente tenso”, hinca los dedos de su mano izquierda señalando el sitio y el ángulo correctos, inserta incompleta la aguja y empuja el émbolo con la derecha aplicando de jalón la primera carga del medicamento.

La respuesta de Vero no expresa dolor, sino excitación. Con los labios entreabiertos, las manos inquietas, las piernas muy firmes y las pompis respingadas, revela que está conforme, viviendo con intensidad el momento.

El médico inclina la puya y empuja con fuerza para consumar el segundo pinchazo. El pálido glúteo tiembla, se retuerce, pero la chica se controla y se mantiene impávida. Afronta con sobriedad la terrible invasión del líquido, empinando a voluntad las nalgas para alimentar su ardiente morbo y desafiar la menguada resistencia del médico.

Inmóvil, firme, retadora, la preciosa Vero emerge sus nalgas con toda intención. Se sabe deseada y se crece al castigo. Carlónimo escucha los sensuales gemidos de su paciente y los disfruta aminorando el flujo de la sustancia que penetra suavemente. La preciosa chica está sumida en un entorno personal de espléndido erotismo.

A cada avance del émbolo la paciente tiembla, se agita, pero un extraño sentimiento masoquista la mantiene templada y tranquila, convirtiendo el dolor en disfrute, aliado de su sexualidad.

En el tramo más cruel de la aplicación la sustancia fluye violenta, lacerante. Los ojos de Vero se encienden, sus labios se crispan. Eufórica, disfruta el suave estímulo vulvar que Carlónimo le aplica. En vez de horrendos gritos ocurren dulces gemidos, sollozos y claras insinuaciones de aceptación.

La aguja ya está fuera, la inyección ha concluido. Candentes, fugados, inconcientes, los protagonistas levitan en un ardiente juego erótico. Los dedos de él estimulan el sensible clítoris. La mano de ella apresa y talla el suculento pene.

La chica se incorpora y desviste al excitado médico. Sentada en el camastro lo abraza. Los dos, en su delirio, se miran fijamente, se acercan los labios, se besan con ardor y desesperación.

Él se agita, musita tiernas frases, sus inquietas manos hurgan por debajo del fusco cabello hasta posarlas en los espléndidos senos que, al ser retirada la blusa, emergen desnudos, inquietos, suculentos. Carlónimo los besa y los recorre a lengüetazos; muerde los duros pezones.

Vero grita de pasión, Carlónimo ruge de apetencia. Los dos se retuercen, se aprietan y se agasajan.

En un instante estelar se miran entre sí y en silencio coinciden, acuerdan, pactan. Vero se acuesta y separa las piernas. El glande se aproxima a la perlada vulva que lo espera, recorre con suavidad el borde de los labios exteriores, empuja y empieza a penetrar gradualmente, arrebatando a la chica violentos espasmos.

Vero enrosca las piernas apretando por la espalda a su médico; se inicia un suave vaivén que va creciendo en longitud y fuerza, hasta convertirse en franco restriego. Gritan, braman, tiemblan, festejan.

Desquiciados, se aprietan uno al otro, enchufan sus órganos con desesperación hasta llegar a la completa euforia. En medio de fuertes gritos y frenéticos estrujones, estallan sus abundantes y candentes fluidos hasta enjutarse, temblar y permanecer exhaustos, comprimidos, satisfechos, ensimismados.

Firmemente unidos, conectados por el supremo empalme del placer, permanecen en calma. Se observan uno al otro con curiosidad; se acarician, se besan, ponderan su sorpresiva intimidad.

“El ambiente se torna tenso… confortable… Un cúmulo de imágenes pasan por mi mente: El rostro de mi hombre, millares de jeringas hirientes…”

Gil -

Me uno al saludo y espero que el problema se resuelva Vero.

Hilda -

Vero linda, estamos todos contigo, piensa que tus amigos estamos pidiendo por ti y por tu familia.

Carlónimo -

Mis buenos amigos, voy a hacer un receso para solidarizarnos con nuestra entrañable Vero, quien está pasando por un momento difícil. Elevemos a Dios nuestra oración por la salud de sus familiares.

Pascual -

Hostia! Carlónimo, qué pieza tan sensual. Te comento que a mi me encanta este género de relatos candentes y humorísticos que tú cultivas y sabes manejar a la perfección. Bueno, manejas también otros géneros y muy bien; analíticos, de ficción, románticos, etc. Eres un escritor muy inquieto y versátil, ¡te felicito!.

Vero, tu relato sobre “el loco” demuestra que vas adquiriendo madurez, yo te veo cada vez con mayor confianza y dominio de la perspectiva, o sea de la visión de conjunto, de llevar poco a poco el relato hacia una idea o un fin determinado. También te felicito pues te has superado mucho.

Carlónimo -

“la exigente avaricia enfundada en puro deseo y necesidad de atención…”

Preciosa Vero: Con “exigente avaricia” entiendo que te refieres a la selectiva y mesurada forma en que la señora Mariscal comparte su intimidad.

Y la “necesidad de atención” emana en tu planteamiento, de la constante búsqueda de escenarios eróticos.

Nos ofreces en pocas palabras un muy interesante diagnóstico señalando, según entiendo, la afectación o estado patológico de la protagonista.

Pero estoy seguro de que tú identificas también que, más allá de cualquier patología, como dijera San Agustín el más hombre de los santos, “el corazón del hombre jamás se llena… en tanto no descanse en la infinitud de su Creador”

Nuestra búsqueda de emociones pasionales no tiene límite, el disfrute de ellas no nos sacia… ¿Estaremos locos?

Todo depende del punto de observación ¿Recuerdan aquel relato de la bruja que puso un maligno brebaje en el pozo del pueblo, con lo cual toda la gente perdió la razón? Como el rey tenía su propio pozo permaneció cuerdo, pero un día que salió a recorrer su reino sintió sed y bebió en el pozo común, con lo cual enloqueció y todos los súbditos hicieron una gran fiesta porque ¡Nuestro rey ha recuperado la razón!

Y esta situación, encantadora Vero, se refleja en el excelentre relato que nos compartes, donde el humilde loco-cuerdo sin más da rienda suelta a sus impulsos, mientras que la soberbia cuerda-loca censura al “loco maniático” pero disfruta también su fetiche.

¿Se podrá hablar de locura cuando de emociones y sentimientos tratamos?

http://www.youtube.com/watch?v=URU0OgJZwDQ


Gracias Vero y gracias también a Anónimo (a quien doy la bienvenida) y a Pascual, por sus amables comentarios que, como les dije antes, me ofrecen un buen incentivo para continuar.

Pues sí mis amigos, hay más vivencias acerca de la singular señora. No les terminé de contar la historia.

La Señora Mariscal (segunda parte)

Ya en el hospital, la señora Mariscal se registró y la mandaron a sala de espera donde permaneció de pie ya que, por una parte, le contrariaba acudir a sitios públicos que consideraba insalubres y, por otra, después de los pinchazos recibidos no deseaba estar sentada.

Tras una breve espera le pidieron pasar a uno de los consultorios al cual se dirigió con ese elegante y coqueto andar que, aunado a la belleza de sus formas, cautivó y concentró la atención de los caballeros presentes, los cuales admiraban su hermosura.

Quienes estaban más cerca de la puerta del consultorio avivaron los sentidos y percibieron la estimulante puesta del cerrojo, el rutinario recibimiento: “Pase por favor señora, descúbrase las nalgas y acuéstese…”. Disfrutaron también del sensible silencio que revelaba la erótica escena y que se prolongó incitante, haciendo volar la imaginación. Sintieron la aceleración del pulso al oír un súbito alarido: ¡Madre mía, qué dolor! Atendieron el persistente sufrimiento y se encendieron al escuchar la penosa súplica: “Despacio, se lo ruego”.

En ese preciso instante se activó la alarma sísmica: todos salieron corriendo, excepto la pobre señora, cuya frenética enfermera se dio a la fuga dejándola postrada y en completa pompa, sin bragas, con la jeringa incrustada.

A causa de sus nervios y de la terrible dolencia no llegó a entender lo que pasaba y se conservó expectante, hasta que los miembros de la brigada de Protección Civil irrumpieron en el consultorio y se quedaron petrificados al ver tan deliciosas nalgas, esponjadas, blanquísimas, radiantes, sensualmente entregadas y perforadas.

Sin saber qué hacer trataron de pasar inadvertidos pero la atractiva dama al verlos emitió un agudo chillido: ¡¡Qué diablos hacen aquí, con qué derecho se meten, auxilio, socorro…!! Los hombres a su vez le hacían la misma pregunta: Señora perdone usted, pero nos sorprende verla aquí cuando la situación que se vive es de emergencia.

Qué emergencia ni qué ocho cuartos ¡Sálgan ustedes de aquí, degenerados, malnacidos…! No señora, no podemos dejarla pues hay el riesgo de una réplica ¿De una qué…? De una réplica, acaba de ocurrir un sismo y tiene que salir del edificio. Hasta entonces comprendió la dama lo que pasaba; se arrancó la jeringa y corrió casi desnuda hasta la planta baja donde la auxiliaron proporcionándole una bata.

Cuando regresó al apartamento se encontraba adolorida y muy cansada. Pero era una mujer de agallas, así que después de sentenciar que todos eran unos inútiles, tomó una jeringa nueva, la cargó con el pastoso líquido y se encerró en la recámara para inyectarse ella misma.

Me deleité con la puesta del cerrojo, la fricción de la fina tela que se deslizaba a lo largo de tan esculturales formas, el sugerente ruido que produce la presión del cuerpo sobre la cama, el murmullo generado a partir de las drásticas contorsiones corporales con que la preciosa dama intentaba alcanzar y perforarse ella misma el glúteo, el penoso lamento debido a la punción, el excitante golpeteo de las piernas sobre la cama, un breve silencio y un súbito clamor ¡Ay, no, no, noooooooo!

El raudo golpeteo de los pies en el piso, fuertes gritos de dolor ¡Aaayyy, auxilio, es terrible!

Llamé a la puerta: Señora ¿necesita ayuda? Percibí que se acercó quitando de golpe el cerrojo. Abrí la puerta y la miré con el esplendoroso culo al aire dramáticamente agachada masajeándose con desesperación la pierna derecha ¡Un calambre, un espantoso calambre!

De inmediato le pedí que se tirara en el suelo de espalda, le tomé la pierna y jalando la punta del pie presioné la planta. Así la mantuve hasta que el dolor empezó a ceder. Se trata de una técnica que aprendí de los asistentes deportivos en la escuela y que esa vez me dio muy buenos resultados.

Recuperado el control, la señora cerró su bata cubriéndose el espléndido cuerpo, me obsequió una dulce sonrisa y me agradeció la asistencia que le había prestado.

Ya más tranquila se incorporó, permaneció pensativa, tomó una nueva jeringa, la cargó y la puso en mis manos. Luego se acostó boca abajo, alzó el faldón de su bata descubriéndose las espléndidas nalgas que ya me resultaban familiares, se palpó con cuidado las zonas inyectables y me ordenó: Aquí, Carlónimo, del lado izquierdo, justo en este punto donde tengo mi dedo.

Con la respiración acelerada, dirigí y clavé la aguja, la cual resbaló ligera. La preciosa mujer resopló y me animó a continuar. La densa sustancia empezó a correr mansamente flagelando la suave y tibia superficie del glúteo, pero en ese momento sonó el timbre del celular ¡Espera Carlónimo, un momento!

Alóo… ¡Querido Mike! ¿estás bien? Sí, yo extrañándote como siempre. Sí, qué susto llevamos pero ya pasó. Estoy bien, deseándote… ¿Qué? Pues… no, parece mentira pero aún no ¿De verdad? ¡Claro que sí mi amor, te espero! ¿Diez minutos? De acuerdo, nos da tiempo antes de que llegue mi marido ¡Chiao!

Espera Carlónimo hay un cambio de planes, sácame la jeringa. Obediente extraje la aguja y ella se levantó corriendo, tan campante se desvistió completa y se enfundó una muda de ropa interior pequeñísima, de lo más sensual; luego un vestido blanco cortísimo.

Me invitó a salir de la habitación: ¡Anda, tú a lo tuyo, termina de barnizar las puertas! Tiró la jeringa a la basura y corrió a abrir. Cuando vio a Mike se lanzó a sus brazos, él la cargó y se la llevó en vilo a la recámara, corrió el cerrojo y le dijo: Estás hecha un bombón, aquí tengo ya la jeringa, deja que te desvista.

A cada deslizamiento de ropa, ella suspiraba y él resoplaba. Percibí que se tiraron los dos en la cama, retozaron, gruñeron, se besaron con desesperación.

La resonancia de los eróticos susurros se elevó drásticamente ¡Qué delicia, mi vida, toda… métemela toda!

El persistente y acompasado jadeo fue creciendo hasta convertirse en desaforado alarido: ¡Qué delicia, te amo, me encantas… Más, más, más…!

Un vasto espacio de fuertes clamores y súbitos espasmos. La agitada respiración, el frenético forcejeo.

Percibí una paulatina vuelta al diálogo: No me la saques cariño, espera, quiero seguirla sintiendo en mi vagina… Qué rico, gracias, me fascinas…

Poco a poco se fueron serenando hasta quedar en completo silencio.

Media hora después percibí un súbito brinco acompañado de fuertes clamores y voces: Levántate Mike que ya es muy tarde, está por llegar mi marido ¡Corre!

Sin camisa, apenas enfundándose los pantalones sobre la marcha, el espantado Mike salió con rostro desencajado y después de atisbar por el ojillo de la puerta, la abrió y se escabulló por la escalera de emergencia.

La señora Mariscal salió de su recámara muy sonriente, pasó frente de mí sin importarle su completa desnudez, depositó la jeringa en el basurero y entró al baño desenfadada, tarareando una dulce melodía.

Verónica -

Carlónimo: Gracias por el relato de la señora mariscal…me encantó la exigente avaricia enfundada en puro deseo y necesidad de atención…un abrazo…


El loco
Heme aquí solo, despreciado, miserable. No entiendo porqué el mundo afirma que estoy loco. Siempre he sido una persona muy centrada y dedicada, tan coherente, cuerda, letrada…
Aunque vivía solo, nunca me faltaron los amigos, tenía poco tiempo libre a causa de mi trabajo, el cual empleaba en el amor a la música y los libros…

Me es imposible describir y explicar la manera en que aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día… Me carcomía el ser… Se apoderó de mí por completo, manejó mis movimientos…

Resulta que, un día de aquellos, tuve un achaque en mi salud, lo cual siempre ha sido raro en mí, por lo tanto, y, preocupado por alguna complicación futura, decidí asistir al médico a una revisión general.
En la sala de espera, no había recepcionista, de manera que, la gente comenzó a invadir el lugar, minimizando el espacio. La gente ocupó todos los asientos, e incluso había varias personas de pie.

El consultorio del doctor se encontraba cerrado, con una pieza de madera colgada en el picaporte, que rezaba: “Ocupado”. A falta de recepcionista, nadie sabía si de verdad se encontraba ocupado. Quizá esperábamos en vano… Sin embargo, nadie se atrevió a intentar golpear la puerta por más de media hora.

Hasta que, una señora de talla grande, que, seguro llevaba prisa, no resistió la tentación de levantarse, y caminar hacia la puerta… Todos la mirábamos con interés y morbo… Primero comenzó a dar golpes leves, después los intensificó, y al no obtener respuesta, decidió abrir la puerta de par en par…

La escena que vi, no se borró de mi mente, en los días próximos: Una deslumbrante rubia, tendida en la camilla de exploración, con las nalguitas relucientes, blanquísimas, suaves, de tamaño mediano, pero perfectamente proporcionadas. La izquierda estaba siendo perforada por una enorme jeringa con un líquido a medias, entrando en el músculo. La chica apretaba los puños con fuerza, luchaba contra el dolor que tal artefacto le producía, evitando a toda costa las lágrimas y otras muestras de debilidad. Al notar la puerta abierta, levantó el rostro asustada, y comenzó a ruborizarse. Una lágrima rodó por sus mejillas, el médico, dejó la jeringa clavada, y caminó enojado hacia la puerta, ordenando a la señora, cerrarla, y esperar su turno. De inmediato, la puerta se cerró ante mi indignación…

Quedé paralizado por varios minutos, reviviendo esa preciosa imagen. Salí de mi trance, cuando Salió la linda chica, cojeaba, pero caminó a paso veloz, sabiendo que todas las personas presentes habían visto sus encantos. No pude evitar apreciar lo preciosa que era…
Entonces, involuntariamente, me levanté de mi asiento, y lentamente caminé hacia la puerta, mi cuerpo temblaba, mi rostro sudaba. Vi a la chica en el estacionamiento subiendo a su auto, y decidí seguirla en mi vehículo, con una cautela, que me hacía inocente ante toda sospecha. ¿Quién diría que no tenia reparo en verme a través de los ojos de otro en el que me había convertido?... Que una fuerza extraña se apoderó de mí…
Cuando se detuvo en una casa de la colonia Santa Mónica, estacionó su auto, y tambaleándose abrió la puerta, entrando a paso apresurado, me estacioné a distancia decente, y me quedé otro rato sin reaccionar.

Me dediqué a espiar la zona… Decidí seguir mi camino hacia casa, mis pensamientos no tenían cabida para otra cosa que la linda mujer de cabellos dorados e impresionantes nalguitas…

La gente que me rodea, me toma por loco. Pero los locos no tienen conocimientos, están encerrados en un mundo aparte. En cambio... Si la gente que me juzga hubiera podido verme, observar y analizar la habilidad con la que procedí, el cuidado y la delicadeza que dediqué… Las horas de vela y arduos planes, la previsión, el disimulo con el que puse manos a la obra, podrían comprenderme…

Todas las noches, exactamente a las doce, salía de mi casa, e iba directo a la casa de la bella mujer… Espiaba por su ventana hasta que se dormía, entonces, trepaba por una pequeña escalera, e irrumpía en su hogar… Entonces, hacía girar el picaporte de su puerta y la abría... tan sutilmente

Y entonces, cuando la puerta estaba parcialmente abierta, pasaba con lentitud y sumo cuidado la cabeza, usaba una pequeña linterna con un halo de luz tan leve, que ni el ojo humano más potente, habría podido percatarse de ella. Mis movimientos eran tan lentos y astutos, propios de una persona que se encuentra en sus cabales…. Entonces, la veía durmiendo plácidamente, quizá soñando, no me atrevía a mover ni un solo músculo, y aprendí a contener la respiración a fin de no perturbar el sueño de la mujer. Me llevaba una hora entera introducir completamente la cabeza por la abertura de la puerta. Y me quedaba mirándola por más de dos horas…Y esto lo hice durante siete largas noches... cada noche, a las doce... pero siempre encontré su cuerpo tapado, y por eso me era imposible cumplir mi obra.

Por las mañanas, apenas iniciado el día, cumplía mis labores habituales, mecánicamente, sin darme cuenta de las cosas que hacía, ya que mis pensamientos permanecían siempre en aquellas nalgas. Solía encerrarme horas en mi oficina o en mi habitación, a preparar jeringas, e instruirme acerca de las aplicaciones de las mismas, y entonces, una sensación de loca ansiedad y deseo, recorrían mi cuerpo, cual hormigueo incomodo pero encantador….

Al llegar la octava noche, procedí con mayor prudencia que de costumbre al abrir la puerta. Las horas que marcaba mi reloj, se movían con mayor rapidez de lo que se movían mis manos. Jamás, antes de aquella noche, había sentido el alcance de mis facultades, mi absoluto potencial, de mi sagacidad, aunque mi cuerpo temblaba incontrolablemente, nunca temí hacer algún ruido fuera de lugar. Apenas lograba contener la sonrisa interna, la sensación de triunfo. Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que ella ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos… Me reí quedamente ante esta idea, y quizá me oyó, porque la sentí moverse repentinamente en la cama, como si se sobresaltara. Ustedes pensarán que me eché hacia atrás... pero no. Su cuarto estaba tan negro como la noche, ya que la chica cerraba completamente las persianas; yo sabía que le era imposible distinguir la abertura de la puerta, y seguí empujando suavemente.
Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando la chica se quitó la sábana de encima, debido al inminente calor, y al ver su cuerpo, recostado boca abajo, enfundado en una leve panti, mi corazón se aceleró, y solté un suspiro quedo… Parece que fue más perceptible de lo que pude concebir, ya que la mujer se enderezó en el lecho, diciendo: ¿Quién está ahí?
Permanecí inmóvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no moví un solo músculo, y en todo ese tiempo no oí que volviera a acostarse en la cama. Seguía sentada, escuchando... tal como yo lo había hecho, noche tras noche.
Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví prender mi lamparita… Así lo hice con un inmenso cuidado, hasta que el fino rayo de luz brotó y cayó de lleno sobre sus preciosas nalguitas, coronadas por un calzoncito mínimo.
Sin embargo, me contuve todavía algunos minutos y permanecí inmóvil. ¡Pero las sensualísimas nalguitas se movían de una manera tan deliciosa, cada vez mas deliciosa. Me parecía que mi corazón iba a estallar, entonces me precipité en la habitación, jeringa en mano, mientras la chica ahogaba un grito de terror, la inmovilicé, le bajé los calzoncillos, y me dispuse a aplicarle una inyección, la más dolorosa que encontré. La linterna me ayudó a encontrar el punto exacto, hasta que, dejó de resistirse al forcejeo por miedo a ser lastimada, gritaba -¡Suéltame, maldito loco maniático, te refundiré en la cárcel!... No me importó, segui apretando el émbolo hasta que, la jeringa quedó vacía, y saque la segunda… Para aplicarle esa (aun más dolorosa que la anterior), retiré por completo su ropa interior, y sin desinfectar el área, clave el punzante objeto de un solo movimiento, ocasionándole un grito desgarrador… introduje lentamente el líquido hasta que, la jeringa quedó vacía, y sin sacarla aún de su piel, comencé a acariciarle generosamente sus nalgas, y sus hermosos muslos que tantas noches en vela me habían hecho pasar… hasta que, sentí la necesidad de abandonar el lugar, y retiré la jeringa… besándole el sitio de inyección. La chica estaba inmóvil, no supe si se había desmayado, así que presa del miedo, y del arrepentimiento, corrí hacia la ventana, y al bajar por la pequeña escalera, fui sorprendido por varios de sus vecinos que escucharon los gritos…
Ahora la policía, los compañeros y amigos… el mundo… me creen “loco”….

Pascual -

Bravo Carlónimo!! buenisisimo y muy sensual, 3 pinchazos y nada de inyección. Los espacios de silencio tan “sugerentes…” me encantaron y la sensualidad de la señora mariscal muy excitante. Continúa por favor, ¿tuviste alguna experiencia personal con ella? Cuenta.

Anónimo -

Muy bueno el de "La Señora Mariscal". ¿Hay mas vivencias de esta señora?

Verónica -

Cuando entré al consultorio del doctor, no pude evitar sentir nerviosismo, pero traté de apaciguarlo mentalmente, tomando una actitud relajada y segura. La razón de mi sentir descompuesto, se debió a dos razones: La primera, y más valida, es porque temí que se determine necesario aplicar mas refuerzos de tan dolorosa sustancia, y la segunda es, naturalmente, que no pude evitar pensar en las miradas indescifrables del sensualísimo doctor que me atiende, y se interesa tanto en mi caso…

Me siento en una sillita frente a su escritorio, esperando la respuesta, que parece tardar una eternidad, mientras el doctor revisa las pruebas, y con un nudo en la garganta, escucho la decisión de Carlónimo, que muy serio en su papel, determina: Es necesario e importante aplicar el refuerzo… Y deberás esforzarte por terminar el tratamiento
El corazón me dio un vuelco… Un cúmulo de imágenes pasan por mi mente: El rostro de mi hombre, millares de jeringas hirientes con sus respectivas sustancias, el dolor que implicará recuperar mi salud, y la satisfacción y deseo de estar bien, entre otras cosas… Sin embargo, no atino a reaccionar de inmediato, sonrío mientras el doctor me pide que pase a la camilla, y me prepare… Logro levantarme de la silla, y caminar hacia la pequeña cama, y sin titubear, desabrocho mi pantalón, y lo bajo por completo. Llevo una tanga tan minúscula, que no creo pertinente bajarla.

Con cierta dificultad, me subo a la camilla, y trato de relajarme. Finjo discreción ante la preparación de la jeringa, pero no puedo evitar mirar de reojo con asombro, y descubrir el instrumento punzante que está a punto de rasgar mi piel, lo veo más grande que nunca, y eso hace que mi corazón comience a acelerarse…

El doctor camina hacia mí, mientras coloca el instrumento ya listo sobre un plato, me acomoda las piernas, me toma de la cadera tratando de ponerme en el ángulo más conveniente posible, hace descender mi pantalón aun más, y con cuidado, retira mi tanga, sus movimientos son tan sutiles, invitándome a una relajación prometedora que no puedo concebir… Me avergüenza estar ante él, al desnudo, y por instinto, trato de juntar mis piernas causándole al doctor la necesidad de reconfortarme, así que comienza a frotarme las nalgas lentamente, y comienzo a aflojar el cuerpo.

Me aplica un anestésico ligero, imperceptible, pero el ambiente se torna tenso…
confortable… de manera que decido romper el silencio, y llamar a mi chico que se presenta de inmediato, y sin reparar en las miradas del médico, comienza a acariciarme las nalgas frenéticamente…. Me dejo querer y cierro los ojos sintiendo las caricias de mi hombre, cuando de pronto, siento el horrible pinchazo que me paraliza.

Tony me acaricia la parte baja de la espalda, mis brazos tratan de alcanzar los suyos, y los sujeto fuertemente mientras la jeringa cambia su dirección, y entra a profundidad, no puedo evitar pellizcar los bracitos de Tony, y un grito espontaneo sale de mi garganta… Pero lo peor se avecina… sin tiempo de reaccionar, noto la sensación de miles de vidrios clavados en mi piel, y el dolor va aumentando gradualmente, hasta sentir que me quemo…. Entonces, trato de librarme de semejante suplicio, pataleando y llorando, pero eso no sirve de nada, pues ambos hombres me sujetan con fuerza, cuidando que no se rompa la jeringa…

El dolor llega al punto de ser tan insoportable, que me acostumbro a él, mi cuerpo tiembla, y deja de reaccionar, y mis ojos empapados de lagrimas, comienzan a cerrarse lentamente, solo reacciono de vez en vez cuando siento las manitas de Tony en mi rostro, el algodón impregnado en alcohol.

Descubro que el máximo dolor perceptible, que mi cuerpo tembloroso había comenzado a acatar, es algo mínimo, pues de pronto comienza a duplicarse, y entonces siento que se me detiene el corazón. Las lágrimas siguen fluyendo, tengo la esperanza de que Tony ordene que se termine, pero lejos de hacerlo, me sujeta con fuerza….
Entonces, sin atinar a controlar mis movimientos y mis palabras, finalmente, siento como la jeringa se va retirando lentamente, la piel de mi nalga se adhiere a ella, hasta que al fin, sale por completo. Mis ojos se van cerrando, y siento el masaje final, tan doloroso como la aplicación. Tony me lleva en sus brazos hasta nuestro vehículo, y de ahí a casa… “Quiero dormir” (alcanzo a susurrar)….

“Que dormir, ni que ocho cuartos- dice Tony- Ahora me respondes cabrona, me dejaste bien cachondo”. Por supuesto bromea, y me deja descansar, me desnuda y me masajea el cuerpo completo, enfocándose en las nalgas…

Verónica -

Carlónimo…. Primero que nada, quiero agradecerte de corazón, lo que muy pocas veces hemos tomado en cuenta, tus fieles lectores: Tu esfuerzo y afán de complacernos, sin reparar en las innumerables veces en que casi te exigimos nuevos relatos, y realmente, es difícil invertir gran parte de tu tiempo en nosotros… Todos estamos de acuerdo en tu elección del relato de portada… se acopla perfectamente a la finalidad….

Tu relato es maravilloso…. Plasmas la realidad como es, y me hiciste sostener la respiración en cada tramo… describo más adelante la forma en que lo vivi… Y el de “mas alla del silencio”, me impresiono bastante… es la vívida representación de despedirte de la inocencia, para entrar a otra etapa, donde das rienda suelta a tus emociones, pensamientos, sentimientos… sin importar o entender lo que está sucediendo….simplemente lo dejas ser… Majestuoso!!!

Antónimo… No pude evitar soltar una carcajada con tu descripción de las nuevas distracciones y pasatiempos de la Doña… y es que a esta mujer, nada se le escapa… Ni su marido se salvo de ser “secuestrado” en la escoba… Ya encontraremos la forma de hacerla volver a México… Amor, gracias por ser como eres, por el viaje, y por hacerme sentir viva y feliz cada día y cada momento… Recuerda que de vez en cuando, tu también necesitas vitamínicos… ¿Apoco no te sientes con más energía, precioso?... Así que dejas de hacer berrinches, y te aguantas como los machos

Carlónimo -

Muchas gracias, Hilda y Pascual por sus atentos comentarios que me animan a seguir escribiendo.

La Señora Mariscal

Habiéndome remontado a vivencias lejanas, recordé el caso de una preciosa señora en fase otoñal, rebosante de belleza y erotismo, que vivía muy cerca de mi casa y ocasionalmente me pedía que la ayudara, ya sea a pintar el plafón, colocar una lámpara, o cualquier otra cosa que se le dificultara.

Estando un día en su casa barnizándole algunas puertas, la ví tomar el teléfono y solicitar en la farmacia que pasaran a inyectarla. Tenía una voz muy potente y era tan desinhibida que no le importó enterarme de los pormenores: Que la aplicación debe ser “intramuscular, profunda, con aguja larga” y que “es muy dolorosa”.

No habiendo obtenido respuesta favorable, llamó a otras dos farmacias informando los detalles y diciendo que quería una persona formal, experimentada, no tan joven, de mucha confianza, que le tuviera paciencia y buena mano para no lastimarla, porque… “ya me ha ocurrido que me mandan principiantes que sólo me cachondean, me ponen nerviosa, me hacen enojar y me dejan terribles hematomas…”

Su nada discreta perorata me tenía desconcentrado, no acertaba a ligar dos brochazos y sólo me ocupaba en contemplar su atractivo cuerpo: Era alta, corpulenta, de piel muy tersa y blanca, cabello castaño claro, espléndidas piernas, busto prominente y... nalgas encantadoras. El ajustado pantalón se le retacaba exaltando unos curvados y prominentes glúteos que no estaban lejos de reventar la tela, haciéndome suspirar e imaginar las más sensuales escenas.

Por fin, después de un rato llegó el esperado enfermero, un hombre maduro de aspecto profesional y buena presencia que escuchando las mil recomendaciones que le hacía la severa paciente, se ocupó de lo suyo: desempacó la jeringa, la cargó cuidadosamente con un líquido espeso y parduzco, extrajo las burbujitas, empapó el hisopo y se quedó mirando a la señora indicándole que estaba listo para inyectarla.

Sin dejar de hacerle recomendaciones, la atractiva mujer abrió la puerta de su recámara y entró contoneando el espléndido trasero, esperó a que el hombre pasara y cerró la puerta con seguro.

Me quedé impactado imaginando lo que pasaba adentro. Sólo percibí una breve conversación, seguida de un sugerente y prolongado silencio vulnerado por agudo grito: ¡Ingrato, me lastimas!; sentidos lamentos; nuevos gritos: “Despacio, despacio”; y una última protesta: ¡Ya basta, sácame la jeringa… que la saques, sácala!”.

Instantes después se abrió la puerta y salió la señora Mariscal despeinada, furiosa, acomodándose los pantalones. La seguía el vapuleado enfermero quien se dirigió a la puerta y se marchó dejando en manos de su insatisfecha paciente la jeringa prácticamente intacta.

La señora arrojó el instrumento a la basura, se aventó boca abajo en el sofá y descargó toda su furia gritando y golpeando el descansabrazos con ambos puños, hasta quedar exhausta. No dejé de admirar sus espléndidas nalgas que se retorcían al interior de la constreñida tela.

Ya más tranquila me preguntó: ¿cómo vas con la puerta? Mientras le explicaba sonó su celular: Sí… diga; ¡Mike… eres tú mi vida! ¿cómo estás?; Pues sí, bandido, me dejas solita y no sé qué hacer; claro, ya vino un inútil paramédico que sólo me lastimó; No, no me han inyectado todavía; Bueno… ¿puedes?; ¡mmmmm! será un placer recibirla de tus manos; te espero mi amor, sí aquí estoy; sí, gracias mi vida; Cuenta con el premio.

Quince minutos después llamaron a la puerta y la señora Mariscal salió corriendo de su recámara; portaba un vestido corto muy bien entalladito, en color negro jaspeado. Abrió y confirmando la llegada de su amante, un hombre atractivo más joven que ella, se colgó de su cuello y el vestido se le subió dejando descubierta la totalidad de los robustos muslos.

Sentados en el sofá estuvieron conversando por un rato hasta que llegó el empleado de la farmacia para entregar el pedido que hicieran de una nueva jeringa y del medicamento.

Con la provisión en mano se encerraron los dos en la recámara. De nuevo percibí la puesta del seguro, una somera conversación: ¡disfruta y házme gozar de tu presencia, cariño! El estimulante silencio que me hizo imaginar las más eróticas escenas; un puntual gritito producto del pínchazo: ¡Ups, mi vida, me duele! Los nerviosos ruegos: ¡despacito, te lo ruego encanto!

Se oyó también el timbre del celular y la consecuente petición ¡Espera, amor, permíteme contestar! “Aló, sí diga… que viene ¿quién? ¡ay no jodas! ¿mi marido? Gracias” Súbitos gritos ¡sácamela rápido Mike, métete debajo de la cama! Carreras, la puerta que se abre y veo salir despavorida a la Señora con la falda subida y la panty bajada ¡qué culito más excitante!

Se mete corriendo al baño y en ese preciso instante aparece el Señor Mariscal saludándome afectuoso: ¡Hola Carlónimo! ¿le estás ayudando a mi mujer? Pues sí, a barnizar unas puertas, ya llevo dos y me falta una. Conversamos tranquilamente hasta que se acerca la señora enfundada en una delgada bata ¡Mi amor, qué sorpresa, llegaste temprano del trabajo!

Entran los dos a la recámara.

¿Y esta jeringa? ¡Ah… sí… mi vida! Es que… es que… quiero que tú me inyectes ¿sabes? te estaba esperando, no te preocupes, yo te digo dónde me la pones.

Cierran la puerta con seguro. Escucho la íntima conversación: Es muy fácil mi vida. Mira, me acuesto boca abajo, tú me descubres las nalgas ¡Más, bájamela toda! Mira, aquí, en este sitio me pinchas, acércate cariño, tiéntame el culo. Justo aquí donde empujas y se forma un hoyito ¡toca!

Me clavas de golpe la aguja toda entera y me empujas el émbolo suavemente, sin lastimarme ¡Cómo lo deseo de tus manos, guapo!

A ver, preciosa, va el piquete. Uno… dos… tres…

¡Ay, no jodas! Me duele, cariño, me duele demasiado. Bueno, aprieta despacito el émbolo, por favor despacito ¿Cómo que no corre? Apriétalo fuerte, a ver déjame ver ¡Ah chingá…! Ya se tapó la aguja. Vuélvelo a intentar ¿Cómo que no avanza?

Bueno… sácamela.

Dos minutos después, se abre la puerta y sale el marido diciendo: “En la noche te la pongo cariño” La señora camina detrás de él cojeando y lleva en su mano la jeringa de nuevo intacta. Va y la tira a la basura.

Entra a la cocina ¿Gustas un café, mi vida? No, mi amor, sólo vine porque olvidé unos documentos que necesito urgentemente, ya me vuelvo a la oficina. Toma su portafolios, besa los labios de su mujer y sale presuroso de casa.

La señora Mariscal se tira de nuevo en el sofá y exclama satisfecha: ¡Por un pelito…!

Se incorpora y entra a la habitación ¡Sal amor, ya se fue mi marido! El amante aparece rodando por debajo de la cama, extremadamente pálido. Se incorpora y exclama: ¡Estoy muy tenso, me siento mal! Aprieta el paso y sale de la casa diciendo: Luego te llamo, encanto.

La señora Mariscal permanece inmóvil, se tienta las nalgas y su rostro proyecta una aguda mueca de dolor. Va a su habitación y se encierra.

Cinco minutos después aparece ya vestida diciendo: Ahora vuelvo Carlónimo, voy a la clínica a inyectarme.

http://www.youtube.com/watch?v=m-xcj9u2r1A

Hilda -

De nuevo la ternura Carlónimo, qué relato tan bello, digno complemento del anterior acerca de Silvia. Me encantaron los dos ¿Quién no tiene recuerdos de una primera experiencia amorosa que bien se puede remontar a la infancia? Cada vez que te inspiras y escribes acerca de momentos que llevas en tu corazón, nos transmites tus profundos sentimientos.

El relato de Antónimo mug gracioso, como siempre con ese humor tan fino y tan espontáneo. Gracias amiguito, sólo falta la retroalimentación de Vero.

Bueno y hablando de Eulogia, en concreto cuándo va a regresar? Ya se le extraña.

Pascual -

Excelentes los últimos dos relatos, Bravo Carlónimo y Antónimo. Lo que siento es que no estén en la nueva página donde deben estar. Espero que ya muy pronto se de el cambio. Continúa Carlónimo compartiéndonos tu pasmosa creatividad. Te mando un fuerte abrazo.

Antónimo -

Hola chavas y chavos

¿Cómo van con el halloween? Yo pienso que este año le falta emoción, pues ya ven que Eulogia anda lejos, aterrorizando a los italianos.

Ayer leí en el periódico que ya son varias las víctimas que ha cobrado la misteriosa bruja otoñal que según se dice opera frente a la Fuente de Trevi, en Roma. O sea que cuando el incauto llega, cierra los ojos y lanza la monedita al agua, aparece la despampanante mujerona con tamañas chichotas ¡Ganaste, mi rey!

¿Cómo? ¿cuál? ¿yo? ¿perdón? Y aprovechando el desconcierto ¡Papas! Se lo monta en la escoba y mientras el chavo se queda lelo mirándole los chamorrotes bien pelones, la bruja pisa el acelerador haciendo que la escoba respingue y vuele a todo lo que da, cruce el cielo como bala y llegue a la lúgubre guarida donde resuenan las estruendosas risotadas ¡Ya te chingastes…! (SIC, Así dice ella).

Choninos abajo, desinfección sumaria y ¡rájale! Tamaño jeringón que perfora el menguado cachete que de puro terror se enjuta como pellejo reseco ¡Nooo… Per favore signorina!
Fa davvero male!! Sacala, sacala!! Qué sacala ni qué la chin… te aguantas m’hijo. Además te hace bien, es para prevenir la influenza.

No, si anda gruesa la Eulogia. Ya hasta le pusieron precio a su jeringa. “Un sacco di soldi” a quien entregue a la terrorífica bruja, pero no hay quién se atreva a intentarlo.

Además, dicen que una vez inyectados, cuando los chavos se percatan de los encantos personales de la verdugo, no dejan de plegarse para conseguir sus favores: Sei molto bella! Mi piace el tuo culo! Mi tocco la tette!

Así que terminan en romance con ella, ya ven que son bien calenturientos los italianos. Hasta dicen que ya no la van a dejar salir de su país y que la van a declarar “monumento nacional”. Tenemos que recuperar a Eulogia a toda costa.

Cambiando de tema, ayer regresamos mi Vero y yo de nuestra deliciosa luna de miel en Los Cabos, sólo interrumpida por la pavorosa intramuscular que le aplicaron en su culito, de la que Carlónmo ya les refirió los pormenores.

Les diré que mi piernudita estuvo de lo más explosiva y coqueta durante todo el viaje. Yo no sé qué pasa pero cada vez que le aplican esos refuerzos tan dolorosos al otro día ya no la controlo, pasa del sosiego a una euforia tan galopante que tengo que andar a las vivas y además me deja exhausto.

A los minúsculos bikinis y las rabonas falditas que usa, agréguenles la gracia con que camina, las poses tan eróticas que adopta, sus sensualísimas expresiones, el tono tan atrayente de su voz. Tengo que seguirla por todas partes y hacerme presente cada vez que la abordan. O sea que, en concreto, me la paso espantándole las moscas.

Y luego, con ese cuerpazo, el garbo costeño y su temperamento tan candente, me la mantiene firme todo el día. Y… Que “vente mi Tony”; que “vamos a la sombrita”; que “apágame este fuego”; que “dame más vitamina”. Ya no veo la mía, por más que me procuro con buenos mariscos ¡Zas, zas, zas! Tengo que producir cantidades industriales…

Está desatada mi Vero y me exige respuesta inmediata. El otro día, como ya no ligué el séptimo “al hilo”, me la sentenció y me la cumplió aplicándome un tratamiento de doce intramusculares justamente de B-12. Ya no podía con tanto pinchazo; de día y de noche me agarraba: ¡Antónimo, para que te ponga tu inyección! Y ¡papas!

¿Cómo la ven mis chavos, ustedes qué harían? Yo estoy bien preocupado.

Carlónimo -

“Más allá del silencio”

Esa etapa en que jugamos a que me inyectaba fue tal vez el despertar de nuestra sexualidad.

Casi por cumplir once años Silvia se fue a vivir a Guadalajara. La extrañé muchísimo pero regresó dos años después y seguimos siendo amigos. Estaba preciosa: esbelta, mullidita, interesante, con unos ojazos encantadores. También la veía más seria, silenciosa, un tanto reservada.

Cerca del cumpleaños trece yo tenía para regalarle un hermoso juego de pasadores para el cabello; eran dos mariposas anaranjadas, réplica de la “Monarca” que habita el Santuario de Michoacán.

Aquella tarde la esperé y cuando salió de su apartamento la intercepté en la escalera. Le dije: va a ser tu cumpleaños Silvia y quiero darte este regalo. Me miró cariñosa, se le encendieron sus ojitos, me dio un beso en los labios y acordamos vernos a las cinco en mi casa.

Llegó puntual, yo estaba viendo un programa de televisión. Me dijo: No, esposo (así me seguía diciendo en confianza) apaga eso. Me propuso, en cambio, jugar ajedrez. Acostumbrado a que ella decidiera me plegué a complacerla.

A mi madre le encantaba vernos juntos pues Silvia sabía manejar y vender su imagen magistralmente; pasaba por ser la niña más formal y juiciosa del mundo. Estuvimos enfrascados dos horas en la sesuda competición, siendo tal la armonía y el gusto con que nos aplicamos, que mi madre no tuvo empacho en decirnos: Ahora vuelvo, voy al supermercado, sigan jugando.

Una vez solos, Silvia interrumpió la partida y me pidió un vaso de limonada. Dio un sorbito y me miró coqueta, luego me acercó el vaso a los labios. Lo estuvimos compartiendo, nos miramos con inquietud y complicidad. La ví muy bonita y le dije: “Me gustas mucho, Silvia”.

Ella asintió; después preguntó: ¿Quieres aprender algo nuevo? Ratifiqué sin decir palabra. Se me acercó despacito, nos abrazamos instintivamente. Fue un momento decisivo en mi vida sexual; aprendí que el deseo no previene sino fluye como rayo fulminante.

Cuando advertí estaba tendido en el sofá con el pantalón y la trusa retraídos. Silvia me acariciaba y me hacía crecer el pito. Con aire de suficiencia me preguntó: ¿Ya sabes que esta parte del cuerpo te crece y se te para?

No le respondí, lo que menos me interesó fue debatir. Silvia empezó a tallar mi perinola a manotazo limpio, como se baten las fichas del dominó sobre la mesa. Me hacía sentir algo nuevo y turbulento cuyos efectos no podía predecir en aquel momento.

Al ver que mi pene ya estaba tieso se incorporó, alzó con toda naturalidad su vestido y se bajó las bragas. Por primera vez admiré sus preciosas nalguitas y le pregunté: ¿me dejas inyectarte?. Ella contestó: imagínalo, esposo. Lo que haremos te va a gustar más.

Sujetándose el vuelo del vestido en la cintura se tiró en el sofá tendida con las nalguitas de costado. Mi corazón dio un brinco al ver sus cachetes desnudos, mayores de lo que pensé, dispuestos en esa posición tan atrevida. Los oídos se me taparon, permanecí muy quieto, fascinado de percibir esas cachas tan frescas, sonrosadas y apetecibles.

No aguanté la tentación de acariciarlas. Silvia se estremeció y gimoteó dulcemente. Como una eficaz instructora me jaló del brazo y ordenó puntual: ¡Acuéstate tras de mí y tállame tu cosita crecida en las nalgas! Yo sin chistar le obedecí.

El contacto con su cuerpo fue una experiencia suprema y desconcertante que jamás había imaginado: De un lado, la fuerza del universo se me concentró en el pubis y en los testículos, el placer era inmenso. Y del otro, ví con sorpresa que la otrora dominante Silvia, con aire sumiso sujetaba su vestido, paraba las nalguitas y disfrutaba dejándome la iniciativa.
Dejó que la apretara, le acariciara el incipiente busto y el vientre, le hiciera lo que me viniere en gana. La acaricié por todos lados y le piqué el ombligo con mis dedos, lo cual fue como una señal de supremacía y de dominio. Sólo cuando mi pene talló muy de cerca su zona rectal me dijo con voz implorante: ¡No vayas a meterme tu pichita en la cola, porque me embarazas!

Yo no sabía de qué me hablaba pero aflojé la fricción y le seguí tallando su colita hasta que una gratísima erupción nos hizo sublimar el gozo.

Ya terminaste esposo, me hiciste el amor completamente; ya soy tuya y tú serás siempre mío. Sus gratas palabras me impresionaron y me alentaron.

Me quedé pensativo mirándola con ternura. El cuasi infantil vestidito replegado, la panty sensualmente enroscada en las piernas, las nalguitas desnudas, expuestas, mi pene adosado en ellas, su tierna sonrisa, el pastoso medallón de esperma que le abrillantaba los glúteos. Aprendí que el amor allana cualquier actitud y que hace a las personas abrirse como ostras.

Aquel momento fue tan profundo que nos marcó para siempre.
Seguimos rutas distintas pero hoy nos reencontramos. Más allá del silencio, seguimos siendo cómplices: imaginamos y recreamos.

http://www.youtube.com/watch?v=nJvBUANiDhY

Hilda -

Perdón Fer se me olvidaba, que el relato sea la Isla de la Fantasía como escogió Carlónimo.

Hilda -

Pero la letra mas grande por favor Fer. Muy lindo relato Carlónimo, comenta Vero, sentiste el amor del doctor? Cuenta amiguita.

Fer -

me encanta este torrente de creatividad erótica. Prometo que en cuanto tenga un poco más de tiempo uno de los relatos irá en la cabecera de un nuevo y largo hilo de comentarios y relatos.

fdf -

ererererere

Carlónimo -

No podría explicar lo que me pasa o cómo se han dado las cosas, es como si poco a poco esa preciosa chica se me hubiera metido en el alma. No ha sido amor a primera vista sino una especie de fascinación prorrogada en torno a los detalles que circundan a tan agraciada personita.

Es delgada, de tez blanca, cuerpo armonioso, piernas inquietantes. El fusco y luengo cabello me estremece y me desata una velada apetencia en torno al respingado busto sobre el que descansa.

La tierna expresión de su rostro me fascina: Esa tenue sonrisa, la profunda mirada que me traspasa, el subrepticio mensaje que parece emitir y que me estremece.

Ha venido varias veces a esta clínica y el motivo de su visita me sobrecoge. La veo llegar sonriente, muy segura de sí misma, positiva, muy amable. La hago pasar a mi consultorio donde tengo el placer de auscultarla. Examino los resultados de sus más recientes pruebas y determino si es necesario aplicarle nuevos refuerzos en torno a un complejo ferroso dolorosísimo. Siendo el caso, la hago pasar a la camilla.

Su dulce expresión no cambia, me obsequia una mirada de resignado agradecimiento. La veo soltar su cinturón, darme la espalda, descubrirse los espléndidos glúteos, subir la escalerilla, hincar su rodilla en el catre y tenderse resuelta con las pálidas y abombadas nalguitas totalmente descubiertas. Ella sabe que así conviene, por las dificultades de la complicada aplicación intramuscular que voy a realizarle.

Una vez acostada, sabiendo que el doloroso trance ya se acerca, la preciosa Vero respira profundo, evita mirar el espeso e hiriente medicamento que voy preparando y cargando lentamente en la jeringa, coronada por una aguja hipodérmica larga, sólida, extraordinariamente puntillosa y resistente.

Coloco el instrumento ya listo sobre un plato, reviso con mucho cuidado la posición de la paciente. Hago descender un poco más su ropa colocándola a la altura de las corvas, le palmeo los generosos muslos incitando que la preciosa chica se relaje y abandone la instintiva posición de cerrar pudorosamente el compás de sus piernas. La hago soltar el cuerpo aunque de ello derive que la elástica puchita le quede parcialmente a la vista.

Me dirijo a las nalguitas encontrándolas por cierto frías y tensas. Las froto y palmeo con suavidad una y otra vez para regular su temperatura. Las tiene suavecitas, mullidos, diáfanas, incitantes. Desearía continuar esa deliciosa labor pero me percato que Vero ya está más tranquila aunque me pide que le aplique un tranquilizante previo.

Cargo una nueva jeringa, le froto el cachete izquierdo, perforo y le hago entrar la sustancia sin causarle aparente molestia, pero acelera la respiración y frota las palmas de sus manos sobre la cama. Me complázco admirándola y ¿por qué no? Deseándola en secreto… Dejo que repose y empiece a sentir el beneficio de la anestecia.

Me confía que desea concluir de una vez por todas el tratamiento, que está cansada de sufrir tan espeluznantes piquetes. Busca su cel y marca: Hola amor ¿dónde estás? ¡¿Entrando al edificio?! Corre, ven pronto, ya están a punto de inyectarme. Te necesito mi Tony, me haces mucha falta…

Reposa tranquila y se le enciende el rostro al ver llegar a su amado, un muchacho fornido tipo norteño de carácter extrovertido que por más señas es mi amigo, quien la abraza con inaudita pasión, la besa y le prodiga abundantes caricias en la espalda, los muslos y en las nalgas, sin que mi presencia lo inhiba.

La chica lo abraza colocándolo en la cabecera de la camilla y se ciñe fuertemente a su cintura mientras él desliza sus manos a lo largo de la sedosa cabellera, le palmea la barbilla y se inclina de tiempo en tiempo a besarla.

Considerando que el momento es oportuno, le hago una seña a mi amigo pidiéndole que la conforte e inicio la angustiosa punción del glúteo. De un enérgico pinchazo perforo la primera capa, la epidermis, e inoculo una porción inicial del medicamento. Vero se agita pero resiste.

Redirecciono la aguja y quebranto de golpe la dermis. La paciente responde con un grito agudo. Comienzo a empujar el émbolo y a cada angustioso avance la preciosa chica se contorsiona, patalea, aprieta y pellizca al novio, quien no deja de abrazarla y de mimarla. Las deliciosas nalguitas se ondulan y estremecen desesperadas, los labios se agitan, cada uno de los músculos faciales se pone en juego.

Las manifestaciones de dolor aumentan pero yo no puedo detener el proceso pues sería más doloroso retardarlo, así que vuelvo a avanzar el émbolo. La chica redobla el pataleo, se comprime contra el lecho, me suplica que pare, que no la lastime, gruesas lágrimas se precipitan a lo largo de sus mejillas.

Tony me mira angustiado pero yo le hago una mueca de impotencia. Se inclina y abraza a Vero haciéndole sentir su estrecha presencia, le palmea con ternura la espalda, la llama “preciosa”, “mi vida”, “mi cielo”. Se pliega a que ella lo apriete, lo rasguñe y le retuerza el cuero. Veo que eso la tranquiliza, termino la segunda etapa y decido iniciar la tercera.

Vuelvo a redireccionar la aguja y perforo con fuerza la hipodermis. El glúteo está muy tenso y retorcido por la zigzagueante incursión de la hipodérmica. Empieza a desvanecerse, le indico a Tony que la despierte dándole a oler alcohol y otras sustancias aún más picantes. No puedo dejar que pierda el conocimiento pues eso retrasaría la absorción de la sustancia.

A cada empuje del émbolo la preciosa Vero grita, suplica, se retuerce, me hace desgarrar el alma. Pero tengo que ser duro, no es posible detener ni retrasar el hiriente flujo. Con la eficiente colaboración de Tony la mantengo despierta, sufriendo lo indecible, refugiándose en el cariño que le profesa su amado a quien veo derramar algunas lágrimas.

El último tramo de la aplicación, tal vez el más terrible, configura para la paciente un escenario dantesco. Implora con desesperación que la dejémos: “Por lo que más quieran”; “Doctor, el dolor es insoportable; no puedo más; me muero…”; “Tony, si de verdad me quieres, suéltame ya, defiéndeme, no puedo más, voy a morir, me va a dar un infarto…”. Pero el hombre de sus sueños, aún llorando de pena, se mantiene inflexible, le sujeta la cintura y las piernas mientras yo acelero el flujo y, en medio de los más desgarradores lamentos, concluyo la aplicación y retiro la jeringa en un movimiento sui géneris de tres tiempos, frente al cual Vero se percata de que el sufrimiento está por fin terminando.

La dejamos descansar, le permitimos desvanecerse; perder el sentido, desconectarse. Sus preciosas nalguitas se tranquilizan permaneciendo en calma. Ostentan una leve hemorragia que controlo aplicándoles un firme masaje y pomada de árnica.

La situación se va normalizando, mentalmente supero la fase de dolor, de alarma. Me relajo yo también y dejo de observar a la paciente, para concentrarme en la imagen de aquella preciosa mujer que cada día se va posesionando de mis sueños: La de la dulce sonrisa, la del fusco y luengo cabello, la piernuda, la sensual y encantadora Vero.

Desearía permanecer con ella, reanimarla besando sus labios.

Con la respiración agitada, las ingles paralizadas y el frustrado deseo de conquistarla, de poseerla, felicito con sinceridad a Tony, le instruyo sobre la forma de atenderla y lo dejo con ella. La besa, le palmea con amor las nalgas, le besa los labios, le susurra bellísimas palabras.

Por fin la hace reaccionar, la incorpora, la toma en sus brazos y se la lleva cargando hasta la poltrona donde se sienta colocándola con ternura sobre sus piernas. Los dos se reencuentran, se abrazan, se acarician. Sus ojos emiten un brillo misterioso… indescriptible.

Como médico me controlo. Como hombre, no puedo evitar amarla.

http://www.youtube.com/watch?v=PuHgaY7Oyso


Preciosa Vero, me encantaría que nos compartieras cómo viviste esa experiencia.

Que pasen un excelente fin de semana.

Pascual -

Muy buena tu decisión Carlónimo!! hace a esta página algo muy original que ya desde el relato inicial se configura. Te auguro mucho éxito.

Carlónimo -

Pues como siempre, preciosa Vero, me deparas enormes sorpresas. He leído varias veces con atención tus interesantes comentarios y encuentro desde luego la reflexión, pero también el enigma, pues hay cosas que no entiendo, amén de la sabiduría, ya que sabes aterrizar los problemas y darles (además de darte) una salida práctica.

La reflexión se transparenta en todo el escrito y alcanza por momentos el grado de “poesía analítica”. Basta enfocar el siguiente párrafo en el que te refieres a las características de los relatos.

“la vivencia conjugada, indescifrable, el candor latente, la balanza entre la realidad y la fantasía, los reales comportamientos, y demás características que, literalmente, jamás terminaría de enumerar, pero, que simplemente son adictivas, emanan también cultura, son obras literarias de calidad que nos tienen en suspenso, con tantas emociones fluyendo sin parar, y en total estado de alerta, de sensualidad…”.

Una bellísima calificación que derrocha recursos, talento y sobre todo delicadeza. No creo que mi humilde trabajo merezca tan fastuoso reconocimiento aunque me esfuerce en imprimirle calidad y variedad. Pero… gracias.

En el terreno de los enigmas, no llego a abarcar la siguiente afirmación.

“Lamento haber divulgado cosas tan personales de nosotros, pero a fin de cuentas, hay confianza, y decidí brindar la oportunidad de crear nuevos relatos a raíz de eso, pero no funcionó…”

Al respecto no sé cómo puedes “lamentar” lo que para mí resulta honroso, plausible y un verdadero filón literario. No sabes el gusto que me produjo tu iniciativa. El problema, mi preciosa Vero, es que yo no puedo ser una fría máquina que se echa a andar con un simple “botonazo”. Por casi cinco años he tratado de satisfacerlos pero tengo los mismos problemas y limitaciones que tienen ustedes: trabajo profesional, viajes, presiones de todo tipo, preocupaciones y cíclos creativos (peores que los menstruales). No obstante, he tratado de que ustedes no se topen más que con un Carlónimo “plano”, “frío”, “funcional” “consistente”, casi “insensible”, ocupado tan sólo en satisfacerlos. Tal vez por momentos pueda mantener esa imagen “corporativa”, pero a veces se me transparentan las propias limitaciones humanas: desde el cansancio hasta el sentimiento de soledad.

El otro punto, querida Vero, cuando dices:

“Ha… también he notado cierta insistencia en de erradicar relatos de “abuso de menores”, lo cual, hasta cierto punto es cómico, pues todos conocemos la idea principal de los relatos en que llegó a haber algún ligero roce en ese sentido…. De ninguna manera hay maldad en “la isla de la fantasía”… Y si, por alguna razón exageré en algún punto la “violencia”, pues ofrezco una disculpa, y acepto que sean
removidos dichos relatos…”

Nuestro trabajo nunca se ha orientado hacia ese ámbito y es algo que Fer está en posibilidad de comprobar fehacientemente. Yo no encuentro en ti, ni por asomo, esa inquietud, así que la disculpa emitida no tiene razón de ser ni hay necesidad de retirar ningún relato. Si tú hablaste de una bofetada de madre a hija, yo les referí también que mi madre me pegó por haberme descubierto copulando con Cristina. Se trata de reacciones, tal vez inconvenientes pero que corresponden a otro ámbito distinto del erotismo y que se agregaron de manera referencial. Así que, tranquila preciosa. Y pierde cuidado, mi buen Fer, pues esa no es nuestra cuerda.

En cuanto al comentario de que “se ha generado cierta discordancia, y un poquito de rencor hacia personas especiales, que dejaron una huella imborrable…” Tú sabes, querida Vero que yo nunca he justificado ni consentido el encono entre nosotros. Así que estoy totalmente de acuerdo contigo. De Anna tengo en lo personal un bello recuerdo y mi cariño hacia ella está vigente. No es justo que se le aplique, ni a ella ni a ninguna otra persona del grupo, algún calificativo infamante. Aquí nadie ha tratado de hacerle daño a nadie.

Finalmente, cuando dices: “No entiendo porqué el afán de tener un relato de portada (si a fin de cuentas, se abrirá con nuevas experiencias), quizá para atraer más miembros (sin albur)” Si bien tienes razón, no puedo desconocer la amable iniciativa de nuestro editor que nos ofrece a todos un espacio que provenga totalmente de casa. A mí en lo personal me parece un buen reconocimiento y me halaga, además de comprometerme a mantener el esfuerzo. Con respecto a la selección del relato, viendo las cosas objetivamente, el que más veces fue citado por ustedes es el de “La Isla de la Fantasía” que, en efecto, tiene algo de emblemático, Así que yo lo elijo para encabezar nuestra página ostentando ese título.

De antemano, muchas gracias a Fer y muchas gracias a todos ustedes, los que han estado y los que están. Feliz nueva etapa en la que espero consolidar este gran esfuerzo.

PD Estoy también de acuerdo con Vero en que el nuevo tamaño de la letra es muy incómodo; no invita a leer, sino más bien a no leer. Espero que puedas hacer algo al respecto, estimado Fer.


La Isla de la Fantasía

Talán, talán “El avión… el avión”

Las prisas normales, Tatoo que corre para alcanzar al Señor Rourke, los dos caminan apresurados, se abotonan la chaqueta e intercambian comentarios.

¡Sonrían, sonrían! La bella música de corte hawaiano invade el espacio, aparecen las charolas con frescos y vistosos cocteles multicolores. El hidroplano termina de maniobrar en el cauce del estrecho río, abre por fin su compuerta y aparece la camilla.

¿La qué…? Pues sí, oyeron bien, la camilla… todo depende de la fantasía de cada quién.

La estudiada sonrisa de Rourke y la curiosa mirada de Tatoo acompañan a la bella Paula, quien yace acostada y termina el trayecto al detenerse su camilla frente al misterioso anfitrión, quien levanta su copa, bebe y ofrece a la “enfermita” un breve sorbo acercándole el vaso a los labios.

Insólita fantasía la de Paula: “estar hospitalizada recibiendo enemas e inyecciones, en un contexto sumamente erótico”.

Aclarado que “no hay vuelta atrás, que una vez iniciada la fantasía, esta debe continuar” Paula accede a que ¡ups! le pinchen el brazo izquierdo para conectarle el incómodo suero, la suban en una ambulancia y llegue por fin a su destino: un moderno hospital atendido por atractivos y gentiles enfermeros que inmediatamente la instalan, le hacen colocarse boca abajo, le descubren sus pálidas nalguitas, las palpan suavemente buscando un sitio idóneo y ¡zas! le deslizan hasta el tope la gruesa hipodérmica iniciando el flujo de la densa sustancia que, al principio no duele pero luego… ¡ay, no, despacito por favor, no, mejor ya no, me duele mucho, siento que me cuecen las entrañas!

Se presenta un breve forcejeo, acuden varios paramédicos para ayudar a sujetarla. Uno le sostiene la espalda, otro las piernas, dos más los brazos, el más guapo le susurra lindas frases al oído. Paula disfruta la sensualidad del momento: se siente sometida, lastimada, pero también admirada, pretendida, deseada; su culito se bambolea deliciosamente, sus labios tiemblan de excitación.

A punto de desvanecerse, se percata que la jeringa ya está fuera. Respira profundamente, siente los firmes dedos que le masajean el sitio de la punción, emite una sentida queja que alimenta su propia excitación. Por fin se relaja un poco, permanece muy quieta suspirando mientras escucha a su joven enfermero que la conforta: ¡ya, preciosa, relájate, eres tan bella y sensual que nos tienes a todos hechizados!

Adormecida por el ingente erotismo que flota en el ambiente, sintiendo su espléndido culito lastimado, cierra los ojos recreando y disfrutando la extraordinaria excitación que está segura de haber causado a sus eficaces enfermeros. Se sabe apetecida, muy bien cotizada, comprueba que sus encantos han perturbado a los jóvenes que la rodean y que se desviven ensalzándola y prodigándole los más cariñosos mimos.

Sumida en su embeleso, la chica se abandona en las manos de los dos muchachos que la preparan para la aplicación de una lavativa. Coopera con ellos permitiendo que le descubran el trasero, le separen las piernas y se las eleven hasta quedar tumbada de espalda, doblada por la cintura como alcayata, señalando con los pies el techo.

Siente que sus esculturales nalguitas han hipnotizado a los hombres. Percibe la acelerada respiración y el titubeante pulso de quienes le están sujetando las piernas. Con el estrecho esfínter anal al aire, se esponja satisfecha y regala a sus admiradores un tierno suspiro, el cual se interrumpe bruscamente al comprobar las colosales dimensiones de la cánula que están a punto de insertarle en el recto.

La pobre Paula grita desesperada: ¡No, por el amor de Dios, eso no! Sin embargo, los paramédicos no se alteran, la sujetan con firmeza y colocan la puntita de la ingente cánula equiparable a un descomunal plátano macho, en el diminuto nudillo de su apetecible raja. Actuando simultáneamente, unos la sostienen, otros le separan los carnosos glúteos y el más templado y eficiente le sumerge medio tolete haciéndola retorcer y aullar de dolor.

Como una ensordecedora sirena de ambulancia, dispersa su angustioso chillido al que los paramédicos responden con un mayor sometimiento y la inmediata inserción del resto de la monstruosa cánula que le hace sufrir un espantoso desgarramiento.

Paula no puede más, exánime afloja todo su hermoso cuerpo el cual queda guango en manos de sus torturadores. Siente el chorro de agua que le es inyectada a presión en el ano por la acción de una potente compresora. En 5 segundos ha recibido tres litros y esperan bombearle más, pero desisten al percatarse del lastimero estado en que se encuentra. La dejan tranquila y dan por terminada la primera terapia.

Tras haber dormido por al menos un par de horas, despierta la encantadora chica, abre por fin los ojitos y se encuentra frente a frente con el Señor Rourke quien muy sonriente le pregunta: ¿Cómo va usted Señorita Paula, está disfrutando su fantasía? Aterrorizada, la joven quiere hablar pero las ideas le brotan como torrente y se le apelotonan en la boca. Gesticula, trata de hacerse entender con mímica: por fin le dice: ¡No puedo más, quiero que me dejen inmediatamente… La réplica es contundente: Su pretensión Señorita Paula, usted lo sabe, es totalmente improcedente, recuerde que usted eligió la fantasía y se le dijo que una vez iniciada no habría forma de detenerla. ¡Pero usted no puede hacerme eso, ya sé que acordé la fantasía pero ya no la quiero, deseo que todo termine de inmediato!

El señor Rourke muy sonriente se disculpa por no poder complacerla y se marcha. Entran de nuevo los paramédicos para inyectarla. Le explican que será un tratamiento “sui géneris” consistente en doce inyecciones aplicadas al mismo tiempo, seis en un glúteo y seis en el otro, acompañadas por catorce supositorios que se le deben aplicar también uno tras otro.

La joven se coloca boca abajo y cierra los ojos resignada. Soporta y disfruta las primeras cuatro inyecciones viendo cómo los atractivos enfermeros suspiran admirándola y acariciándola voluptuosamente. Entre sucesivos orgasmos recibe la sexta y aún la octava ampolleta.

Pero las últimas cuatro se convierten en terrible tormento. Siente que la aguja es como un filoso verduguillo que le tasajea las preciosas nalgas, como si se las estuvieran cortando con un filoso bisturí, sin anestesia.

Son ya quince los paramédicos que la someten sin poder contenerla totalmente. Su descontrolada furia motivada por el agudo dolor hace que a todos zarandee como hilachos. A punto de perder el sentido, después del séptimo supositorio (tamaño barra desodorante) encuentra por fin el sentido de aquella nueva terapia. Experimenta un excelso placer en su esfínter rectal.

Cada uno de los siete restantes supositorios la hace temblar, estremecerse, jadear y vivir una insólita aventura en la que cada uno de los paramédicos la penetra rectalmente con su pene. Siente el grosor, la temperatura y el empuje de cada pito arremetiendo y tallando deliciosamente su coñito.

Después los paramédicos la colocan “en cuatro” con el culito muy bien empinado y le penetran uno por uno su vaginita. Los violentos orgasmos se suceden implacables, intensos, enajenantes. Paula se debate en un impresionante torbellino de placeres desmesurados e inconfesables. El esperma recibido es tan cuantioso que se le desparrama a borbotones por los muslos y por las nalgas. Cada chico que la monta estalla en violentas manifestaciones de placer; todos gritan, tiemblan, se sacuden y se paralizan al entrar en su espacio íntimo.

Se siente amada, admirada, deseada, acosada. Sus encantos corporales hechizan a los hombres y los someten a su imperio. Pero ella está muy cansada, la fatiga le hace por momentos desconectarse, sufrir y alucinar. Se siente una fría máquina que los hombres ignoran, desprecian y sólo utilizan para prodigarse el carnal placer. Desesperada, grita, protesta, se sacude a los bichos que la tienen materialmente acorralada, esclavizada.

Sumida en tan desconcertante dualidad reacciona en un desesperado esfuerzo de supervivencia y se observa a sí misma objetivamente: se reconoce muy contenta, pero también fatigada, al borde del colapso. Respira profundamente, se sobrepone y emite su conclusión final.

El misterioso Señor Rourke la despide al pie del avión observándola reflexivo: “Espero que haya encontrado lo que buscaba, señorita Paula”. A lo cual ella responde: “El placer con mesura es la fórmula perfecta. No necesito tanto” Tatoo la mira con evidente picardía y añade: “Lo pequeño es hermoso, yo estoy para servirte Paula”

Rourke mira a su asistente con gesto reprobatorio.
http://www.youtube.com/watch?v=A0UlOwrep4Q

Verónica -

Lo ùnico que si me molesta...es el tamaño de letra tan pequeño...

Verónica -

Antónimo: Gracias por la nueva experiencia que viviste conmigo, los juegos que juntos creamos en la intimidad son siempre de lo más novedoso y estimulante… Jamás podría reemplazarte, eres demasiado especial. Lamento haber divulgado cosas tan personales de nosotros, pero a fin de cuentas, hay confianza, y decidí brindar la oportunidad de crear nuevos relatos a raíz de eso, pero no funcionó… La descripción que hiciste del apoyo que me has dado en mi tratamiento, me hizo estremecer como nunca, y admitir que tú eres quien me da toda la fuerza para no decaer. Gracias por estar ahí, mi vida…

Hilda: Gracias por comentar acerca de mis escritos, y por tus lindas palabras hacia mi persona… De igual forma, te considero una persona íntegra y muy agradable, y por supuesto, una amiga sincera
Carlónimo: Tus últimos relatos son maravillosos como siempre, me fascinó la rivalidad entre madre e hija, la tardía y estratégica venganza justo en el talón de Aquiles de Elisa. El relato de la sirena, fue más tenue, apacible, casi relajante, y proveniente de tu corazón: me recordó a la sirena de belleza descomunal que, después de percibir un dolor tan profundo, a costa de su belleza y fragilidad, se convirtió en espuma…

Bien sabes que me agradan todos tus relatos, cada uno de ellos, tiene el toque especial, la vivencia conjugada, indescifrable, el candor latente, la balanza entre la realidad y la fantasía, los reales comportamientos, y demás características que, literalmente, jamás terminaría de enumerar, pero, que simplemente son adictivas, emanan también cultura, son obras literarias de calidad que nos tienen en suspenso, con tantas emociones fluyendo sin parar, y en total estado de alerta, de sensualidad…

Chavos: Sinceramente, en mi humilde opinión, podrían pasar semanas y hasta meses de sugerencias (repeticiones), sin llegar a un acuerdo unánime, y es que, como dije anteriormente, cada uno de los relatos, tiene su toque especial, y su identificación personal con los miembros de este foro. (Veo además que, también se ha generado cierta discordancia, y un poquito de rencor hacia personas especiales, que dejaron una huella imborrable: Recordemos ver el lado positivo de las personas, aunque nos hayan hecho daño, pues siempre se aprende de todo y de todos)…

Sugiero que Carlónimo elija el relato que más le haya gustado, al azar, o el que más significado personal haya tenido (ahí también está en chino elegir), o simplemente, de a conocer uno nuevo, con el “elemento sorpresa” que a todos nos encanta, imposible que haya quejas… No entiendo porqué el afán de tener un relato de portada (si a fin de cuentas, se abrirá con nuevas experiencias), quizá para atraer más miembros (sin albur), lo cual está bien, pero sí de eso se trata, las cosas fluirán solas, porque, repito, cada quien tiene su estilo e identificación con ciertos relatos, y por eso agradecemos que siempre haya variedad….la gente llegará sola (pues quien especifica búsqueda de ese tipo de temas, será compatible con cualquier relato que se publique), ya sea pasajera o permanentemente, y como “blog novedoso”, lo más seguro es que la gente nueva, lea uno que otro párrafo de aquí y allá, para determinar si conviene invertir la atención y enfrascamiento en eso, o no…
Por lo demás, la gente que ya es parte de esto (aunque no participen), pues saben ya los relatos que conviene rememorar de acuerdo a su percepción..

Ha… también he notado cierta insistencia en de erradicar relatos de “abuso de menores”, lo cual, hasta cierto punto es cómico, pues todos conocemos la idea principal de los relatos en que llegó a haber algún ligero roce en ese sentido…. De ninguna manera hay maldad en “la isla de la fantasía”… Y si, por alguna razón exageré en algún punto la “violencia”, pues ofrezco una disculpa, y acepto que sean removidos dichos relatos… SALUDOS

Pascual -

Otro más, ojo Vero.

La inyeccioncita de Vero

“Entró Dora, jeringa en mano, cerramos la puerta, y Francisco me descubrió las nalgas. Sentí el frío del algodón con alcohol, cuando entraron de nuevo las sobrinas, quedándose en la puerta para observar. No me opuse”

Las ví de reojo y su aspecto tierno y formal me cautivó.

La mayor, una niña delgada que llevaba un vestido corto ceñido del tórax en el que se distinguían sus incipientes tetillas, me miraba con extrema curiosidad sin parpadear.

La otra, más pequeña, tampoco perdía detalle, pero su expresión era más bien juguetona, parecía compadecerme y reír de nervios, como pensando en la penosa situación en que me encontraba.

Fue un momento difícil. No me hacía gracia gue estuvieran viéndome las nalgas. Apreté instintivamente el culo tratando de esconder mis intimidades. Al ver la consecuente ondulación de mis glúteos Dora se encrespó y me dijo con aire imperativo: ¡Afloja niña, no me aprietes la cola porque así no voy a poder inyectarte, vas a resultar lastimada y luego le dicen a una que… bla, bla, bla!

“Es que…” repuse conciliadora tratando de transmitirle mi incomodidad de estar entreteniendo a las pequeñas con mis nalgas. ¡Es que nada! Y oyendo el clásico ¡splash! sentí una fuerte nalgada que me ardió terriblemente y me hizo sentir humillada.

Por si eso fuera poco, oí que la menor de las niñas se burlaba diciendo: “tiene miedo, le pegaron porque no se deja inyectar”. Airada, repuse: ¡ya basta! Y traté de incorporarme, pero en ese preciso instante el rudo piquete me cortó la respiración y el habla. La saliva se me atoró y obstruyó mi garganta, sentí que me asfixiaba e inicié un desesperado pataleo.

Dora se enojó aún más y me arremetió nuevos azotes. A mí me importaba un bledo la inyección, me estaba ahogando y luchaba a brazo partido con Paco para que me dejara levantar, pues para mí la rotura de la aguja era lo de menos.

Sacando fuerza de mi flaqueza logré por fin despejar la traquea y dando un fuerte bramido elevé el cuerpo apoyada sólidamente en los brazos. Dora gritó: ¡qué pasa, espera! Paco me decía: ¡cariño, preciosa, chiquita, falta poco, no te muevas!

Pero a mí nada me importaba, sólo quería jalar aire y lo hacía a grandes y estruendosas bocanadas que producían un estridente bramido como de foca.

Con la respiración reactivada, aunque muy agitada, empecé a percibir el entorno. Mis nalgas estaban separadas de la camilla, la aguja permanecía clavada en ellas y sentía el postrer ardor de la medicina.

Paco me había aplicado un candado a la cabeza y me mantenía inhabilitada. La niña menor lloraba a gritos diciendo: “pobrecita señorita, está sufriendo, ya déjenla”. Y su hermanita, con rostro desencajado, trataba de consolarla.

Por fin sentí desprenderse la aguja de mi nalga, Dora gritó ¡ya está bien, has todo el desmadre que quieras, yo no te vuelvo a inyectar, chamaca chillona”

Paco aflojó y deshizo el candado, me desplomé en la cama llorando y pataleando impresionada de ver que nadie se había percatado del drama.

Dora salió bruscamente de la habitación llevando consigo a las niñas. Vi la tierna carita de la mayor que con lágrimas en los ojos y sin dejar de mirarme se retiraba.

Paco me abrazó y me daba suaves palmaditas en las nalgas. Yo salté bruscamente de la cama y dándole un fuerte empujón le dije: ¡eres un inútil! ¿no te diste cuenta de lo que me pasaba?

Nunca antes le había reñido en esa forma. Mirándome con los ojos desorbitados alcanzó a decirme con voz totalmente descompuesta y apagada: “Chiquita, mi vida, no no no se a qué te ref-ieres, qué pas-ó, qué pasa, chi-quita, dime…”

Bufando, giré el cuerpo violentamente y me ocupé en arreglar mi atuendo. Con el faldón del vestido contenido en la cintura me bajé la panty hasta los muslos, empiné las nalgas para verla y poder arreglarla, hasta que quedó en posición y empecé a llevarla a la zona de los glúteos.

Paco no resistió la erótica vista de mis nalgas bien paradas. Reponiéndose del achuchón que le había propinado, me colocó sus fuertes brazos en el vientre y me atrajo hacia él puesta así de espalda.

Sentí el bulto de su colosal tolete frotándome la raja. Se me subió el rubor, experimenté un fuerte cosquilleo por todo el cuerpo, y la inevitable humedad en mi vulva.

Solté totalmente el cuerpo, dejé que Paco me acostara, cooperé para el retiro de la panty y, separando mis piernas lo dejé albergarse a sus anchas sobre mí, entre mis brazos.

Me oprimió deliciosamente, unió sus suaves labios a los míos y me penetró la vulva a todo lo que daba.

Sentí su enorme boa hurgando deliciosamente mis entrañas…

Pascual -

Este como lo ven?


Erótica sumisión

A fines del año pasado viajé a París por Air France y me tocó ocupar uno de los asientos centrales del avión, donde te sientes en verdad rodeado de gente.

Sin embargo, los asientos de la fila en que me encontraba permanecieron vacíos y en los de la que estaba adelante, sólo había una pareja de franceses: Él, un hombre pelirrojo de aire solemne; y ella, una guerita más joven muy atractiva.

Desde que abordaron él discutía acaloradamente con la sobrecargo insistiendo que tenía necesidad de llevar consigo un cierto objeto catalogado como prohibido: “C’est l’ordenance et prescription du médecin!” repetía airado el hombre y mostraba a la stewart un papel que parecía receta médica. La joven esposa se concretaba a oír manteniendo la cabeza baja.

Como yo estaba ocupado integrando mentalmente un informe, no presté mayor atención a la disputa, pero después de la cena, cuando ya estaba tratando de conciliar el sueño, me llamó la atención una nueva discusión: La joven esposa se disculpaba con su marido rogándole: “Désole, mon cher, j’ai oublié l’alcool. Tu pourras m’injecter demain”.

Él se puso de pie y llamó a la sobrecargo quien, después de oír el inusual requerimiento que le hacía, respondió enfáticamente: Mais non monsieur, dans l'avion il n'y a pas d'alcool!

Pero el tipo insistió aduciendo diversas razones y privilegiando que: “Je dois injecter ma femme maintenant!”

La sorecargo se alejó, luego regresó e insistió que no tenía alcohol. Él se agarró la cabeza gritando “Trés mauvais service!”

Finalmente, a falta de alcohol de 96° le ofrecieron una copa de brandy que él arrebató de la mano de la Stewart para empezar nueva discusión, ahora con su esposa. La chica se resistía a que su marido la inyectara ahí mismo en el avión desinfectándole el cachete con brandy.

Pero viendo que él estaba dispuesto a salirse con la suya, se puso de pie muy obediente, se retiró el gabán y se desabrochó el cinturón, permaneciendo con la cabeza baja, lista para descubrir su culito.

El se levantó con aire autoritario, replegó varios descansabrazos, acostó a su mujer boca abajo sobre los asientos, y por el ruido producido comprendí que le bajaba el ajustado pantalón a jalones.

Yo fingía dormir pero la situación me tenía perplejo y a la vez excitado. De pronto apareció el rostro del severo marido encima de los respaldos, mirándome con recelo.

No le dí importancia, cerré los ojos con aire adormilado y él sin más se dispuso a inyectar a su dócil esposa, quien ya empezaba a emitir sensuales lloriqueos, los cuales fueron subiendo de tono al tiempo que su marido pasaba de la elección y desinfección del cachete, a la del brusco pinchazo, y después a la dolorosa inoculación del medicamento.

La singular joven emitió el siguiente monólogo:

¡Oh no, mon cher, je t’en prie, je t’en prie, ne m’injectes pas!

Aaah, ooh, uuhh, ¡¡¡AAAOOOUUUYYYYYYYYY!!!

¡Non, lentement, lentement Philipe, mon cher, je t’en prie, leentemeeeeent, mon cher…!

¡AAAHHH, AAHH, AH, ah!

Tras una rapidísima aplicación, el marido le extrajo la aguja, le dio un cachetazo y se incorporó altanero, mientras ella permanecía tendida, gimiendo, resoplando y lloriqueando.

Philipe caminó muy erguido al baño, exhibiendo el jeringón con que acababa de inyectar a su esposa.

Aline se puso de pie, arregló como pudo su vestimenta y lo siguió sumisa, sin dejar de masajearse la adolorida cola.

Salieron del baño, ella caminando detrás de él. La joven se durmió y él se puso a ver películas.

¡Vaya pareja! La acordada supremacía del macho.

Pascual -

¿Qué les parece este?? A mí muy caliente, hay muchos, yo creo que hay docenas muy buenos.

Los piquetitos navideños de Karol Que si los traguitos, que si el sereno… Aquella mañana del 25 de diciembre me encontraba muy molesta al grado de no poderme levantar. Roberto Carlos me dio un sensual masajito en pecho y espalda que se extendió hacia las nalgas y terminó en abierto cachondeo. Después de un coito excepcional, como volviera a sentirme enferma, me estuvo abrazando y mimando, pero todo fue en vano pues el malestar y la temperatura avanzaban. Fue entonces que mi esposo se fue a pedir ayuda y regresó acompañado de Gila, la diligente auxiliar de la farmacia de quien frecuentemente me hago inyectar porque conoce el fetiche que le tengo a las hipodérmicas y me hace disfrutar muchísimo, a más de que se porta muy discreta y eficiente. Sintiéndome un poco mareada por la calentura, mientras esperaba el retorno de Roberto, deseaba que se le hubiera ocurrido acudir a la farmacia, pues yo sabía muy bien que si Gila se enteraba de mi padecimiento induciría que me inyectaran. Así que cuando oí que ella misma entraba en la alcoba, me dispuse a disfrutar el ansiado piquete. Fingiendo que dormía, me percaté que Gila estaba preparando la jeringa, pero me invadió la sorpresa y la excitación cuando, respondiendo una pregunta de mi esposo, ella respondió con esa voz suave y pausada que la caracteriza: Sí Roberto, son dos inyecciones simultáneas, una de cada lado. Se trata de un nuevo medicamento que está dando muy buenos resultados, verás cómo la gripa se le corta a Karol casi de inmediato. Y remarcando muy bien sus palabras seguramente para que yo la oyera, agregó: Te advierto que estas ampolletas, las dos por igual, son EXTREMADAMENTE dolorosas y que le van a causar una gran molestia a tu esposa, pero vas a ver lo buenas que son. Te sugiero que permanezcas muy cerca de ella mientras se las aplico. La verdad es que el fetiche de las inyecciones te lleva a desear el dolor y yo sabía muy bien la intención de Gila al subrayar lo punzantes que eran aquellas ampolletas, así que lejos de inquietarme, el inesperado anuncio de una doble inyección de medicamentos muy molestos, me calentó. Cuando sentí las manos de Roberto sobre mis nalgas induciendo que me pusiera boca abajo, colaboré con él intensamente, así que empiné los glúteos para que me pudiera levantar la batica y bajar la panty que era pequeñísima y de color negro como a él le encanta que las luzca. Yo se que mis nalgas son muy atractivas y deseaba que me las dejaran totalmente descubiertas pero me atuve a lo que mi querido Roberto decidiera. Sin embargo, fue Gila quien finalmente me colocó la panty apenas arriba del pliegue inferior de las nalgas. Yo me sentía la protagonista de una escena muy erótica, sabiendo que me iban a inyectar, que mis nalguitas estaban ya dispuestas para el encantador tormento, que el hombre a quien amo estaba presente sintiendo por mí una gran excitación, y que Gila, mi buena amiga de confianza, era la persona que me iba a aplicar el medicamento. Y es que ella me inyecta de una manera tan sensual que me hace desear su atención frecuentemente. Dándome una palmadita en el glúteo derecho, Gila me dijo: Hola Karol, siento verte siempre en estas circunstancias y más ahora que, como ya le expliqué a tu esposo, te voy a dar un doble piquete pues este tratamiento que es muy efectivo así funciona. Por favor relájate y piensa en cosas bonitas pues tal vez te cause un poco de molestia. Mientras eso oía, sentía la mano de Roberto que me acariciaba el pelo y me decía “tranquila mami, estoy aquí a tu lado para que no te duela” Eso me tranquilizó mucho pero confieso que al sentir el roce del frío hisopo sobre mi cachete izquierdo, las piernas y las nalgas se me estremecieron y no pude evitar emitir una leve queja que se agudizó cuando recibí el rudo piquete. La enorme aguja entró de golpe lastimándome el tejido muscular pues sentí un agudo desgarre que luego se tornó en intenso ardor. Como me moviera y agitara los brazos, Roberto se inclinó besándome la mejilla y diciendo: “Ya mami, ten calma” Pero el medicamento me entraba en ese momento y lo sentía calcinar mis entrañas, así que seguí agitándome y exclamé: Me duele, me duele mucho, mi vida ¡Ay, ay! Me duele. Y empecé a mover las nalgas más allá de lo conveniente, así que Gila no me perdonó y vino, primero, la advertencia, ¡Ya Karol, quieta! Y después, la implacable nalgada a la que me tiene acostumbrada y que yo de alguna manera estaba deseando. Sentí y escuché el soberbio cachetazo que me dio del lado derecho ¡Splash! que hizo saltar desconcertado a mi marido y a mí gritar como una niña: ¡Aayy! no, Gila, no me pegues, ya me dejo, me dejo, me dejo. Pero Gila ya me conoce y sabe que cuando empiezo a suplicar voy subiendo de tono y se acrecientan mis movimientos defensivos, así que me propinó un segundo mofletazo aún más fuerte que el primero, el cual realmente me dolió y me dejó como muda lo mismo que a Roberto quien solamente acertó a decir: ¡mamí, mami, no te muevas, quietecita, no te muevas! Me quedé como trabada, sentía deseos de llorar, de hecho las lágrimas ya me habían brotado, pero sabía que nuevamente Gila me había dominado y que no debía moverme pues de lo contrario me daría nuevas nalgadas cada vez más dolorosas. Me quedé muy quieta sufriendo los últimos riegos de la ardiente sustancia que parecía chile, pero me contuve y apretando los puños evité moverme. Luego sentí la salida de la aguja y oí la nueva recomendación de mi enérgica amiga quien, a pesar de encontrarse presente mi estupefacto marido, me hablaba con toda libertad como siempre lo hace: ¡Vamos con la segunda Karol, no te vayas a mover, o te va peor, tú ya sabes! Yo sólo lloraba en silencio y apretaba la mano de mi esposo quien me repetía una y otra vez: “Mami, mi vida, quietecita, no te va a doler, quietecita! Pero mis pobres nalgas, sobre todo la derecha que ya recibía el consabido masajito inicial, estaban palpitantes y temblorosas, al grado que, antes de recibir el segundo pinchazo, se estremecieron y se calentaron súbitamente por el efecto de las nuevas nalgadas que me propinó Gila: ¡Splash, splash, splash, a ver si así te quedas quieta! Tú ya sabes que yo no me ando con miramientos. Y me repitió la dosis: splash, splash, splash, hasta que le dije: ¡Ya por favor, me dejo, me dejo, y hundiendo la cara en el cuenco de mis brazos, mordí con todas mis fuerzas la almohada, lo cual evitó que gritara y me hizo sentir más tranquila cuando la aguja desgajó de nuevo mi tejido muscular penetrando completa en el erguido cachete derecho, el cual temblaba menudamente. Al sentir el espantoso ardor que caracteriza a esa medicina mordí aún con mayor fuerza la tela pero no pude evitar emitir un fuerte quejido gutural que de nuevo inquietó a mi enfermera haciéndole decir: ¡Si te mueves, ya sabes! Y me dio un nuevo manotazo que me cimbró de pies a cabeza dejándome verdaderamente inmóvil. Para entonces Roberto Carlos, un tanto molesto por lo que pasaba, dijo: ¡Por favor Gila, ya no le pegues, esas ya son rudezas innecesarias! Pero ella le contestó con toda firmeza: ¡Si no se deja inyectar y si está favoreciendo que se rompa la aguja, no puedo actuar de otra manera! Si no están de acuerdo, no vuelvan a llamarme para inyectarla. Mi esposo y yo nos quedamos callados, permitiéndole culminar la segunda aplicación que me resultó aún más dolorosa que la primera, pero me había hecho gozar a tal extremo que sentía la entrepierna sumamente mojada. Cuando terminó la segunda aplicación, después de recibir el masajito final, Gila se despidió y yo le dije: Amiga, perdóname, tú como siempre tienes la razón, gracias por inyectarme con tanta seguridad como tú sabes hacerlo. Después Roberto Carlos la llevó a la farmacia y, cuando regresó, me preguntó si de hecho me habían dolido tanto las inyecciones. Yo le contesté con entera sinceridad, pues él me entiende y sabe muy bien el erotismo de que estoy cargada. Le dije: Sí duelen, mi amor, en parte son terribles. Y en parte también, con Gila desahogo todo lo que siento. Disfruto la forma en que reacciona y el modo en que me trata. Roberto me desnudó lentamente, prenda por prenda, después hizo lo propio y me dio a probar su erecto pene que yo deslicé ávidamente entre mis labios. Luego nos revolcamos en la cama con la enorme voluptuosidad a que estamos acostumbrados y ¡por fin! me penetró, primero por la vía anal pues estaba impresionado con la escena de las inyecciones y quería verme las nalgas con los dos piquetitos marcados, vulneradas por su enorme falo sumido en medio de ellas. Finalmente, me tendí de espalda y separé las piernas para recibir una profunda estocada que estuvimos recreando en medio del intensísimo roce, hasta que explotamos un orgasmo sensacional. Después de descansar fuertemente abrazados, pregunté: ¿Y me van a inyectar mañana? Los dos soltamos una enorme carcajada. Fecha: 07/01/2010 21:05.

Carlónimo -

Querida Vero

Viendo cómo están las cosas, quiero pedirte que me apoyes para coordinar al grupo y resolver este problemita. En ti deposito mi confianza; ten la seguridad de que cualquier decisión que tomes ya cuenta con mi beneplácito.

Espero que salgamos pronto de esto para poder continuar nuestro trabajo en un entorno que podamos sentir más “nuestro”. Gracias de antemano, preciosa.

Paty -

Aquí está un relato excelente que tiene de todo inyecciones, lavativas, azotes, sexo anal, oral y vaginal, y mucha imaginación. No hay que pedirle a Carlónimo que escriba uno especial pues hay muchos que cumplen la condición indicada por Fer y que merecen ser publicados. Yo propongo este de Karen o el de la isla de la fantasía.

Querida Vero, tu opinión será muy importante.


Karen Ricardo manejaba su espléndido convertible deportivo a gran velocidad, ya estaban cerca de la ciudad, Karen sonreía y aceptaba de buen grado los términos del intenso juego erótico que su amante le proponía realizar esa misma tarde. El hábil piloto le decía en ese momento: “Después de las 5 inyecciones de Complejo “B” que te aplique en las nalguitas, te clavo una buena lavativa en el culo, y cogemos bien rico ¿cómo ves?” La escultural compañera le contestó tranquilamente: De acuerdo Ricky, como tú quieras, sólo deseo sentir que soy tuya… únicamente tuya, lo que quieras hacerme me fascina, me enloquece. Después le regaló un suave murmullo muy erótico: ¡Uummm qué rico! Le dio muestras de su excitada respiración y se mantuvo impávida en tanto que su rubia cabellera, impulsada por la velocidad del auto, flotaba en el aire. Entraron por fin a la residencia, pasaron a un costado de la alberca, tomaron el rumbo de la cascada y llegaron al precioso jardín de gardenias y rosas que rodeaba el encantador chalet. Ricardo estacionó despreocupadamente su vehículo, saltó de él sin abrir la portezuela y, terriblemente excitado por lo que había planeado y estaba a punto de disfrutar, tomó a Karen en sus brazos y la llevó cargando hasta la recámara, mientras ella celebraba el feliz momento con un suave y muy estético pataleo, una risa por demás encantadora y sensuales gritos: ¡UUyyy, mi vida, vamos a gozar como nunca! Finalmente Ricardo la acostó en el mullido king size, se desnudó y se tumbó encima de ella. Los dos se abrazaron rodando sus cuerpos a todo lo ancho de la cama. Se besaron con desesperación, mientras Ricardo la iba despojando lentamente de su ropa, hasta dejarla tan solo con una mínima pantaletita rosa, de lo más sexy. Karen tenía un cuerpo asombroso que no mostraba la menor discordancia. El busto, las piernas, cintura y caderas, armonizaban sus dimensiones a la perfección. Tenía además una piel tan suave, tersa y cálida que, con sólo tocarla su amante había llegado algunas veces a tener una descomunal eyaculación. Otra virtud singular es que ninguna de las poses que adoptaba era vaga o descuidada. Por el contrario, todas tenían una gran armonía de conjunto. Por ejemplo, la erección del trasero era acompañada por la flexión de una de las piernas, el repliegue de los brazos (que daba la impresión de súbito estremecimiento) y el giro coqueto de la cabeza. Eran poses tan fotogénicas que harían estremecer al más ecuánime de los hombres. Puesta por fin boca abajo, Ricardo le bajó completamente la panty dejando a la vista un monumento de nalgas carnosas, amplias, respingadas, verdaderamente excitantes, cuyo estremecimiento era más que evidente, pues temblaban ante la proximidad del piquete, en sintonía con la secreción vaginal que ya humedecía la parte interior de los muslos. La joven descansaba apoyada en sus codos, con la cabeza erguida, una pose por demás insólita que permitía contemplarle tanto el busto como las singulares expresiones faciales, tan variadas y eróticas que enloquecían a su acompañante. El implacable piquete le arrancó por fin un grito irreprimido que aludía placer, dolor, satisfacción, deseos, perversión, todo en feliz armonía. La entrada de la renegrida sustancia le suscitó a su vez innumerables quejas y lamentos que impresionaban y calentaban: ¡me lastimas mi rey! ¡me quemas la nalga! ¡ya no aguanto! ¡pero sigue, flagélame todo lo que quieras, pues tú eres el amo, el que manda, yo te pertenezco! La segunda inyección le fue aplicada en decúbito izquierdo con las piernas flexionadas, casi en posición fetal, lo que aumenta el dolor debido a la tensión del músculo. Karen gritó aún más fuerte, agitó las piernas, sacudió varias veces el culo, pero resistió estoicamente el tormento. La tercera la recibió en decúbito izquierdo y en un sitio muy cercano a la cresta ilíaca, donde el tejido es más fibroso y al ser horadado produce un dolor insoportable. La chica se estremecía con desesperación. La cuarta la recibió en pose de perrito, con el culo suspendido, lo que hace que el tejido se retraiga y el piquete alcance una mayor profundidad. Por último, Ricardo la puso de pie y le clavó la aguja casi en la parte central del glúteo, haciendo que gritara desgarradoramente y que antes de terminar la aplicación prácticamente se desvaneciera cayendo sobre la cama con la aguja aún clavada, lacerándole despiadadamente el ya de por sí lastimado glúteo. Por si esto fuero poco, el descontrolado amante la puso sobre sus piernas y le flageló a manotazos las nalgas haciendo que enrojecieran hasta el extremo, mientras la chica gritaba: ¡termina conmigo de una vez por todas, pégame, nalguéame, no te detengas! Cuando las nalgas de Karen estaban a punto de reventar, Ricardo la acostó boca arriba y se montó encima de ella besándola, acariciándola, excitándole los pezones con la lengua, luego la puso de perrito y la penetró por la boca. La joven ceñía sus labios ajustándolos al grosor del pene hasta que Ricardo le roció todo el rostro con su pastoso semen que le escurría por las mejillas y el cuello. Apenas la dejó descansar unos instantes y tendida boca abajo le penetró el culo con una enorme cánula para aplicarle una descomunal lavativa de tres litros de agua. La chica gritaba: ¡me revientas, Ricardo, me revientas! Hasta que no le cupo una gota más de líquido y este empezó a regresar en súbitos chisguetes. Entonces le retiró la cánula y la penetró con el pene, tan violentamente que le rasgó el suave esfínter rectal. La joven, en lugar de emitir nuevas quejas celebró el rompimiento gritando: ¡lo lograste grandísimo cabrón, ya me desgarraste! Finalmente, Ricardo la tumbó boca arriba, le separó bruscamente las piernas y la penetró vaginalmente. Ella gemía y lo abrazaba con gran pasión hasta sentir el violento torrente seminal que le invadía las entrañas. Los dos amantes tenían los ojos casi en blanco, ella gemía, suspiraba y musitaba frases que denotaban su total aprobación: ¡me dominas, me enloqueces, soy tuya, toda tuya! Ricardo le extrajo el pene y se tumbó sobre la cama, ella permaneció inmóvil, pero después de un rato empezó a decir: ¡soy tuya, sólo tuya, soy tuya, sólo tuya, soy tuya, sólo tuya, soy tuya, sólo tuya… mientras su pierna izquierda brincaba violentamente, como pateando a un invisible enemigo, una y otra vez. Ricardo se puso de pie, tomó el teléfono y llamó: ¿Sexy components? ¿Hugo, eres tú? Manda de nuevo por la doll que ya se trabó, está totalmente madreada. Me envías a la morena de repuesto.

Paty -

Yo no estoy de acuerdo que el relato escogido hable de esa persona k’ solo ha tratado de destruir a Carlónimo y al blog.

Fer -

Hola a todos, Carlónimo declina el proponer un artículo para encabezar este activo y atractivo foro. Como editor preferiría que fuese el público quien escoja este relato. Lo iedeal: un relato con inyecciones y azotes. Una alternativa es solicitarle a Carlónimo que escriba uno especial.
Gracias a todos por estar aquí
Saludos
Fer

Gil -

A mi me gusta mucho este relato.

Nos preparamos y salimos para el consultorio de Sonia, la doctora, quien nos recibió con mucho afecto y después de conversar largamente acerca de lo que habíamos vivido en Puebla, nos informó que era inevitable realizar una segunda prueba para conocer el resultado del tratamiento.

La guerita se mostró en ese momento controlada. Habiéndose retirado la ropa se tendió sobre la mesa de exploración, Sonia me instruyó que iniciara la relajación de su esfínter, así que le separé las nalguitas y poco a poco fui incursionando en su elástica aberturita rectal, lubricándola y dilatándola, hasta que Sonia se acercó con el instrumento y acopló la rígida cánula en el ano.

La penetración fue angustiosa. Cuando iba cerca de la mitad, mi amor empezó a quejarse enfáticamente, sus manitas estaban muy tensas y todo el cuerpo le temblaba agitadamente, hasta que no pudo aguantar más y desesperada, gritó: ¡No Sonia, ya no, te lo suplico, me estás lastimando demasiado, ya no aguanto!

La doctora contuvo el acceso, palmeó las nalguitas de Anna y pidiéndome que mantuviera el instrumento en posición, fue a la vitrina, sacó una ampolleta y cargó una jeringa diciendo: Anna, el dolor obedece a que estás muy nerviosa, te voy a aplicar un tranquilizante. Sólo será un piquetito, no te inquietes.

Así que, aunado a la presión del instrumento que le forzaba el esfínter anal, mi preciosa Anna soportó el pinchazo en su nalguita izquierda y la entrada de una sustancia que parecía ser bastante agresiva. Aprecié las gruesas lágrimas que brotaron una tras otra de los ojitos de mi amada.

Terminada la aplicación del medicamento, Sonia esperó como cinco minutos y tomó nuevamente en sus manos el instrumento. Cada vez que trataba de avanzar la penetración, la guerita lloraba y gritaba en tal forma que me enterneció y le pregunté a Sonia si podíamos interrumpir la prueba y continuarla otro día.

Pero la doctora, nada alterada, se dirigió a mi amada diciéndole: Anna, vamos a hacer una cosa. Por favor olvida el dolor, concéntrate en una sola idea. Piensa que lo que está pasando en tu culito es otra cosa, algo distinto, algo placentero ¿me entiendes?

La guerita se puso roja, sintió pena ¡ya la conozco! Pero asintió con su cabecita y en unos treinta segundos dio muestras palpables de relajación. Sus piernas y sus nalguitas dejaron de estar tan tensas. Sonia empujó el instrumento poco a poco, lentamente, animada por el ininterrumpido avance, hasta que la cánula quedó totalmente sumida en el culito.

Antes de iniciar la observación, Sonia me alcanzó una caja de pañuelos desechables entregándomela. Me quedé perplejo por un instante, pero enseguida comprendí lo que pasaba. En efecto, la deliciosa guerita tenía la entrepierna y la parte baja de los glúteos empapada. Lentamente, sin alarmarla, fui recogiendo el cristalino flujo que no terminaba de salir de su vulva.

La observación no tardó más de cinco minutos. Sonia me hizo un gesto de entera satisfacción y con un movimiento oscilatorio extrajo la cánula dejando a mi amada exhausta, adormilada. El estrés, el dolor, la pena y ¿por qué no? hasta el placer, la habían dejado agotada. Salimos por fin del consultorio sabiendo que la guerita se encontraba muy bien y sólo le recetaron supositorios por tres días, cada 8 horas, para erradicar definitivamente la molestia.

Anónimo -

Carlonimo, ya escribe.

Hilda -

Querida Vero,

Gracias por compartirnos tan bellos relatos y experiencias. Te admiro por tu profesión y porque no eres arrogante. Como siempre te he dicho, te considero una gran amiga. Felicidades por tu relación con Antónimo, forman una linda pareja. Todos aquí te queremos amiguita y estaremos atentos a tu tratamiento.

Querido Carlónimo

Ya casi por cinco años nos sigues cautivando con tus bellos relatos y tus reflexiones. Me encantó el de la pequeña Silvia, me hizo sentir nostalgia. En cuanto a la idea de Fer es excelente! y aunque resulta difícil escoger entre tantos relatos tan bellos, me parece muy buena la propuesta de Pascual. También el relato de Cristina y el doctor Quirarte (el del viagra) es muy bueno. Cualquiera que seleccionen será perfecto. Felicidades amiguito, te quiero.

Carlónimo -

Estimado Fer

Entiendo que “mil” quiere decir algo en términos de rating. Si eso te favorece como editor ¡Enhorabuena! Yo vine tan sólo a satisfacer un deseo y me encontré con personas extraordinarias que me movieron a continuar.

Aplaudo tu iniciativa y me da gusto pensar que continuemos este “taller en ciernes” teniendo por fin, como encabezado, un producto propio ¡hecho en casa! Me parece un digno reconocimiento para todos los participantes, pues el diálogo y la permanencia misma del blog es labor de todos.

Respecto a la selección del relato, si yo la hiciera no estaría desprovista de criterios subjetivos. Así que, dejando a salvo la iniciativa de cualquiera de mis compañeros de expresar su valiosa opinión, me avengo al criterio del editor. Me interesa conocer tu punto de vista.

Gracias, que tengan un excelente fin de semana. Un abrazo.

http://www.youtube.com/watch?v=9F-6S6FrgUk

Pascual -

Muchos me gustan, el que dice Rebeca que creo se titula “Karen” es muy bueno y hay otros en la primera edición: Pero yo propongo este más reciente de la Isla de la Fantasía pórque es una historia completa muy bien integrada, es emblemática y tiene inyecciones, supos y lavativas, además de sexo. Y es muy imaginativo.

Las prisas normales, Tatoo que corre para alcanzar al Señor Rourke, los dos caminan apresurados, se abotonan la chaqueta e intercambian comentarios.

¡Sonrían, sonrían! La bella música de corte hawaiano invade el espacio, aparecen las charolas con frescos y vistosos cocteles multicolores. El hidroplano termina de maniobrar en el cauce del estrecho río, abre por fin su compuerta y aparece la camilla.

¿La qué…? Pues sí, oyeron bien, la camilla… todo depende de la fantasía de cada quién.

La estudiada sonrisa de Rourke y la curiosa mirada de Tatoo acompañan a la bella Paula, quien yace acostada y termina el trayecto al detenerse su camilla frente al misterioso anfitrión, quien levanta su copa, bebe y ofrece a la “enfermita” un breve sorbo acercándole el vaso a los labios.

Insólita fantasía la de Paula: “estar hospitalizada recibiendo enemas e inyecciones, en un contexto sumamente erótico”.

Aclarado que “no hay vuelta atrás, que una vez iniciada la fantasía, esta debe continuar” Paula accede a que ¡ups! le pinchen el brazo izquierdo para conectarle el incómodo suero, la suban en una ambulancia y llegue por fin a su destino: un moderno hospital atendido por atractivos y gentiles enfermeros que inmediatamente la instalan, le hacen colocarse boca abajo, le descubren sus pálidas nalguitas, las palpan suavemente buscando un sitio idóneo y ¡zas! le deslizan hasta el tope la gruesa hipodérmica iniciando el flujo de la densa sustancia que, al principio no duele pero luego… ¡ay, no, despacito por favor, no, mejor ya no, me duele mucho, siento que me cuecen las entrañas!

Se presenta un breve forcejeo, acuden varios paramédicos para ayudar a sujetarla. Uno le sostiene la espalda, otro las piernas, dos más los brazos, el más guapo le susurra lindas frases al oído. Paula disfruta la sensualidad del momento: se siente sometida, lastimada, pero también admirada, pretendida, deseada; su culito se bambolea deliciosamente, sus labios tiemblan de excitación.

A punto de desvanecerse, se percata que la jeringa ya está fuera. Respira profundamente, siente los firmes dedos que le masajean el sitio de la punción, emite una sentida queja que alimenta su propia excitación. Por fin se relaja un poco, permanece muy quieta suspirando mientras escucha a su joven enfermero que la conforta: ¡ya, preciosa, relájate, eres tan bella y sensual que nos tienes a todos hechizados!

Adormecida por el ingente erotismo que flota en el ambiente, sintiendo su espléndido culito lastimado, cierra los ojos recreando y disfrutando la extraordinaria excitación que está segura de haber causado a sus eficaces enfermeros. Se sabe apetecida, muy bien cotizada, comprueba que sus encantos han perturbado a los jóvenes que la rodean y que se desviven ensalzándola y prodigándole los más cariñosos mimos.

Sumida en su embeleso, la chica se abandona en las manos de los dos muchachos que la preparan para la aplicación de una lavativa. Coopera con ellos permitiendo que le descubran el trasero, le separen las piernas y se las eleven hasta quedar tumbada de espalda, doblada por la cintura como alcayata, señalando con los pies el techo.

Siente que sus esculturales nalguitas han hipnotizado a los hombres. Percibe la acelerada respiración y el titubeante pulso de quienes le están sujetando las piernas. Con el estrecho esfínter anal al aire, se esponja satisfecha y regala a sus admiradores un tierno suspiro, el cual se interrumpe bruscamente al comprobar las colosales dimensiones de la cánula que están a punto de insertarle en el recto.

La pobre Paula grita desesperada: ¡No, por el amor de Dios, eso no! Sin embargo, los paramédicos no se alteran, la sujetan con firmeza y colocan la puntita de la ingente cánula equiparable a un descomunal plátano macho, en el diminuto nudillo de su apetecible raja. Actuando simultáneamente, unos la sostienen, otros le separan los carnosos glúteos y el más templado y eficiente le sumerge medio tolete haciéndola retorcer y aullar de dolor.

Como una ensordecedora sirena de ambulancia, dispersa su angustioso chillido al que los paramédicos responden con un mayor sometimiento y la inmediata inserción del resto de la monstruosa cánula que le hace sufrir un espantoso desgarramiento.

Paula no puede más, exánime afloja todo su hermoso cuerpo el cual queda guango en manos de sus torturadores. Siente el chorro de agua que le es inyectada a presión en el ano por la acción de una potente compresora. En 5 segundos ha recibido tres litros y esperan bombearle más, pero desisten al percatarse del lastimero estado en que se encuentra. La dejan tranquila y dan por terminada la primera terapia.

Tras haber dormido por al menos un par de horas, despierta la encantadora chica, abre por fin los ojitos y se encuentra frente a frente con el Señor Rourke quien muy sonriente le pregunta: ¿Cómo va usted Señorita Paula, está disfrutando su fantasía? Aterrorizada, la joven quiere hablar pero las ideas le brotan como torrente y se le apelotonan en la boca. Gesticula, trata de hacerse entender con mímica: por fin le dice: ¡No puedo más, quiero que me dejen inmediatamente… La réplica es contundente: Su pretensión Señorita Paula, usted lo sabe, es totalmente improcedente, recuerde que usted eligió la fantasía y se le dijo que una vez iniciada no habría forma de detenerla. ¡Pero usted no puede hacerme eso, ya sé que acordé la fantasía pero ya no la quiero, deseo que todo termine de inmediato!

El señor Rourke muy sonriente se disculpa por no poder complacerla y se marcha. Entran de nuevo los paramédicos para inyectarla. Le explican que será un tratamiento “sui géneris” consistente en doce inyecciones aplicadas al mismo tiempo, seis en un glúteo y seis en el otro, acompañadas por catorce supositorios que se le deben aplicar también uno tras otro.

La joven se coloca boca abajo y cierra los ojos resignada. Soporta y disfruta las primeras cuatro inyecciones viendo cómo los atractivos enfermeros suspiran admirándola y acariciándola voluptuosamente. Entre sucesivos orgasmos recibe la sexta y aún la octava ampolleta.

Pero las últimas cuatro se convierten en terrible tormento. Siente que la aguja es como un filoso verduguillo que le tasajea las preciosas nalgas, como si se las estuvieran cortando con un filoso bisturí, sin anestesia.

Son ya quince los paramédicos que la someten sin poder contenerla totalmente. Su descontrolada furia motivada por el agudo dolor hace que a todos zarandee como hilachos. A punto de perder el sentido, después del séptimo supositorio (tamaño barra desodorante) encuentra por fin el sentido de aquella nueva terapia. Experimenta un excelso placer en su esfínter rectal.

Cada uno de los siete restantes supositorios la hace temblar, estremecerse, jadear y vivir una insólita aventura en la que cada uno de los paramédicos la penetra rectalmente con su pene. Siente el grosor, la temperatura y el empuje de cada pito arremetiendo y tallando deliciosamente su coñito.

Después los paramédicos la colocan “en cuatro” con el culito muy bien empinado y le penetran uno por uno su vaginita. Los violentos orgasmos se suceden implacables, intensos, enajenantes. Paula se debate en un impresionante torbellino de placeres desmesurados e inconfesables. El esperma recibido es tan cuantioso que se le desparrama a borbotones por los muslos y por las nalgas. Cada chico que la monta estalla en violentas manifestaciones de placer; todos gritan, tiemblan, se sacuden y se paralizan al entrar en su espacio íntimo.

Se siente amada, admirada, deseada, acosada. Sus encantos corporales hechizan a los hombres y los someten a su imperio. Pero ella está muy cansada, la fatiga le hace por momentos desconectarse, sufrir y alucinar. Se siente una fría máquina que los hombres ignoran, desprecian y sólo utilizan para prodigarse el carnal placer. Desesperada, grita, protesta, se sacude a los bichos que la tienen materialmente acorralada, esclavizada.

Sumida en tan desconcertante dualidad reacciona en un desesperado esfuerzo de supervivencia y se observa a sí misma objetivamente: se reconoce muy contenta, pero también fatigada, al borde del colapso. Respira profundamente, se sobrepone y emite su conclusión final.

El misterioso Señor Rourke la despide al pie del avión observándola reflexivo: “Espero que haya encontrado lo que buscaba, señorita Paula”. A lo cual ella responde: “El placer con mesura es la fórmula perfecta. No necesito tanto” Tatoo la mira con evidente picardía y añade: “Lo pequeño es hermoso, yo estoy para servirte Paula”

Rourke mira a su asistente con gesto reprobatorio.

Rebeca -

Todos de carlonimo son bonitos. El de la doll por ex. o de Cristina.

Fer -

Hemos superado largamente los mil comentarios. Propongo lo siguiente. Elegir un bonito relato, si es posible con azotes + inyecciones y colgarlo como los otros, de tal forma que los comentarios vayan abajo de ese relato y tengamos nuevamente un campo para mil comentarios más. Me encantaría que porpusieseis el relato, yo he visto alguno que otro de Carlónimo que me ha gustado mucho. Lo que pediría como Editor es que el relato incluya, en la medida de lo posible azotes e inyecciones (también puede incluir supos, termómetros o enemas) y que no hiciese referencia a menores.
Espero vuestras sugerencias.
Un abrazo,
Fer
Vuesto Editor

Carlónimo -

La Sirena

Dicen que es preciosa, que tiene unos ojos fascinantes.

Su cabello es una red; su cuerpo un eficaz anzuelo; sus labios un imán; su canto un rumor que hipnotiza y seduce; sus manos un recio aguijón que vulnera y cautiva.

Muchos han ido en pos de ella. Sumidos en la quimera sólo saben que vivieron momentos extraordinarios, intensos y espeluznantes.

Que probaron el almibar, saciaron la maniática apetencia, pero fueron avasallados.

Pasaron de una realidad prudente al caprichoso mundo del exceso, al atrevido imperio de la lujuria y el holocausto.

En brazos de aquella colosal sirena supieron lo que es gozar a raudales y pagar los excesos con el tributo de su propia carne.

Enloquecidos de placer fueron ahogados en el dolor. La cruenta jeringa los desafió y les hizo desear por momentos la muerte.

Por eso, advierten enfáticos del peligro que se cierne sobre aquellos aturdidos que osen seguir su impulso y reunirse con la embaucadora dama, mitad pez mitad mujer, que montada sobre una roca, pregona a los cuatro vientos:

¡Vengan humanos a gozar, háganme suya, prueben, pillen, vulneren, disfruten todos mis encantos!

La tuvieron en sus brazos desquiciados por unas enormes tetas carnosas, de erectos pezones rojos, que inducen cualquier exceso.

A pesar de ser sirena ostenta en intimidad unas nalgas tersas, níveas, radiantes, espléndidas, rogando que se las pinchen con una jeringa añeja, que en su terrible rudeza hace gozar a los sádicos.

Teniendo a tan formidables cachetes a punto de ser traspasados por la brutal hipodérmica, aquellos incautos se vieron de pronto puestos en una situación inversa.

Sometidos, empinados, recibieron el martirio de un doloroso pinchazo.

Supieron lo que es padecer, gritar, suplicar y ser ignorados.

Entre gritos, burlas y las más atroces risotadas, fueron víctimas del escarmiento, a manos de la misteriosa Sirena de Capri, que no es italiana sino mexicana.

Por mi conducto les saluda Eulogia, esa imponente escultura viviente que sigue disfrutando, conquistando, e incitando las más sicalípticas pasiones.

http://www.youtube.com/watch?v=YUazURTDA3c&feature=related

Carlónimo -

Muy sentido el romance de Vero y Antónimo. Espero con impaciencia que nos compartan alguna de sus ardientes experiencias en Cabo San Lucas ¡siguen allá los nuevos “tórtolos”! Ya imagino a la preciosa chica modelando su colección de nimios bikinis, de esos que sólo cubren lo indispensable para acrecentar la sensualidad. Con ese cuerpazo tan consistente y armonioso se me antoja escribir algún relato acerca de ella.

Paty preciosa, qué gusto verte, gracias por compartirnos la balada de “la inyección” que nos viene “como anillo al dedo” en este blog donde, en efecto, parece que el dolor no reprime la apetencia. En breve te escribo un relato preciosa. Si puedes, por favor bosquéjalo. Por lo que se ve, ya tienes un enamorado. Estimado Ralph, sé bienvenido ¿Por qué no nos cuentas por qué la preciosa Paty te parece tan sexy?

Gustavo ¡qué gusto saludarte! Te agradezco el amable comentario y la cálida felicitación. Fíjate que a veces me invade el pesimismo pensando que esto no avanza y llego a creer que estoy equivocado, que mi esfuerzo es infructuoso y que es tiempo de levar anclas. No obstante, personas como tú y no digamos la talentosa Vero a quien admiro profundamente, me hacen reconsiderar mi posición y seguir alimentando el sueño de conformar un taller literario, con relatos de inyecciones o con cualquier otro pretexto que sea del agrado de todos.

Cambiando de tema, les comparto un acontecimiento “100% real”. Resulta que el pasado viernes recibí un email de Elisa. El texto escrito por ella sólo lo copie y dice así:

“Soñé anoche que nos invitabas a una reunión a mis hijas y a mí...no recuerdo el motivo, pero el caso es que le dabas a Stella un pañuelo lleno de medicamentos y le decías que me los diera, que esperabas que con eso me curara...”

Hasta aquí lo “100% real”.

Sin pretender interpretar tan singular vivencia onírica, me ceñí a los alcances que ésta puede tener en el ánimo de mi amiga quien en lo personal no consentiría una relación tan rebuscada, pero en su objetividad no deja de reconocer y disfrutar los inescrutables senderos del erotismo y de la apetencia.

Si esta aclaración no bastare para dejar a salvo el buen nombre de mi amiga, les aclaro que, en todo caso, lo que a sigue no deja de ser una personal ocurrencia mía.

La preciosa Stelly entra diligente a la recámara de su madre, la despierta con un cariñoso beso, le indica con leves caricias que se vuelva boca abajo, desplaza la ropa de cama, inserta sus dedos en el elástico del suave pijama de franela y lo desliza hasta los muslos, igual que la minúscula panty de color negro.

Palmea los suaves y firmes mofletes sensualmente expuestos, hinca en ellos sus deditos una y otra vez en las zonas inyectables. Selecciona la nalga derecha y la desinfecta abrillantándola pausadamente.

En tanto el alcohol se evapora, desenvuelve la plástica jeringa, la colma con el denso medicamento, extrae las minúsculas partículas de aire, palmea el cachete contrario a manera de aviso y hace que la preciosa Elisa respingue al sufrir la cruenta punción de la hipodérmica, que penetra de golpe hasta alcanzar el tope y depositar entre contorsiones y excitantes lamentos, la viscosa sustancia que irrita, arde, lastima y alimenta el profundo erotismo de la paciente.

Elisa sufre los apetecibles rigores de la aplicación intramuscular, sometiéndose a ellos sumisamente, idealizando la penuria, revolcándose en el deseo de sufrir, de saberse bella, deseada, admirada y transgredida su encantadora intimidad.

Stelly, a su vez, recrea el inconfesable apetito que la domina. Observa a su madre cuyo espléndido cuerpo le azuza sentimientos encontrados, serias encrucijadas donde descubre la necesidad de apegarse y aceptar una sola opción:

progenitora-mujer,
cariño-amor,
compostura-descaro,
asistencia-desafío,
prohibición-instigación,
represión-libertad.

Está descontrolada y excitada, pero se acoge a los esclavizantes preceptos morales que la reprimen y atormentan. Lucha una vez más por ceñirse a ellos.

No obstante, las espléndidas nalgas de la mujer a la que tiene postrada y perforada, esa que la ha inquietado desde su niñez, la que le arrebató el sosiego, la candidez, el decoro y hasta el amor del novio…

Esas preciosas nalgas se le revelan incitantes, ofensivamente perturbadoras, avasallantes…

Stella suspira sin recato, sufre una impresionante aceleración del ritmo cardíaco. Empuja despiadadamente el émbolo, hace gritar de dolor a la incitante y excitante mujer que tiene rendida y a su alcance.

Al verla sufrir se eriza como gato, la reprime a voces y la nalguea. Su sadismo le hace azotarla con rudeza, arrancarle los primeros lamentos que a ella la encrespan.

Fuera de sí, le rasguña los glúteos, se los pellizca, se los muerde y se los restrega.

En su delirio, la temperamental Elisa se estremece, solloza, frunce el culo, lo empina orgullosa. No fuera sino “dentro de sí”, arrobada en su inescrutable masoquismo, se pliega al doloroso y perverso castigo, emite algunos sígnos de placer: gime, abomba las nalgas, frota el pubis, dilata la ardiente raja y se la ofrece con descaro a la mujer que mucho tiempo atrás inició su implacable embestida, a quien la ha observado, pretendido, acosado. Esa joven desentendida del cercano parentesco, que le causa inquietud, conflicto mental, apetencia…

Apoyada en las rodillas, dramáticamente empinada, Elisa se rinde y le entrega el culo, lo contonea. Siente el implacable estímulo rectal y vaginal que la hace gritar, implorar, bramar…

Se tensa, se estremece, hace brotar los efluvios del deleite y de la eufórica satisfacción carnal. El copioso orgasmo la dobla y la precipita boca abajo rendida, de bruces sobre la cama.

Permanece inmóvil, agitada, mentalmente vulnerada.

Aprieta los párpados, respira profundo, emite un áspero jadeo y al sentir las suaves manitas de Stelly que le estimulan con fruición los níveos glúteos, la increpa con inusitada violencia:

¡Suéltame, no me toques, ya abusaste de mí, ahora déjame en paz!

¡No te quiero ver; desvergonzada, adúltera, degenerada, violadora, parricida, asesina!

¡Lárgate!

Se enfrasca en un lastimero llanto que la mantiene tumbada por varias horas, en pose descompuesta.

Inconsolable, empeñada en no abrir los ojos, en no aceptar una intrincada realidad que anhela pero detesta, dispuesta a dejarse morir en aquel infausto lecho de su ignominia, sólo viene a reaccionar y aceptar una tregua en las primeras horas del siguiente día, cuando la preciosa Andrea, su amada, llega, se sienta a su lado y la conforta con frases de amor y sensuales caricias que le hacen controlar el llanto, abrir sus nublados ojos y entender que la experiencia con Stelly no ha sido más que un suceso circunstancial.

Mi entrañable Elisa, nunca hemos dejado tú y yo de hablar y de entendernos en un plano de objetividad, sin miedo a enfrentar el cambio de paradigmas. Sé que me entiendes, que conoces el sentido y los alcances de este especulativo relato.

Ralph -

Buena rolita Paty me agrada leerte otra vez, me rezultas muy sexy sabes?

Paty -

Ay don Gustavo que pena con usted, me cohibo pero tiene razón de aquí no nos podemos separar. No sabe cómo quiero al director.

Saludos chicos, estaba en Tegucigalpa pero ya aquí otra vez y con muchas ganas de… p a r t i c i p a r.

http://www.youtube.com/watch?v=bRrV_nfDUz8

Gustavo -

¡Cáscaras! Mi enésima felicitación, este blog está vivo por la diversidad de temas, candentes, analíticos, informativos, humorísticos, pasionales y la parte humana sensible, siempre presente. Muchachos, créanme que los admiro de verdad. Un gran abrazo para todos y muy particularmente para Carlónimo, el director indiscutible.

Antónimo -

Hola chavas y chavos

¿Cómo están hoy? Yo aquí entretenido con la estadística.

Una encuesta realizada por Publimetro a través del Metropolitan Panel, arrojó los siguientes resultados:

A 77% de los encuestados no le gustaría compartir a su pareja, mientras que 22% ya ha tenido experiencias swinger.

Al 95% le gusta el sexo oral (darlo, recibirlo o ambas).

El 48% ha tenido relaciones sexuales al aire libre o en un lugar público,

32% juega a los sabores, que consiste en vendarle los ojos a tu pareja y en una bandeja colocas alimentos de diferente naturaleza. Te untas los labios con ellos y la besas con sabor a eso que escogiste. Élla debe adivinar de qué alimento se trata. Si no atina entonces el castigo será que le untes en el cuerpo ese sabor, en la parte que a ti se te antoje y la disfrutes a leguetazos.

Por último, tan sólo a un 10% de los encuestados le gusta incorporar nalgadas y golpes durante el sexo; y al 15% le agrada estar amarrado a la cama o esposado.

Como ven, hay prácticas que reúnen a casi la totalidad de los encuestados mientras que otras pues como que no los convencen mucho así que las aceptan muy apenas.

Aferrarse a su pareja y no compartirla es una de esa prácticas cuasi universales igual que la práctica del sexo oral. Un dato que me sorprende es que a casi la mitad de la gente le guste realizar el coito en un lugar público ¡vaya! No pensé que hubiera tantos exhibicionistas aunque si relacionamos esto con el famoso “rapidín”, tan difundido según Yazmín Alessandrini, pues ya le veo más forma al asunto y termino por creerlo. Y respecto a la gran aceptación que tiene el sexo oral, pues convendría tratar más seguido el tema en este foro para ver si con ello aumenta la participación.

¿Cómo ven ustedes, les gustaría compartir a su chava? Calma… no les estoy proponiendo que lo hagan sino que lo piensen solamente. Pero no creo, aunque… Me parece que Carlónimo ya trató el tema alguna vez para escandalizar al gaucho. Le decía: ¿A quien no le agrada ver y comprobar que su chava (o su galán) alborota el gallinero? Fidelidad aparte, desde luego.

Pues a mí… qué les diré… Cuando mi Vero va por la calle con la faldita o el jeans bien pegado y a los chavos se les van los ojos admirando sus chamorros y las preciosas nalguitas en erótico bamboleo… Pues a mí sí me gusta, para que voy a decir que no y me enciendo, al grado que por esa sola circunstancia no resisto llevármela y encamarla “cual debe” ¿O no?

Me atreví a poner a mi Vero como ejemplo, porque resulta que ella ya rompió la sagrada regla que me había impuesto, por la cual me regañó más de una vez en público ¿Recuerdan? Esa de que “lo 100% real no debe divulgarse”.

Ahora leo con sorpresa, que ya les dijo lo de las inyecciones de hierro que se tiene que aplicar y hasta les describió el “moretoncín” que está alojado en su nalguita izquierda, el cual a mí me excitó desde que se lo ví por primera vez.

Cuando le bajé la panty y me encontré con esa sensualísima marca, imaginé a mi princesita postrada con los mullidos mofletes respingados y pinchados por una ardiente jeringa de tamaños descomunales… Se me paró grueso…

Pero ya luego supe la causa y al margen de la sensualidad que conlleva el hecho, he sufrido junto con mi Vero las terribles aplicaciones del hierro. Ella es muy valiente pues no rehuye el compromiso. Se descubre con decisión las nalguitas y se acuesta con la respiración muy agitada, apretando mis manos, besándolas y suplicándome que no la deje, que la abrace, que la acaricie, que le haga sentir mi presencia.

Se trata de un pinchazo múltiple, prácticamente en zigzag ¡horrendo! y la tormentosa aplicación puede durar hasta 15 minutos en los cuales la tensión, el miedo, el terrible dolor, la angustia y la impotencia, hacen gritar, llorar y hasta sufrir convulsiones.

Pero hay personas, como mi Vero, que casi no externan el sufrimiento, lo apechuga ondulando el culín, además de retorcer lo que se encuentre a su alcance. Me aprieta los brazos y las piernas, les clava las uñas, los muerde y los pellizca con desesperación. Yo la animo ¡Más, preciosa, lastímame, muérdeme, desgárrame, desquítate, aquí estoy sufriendo contigo!

Creo que es una buena terapia para los dos porque, aunque parezca una tontería, siento que el dolor que a mí me causa se lo está quitando ella, lo cual me hace sentir que de alguna manera compartimos el sufrimiento.

Desde luego sería benéfico que mi Vero terminara el tratamiento y es algo que hemos tratado frecuentemente, pero será ella quien decida el momento. Por lo pronto, eso sí, le hago comer muchas manzanas, espinacas, acelgas, hígado, almendras, nueces y todo lo que me entero que es rico en hierro.

Con respecto a su manchita en la “pompi” izquierda, la tomamos como pretexto para iniciar el juego erótico. Me monto a Vero en las piernas, le descubro sus preciosas nalguitas y le aplico con toda calma el erótico masaje, utilizando las cremas que nos han dado mejores resultados. Hemos llegado a ver una película completa sumidos en esa deliciosa terapia que a los dos nos tranquiliza, nos une como pareja y nos pone al rojo vivo. Siempre terminamos el rito trenzados en una ardiente cópula.

Ya les contaré, mis chavos. Por el momento, me llevo a mi encantadora princesita a la playa, se lo merece por valiente y por ser tan linda. Estaremos en Cabo San Lucas unos días, jugando a los sabores ¿Ustedes gustan?

Verónica -

Carlónimo: De ninguna manera pienso que las personas son desechables, pero en base a tu comentario: “La sociedad moderna parece estar contaminada por algunas circunstancias propias de la empresa productiva: eficiencia, rapidez, cualidad de desechable, que han permeado hasta el contexto de la pareja y de la vida amorosa”, quise ilustrar algunos aspectos de la sociedad actual, que tristemente me ha tocado observar de cerca, especialmente en los jóvenes y adolescentes. Concuerdo contigo en que nuestra forma de pensar es compatible, y te agradezco de corazón hacerme sentir parte de tu vida… y de este espacio…

Te agradezco mucho también, la buena vibra que emanas hacia la relación que llevo con tu hermano, seguiremos echándole ganas ante cualquier adversidad…

Espero que sigas compartiéndonos vivencias tan tiernas y eróticas (Como la de Silvia), el matiz tan personal lo hace más bello aun…

Gracias por tus comentarios acerca de mi relato: En cuanto a Leonor, pues siempre ha sido dura con su hija, ya que es una persona que ha vivido reprimida, por un lado ha hecho bien en exigirle a Johana, ya que es una persona centrada, y muy culta, pero al no establecer el equilibrio (y ejercer la reprobable violencia física), se ha tornado insegura… Esperemos que las cosas cambien ahora que el doctor y su hijo han entrado a sus vidas…

Y en cuanto a la experiencia personal puedes adentrarlo sin temor… ninguna connotación que venga de ti seria hiriente… Gracias por tus palabras y tu amistad… Son detalles que acarician el alma… Bien sabes que tú y Antónimo son dos de mis personas favoritas…

Y para los demás chavos… ¡Manifiéstense!, sigo esperando mas relatos de ustedes, caray…

SALUDOS... QUE TENGAN UNA EXCELENTE SEMANA

Carlónimo -

Preciosa Vero, te agradezco tus finas palabras las cuales me llenan de gusto. En relación a los comentarios, sólo quiero enfatizar que no comparto la villana presunción de que las personas son desechables; y estoy seguro de que tú tampoco.

No creo que tengamos dificultad alguna para entendernos y estar de acuerdo. Por el contrario, me parece que tenemos marcadas coincidencias en la forma de pensar y de ver la vida.

Espero que Antónimo y tú hagan perdurable su relación. Que caminen siempre unidos como lo han hecho hasta el momento, buscando resolver en cariñoso diálogo sus diferencias. Que nunca los llegue a dominar el orgullo.

El relato de Silvia surgió en automático de mi cerebro. La reaparición de la singular protagonista me activó el dulce recuerdo de aquellos momentos tan significativos y tan tiernos que tuve el impulso de compartirles. Después de tantos años, disfruto y me cautiva la feminidad en ciernes de aquella espléndida niña que me hizo conocer lo que es una mujer desde su más tierna edad.

Respecto a tu excelente relato (“Ca me fait mal, moi aussi”), te confieso que nuevamente me sedujo la sensualidad del personaje Leonor, excepto en lo referente a la violencia ejercida en contra de su hija (el “salvaje” jaloneo y las “cachetadas”, fueron para mí un exceso).

Pero más allá de ese factor que yo dejaría de lado, planteas un entorno sumamente erótico donde los personajes Leonor y Simón se agitan en el deseo, a Tomás le “intriga” y excita la explicable actitud de su padre; y Johana aprovecha el caudal de apetencias que se fraguan en torno de su agraciada persona. Les prometo generar mi versión de un ardiente desenlace, próximamente.

En cuanto a la experiencia personal salida del corazón, que has tenido la bondad de compartirnos, te agradezco tan alta deferencia y quisiera tener la sabiduría necesaria para comentar. Porque al entrar en ese delicado terreno híbrido en el que confluyen el erotismo y una problemática personal, me atemoriza equivocar el rumbo y privilegiar lo accesorio en demérito de lo esencial.

Corresponde por derecho a Antónimo establecer la narrativa de acuerdo con el amor que se profesan y con su propia percepción del escenario. Te cedo la palabra, hermano.

En lo personal sólo te diré, preciosa Vero, que más allá de cualquier relato erótico te llevo en el corazón como la enorme amiga que eres, la que está presente en mi pensamiento y en mis oraciones.

Verónica -

Recuerdo vívidamente los tiempos en que finalicé mi kínder, y todo estaba listo para entrar a la primaria ¡Gran logro!..
Sin embargo, mi pequeño cuerpo comenzó a enfermar, pero jamás comuniqué mis mareos o dolores de cabeza, porque estaba acostumbrada a callar las dolencias. Pero un día, desmayé, y mis padres, preocupados por mi peso tan bajo y esa señal, era una alarma para ellos, entonces, por supuesto, tuve que someterme a estudios médicos exhaustivos. Los peores fueron los de sangre, ya que, después de haberlo realizado, siempre sentía que desmayaba de nuevo, pero pude superarlo, y todo eso, reveló una insuficiencia severa de hierro, que por cierto, mis hermanas jamás tuvieron…

Mi pequeño organismo era frágil, pero fue necesario inyectarme hierro, lo cual mis padres acordaron aplicarme en casa, y siempre sin falta, y así fue. Yo no sabía lo que estaba pasando, pero la primera vez que se apareció la enfermera, enloquecí por instinto, me asustó ver una aguja tan grande. La enfermera fue amable, y mi madre me apoyó mucho. Yo me sentía tranquila, confiada… El olor a alcohol, a medicina, me era Ya familiar, fue natural que descubrieran mis nalgas sobre mi cama, el dolor de la aguja penetrando mi cuerpo, me causó sobresalto, pero lo aguanté, hasta que comenzó a entrar el líquido, sentí desvanecerme, y comencé a moverme, pero las personas presentes, se encargaron de inmovilizarme, hasta que cumplieron esa faena.

Era un tratamiento muy largo, y entonces, la siguiente vez que vi a esa señora, y supe lo que me esperaba, me moví demasiado cuando intentaban aplicarme el medicamento… Me descontrolé tanto, que la aguja entró mal, y entonces, tuvieron que extraerla con pinzas porque se rompió, recuerdo vívidamente, que mi ropa interior quedó empapada en sangre, tuvieron que coserme en una clínica, y claro, me aplicaron el medicamento de cualquier forma… Yo no sabía cómo enfocar ese dolor…

Eso, se repitió diversas veces, pues, tenían que amarrarme para ponerme la inyección, y de cualquier forma, sucedía lo mismo (no volvió a romperse la jeringa, pero si entraba mal, y sangraba), hasta que mis padres desistieron, optando por introducir más hierro a mi alimentación, y moliendo pastillas con ese complejo, siempre lo ponían en mi comida, y yo lo detectaba, porque terminaba vomitando…

Las cosas fueron empeorando para mí, conforme crecí… porque nadie notaba mis mareos, me encargué de que mis malestares fueran secretos, hasta que llegué a la adolescencia, y tuve otros tantos mareos, desmayos, análisis, y tuve que retomar ese tratamiento, pero jamás lo hice… y hasta la fecha, me inyecto de vez en cuando para no decaer tanto (Tony me ayuda), pero jamás he tenido el valor de terminar el tratamiento, porque además, se prolonga, y más que nada, las amenazas de transfusiones, me han hecho tolerar el dolor que eso supone, me quedó un moretón que he tratado con cremas caras y con laser, ha sido difícil y doloroso eliminarlo, pero lo estoy logrando…. Ya es casi imperceptible ¿verdad Tony?... Pero me ha costado unos dolores enormes... Tony insiste en que alguna vez, termine el tratamiento, pero ni siquiera imagino mi salud al 100%, ya es algo que descarto…

Pd: cuando se trata de experiencias tan personales, mi inspiración disminuye, así que de antemano me disculpo por lo “chafa” de mi relato… Ojalá que alguno de ustedes pueda complementarlo…

Verónica -

A MOI AUSSI CA ME FAIT MAL (A MI TAMBIEN ME DUELE)….

- Tuve la oportunidad de hablar con Tomás, alguien tenía que hacerlo, después de todo, los chismes en la secundaria se han acrecentado al grado de generar historias e historias sin fundamento, que ya estaban afectando seriamente una y otra reputación, y además, siempre sobrecargados de envidias, y demás pensamientos tan malvibrosos, que me daban escalofríos, y por eso, decidí acercarme a él para conversar….

Debo admitir que, Tomás es mi amor platónico, y el de la mayoría de las chicas que lo conocen, ya que lo tiene todo… Es alto, y tiene cuerpo atlético, su cara tan varonil y bien formada, posee perfectas proporciones, pero… sus ojos, y labios, son un verdadero regalo del cielo… y no se diga de sus nalgas…sus piernas… su inteligencia, moral, integridad… Total, pues el chavo es la perfección, y por eso, a todas nos extraña que de pronto se haya enamorado de la chica más impopular y nefasta de todo el colegio…

- Tomás… Todos sabemos que puedes tener a la chica que quieras… ¿Porqué elegiste a Johana?... Es flaca, jorobada, usa ropa holgada, y se mata estudiando, es tan antisocial….un bicho raro….

- La historia es larga… pero te contaré todo de principio a fin, después de todo, ella tiene lo que yo quiero y necesito, y he aprendido a quererla…

Solía mirarla con inferioridad e indiferencia, y aprendí que las apariencias engañan, solo podemos mirar hacia abajo, cuando hemos de ayudar a alguien a levantarse…

Mi padre, es médico, por eso me gusta leer, y estudiar, ser íntegro, él me ha exigido mucho, y suelo ir después de mis clases y entrenamientos de futbol a su consultorio, haciendo las veces de asistente, pues él así lo dispone… No sé que vaya a pasar cuando comprenda que no puede realizar todos sus sueños a través de mi, ya que yo no deseo ser médico, y es lo que siempre ha esperado de mí… Por lo tanto, le ayudo en algunas faenas para no quedar tan mal, y francamente he aprendido mucho…

Lo que más me disgusta, es ser participe en cirugías (eso no es en el consultorio, sino en la clínica que tiene), ya que me produce repugnancia, pero pues ahí ando pasándole los instrumentos, y siguiendo sus instrucciones… En fin…

Un día de aquellos, estaba leyendo un libro de poesía, en un cuarto contiguo al consultorio, en espera de instrucciones de mi papá, cuando un alboroto, me alejó completamente de mi concentración, y es que, llegó una señora, de cuerpo formidable, de unos 45 años, que llevaba arrastrando a una jovencita de unos 15… La jaloneaba salvajemente de los brazos y ella se dejaba llevar con la vista agachada, y la una cara fatal. Mi padre saludó a la señora, (cuyo nombre era Leonor), con mucho entusiasmo, parecía que se conocían bien… Nunca sentí culpa por espiar la escena a través de una pequeña ventana, la escena era intrigante… yo esperaba quizá, en cualquier momento que mi padre me llamara de pronto para alguna diligencia que necesitara, o simplemente para asistirlo, pero tardó en hacerlo. Pregunto a la chica: ¿Cómo está la paciente más linda y valiente del universo?. Ella no pudo contestar, pues evidentemente, tenía un nudo de rabia e impotencia en la garganta, y en el pecho… se notaba que su madre la controlaba en todos los aspectos.

El corazón me dio un vuelco cuando vi a mi padre, acomodar a la chica insegura en la pequeña camilla… acostada boca arriba, fue cuando reconocí a Johana, la chica tan arraigada de la sociedad… Entonces, las cosas se tornaron más interesantes, pues mi padre le pidió que se relajara, y le profirió diversas palabras consoladoras, como si le fueran a implementar algún tipo de sufrimiento severo… Como si fuera a ser aniquilada…
Y cuando escuché la frase: “Linda, ¿en qué pompita te toca tu piquetito?, ve acomodándote, relájate”… Mis ojos se salieron de sus órbitas, y me reí quedamente ante la idea de ver las miserias de la lagarta…. Mi padre extrajo una caja blanca de uno de los cajones que tenía en sus estantes, la cual contenía gran cantidad de jeringas nuevas… y con las yemas de los dedos y sumo cuidado, como si tomara un papiro antiguo a punto de romperse en mil pedazos, tomó una, y poco a poco, comenzó a abrirla del extremo, jalando suavemente el plástico, ante los ojos de la atemorizada chica.

Del mismo modo, siempre con extrema delicadeza, (que jamás había tenido), quito la tapita… y caminó despacio hacia la vitrina, sacando un medicamento de una cajita, era una ampolleta muy peculiar, se veía un poco más grande que las que yo había visto anteriormente, y después de abrirla con sumo cuidado, mi padre introdujo la aguja en el pequeño frasquillo, comenzando a extraer con dificultad, un liquido rojizo y bastante viscoso, parecía más sólido que líquido, y entonces comprendí, la frustración de mi compañera, sintiendo un poco de lástima, y, lo reconozco, un poco de morbo, el líquido tardó más de diez minutos en entrar a la jeringa, y mi papa golpeaba la aguja repetidamente para facilitar el acceso, luego sacó las burbujitas de aire y con cautela, le puso la tapita de nuevo…. “Leonor, linda, pásame por favor el frasquito de algodoncitos que deje en el escritorio…” ¡¡Por dios!! Mis ojos no me engañaban, definitivamente tuve la sospecha de que coqueteaban…

Eso era una falta de respeto para mi difunta madre, pero después de todo, él tenía derecho a rehacer su vida, y me enfoqué en la escena. Confirmé el coqueteo, cuando Leonor tomó el frasquito, y caminó con paso sensual hacia él, otorgándole el frasco, y toqueteando sus manos con fervor. Entonces, Leonor le pidió a Johana que se descubriera “sus pompitas”, pero ella, no quiso moverse, y entonces, Leonor decidió cachetearla, hasta que, la pobre adolescente, atinó a voltearse boca abajo sin poder bajarse el pantalón, trabajo que, Leonor hizo con brusquedad, de paso, le bajó los calzones, dejando a la vista, las nalgas mas tersas, grandes y hermosas que jamás haya visto en toda mi existencia, ella tenía el cuerpo que siempre he soñado… Estuve engañado por completo todos estos años, debido a la ropa deportiva y aguada que solía usar… Caray, quede embelesado, en shock…

Con poca nitidez visual debido a mi repentino cambio, pude ver a mi padre, limpiando la nalga derecha a Johana con un algodón empapado en alcohol, pero en el momento en que se disponía a introducir la jeringa, notó que la niña temblaba, y tenía las nalgas durísimas, porque las estaba forzando, simplemente no quería relajarse, y de un momento a otro, se subió los calzones, y dijo que estaba harta de ser manipulada, y que la dejaran en paz... entonces el forcejeo se hizo peligroso, porque su madre la volteó a la fuerza, y le volvió a bajar los calzones, pero esta ves, ella no se dejó, y pataleó, y se movió, y se puso incontrolable…

De pronto, escuché que mi padre me llamaba: “Tomás, ayúdame, hijo…sujétale las piernas… procura relajarla”… Fue un momento de éxtasis, y adrenalina, porque sentí el despertar de un sueño, y temía que se notara que estuve espiando toda la escena, pero acudí de inmediato, saludando a Leonor con la cabeza, y de inmediato me incorporé a la escena sujetándole las piernas, dándole nalgaditas suaves, pero como no se relajaba, le levanté la pierna izquierda, y automáticamente, dejó de hacer fuerza, y así sujetándola yo de las piernas…que por cierto eran dignas de una tenista, su madre, la sujetaba de la espalda, y fue así, que la aguja fue introducida a su nalguita derecha, ella se sobresaltó, y cuando el líquido comenzó a entrar progresivamente, ella quiso sacudirse sin poder hacerlo, temblaba de dolor, y escondió la cabeza entre los brazos, llorando amargamente, y suplicando que se detuviera.

Yo solo trataba de no sujetarla tan fuerte, y hacerle breves masajitos en las piernas, y lo que estuviera a mi alcance, porque sentía yo también su dolor… y, cuando finalizó el suplicio, mi padre me pidió que le diera el masaje final… así que me extendí… lo disfruté, y creo que ella también porque se relajó y dejo de llorar, y mientras tanto, mi padre y Leonor, se enfrascaron en una conversación sin distracciones, así que, tire los sobrantes, recreándolos en mi mente, le subí el calzoncito con cuidado, y también el pantalón, y seguí sobándole sin que ella se moviera, hasta que, en un impulso intentó levantarse, sin éxito, y la sostuve de la cadera, ayudándole a incorporarse.

Entonces, mi padre dijo que iría a cenar con Leonor, y nos exhortó (a Johana y a mí), a acompañarlos, pero ella estaba demasiado adolorida y amargada para eso, además se apenó demasiado, al saber que sería yo su compañía, pero me empeñé en conocerla… así que la invité a salir a otro lado… y así nos separamos las dos parejas…
Entonces me di cuenta, de que teníamos demasiadas cosas en común, y era la persona más inteligente que había conocido, además, su personalidad y su historia eran brillantes, y fue entonces, cuando entendí que ella era mi chica… Lloré con ella al compartir las vivencias pasadas, al compartir el dolor físico que suponía su tratamiento, nos abrazamos, y experimentamos el primer beso, tan suave y tenue, apenas perceptible, hermoso… Nuestro problema principal es que, veces batallo para ser correspondido porque su autoestima está muy baja… La gente nos juzga, como tú lo has hecho… Mis ojos azules son para ella, y confieso que, le he aplicado varias inyecciones, y ha sido una de las mejores aventuras que he poseído…

Verónica -

Carlónimo:
No se necesita ser psicólogo para atinar a comprender, el grado en que puede afectar la represión de los “instintos eróticos”… Y qué mejor que desahogarlo de forma sana, y estableciendo un equilibrio sin obsesionarnos (bueno… eso espero jeje).
Gracias por la filosófica explicación que me brindaste acerca del “sexto sentido”… Asumo entonces que Paola busca el placer en extraños, y le gusta sentirse deseada, y “sometida”, pero no en exceso… ¿qué tal?... quizá no sea así del todo, ya que después de tantas vivencias, supe que regresó con su novio…
En cuanto al tema del amor… Estoy de acuerdo en que la época y las cuestiones sociales arraigadas juegan un papel importante, y como dices, los tiempos han cambiado, y ahora las personas son “desechables”, pero aun hay mentes estables, que si consideran la posibilidad de establecer una relación a largo plazo, el compartir (y aceptar) las costumbres y tradiciones de tu pareja, (readaptarse como tú dices), para mí, es la manera más plena y completa de gozar el amor…. (Vaya, finalmente estamos de acuerdo en la mayoría de los puntos, después de todo….). Gracias por tus buenos deseos para la relación que llevo con tu hermano…. Prometo cuidarlo bien. Ha, y muchas gracias por el relato de la infancia… fue realmente hermoso, tierno…

Antónimo: Amor mio... Viajemos juntos de nuevo... te extraño... tengo ganas de inyectarte ¿puedo?...

Carlónimo -

Querido Fer

Debido a que ya nos encontramos a una profundidad considerable, el ambiente se enrarece y el blog empieza a dar señales de saturación. Tal vez el espacio restante se encuentre muy limitado ¿Podrías apoyarnos?

Mi sincero agradecimiento y mi amistad. Un abrazo.

Carlónimo -

Un sorpresivo saludo de alguien a quien no había visto en mucho tiempo me hizo ubicar en aquellos días, cuando los dos teníamos nueve años y ella me sorprendió con su eficiente astucia.

Eramos vecinos y al vernos jugar alguien comentó: “parecen novios”. Eso bastó para que Silvia me preguntara: ¿De verdad somos novios? Yo… pues no sé por qué, le contesté que sí.

Y ya no me la quité de encima, me traía como esclavo. Me ordenaba, me regañaba, me peinaba, me arreglaba el cuello de la camisa y hasta decidía a qué íbamos a jugar.

Un día estando solos en su casa me dijo que jugaríamos a ser esposos. Me hizo sentar y jugar a las comiditas. Después me hizo ayudarle a “alzar” la cocina (sobre el ropero, claro) y decretó: ya vamos a acostarnos.

No dije nada pero la decisión de Silvia me gustó y le obedecí a pie juntillas. Me llevó a su cama, me hizo desabotonarle el vestido, se lo quitó muy campante quedando tan sólo con un pequeño corpiño y la panty. Se metió en cama y me riñó molesta: ¿Qué esperas? Desvístete esposo. Comprobé por primera vez que las mujeres son tremendas.


Mientras hacía descender mi pantalón trastabillé y estuve a punto de caerme. Ella se rió, luego me jaló del brazo y me hizo entrar en la cama.

Muy cerquita de mí preguntó: ¿Estás contento de que yo sea tu esposa? No supe qué responder, sentí que había adquirido un serio compromiso, era una escena insólita que me hizo sentir miedo.

Pero Silvia actuaba como si aquello fuera del todo normal. Me decía: bésame, los esposos se besan, abrázame, bueno haz todo lo que yo haga. Después de darme una buena repasada en las piernas y en las nalgas, me hizo poner de espalda y me abrazó diciendo: ¡ya duérmete!

Luego determinó que ya era el otro día, se puso de pie, abrió un cajón de su ropero y regresó con un palito de paleta: Te voy a inyectar esposo, voltéate boca abajo y bájate el calzón. Se quedó muy quieta mirándome, confieso que me tenía dominado y que a esas alturas yo hubiera accedido a cualquier cosa. Me bajé la trusa y le enseñé completas mis nalgas.

Silvia se mojó con la lengua la yema del dedo, me la aplicó como hisopo y me empujó el palito con fuerza hasta hacerme sufrir y quejar, a lo cual respondía con risas y reclamos: ¡qué exagerado, es solo un piquetito, aguanta! A mí me dolía mucho pero igual me gustaba ser la víctima, expresar mi sufrimiento y sentir entregada mi intimidad.

Luego de inyectarme decía: ¡Vamos a dormir para que reposes tu inyección! Se metía conmigo en la cama, me abrazaba y no dejaba de acariciarme el cachete pinchado.

No sé cuántas veces jugamos a eso, pero fueron varias. Silvia no se prestó a que yo la inyectara, me decía: los esposos no inyectan a las esposas. Así que me quedé con las ganas de verle sus nalguitas, sólo se las acariciaba pero siempre con la panty bien puesta ¡Ni modo!

Ahora que la veo ya no me pide jugar a los esposos pero sigue manteniendo el control de la situación. Me trata con el mismo ímpetu autoritario. La dejo seguir, no me gustaría que fuera de otra manera.

http://www.youtube.com/watch?v=hkscQIOUhtE

Pascual -

El jardín del pulpo a 10 kilómetros en el fondo del mar ¡genial! Y la ambientación con yellow submarina. Así bajamos para llegar aquí con toneladas de letras encima. Qué imaginación. Sigue aliviando tensiones Carlónimo, escribe por favor.

Carlónimo -

Gracias Maricruz, de eso se trata, que disfrutemos y le demos un respiro a nuetras tensiones.

Antónimo, te agradezco tus interesantes si bien DESPIADADOS comentarios acerca de mi persona. Saludos.

Viry querida ¿te gusta esto? pues ven a disfrutarlo, aquí al “Jardín del pulpo”, a sólo 10 mil metros, justo en el fondo del mar. Un sitio muy discreto y de libre acceso, que entre todos podemos convertir en ardiente paraíso.

Preciosa Vero ¡qué gusto verte y disfrutar tus muy calificados comentarios! Qué bueno que te haya ayudado a “no quitar el dedo del renglón” pues para mí sería una catástrofe que te alejaras de este espacio el cual, como bien dices, es un sitio “ideal para desahogar todas las tensiones acumuladas…” Quién mejor que tú, encantadora psicóloga, para diagnosticar los efectos terapéuticos que puede tener el que reconozcamos y encaucemos SANAMENTE nuestros instintos eróticos en el marco de una formativa disciplina literaria.

En cuanto al “sexto sentido” éste se da de manera natural en la interacción con personas tan inteligentes como tú, que saben inducir con frases exactas lo que esperan. Incorporo dos fragmentos de tu relato:

“el doctor Quirarte, estaba encantadísimo con la escena, y comenzó a manosear las blancas y firmes nalguitas, para “encontrar el sitio correcto”…”

“Y (Luis, el novio) le dijo… “Ha, con que te gustan las inyecciones, pues esto te va a gustar mas….”, y cambiando las esposas de lado, obligó a Paola a permanecer boca abajo…”

O sea que, Paola disfruta los incontrolados deseos del vetusto médico y sufre la desagradable acometida del novio, de lo cual resulta el erótico desenlace que buscabas, con la preciosa chica solazándose en manos del soñador e inofensivo médico que la hace gozar para beneplácito de los dos. Me encanta que generemos relatos juntos pues abren una vertiente muy interesante de expresión.

Con respecto a mi supuesta “refutación” aclaro que de existir, ésta no corresponde al terreno formal de la psicología pues no es ese mi campo y me declaro incompetente para presentar una disertación en ella. Hablo tan solo en función de mi propio sentir, al margen de la calificada posición de los expertos.

Pero es que, partiendo de que vivimos en un contexto social muy complejo, es frecuente la opinión de que las condiciones en que se desenvuelve una pareja erótica son afectadas por la cultura de la época, caracterizada por un marcado individualismo.

La sociedad moderna parece estar contaminada por algunas circunstancias propias de la empresa productiva: eficiencia, rapidez, cualidad de desechable, que han permeado hasta el contexto de la pareja y de la vida amorosa. Entonces, son frecuentes las dudas, los cambios de sentir y el tentativo reacomodo personal para evitar contradicciones entre la relación íntima de pareja y los imperativos de adaptación a una sociedad competitiva y cambiante. Se trata del inevitable enfrentamiento en lo personal, de una circunstancia que no estoy seguro de que Freud haya considerado en su tiempo.

Aceptar a ojos cerrados a la persona como es, constituye una alternativa válida ¿será la mejor? Y otra (de mutuo compromiso) es ensayar una readaptación, un reajuste donde el esfuerzo recaiga en ambos. Amamos aquello que nos cuesta trabajo conformar, que nos significa un reto de cambio y adaptación, si es que estamos dispuestos a emprenderlo. Claro que hay defectos verdaderamente inaceptables que no podemos consentir (vicios, violencia, carácter destructivo). Eso, desde luego.

Me da gusto también que te haya agradado el desenlace referido a Leonor. Pero en esta vía dejé de ocuparme de Johana, la deliciosa chica que sufre ¿o disfruta? en silencio, la calentura de los otros dos personajes. Mucho habría que decir acerca de ella.

El prometido relato de tu experiencia personal lo espero con impaciencia.

En cuanto al romance entre Antónimo y tú, pues me produce una gran alegría por el enorme cariño que le tengo a los dos y porque constituye un precioso filón de ardientes vivencias.

¡Qué “suertudo” mi hermano!

Luego les cuento algo.

http://www.youtube.com/watch?v=qE0B5rYdy8I&feature=related

Verónica -

Carlónimo: Muchas gracias por los ánimos que me brindas, y que me han ayudado a no quitar el dedo del renglón, pues este espacio es el lugar ideal para desahogar todas las tensiones acumuladas…. Tu sabes que para mí, todos tus relatos tienen el tinte especial que me hace volar, pero opinare brevemente los que me faltaron de mencionar: El complemento del relato de Paola, fue ideal a lo que inicialmente quería plasmar, así que me pregunto… ¿además de literatura perfecta tienes un sexto sentido, acaso?. Tiene la medida perfecta de sensualidad, y obviamente, el sometimiento que tanto nos fascina…. El relato de Elisa con Andrea, me hizo estremecer…fue muy cachondo….

Para contarles la experiencia personal, necesitaré algo más de inspiración, así que se las debo, pero lo prometido es deuda…

Por cierto, me encanta que refutes mis puntos de vista…y respeto tu opinión acerca del proceso de “enamoramiento”. La explicación que trate de representar, la escribió Freud, y sigo estando de acuerdo con él… Me parece que, después del enamoramiento, viene el amor a las imperfecciones, pero no antes, no se trata de juicios o arquetipos, sino de aceptar a la persona como es, y aprender de ella… complementarse…

Definitivamente, romper con las prohibiciones de tantos años. Desencadenar tantas represiones, resultó reconfortante para la bella Leonor, que, con la moral tan rígida que le inculcaron, y con la cual acepto vivir, al fin dio paso a sus más candentes deseos, envolviéndose en la llama cándida, y aprendiendo a tomar sus propias decisiones, y dejarse llevar…. Me encantó, muchas gracias… y pues los últimos relatos de Maricruz, son todo lo contrario, la sensualidad más tenue y tierna que jamás he percibido…como un cuento de hadas…

Antónimo… Mi amor: Cada día aprendo más sobre ti…. Reconozcámoslo: Hemos recurrido en varias ocasiones a la magia del “rapidin”, mas, nunca ha sido costumbre que corrompa nuestra relación, o la haga más simple en ese aspecto… creo que eso es lo más sano… dicen que de vez en cuando, no hace daño… ¿Quién sabe?... Por cierto, tus reclamos sobre mis bikinis son descarados…después de todo tu me regalaste uno de esos… así que no estés haciendo berrinches… Gracias por hacerme valorar el hecho te tener al hombre más maravilloso a mi lado, vivir el momento con romanticismo y tranquilidad, ha sido la experiencia más hermosa de toda mi vida…

EXCELENTE INICIO DE SEMANA PARA TODOS...SONRIAN, PASENLA BIEN..... A MI NADIE ME BAJA DE LAS NUBES :) SALUDOS

Maricruz -

Carlónimo, tu relato me ha puesto de nuevo en el cielo. Con esto sí que me ayudas a recuperar mi vida. Tantas frases bellas y tanta poesía que manejas como si tal cosa, me apartan de mi rutina, de mi frustrante relación. Pero la cosa dramática no me gusta y menos en este espacio. Lo digo sin eufemismos, me has calentado y me has hecho vivir una experiencia maravillosa, gracias. Por cierto, te dejé un correo en tu mail, me respondes cuando puedas.

Oye Antónimo que no me ha gustado tu comentario. Te he visto hacer y deshacer en favor de la sensatéz y ahora resulta que estás escandalizado porque tu hermano se da un respiro. Si yo le he “atizado al rapidín” será por la excitación de la primera vez, pero nada premeditado. Deja que se relaje de tanto jaleo que tiene. Así que, venga, cada uno a lo suyo y todos en paz.

viry -

Me exitan las inyecciones pero veo que no soy la única.

Pascual -

Excelentes comentarios Antónimo muy agudos y humorísticos, me hiciste reir con ganas. Haber si no se enoja tu hermano. Felicidades por tu romance con Vero.

Antónimo -

Hola chavas y chavos

Para los que son de México ¿ya participaron en el simulacro? No me miren como si estuviera loco ¿cómo que cual simulacro? Pues el sísmico mis chavos ¡No, no los estoy albureando! El sísmico sobre el suelo, no el sísmico sobre la cama, ese ya lo realizan a diario y no sólo simulacro, que ya los veo bien activos con la oscilación y la trepidación ¡Qué rico! Pero no se les vaya a hacer hábito menearle a cada rato, y menos a toda velocidad, porque luego vienen las consecuencias, a ver si no les ataca el “mal de San Vito” y los deja bien tembeleques.

Ya ven, por ejemplo, a Carlónimo que anda últimamente ¡en la pura cuerda floja! O sea del tingo al tango y a salto de mata. Eso de andar con mujeres casadas, preocupado de que los maridos lo vayan a sorprender… O también con el temor de que la “misteriosa mujercita” de su entelequia se le vaya a esfumar y lo deje “a medios chiles”… Pues le ha hecho actuar con desesperación.

Para mí que no es vida ¡Ya párale hermanito!

Por cierto que sobre este tema ya se pronunció la Yazmín Alessandrini con un artículo titulado: “Sexo Express: el bendito rapidín”. Dice la güerita que “Hombres y mujeres lo practican, lo celebran y lo recomiendan. Pero como todo en esta vida, también cuenta con sus detractores y censuradores que, aseguran, se trata de una práctica propia de personas incapaces de desarrollar sentimientos afectivos profundos e incluso la relacionan frecuentemente con eyaculadores precoces...”

Agrega que: “como quiera que sea, el sexo exprés o el rapidín, es parte del glosario de hábitos y acciones sexuales que adquirimos y ejercemos al interior de nuestra intimidad. Varios son los puntos de vista, muy disímbolos entre sí, que genera el también llamado turbo sexo o quickie (anglicismo que en español significa, precisamente, rapidín.”

Dice que: “Para algunos es sumamente emocionante porque viene aparejado con la adrenalina de hacer el amor en lugares donde se corre el riesgo de ser descubierto” Pero, también dice que: “Desde hace muchas décadas el rapidín siempre ha sido considerado un recurso sexual eficaz para esas parejas que, gracias a su ritmo diario de vida ocupado y estresante, de pronto cuentan con algunos momentos disponibles en los que pueden dar rienda suelta a un deseo sexual que repentinamente les surge de manera espontánea”

Pero también advierte la Yazmín que: “hay que tener mucho cuidado en no caer en un abuso del turbo sexo porque ese orgasmo rápido que deriva de un quickie y que tanto le agradó a ambos en un principio, puede convertirse en un displacer, porque al principio ni ella ni él le otorgan cierta relevancia al hecho de que él eyaculó rápidamente, pero cuando esta relación tiende a formalizarse en el futuro inmediato lo que en un inicio les producía adrenalina, enseguida evoluciona hacia un problema sexual muy serio. Lo ideal (…) es que la pareja se comunique y hable sobre el tema, respecto a las ventajas y las desventajas del uso y abuso de ciertas prácticas dentro de su intimidad; porque hay mujeres que no todo el tiempo están de humor para un rapidín y de vez en vez van a sentir deseos de preámbulos, de romance, de ser tratadas con ternura y que el galán se olvide por un momento de arrinconarla detrás de una puerta o avasallarla en el asiento trasero de la camioneta.”

¿Se imaginan? Quedarse con la manía de andar cogiendo de volada en el coche, en los parques, en el ascensor y hasta en el bus. Así nada más medio tapaditos con la chamarra, haciendo gestos, desorbitando los ojos y pataleando de puros nervios… No pues qué oso y también qué mala onda.

Así que no es muy recomendable que Maricruz le ande atizando a los rapidines ¿Recuerdan el siguiente diálogo que Carlónimo inicia?

“Me recosté a su lado, nos miramos fijamente, queríamos justificar la aparente precipitación, saber que nos comprendíamos y nos respetábamos. “Entiendo que te gustaría algo más”, me dijo. “Por supuesto”, respondí, “me encantaría establecer un digno protocolo”. “Lo sé”, agregó, “pero aquí estamos ¿por qué no empezar a la inversa?

Y ya con eso, el Carlónimo se la “chutó” de película.

Y en la otra entrevista, este lunes, resulta que Carlónimo entra al blog y no encuentra “más que a la preciosa Maricruz saboreando un suculento polvorón sevillano.” Y entonces, se pregunta: ¿Por qué no? Y ¡Prau!

¿No les parce que mi hermano está en verdad irreconocible? Antes muy medido y ahora rebotando como pelota. Por algo es que nuestra amiga Blanca especula: A mí lo de la misteriosa mujercita de Carlónimo me da espina.”

Pues es que parece andar con una pero como que le tira a la otra. Para mí que anda desubicado y no se halla.

No hay como un “digno protocolo”. Por ejemplo, aunque mi Vero diga que anda trabajando, acabamos de irnos bien romántico a la playa. La hubieran visto con unos bikinis tan insignificantes que los lancheros y los demás chavos que pululaban por el sitio, pues no le quitaban la vista de encima. Yo indignado: “Te dije que no usaras esas pinches tangas que de lejos ni se aprecian”. Y ella, impávida: “Ya tranquilo, mi Tony, no hagas panchos ni seas tan fresa, que la vida es corta y que…” Puros argumentos “Freudianos” que terminaron calentándome y entonces sí me impuse. Me la llevé al único sitio que, según la Alessandrini, garantiza igualdad, o sea la cama.

Pero ya ahí, se poroyectó de inmediato, como anda siempre tan acelerada con su trabajo, pues me apuraba y me decía: “ya déjame las tetas”; o “Qué tanto me miras las nalgas ¿quieres inyectármelas?”; o bien “Tus dedos me inquietan la vulva pero tu pene más ¡Ya métemelo!. Es el caso que hasta mi preciosa piernudita anda bien acelerada y metida en el juego de los rapidines.

Así que me propuese ubicarla y poco a poco la fui acorralando hasta que nos sentamos por fin en la terraza y frente a la paradísiaca vista y el rumor del imponente océano, le hice que nos miráramos en silencio, tan solo tomados de la mano, que valoráramos nuestra relación y la disfrutáramos.

Fue cuando se le quitó el terrible semblante de asustada con que anda todo el día en la chamba, me regaló una dulce sonrisa y me dijo:

“Antónimo: Gracias por cuidarme y atenderme con tanta dedicación y cariño, eres el mejor hombre que he conocido…!!!”

No saben lo que sentí; es la primera vez que me trata con tanto cariño. En ese momento la ví como lo que es: “una mujer extraordinaria a la que deseo con furor, pero que empiezo a sentir como la compañera de mi vida.

La llevé a cenar, se veía preciosa con un vestido largo sensualmente entallado. Nos abrazamos sin tanta ansiedad, con enorme cariño… y nos perdimos soñando al compás de una romántica melodía.

Carlónimo -

Bueno… ¿Por qué no?

Hoy está medio nublado, con las banderas septembrinas medio ajadas por las constantes lluvias. Me asomo al blog para buscar alguna novedad y no aparece más que la preciosa Maricruz saboreando un suculento polvorón sevillano.

¡Hola, maja!

Sonríe y me acerca la almendrada pieza a los labios ¡Vaya sabor! El dulce y grasito bocado me hace emitir un súbito festejo: ¡Mmmmm! Nos miramos con curiosidad.

¿Cómo sigues?

Con tus cuidados… repuesta.

Me embute medio mazapán en la boca. Con el gracioso meneo de sus nalguitas envueltas tan solo por el desquiciante baby doll, va y me alcanza los aperos con los que procederé a inyectarla.

Sentada al borde de la cama cruza coqueta la pierna y me observa desafiante.

Afrontando la hiriente jeringa rinde el cuerpo colocándose de bruces, boca abajo. Confiadamente desvela sus redondos y duros cachetes que se rizan a causa del postrer acomodo.

¡Uuuuyyy! Respingan ligeros al sufrir el doloroso pinchazo.

El émbolo avanza resuelto, la mililítrica gradación del depósito retrocede, de 3.0 a 2.5, 2.0, 1.5… Maricruz se va inquietando, gimotea, suspira, tiembla, me suplica ir más despacio.

Sus nalguitas se retuercen, el nudillo rectal se revela con erótica intermitencia. Los henchidos bombones rebosan, la indómita vulva se crispa y segrega finas perlas del evidente deseo.

La hipodérmica recula poco a poco hasta ser liberada.

La preciosa Maricruz gime, solloza, me observa expectante. Aloja con gusto mis dedos en su ardiente vulva que los succiona.

Anhelante, insinúa el relevo en favor de mi tieso pene, hasta hacerlo deslizar con lisura en su ardiente y jugosa grieta que lo engulle, humecta y frota, sorbiéndolo hasta extirparle, entre gritos eufóricos y sollozos, el lácteo botín de la concupiscencia.

Preciosa Maricruz, espero no haberte defraudado.

Pero… Olvídate de mí cuando estés en brazos de tu marido.

http://www.youtube.com/watch?v=FzCVS34OlqM&feature=related

Maricruz -

Carlónimo, eres un sol. No hace tanto que te pedí me escribieras y ya he tenido la suerte de ser favorecida y en qué forma. Me has dedicado uno de tus más pasionales relatos, así lo veo yo. Me hacía tanta ilusión verme en un pasaje como este asi fuera en condición, como suele decirse un poco pachuchilla. Me hice costumbre de entrar cada noche por si había respuesta y ahora la encuentro con ese estilo tan ardiente y poético tuyo. Me hiciste gozar… GOZAR. Me entiendes? No sé si me puedas dedicar otro relato, que ya me gustaría, pero si no que os quede al menos este bonito recuerdo de mí. De todo corazón, quien felizmente ya ha sido TU Maricruz.

Carlónimo -

Ensueño

¿Qué mágico compuesto libera la fusión de dos cuerpos? El ardiente y dulce embeleso de sentirse reunidos y participados hace que las almas bullan y se agiten rebosantes de placer, regocijadas de felicidad.

Muy grato es abrazar a una preciosa mujer sumisamente acurrucada en tu regazo, recibir su calor, absorber su energía, ser parte de sus sueños.

Pegado a su cuerpo, acariciando y besando su dulce rostro, me alegraba de tenerla. Recordaba cuando la ví por primera vez: Las mesas, el glamour, su elegante vestido, la música, su porte arrogante y distinguido, la gracia y el desdén con que me miraba.

Enternecido, busqué sus labios y los degusté apaciblemente. Me abrazó con suavidad haciéndome sentir la inconfundible consistencia de sus senos que se apretujaban contra mi pecho.

Al sentirla muy caliente la hice voltear, me monté en sus piernas, separé los elípticos cachetes y le introduje el termómetro en el recto.

Permaneció tranquila, suavecita, expectante y confiada. Emitió un suave rumor al saber que estaba afiebrada y colaboró a partir de una suave relajación para que le introdujera el supositorio en el ano.

Despacio, sin prisa, mantuve mi dedo sumergido hasta sentir que la preciosa Maricruz se inquietaba y balanceaba sus nalguitas para tallar mi mano, arrullándola en el fondo de su raja, apretujándola con los tersos glúteos que se estremecían voluptuosamente.

El suave jadeo, la curvada silueta, la creciente tensión de sus piernas, la incipiente humedad de su vagina, me fueron llevando al paraiso de mis más caros deseos, hasta derretirme en aquella escultura viviente que me absorbió con desesperación.

Sus piernas me flanquearon, sus brazos me acogieron, sus labios vaginales me colapsaron. La calidez de su más íntima garita acarició y humedeció mi pene, escaló mi cintura, me avanzó por la espalda e invadió mi cerebro, hasta producirme una colosal explosión de placer que compartimos estrepitosamente.

http://www.youtube.com/watch?v=E6Cl2GAh-dU

Leticia -

Carlónimo, tu relato de Elisa y Andrea me ha causado ya varios orgasmos!! Escribe más relatos lésbicos y no olvides la travesurilla que estoy dispuesta a correr contigo…

Carlónimo -

Querida Hilda, al contrario, es un privilegio poder escribir acerca de ti y será un placer seguirlo haciendo.

Querida Vero, me da gusto que sigas escribiendo; aprecio en tal medida tus relatos, comentarios y tu siempre grata presencia, que cuando no estás te extraño demasiado.

Me agrada que te hayan gustado mis más recientes relatos si bien has olvidado mencionar algunos, como es el desenlace que le dí a tu magnífica narración acerca de Paola; o bien el romance de Elisa con Andrea.

Sobre el relato de Maricruz ya habías comentado algo pero me genera una grata inquietud lo que ahora mencionas acerca de que te recuerda “una experiencia personal muy difícil” ¿Será posible que nos la compartas?

En cuanto a la boda, por supuesto que recuerdo, entre otras cosas, el ambicioso “regalito” que nuestra buena Eulogia se prodigó adjudicándose algunos de los más cotizados culitos para pincharlos con su terrorífica aguja, pero ¡no me dejen solo pues ya tengo bastantes compromisos! Me canso de leerme a mí mismo y quiero disfrutar del magnífico estilo literario que desbordan algunos de ustedes, en particular del tuyo mi querida Vero.

Finalmente, en relación a tu comentario de que “La pareja es un collage de nuestra historia, y por esa razón, nuestros amoríos tienen siempre algún aspecto en común (casi siempre superficialmente)… El problema es cuando vamos desenmascarando esas piezas de idealización, y comenzamos a ver a la persona como realmente es…llena de defectos… Claro que, para aceptarlos debe mantenerse un compromiso y amor firme, que no siempre se puede concebir, y ahí es cuando se rompe todo lo logrado, que en realidad siempre fue un espejismo…”

Fíjate que en ocasiones he pensado lo contrario. Me parece que si la persona con quien entablamos una relación correspondiera al arquetipo de pareja que nos hemos forjado, muy pronto perderíamos todo interés en ella. Son en cambio las sorpresivas “imperfecciones” que vamos descubriendo las que nos mantienen vivos y nos encienden el corazón. Es frecuente que las desavenencias nos renueven y que las súbitas transformaciones nos apasionen. Lo importante es aceptar que somos entes complejos y que no claudiquemos en nuestro afán de reconquista. Erigirnos jueces de nuestra pareja es adjudicarnos un atributo divino que no nos corresponde. Que los “defectos” identificados no sean el amargo bocado que debemos aceptar, sino la dulce variante que renueva nuestra experiencia. Esto, desde luego, no significa que podamos eternizar la relación; seguir o no es prerrogativa nuestra ¡Cuántas veces rompemos con personas a quienes, en función de sus propias “imperfecciones” seguimos amando de por vida!

En relación a tu magnífico escrito, se me antoja continuarlo de esta manera.

“…y esperando a que se fueran, sobó su pobre nalguita, cayendo en un profundo sueño….” Ya estaban tranquilos el calenturiento médico y la severa madre quienes se miraron con aire de complicidad. Leonor, con el rostro un tanto apagado por la frustración de no haber podido en casi tres años de viudez encontrar, si no un nuevo amor al menos un atractivo amante, se había refugiado en una especie de erotismo indiscriminado con manifestaciones de sadismo, del cual hasta su preciosa hija era víctima. Simón, a su vez, abrigaba un perfeccionismo obsesivo pero se permitía y disfrutaba a su antojo la aplicación de dolorosas intramusculares a cuanto paciente caía en sus garras.

Viendo que la dulce jovencita dormía plácidamente salieron los dos de la recámara. Simón entregó a Leonor la jeringa y el hisopo utilizados y se fue a sentar al salón donde lo alcanzó poco después su amiga con dos aromáticas tazas de café y se enfrascaron en una interesante charla acerca de las bondades de la medicación intramuscular. Simón se fue excitando y tal vez imbuido por la esplendidez del cuerpo de Leonor, le espetó en un arrebato de varonil audacia, que para él sería de gran placer inyectarla.

La atractiva mujer se puso muy seria, bajó de golpe la pierna derecha que había mantenido despreocupadamente cruzada sobre la izquierda, se puso de pie y encaminó con brusquedad al médico a la puerta. Estando a punto de salir éste le dijo apenado: Leonor, no quiero que te quedes con esa mala impresión de mí, te ruego que me disculpes. Ella se replegó, lo miró titubeante y repuso: No hay nada que disculpar, soy una tonta, al tiempo que dos gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas.

¡Epa! Leonor… ¿qué pasa? La mujer apretó los ojos, emitió un fuerte sollozo y se desplomó en los brazos de su amigo que la contuvo y la dirigió hacia el “love seat” del recibidor, donde se sentaron y ella lloró amargamente. Permanecieron abrazados, hasta que Leonor recuperó el habla: No es que piense mal de ti, es que no puedo escapar de la rígida moral con que me educaron. Quiero ser otra vez mujer, disfrutar el erotismo, vivir mi sexualidad, no ser una pobre tonta que se reprime ante el deseo y la posibilidad de disfrutar.

Simón la escuchó pacientemente, abrió su maletín, extrajo una jeringa, la cargó con un agresivo compuesto a base de sales ferrosas y complejo “B”, se puso de pie y prescribió: ¡Descúbrete las nalgas, Leonor!

La preciosa mujer saltó de miedo, miró fijamente al médico, sus labios palpitaron menudamente, intentó decir algo que no llegó a concretarse, retrajo finalmente los hombros, respiró profundo, se acomodó en el asiento y repuso en tono conciliador: “Permíteme antes disfrutar otra taza de café”.

Sirvió la bebida, resopló, emitió una pícara risita y tras algunos nerviosos sorbos en completo silencio dejó la taza sobre la mesa y se puso de pie diciendo: “Pasemos a mi recámara, Simón”

Leonor es una mujer excitante: alta, garboza, morena clara, cabello largo ondulado, piernas y nalgas abundantes, cintura marcada, busto exuberante, franca, irónica, de temperamento cálido.

Entró con mucha decisión a la recámara, se retiró la chaqueta y la aventó sobre la poltrona. Sin titubeos se alzó la falda, retrajo la pequeña panty hasta el pliegue inferior de las carnosas y firmes nalgas, se empinó y se lanzó de golpe sobre la cama diciendo: Bueno pues ya está, soy mujer y necesito desahogar el morbo, aquí están mis nalgas ¡inyéctame, Simón!

El excitado médico permaneció muy quieto admirando aquel monumento viviente y resignado a sufrir los rigores de la cruenta jeringa que refulgía amenazante. Abrió muy grandes los ojos, disolvió el nudo de su garganta y se aproximó para hurgar los suculentos bombones. Al sentir el decidido tacto de Simón, el culo de la chica proyectó tan sensuales ondulaciones que el médico se estremeció.

La chica apretó los ojos, detuvo la respiración y permaneció expectante hasta sentir la hiriente pica que le desgarraba el glúteo haciéndola gritar de dolor y de insólita pasión. Sus encontradas reacciones de queja, júbilo, rechazo, disfrute, llanto y risa, predispusieron a Simón a un regocijo franco, descarado. Sin poder contenerse apretó con sadismo el émbolo: la chica gritó, él la agredió con nalgadas, ella lloró, él estalló una carcajada, la apretó contra el lecho, se le montó a horcajadas, le extrajo la puya y se lanzó sobre el formidable culo para besarlo, morderlo y barnizarlo a lengüetazos.

Las muestras de excitación se tornaron descomunales. Simón reía, Leonor jadeaba, él se sacó el pene, ella se empinó, él la penetró, los dos gritaron como locos, entablaron un rabioso mete y saca, se retorcieron, se enjutaron, lanzaron espeluznantes alaridos, se desplomaron con los genitales enchufados, vociferaron una ringlera de mimos y halagos, se fueron serenando, hasta quedar profundamente dormidos.

Cuando despertó Simón, su amante lo recibió con una súbita consigna: ¡Descúbrete el culo cariño, que ahora va la mía! Él obedeció resignado, sus espléndidas nalgas de corte femenino se elevaban sensuales, pálidas y temblorosas, frente a la ruda jeringa que ya las amenazaba. Vino el cruento picotazo, los gritos, el pataleo, los quejumbres y las lágrimas. Leonor explotaba sendas risas, Simón lloraba y temblaba, el indómito émbolo avanzaba. Leonor insertó sus dedos en el coño de Simón, las nalgotas se agitaron e hicieron que se estableciera la deseada frotación.

De nuevo voló la pica, se arrimaron bruscamente él por detrás de ella de costado, y emprendieron un nuevo coito. Teniendo a la preciosa Leonor penetrada y a su propio culito sensualmente traspasado, Simón se agitaba, reía, gritaba, imploraba mayor castigo, sumía su verga y abría el culito para recibir nuevas estocadas que Leonor no le negaba. Ya en la recta final emitieron un feroz bramido y se azotaron como serpientes, hasta derramar entre salvajes gritos, la última gota de sus ardientes efluvios.

Media hora después, serenos y reposados, emitiendo pícaras risitas avanzaron por el corredor, irrumpieron de golpe en la alcoba de Johana, la despertaron a gritos y le mostraron de nuevo la pica ya dispuesta para inyectarla. La dulce jovencita se agitó, se defendió, pero fue sometida por su madre, hasta quedar boca abajo, dispuesta, rendida, resignada. El doloroso piquete se le subió como relámpago invadiéndole el cerebro, como un cruento flagelo que la condujo hasta la insensibilidad y el placer total.

Seguimos en contacto, no me olvide de tí querida Maricruz. ¿Y Paty? Dónde andas, preciosa niña.

http://www.youtube.com/watch?v=mbt74pdk_4c&feature=related

Verónica -

La pequeña Johana de 13 años, alumna estrella, y deportista dedicada, nunca se caracterizó por tener un carácter sociable, porque no se interesaba por eso, y además, prefería dedicar su tiempo a cosas más importantes que las largas amistades o cortos noviazgos, por lo tanto, sus relaciones sociales en el colegio, eran siempre cortas, y absolutamente enfocadas a los asuntos escolares. Sin embargo, había un chico de su clase, que la hacía volar, y distraerse mucho, pues siempre supo que el era único, en su selectiva mente… Su nombre era Tomás. Era demasiado inalcanzable… tal como una luz gratificante, que la hacía levantarse todos los días, y ser una persona mejor… Mas, era tan popular, que ella sabía: Jamás posaría sus ojos en una ridícula “nerd”…
Y así pasando los días, y creciendo ese hueco interno, Johana comenzó a sentir malestares físicos leves, pues prefirió “somatizar” sintiendo un dolor físico que emocional, era demasiado diplomática, primero, adelgazo sin quererlo, diez kilos y en poco tiempo, su cuerpo comenzaba a sufrir estragos fuertes, como mareos, palidez, y cansancio, hasta que una mañana, cayó desplomada en el campo deportivo del colegio, durante un partido de futbol femenil…
Su madre, la viuda Leonor, que ya tenía en el rostro, los estragos del tiempo y las preocupaciones, la sometió a severos estudios médicos, con su doctor de cabecera, que quedó de ir a entregar los resultados personalmente, en casa de Johana y su Madre…
Aún Recuerda Johana aquella tarde de miércoles a las cuatro de la tarde, cuando se disponía a dormir con una pijama de licra blanca, ardiendo de fiebre, y acomodando su cabeza en la almohada en un intento de descanso… De pronto, su madre, Leonor, irrumpe con brusquedad en la puerta, anunciándole con exageración el resultado de los estudios médicos, informándole que, sin escapatoria y de inmediato, habría que aplicarle un tratamiento intramuscular, para regular las defensas en su sistema inmunológico, y se disponían a empezar de inmediato…
Johana le dijo a su madre que estaba de acuerdo, y al día siguiente, podría comenzarlo, pero la madre, que era exigente en todas sus labores, decidió rígidamente, empezarlo en ese instante, y le anuncio a la temerosa Johana, que el doctor aguardaba fuera y se preparase. Johana, con desesperación, suplicó por un día más de paz… de todas formas, no estaba precisamente en sus mejores galas, y solo quería dormir… pero su madre, con firmeza, no dio paso a ruegos ni consideraciones, y le ordeno a su hija, guardar silencio, mientras dejaba pasar al doctor Simón….
Simón, entro con distinguido porte, saludando refinadamente, y Johana no pudo esconder su cara de vergüenza, solo atino a cubrirse con una sábana el cuerpo, y con los ojos casi dilatados, escuchó a su médico. Le dijo que desafortunadamente, era obligatorio aplicar unas inyecciones, y que ya había hablado con Leonor para comenzar lo más pronto posible, y en breve le aplicarían la primera dosis…
Suplicando, y llevándose sensualmente las dos manos a las nalguitas, incluso a través de la sábana era completamente sensual, pues la chica poseía un cuerpo bastante deportivo…
Sus pataditas, a guisa de berrinche, no dieron resultado, pues doña Leonor es demasiado estricta, y le dijo que cooperara por las buenas o por las malas, aportando a su hija un poco de resignación, y con cierto titubeo, se recostó boca abajo, viendo toda la preparación y el suplicio que le esperaba….
Simón le dijo a Leonor al oído, que fuera un poco más gentil con ella, porque el medicamento, era sumamente doloroso, y requería muchísimo apoyo… Mientras tanto… quitaba lentamente el plástico a la jeringa, con un cuidado que se sentía ya ansioso y disfrutable... y, así mismo, comenzó a cargar el medicamento, ante los ojos de la chica, añadiéndole un pequeño extra a la dosis, para “reforzar”, pero él sabía bien, el dolor insoportable que eso causaba, y que, por supuesto, discretamente, quería presenciar….
Le pidió a la señorita, con cierto morbo, que se bajara los pantalones, y también los calzones, de una forma descarada y algo morbosa, pero Leonor, jamás lo notó, estaba buscando el pequeño frasquito de alcohol en la gaveta del closet…
Cuando todo estuvo listo, y Johana seguía pataleando, su madre le bajo con brusquedad la pijama, y sus calzones blancos que contrastaban con su piel morena, sin notar el pequeño rubor de sus mejillas, cuando la pequeña pieza, descendía por completo, descubriendo un par de tremendas carnes, bien formadas y sin marca, defecto o mancha, realmente sobrepasaban la perfección. Y posteriormente, Simón palpó los sitios más recomendables… le decía palabras muy dulces, y le acariciaba los muslos con deseo cariñoso y disimulado…
Johana temblaba de miedo, pero no se movió, solo veía lágrimas de humillación cayendo por su rostro, pero nadie lo notó… Las pequeñas frases de consolación, ya estaban fuera de su órbita, pues estaba en shock, la jeringa entró de un solo golpe, y al recibir la dosis, Johana despertó de su ensueño, para llorar y gritar con verdadera desesperación, pues Simón recortó un extremo de la jeringa para que fuera más dolorosa…. Johana lloraba incontrolablemente, y Leonor estaba asustada, la aplicación duró más de 10 minutos, porque Simón disfrutaba cada milímetro, y cada lagrima de la paciente, hasta que, al fin terminó, y extrajo la aguja… Johana no permitió el masaje de consolación… llorando, despojada de su ropa, se cubrió con la sábana, y esperando a que se fueran, sobó su pobre nalguita, cayendo en un profundo sueño….


Verónica -

HOLA CHICOS!! ME DISCULPO POR LA LARGUÍSIMA AUSENCIA...LA VERDAD ES QUE, PUES YA SABEN...TRABAJO Y BRONCAS SON DEMASIADO ABSORBENTES....LES ANEXO MI RAPIDA OPINION DE LOS ULTIMOS ACONTECIMIENTOS...

Fuckty…. El video es sensacional, (algo actuado), gracias por compartirlo, y esperamos q nos compartas también experiencias tuyas…

Carlónimo: Nuevamente te reitero una felicitación por tan ingeniosos y sensuales relatos… nos llevas a otra dimensión: Leticia y Nelly son la viva representación del “fruto prohibido”, me encantó el simbolismo y la pasión que entretejieron en dicha faena…. Y el sueño con (la ya señora) Eulogia, fue fascinante… me envolviste en aquella sensación placida y formidable del deseo latente, siempre más y más estimulante y emocionante, pues pueden sorprenderte… Después de todo, la experiencia clandestina se ha convertido en una de nuestras fantasías preferidas, un umbral que pocas personas se atreven a franquear. Wow!.... Ha, y el relato de Maricruz me recuerda mucho una experiencia personal muy difícil, claro que, con ese maravilloso tinte poético que te caracteriza y nos hace soñar… Me sentí espía de Hilda y Paco, realmente estuve presente en tal espectáculo tan privado y sensual…

Antónimo: Gracias por cuidarme y atenderme con tanta dedicación y cariño, eres el mejor hombre que he conocido…!!! Estoy de acuerdo en los beneficios que conlleva el orgasmo, y pues ojalá todas las mujeres tuviéramos esa comunicación con nuestra pareja, para enfocar los gustos… Y pues en cuando al artículo de: ¿Porqué dejó de amarme?... Pues yo creo que el enamoramiento, es un proceso que proviene de todas las experiencias conscientes e inconscientes que se han experimentado a lo largo de la vida, pero por alguna razón, coincide como un rompecabezas afín… La pareja es un collage de nuestra historia, y por esa razón, nuestros amoríos tienen siempre algún aspecto en común (casi siempre superficialmente)… El problema es cuando vamos desenmascarando esas piezas de idealización, y comenzamos a ver a la persona como realmente es…llena de defectos… Claro que, para aceptarlos debe mantenerse un compromiso y amor firme, que no siempre se puede concebir, y ahí es cuando se rompe todo lo logrado, que en realidad siempre fue un espejismo…y por otro lado, a veces aunque se sepan aceptar y amar los defectos, simplemente se cae en la rutina… Afortunadamente, eso no nos sucederá a nosotros, ¿verdad bomboncito?...

Pascual: Pronto estaré escribiendo nuevas experiencias… lo prometo…

Hilda: Cuéntanos más detalles de tu tratamiento…lo esperamos ansiosamente…

Muchísimas Felicidades a Eulogia, fue un honor acompañarla tan de cerca en su ceremonia, siempre tan refinada… pero faltaron algunos detalles de la fiesta… Carlónimo, ¿Recuerdas el desfiguro que se armó cuando la novia se ausentaba por “breves” periodos de tiempo, junto con algún par de invitados?... Pues resulta que la querida señora, pidió como regalo de bodas una sesión privada en el pequeño recinto, con varios de los invitados, por supuesto, para regocijarse, insertando dolor en cuantos traseros se pudiera… y obtener el elemento sorpresa extra… ¿que tal?

Hilda -

Carlónimo, me excitas cuando escribes de mí. Pocas veces he tenido ese privilegio, tal vez sea por eso que lo disfruto tanto. Todo lo que escribes me encanta, igual que la forma como ves la vida y como enfrentas tranquilo las opiniones de los demás que a muchos les harían descontrolarse. Considérame una gran admiradora.

Carlónimo -

Antes pensaba que yo dominaría el placer, que éste sería mío y que yo podría gobernarlo y suministrármelo a voluntad. Ahora siento que me controla y que no puedo escapar de él. Después de mi experiencia con Sofía no creí volver a tener relaciones lésbicas. Y de pronto me encuentro con Andrea y estoy atrapada en esta nueva experiencia que me subyuga. No puedo evitarlo, la amo, la deseo, soy esclava de sus besos, de sus caricias, de su amor y de sus caprichos.

Sólo la veo y mis ojos brillan, los siento vivos, expresivos, inquietos; mis labios dibujan una tierna sonrisa; mi cuerpo se estremece; comienzo a balbucear… Cuando ella se acerca me toma del talle y me besa, pierdo todo control y la dejo que me haga lo que quiera.

Sí, la conocí en el consultorio, ella era mi paciente y sufría una decepción amorosa, se me partía el corazón de verla llorar. Tratando de confortarla la abrazaba, enjugaba sus lágrimas, acariciaba su cabello y le permitía ceñirse de mí a voluntad.

Hasta aquí todo fue normal, pero un día llegó cojeando y al preguntarle la causa me respondió que la acababan de inyectar y la habían lastimado. Te confieso que en ese momento me invadió el morbo. Yo estaba sentada, ella de pie, le hice acercarse y le dí un simbólico masajito en las piernas. Entonces me tomó la mano y posándola en su nalga me dijo: No Elisa, me pincharon aquí.

Excitada, le hinqué mi dedo tratando de identificar el punto exacto de la punción. Andrea se estremeció emitiendo una sentida queja, desabrochó su pantalón, se lo retrajo igual que la panty y retorció el cuerpo tratando de mirarse el culo donde tenía un leve moretón y una ampulita causada por la concentración del medicamento. Tiene unas nalgas preciosas, redondas, respingadas, muy excitantes. Como ella me lo permitiera, le apliqué unos cariñitos lo cual me acrecentó el deseo y, ya fuera de mí, le besé el glúteo. Andrea se quedó inmóvil, me miró fijamente, luego repuso: “Elisa, eres tan linda, gracias por tratarme así, con tanto cariño…”

Me di cuenta de lo que pasaba, supe que habíamos entrado en una nueva etapa, que entre ella y yo había algo más que relación profesional, o amistad, y que era el momento de decidir si estaba yo dispuesta a enfrentar lo que viniera. Me aparté por un momento pero ella se quedó muy seria, impávida, con ojos de tristeza. Me levanté, le sonreí y me acerqué: El corazón me dio un enorme vuelco al sentir su rostro a dos centímetros del mío. Nos miramos fijamente, su respiración me acarició las mejillas, sus pestañas golpearon las mías, sus labios y mis labios se acoplaron, se mordieron, se agasajaron. Sentí sus manos recorrer mi cintura, mis nalgas y mis partes íntimas.

Fue el principio de una relación muy intensa en la que nos disfrutamos sin ambages y hemos descubierto una gran afinidad sexual. Nos inyectamos mutuamente o nos hacemos inyectar. Carlónimo, mi gran amigo, me he permitido llamarte y pedirte este singular favor, pues sé que tú me comprendes y colaboras con nosotras en la explosiva búsqueda de escenarios.

Las dos bellas chicas permanecían acostadas en paralelo con las pequeñas falditas replegadas y las pantys confinadas en los muslos. Tienen una fisonomía tan semejante que parecen hermanas: Delgadas, altas, de piernas largas, piel blanquísima, nalgas medianas, mullidas, muy bien formadas. De piel muy tersa y sana, cabello chino, nariz recta larga, ojos grandes, claros expresivos, modales finos. Dígnas representantes de la tradición sefardí.

Froto y pincho el cachete de Elisa, desinfecto el de Andrea y lo perforo. Se estremecen, suspiran, se transmiten estentóreos estímulos corporales, visuales y guturales. Se acarician mutuamente: las nalgas, la grieta rectal; se penetran el ano, lo tallan con desesperación. Entre sollozos entablan un rabioso toma y daca, con sendos estímulos vaginales; se incitan el clítoris; gritan, braman, emiten hondos clamores, imponentes lamentaciones del más puro placer masoquista.

Observan y disfrutan la dolorosa sustancia que circula por las jeringas y les penetra los aturdidos y respingados glúteos. Están fuera de sí, aturdidas, sus dedos bullen y se estremecen haciendo vibrar y retorcer las irritadas grutas vaginales cuya abundante segregación invade los muslos, las nalgas, las manos y hasta los brazos de las encantadoras chicas, las cuales no reculan en su desesperada labor de prodigarse el placer más intenso que en su vida hayan disfrutado.

Los agudos gritos, las salvajes exclamaciones de gozo, van poco a poco cediendo. Con la boca abierta, los ojos apretados, las dos chicas muy agitadas, fatigadas, satisfechas, se precipitan una en pos de la otra, se besan, se relamen, intercambian los más ardientes mimos, piropos y juramentos…

La belleza y plasticidad de sus cuerpos me subyuga. Disfruto la deliciosa tensión muscular de sus piernas y de sus nalgas que bullen, se juntan, se apresan, se abrazan y se aprietan. Respetuosamente, salgo de la habitación, dejándolas sumidas en su intenso romance.

http://www.youtube.com/watch?feature=endscreen&NR=1&v=tiF2qeY2pEQ

Pascual -

Muy sensual, candente, no dejes de escribir Carl{onimo. Como dices tambien se extraña a Vero.

Carlónimo -

Ver y palpar tiene su encanto, pero moverse entre la realidad y la ficción con fuerte componente imaginativo, no deja de reportar una gran satisfacción. Se idealiza y se pule a tal grado la escena que ésta transcurre en un rango que va de la perfección a la excelsitud.

Cómo disfrutaba ver a Hilda la novia de mi tío Paco, que llegaba cada tarde con él a casa. Se sentaban en el salón a conversar, reían, saboreaban un café y aguardaban pacientemente hasta que mi abuela aparecía frente a ellos diciendo: “Hilda ¿estás ya lista para tu inyección? Vamos a mi recámara.”

La preciosa chica se ponía de pie y caminaba detrás de mi abuela con rostro compungido pero luchando por mantener una leve sonrisa, contoneando las espléndidas nalgas. Aguardaba que abrieran la puerta de la habitación y entraba palmeándose con sensualidad el trasero y diciendo: ¡Ay qué miedo! O ¡a ver cómo me va hoy! O tan solo dando pasitos muy graciosos como desfilando. Después de ella entraba Paco y hasta atrás mi abuela llevando en las manos un plato extendido donde reposaban la enorme jeringa de vidrio desensamblada, la ampolleta y dos o tres agujas hipodérmicas con brillantes broches dorados o plateados.

Cerrada la puerta empezaba para mí el regio espectáculo pues me acercaba para escuchar y atisbar por el ojo de la cerradura por donde no podía ver la cama completa pero sí el flanco donde Hilda permanecía de pie para aguardar a que la jeringa estuviera lista, luego alzaba su vestido o se hacía descender el pantalón y ya con la panty a medio culo apoyaba las rodillas en cama y se acostaba emitiendo risitas o suaves grititos nerviosos. De ella sólo podía ver parte de las pantorrillas que permanecían en horizontal muy quietas durante la fase de preparación.

El rumor era contínuo, yo distinguía algunas frases sueltas como: “No te quedó ninguna marca de ayer”; o, “Tienes un pequeño hematoma, a ver, te duele?”; “alcánzame el alcohol, Paco”; “Vamos a ver qué aguja nos conviene usar”; “arrímate un poco a la izquierda”; “así, quietecita”; “ya estoy cargando la sustancia, aguarda”.

Al ver a Hilda elevar sus piernas y patalear levemente yo sabía que la abuela ya estaba seleccionando el punto o desinfectándole el cachete. El pataleo se intensificaba hasta producirse un fuerte grito: agudo, corto, súbito, reprimido. Las piernas se paralizaban en el aire y empezaban a descender lentamente hasta quedar apoyadas en la cama y experimentar erráticas sacudidas.

En ese punto la chica empezaba a gritar dramáticamente: ¡Ay no, me duele, señora, ya no aguanto, ay ¡ay! ¡¡ayy!! ¡¡¡Aayyyy!!! Las piernas volvían a elevarse pero Paco intervenía para sostenerlas y indiarle a su novia que se tranquilizara. Ella cambiaba los gritos por atentas súplicas: ¡despacito, se lo ruego señora, no apriete tan rápido, ya extráigala!

Paco se desvivía tranquilizándola: “Ya mi vida, afloja, la sustancia está casi agotada, sólo un jaloncito más, no aprietes amor, tranquila” Eran los momentos más dramáticos, al sentirse sujeta de las piernas la chica golpeaba la cabecera de la cama, forcejeaba y suplicaba fuera de sí: “me muero, no puedo más, por lo que más quiera…”

Sobrevenía un instante de profundo silencio y después explotaba el festejo triunfalista de Paco: “¡listo, Ya pasó todo mi amor, lo lograste, fuiste muy valiente!” Las pantorrillas volvían a elevarse entre mimos y sentidas quejas. Mi abuela caminaba hacia la puerta, yo corría a esconderme, ella bajaba la escalera y se encerraba en la cocina.

Minutos después salían los novios de la recámara, Hilda gimoteando y cojeando, Paco la llevaba del brazo y la hacía entrar en su propia habitación, yo corría al patio, trepaba en mi árbol estratégico y desde ahí miraba cómo mi tío la ponía boca abajo en cama, le descubría las espléndidas nalgas, brillantes, abombadas, muy pálidas. Se las besaba y acariciaba suavemente hasta que Hilda empezaba a temblar de excitación, daba vuelta, se besaban, Paco se extraía el pene, la montaba, le penetraba la afiebrada grietita vaginal y dando un manotazo en la pared apagaba la luz no permitiéndome ver nada más.

Minutos después entraban al salón muy tranquilos, sonrientes, relajados, se sentaban, se tomaban de la mano, se miraban y se guiñaban el ojo con amorosa complicidad. Yo contemplaba con ansiedad las inquietantes formas femeninas de Hilda. A veces esperaba hasta que Paco salía para llevarla a su casa.

Pero a veces no aguantaba más… Subía a mi habitación, me bajaba los pantalones y la trusa, me tiraba boca arriba sobre la cama y empezaba a frotarme el pito mientras pensaba en aquella jeringa, en las brillantes agujas muy afiladas, en esa preciosa mujer tendida boca abajo, en sus piernas, en sus frondosas nalgas, temblorosas, traspasadas…

Carlónimo -

Querida Blanca, antes que nada te agradezco tu fiel adhesión al blog. Te recuerdo en lo personal pues conservas esa franqueza que te caracterizó en tus primeras intervenciones.

Con respecto al comentario este es, en efecto, un foro libre y abierto y el solo hecho de que externes tu opinión es laudable y reconfortante. Además, qué puedo decir si no he dejado de pedirles que piensen, imaginen, retuerzan y expriman su cerebro para crear contextos de gran interés y de erotismo pleno.

Cuando empecé a narrar acerca de la “misteriosa mujercita”, identifiqué con toda precisión al personaje, pero no puedo descartar que las maravillosas vivencias que tuve en su oportunidad con quien fuera “mi preciosa Anna” y que ocupa un lugar muy especial en mi ánimo y en mis recuerdos, estén condimentando los posteriores relatos y hagan pensar que hablo de ella.

Esa y cualquier otra historia que se haya tratado aquí tiene tantas interpretaciones como lectores existen y cada uno tiene el derecho y la libertad de aderezarlas como quiera. Yo vivo también los relatos a mi entero gusto.

Ha sido un placer saber de ti, querida Blanca. Ojalá que escribas más seguido. En breve les cuento algo, Pascual. A quien ya se extraña mucho es a Vero.

Pascual -

Donde andas Carlònimo ya es tiempo de que escribas.

Blanca -

Chicos, yo soy lectora desde la primera edición asi que conozco toda la historia y además ya escribí antes. Dirán que no me meta en cosas que no me importa pero este es un espacio libre y abierto para hacer comentarios. A mí lo de la misteriosa mujercita de Carlónimo me da espina. Carlitos el pequeñin me da en la nariz que es españolito.

Antónimo, tus comentarios me encantan y siempre te leo con atención. Me gustaría conocer tu opinión.

Antónimo -

¡Ah! se me olvidaba, este buen link que me hace recordar que a cada quien le llega su Waterloo o su cada cual…
http://www.youtube.com/watch?v=JaNbyf7rRIU&feature=fvwrel

Antónimo -

Hola chavas y chavos

¿Cómo la están pasando sin Eulogia? Ya vendrá, pero de momento se siente su ausencia. Imagínense que se les ofrece una inyección de urgencia, pero no una inyección cualquiera sino una poderosa, dolorosa, impresionante y muy erótica y en eso se acuerdan que el “terror de los culos latinos”, como le decía el ya legendario gaucho, no está presente y que tendrán que aguantarse o recurrir a cualquier otro paramédico o enfermera.

Pues sí, a los amigos se le extraña, sobre todo cuando no se les tiene cerca. Ya ven a Carlónimo con su dramático “Hello again” que hasta nos hace suspirar de nostalgia. Bueno, lo importante es cuidarlos cuando se les tiene cerca, no olvidarnos de ellos y, sobre todo, hacerles saber frecuentemente que los queremos, que los amamos ¿no creen?

No piensen que esas reflexiones son un impulso mañanero mío de media semana ¡para nada! Es que así es la cosa mis chavos, fíjense que hoy la Yaszmín Alessandrini toca de nuevo ese punto y en un artículo titulado “¿Por qué me dejó de amar?” se refiere al dramo del chavo o de la chava que se ven de pronto solos, a su parecer abandonados y frustrados al ver su otrora franca estabilidad emocional, ahora maltrecha. Ella “con los ojos rojos e hinchados de tanto llorar, toda moquienta y chancluda (…) atiborrándose de chocolates para paliar la depresión” Y respecto de él “no pueden faltar las borracheras con tequila de lunes a viernes, con la barba de tres o cuatro días asomandose en su rostro y escuchando una y otra vez en el ipod una ridícula melodía que le frecuerda la primera cita que tuvieron”.

“Pero eso sí, en medio de tan doloroso trance, hombres y mujeres por igual siempre acaban por lanzar ese lastimero grito de ¡¡¡¿POR QUÉ DEJÓ DE AMARME?!!! (…) De nada sirvieron las promesas, los juramentos, las buenas y las malas en las que juntos lucharon a brazo partido para salir adelante…”

No pues qué chinga ¿no creen? A nadie se le desea ese lastimero estado de terrible depresión e impotencia. Y continúa la Alessandrini: “Pero ¿cuáles son las causas que inciden para que dejemos de amar a esa persona que en un principio con su sola presencia nos provocaba tal estado de bienestar que sólo imaginar su ausencia por unos instantes nos podía causar un dolor insoportable?”

Y señala tajante que son dos los factores principales: el egoísmo y, sobre todo, la equívoca entrada en “zona de confort, o sea cuando llegamos a un punto en el que damos por garantizado todo lo que conforma nuetro entorno (incluso el amor de la persona con la que convivimos, coexistimos y cohabitamos en el día a día) y dejamos de preocuparnos por procurarla, atenderla, cuidarla y cultivarla para que no sólo se conserve, sino se acreciente. Y es que la conducta humana, cuando se trata de relaciones de pareja, suele ser muy dispareja y voluble. Tan sólo hay que recordar -dice Yazmín- cuando tratamos de conquistar, enamorar y atrapar al ser amado… Somos todo un catálogo de estrategias encaminadas a mostrar lo mejor de nosotros mismos con tal de lograr nuestro propósito. Pero ¿qué ocurrió después de alcanzar el anhelado objetivo? Pues nos dormimos en nuestros laureles y creemos que con el esfuerzo previo desplegado será suficiente para mantener por toda la eternidad el amor de nuestra pareja.”

Y finalmente recomienda que: “todos los días nos avoquemos a darle un mantenimiento adecuado a ese amor, para que nunca muera y nunca nos quedemos sin él”.

Cómo ven ustedes esta reflexión de la Alessandrini. A mí me parece que tiene razón y que las cosas no pueden ser o no pueden existir cuando se acaba la fuerza motriz que las mantiene en movimiento. Por ejemplo, si Eulogia deja ahora de acosar a su Ismael, ya no le importa tenerlo, inyectarlo, apapacharlo… Si Gil dejara de ponderar la belleza de su preciosa Carmen, deja de verla largas temporadas aduciendo serios compromisos de trabajo. Si la despampanante Hilda se disculpa por indisposición o cansancio cuando Paco le quiere palpar las marquitas de sus pinchazos. O si… Bueno, hay muchos ejemplos válidos, yo no quiero atiborrarlos.

Ya pueden enviarle recuerdos y saludos por el facebook a Eulogia, para que no los olvide y, a su regreso, les aplique buenas dosis de complejo “B” o de hierro con aplicación en técnica “Z” que es la gran novedad con que Carlónimo nos metió un calambre erótico sensorial en la cabeza ¿Quién le aguanta a Eulogia un pinchazo en zigzag de su arcaica jeringa?

Carlónimo -

Preciosa mía, llegaste con todo tu cariño, con toda tu belleza y con el producto de nuestro amor en brazos. Qué bellos días hemos pasado juntos, ha sido como volver al paraíso. Hemos podido vivir en familia, como deseaba estar con ustedes, amarlos y cuidarlos hasta el límite de mis fuerzas.

Duro ha sido saber que tu salud estaba un tanto quebrantada, que requerías estudios, cuidados y atenciones, que he podido brindarte. Con amorosa resignación has soportado el tratamiento: Las doce inyecciones de hierro aplicadas con técnica en “Z”, recibiendo la enorme aguja por etapas, redireccionada en tramos para no romper vasos sanguíneos o saturar de hierro un solo punto de la nalga.

Con lágrimas en el rostro, gritando y retorciéndote de dolor, apretando mis manos y mis piernas, enjutando el culito, golpeteando exasperada el lecho e implorando piedad, recibiste cada una de las terribles dosis.

Lloré junto contigo y a partir de aquel ebullente erotismo nos entregamos a sucesivos y muy intensos empalmes, a coitos fenomenales donde evocamos el fetiche y la entronización de nuestro ardiente morbo por las hipodérmicas y por la medicación intramuscular.

De nuevo sin ti y sin nuestro hijo, me pregunto: ¿En qué parará todo esto, por qué no podemos vivir juntos y disfrutarnos uno al otro como queremos?
http://www.youtube.com/watch?v=HsUBjhBo4tk

Claro que sí Maricruz, tengo muchos pendientes y deseos de satisfacer a mis queridos solicitantes. Lo que se me ha vuelto escaso es el tiempo, a once mil pies de altura les he escrito esto.

Maricruz -

“De acuerdo Maricruz, lo vemos luego.”
Te espero, Carlónimo.

Carlónimo -

Amigos, estoy gratamente impresionado por el buen gusto con que Eulogia e Ismael aderezaron su ceremonia y festejo de boda.

Llegué con Paty en punto de las 7 a la Parroquia de San Agustín y viendo que no había nadie decidimos pasear por el contiguo Parque “América”. Era una tarde nublada pero no llovió y pudimos movernos con relativa tranquilidad.

Luciendo su hermoso vestido rojo largo y entallado, mi preciosa acompañante mostraba una figura esbelta y torneada, muy excitante, que a esa hora del día y con el clima fresco que imperaba, me hacía desear un momento de sosegado reposo en el que compartiéramos un café y nos calentáramos mutuamente.

Cuando lo consideramos prudente nos acercamos al atrio donde ya estaban Antónimo y la deliciosa Vero portando un vestido color champagne que se le adhería sensualmente al cuerpo resaltando sus espléndidas formas femeninas. En unos cuantos minutos fueron llegando los invitados. Primero Marce, también de rojo, delgadita despampanante, acompañada por un muchacho alto bien parecido.

Luego Hilda, con un vestido azul cortísimo. Pepe, su novio, la llevaba orgulloso de la mano, no dejaba de besarla y de ponderar sus evidentes encantos.

Gil llegó junto con Carmen mostrando que se entendieron y que ya forman una bonita pareja; es un hecho que se llevan bastante bien pues en todo momento los vimos cariñosos e integrados. Por cierto que Carmen está cada día más bella y nada conservadora; llevaba un vestido corto, entallado y escotado que la hacía ver suprema y muy coqueta.

Ivett y Yamil, acompañadas por sus respectivos novios, completaron el racimo de bellas chicas procedentes del blog que acudieron a tan sonada celebración. Las dos están guapísimas y cautivaron a los concurrentes.

Vimos también a Elisa junto con con Andrea, su preciosa acompañante. Resulta que se han identificado las dos y disfrutan una muy placentera relación lésbica. Aseguran que su romance es serio y que lo formalizarán pronto. Tienen el mismo corte físico: las dos muy bonitas, blancas, delgadas, nalgoncitas y de finos modales.

Muchísimos invitados llenamos la iglesia y recibimos con enorme cariño a nuestra muy querida Eulogia que lucía encantadora con un vestido de boda de esos cortísimos, muy moderno, presumiendo unas piernas esculturales. Entró del brazo de su tío quien finalmente la entregó a Ismael para que se solacen y pasen el resto de su vida juntos. Se veían radiantes y motivados. Al ser declarados marido y mujer se abrazaron y se trenzaron en un beso tan espontáneo e intenso que hizo brotar un nutrido aplauso de los asistentes. No cabe duda que llegan al matrimonio seguros de sí mismos, con la suficiente madurez para que la relación perdure.

Ya en el salón, a todos los que acudimos del blog nos invitaron a sentar en la misma mesa donde pudimos integrarnos como nunca antes lo habíamos hecho. Si bien acudimos en parejas decidimos bailar todas con todos, conocernos mejor y pasar una noche de gran alegría. Todas las chicas son espléndidas y bailan con una maestría innegable. Nos integramos como excelentes amigos

Después de disfrutar una espléndida cena aderezada con los mejores vinos y una música orquestal suprema, estalló la alegría del mariachi y se armó una verdadera noche mexicana en la que cantamos a pulmón desenfrenado, compartimos el tequila y repasamos bailando todo el folklore de nuestra querida Patria, bajo un cielo tachonado de centellas y de constelaciones pirotécnicas.

Eulogia e Ismael pasaron “la noche” en el Hotel Del Bosque en el Paseo de la Reforma y el domingo a las 13 horas tomaron el avión para celebrar su intensa Luna de Miel en Roma. Espero que nos compartan algunos episodios de su cálida intimidad.

Seguimos en comunicación, espero que compartan algo. Festejen, amen, olvídense de broncas, sólo amen, de eso no se arrepentirán nunca
http://www.youtube.com/watch?v=wj10EzNKA2M

Paty -

Hola a todos, me reporto lista para la boda, no falten. Sí Eulogia voy a llegar a la hora que pactamos, el vestido está lindo, mil gracias eres espléndida. Y sí, me dejo que me piques mis nalguitas con tu jeringa pero que Carlónimo me sostenga acostada en sus piernas Okis? Bye.

Hilda -

Yo también estaré en la boda, será muy bonito convivir una vez mas con todos ustedes. Perdonen que no haya podido participar en la despedida de soltera pero estaba malita y me inyectaban cada 8 horas. La mamá de mi novio me estuvo inyectando y me acordé mucho de Eulogia porque ella también usa jeringas antiguas de vidrio, qué dolor tan espantoso, no se lo deseo a nadie!! Y no podía negarme porque Pepe, mi novio, se pone muy celoso de que me inyecten otras personas aunque sean mujeres pues el dice que “caras y faldas vemos pero corazones no sabemos”, asi es de celoso pero lo quiero mucho. Ah! y no dejó de estar presente cada vez que me inyectaban; él no lo reconoce pero estoy segura de que también tiene el morbo por las inyecciones. Después que me la aplican se queda consolándome y sobándome el sitio y luego me está pregunte y pregunte cómo la sentí, si me dolió mucho. Cuando hacemos el amor me busca los piquetitos en las nalgas para calentarse, qué les parece? Digno de un relato de Carlónimo no?. Que por cierto, hace mucho no me dedicas uno así que te lo encargo, me lo debes. Los veo el sábado chicos.

Eulogia -

Qué sueño ni qué tres gaitas, lo caído caído yo bien que me acuerdo mi rorro ¡qué rico me gozaste Carlónimo? Ah! Pero no me acabaste de poner la inyeccioncita, está pendiente. Chicos, ya les tengo mesas reservadas para el sábado, no falten, bailan mucho y me echan porras eh?… Vero, no olvides la vela que tienes que llevar y a mis damas (Paty y Marce) les recuerdo que deben estar antes de la ceremonia, como a las 7. Los vestidos se les ven preciosos, bien entalladitos con las nalguitas bien paradas, qué ganas de picárselas con mi jeringa ¿se dejan? Gracias Gil por tu atenta confirmación, espero bailar un vals contigo… y con Antónimo, desde luego.

Carlónimo -

Gracias Carlónimo por aceptar mi invitación, eres difícil de convencer pero ya ves que tengo recursos para ello…

¿A qué clase de recursos te refieres Eulogia? Quiero que no te quede ninguna duda acerca de mi motivación para venir a verte.

Calma muñeco, no te mortifiques ¿No te he dicho que yo asumo toda la responsabilidad de este encuentro; no soy yo acaso la mayor de los dos, la que te conoce y nunca te ha fallado desde que eras un adolescente; no me has guardado un cariñoso respeto siempre; por qué ahora desconfías de mí?

Un momento Eulogia, tú sabes por qué me preocupo. Acepto no tener la vocación de fraile pero no transijo al apegarme a mis principios en torno a una moral básica…

A la que no vas a faltar en absoluto, te lo aseguro mi “paladincito de la lealtad”. Ya te expliqué que entre Ismael y yo existe un acuerdo explícito de permitirnos mutuamente el disfrute de algunas pasiones muy personales. Él inició su despedida de soltero ayer mismo, con un acto de entera libertad. Se fue con una chica y seguramente se reventaron de sexo porque eso es normal, la carne es débil, él está joven y yo no estoy dispuesta a atarlo ni andar vigilándolo.

Los dos sabemos muy bien por qué nos casamos y los motivos personales que tenemos son ajenos a suspiros e ilusiones de quinceañeras ¿Me entiendes? Así que él sabe, está perfectamente enterado y conforme con que yo me encuentre ahora contigo y que me conduzca como se me pegue la gana. No se está tronando los dedos ni realizando chaquetas mentales, porque él entiende muy bien mis cosas y de lo que se enojaría es de que yo fuera tan pendeja para creer que se casa conmigo por un simple impulso de enamorado. Eso es lo que ni tú ni Paty ni otras personas quieren entender. Para mí y para Ismael el matrimonio es una puerta hacia la libertad y no la ratonera que ustedes conciben.

Te he estado pidiendo que me atiendas porque somos muy buenos amigos y me conoces de años y además ¿qué te cuesta compartirme algo de ti ahora que puedes? Hace un año estabas por casarte y cuando tu “ex” me echó la bronca y me cerró la puerta en las narices, te consta que respeté sus reglas y me comprometí a mantenerme alejada de tí. Eso fue muy doloroso para mí pero acepté porque yo también tengo una moral básica igual que tú la tienes. Pero ahora tú no estás faltandole a nadie y yo tampoco, porque Ismael está de acuerdo en dejarme un espacio de libertad igual que yo a él. Y además no te estoy pidiendo que asumas ninguna responsabilidad respecto de mí, ni yo la asumo respecto de ti.

Ya hablé demasiado Carlónimo, vamos a dejar este enojoso tema de una vez por todas. Estoy aquí para que me des el regalito que te pedí. Me enviaste la ropa interior con Paty, pero el acuerdo fue que… tú me la probaras mi rey… y quiero también que me inyectes… ya te dijo Antónimo que lo estoy necesitando y deseando… urgentemente…

La preciosa Eulogia me tenía sorprendido. Era difícil concebir que fuera ella. La miraba luciendo un pantalón rojo delgadito rigurosamente entallado que delataba unas piernas y unas nalgas abundantes, soberbias, muy bien torneadas. Su blusa, de fina seda, mostraba unas enormes tetas perfectamente engalanadas y una cintura estrecha que desataba las más vivas pasiones. Su rostro, si bien terso y muy bien acicalado, no podía esconder la edad, pero ese solo factor incitaba la morbosa apetencia de conquistar a una mujer largamente experimentada y coquetamente acicalada.

Incapaz de rehusarme la abracé con gran apetito. No me convencían sus argumentos pero su cuerpo, la plasticidad de sus formas, la ostentosa ironía con que me trataba, me excitaron demasiado y no me permitieron pensar más que en poseerla, disfrutarla, hacerla mía.

Me plegué a complacerla, salimos del restaurante y caminamos hacia el coche. Los movimientos de Eulogia se tornaron cada vez más sensuales. Entramos juntos en la farmacia, llegamos al mostrador donde ella misma pidió tres ampoilletas de Complejo “B” y una cánula para lavativas. Sus excitantes comentarios: “Vamos a que me las apliques, mi vida” concentraron la atención del nervioso empleado que no dejaba de admirarla y se quedó paralizado al verla salir contoneando el formidable trasero.

Entramos al departamento y Eulogia se tiró boca abajo en la cama diciendo: Por fin solos Carlónimo ¡vamos a disfrutar juntos! Su espléndido cuerpo, el desparpajo con que yacía con la blusa descuidadamente replegada mostrándome parte de la espalda y el inicio de los blanquísimos glúteos, me hacían buscar el acercamiento con ansia.

¿Qué prefieres, Eulogia? Lo que tú quieras, tenemos tiempo para todo. Pero, espera, primero abrázame, házme sentir tu presencia. Me senté a su lado, le palpé las nalgas, me coloqué a horcajadas y metiendo mis manos por debajo de su cintura le aflojé el cinturón, desprendí el broche, bajé el cierre del pantalón y empecé a deslizar la prenda suavemente viendo como los frondosos cachetes brotaban espontáneamente, apenas cubiertos por una minúscula panty color rosa pálido que no alcanzaba a tapar ni la cuarta parte de aquellos abombados filetes.

Las nalgas de Eulogia son grandes, muy blancas, exuberantes, moderadamente flácidas pero incitantes, se advierten tersas, apetitosas. Muestran en la base, muy cerca de los muslos, algunas leves marquitas de celulitis, pero ese pequeño “defecto” no hace sino acentuar que se trata de una mujer madura, plena, por lo demás muy bien conservada, lo que le añade una cota extra de sensualidad.

Cuando sintió mis manos deslizarse por sus extensos, abombados y blanquísimos cachetes, se estremeció espasmódicamente, gimiendo, sollozando y gritando: ¡más, Carlónimo, bésamelas, pícamelas, penétramelas, más…! Estaba excítadísima, restregándose ansiosamente contra el lecho.

Fuera de sí, desesperada, me señalaba su bolso, de lo cual deduje que ya quería ser inyectada. La jeringa está hervida, ya está lista… me decía implorante, así que tomando el arpón lo extraje de la tinita plateada, lo ensamblé, le ajusté la impresionante aguja de broche dorado, cargué la densa sustancia, extraje las burbujitas, desinfecté el cachete y, a punto de perforarlo, la paciente brincó interrumpiéndome e implorando: ¡Espera, no, te lo ruego por favor, espera, que ya me puse nerviosa, mejor del otro lado!

Volví a mojar el hisopo, lo deslicé por la otra nalga, abaniqué para evaporar el excedente de alcohol, delimité el sitio y en eso… ¡otra vez! A punto de pincharla Eulogia se retorció, interpuso sus manos como escudo y me suplicó de nuevo: ¡Espera, amor, no, ya me puse muy nerviosa, ténme paciencia! Se cubría las dos nalgas pensando que se las pincharía sorpresivamente.

La escena me resultaba muy erótica, así que decidí introducirme más en ella y disfrutarla. Dejando la jeringa a un lado, me extraje el pene y se lo deslicé a Eulogia sorpresivamente a lo largo de la encendida raja que palpitaba y se abrillantaba al influjo de mi primer calostro.

Tomando mi pene se lo dirigí de punta, a manera de bolígrafo, sobre los dilatados glúteos que le servían de pizarra. Le pintarrajee por tramos aquellos sensuales bisteces marinándolos con el abundante fluído que ya me brotaba constante. Estaba tan excitado que no pude evitar colocarle a la preciosa Eulogia mi glande en la empapada vulva. La encantadora mujer volvió a estremecerse, aflojó la raja del culo e imploró: ¡Eso es, penétrame… Ya no aguanto…!

Olvidándome de todo: De la inyección, de la moral, de mis principios, de Ismael, de la boda… me solacé precipitando el enardecido salchichón en aquella desesperada grieta que lo acogió, lo apretó y lo talló con inusitada avidez, entre gritos, juramentos y jadeos incontrolables hasta sentir que, a la vista de aquellas preciosas nalgas empeñadas en tan formidable y rítmico vaivén, vaciaba mis testículos. El semen me fluía a borbotones, gruesos escupitajos que golpeaban las cilídricas paredes de aquel estrecho y cálido reducto de Eulogia, que acogía toda mi leche con gran avidez.

Sumido en aquella vorágine de placer, con Eulogia colapsada por el violento orgasmo, apenas percibí que Ismael entraba en ese momento corriendo, con el rostro furioso, desencajado, lanzándonos a Eulogia y a mí rabiosos improperios. Decididó, desenfundó un enorme revolver, nos apuntó y el seco estallido de la bala hizo saltar la escena en pedazos.

Sudoroso, agitado, con la boca seca, me agité en el lecho comprobando ¡dichosamente! que todo había sido una terrible pesadilla.

Preciosa Eulogia, estaré feliz de acompañarte en el día de tu boda. Disculpa que no te inyecte por el momento, sé que Ismael te atenderá maravillosamente.

Gil -

Me aqpunto yo si voy.

Carlónimo -

Querido Pascual, queridos amigos todos.

Espero incorporarme muy pronto. No dejo de pensar en ustedes y de entrar al blog deseando que participen. Tenemos, en efecto, la boda de Eulogia en puerta, espero que TODOS ASISTAN. Nuestra buena amiga es una gran institución dentro del blog y nos ha brindado momentos de gran intensidad. MERECE nuestra felicitación y compañía ¡ANÍMENSE!

Todos te queremos preciosa Eulogia, que tu jeringa no nos abandone.

http://www.youtube.com/watch?v=lFUKPBZjIiE&feature=related

Pascual -

Oye Antónimo, tu sabes donde está Carlónimo? Vero, compártenos alguna experiencia tuya.

Antónimo -

Hola chavas y chavos

¡Ups! Parece que la calentura ha retornado al blog: que si Paty en las piernas de Carlónimo; los fajines de Stella y Fabiola; las travesurillas de Maricruz; la versatil Leticia y sus contrastantes impulsos; el erotismo de la singular Paola… ¡Guau!

Y luego mi preciosa Vero que se sorprende del “poder de seducción” de nanny y emulándola me dispara un cañonazo del más puro erotismo: “Oye cariño…últimamente me he sentido muy débil, y estresada, ¿Qué me recomiendas hacer?”

¿No les parece tentador el pedimento de auxilio, ustedes qué hubieran hecho? A mí me calientan demasiado esas consultas, así que mis ojos siguieron el suave y curvado contorno de su cuerpo, la tomé en mis brazos, la despojé de su exigua vestimenta, juntamos nuestros labios, recorrí con el tacto esas piernas de fábula, las erguidas tetas, sus nalguitas extensas y respingadas. Preparé una jeringa del más espeso complejo “b” y se la apliqué lentamente, solázandome con sus grititos, retozos, lamentos y sugerentes convulsiones.

Le apliqué el sensual masaje de consolación, le excité las dos cabinas y las penetré sucesivamente… hasta que el entuerto quedó conjurado y la exorbitante explosión de sus íntimos fluidos la dejó muy quieta, sosegada, relajada, satisfecha y feliz.

Se colgó de mi cuello diciendo: “Por eso te quiero, mi Tony, por eso te amo tanto, porque tú si que me das el ancho…”

Esa es la receta infalible con que se puede apacentar a las féminas y eso no lo digo yo porque ¡miren ustedes! Resulta que ayer 8 de agosto se celebró el Día Mundial del Orgasmo Femenino, que tiene como objetivo estimular el placer sexual en su máxima expresión, ya que según un estudio realizado por el Instituto Kinsey de Estados Unidos, sólo un trercio de las mujeres del mundo llega al orgasmo a partir de prácticas sexuales.

Y resulta que, según otra investigación publicada por el Journal of Sexual Medicine, las chicas que se contonean al caminar experimentan más orgasmos que las que no ¡Ay guey! Por eso aquí en el blog todas las chavas tienen orgasmos de película, pues ya ven ustedes mis inquietos chavos, cómo “las mueven” nuestras amigas al caminar ¿O no, mi Vero? Me criticas por mirón pero hay que ver cómo alborotas a los gallos con tus falditas, tus sentaditos y tus vaivenes…

Bueno, el caso es que según las sesudas investigaciones, los orgasmos tienen una importancia fundamental para la salud de las féminas, pues no es sólo una respuesta placentera sino que desencadenan una serie de procesos biológicos importantísimos como es el de la producción de endorfinas, estimula el equilibrio funcional y mental, favorece el reconocimiento de las sensaciones y hace que la chava concrete su derecho de vivir una sexualidad plena, respetuosa y libre de violencia. En suma, el orgasmo es la puerta de la felicidad. Así que ¡a darle, mis chavas! Vuelo a los empalmes con sus chavos preferidos, comprométanlos a que cumplan su altruista y placentera labor de hacerlas felices.

Ah, por cierto que Eulogia, quien me ha estado telefoneando para saber dónde anda Carlónimo, me encargó recordarles que ya falta una semana para la boda. Dice que está bien alborotada y que ya quiere vestirse de novia y luego tomar el avión para pasar su luna de miel en Italia.

Cómo andará de acelerada que se está aplicando un tratamiento intramuscular a base de vitamínicos dizque para estar bien templada y sosegada ¿Cómo la ven? ¡Con tamañas nalgotas bien paradas y ofrecidas sensualmente al martirio! No deja de ser erótica la chava…

A ver si Carlónimo se anima a inyectarla y a contarnos los pormenores.

Leticia -

Gracias Carlónimo, soberbio el relato, te amo. Soy lesbiana pero te juro que contigo lo haría. Es más regálame un relato hetero, tú y yo. lo deseo.

Carlónimo -

Fe de erratas:

Párrafos 6, 7 y 8, donde dice Nayeli, debe decir Stella.

Que tengan un excelente fin de semana. Sean muy felices.

Carlónimo -

Preciosa Leticia, atiendo tu amable solicitud, con verdadero gusto.

La fidelidad es, sin más, una loable virtud que me gustaría cultivar, pero hay momentos en que la voluntad flaquea, se desploma y es finalmente arrollada por el deseo.

¡Stella es un monumento de chica que me encanta y eso no lo puedo evitar! Mi amada Nayeli me la puso enfrente y por eso no soy responsable de lo ocurrido.

Ayer cuando Stella llegó a inyectarme, desde que la ví el corazón me saltó bruscamente. Su vestido corto en color verde tierno, sus robustas piernas, esas nalgas que se dibujaban imponentes bajo la delgada tela. Su piel blanquísima, los mullidos senos parcialmente visibles, su cabello oscuro, las pobladas cejas, los encarnados labios, esa sonrisa pícara…

Y luego, sus manos que me tocaban, me tomaban del brazo, me hacían girar y acceder a que mi cuerpo fuera sensualmente recorrido con la mirada.

¿Por qué Nayeli elogió tanto mi cuerpo? Yo vestía tan solo el sencillo uniforme escolar: blusa blanca, sueter, falda corta tableada y calcetas en color gris Oxford. Stella me vio y me dijo: “Fabiola, te ves suprema con esas prendas”.

No supe qué contestarle, ella sabe muy bien que soy lesbiana y que la admiro, que me fijo en ella. Por eso digo que no soy responsable, Nayeli y su hermana me han metido en este embrollo del que no pude escapar anoche.

Nayeli se sentó en la cama, me alzó poco a poco la tableada y rabona falda, me palmeó una y otra vez los muslos, después las nalgas. Me dijo que le encantaba inyectarme porque mis nalgas son grandes, carnosas y muy sensuales. Me hizo inclinar el cuerpo, acostarme boca abajo. Insertó lentamente sus dedos en el elástico de mi panty haciéndola descender poco a poco hasta los muslos.

Me instruyó: “quédate así quietecita Fabiola, no te tenses, permíteme admirar tus nalguitas.

Permanecí inmóvil, con las nalgas descubiertas, resignadamente paradas, entregadas, tan sólo oyendo, adivinando lo que ella hacía. Separó las dos tiras de papel que envuelven la jeringa, las observé caer sobre la cama, frente a mis ojos, lo mismo que la tapita plástica protectora de la aguja. Oí muy bien el imponente “trac” de la ampolleta al ser descabezada. Una vez absorbido el pastoso líquido, Stella aventó también el cilíndrico frasquito vacío para que yo lo admirara.

Fue cuando sentí sus dedos que hurgaban mis atemorizados glúteos, los punzaban una y otra vez, suavemente, hasta que la atención de Stella se concentró en el cachete izquierdo. Volvió a punzármelo diciendo: “aquí, querida, me gusta este sitio, no te va a doler, respira profundo, retén el aire, no te muevas, afloja el culito, así, uno, dos… tres”

Respingué, musité una leve queja y apreté el vientre al sentir el raudo avance de la hipodérmica, la presión en el punto vulnerado donde el tope de la aguja descansaba y punzaba mi dolorido glúteo. El insoportable ardor se extendió por la superficie de mi nalga como la caprichosa expansión de un rayo en el ennegrecido firmamento. Así experimenté la agresiva invasión del medicamento. Grité, cerré los ojos, apreté los puños y el coño, resoplé, me enjuté lastimosamente.

En ese contexto de agudo dolor, percibí y me invadió un erotismo avasallante. No pensaba, no medía consecuencias, jadeaba, disfrutaba el creciente cachondeo con que Stella me controlaba, me dominaba… El dolor de la inyección me fascinaba; las caricias de Stella me hacían perder el juicio.

Desubicada y desesperada empiné el culo y le ofrecí con descaro la vulva. Al sentir que me la traspasaba, que su dedo se hundía completo, gemí, grité, le dije que la amaba, que era a ella a quien yo deseaba.

Me volví bruscamente, la abracé, busqué sus carnosos labios y hundí mi lengua en ellos para degustarlos, chuparlos, saborearlos. Stella se revolvía en mis brazos, bullía insegura, me decía: “Espera Fabiola, me haces daño, no puedo, no puedo acceder a lo que me pides”. Decidida, deslicé los tirantes de su vestido hacia los brazos, descubrí sus apetitosas tetas y empecé a lamerlas con fruición, le chupé y succioné los pezones haciéndolos crecer extraordinariamente. Los sentía duros, alargados, como trocitos de pulpo a merced de mis labios, de mi lengua, de mis dientes.

Sus gritos se agudizaron ¡No, por favor, mi vida, no puedo, no me hagas caer, nunca he tenido una experiencia lésbica…” Pretendía apartarse pero me restregaba cada vez con mayor denuedo tanto las nalgas como las piernas, correspondía mis besos desplegando sus carnosos labios ¡Fabiola, espera, Fabiola, prométeme que esto no lo sabrá Nayeli, que será nuestro secreto, nuestro más caro y ardiente secreto. Por favor, vida mía, dame la tranquilidad que necesito para amarte… para poseerte… para que tú me poseas!

Totalmente fuera de control, le desprendí lo que quedaba de su exigua ropa y me dejé desnudar dócilmente. En posición simétrica inversa nos lengüeteamos al tiempo la vagina, nos traspasamos el coño, nos acariciamos con arresto las nalgas

¡Qué grandes las tienes, qué duras, mullidas, espléndidas, deliciosas! Intercambiamos alabanzas, promesas, juramentos ¡Seré sólo tuya! ¡Y yo, y yo seré sólo de ti, preciosa! ¡Sólo tú me inyectarás! ¡Y tú a mí, ya lo estoy deseando, no sabes cómo lo estoy deseando! ¡tus nalgas son mías! ¡las mías sólo a tí pertenecen! ¡ámame, quiéreme, inyéctame, excítame…!

Los crecientes arrebatos nos hacían a las dos sacudir, retorcer y emitir un agudo y prolongado chifle que culminó con escandalosos gritos, rasguños y mordidas, al tiempo que nuestros ardientes néctares brotaron y se fundieron.

Empalmadas, sujetas una a la otra como tijeras enfrentadas, con las vulvas pegadas, montadas, revueltas, gemimos como unas locas, jadeamos, sollozamos y nos juramos amor eterno.

fuckti -

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Paty -

Carlónimo ya te extraño, donde andas?

Carlónimo -

Cuando despertó se sintió no sólo esposada sino mutilada. Sus brazos atados y puestos en alto se encontraban insensibles y sin control debido a la falta de circulación.

Paola emitió una profunda queja, mentalizó su situación y muy preocupada se incorporó tratando de restablecer el flujo sanguíneo en sus extremidades que no respondían, permaneciendo densas, colgadas, como pesados fardos.

Furiosa y desesperada se arrodilló, luego se puso en pie sobre la cama y empezó a sufrir ese creciente y dolorosísimo entumecimiento con el que retorna poco a poco la sensibilidad a los brazos.

La preciosa chica se retorció lastimosamente con las nalgas descubiertas hasta que poco a poco la molestia fue pasando y empezó a tener control sobre sus miembros; en ese momento llegó Luis y le soltó las esposas con lo cual la pobre chica pudo descansar y frotarse las muñecas y los brazos.

Cuando el muchacho quiso abrazarla y acariciar su espléndido cuerpo, ella se desprendió violentamente y le propinó un estruendoso cachetadón diciendo: No tienes vergüenza; una cosa es tramar y acordar un momento de mútuo placer y otra sujetar y disponer de la persona como si fuera un simple objeto. Dicho esto, se vistió y salió furiosa sellando su perorata con un atronador portazo.


Ya en casa se dio un reconfortante baño y frente al espejo, mientras se secaba, observó el lamentable estado de su nalguita izquierda donde había recibido las tres dolorosas inyecciones; aún sentía la pierna engarrotada y una especie de ardor interno que le calcinaba el dolorido glúteo. Puesta de perfil, luego a tres cuartos y finalmente de espalda con relación al espejo, pudo ver y se convenció fehacientemente de que sus encantos personales no eran ni remotamente despreciables.

Se acarició sensualmente el talle, las nalgas, los muslos y el pubis, se dejó caer boca abajo sobre la cama, empinó el redondo y extenso culito y evocó los momentos de mayor placer, lentamente, uno tras otro, hasta emitir un involuntario jadeo, restregarse contra el lecho… cada vez más intensamente… evocando, sintiendo, gozando aquellos instantes, cuando… “el doctor Quirarte, estaba encantadísimo con la escena, y comenzó a manosear las blancas y firmes nalguitas, para encontrar el sitio correcto… hasta que, desinfectó la nalguita derecha, que, estaba durísima por los nervios, y sin tratar de suavizarla, hundió con recelo la aguja, sacándole un grito a la pobre chica”.

La creciente humedad en su entrepierna sacó a Paola del profundo arrobamiento en que se encontraba. Al otro día se presentó en el consultorio del doctor Quirarte cuyo infantilismo sexual la había complacido. Ese hombre, decía Paola, sabedor de que podría ser mi abuelo, incapaz como está de lograr una erección plena y de poderme penetrar como seguramente lo desea, se conforma con tenerme a la vista, tocarme, inyectarme, alabarme, mimarme, imaginarme suya, en sus brazos… en su vida ¡Y eso a mí me enciende, me fascina!

Descubriéndose las pálidas y tersas nalguitas, ofreciéndoselas en pompa al vetusto médico que sonreía acalorado, la deliciosa chica disfrutó el raudo pinchazo, las tiernas y tímidas caricias de aquel venerable anciano embebido y embobado, que parpadeaba menudamente, se mojaba una y otra vez los labios, mordía su frondosa lengua, reía y se alzaba sobre las puntas de los pies de puro contento.

Paola temblaba de dolor y de excitación, se frotaba contra el lecho, jadeaba y detonaba neurálgicos sollozos, mientras su cuerpo se encrespaba y se retorcía al influjo del moderado y certero estímulo que el bien adiestrado doctor le aplicaba, a la vez, en el clítoris y en el ano.

Verónica -

Paola se considera una chica bastante común, y aunque proyecta una seguridad inconmensurable, son solo apariencias, en realidad se siente sola, y no encuentra la seguridad en sí misma, para enfrentar al mundo. Ella se asoma al espejo, y ve un rostro blanco, casi transparente, ojos verdes, nariz respingadona y labios medianos. Y, conforme pasaba el tiempo, también veía ojeras, y fantasmas de los matices de su alma…

Pensó estar volviéndose loca, y por eso, acepto empezar a salir con un chico… Alto moreno, y con cuerpo de modelo, que no dejaba nada que desear… Su relación avanzaba, pero Paola temía llegar al acto sexual, porque se sentía insegura de su cuerpo, ya que, es exigente consigo misma, y siempre busca la perfección...

Eran tantos los intentos fallidos de Luis, que él, en lugar de engañarla, decidió convertirse en un detective obsesivo, claro, comenzó por preguntarle sus fantasías, trataba de excitarla por las noches, le besaba el cuello, le acariciaba los pezones, pero sin resultado alguno. Entonces, tomó una medida drástica, y durmió a Paola con un par de tragos, mientras estaba en uso de su computadora.. y Funcionó, entonces, cuidadosamente, la acostó en la compartida cama matrimonial, y decidió explorar todos los archivos abiertos, con gran sorpresa, pudo percatarse de la cantidad de videos sensualísimos que ella ocultaba y reproducía sin descanso….

Aparecían chicas acostadas boca abajo, con las nalgas descubiertas (algunas desnudas), y prestadas al terrible suplicio de una jeringa con líquido amenazante, doloroso… Al principio, no le provocó Más que coraje, pero paulatinamente, la vista de las jeringas incrustadas, los nervios, los algodones, y las chicas temerosas… las frases amables… “Tranquila, es por tu bien”, “Solo un piquetito”, estimularon sus fibras sensibles, hasta comprender la esencia de ser poseído, sometido, y después de todo, resultaba extremadamente delicioso… Entonces, decidió desvelarse, viendo cada vez más técnicas… mas aventuras, y estimulándose… hasta quedar exhausto…

Entonces, empezó a llevar a cabo su plan: Era muy sencillo: solo que ella le diera un poco de sensualidad…un poco de amor… en la intimidad, ya era tiempo, después de dos años….

Y para eso, decidió, hacer que ella se enferme, y pudiera comentar su fantasía, para juntos, llevarla a cabo, y adquirió gran cantidad de videos de inyectables, hasta que aprendió correctamente las bases, y de vez en cuando, le comentaba que algún compañero de trabajo, enfermó, y estaba recibiendo inyecciones muy dolorosas… Claro, la reacción de Paola era, nerviosismo, y cambiaba de tema al punto. El se divertía en silencio, y la invitaba a fumar, comer helados, desvelarse, y dormir con la ropa mojada.

En fin, tras largos días de mañas, Paola comenzó a sentir molestias fuertes, que la llevaron a permanecer en cama más de una semana, y el médico le diagnosticó 8 inyecciones para erradicar la infección de la garganta que la estaba aprisionando… Ella, le suplicaba a Luis: “Amor mío, por favor no dejes que me pongan inyecciones, las odio… No, no me dejar锅

“Es por tu bien, yo no te dejaré sola”… le decía el… entonces el drama se hizo perceptible, porque el doctor ni preguntó, después de dar el diagnóstico, comenzó a cargar la sustancia blanca, combinada con agua inyectable, y acomodó cuidadosamente la tapa con la jeringa ya preparada, en una bandeja, acompañada de dos algodones empapados en alcohol, y se acercó a la cama con aquellos amantes: “Señores, lamento interrumpir, pero debo aplicar inmediatamente el medicamento”. “Señorita, dese vuelta, y descúbrase”. Y como respuesta, Paola permaneció inmóvil, y Luis, la volteó a la fuerza, mientras ella maldecía, pataleaba, y lo rasguñaba con absoluta furia. Entonces, el, sin piedad le desabrocho los pantalones, y le descubrió por completo las nalgas, de manera exagerada, casi hasta las piernas… La detuvo…es un hombre fuerte y musculoso, y le dijo al doctor…adelante, donde usted prefiera pinchar………. No se preocupe… Paola lloraba desconsoladamente, aferrándose a la almohada, y moviéndose bruscamente, pero Luis la detuvo con esmero, obligándola a tranquilizarse, y el doctor Quirarte, estaba encantadísimo con la escena, y comenzó a manosear las blancas y firmes nalguitas, para “encontrar el sitio correcto”… hasta que, desinfectó la nalguita derecha, que, estaba durísima por los nervios, y sin tratar de suavizarla, hundió con recelo la aguja, sacándole un grito a la pobre chica.

Luis le levanto la pierna contraria, para asegurar el paso de la sustancia por el torrente sanguíneo, sin dejar de brindarle palabras amables, sostenerla fuertemente, y sosegarla.. Realmente la escena lo tenía sacado de quicio, su pene ya estaba bastante endurecido, y cuando la sustancia comenzó a entrar, Paola dejó de moverse… y comenzó a llorar descontroladamente…. ¡Basta! Me arde… ay amor, ya!!! Y como respuesta, Luis solo le decía que aguantara, y que pronto terminaría el suplicio, y con un poco de morbo, que faltaban solo siete… claro que ella lloraba cada vez mas… y cuando terminó la aplicación, y Quirarte retiró la jeringa… le dio un masaje prolongado más doloroso que la misma aplicación, Paola ya no se movió, ni se inmuto en cubrirse… del impacto y del dolor. Entonces el doctor se retiró preguntando si deseaban que fuera a aplicarle las inyecciones, pero Luis se negó, argumentando que ellos se las arreglarían … Entonces, Luis la desnudó por completo, y le brindó las mas placenteras caricias, logrando un poco de respuesta…. Al menos se restregaron, entregándose al más grato placer, pero sin llegar a la penetración. Entonces comenzaron una discusión muy acalorada sobre lo serio que era terminar el tratamiento, y ante las negativas de Paola, Luis se ofreció a aplicárselas el mismo… “Bueno, pues con esas manitas de ángel, si me dejo amor…pero solo la mitad del tratamiento.. me arde mucho”… Pero Luis es muy estricto, y está dispuesto a hacer suya a esa mujer, y a vigilar que el tratamiento se complete… además, tiene un plan algo torcido como el fetiche de su chica.

En fin, al día siguiente, Paola no podía caminar bien… en su trabajo la gente le hacía burla…” Jaja…parece que estas espinada”, le decían…. Y al llegar a casa, Luis estaba esperándola con la cena lista… Él pidió salir temprano de sus labores para consentir a su chica, y por supuesto, la jeringa ya estaba lista… Así que, después de cenar, y bañarse juntos…. La cubrió con una toalla, y le dijo que no se vistiera, porque la iba a inyectar…

Paola protestó, pero dentro de su ser, había cierta fascinación en volver a vivir ese fuerte dolor, y más en manos de su hombre, por eso se vistió, le parecía más sensual ser desvestida, y poner un poco de resistencia…. En fin, se acostó, y le dijo a Luis que mejor al día siguiente, que ya se sentía mejor, ella sabía bien lo perseverante e insistente que él era. Total, Paola lloró, pataleó, pero Luis la inyectó a la fuerza, y en la misma nalga del día anterior…. Esa noche tuvieron su primera relación sexual en forma…. Y Paola confesó que las inyecciones la calentaban muchísimo… y le pidió a Luis, aplicarle alguna vitamina…

Luis aceptó, pero con una condición, no quiso decirla, solo mencionó el fetiche q el tenia y quería q se cumpliera con aquella chica, y Paola aceptó.

Al día siguiente, Luis repitió las labores del día anterior, y compró una ampolleta de vitamina, porque decidió darle placer a su mujer… Comenzaron a agasajarse…. Con las dos jeringas listas…. Cuando Luis, sacó unas esposas de la mesita de noche…….. y ató a la cabecera de la cama a Paola……………

“¿Qué te pasa, mi amor, que estás haciendo…?...basta, desátame

Pero el sin inmutarse… siguió con sus planes, le hizo un desnudo…. Y le dijo… “Ha, con que te gustan las inyecciones, pues esto te va a gustar mas….”, y cambiando las esposas de lado, obligó a Paola a permanecer boca abajo, le bajó los pantalones y le puso la inyección de penicilina, y otras dos de vitamina b-12…. Bruscamente…. Todas en la misma nalga…..

Paola gritaba de dolor y de placer…. Hasta caer rendida en un profundo sueño…

Verónica -

Chicos…discúlpenme, pero la verdad es que el trabajo me ha absorbido demasiado, y no había podido continuar mi participación, pero siempre entro a leer un poquito….

Carlonimo: Aveces los adultos tenemos regresiones, e inconscientemente, las conectamos a nuestras actividades actuales, de una u otra forma, a eso me refería. ¿Sabes?, tus relatos no dejan de ser fascinantes… definitivamente, Lopez Frias armo un buen revuelo con sus sigilosos pero peligrosos actos… Y vaya que, Nanny, sabe cómo funciona el poder de seducción, sin dejar de ser una dama…mis respetos por derrochar ambos semejante grado de sensualidad, y como siempre, tu poética pluma me ha cautivado una vez mas. Ha, y la reunión estuvo de lujo…seguro todos sentimos aquel pequeño espasmo interno ante la inyección de la querida y sensualísima Elisa. Los quiero mucho, ustedes son tan cordiales… Ha… le sigo… el relato de Marina es paralizante…. Me identifique con esa ternura, y sentí en carne propia todos aquellos acontecimientos, como una ráfaga de viento…que conmueve. Y Nayelli…wow! Esa chica no tiene llenadera… es una explosión,, felicidades por el relato, es hermoso… Ha, y para el relato de Maricruz…no tengo palabras… como dice el poeta… se dejo llevar por el tormentoso y disfrutable deseo… felicidades nuevamente, compadre!!!

Tony: Pues la calentura nunca aminora su curso en realidad, solo que, simplemente hay momentos para todo… ¿no lo crees amor?.. Pues yo creo que la anorgasmia también tiene causas físicas, como problemas hormonales y pues, en fin, cuando la causa es psicológica, la causa varia, puede ser por falta de estimulación adecuada, estándares sociales, fobias sociales, ataques de pánico, abuso sexual, en fin… hay miles de causas, y lo mas factible es consultar a su medico de confianza, quizá con un par de inyecciones, todo vuelva a la normalidad… y pues en el segundo articulo, estoy completamente de acuerdo contigo, hay que tener un criterio bastante amplio… Ha por cierto, síguele de Mirón, y no te vas al sillón sino al baño jajaja… Oye cariño…últimamente me he sentido muy débil, y estresada, ¿Qué me recomiendas hacer?

Marce: Gracias nena…esos comentarios son mi motor para seguir escribiendo..un abrazo

Eulogia: Gustosamente, seré tu madrina de lazo, muchísimas gracias por el honor, no te arrepentirás, claro, al menos que le andes echando los canes a mi hombre…pero tu eres incapaz, ¿verdad?

Paty: ¡Que bàrbara, mujer! Y que sensual tu actitud y autocontrol , un aplauso por eso!!....

Leticia -

Me toca a mí Carlónimo, yo quiero un relato lésbico, please!

Carlónimo -

De acuerdo Maricruz, lo vemos luego.

http://www.youtube.com/watch?feature=endscreen&NR=1&v=h3R9I7pRx-4

Sean felices.

Maricruz -

Claro que me ha gustado Carlónimo, ha sido de verdad el paraiso burlar la siniestra vigilancia de mi esposo y poder encontrarme en intimidad contigo. Gracias por tenerme tanta paciencia y cuidarme con ese cariño que irradias. Oye, qué pena!! haberte hecho entrar con todo y ropa en la bañera, la fiebre debió tenerme muy alterada pero me sentía tan segura en tus brazos que no me apetecía apartarme un instante de ti, eso es lo que recuerdo y que ansiaba en ese momento, abrazarte y sentirme tuya. Pasamos la noche venturosamente juntos. Estar a tu lado, tocarte, aspirar tu presencia es la gloria. Fue un sueño encantador!!! Por la mañana me embutiste otro supositorio y me inyectaste. No he sentido dolor sino un gran placer de saber que tus manos me acariciaban, me pinchaban y me violaban. Volvimos a hacer el amor, ha sido una descarga tan grande de energía y de emociones reprimidas que yo no me puedo aventurar a relatar sola, ojalá que tú lo hagas con esa “prosa en rima” que tan bien manejas y derrochas. Gracias Carlónimo me has hecho sentir muy feliz. Te he apartado por un momento de las chicas de lo cual espero que no me lo tomeis a mal, pero me apetecía sentirme muy cerca de ti y felizmente con tu apoyo lo he logrado. Gracias!!

Carlónimo -

Hola Leticia, bienvenida al blog, la verdad es que no te recuerdo. Por supuesto, te prometo ahondar muy pronto en la experiencia de Nayeli.

Querida Maricruz, tus intervenciones han sido concisas pero valiosas y oportunas. Con gusto atiendo tu petición.

La preciosa dama de rojo.

Recientemente asistí a un congreso de productores de maquinaria agrícola que se celebró en la ciudad de Hermosillo Sonora, el cual concluyó, como se estila en el noroeste de México, con un gran baile de gala de esos muy formales, al que asistió personal de múltiples empresas.

En una mesa contigua a la que yo compartía con empresarios del ramo, se encontraba una linda mujer vestida en rojo, de facciones muy finas, tez blanca, cabello blondo, esbelta de curvas muy atractivas. Su único defecto era el marido, sentado a su derecha, con quien mantenía un trato muy frío y la vigilaba obsesivamente.

Recordando aquel sabio consejo: “Agua que no has de beber, déjala correr…” la ví por un instante, suspiré profundamente y me puse a conversar de mil cosas con mis colegas. Pero fue tal la impresión que me causó esa dama que la tenía presente en mi ánimo y la incorporaba en mi campo visual espontáneamente, percatándome una y otra vez que ella hacía lo propio y que no perdía la ocasión de mirarme con cierta frecuencia.

Después de la cena se levantó a bailar con su esposo, y yo me dirigí también a la pista llevando del brazo a una buena amiga, a quien la “dama de rojo” recortó hábilmente con la mirada, confirmando que tenía el mismo interés en mí, que yo en ella.

Si bien con mucha discreción, no dejamos de mirarnos uno al otro hasta que, aprovechando un breve intercambio de parejas por tratarse de un baile “calabaceado”, cuando tuve a la rubia a mi lado me aventuré a preguntarle: ¿me darías tu teléfono, preciosa? Ella no respondió ni cambió su expresión en absoluto; la secuencia del baile nos separó prontamente.

Casi al final de la fiesta, cuando ya pensaba en su rotunda negativa, sentí un leve roce en la espalda, la miré pasar detrás de mí dejando caer un minúsculo papelillo doblado. En cuanto pude lo recogí y me aparté a un lugar discreto donde desplegué el papiro y leí: “Maricruz” seguido del número celular.

Al día siguiente le escribí un breve mensaje: ¿Te puedo llamar? Enseguida sonó mi cel, nos presentamos y acordamos reunirnos en una pequeña cafetería a las afueras de la ciudad. Maricruz es una preciosa mujer plena de modales finísimos con quien establecí una excelente comunicación.
Después de saborear una taza de café nos fuimos a Ures, una población muy cercana donde nos internamos en el rumbo de Baviácora para refugiarnos en el atrio de una bella iglesia del siglo XIX, donde conversamos tranquilamente.

Me refirió las dificultades con su marido y su intensa actividad profesional, conforme a la cual acordamos reunirnos en México donde ella pasaría algunos días realizando gestiones de negocios. De ahí que yo haya pasado a recogerla al aeropuerto y la haya instalado en una confortable habitación del Hotel Camino Real de Polanco.

Sentados a la mesa en el bar, nos miramos por fin en completa calma, estaba bellísima, tanto que mi primer impulso fue el de abrazarla y besarla, pero me contuve, sólo le dije que estaba muy guapa, que el peinado le sentaba muy bien. Tomamos un par de copas conversando acerca de su trabajo. Después la acompañé a su habitación y me despedí con un simple beso en la mejilla. Ya en casa, me arrepentí de no haber sido audaz. Estaba triste, frustrado, cuando sonó el teléfono; era ella diciendo: Ven por mí Carlónimo, tengo mucho frío y no soporto este hotel, me gustaría dormir en otra parte.

Pasé a recogerla, estaba ya en el loby. Nos abrazamos y la sentí muy caliente del rostro. Seguro de que tenía fiebre subimos a la habitación, llamé al médico y cuando llegó intenté salir pero ella tomó mi mano y me hizo sentar a su lado. El médico le practicó un reconocimiento básico, la puso boca abajo, le subió la falda, le hizo descubrir las nalgas, se las separó suavemente y le embutió el termómetro por el ano. Yo tenía la respiración agitadísima, sus compactos y bien abastecidos cachetes me excitaron.

Después de unos minutos el médico le extrajo con lentitud la cilíndrica pieza; la ví resbalar suavemente hasta que apareció el dimunito ojetito rectal que se selló instantáneamente. Lo tenía muy rojo, encrespado, indudablemente afiebrado. El termómetro confirmó mi diagnóstico, la preciosa Maricruz tenía 40 grados de temperatura. De inmediato la desnudamos, la cargué, ya alucinaba, me decía que no la soltara porque los gnomos querían llevársela al desierto.

Entré con ella al agua porque no me soltaba, estaba bien sujeta de mi cuello y con las piernas me rodeaba la cintura. Permanecimos en la tina, ella lloraba e insistía en que no la soltara. Acaricié su cabello, sus mejillas, me empalmó los labios haciéndome probar sus dulces besos. El médico dio media vuelta y se fue a sentar a la recámara. Después de un rato, ya menos afiebrada, empezó a reaccionar y viéndome con ropa dentro del agua me preguntó qué pasaba. Le dije que nos habíamos metido a nadar. El médico regresó, le palpó el cuello y me dio instrucciones de que la envolviera en una toalla y la llevara al lecho donde la puso en decúbito izquierdo y le volvió a insertar el termómetro. Treinta y siete y medio, fue el resultado de la prueba. Le extrajo el termómetro, extendió la receta y pedí las medicinas por teléfono a la farmacia.

Minutos después llegó el empleado con la dotación de supositorios, ampolletas y jeringas; el médico me preguntó si yo podía aplicárselas. Le respondí que sí pero él ya tenía lista una jeringa y Maricruz yacía dispuesta nalguitas arriba con el cachete derecho desinfectado, así que me senté a disfrutar la escena. La preciosa chica recibió tranquila el duro pinchazo pero se estremeció al sentir el ardor de la agresiva amoxicilina. Buscó ansiosa mi mano y la colocó bajo su cabeza a manera de almohada. Contrarrestaba su dolor observando y jalando con suavidad los tupidos vellos de mi brazo. La sustancia fue poco a poco invadiendo el terso cachete que se conmovía sensualmente, hasta que el émbolo tocó fondo. La aguja brotó por fin hasta dejar a la vista la marquita del piquete por la que emergió una minúscula pizca de sangre que el médico enjugó con el hisopo circularmente.

Terminada la aplicación, el facultativo me instruyó sobre la forma de atenderla y se marchó. Desenvolví un primer supositorio, busqué la excitante entrada rectal y la vulneré suavemente hasta que mi dedo mayor se perdió en el elástico y firme reducto que lo aprisionaba deliciosamente. Maricruz gimió y me prodigó sucesivos apretones con el coño en señal de aprobación y de gratísimo deleite. Nos miramos por un instante, ella me guiñó un ojo y yo le dibujé un beso.

Así que la elegante, formal, e inaccesible dama de rojo yacía desnuda en mis brazos, penetrada, excitada, expectante. No era el óptimo escenario en el que yo hubiera querido enmarcar tan extraordinaria experiencia, pero así sucedieron las cosas, su sorpresivo malestar nos llevó a una precoz intimidad que resolvimos prontamente.

Me recosté a su lado, nos miramos fijamente, queríamos justificar la aparente precipitación, saber que nos comprendíamos y nos respetábamos. “Entiendo que te gustaría algo más”, me dijo. “Por supuesto”, respondí, “me encantaría establecer un digno protocolo”. “Lo sé”, agregó, “pero aquí estamos ¿por qué no empezar a la inversa? Lo demás ya lo tendremos, yo te deseo de cualquier forma”. “Y yo a ti, Maricruz”, repuse, ahogando su postrer respuesta con un beso.

Emprendimos un intenso intercambio de estímulos: Me embebí saboreando sus duros pezones, chupé sus generosos senos, hundí en ellos mi rostro. Degusté el esbelto cuello, sus manos se deslizaron suavemente por mi espalda; mi pene se empotró en sus carnosos muslos que lo acogieron y lo tallaron con ostensible deseo. La amplitud de su cadera me subyugó; la puse boca abajo y observé sus profusas nalgas: carnosas, generosas, dignas de una mujer plena.

Volviendo a la pose tradicional, Maricruz se abrió de piernas invitándome a montarla y a sumirme en su cálida intimidad. Sentí mi falo penetrar y avanzar regiamente ceñido hasta que mis cojones hicieron contacto con los glúteos. El acompasado vaivén nos fue llevando del amor a la enajenación; del placer a la total demencia. Entre gritos, sollozos y un insólito jadeo, llegamos al climax y explotamos, sellando así nuestro fascinante encuentro.

Servida, preciosa Mary, espero que el relato te haya gustado.

Maricruz -

Carlónimo, voy disfrutando tus relatos pero quiero pedirte algo especial para mí: Con el perdón de todas las chicas ¿podrías dedicarme un relato íntimo de ti y de mí? Que nos conocimos en un baile al que yo fui con mi esposo con quien no me llevo bien, tú y yo nos gustamos y nos vimos en secreto. Luego te pedí que me inyectaras y fue un momento tan intenso que hemos terminado en la cama haciendo el amor. Mil gracias por anticipado 

Leticia -

Guau!!!! Me encantan los relatos lésbicos. Continúalo Carlónimo porfa…

Carlónimo -

No Carlónimo, mis padres no rompieron su relación súbitamente, la mantuvieron a medias por varios años.

¿Qué es “a medias”, querida Nayeli?

Que ya no vivían juntos pero que mi padre tenía acceso a la casa y se integraba como si nada hubiera pasado; Entraba a la habitación de mi madre con bastante libertad y permanecía ahí por horas, hasta cuando la inyectaban. Y copulaba a veces con ella, eso a mí me consta

Mi madre, tú lo sabes, es muy liberal y no ha sacrificado su sexualidad nunca. Cuando empezó a romper con papá dio rienda suelta a su erotismo con escenarios inverosímiles que disfrutaba ella en lo personal y permitía que mi padre en función de su propia sexualidad, sacara también provecho de ellos.

El erotismo derivó de que iban a la casa a inyectarla y a aplicarle enemas diversas personas: paramédicos; enfermeras; y Sofía, aquella atractiva doctora con quien mi madre mantuvo relaciones lésbicas y que fue la que terminó de alejar a mi padre.

Él estaba atento a lo que mi madre hacía pues le calentaba mucho ver que otras personas la atendieran en sus requerimientos íntimos, como ocurrió aquella primera vez cuando la observó por una rendija de la ventana, mientras Eulogia la inyectaba.

En esta etapa no es que él tuviera que espiarla, pues mi madre nunca le negó el privilegio de estar presente, sino que él solo (mi padre) iba dando a cada experiencia el tinte que quería darle. Nunca le preguntaba a mi madre cuándo irían a inyectarla, sino que él mismo lo intuía o se enteraba por terceras personas y acudía a verla, siendo ese ingrediente de “casualidad” o de “contingencia” el que hacía florecer el morbo en ambos.

Mi padre llegaba, entraba a la habitación y la sorprendía acostada con las nalgas descubiertas, esponjadas, recibiendo el doloroso piquete y gritando, si es que era una mujer quien la inyectaba, o quejándose y sollozando, si era hombre. A las mujeres les riñe y con los hombres se chiquea y se deja querer. La única excepción es Sofía, su espléndida amante, con quien adopta una posición de resignada entrega.

A veces también la sorprendía mi padre recibiendo un lavado gástrico con la cánula clavada en el recto deteniéndosela ella misma, pues es su costumbre hacerlo sabedora de que ese sencillísimo detalle calienta a los hombres. Y tú sabes las dotes histriónicas de que mi madre echa mano cuando se siente admirada y deseada. Contorsiona el culito, frota el pubis contra la cama y emite los más excitantes lamentos.

Fue una segunda oportunidad que mis padres se dieron. Yo recuerdo, porque los espiaba siempre por la ventana, que después de las inyecciones, él la mimaba en extremo, le estimulaba el clítoris en diversas poses, una y otra vez, arrancándole intensos orgasmos.

Era también frecuente que mi madre, después de recibir la inyección despidiera al paramédico sin que le retiraran la jeringa. Permanecía así muy tranquila con la aguja clavada y prácticamente se dormía mientras mi padre se extasiaba observándola desde diversos ángulos, le acariciaba los excitantes glúteos, hacía vibrar la jeringa para producir gráciles estremecimientos en la nalga perforada. Luego por fin retiraba la aguja, se descubría el pene y se lo acomodaba en la raja a mi madre deslizándolo una y otra vez suavemente hasta provocarse una intensa eyaculación y dejarle todo el semen alojado en las nalgas. Después se iba y mi madre permanecía acostada mentalizando lo ocurrido, hasta que sus estratégicas cavilaciones le hacían estallar un fuerte orgasmo.

La otra variante, menos frecuente, era que mi madre lo recibiera de frente con las piernas abiertas y se hiciera penetrar. Retozaban así hasta que ella empezaba a contorsionarse y a emitir profundos sollozos. Entonces mi padre enjutaba el culo y la apretaba con desesperación haciéndole entrar el grueso y caliente caudal espermático.

Aquella hermosa etapa en la que mis padres se disfrutaron mutuamente como nunca antes lo habían hecho, terminó cuando Sofía empezó a visitar a mi madre para inyectarla. Las dos explosivas amantes perdían la cabeza y, una vez extraída la aguja, se entregaban al más insólito disfrute, gritando como poseídas, lamiéndose las puchas y el coño y provocándose infinidad de orgasmos que las alteraban y las dejaban al borde de la demencia. Terminaban las dos temblorosas, enjutas, babeantes y demacradas. Mi padre, que presenció varios de esos espectáculos, no pudo asimilar lo que pasaba con su mujercita; se sintió irremediablemente desplazado y salió en definitiva de la casa.

Y tú ¿qué piensas de la actitud de tu madre? Bueno, Carlónimo, yo no la repruebo pues, como sabes, soy lesbiana. Sé muy bien lo que se siente cuando estás enomarada y tienes en tus brazos a la mujer que amas. Yo estoy enamorada de Fabiola y siempre que tenemos relaciones íntimas estallamos y no te podría definir con claridad todo lo que hacemos. Es un momento de total desconcierto en el que sus labios, sus tetas, sus nalgas y su pucha me dominan y me poseen, antes de que yo pueda actuar racionalmente.

¿La inyectas?

No, Carlónimo, yo no inyecto, pero disfruto mucho viendo cómo la inyectan. Es mi hermana Stella quien a últimas fechas lo está haciendo y no deja de generarme un poco de celos. Me siento tranquila porque Stelly no es lesbiana pero creo que Fabiola se está aficionando a sus tiernos cuidados y se inquieta demasiado cuando la siente cerca.

Ayer mismo, llegó Stelly y Fabiola enseguida se fue con ella y no dejó de ponderar su belleza y de coquetearle mientras preparaba la jeringa. Luego Fabiola se desnudó de la cintura para abajo ¡Sí, lo hizo sin darme ninguna explicación! Stelly, muy controlada, le aplicó la inyección con mucho cuidado pero sin mostrar interés alguno en sus nalgas ni en ella. Pero Fabi esponjaba las nalguitas y le mostraba sus partes más íntimas que sólo a mí pertenecen ¡a mí! Mis sentimientos eran encontrados pues, por una parte, estaba excitadísima de ver a mi amor con las nalgas bien paradas y perforadas, pero no dejaba de causarme muchos celos el descarado coqueteo que traía con mi hermana.

Era tan intenso el acoso que Stella empezó a perder el control y cuando Fabiola se puso de pie después de haber sido inyectada, le tomó la mano, se la besó, luego le acarició la cintura y finalmente las nalgas, Stelly se quedó impávida, disfrutando las suaves caricias recibidas. Yo sé que a mi hermana no le gustan las mujeres pero tiene una sensibilidad tan marcada como la de mi madre y las inyecciones la ponen al rojo vivo.

Así que cuando Fabiola le empezó a hacer diversas preguntas de que si a ella le asustaban las jeringas y que cuándo había sido la última vez en que la habían inyectado, Stella, como sedita, le empezó a responder y terminó dejándose alzar la falda y tentar las nalgas directamente, hasta que Fabiola la acostó boca abajo, le retiró la panty y empezó a identificar la marquita del más reciente pinchazo recibido por Stelly.

Fabiola se comportó con una gran audacia y ya con las carnosas y torneads nalgas de mi hermana a su entera disposición, empezó a excitarle la vulva y luego me involucró a mí para que me sumara al cachondeo estimulándola a ella. Las dos terminaron bien chorreadas. Stelly no tocó a Fabiola pero se dejó arrancar varios orgasmos de manos de ella y yo tenía a mi amada retorciéndose de placer por el doble estímulo de ver a mi hermana dominada y de tenerme a mí acariciándola y prodigándole los más sensuales estímulos vaginales.

Stelly se vistió como pudo y salió apresurada sin decir nada, mientras que Fabi y yo nos entregamos a una nueva sesión de caricias. Me desnudó y me dio la más feroz repasada por las dos puertas íntimas, hasta vaciarme. Es la mujer más increíble que yo haya yo conocido ¡La amo desenfrenadamente!

Paty -

Qué rico, Carlónimo ...es una delicia estar entre tus brazos...
http://www.youtube.com/watch?v=PibTu2VHFe4&NR=1

Carlónimo -

Qué momento tan excitantes, preciosa Paty, cuando te descubriste las nalguitas, me hiciste sentar en la cama y te acostaste con toda naturalidad sobre mis piernas. Tenías el vestido levantado hasta la cintura, la pequeña panty de encaje negro descansando en los muslos, tus manos entrelazadas en diagonal y la cabeza apoyada encima de ellas. No decías nada, tus labios se fueron separando lentamente al sentir que te acariciaba los elásticos glúteos. Estabas fría pero tranquila, parecías vivir con gran intensidad aquella insólita experiencia.

Eulogia te anunció con sus punzantes dedos la cercanía del piquete. Te mostró la colosal jeringa ya cargada con una sustancia ambarina muy espesa. Miraste con desdén la monstruosa pulla, me pediste con discreción que te ayudara a soportar el terrible tormento. En relación a tus nalguitas, aquella hipodérmica lucía desmesurada. Conmovido, le sugerí a Eulogia que la sustituyera por una más corta, pero ella respondió con un enfático señalamiento: “!Nada! Esta es la aguja correcta, a ver si no sé yo de esto, que soy enfermera calificada”.

Con evidente satisfacción te pasó el algodón por todo el cachete, esperó unos instantes a que el alcohol se evaporara, te previno buscando atemorizarte pero tú, impávida, la ignoraste. Cuando la aguja apuntó hacia el objetivo y, sobre todo, cuando vulneró y se prendió de tu sensible carne desgarrándola violentamente, apretaste con sensualidad los labios para ahogar una espontánea queja. En ese momento sentí que tus curvados cachetes se estremecían finamente. Me excitó ver la forma en que te controlabas

Te tomé las piernas sintiéndolas algo tensas. Te apliqué unas palmaditas muy suaves y percibí que con cada golpecito te relajabas. Dirigí uno de mis dedos tan solo de manera sugerente hacia la vulva, la cual se erizó placenteramente. Excitada, abombaste el culito con lo cual favoreciste que fluyera la densa sustancia que sólo por instantes se agolpaba y te hacía temblar de dolor. Finalmente te dominabas y adoptabas una posición muy firme, desafiante, que te hacía lucir excelsa.

Eulogia se quedó pasmada viendo cómo el viscoso líquido se perdía al interior de tu mullida carne sin que manifestaras miedo o sobresalto. La enorme jeringa quedó vacía, la aguja brotó sin producir reflujo. Te veías segura, concentrada en los leves estímulos que te aplicaba en tus dos espléndidas entradas y que te arrancaron por instantes un fino jadeo. Retirado el estímulo, poco a poco te fuiste controlando y apaciguando.

Esa noche nos fuimos a un romántico hotel de Cuernavaca, nos encontrábamos muy excitados. Con nuestros cuerpos desnudos voluptuosamente acoplados nos adentramos en los paradisíacos senderos del más íntimo placer. Mi henchido pene constriñó tus dos afrodisiacas vías una y otra vez, haciéndolas estremecer y enjutar de satisfacción. No nos saciábamos de disfrutar y de sentirnos muy cerca uno del otro. Participados… entregados.

Mis buenos amigos, estoy lejos y muy ocupado. Tal vez Antónimo, mi preciosa cuñadita Vero, o alguien más (¿Marce? ¿Paty?) puedan compartirnos algo. Ya pronto estaré con ustedes.

http://www.youtube.com/watch?v=kqmzQEpMaXU

Pascual -

Carlónimo, ya vas para dos semanas sin escribir. No la armes!!! Se tre extraña amigo.

Paty -

Gracias Carlónimo, qué alegría que te haya gustado mi comentario. Oye a mí me fascinó que Eulogia me haya puesto la inyección mientras estaba acostada en tus piernas. Al sentirme así y disfrutar de tus suaves caricias me olvidé del dolor y por eso estuve muy tranquila. No me olvides, encanto.

Antónimo -

Hola chavas y chavos

Cómo se nota que ya pasó la primavera; después de intensas calenturas como que el blog ha pasado más a la reflexión. Que si la realidad, que si la ficción, las fantasías eróticas, el corazón… Y la Yazmín Alessandrini, muy atenta a todo lo que escribe Carlónimo (ya estoy empezando a creer que ellos dos se comunican entre sí), pues la güerita se refiere hoy al tema de: “Las parejas y sus fantasías sexuales”.

Así que en esta cuestión del sexo ya no basta con ponerse de acuerdo: “Me gustas”; “tú a mí también”; y ¡prau! Pues no, resulta que la cosa se ha tornado mucho más sofisticada y compleja al grado que, según Carlónimo, como ya entrados en la modernidad no sabemos distinguir el sueño de la realidad, pues sacamos provecho de los dos sin distingo alguno; y según la güerita, las fantasías “ya son parte de la cotidianidad íntima de las parejas”. Así que “serán tema frecuente en sus conversaciones” y “parte preponderante de su intimidad”.

De manera que cada quien llevará un arsenal de experiencias en su cerebro, las podrá compartir con su pareja si quiere, y vivirá al acecho de nuevas emociones, ya sea en franca apertura con el mundo, o bien enclaustrado en su propio universo de abstracciones.

Y recomienda Yazmin que las parejas tengan “mucho diálogo” acerca de sus fantasías para ponerse de acuerdo en cuanto a lo permisible (según ellos) y no caer en perversiones o situaciones que afecten su propia relación.

Pues resulta que, según “expertos en psicología y sexualidad” (Alessandrini no ofrece mayores referencias), entre las 10 principales fantasías, tanto en hombres como en mujeres, están: “sexo con alguien que no es tu pareja”; “sexo lésbico u homosexual”; y “voyerismo y/o exhibicionismo”.

El problema, entonces, es que el intercambio de fantasías entre cónyuges no puede ser tan abierto a menos que los dos estén dotados de un “amplísimo criterio” o que de plano tengan sangre de atole ¿Cómo decirle a mi pareja que al coger me inspiro pensando en las nalgas de su prima? O ¿qúe voy a sentir si ella me dice que su más acabada fantasía es tener sexo lésbico con mi hermana?

Un problema algo mayor está vinculado con la materialización de las fantasías, de la cual la güerita menciona: “cada vez son más las parejas dispuestas a llevar a cabo en la realidad muchas de las fantasías que surgen en su subconciente”. Y es que no es fácil adelantar la reacción de nuestra pareja si le decimos: Te propongo que hagamos el amor, así como que “por descuido”, en presencia de otras personas, pues esa es mi más ferviente fantasía. Se trata pues de situaciones un tanto delicadas, de las que no podemos predecir sus consecuencias tan fácilmente.

Aunque, ya ven lo que pasó en la reciente reunión que tuvimos en el “depa” de Carlónimo, donde Eulogia e Ismael se aventaron un “tirín” tan desinhibido enfrente de todos, que tuvimos que allegarles toallas para que se secaran y que en el momento de separar sus respectivas “cositas”, no quedaran a la vista sendos columpios de “viscoso efluvio” ¡qué aventados! Mi preciosa Vero y yo que somos tan penosos hasta nos sonrojamos.

Y qué les pareció Elisa, que se dejó inyectar así nada más “por onda” como si nada… enfrente de todos. Yo… la verdad… pues sí disfruté la escena porque la chava, lo que sea de cada quién, está bien potable, con esas nalguitas tan pálidas y sensuales… Y cómo se movía de dolor… ¡guau! Pero lo que es mi Vero ¡no saben! Me dejó unos pellizcos bien marcados en los brazos, en las piernas y hasta en las nalgas ¡qué bárbara!

Y luego Paty, a quien no vimos, pero nada más de saberla postrada en la recámara con la panty replegada y el formidable culito pinchado ¡ay guero! Digo que… pues son muchas tentaciones y la imaginación es la imaginación y le deja a uno tremendas fijaciones que luego no se le pueden contar a la pareja. Nada más de pensar en que le salga yo a mi Vero con que la inyeccioncita de Paty me hizo “saltar el corazón de emoción” (como dice Carlónimo)… ¡Pa’ su mecha! me pone parejo y tendría que dormir en la sala ¡no manchen!

Mejor ya no voy a leer a la Yazmín… Ni a Carlónimo ¡Pinches calenturientos!

Hilda -

Carlónimo, lo que dices me ha gustado muchísimo y es muy cierto. Lo que el corazón siente puede estar o puede no estar relacionado con la materia porque el corazón se ocupa de lo abstracto y espiritual. Yo no había visto las cosas como tu las ves, ahora entiendo por que te apasionan los relatos. Tienes mucha razón en que si algo que sólo ocurre en tu mente te emociona, esa emoción es tan real que si ocure en el mundo. Por eso dicen que la felicidad está en la persona. Yo ya no se si te leo por tus relatos eróticos o por tu concepto de vida ¡me emocionas! Gracias por estar con nosotros, tengo mucho que aprender de ti.

Carlónimo -

Querida Paty, no requiero comprobar la presencia de átomos o células para poder disfrutar. Voy tan solo atrás de aquello que me hace vivir y soñar. La realidad y la ficción son circunstancias que nada aportan al corazón ¿Vivimos cuando soñamos o soñamos cuando vivimos? No lo sé, no estoy seguro y es algo que no me importa. Cuando me vaya todo será plano, recordaré tan solo las veces que mi corazón ha podido saltar de emoción.

¡Sean muy felices!

http://www.youtube.com/watch?NR=1&v=wsWBTtoXbzM

Carlónimo -

Una de tus mejores intervenciones, querida Paty. Analítica, irónica y muy graciosa. Me encanta. Después comento.

Paty -

Hola Carlónimo, tu último relato es muy poético, me gustó mucho. Oye ¿qué significa Marina para tí? Me sorprende mucho la fijación que tienes con ella Parece como un vívido recuerdo de alguien. O es solo la idea de que el personaje original se salió de tu control y desarrolló su propia historia que te persigue cruzándose ocasionalmente en tu vida? Impresionante!!

Eulogia, gracias por escogerme de dama de honor, yo acepto pero no sueñes que Carlónimo te va a complacer, ya deja de andar de calenturienta pues ya vas a ser esposa de Ismael, compórtate o te recomiendo que mejor no te cases. Y gracias por la inyección que me pusiste pues me hizo muy bien y no me dolió nada. Por qué corriste cuando yo te iba a picar? Te pasas… miedosa, te viste cómica corriendo con las nalgas pelonas Ja ja ja!!

Carlónimo -

El suave rumor del mar aterciopelaba mi reposo. Las olas que reventaban y se resolvían en suave y bullente espuma me hicieron pensar en ella. Mi corazón se agitó envolviéndome el recuerdo de sus besos.

De nuevo me pregunté si la encontraría a mi lado. Temeroso, giré lentamente el cuerpo y… ¡Justo a medio camino me atajaron sus caricias; sus labios se acoplaron a los míos! Nos oprimimos, sentí sus duros pezones que me andaban por el pecho.

La dureza de mi pene me incitó traspasar la sublime abertura. Ansiosos, nos empalmamos concretando la indescriptible comunión de nuestros cuerpos, de nuestros instintos. Emergieron los mimos, el jadeo, las desesperadas contorsiones, el júbilo, los juramentos, las más estentóreas manifestaciones de placer.

El bruñido cabello me envolvió con su tenue fragancia, sus labios me recorrieron el rostro entero. A cada embate mi pene se tornaba más sensible elevándome a cotas de placer indescriptibles. El dulce rumor de sus labios, la sensualidad de sus caricias, desataron una colosal avalancha de exhalaciones, efluvios, aullidos, agitaciones y conmociones.

Nos quedamos paralizados, atrapados en el más enajenante embeleso. Nos miramos uno al otro buscando la mínima explicación. Pero su terrible ausencia nos hizo permanecer abrazados, sobrecogidos, expectantes, invocando un milagro. Poco a poco nuestros rostros se fueron difuminando cada uno a los ojos del otro. La dulce figura de Marina fluyó por la ventana, divagó entre la arena, la espuma… y se embrolló en la difusa bruma.

http://www.youtube.com/watch?v=uzvFfWdfrPs&feature=fvwrel

Eulogia -

Chicos, estoy muy agradecida con ustedes por su cariñosa asistencia que nos han brindado a Ismael y a mí en ocasión de nuestro próximo enlace matrimonial. No saben lo feliz que me siento es una emoción tan grande que ya no me cabe en el pecho. Fueron bien lindos todos el sábado, me hicieron soñar despierta. Bueno, con excepción de esa Paty majadera que ya me está atiborrando el buche. Querida Vero ¿quieres ser mi madrina de lazo? Y tú Carlónimo, no te olvides de que te nombré padrino de ropa íntima. Que sean varios modelitos muy modernos y sobre todo eróticos. Nos ponemos de acuerdo para que vengas a mi casa a probármelos. O no, mejor yo voy a tu depa ¿te parece bien querido? Hilda, Maricruz y Carmen ¿quieren ayudarme a vestir el día de la boda? Y a Paty, para que veas que no soy rencorosa, me gustaría que fueras una de mis damas de honor en la ceremonia junto con Marce. Ya diseñé los vestidos y tienen que venir para que les tome medidas el modisto y se los probemos. ¡Ah! y también a Antónimo le tengo un trabajito. Comunícate conmigo, guapo.

Elisa -

Gracias por el lindo relato...haces que vuelen mis pensamientos de amor hacia tí...Un beso

Carlónimo -

Muchas gracias a todos los que asistieron a la reunión en mi “depa” el sábado. Qué gusto me dio verlos de nuevo y ¡qué bien la pasamos juntos! Creo que les causó una gran sorpresa ver a Elisa entre los asistentes, muy guapa y con un atuendo de verdad espléndido que favoreció la contemplación de sus innegables encantos. La mayoría de ustedes coincidió en que su ascendencia sefaradí es incuestionable: Blanquísima, alta, muy delgada, con nariz recta hermosa, manos grandes, bellísimos ojos color miel, cabello castaño chino y un cuerpo extraordinariamente sensual; me parece que cautivó a muchos de los asistentes, particularmente a los varones que no dejaron de admirarla. Fer, Jorge y Ramiro, principalmente.

Y ¿quién iba a pensar en que esa preciosa mujercita se dejaría inyectar enfrente de todos? Cuando Eulogia salió sorpresivamente de la cocina con una jeringa ya lista y Elisa se puso de pie, alzó su minúscula faldita, se bajó la panty y se acostó boca abajo en el sofá dejando a la vista sus deliciosas nalgas, todos nos quedamos paralizados, estupefactos y pudimos disfrutar tanto la escena de la inyección, que fue extraordinariamente erótica, como el inusual desenfado con que la protagonista explicó después su motivación diciendo que: “Ante un grupo tan homogéneo, maduro y que sabe casi todo acerca de mí, no voy a caer en mojigaterías. Carlónimo me ha mostrado liberal y quise mostrales que así soy yo en realidad”.

No obstante, cuando le preguntaron cuál es la diferencia entre el “casi todo y el todo lo que sabemos acerca de ti” se escabulló hábilmente diciendo: “Ese es mi secreto”.

Muy bella, con el culito relajado aguantó el duro pinchazo y nos obsequió una imponente demostración de su sensualidad y del gusto que le produce compartir su gran inquietud y su morbo. Pero cuando Eulogia intentó sobrepasarse estimulándola manualmente, Elisa la paró en seco diciéndole: “no te pases, eso ya es otra cosa”. Se dejó dar el masaje final, empinó el culito regalando a los caballeros una inolvidable postal de su trasero en pompa, se acomodó la vestimenta y siguió tan campante conviviendo con todos en la reunión, como si nada hubiera ocurrido.

Otro momento muy emotivo fue cuando Eulogia desafió a la preciosa Paty que sostuviera su dicho: “Eulogia, yo no te tengo miedo a ti ni a tu jeringa”. La encantadora hondureña me pidió ir con ella a la recámara para que la acompañara. Miró a Eulogia desafiante, se desnudó las nalguitas y se acostó resuelta diciendo: !Anda Eulogia inyéctame para que sacies tu morbo y compruebes que no te tengo miedo! Parecía que la enorme aguja le traspasaría el cachetito, además de que Eulogia le hizo entrar la sustancia con verdadera saña, pero Paty se quedó impávida, no tensó un solo músculo, sus nalguitas permanecieron pasmosamente quietas. Terminada la aplicación no se dejó masajerar, se vistió, se puso de pie y empezó a caminar sin problemas. Pero le molestó el comentario final de Eulogia: ¡Flaquita cachonda, qué ganas tenía de inyectarte las nalguitas, cuando quieras te pongo la otra! Entonces Paty la desafío a que se dejara inyectar por ella. Eulogia en principio aceptó el reto, se descubrió las nalgas y se acostó, pero al sentir la inminencia del pinchazo se levantó y salió corriendo.

También en la reunión destacó que los inquietos Vero y Antónimo, estuvieron tranquilitos como unos tórtolos, muy relajados sólo abrazándose y mimándose uno al otro en el sitio más apartado del “depa”. Empezaron las murmuraciones y las bromas acerca de que su relación ya huele a casamiento. Pero ellos no confirmaron ni desmintieron nada, siguieron disfrutándose mutuamente.

Marce, la seriecita del grupo porque casi no habla con nadie, fue otro personaje digno de mencionar. Llevaba puesta una faldita tan coqueta y de tan buen gusto que traía locos al menos a Gil y a Pascual que no se le despegaron en toda la noche y creo que cada uno deseaba iniciar el abordaje. Marce, muy inteligente, mantuvo la atención de los dos, bailó con cada uno de ellos y los hizo sentir muy bien a ambos. Está preciosa nuestra amiguita que, no entiendo por qué se ha mantenido tan apagada después de haber llegado al blog con tanto entusiasmo y de habernos ofrecido un excelente relato. Ya veremos cómo evoluciona.

Las preciosas Hilda y Carmen brillaron por su ausencia, en verdad que las extrañamos mucho, pero llamaron por teléfono para saludarnos a todos y disculparse. Tengo entendido que acordaron reunirse en los próximos días para recibir la invitación de manos de Eulogia.

Las otras chicas: Maricruz, Yamil, Ivett y Blanca Estela, encantadoras, estuvieron participando en todo y se portaron muy lindas. Yamil se dejó aplicar una inyeccioncita pero me hizo prometerle que no daría ningún detalle por el momento. A Maricruz no la conocíamos y tengo el agrado de comentarles que me causó una gratísima impresión. Además de ser bellísima es muy talentosa y tiene una conversación interesantísima. Espero que se vaya abriendo al diálogo.

Nanny estuvo comunicandose conmigo y prometió que llegaría a la reunión, pero finalmente no se presentó y la extrañamos mucho.

Eulogia e Ismael, su prometido, muy amables. En realidad ellos organizaron la convivencia, escogieron los bocadillos, las bebidas y trerminaron siendo el centro de atención. El festejo tuvo pinceladas de despedida de solteros. Las damas vistieron a la novia, a Ismael, a quien desnudaron y lo traían por todo el depa dándole nalgadas y pellizquitos sumamente pícaros; mientras que los caballeros vestimos de novio a la preciosa Eulogia quien no se hizo del rogar para posar apenas con una diminuta tanga, para que los varones la admiráramos y la vistiéramos dejándola “de pipa y guante” ataviada con un elegante frac.

Finalmente, los novios se juntaron y ya no sabíamos cómo apaciguarlos. Empezaron a fajar con tal donaire y entrega que nos pusieron muy nerviosos a todos. Ellos terminaron bien chorreados en la cama, apenas cubiertos con una fina sabanita ¡Ah bárbaros!

Bueno, el caso es que todos los asistentes recibimos la consabida invitación a la boda que se celebrará en la Parroquía de San Agustín, Polanco, el sábado 18 de agosto de 2012, a las 20 horas. El banquete será en el Casimo Militar en Chapultepec, a partir de las 22 horas. Eulogia les informa que todos, pero absolutamente todos aquellos que alguna vez han entrado al blog, están cordialmente invitados y espera que sólo se pongan en comunicación con ella para entregarles la invitación.

A Las 3 de la mañana salimos todos en grupo hacia el centro de la ciudad y terminamos en Garibaldi cantando con el Mariachi.

http://www.youtube.com/watch?v=ODBs_5_xPas

marce -

vero; me encanto tu relato de el dr. fuentes farias muy bueno. saludos!!

Carlónimo -

Al inicio de la primavera, mientras viajaba por algunos países de América del Sur, me encontré buscando un sitio donde tomar café en el aeropuerto internacional Eldorado de Bogotá, Colombia, cuando una bella chica me interceptó para hacerme una pregunta. Perdona, me dijo, tú me das la impresión de viajar con frecuencia así que, en confianza, quiero pedirte que me digas cuál línea aérea me convendría tomar para viajar a Paraguay. La respuesta no era sencilla, así que le dije: mira, si no estás muy limitada de tiempo, acompáñame a la cafetería, nos sentamos y te doy mi opinión al respecto.

La encantadora chica me obsequió una dulce sonrisa, asintió con la cabeza, giró 180 grados y caminó conmigo por el amplio corredor hasta que encontramos un Starbucks, al cual entramos y escogimos una mesa cercana al ventanal. Sin abordar cuestiones personales, tomé mi laptop, me conecté a internet y busqué las rutas directas a Asunción, los horarios, costos y condiciones, llegando en no más de quince minutos a la conclusión de que le convenía acudir a la ventanilla de Avianca. Mientras mis dedos golpeaban las teclas de la lap sentí la dulce mirada de la joven que no dejaba de recorrerme, haciéndome sentir un poco de nerviosismo.

No obstante, cuando ella me agradeció el consejo y me pidió consultar también la lista de hoteles de Bogotá, cobré justa venganza. Le acerqué el equipo y me dediqué a observarla, concluyendo que su belleza, porte y buen gusto eran indiscutibles. De buena estatura, rostro apiñonado, sonrisa generosa, rasgos finos, cuerpo armonioso, cabello largo ensortijado, aspecto candente, simpática y de ojos encantadores, concentró mi atención y me hizo buscar la forma de ahondar nuestra relación.

Así que cambié de inmediato mis planes decidiendo pasar una noche adicional en Bogotá. Salimos juntos del aeropuerto, tomamos un taxi y la llevé al hotel Estelar La Fontana donde me despedí pretextando tener mi reservación en Embassy Suites. Me agradeció cumplidamente, pero su dulce carita se demudo al verme partir. Ya sentado en el taxi, viendo que seguía observándome, cancelé el servicio, me bajé y acercándome a Nanny le dije: si no tienes otra cosa que hacer esta tarde ¿por qué no salimos a dar una vuelta para relajarnos de tanto viaje? Ella me respondió en completo silencio, con una sonrisa encantadora; después asintió con un fino, casi imperceptible, movimiento de cabeza.

Así que una hora después la recogí en el loby y nos fuimos a visitar La Candelaria, el más reconocido y sobresaliente barrio de la ciudad, donde no tuvimos tiempo suficiente para disfrutar de sus parques, alamedas, museos, plazas y tiendas. Nanny es una chica encantadora que te absorbe con su trato cariñoso. Ataviada con una hermosa ruana que adquirimos en un centro artesanal, no dejaba de mimarme con probaditas de helado, cariñitos y cumplidos.

Comimos en Casa Vieja, un confortable restaurante típico que nos encantó y nos hizo entrar en mayor confianza. Durante la sobremesa Nanny me dio a probar su delicioso ponche colombiano, después giró ostensiblemente el pocillo, posó sus labios ostensiblemente en el lugar donde habían estado los míos y, a partir de ese momento tan significativo, nos tomamos de la mano, nos acariciamos el rostro y salimos del establecimiento abrazados como novios.

Sin mediar proposición alguna, como si nos conociéramos de años, entramos al hotel llegamos a la habitación, la abracé acercándola a mí, ella se me colgó del cuello y nos fundimos en un primer beso tan intenso que no despegamos nuestros labios antes de estar tirados en la cama revolcándonos y acariciándonos mutuamente.

Una por una, las breves prendas que cubrían el formidable cuerpo de Nanny fueron quedando caprichosamente diseminadas a lo largo de la cama, por el suelo y encima de la poltrona. Habiendo dejado el brassiere colgado de la cabecera, deslicé lentamente la pantaleta y percibí por primera vez la suave eminencia de sus nalgas carnosas y firmes que se estremecían por el intenso estímulo.

Habiéndola colocado en cuatro patas me monté por detrás de ella y mientras hurgaba sus orejas con la punta de mi lengua, besando su refinado cuello, su tersa espalda, acariciando sus enormes tetas y aspirando la fragancia de su castaño cabello, la penetré vaginalmente, sintiendo cómo mi abultado pene resbalaba y era aprisionado por los incontrolables espasmos de una pucha fresca, firme, combativa, que me llevó a vivir uno de los más excelsos placeres que haya disfrutado en toda mi vida.

Fue tan armoniosa la sucesión de movimientos, fricciones, sollozos, estremecimientos y jadeos que, en unos cuantos segundos detonamos un colosal orgasmo. Temblorosa, con la respiración extraordinariamente agitada, Nanny se desplomó con gran humor llevándome a rebotar junto con ella en la blanda superficie de la cama. Tras una espontánea carcajada, nos quedamos los dos inmóviles, disfrutándonos, aquilatando la sorpresiva e inolvidable experiencia.

Preciosa Nanny, está en ti complementar el relato ¿Te atreves?

Antónimo -

Hola chavas y chavos

¿Cómo va la calentura, ya bajó un poquito? Yo creo que sí porque hasta Carlónimo ya anda más sereno, filosofando, en la pura entelequia ¡Ah bárbaro!

Oigan ¡Qué grueso lo de Rosario! Parecía tan sensata como rectora de la universidad de Enfermería y Medicina, pero se mete en su onda y da unos bandazos que no la conoces ¿Será todo a causa del sexo? Ya nos dirá mi Vero que es la experta en comportamientos normales y anormales. Para mí que no es cosa de locura sino que cada quien agarra su onda y en ella se mueve para calentarse y dar una buena salida a sus instintos. Y si no me creen, entérense de lo que hoy nos dice la Yazmín Alessandrini.

Bajo el título “Anorgasmia femenina” dice la güerita que la ausencia de orgasmos es “uno de los padecimientos más frecuentes entre mujeres sexualmente activas”. Aclara que: “Ya sea por causas psicológicas o sociales, cada vez es más frecuente que en los consultorios de los especialistas concurran más y más féminas desesperadas, porque los orgasmos están de vacaciones permanentes en su intimidad”.

El problema es tan grave, insiste Alessandrini, que ha llegado a ser “una de las disfunciones sexuales más comunes en las mujeres, superando incluso síndromes como el de la frigidez o el de la falta de deseo” Y dice, fíjense bien, que “Hay tantas causas que inciden y provocan la anorgasmia femenina como mujeres que la padecen; cada caso es un macrocosmos individual en el que inciden infinidad de factores que van de lo psicológico a lo social y de lo sexual a lo funcional” Sin dejar de lado “la falta de pericia y la insensibilidad del hombre”, que no se da cuenta de que en las relaciones de pareja debe siempre haber un “tercer invitado que es la reciprocidad” De tal manera que, “muchos hombres siguen viendo en las mujeres un mero objeto sexual del cual se sirven sin importarles su satisfacción”

Habrá que agregar, y esto es totalmente de mi cosecha, que la anorgasmia femenina puede también tener su origen en que el amor conyugal ya hizo maletas y que, de plano, pues no agarra camino, o “no se halla” la chava cuando está en brazos del chavo, ya la aburrió el ingrato.

Retomando a la güerita, les describo cuál es la conclusión a la que llega: Ella dice que: “Lo ideal es que cada mujer tome en sus manos las riendas de su sexualidad, que se atreva a conocer su cuerpo y el funcionamiento específico de las partes sexuales de este, porque la posibilidad de llegar al orgasmo debe radicar primordialmente en factores individuales (incluida la masturbación y la imaginación de escenarios) y, posteriormente, al asumirse como un ente sexual autosuficiente, podrá dar el paso de convivir con un hombre igualmente capaz de entender que la satisfacción siempre debe ser una especie de calle de doble sentido, con ida y vuelta”.

Bueno pues, como ven, la Yazmín aboga por una solución enteramente subjetiva, o sea que, cada quien “agarra su onda” y todos contentos. Cada uno de los miembros de la pareja se eleva a su nube y cumple estrictamente su papel de acompañante tan sólo permitiendo que el otro pueda hacer lo propio.

Después de leer esto, confirmo dos cosas: primera, que la Yazmín es lectora asidua de los relatos del blog, porque es mucha coincidencia que Carlónimo hable de Rosario y que la güerita inmediatamente publique esta nota ¿No les parece una vez más, demasiada coincidencia? Y la segunda cosa es que, la solución que propone la Yazmín no es más que la disolución del vínculo marital ¿se imaginan? Llevada la receta de Yazmín al extremo tendríamos al chavo y a la chava acostaditos en la misma cama bien juntitos, pero cada uno por su lado jalándose, picándose, agarrándose, metiéndose cosas y mentalizando su propia fantasía, hasta quedar los dos tranquilitos, bien sonrientes, convencidos de llevar en su matrimonio una relación sexual plena ¡Ay güero!

Yo prefiero encauzar toda mi energía y mis instintos carnales hacia mi Vero que está bien buena. Anoche le inyecté sus nalguitas porque andaba con la garganta inflamada. Se volteó y se bajó la panty bien rico dejándome sus bomboncitos expuestos y entregados al delicioso martirio. La aguja se hincó suavecita haciendo brotar el primer ¡aaayyy! de los labios de mi princesita, quien se debatía entre el dolor y el deseo, que finalmente nos llevó a empalmarnos y hacer de nuestro espacio marital un paraíso.

Romántico ¿verdad? Va a decir Carlónimo que le ando copiando el estilo.

Bueno mis chavos, pórtense bien, no se la “estimulen” solos, dejen que su pareja intervenga. ¡Ah! espérenme, no se vayan, tengo un recado de Eulogia a quien me encontré el otro día en una joyería escogiendo sus anillos. Dice que quiere entregarles la invitación a su boda que será el 18 de agosto y se autoinvitó al depa de Carlónimo. Propone que nos reunamos todos ahí el sábado. Carlónimo aceptó, así que ¡Allá nos vemos mis hermanos! Los que tengan problema para llegar, nos vemos en “El Péndulo” de Polanco, a las 4 en punto ¿De acuerdo? Allá los espero, lleven marcada su ropa para que no se confunda y que no anden después peleando: ¡Esos no son mis calzones!

Carlónimo -

What a pretty nanny!

Hay momentos en que la vida te amedrenta, te hace cerrar los ojos tratando de ocultar la realidad; huir y esconderte en un paraje idílico, donde sólo disfrutas, donde todo es perfecto, donde siempre brilla el sol.

Esa sublime plaza es mi mundo, mi refugio, en ella está mi vida, en ella estás tú. Cuando llego y te veo, me pregunto ¿de dónde has salido, de qué precioso material estás hecha, a qué placentero fin has sido destinada?

Nos tomamos las manos recreando nuestra envidiable experiencia de vida. Aquel venturoso momento en que hablé contigo. Nuestros ojos se encendieron, nuestros labios emitieron sus primeros vocablos de amor: me gustas, te quiero, te deseo…

Aprendimos a caminar juntos, a conocer nuestro estado de ánimo, a leer nuestros pensamientos, a compartir nuestra vida, a soñar juntos.

Una tarde brillante y placentera nos entregamos por fin en cuerpo y alma. Tus labios y mis labios se confabularon en un pacto eterno. Conocí el sabor de tu cariño, el alto voltaje de tus manos, la densidad de tus deseos, el magma de tus pensamientos.

Mis dedos y mis labios se aventuraron a recorrer las partes ocultas y enigmáticas de tu cuerpo: tus erguidos senos, la dura consistencia de tus pezones, la suave explanada de tu vientre, la firme prominencia de tus nalgas, la hospitalaria hendidura de nuestros encuentros.

¿Cómo no citar el erotismo de nuestros más caros fetiches? Las jeringas aplicadas en tus preciosas nalguitas palpitantes; el bullir de la recia sustancia que estremece la curvada superficie de tus glúteos; el suave gimoteo de tus labios, la inquieta contracción de tus piernas y de tus manos.

Son tantas vivencias las que tu nombre me sugiere, preciosa nanny que no terminaría de citarlas en este breve espacio. Dos almas gemelas no pueden separarse, se pertenecen, palpitan y se estremecen juntas.

Nanny, la que cuida, la que protege, la que tiene a su cargo el cuidado de nuestros más finos sentimientos. La que llega hoy y me dice querer… “un relato conmigo”.

Más allá de cualquier encuentro fortuito has llegado cargada de sentimientos; los percibo, los presiento. No puedo entenderte en un plano circunstancial.

Me llena en cambio sentirte un ente hermano, compatible, con quien he compartido vivencias y andado camino. Esa es mi percepción de ti, no sé si continuarás escribiendo, es frecuente que las personas lleguen y desaparezcan súbitamente.

Cuando te marches, piensa que aquí estás marcada; que tu nombre dejó en mí una huella profunda y eterna.

Nanny, la cálida nanny, la protectora nanny.

http://www.youtube.com/watch?v=sbRfqNOvpB4&feature=endscreen&NR=1

Carlónimo -

Querida Vero, gracias por tus valiosos comentarios, son fascinantes ¿Regresión a la niñez con la pasión añadida de la adultez? No abarco mentalmente ese estado ¿Será como una regresión maliciosa o convenenciera? Entonces no es sentirse niño, sino hacerse pasar por niño.

Gustoso te sigo acompañando. Espero que realicemos muchos relatos juntos. A ver qué te sugiere este.

Tras haber arrojado las pertenencias de Fuentes Farías por la ventana, habiéndolo dejado en cueros y sin la posibilidad de montar al menos en su coche, la singular Rosario se desnudó y se tumbó boca abajo en cama.

Cuando su marido entró a la recámara y se encontró con esas preciosas nalgas que se le ofrecían en pompa, se sacó la gruesa pichancha y la embutió sin miramientos. Al ver su ruda macana que colmaba el estrecho agujerito rectal estalló una violenta eyaculación que terminó de enajenar a Rosario, precipitándola de bruces, empinada, con el culo trepanado y el rostro dramáticamente adosado a la cama. La preciosa mujercita sollozaba y murmuraba: me llenaste, soy tuya, me tienes enculada.

Deliciosamente relajada, Rosario disfrutaba los espasmos del suculento salchichón que tenía alojado en el trasero. La dramática separación de sus nalgas y el extraordinario estiramiento de su esfínter rectal la hacían sentir violada, poseída, dominada, maltratada, lo cual la satisfacía por entero.

En ese contexto de sujeción y de atropello, pensó en el doctor Fuentes Farías, a quien había dejado en la calle sin ropa y sin las llaves de su auto. Se soltó de los brazos de Mario, entró en el baño y al ver reflejado su rostro en el espejo, arremetió contra éste haciéndolo añicos. Salió corriendo y se lanzó contra la fina cristalería que adornaba la cantina; estuvo aventando y destruyendo todo lo que veía a su paso, hasta que Mario la sujetó por detrás y le aplicó un sofisticado juego de correas de “Sex shop” con el que la sometió dejándola tumbada en el suelo hecha un ovillo, gritando y sacudiéndose desesperadamente. Acto seguido, preparó una jeringa, le desinfectó la nalga y la pinchó bruscamente arrancándole nuevos lamentos.

Rosario se empezó a arrastrar por todo el departamento, gritando desaforadamente y estrellándose contra los muebles, hasta que el calmante que su esposo le había aplicado hizo su efecto, sumiéndola en un intenso pero sosegado llanto. Viéndola así, Mario se le acercó con una dura correa y le asestó una ringlera de cintarazos que se le marcaron en las piernas, las nalgas, la espalda, los brazos y el cuello, hasta dejarla muy maltratada. En su dolor, la preciosa chica imploraba: ¡perdóname, no vuelvo a descontrolarme…!

El molesto marido encendió un cigarro y estuvo acercando la flama al cuerpo de su esposa: en las piernas, las nalgas, el vientre y los brazos; sin lastimarla demasiado, pero haciéndole sentir el rigor del fuego hasta que gritara: ¡Ya mátame, mátame, te lo ruego, pero no me atormentes!

Luego tomó un largo tolete flexible con la punta sólida y redondeada y se lo empezó a introducir en el culo, poco a poco, hasta hacerla pasar del jadeo al abierto llanto. Teniendo más de un metro del grueso manguerón sumido en el recto, con la boca abierta y los ojos desorbitados, la pobre Rosario suplicaba a su esposo que al menos no le metiera más garrote, aunque la dejara así el tiempo que él quisiera.

Mario accedió pero tomando un puñado de jeringas hipodérmicas, se las fue clavando una a una en los glúteos (cerca de diez en cada uno de ellos) hasta tenerla totalmente inmovilizada por el efecto, tanto del manguerón que le cercenaba las entrañas, como de las agujas que le hacían sentir un puñal clavado en cada nalga.

Rosario ya no se movía, estaba prácticamente paralizada, gimiendo levemente y agradeciendo a su esposo la terapia. Mario la dejó así por más de una hora, hasta verla prácticamente dormida. Entonces se acercó y le fue extrayendo una a una las agujas hipodérmicas, luego empezó a jalar el manguerón hasta sacárselo del culo. Finalmente fue soltando las correas hasta dejar a Rosario liberada.

Hecho esto, Mario se sentó en la cama, Rosario, bañada en lágrimas, se fue incorporando lentamente y llegó sumisa frente a su esposo acostándose boja abajo en sus piernas. Le dijo: “me he portado mal, cariño, castígame como merezco” Entonces Mario le aporreó los glúteos hasta cansarse y dejárselos hechos una lástima. Rosario no gritaba, su cuerpo ya insensible se sacudía por el efecto de los manotazos.

Después de eso, descansaron abrazados, se amaron incontables veces y se fueron a pasar unos días a su confortable y lujoso chalet de descanso, en las montañas.

Querida Nanny, qué singular entrada has tenido, acepto tu propuesta. En breve te doy gusto.

nanny -

Pues me gustarí algun reato contigo...!

Que dices?

Carlónimo -

No, antes dime ¿qué te gustaría que te escribiera, preciosa?

nanny -

Pues confío en tu excelente habilidad...para relatar una buena historia

Carlónimo -

Vaya, pues a mí también me encantaría. Tu dirás Nanny, el que no habla Dios no lo oye.

nanny -

hola, un gusto a sido leerlos, espero sigan coontando cosas...comparto sus gustos

me gustaria participar en tus relatos carlonimo...

Verónica -

Carlónimo: Gracias por completar el relato… definitivamente siempre tuve ese antojo de “acompañarnos” con los mismos personajes, y debo decir nuevamente: felicidades por tu excelente pluma, no dejes nunca de escribirnos, pues eres el motor de este espacio. El relato es fascinante: La inquietante regresión a la niñez, con la pasión añadida de la adultez, resulta definitivamente una maravillosa explosión de sensualidad. Un abrazo

Paty y Pascual: Gracias por seguir leyendo…un abrazo a ambos

Pascual -

Carlónimo, qué buen desmadre armaste, esa mujer Rosario es una terrible bala. Excelente pieza, muy cachonda y me hiciste desternillar de risa. Ver+onica, tus relatos son mucho muy buenos, cada día mejores. Sinceramente te felicito.

Carlónimo -

Gracias Carlota y Pascual por hacerse presentes en este foro, que es su casa.

Querida Paty, yo también te extraño. Así que, escribe, mi vida. Haz el esfuerzo, niña preciosa.

Querida vero, te agradezco tus atentos comentarios, siempre brillantes y fundados. Tu nuevo relato es tan estimulante que me he atrevido a continuarlo ¡Qué bonito es poder escribir así, acompañado, entre los dos! Va el relato.

Nuevo festejo de Fuentes Farías

Pero ese fue tan sólo el principio de las ardientes retribuciones que el magisterio le brindó al doctor Fuentes Farías en ocasión de su ansiado retiro.

Como siempre ocurre en esos casos, corrió como polvorín la noticia de que las alumnas de Farmacología se habían inyectado unas a otras, de manera que después la directora del plantel, una frondosa mujer en plenitud con una gran sensualidad, se encontró con Fuentes Farías en el ascensor y le dijo muy efusiva: “Ya supe, doctor, el éxito que tuvo usted con las chicas de Fármaco. Están muy motivadas por haber aprendido a inyectar. Y creo que les sobra razón para ello pues una no se imagina lo útil que es una persona con ese aprendizaje. Yo, por ejemplo, por no tener a la mano quien me asista en esos menesteres, estoy teniendo que acudir hasta el otro lado de la ciudad para que me inyecten”

Llegaron los dos al estacionamiento y cuando la directora trató de echar a andar su coche, se percató que no tenía marcha. El doctor Fuentes acudió inmediatamente a asistirla y comprobó que la falla requería ser atendida por un técnico, así que de momento le ofreció llevarla él mismo a su casa. Ya en camino, Rosario lamentó que se interrumpiera su tratamiento con inyectables, a lo que José Luis repuso: Bueno, no creo que deba interrumpirlo, le ofrezco llevarla a una clínica donde la pueden inyectar. Rosario le dijo, a su vez, no me lo tome a mal, doctor, pero yo soy muy nerviosa y quisquillosa para esas cosas, yo requiero la asistencia de una persona que me inspire suficiente confianza, alguien desde luego con mucha experiencia y también con mucha paciencia. Usted no sabe cómo me tensan las jeringas…

Permanecieron callados un buen rato, hasta que José Luis se detuvo frente al domicilio de Rosario y le dijo: Servida, señora Duarte. Ella lo miró sonriente, abrió la portezuela y justo antes de bajar comentó: Me he quedado pensando, doctor, en el riesgo que representa interrumpir mi tratamiento. No sé… si fuera un serio atrevimiento pedirle a usted que… si tiene unos minutos disponibles… pudiera… tal vez…

Con toda caballerosidad, Fuentes Farías le evitó la pena de tener que pedir ella misma la asistencia y, casi interrumpiéndola le dijo. Señora Duarte, es muy recomendable que no interrumpa usted su tratamiento, yo le ofrezco inyectarla a sabiendas de que es un caso de verdadera excepción. Tras las consabidas manifestaciones de pena: ¡Ay, qué va a pensar usted, doctor Fuentes Farías…! Rosario cerró la portezuela, accionó el portero eléctrico, entraron al espacioso estacionamiento y le indicó a José Luis el sitio donde podía colocar el coche.

Se apearon, tomaron el ascensor que los llevó hasta el interior del lujoso pent house. Era una mansión en el piso quince con vista impresionante de la ciudad. Rosario lo hizo sentar en la sala, dejó su bolso en una silla, se retiró la gabardina, se miró en el espléndido espejo del comedor acomodando los pliegues del vaporoso vestido blanco con estampados en color verde tierno que cubría sus inquietantes formas corporales. Por fin se sentó frente al médico, cruzó la pierna dejando a la vista unos muslos de concurso y se disculpó diciendo: Me apena, doctor, quitarle su tiempo y le agradezco que se haya prestado a ayudarme. Bueno… permítame, voy a traer la medicina, si gusta tomar algo… un café, un refresco… No se moleste señora Duarte, así estoy bien, la espero.

Rosario cruzó el salón con paso firme y un sugestivo quiebre de cintura que le hacía menear las nalgas sensualmente. José Luis la miró con aire reflexivo, respiró profundo y perfeccionó su posición en el asiento. Al regreso de Rosario se puso de pie comedidamente para recibir la ampolleta, una jeringa, el alcohol y un paquetito de algodón. De inmediato los colocó sobre una mesa auxiliar, se sentó y con mucha seriedad empezó a preparar la jeringa.

La cristalina sustancia colmaba el cilíndrico depósito cuando Rosario preguntó tímidamente. ¿Le parece bien que me acueste en el sofá? no resisto ser inyectada de pie. El lacónico “Como usted guste” hizo que Rosario titubeara por un instante y resolviera salvar el escollo dirigiéndose decidida al mullido canapé, frente al cual alzó su vestido y se acostó quedando sus espléndidas nalgas erguidas, esponjadas, aún cubiertas por una panty de seda blanca bien ceñida y muy estrecha en la zona del pubis. Las espectaculares carnazas parecían reventar esa pequeña prenda que imprimía un mayor erotismo a la singular escena.

Después de extraer las burbujitas del depósito, José Luis se dirigió al sofá y viendo que las nalgas de su paciente permanecían cubiertas, se enfrentó al serio dilema de pedirle que las descubriera, o bien, actuar por propia iniciativa descubriéndolas él mismo. Rosario permanecía inmóvil, concentrada, ensimismada. Sólo las bien dotadas piernas y los esféricos glúteos palpitaban menudamente. José Luis carraspeó. Al no obtener respuesta tocó el borde de la panty diciendo: “Por favor, señora”. De nuevo, sin respuesta. Más decidido, insertó sus dedos en el elástico sugiriendo deslizarlo, pero Rosario no se movió ni articuló frase alguna. Un poco turbado, el doctor replegó con timidez la prenda un par de centímetros. Entonces Rosario, con cierta molestia elevó las nalgas, llevó sus dos manos al elástico y lo hizo descender bruscamente hasta las piernas, diciendo: ¡Ya está, puede inyectarme!

Fuentes Farías se quedó perplejo, pero decidió ignorar el hecho. Las tersas y arrogantes carnazas se le ofrecían supremas y el incidente de la pantaleta lo animaba a comportarse con algo de audacia, así que palpó con decisión las dos zonas inyectables, desinfectó el cachete izquierdo y cuando se disponía a pinchar lo interrumpió un súbito alarido ¡Ay noooo! Rosario palmoteaba tratando de alejarlo. Se puso de pie. Con el vestido alzado y la panty alojada en los muslos corrió y se refugió en un rincón, alegando: ¡No, doctor, estoy muy nerviosa, es algo que no resisto! Seguía sujetando el vestido sin importarle mostrar el área del pubis al facultativo quien, indeciso, aguardaba jeringa en mano.

Después de emitir sentidas quejas y de rechazar la inyección reiteradamente, viendo Rosario que el médico no hacía nada y que sólo la miraba impávido, le dijo: “Doctor, la única manera de inyectarme es sometiéndome. Yo espero que usted lo haga” Dicho esto, se alejó corriendo y se guareció detrás de la mesa del comedor. José Luis tenía la mente confusa pero decidió seguir el juego, así que se fue detrás de Rosario y después de sostener una ligera escaramuza la sujetó por la cintura.

Ella gritaba y manoteaba pero él más se aferraba sujetándola finalmente de las piernas hasta hacerla trastabillar y caer redonda en el sofá, donde la puso nalgas arriba y le aplicó unas estruendosas nalgadas que avivaron de momento el griterío, pero fueron poco a poco mitigando las airadas protestas que devinieron en llanto. Hecha un mar de lágrimas Rosario se quedó por fin quieta y gritó: ya pónmela, desgraciado, lo lograste, vas a hacerme daño. Anda, date gusto, pínchame, lastímame, eso es lo que querías, desata tus sádicos instintos, aquí estoy, indefensa, humillada, resignada…

Ante tales consignas, José Luis sintió que la sangre le hervía en el cuerpo, le invadió un ferviente deseo de provocar a Rosario un mayor sufrimiento. Alterado, intensificó el castigo: las nalgadas se redoblaron, acompañadas de insultos, pellizcos y fuertes jalones de pelo que hicieron a Rosario chillar, implorar y exigir un mayor castigo: ¡Pégame más fuerte, no pareces hombre, lastímame de verdad, mátame! ¡Maricón, poco hombre, pusilánime!

En ese contexto, cuando Rosario tenía el glúteo en extrema tensión, José Luis le clavó la aguja haciéndola avanzar a tramos, con lo que le rasgó una y otra vez el engarrotado músculo. Los angustiosos embates de la hipodérmica producían un áspero rasgueo que, a su vez, arrancaron a la paciente nuevos gritos de lacerante dolor y sucesivas consignas: ¡Cabrón, desgraciado, mátame, te lo suplico! José Luis la saturaba a su vez con insultos: ¡Puta desgraciada, eso es lo que mereces, escoria, maldita, putrefacta…! La brusca entrada del hiriente líquido dio lugar a tan ebullente refriega, que los dos, José Luis y Rosario terminaron la contienda desplomados, exánimes, extenuados, incapaces de emprender el menor embate.

Bañada en lágrimas, gimoteando, la preciosa Rosario abrazaba a su verdugo, lo besaba y se le restregaba sensualmente. José Luis la tomó en sus brazos y la mimó como a una niña: ¡Mi nena, pequeña, bonita, preciosa, chiquitita! Una vez serenos, se entregaron a un ardiente coito. Las nalgas de José Luis, montadas en la pelvis, entre las piernas de Rosario, subían y bajaban, una y otra vez, en un acelerado y descontrolado movimiento que entre gritos y sollozos sucesivos llegó a su climax.

Permanecieron después muy quietos, juntando sus labios esporádicamente. De pronto Rosario se incorporó, se puso de pie, dio unos pasos, se tensó de nuevo y gritó: ¡corre, José Luis, deprisa, corre! El somnoliento amante se estiró aflojerado diciendo: Ya no, mi vida, espera un poco. Ella insistió: ¡Corre, te digo, que ya viene subiendo por el elevador mi marido!

Como impulsado por un resorte, Fuentes Farías apenas acertó a coger sus calzones, corrió despavorido y se lanzó “en salto de tigre” por la puerta de servicio que le abriera Rosario, cayendo en el corredor externo angustiosamente, “de costalazo”.

El marido de Rosario entró muy sonriente, besó los suaves belfos de su amada que lo esperaba enfundada en una erótica batita súper corta. Después de trenzarse en un breve cachondeo, él pasó al baño y ella se ocupó en recoger lentamente cada una de las prendas que había dejado tiradas su amante. Caminó muy sonriente y las arrojó por la ventana.

¡Sean felices mis amigos, la vida es muy bella, debemos disfrutarla!

Paty -

Hola Vero, sigues escribiendo muy bien, te felicito. Carlónimo querido, te extraño.
http://www.youtube.com/watch?v=JOo2QxJJKvs

Verónica -

El doctor Fuentes Farías, decidió jubilarse, para ir a trabajar en una universidad de Medicina, y enfermería dando clases para principiantes en el turno nocturno, ya que, su mujer acababa de morir, y el ya se sentía bastante cansado para continuar tantas desgastantes faenas…

Lo que no esperaba, era revivir a pesar de su avanzada edad, tantos delirios juveniles que se apilaban en su mente sin cesar, pues resulta que la mayoría de sus alumnas, poseían una belleza inconmensurable....

Los cursos de farmacología, según las normas de la facultad, eran para principiantes, y por lo tanto, necesariamente sensibles, y únicamente teóricas, por lo tanto, los primeros meses, el se abstenía ante sus deseos bestiales, argumentando para sus adentros, que no había ya cabida en su existencia para semejantes antojos… Pero resulta que, el día menos pensado, y ya casi terminando una clase que impartía con especial entusiasmo, la más hermosa de sus alumnas, portó una diminuta falda, que dejaba a la vista, unos muslos extenuantes, inmensos, firmes, blanquísimos, y por detrás, se asomaban unas nalgas tan inmensas, que el pobre Fuentes, quedó casi paralizado, temblaba al simple contacto visual, y así, “toleró” su inusual día, para, al final mencionar: “Chicas, la experiencia es la mayor virtud en el mundo laboral de hoy en día, y por eso, lo único que les encargaré para mañana, es una jeringa, pues les enseñaré a aplicar inyecciones intramusculares. ...
Si alguien la olvida, mejor ni entre a mi clase. Gracias”.

Y se fue a casa con una enorme satisfacción en el rostro y en el alma, claro que, no pudo dormir ni un instante… Pensaba en el rumbo que tomaría su clase, ordenaba en su pequeño escritorio las sustancias de vitaminas con que podría llevar a cabo su práctica estudiantil.

Y al día siguiente, llegó más temprano que de costumbre, y antes de que se llenara su salón de clases, el ya se veía demasiado ansioso. Pasó lista, y la asistencia era haber traído la jeringa de 3 ml.

“A ver, señorita Ericka” (su rubia adorada, hermosa, de ojos verdes, y carnes rebosantes, suplicantes y firmes). Pase al frente, explicaremos el mecanismo de una inyección intramuscular. Por favor, sea nuestra voluntaria, le daremos 5 puntos extras y tendrá usted la oportunidad de practicar también la aplicación, por supuesto, con otra de sus compañeritas.

Ni corta ni perezosa, pasó al frente, y no sabemos si por su valentía, o porque quería presumir la perfección de sus nalguitas, blanquísimas firmes, sin defecto alguno.

Al caminar el trayecto del pupitre, al escritorio frontal, meneaba su cadera, haciendo un movimiento sensualísimo en su trasero, que cautivaba a cualquiera. “¿Me acuesto profe?”

“No es necesario, señorita Reyes, por favor descúbrase, que vamos a proceder con nuestra valiosa práctica… a ver si, a ver, bájese más la panti, a ver, tranquila, a ver, señorita, póngase de este lado, relájese”. La bella voluntaria hacía todo lo que su maestro le indicaba, incluso, hizo descender su panti hasta el término de sus muslos, pero desafortunadamente, el pequeño calzoncillo rosado, cayó al suelo, dejándola completamente desnuda, pues su minifalda blanca había sido acomodada por el maestro, cuidadosamente en su espalda....
El doctor ya mostraba un nerviosismo, y un temblor en las manos, que no lo dejaba proceder en su “práctica”, pero supo sobreponerse, y discretamente, le pidió a otra de sus alumnas que le pasara la pequeña botella de alcohol que se encontraba en las tarimas del fondo de la estancia. “Gracias Elena, ¿podría empapar un par de algodones y depositarlos en esta bandeja?, desinféctese las manos con el líquido que puse en el escritorio conjunto”, eso ordenaba mientras indicaba a las chicas, el modo correcto de abrir la jeringa estéril, sin romperla o infectarla. “Miren con atención, así se abren las ampolletas de cristal, así se carga el medicamento en la jeringa, despacio, fíjense chicas bien en la caducidad y la medida de la sustancia”, les decía mientras cargaba el “inocente” líquido rojizo de prueba que en realidad era una vitamina muy dolorosa. Ericka se bamboleaba con beneplácito, pues gustaba de ser el centro de atención a todas horas. Sonreía, y volteaba para ver su traserito expuesto y a punto de ser pinchado. “No se mueva, señorita. Bueno chicas, luego se extraen las burbujitas de aire, y se limpia esta área con el algodón con alcohol”. Y a guisa de ejemplo, le acariciaba las nalguitas a la bella chica, y las caderas, y el abdomen, hasta indicar el cuadrante, y palpar de nuevo las grandiosas carnes….la chica se estaba empezando a fastidiar, pero también se excitó un poco, sin dar la mas mínima señal de aquello.
El señor estiro la grandiosa carne, e hundió la jeringa, haciendo entrar el líquido doloroso. Ericka dijo en voz baja: “Ay profe me arde noooooooooo yaaaaaaa bastaaaaa”, y lágrimas caian de sus preciosos ojos, hasta que al fin finalizó la aplicación, y el doctor procedió a la explicación del masaje, y con especial cuidado, le colocó su prenda interior a Ericka, pero ella bruscamente, le retiró la mano, yéndose a sentar a su lugar, y como compensación, el doctor pidió que hicieran equipos de 2 mujeres, pasa inyectarse mutuamente un líquido simple e indoloro. Y dejó que Ericka lo ayudase a supervisar el proceso.
Al final de la clase, le pidió a la hermosa chica que se quedara para revisar el resultado del pasado examen parcial. Y así fue: Revisaron el examen reprobado, y para no quedar tan mal, la chica comenzó a seducirlo hasta quedar atrapados en una euforia pasional, escurriéndose, debajo del escritorio, y haciéndose propios uno del otro… ella misma se descubrió sus intimidades, incrustándose el enorme y flácido pene, y llegando lejos con él, y con su kardex.

Verónica -

Carlónimo: Muchísimas gracias por tu análisis y retroalimentación de mi relato, lo valoro enormemente, y estoy de acuerdo contigo, captaste bien la esencia del mismo.Tu relato basado en la física del movimiento, no solo fue impresionante, sino que, cautivaste y removiste en mis fibras sensibles, mis más añoradas fantasías. La timidez inicial, y el desafuero posterior, fueron para mí, experiencias casi personales, palpables. Me recordaste la película de “Pide al tiempo que vuelva”… Magnifico, bravo, eres sensacional. Bueno, y el relato de Cristy no se queda atrás, tiene su pegue la hermosa mujer, es mayor cuando no desea provocar, recuerdo vívidamente a Quirarte, siempre tan nervioso y luego tan desenvuelto… y las inyecciones varias que se inventaba solo para admirar las nalgas de la bella chica, y ella accede como no queriendo… pues es “por su bien”, ¿no?... Ha, y los diminutivos denotan la lujuria disfrazada de respeto, excelente, Carlonimo… el final me impactó… que barbaro rabo verde jajaja…no pude evitar soltar una carcajada…

Gus y Fer: Gracias por leernos, espero pronto se animen a participar con algún relato…

Tony: Los instrumentos y la imaginación son los mayores estimulantes del mundo… pues… ¿no soñamos despiertos horas enteras con este sitio?, Pero bueno, tu dime de qué quieres que me disfrace, y ahí estaré preparada para ti, y con todo y jeringas :) ...Y estoy de acuerdo en que la comunicación es lo primero, solo así podemos compenetrarnos al 100% como nosotros lo hacemos, belleza....

Antónimo -

Hola chavas y chavos

Tengo a mano el periódico “El Nuevo Mexicano” que en su primera plana de hoy presenta dibujada a una joven pareja: Él vistiendo un traje de Superman lleva un tremendo jeringón en la mano. Y ella, vestida de enfermera, bien entalladita, con minifalda que deja a la vista el borde de las medias y los tirantillos del liguero que las sostienen.

El encabezado de la noticia dice: “SEX SHOPS, para romper con la rutina y ponerle emoción”. Y comentan, entre otras cosas, que: los juguetes sexuales pueden elevar el rendimiento hasta en 50% a la hora del coito; que rompen la monotonía y enriquecen el acto sexual; que los principales adquirientes son parejas heterosexuales de entre 35 y 40 años, con varios años de relación; que lo más vendido son vibradores, lubricantes, lencería y disfraces.

Emocionante ¿no? Nada más imagínense tener en la cama a Blanca Nieves, a la Caperucita Roja, o a la Gioconda. Terminar cogiendo con la enfermera o doctora, entre jeringas, irrigadores, cánulas, ampolletas. Buena terapia ¿no creen? Pero, en mi opinión, se requiere que las parejas estén muy bien integradas, que mantengan un alto grado de apertura y, desde luego, mucha confianza entre sí.

Me pregunto ¿cuántas parejas pueden tener ese grado de comunicación? Porque si a uno de ellos le valen gorro los fetiches, el otro ya se fregó. Nada más imegínense a una bella mujercita que, después de librar una férrea lucha interior se decide por fin a proponerle a su marido: “Amor, no te vayas a enojar pero me encantaría que jugáramos a la enfermera”. Y él que le responde: “Pinche cochina, lujuriosa, eso es pecado…”. O qué tal si él le pide a ella que se deje meter una canulita en el culo y recibe la amarga respuesta: ¿Qué acaso necesito yo una lavativa? No te entiendo, por favor explícame. ¿No te digo? Cada vez estás más raro.

Tales desavenencias pueden ser causa de rompimiento, o pueden dar pie a infidelidades, ya sea consentidas o clandestinas ¡Porque hay de las dos! ahora verán. Resulta que en su columna de ayer, la Yazmín Alessandrini se refiere justamente a la “Infidelidad Consentida”. Afirma que en las parejas se llega a dar un deterioro de la relación sexual a tal grado, que los cónyuges permiten, cada uno, que su “pareja” busque en otro sitio la satisfacción de sus necesidades.

Afirma la güerita que si bien es más frecuente encontrar “que sea el hombre quien busque una amante para satisfacer sus necesidades sexuales ante la apatía o desinterés de su esposa para seguirlo complaciendo (…) estadísticas recientes arrojan cada vez más un repunte de mujeres cuyos esposos las invitan a conseguir un compañero de aventuras sexuales ocasionales porque los múltiples y estresantes compromisos de trabajo los imposibilitan por completo de cumplir su tarea de hombres”.

Y añade que algunos consideran esa “infidelidad consensuada” una franca aberración moral, pero “los liberales se muestran totalmente abiertos a que las parejas puedan llegar a un nivel de comunicación tan profundo (…)” que les permita diferenciar claramente lo que es amor y lo que es sexo, llegando así a otorgarse mutuamente tales salvoconductos, para que cada uno atienda sus requerimientos a su gusto y con quien guste.

Luego entonces,la comunicación en un sentido puede compensar la falta de comunicación en el otro. Lo que equivale en este caso a decir que si no se pusieron de acuerdo en cuanto al uso de fetiches, puede permitirse a la pareja que los utilice con quien quiera ¡Ve con tus excentricidades a otra parte, conmigo ni lo pienses!

¿A qué nos lleva esto? Pues que antes de establecer cualquier compromiso de vida en pareja los tórtolos deben “medirle el agua a los camotes” o sea, saber si lo que les gusta a ellos en privado, le gusta también a su bienamada o bienamado. Pero eso no es tan fácil porque (según el artículo aparecido en “El Nuevo Mexicano” el gusto por los fetiches para utilizar en pareja surge generalmente cuando los participantes ya tienen algunos años viviendo juntos y quieren experimentar cosas nuevas. Entonces ¿cómo saber si a mi pareja le gustará utilizar fetiches dentro de unos años? Y ¿cómo saber si en caso de no gustarle los fetiches, me dará permiso a mí para utilizarlos con otra persona?

En fin, que no es posible tener la certeza de éxito a menos de que, antes de comprometerse, cada uno se abra de capa con el otro soltándole toda la sopa: “¿Sabes una cosa, mi rey? Pues que a mí desde siempre me encanta picarle las nalguitas a mi pareja, así que si no estás dispuesto a recibir mis jeringazos cada vez que yo lo quiera, pues circulando mi chavo, ya estás tardando”. O bien, “Princesa, antes que otra cosa te advierto que me domina la pasión por aplicarte enemas ¡Sí, así es, clavarte la cánula en el culito mientras te tengo acostada sobre mis piernas! Piénsalo bien encanto, porque en eso, yo no transijo”.

Pero eso no es fácil, mis hermanos. Aunque, bueno, yo no tengo bronca a la vista porque a mi Vero le encanta que le pique sus nalguitas. Que la tenga acostadita muy mona, le baje la panty, seleccione con calma el sitio, le perfore el bomboncito y le haga entrar la sustancia diciéndole que está muy linda, que la deseo, que me encanta, que me enloquece. Mi princesita patalea y se queja bien rico. No me contengo, la beso ardientemente, nos revolcamos desesperados y… Prau!!!!!

Pascual -

Carlónimo, aplaudo tu último relato, es fabulosa la forma que caracterizas al doctor que es es un personaje jncreible. El humor tan fino que manejas y la sorpresiva y dramática escena final comprueban una vez más tu gran capacidad narrativa. Gracias por compartírnosla.

Carlota -

Me gusto un chorro el relato de l doc pobrecito, que mala onda. Mi reconocimiento querido Carlonimo, sigue escribiendo.

Carlónimo -

Gracias Fer por tu amable saludo. “Mil” es sólo un número. Me motiva en cambio recordar a cada una de las personas que han pasado por este foro, las gratas amistades que forjamos y lo que hemos podido construir juntos. Mi sincero reconocimiento a todos y cada uno de los participantes.

Querido Pascual, me gusta encontrar siempre de ti un comentario amigable y oportuno. Gracias por patentizarme tu compañía, no sabes cómo me estimula a seguir escribiendo.


El momento decisivo

Resulta que Cristina, motivada por la curiosidad de los chamacos que la admiraban y la espiaban mientras se inyectaba, decidió tener su “segundo debut”, por lo que renovó su guardarropa cambiando el estilo conservador por uno vanguardista mucho más “coqueto” y empezó a convivir con amistades que había dejado un tanto olvidadas. El cambio de actitud le ha resultado positivo pues ahora es frecuente verla lucir faldas más cortas, sensuales escotes y peinados modernos que la rejuvenecen considerablemente.

Así que llegó el otro día al Club Rotarios para participar en una reunión formal de amigos y montó un bello espectáculo al lucir un mini vestido rojo diseñado por famoso modisto europeo, con el que la desquiciante esplendidez de su cuerpo hizo enmudecer a la concurrencia.

La abundancia y firmeza de sus nalgas, los abultados y erguidos senos y la solidez de sus muslos por demás rebosantes, generosamente expuestos, causaron una gran inquietud entre los caballeros que no dejaban de admirarla.

Transcurrida la primera parte de la reunión, justo en el momento que se inició el esperado baile, fueron varios los señores que se levantaron de su mesa dispuestos a solicitarle una pieza, pero uno de ellos se adelantó casi corriendo, giró de manera espectacular para impedir el acceso de los otros y, marcando una elegante caravana la tomó de la mano diciendo, con voz estentórea: “A sus pies, bella dama ¿me concede esta pieza?”

Cristina lo observó intrigada, se puso de pie lentamente sin dejar de mirarlo, indujo un giro que le permitiera tener la luz a su favor y exclamó entusiasmada: ¡Doctor Quirarte! Qué alegría verlo, está usted muy bien conservado.

¡Ah, nada de eso, Cristina, que los años ya me pesan! En cambio a usted la veo tan… tan… tan… ¡Ay, ya parezco campana! Pero es que no encuentro palabras para describir su jovialidad y su belleza ¡Es increíble que…! Oigame, Doctor Quirarte ¿Por qué tanta sorpresa si no estoy tan vieja…!

Noooooooo Cristinita, nooooooo. Eso ni pensarlo. Bueno… me expresé mal pero es que estoy tan emocionado de verla que ya no sé lo que digo. Venga, vamos a la pista. Caminando con gran elegancia, llevando la mano de Cristina elevada por encima de su propia cabeza, como se estilaba en la época de los valses y del minuet, el Doctor Quirarte parecía estelarizar una película. Sonriendo de oreja a oreja situó a su bella pareja en la pista y echó mano de toda su técnica.

Como si mentalmente contara: “y dos para acá, y tres para allᅔ se movía grotescamente tratando de impresionar a Cristina quien, por su parte, baila muy bien y lo moderó inmediatamente diciéndole: A ver doctor, mejor yo lo llevo a usted. Medio bailaron por un momento hasta que Cristina se cansó de batallar con semejante fardo y mejor lo sentó, haciéndolo pasar a otro tema, que a ella realmente le interesaba.

¿Todavía ejerce usted su profesión, Doctor Quirarte? Bueno, Cristinita, ejercer, así ejercer ejercer… pues no tanto pero, como usted sabe, la ciencia no se olvida y yo me actualizo para no perder la práctica y conocer todos los avances de la tecnología. Como en la época que yo la recetaba a usted y… la inyectaba… ¿se acuerda? Bueno pues, usted no me dejará mentir, yo tenía siempre el material y los instrumentos más modernos… Las jeringas ¿se acuerda Cristinita? Las jeringas… esas jeringas… Bueno, no hablemos más de mí, dígame usted Cristinita ¿ha seguido protegiéndose como lo hacía con todas las vacunas y tratamientos preventivos? Yo creo que sí porque la veo… la veo… ¡Sí ya veo que usted me ve doctor, pero disimule un poco al mirarme las piernas que la gente… ¡Cristinita! Nooooooo, si en mis ojos hubiera malicia yo mismo me castigaría ¡ni lo piense, ni lo piense usted! Bueno, no se preocupe Doctor Quirarte, pero sea más discreto. ¡Aaah, desde luego que lo seré, no se preocupe Cristinita, que yo…!

La verdad es que no he encontrado otro médico más acertado que usted en cuanto a la medicina preventiva, busco y no encuentro quien me diseñe un plan integral de prevención anual como usted muy acertadamente me hacía y me aplicaba oportunamente. ¡Aaahh, Cristinita! Es que los doctores de ahora ya no tienen ese tacto, esa preparación tan especial que nosotros tuvimos cuando la medicina era no sólo una ciencia sino una verdadera mística. Pero, si usted quiere y me honra confiándome nuevamente su salud, yo pondría en juego todos mis conocimientos, que son muchos Cristinita, muchos, para cuidarla y conservarla tan bella como usted está ahora Cristinita, tan bella que no tengo ojos suficientes para contemplarla y para… Ya, Doctor Quirarte, que no se hable más, dígame usted cómo empezaríamos que yo me siento desprotegida y viéndolo a usted recuerdo la paciencia con que me cuidaba.

¡Aaahh, Cristinita! !aahh y mil veces aahh! Que no sabe usted el gusto que me produce su incommensurable deferencia. Mire usted, para empezar, aplicaremos un tratamiento para el sistema inmunológico, a base de testosterona de avestruz ¡¿De avestruz, doctor Quirarte?! ¡Sí, de avestruz! Que es el ave de la eterna juventud. Sepa usted Cristinita, que los últimos descubrimientos de los sabios más reputados de Estambul así lo prueban, que quien se aplica esa… bueno para que andar con tapujos. Esa… dolorosísima ampolleta regularmente, mantiene la salud porque la mantiene y mire usted quien se lo dice, yo mismo que ya la he aplicado a infinidad de personas que, con más de 90 años bailan la bamba y quebraditas y todo lo que usted guste y mande, que…

Pues adelante Doctor Quirarte ¿Cuándo empezamos ¡Aahh, pues mañana mismo, Cristinita! La veo en su casa a las 10 de la mañana. Le aplicaré, en principio, 36 ampolletas, una cada tercer día y luego fijamos el segundo tratamiento ¡Ya verá, ya verá usted Cristinita, Cristinita!

¡Riiiinnnggg!

Cristina corre presurosa a abrir la puerta y entra el bonachón facultativo dando gritos: ¡ya estoy aquí, Cristinita, que ya verá, que ya verá como irá su salud a partir de este momento. Sólo que antes de otra cosa quiero hacerle un reconocimiento general ¿cuál es su recámara? Pase, pase por aquí, doctor Quirarte subamos la escalera ¡Usted primero, Cristinita, que si algo tengo es ser caballeroso! Con los ojos desorbitados contemplando las espléndidas nalgotas de su paciente que se bambolean por el movimiento ascendente, maletín en mano, el médico llega hasta la recámara, desempaca todos los instrumentos que utilizará y le pide a Cristina que se acueste para examinarla.

Con una batita corta que le cubre tan solo un tercio de los carnosos muslos, Cristina se recuesta con las piernas estéticamente cerradas. El médico le escucha el corazón, introduce su mano por debajo de la bata para palparle el vientre, luego la coloca boca abajo, le escucha los pulmones con el estetoscopio. La vuelve a poner boca arriba y le pide descubrirse el pecho. Cristina se descubre y le muestra un par de tetas en verdad robustas, algo flácidas pero muy estimulantes. El médico las palpa, primero con suavidad y después con sobrada entereza, casi con lujuria. Cristina se cohíbe, el médico se percata y termina esa fase bruscamente para pedirle que se descubra la vulva.

La preciosa Cristina se pone de pie, se retira completa la bata, se quita la panty y se acuesta totalmente desnuda. Separa las piernas holgadamente y le enseña al doctor con toda naturalidad una pucha magnífica con el bello perfectamente recortado, carnosa, de labios muy rojos y encrespados que, al recibir el estímulo de los dedos del facultativo que la penetran primero levemente y después a profundidad, empieza a segregar el fino calostro del deseo. Nunca antes Quirarte le había practicado semejante análisis, así que está rojo, tembloroso, muy excitado. Al percatarse de su estado, Cristina le dice: ¿No será ya suficiente, Doctor Quirarte? El médico reacciona, la mira muy serio y responde con disimulo: Bueno, notaba una pequeña área con ciertos rebordes granulosos que… Y dándole el último tallón vaginal con los ojos desorbitados, extrae finalmente sus dedos y le dice: ¡No, Cristinita, está usted perfectamente bien! Así que por favor colóquese boca abajo para inyectarla.

Con esa proverbial coquetería, Cristina da la vuelta y se empieza a palpar ella misma los abultados cachetes que al ser excitados reaccionan demostrando su solidez y fibrosidad. A pesar de su edad, la guapa señora ostenta unas nalgas muy grandes, firmes, envidiables, de piel blanca, tersa, sin estrías, que al menor movimiento reflejan con probidad el armonioso y sensual estremecimiento muscular.

Ante tamañas nalgotas por demás excitantes, Quirarte prepara la jeringa con dificultad: se muestra tembloroso, distraído, pero logra por fin cargar el líquido que se revela pastoso, negrusco, doloroso. Cristina lo ve y empieza a inquietarse: ¡Doctor Quirarte! ¡Esa inyección me va a doler mucho, Doctor Quirarte! Nada de eso Cristinita, ya verá que es muy efectiva pero a la vez amigable, no la va a sentir.

El algodón se desliza suavemente abrillantando la abombada y mullida superficie amenazada, que reacciona con un sobrio bamboleo. Cristina se apoya en los codos y levanta la cabeza respirando agitadamente. La aguja penetra, Cristina salta y grita ¡Doctorcito! trata de levantarse, Quirarte la detiene firmemente por la cintura ¡Doctorcito, me duele! ¡Tenga paciencia, Cristinita, que puedo rasgarla o se quiebra la aguja!

El émbolo avanza, el soberbio cachete tiembla, la paciente separa las piernas, recoge las pantorrillas, patalea como lo hacen las niña llegando incluso a patear al doctor que sonríe y se cubre absorbiendo con el brazo los sucesivos talonazos, desliza su mano de la cintura hasta los glúteos, palmeándolos, después acariciándolos para tranquilizar a la bella paciente, quien pasa de la desesperación a un estado de moderada inquietud jaspeado con tintes de voluptuosidad. Quirarte penetra con sus dedos la raja del culo y pica el nudillo rectal, Cristina gime, se tranquiliza, empina el culo, se olvida de la jeringa, jadea y se retuerce. La ardiente vulva le concede un intenso orgasmo que la deja tranquila, extenuada.

El médico termina de inyectarla, extrae la aguja, la coloca sobre el buró, toma de su maletín una pequeña jeringuilla, la carga, se baja el pantalón y la trusa, se coge el pene totalmente flácido, lo pincha en la base junto a los cojones. Con un gesto de agudo dolor hace entrar la sustancia, avienta la jeringuilla, salta tratando de mitigar el padecimiento. Su pene empieza a reaccionar, lo palmea, se prodiga roces masturbatorios, lo hace crecer medianamente. Cristina indaga ¿Qué hace usted Doctor Quirarte? Al verlo con la picha descubierta grita ¡No, por Dios, qué pretende usted!

Trata de levantarse muy alarmada, Quirarte la toma por los hombros, acercándose le besa tiernamente el cuello, las mejillas. Cristina cambia su actitud, lo tolera, se acuesta, boca abajo, se deja acariciar, permite que el erecto pene del médico le restriegue la raja, comienza a gemir, induce que la penetre por la vulva. El tieso garrote empieza a penetrar suavemente, el glande se oculta, el abrillantado tramo medio se introduce separando los excitados labios vaginales que reaccionan segregando un nuevo calostro.

Cristina le dice con voz excitada: ¡Está bien, házme tuya Joel, es algo que te estoy debiendo… Has hecho suficientes méritos para poseerme. Quirarte termina de penetrarla, Cristina da muestras de tener un segundo orgasmo. Comienza el cadencioso tallado. Quirarte le dice: ¡Preciosa, no sabes cómo te he deseado, serás mía, de hecho ya lo eres, te quiero, te amo profundamente, siempre te he amado! ¡Mía, mía, mía, ay, aayy, qué siento, aaayyy, aaaaaayyyyyy, aaaajjjjhhhhhh!

Después de un súbito espasmo, Quirarte se queda inmóvil, reposando todo su cuerpo sobre Cristina que trata de liberarse, lo empuja con todas sus fuerzas y logra por fin tirarlo sobre la cama.

Privado, con la boca abierta, el rostro amoratado, los ojos desorbitados, Quirarte fue recogido minutos después por una ambulancia. Un par de horas después, en el hospital de urgencias, Cristina recibe el parte médico: No se preocupe, se pondrá bien en dos días, fue una verdadera imprudencia. Ya sabía este hombre que no debía aplicarse esas cantidades bestiales de viagra.

Los veo luego, mis chavos, estoy saliendo para Washington.

Pascual -

¡¡Jacqueline Kennedy!! guau!!! Carlónimo, tu imaginación y tus recursos literarios no tienen límites, qué buena onda. Muy original y muy erótico el relato. Me dejaste la fijación y estoy impresionado.

Carlónimo -

Querido Gustavo, muchas gracias por tus amables comentarios, que aprecio por venir de una persona con tan alta calidad sensitiva y emocional.


En el paraíso de Einstein

Sin ánimo de agobiarlos con el estudio de complicados escenarios científicos, les recuerdo que Einstein basó su “Teoría de la Relatividad” en la constancia de la velocidad de la luz, prescindiendo de la noción del tiempo como una coordenada independiente. En la Teoría de la Relatividad, espacio y tiempo tienen carácter relativo o convencional, dependiendo del estado de movimiento del observador.

La teoría de la relatividad ha tenido diversas comprobaciones experimentales. Una de ellas se realizó utilizando dos relojes atómicos de elevada precisión inicialmente sincronizados, uno de los cuales se mantuvo en reposo mientras que el otro fue transportado en un avión. Al regresar del viaje se constató que mostraban una leve diferencia de 184 nanosegundos, habiendo transcurrido "el tiempo" más lentamente para el reloj en movimiento.

En cuanto al concepto de “movimiento”, no nos cerremos a entenderlo tan solo como traslado de un objeto de un sitio a otro sino que, en una perspectiva intelectual vanguardista, podemos concebirlo como la capacidad de revolucionar el propio cerebro llevándolo a meganiveles de abstracción. Esta forma de movimiento es compatible con los postulados de Einsten.

En este macro contexto universal, cualquiera de nosotros, hasta sin proponérselo, se podría involucrar en una caprichosa vivencia que rompa con todas sus expectativas y le permita vivir lo que el pensamiento convencional calificaría de “imposible”.

Tras una intensa experiencia en el terreno de las ensoñaciones, estando dispuesto a encarar lo inconcebible, cualquiera de nosotros podría caminar, digamos, a la vera del Río Sena y ver delante sí a una preciosa dama, vestida elegantemente, que camina en la misma dirección.

Tratarías primero de alcanzarla para disfrutar la vista de tan excelso cuerpo. Pero al percatarte que estás a punto de tocarla, caminarías más despacio, y más, y más, y más, percatándote que te es imposible alejarte o, al menos, mantener la distancia “razonable”, porque la dama no obstante alejarse, se acerca, y se acerca, y se acerca, hasta que, en un momento crítico, está a un palmo de tí, te paraliza. Tratas de retroceder sin conseguirlo, dibujas una mueca de desesperación y ves cómo la imponente dama voltea a verte, te perfora con su mirada y con voz sensual te pregunta ¿Me conoces, guapo?

¡Oh no! creo que no, aunque… espera, tu rostro me hace recordar a alguien que adoré en tiempos lejanos, creo que durante mis años de la infancia. Tu cara cuadrada con el entrecejo amplio, las cejas gruesas y pobladas, los ojos bien separados uno del otro, sonrisa fácil, labios carnosos, seductores. ¡No, no puede ser, imposible!

Te mirará paciente, curiosa, juguetona, segura de que tu resistencia está por llegar al límite. Pensarás en un ángel, en una revelación sobrenatural. Te sentirás cohibido, por momentos recogerás la mirada, pero ella con su sola presencia te dará confianza, hasta que te tranquilices, la observes detenidamente y moviendo la cabeza vuelvas a exclamar: ¡No, no puede ser!

Su rostro dibujará una encantadora sonrisa, se sujetará de tu brazo y empezarán a caminar juntos en dirección a L´Ile de la Cité, donde se sentarán un momento. Ella te dirá que deseaba reunirse contigo, conocerte, tratar a quien pensó en ella por tanto tiempo.

Para ti todo serán enigmas, pero no te encerrarás en una lógica mundana que sólo te llevaría al fracaso. Así que alzas el rostro, la miras confiado y le dices que estás feliz de reunirte con la mujer que encarnó tus sueños. Le explicas cómo al verla en fotos o videos te estremecías de admiración, imaginabas las más fantásticas escenas y la deseabas.

Se mirarán fijamente, ella te guiñará un ojo y te dará un ardiente beso. Verás sus ojos tiernamente cerrados y sentirás sus labios que se estremecen y succionan al encontrarse con los tuyos. Sus manos recorrerán tu cuello. Tú la sujetarás por la cintura y sentirás por primera vez el esplendor de su cuerpo rendido al influjo de tus caricias.

De nuevo caminarán y entrarán en Saint Germain al Café de Flore, donde caerás en la tentación de preguntarle cómo puede conciliar la fama con esa sencillez de trato que nunca imaginaste tuviera. Te mirará complaciente y te dirá que los tiempos de Jacqueline Kennedy o de Jacqueline Onasis, ya pasaron, que nunca se acogió a ellos, que más allá del glamour fueron un tormento y una terrible tragedia. Que si volviera a nacer los evitaría por todos los medios y tornaría a ser Jacqueline Bouvier, a secas.

Su aseveración “si volviera a nacer” te hace sentir vértigo, pues recuerdas muy bien que murió en Nueva York en 1994, pero esas son minucias insignificantes, porque estás con Jackie y no vas a poner en duda su presencia. Mejor la admiras, tomas su mano y le dices que la quieres, que está preciosa, que sus ojos y su sonrisa en particular, te fascinan. A los acordes de “Sous le ciel de París” se prodigan nuevos besos y caricias que los llevan a un estado de incontrolable dependencia.

Poco después ingresan a su hotel, el Sofitel París Arc de Triomphe, donde la preciosa Jackie se estremece en tus brazos. Al alzar su vestido y tenderla sobre la cama observas sus nutridas piernas y el inicio de unas subyugantes nalgas aún cubiertas por la minúscula panty que no alcanza a contener los inquietos y rebosantes glúteos que tantas veces imaginaste y que se encuentran por primera vez a tu alcance.

Sin poderlo evitar, terminas de colocarla boca abajo, levantas completo el vestido, besas la mullida cima de cada una de sus nalgas y haces descender la panty del lado izquierdo en apego a tu obstinado morbo por las ampolletas intramusculares. Jackie sonríe complaciente, alza el culito y te pregunta sorpresivamente. “¿me estás inyectando en tu mente, cariño?”

Apenado, balbuceas: “Es que… no precisamente pero…” Ella responde con una sonrisa franca y te dice: “No te avergüences ni te reprimas, mi vida, que yo tengo el mismo morbo. Me calientan igual que a ti, las jeringas. Si me quieres inyectar, aquí están mis nalgas listas”.

Así que preparas una buena puya y empiezas a cargarla viendo el encantador perfil de Jackie con su nariz respingada, sus nacaradas mejillas y sus labios rebosantes, que se angustian, pero también se emocionan. Le preguntas: ¿estás lista, preciosa? Ella suspira, te dedica una mirada de gustosa resignación, perfecciona su pose en la cama, se desliza ella misma la panty completa hasta los muslos y te dice con voz sugerente y apagada: “Ya, mi amor, inyéctame…”

A los primeros contactos para la desinfección, la preciosa Jackie para el culito y accede tranquila. Pero al ser pinchada grita y te implora que no le hagas daño. Recibe después le sustancia con un sensualísimo gimoteo y temblor de nalgas, que se convierten al final en ostentosa carcajada, profunda, dominante, que la hace llorar, sollozar y estremecerse, prácticamente convulsionada..

Después, ya tranquila, mientras recibe de tus manos el cariñoso masajito, te explica que es su forma de reaccionar ante el dolor y el nervosismo que le producen las jeringas. Te confiesa que siempre lo hizo, desde pequeña, reía desesperada cuando su madre se la montaba en las piernas y la enfermera le aplicaba sus primeras inyecciones.

Con el culo descubierto, los glúteos esponjados y tersos, la marca del reciente pinchazo claramente dibujada del lado izquierdo, la preciosa Jackie suspira. Con una leve palmadita en el vulnerado cachete se mitiga ella misma el intenso escozor que le ha dejado la hipodérmica. Tú la miras con ternura, sorpresa y excitación, te acercas, besas el sitio del pinchazo y le preguntas si ya ha pasado la molestia.

Jackie te dice sentir el glúteo entumido. Te acercas y acaricias la curvada superficie, poco a poco, lentamente. Te vas acercando a la excitante raja donde insertas tus dedos y los deslizas suavemente hasta situarlos en el minúsculo capullito rectal. Lo quebrantas, lo tallas, lo excitas, hasta que ella pliega las nalguitas y se retuerce de placer.

Sin entender cómo ha ocurrido, temeroso de estar inmerso en una dimensión inexplorada, pero a la vez invadido de amor y del más puro deseo carnal, empalmas tu cuerpo y tus genitales con la legendaria Jacqueline, mujer de ensueño, noticia, reto, que tuvo al mundo perplejo, atento a su singular belleza, a su vida y a sus caprichos.

Besando tan sensuales labios, penetrando aquella cotizada vulva pretendida por magnates, invadido de placer y lleno de dudas, te ríes del mundo, de la vida y te entregas al imperio del placer garantizado por la vigente Teoría de la Relatividad, de Einstein.

Caminando por Champs Elysée, degustando la suave brisa vespertina, contemplas las finas facciones de tu amada, te llenas de su esplendor, celebras su enloquecedora compañía. Pero el grito inoportuno de un joven voceador: “!Termina la guerra de Corea!” te coloca en una realidad del siglo XX, que te sorprende y te atemoriza.

Jackie sonríe, muy comprensiva se despide con un beso y su encantadora sonrisa. Poco a poco la ves difuminarse y alejarse. Un nuevo grito del voceador: ¡Sarkozy pierde las elecciones! Te vuelve a una realidad amarga que ya no deseas.

http://www.youtube.com/watch?v=59GQbd8CEO4&feature=endscreen&NR=1

Fer -

Veo que, como siempre, el diálogo está muy animado aquí, cosa que me llena de dicha. Tampoco veo que el espacio esté faltando como en otras ocasiones. En unas semanas más y podremos llegar a ¡1000 comentarios! mil gracias a todos los que participáis en este excitante intercambios de relatos, vivencias e ideas eróticas, con azotes y muchas inyecciones. Saludos afectuosos

Gustavo -

Muchachos, yo espero que me recuerden, sigo leyendo y disfrutando con mi propia óptica estos encantadores pasajes. Quiero decirles que estos análisis y comentarios como los que acaban de cerrar, son indudablemente el “plus” más importante de su trabajo, porque se ve que no los motiva solamente el sexo ya que están empeñados en una tarea de mayor calidad y rango. Por eso y por su tenacidad es que decidí entrar a felicitarlos una vez más. Muchos saludos a todos.

Carlónimo -

Vaya historia analítico-motivacional que nos comparte nuestra preciosa y talentosa Vero.

Se trata de una pareja perfectamente equilibrada, moderna, envidiable, digamos que perfecta ¿Quién va a imaginar que la belleza de cada uno de los cónyuges deje algún resquicio de insatisfacción en el otro?

Pero ¡oh sorpresa! pues él “complementa su satisfacción” con pantaletas usadas celosamente escondidas en el closet; y ella descubre ya en edad adulta, que las jeringas y el acto mismo de ser inyectada, la excitan y precipitan en una deliciosa “inquietud de la sensación”

En ese contradictorio y caótico contexto se impone la inteligencia de Natasha, quien lejos de condenar o lamentar lo que parece resquebrajar su matrimonio, capitaliza tanto el morbo de Johny como su propia debilidad, para convertirlas en eficiente palanca de placer y sustento de integración sexual y marital.

Aunado a la encantadora trama, descubrimos escenas muy excitantes como es la de Natasha procurándose secreto placer “…se recostó boca abajo, con una cobija gruesa entre sus piernas, que acariciaba su clítoris, y revivió la escena (…) y se bajaba el pantalón, y se ponía alcohol, y se causaba dolor con el dedo en las áreas de punción, y seguía restregándose con desesperación la cobija, hasta tener los orgasmos múltiples mas intensos de su vida”.

Mi preciosa Vero, no tengo palabras con qué ponderar y celebrar tu adhesión y tu gran esfuerzo. Quedo atento a las perlas que derrama tu maravillosa pluma ¡Un abrazo!

Verónica -

Natasha es una mujer independiente y con una vida sexual satisfactoria, siempre ha sentido que su vida es plena, y no tiene faltantes en ningún aspecto.

Su profesión es el periodismo, y trabaja haciendo investigaciones y documentales, es madre de dos pequeños, y parece nunca fatigarse a pesar de las múltiples faenas profesionales, maritales, y de ama de casa, madre, amiga, hermana, tía, etc.

Cuando camina por los pasillos de su edificio de trabajo o de cualquier tramo de la calle, suele causar sensación, ya que es atlética, delgada, y su rostro de facciones finísimas, ojos verdes y enormes, cabello castaño, liso, y cuerpo muy delgado pero espectacular. Jonhy, su marido también posee una belleza exclusiva, y en combinación con la jovialidad y profesionalismo que ambos poseen, parecen ser dueños de la eterna juventud y el eterno elixir de la vida y el éxito.

Entre las sábanas, los jugueteos son siempre cálidos, dulces, y suaves, sin embargo, siempre van aumentando la velocidad y delicadeza a un grado exorbitante, hasta que hacen las veces de dos animales sin límites, olvidando toda la decencia, e intercambiando sus más profundos deseos. Jonhy tiene escondida en su clóset una colección de pequeñas pantaletas de mujer, usadas, y cuando está solo, aprovecha para completar su satisfacción, ya que es definitivamente insaciable: Primero, imagina la escena donde despoja a cualquier mocita de dicha prenda, la huele, se la restriega, y su excitación y orgasmo son cada vez más ardientes.

Cierto día, la hermosa Natasha es víctima de cierta molestia gripal, que, a su vez, desatendió debido a su gran carga de trabajo. Entonces, se convirtió en un problema respiratorio un poco más complicado, y sin reparar en sus actividades, ni tiempo de diálogo, sus superiores la mandaron a casa, a descansar, no sin antes enviarla al médico de la empresa, que le haría un diagnóstico atinado, y le recetaría una serie de inyecciones algo fuertes, mas era absolutamente necesario aplicarle la primera dosis en el pequeño consultorio, antes de enviarla a casa.

Natasha siempre había gozado de buena salud, y tenía muchísimos años sin ser inyectada, por lo tanto, los nervios se apoderaron por completo de ella, y temblando, accedió a obedecer las órdenes del médico, pues en el fondo, aceptó de buena gana, que preferiría mil dolores de inyectables, que los síntomas tan fuertes que casi le anulaban sus sentidos. Así pensando, procedió a recostarse boca abajo ante la petición del médico. Él deseaba que se fuera preparando para recibir la inyección con las nalguitas al aire, pero Natasha sólo se recostó boca abajo, aún con su pantalón colocado, aunque se desabrochó el botón, y respirando para relajarse, pudo mirar la preparación del medicamento, y entonces sintió una breve punzada en el útero, cual respuesta sexual inmediata.
Entonces la vergüenza y la sorpresa embriagaron sus movimientos, que pasaron a ser advertidamente torpes.

Sus pequeñas manitas, temblaban incontrolables al observar los dos trozos de algodón empapados en alcohol que el doctor extrajo de un frasco. Entonces, comenzó a caminar hacia ella, y con un respeto casi paternal, le ordenó descubrir un tramo de su nalga, incluso la invitó a respirar profundo al unísono de él, y le preguntó en qué nalguita deseaba recibir la punción. Pero la bella paciente parecía estar en shock, y apenas atinó a descubrir un pequeño fragmento de su nalguita derecha, que apareció suave, blanca y mullida, pero el doctor, no conforme con eso, descubrió el resto, bajando descaradamente su ropa interior hasta la base de las perfectas y pálidas nalguitas, eran tan firmes, pequeñas pero deliciosas. Y los nervios de la bella paciente, se incrementaron, especialmente al sentir la sensación del algodón helado y empapado en alcohol, pasando sutilmente por su nalguita derecha, la hizo estremecer, y comenzó a humedecerse sin poder controlarlo. Entonces el médico clavó la aguja, y comenzó lentamente a introducir el líquido verde que resultó ser extremadamente doloroso, y la mujer, no pudo evitar sentir caer las lágrimas, apretar los puños, y pedir que se detuviera, porque ardía mucho más de lo que jamás habría imaginado, pero contuvo sus arranques infantiles, y esperó pacientemente a que la aguja fuera extraída, el masaje fue más doloroso que la aplicación misma, pero más excitante, y entonces cuando todo terminó, y le dieron órdenes de levantarse, tuvo que hacerlo con absoluta discreción, para no notar la cantidad de líquido derramada en la pequeña camilla.

Se despidió del médico, y del personal, y marchó a casa con una incapacidad justificada, entonces al atardecer, llegó su marido, y sus dos pequeños hijos, que eran cuidados por la madre de Natasha.

Su familia se extrañó de verla postrada en cama, pues siempre estaba activa y alegre, y entonces, le comentó todo a John. Él se preocupó mucho pero no le dio demasiada importancia al tratamiento, solo prometió llevarla en la mañana con un médico para la segunda aplicación.

Natasha no pudo dormir de la novedad, la inclinación, el miedo, la excitación, y demás sentimientos nuevos y extraños, y cuando llegó la mañana, fingió sentirse peor que el día anterior, por lo que el marido se ofreció antes del trabajo, a llevarla a inyectarse, y entonces, juntos cruzaron la puerta del consultorio médico. Pero el doctor no la inspiró nada, era demasiado serio e insípido, le descubrió solo la parte inyectable de su nalga, la mantuvo de pie, y no le hizo masaje, sino que aplicó todo el medicamento de un jalón, en lugar de sentir la sensación del día anterior, la mezcla de dolor y placer, solo sintió un dolor punzante y terrible, pero al menos tenía a su buen marido para consolarse, el cual la tomó de la mano, y le proporcionó un pequeño masaje. Entonces la llevó de vuelta a casa, y se marchó a su trabajo.

Y Natasha, tenía aún la inquietud de la sensación, estuvo limpiando la casa, y dando vueltas por la misma, hasta que, en un descuido, encontró la colección de pequeñas pantis de mujeres, sucias y usadas, y la invadió la ira, y la repugnancia, el dolor de no satisfacer a su marido, además sabía que él no había tenido tantas relaciones en su vida.

Entonces, se sentó a pensar, meditar, llorar, pero el dolor de sus nalguitas lo impidió, así que, decidió recostarse, y sin querer, recordó las sensaciones placenteras de la primera inyección recibida, y entonces, fue y buscó sacó de un cajón una jeringa nueva, la cargo varias veces con agua, disfrutando la sensación de tenerla en sus manos, y preparó un algodón con alcohol, y entonces se recostó boca abajo, con una cobija gruesa entre sus piernas, que acariciaba su clítoris, y revivió la escena, y pensó en las palabras de su médico: Señorita, va a ser algo doloroso, pero le sugiero que se relaje, y vaya bajándose por favor el pantalón…. Y ella misma hacía mentalmente los diálogos, y se daba las órdenes, y se bajaba el pantalón, y se ponía el alcohol, y se causaba dolor con el dedo en las áreas de punción, y seguía restregándose con desesperación la cobija, hasta tener los orgasmos múltiples mas intensos de su vida.

Entonces olvidó por completo el fetiche de su marido, pues ella comprendía que eran cosas intimas y penosas, y sin embargo, se atrevería tiempo después a hablarlo con él, y compartir el propio disfrute a solas, y eso los compenetró mas como pareja, ya que, hacían combinaciones, entre la ropa sucia que él le arrancaba, y olía y disfrutaba, para luego inyectar a su esposa, y entonces exploraron, gracias a la comunicación, nuevos terrenos y una explosión de placer inconmensurable....

Verónica -

Carlónimo: Un saludo enorme…. Gracias por tus relatos tan bellamente adornados, y sensualísimos como siempre. Tus personajes son cada vez más interesantes, creí percibir un gran disfrute con el relato de las hermanas, hasta que comencé a leer el de Cristina, Majestuoso!!! . Yo en lo personal aprecio tus escritos, y a tu persona, lamento la falta de tiempo que aveces se atraviesa y me impide escribir. Recuerda que, todos somos grandes, y todos somos pequeños. Todos somos lo que queremos ser :)

Tony: Excelente relato plasmando nuestro último encuentro. Te adoro mi nene.

Antónimo -

Hola chavas y chavos.

Sigue la primavera cañona. El Pascualín ya supone que Carlónimo se chutó a Doña Cristina que, lo que sea de cada quien, sigue estando potable. Y qué me dicen de la otra doña, o sea Eulogia ¿La han visto con minifalda? Y qué les parece cuando se pone el pantalón blanco bien retacado. No, si por eso el Ismael anda bien cálido ¿Se imaginan? Tamañas nalgotas a su disposición, se ha de dar unos atracones que ¡ay guey! Y hasta el Ramiro ya le echó los canes a Eulogia y quiere con ella, no dudo que le vuelva a pedir sus “servicios integrales” y se avienten un segundo round que pudiera ser el bueno.

Ahora resulta que el único fresa aquí soy yo, porque Carlónimo, ya sin su churri, anda desatado, Eulogia pues ya la ven… hasta con el suegro arremete, Cristina en su segundo debut, Paty en el desfogue total, Marce filosofando acerca de las jeringas y Pascual atizándole a la promiscuidad. Hasta Verónica ha estado parándole las pompis al doctor “apenada, pero contenta de percibir sus nalguitas rebosantes, esponjadas, inquietantes, ofrecidas a aquel atractivo médico que la miraba sin parpadear, sumido en una ardiente quimera” ¡No se vale…!

O sea que aquí el más tullido es medallista olímpico. Y yo, sólo pintado. Muy seriecito y aparte regañado “Pinche Antónimo ¿Por qué me andas delatando? qué no ves que lo 100% real es sagrado y que me debes respeto y que no tienes el derecho de contar esas cosas…” ¡Carajo… Me dooooy!

Por eso el otro día nos dimos un buen agarrón Vero y yo y ya encabronado… que la tumbo, la someto, la encuero, me la pongo en las piernas y le atizo una buena tunda en sus nalgas. Pataleaba bien rico y gritaba ¡Antónimo, no te atrevas, me estás faltando al respeto! Con los dos “bomboncitos” bien colorados, todavía forcejeaba.

Invadido de ternura, tomándola por las piernas y la espalda, la doblé como tenaza dejándola con el culito bien empinado y a mi entera disposición. Empecé a besárselo y a mordérselo suavemente hasta que cambió los gritos por dulces rumores.

Pasé mi lengua con suavidad por sus tiernos labios vaginales haciendo que se encresparan, humedecieran y palpitaran. Después le chupé el clítoris y Vero empezó a gemir y a pedirme que la penetrara.

La solté y ella se colgó de mi cuello llevándome sujeto en sus brazos. Separó las piernas, me cogió el pito y lo sentí deslizar suavemente por la vulva, suave, estrecha y profunda, que lo envolvió tiernamente haciéndome temblar y retorcer de pura pasión.

Empecé a bombearla, al principio lentamente, sintiendo mi pene recorrer cada tramo de su caverna. El creciente jadeo fue marcando el ritmo de mis acometidas hasta hacerlas violentas y aceleradas.

Los dulces labios de Vero me besaban y emitían sensuales lamentos; sus manitas recorrían diligentes mi espalda. Yo percibía su encantadora fragancia, el temblor de su cuerpo y la cercanía del orgasmo.

Mis cojones rebosantes no pudieron soportar tanta presión y, enjutándose, dispersaron enormes chorros de esperma que hicieron a Vero gritar, estrujarme y abrazarme con desesperación.

Una descripción al estilo Carlónimo ¿no les parece?

Bueno chavos, yo también necesitaba consuelo y “desfogue”. Claro que sí ¡vámonos de viaje, mi Vero! no olvides la tanga.

Pascual -

Excelente relato Carlónimo!! doy por hecho que cogieron pero no dejes de contarnos Qué mujer tan cachonda!!

Carlónimo -

¿Les gustó mi relato de ayer o prefieren algo distinto? Pidan, al fin que hoy estoy de buen humor y tengo tiempo para complacerlos.

Un día nos dijo un profesor de la universidad a todo el grupo en pleno: “Si ustedes no vienen a mi clase, me vale; y si vienen, me vale; si no les gusta, me vale; y si les gusta, también me vale”.

Bueno, ese no es mi caso. Yo soy un hombre más romántico y sí me afecta la actitud de aquellos a quienes aprecio. Y a ustedes los aprecio de verdad, ya son parte de mi vida.

Pero, finalmente, pueden hacer lo que gusten, quedarse o marcharse, leer o no leer, disfrutar mi amistad o repudiarla, pensar que les sirve de algo o despreciarla. Eso no cambia las cosas, yo los aprecio y los seguiré apreciando a ustedes. O sea que: ¡Ya se fregaron!

Y hablando de aprecio, vienen a mi mente los recuerdos de mucha gente, de tantas y tantas personas acerca de las cuales he escrito realmente de corazón y que, por ese solo hecho, ya enriquecieron mi vida. Porque la escritura es como un boomerang, una acción que se revierte. Si tu das, recibes implícitamente a manos llenas.

Una de esas personas a quienes he dedicado mi tiempo y mi trabajo, es Cristina, la preciosa mujer que se me incubó en edad temprana y que trascendió para ocupar en mi acervo afectivo un sitio relevante.

Es una mujer preciosa, cada día la admiro y la apreció más. Les cuento que hace poco nos vimos para disfrutar un concierto en el Museo Nacional de Culturas Populares, en Coyoacán, a cargo de la Orquesta Típica de la Ciudad de México. Pasamos una tarde-noche encantadora con una interpretación del “Huapango” de Moncayo, realmente suprema. Con Cristina todo es así, le encanta frecuentar los centros culturales, es guapa, alegre, sincera, bohemia y el paso de los años realmente la adorna. Cada día se ve más atractiva.

Saliendo del concierto le propuse acudir a un café pero ella me dijo: No, Tato, quiero que pruebes la torta de nata que preparé para tí, así que el café te lo preparo y te lo sirvo yo. Unos minutos después estábamos en su “depa” donde gozamos una inolvidable tertulia. Con su taza de café en el regazo, me miraba sonriente. Vestía una falda entallada, ni larga ni corta, pero que al estar sentada y en confianza se le replegó hasta la mitad de los muslos. De manera que al cruzar la pierna ¡imagínense! Sus bien abastecidas piernas fueron un constante distractor a lo largo de nuestra conversación.

Y en ese contexto tan “en confianza”, me contó que la semana anterior había estado hospedada en la casa de su amiga Purificación (una señora que también vivió en el edificio de mi niñez) Se encontraron las dos en San Miguel de Allende, Guanajuato.

Y que como parte del descanso en ese poblado tan pacífico y pintoresco, Pura la estuvo inyectando diariamente. Me decía Cristina que: “Con ella me sigo chiqueando, me gusta gritar y hacer bulla cuando me inyecta pues eso, no creeas, me baja tensión y me hace soportar mejor los pinchazos”.

Cada tarde, a eso de las 6, Pura la llevaba a su dormitorio donde se ponían a conversar y a recordar sus “años mozos” Y mientras esto sucedía, la anfitriona iba preparando la jeringa hasta tenerla cargada, momento en el cual se la mostraba a Cristina invitándola a prepararse y pasar a la cama.

La sensual Cristina se quita completa la falda (recordemos que siempre las ha utilizado ajustadas). Luego se baja la pantaleta hasta los muslos y se acuesta acomodando su soberbio cuerpo y rectificando su posición en la cama. Se encuentra con su mejor amiga pero procura no ser indecorosa, así que mantiene las piernas cuidadosamente cerradas; sus abundantes glúteos se muestran muy bien lubricados con las mejores cremas corporales.

Entre las dos amigas se da la siguiente conversación.

- Cristina, te digo en confianza que te sigues conservando muy atractiva. Con ropa causas tentación y sin ropa eres capaz de encender las más cálidas pasiones.
- Nada de eso Pura, los años no pasan en balde ¿quién se va a estar fijando en mí?
- Pues tú piensa lo que quieras, pero muchísimas mujeres más jóvenes que tú quisieran tener esas piernas y esas nalgas que tú te cargas. Aquí entre nos, las tienes todavía firmes y muy atractivas. Además, como tu vientre está terso y tienes cintura marcada, podrías usar bikini ¿has probado?
- ¿Tú crees, Pura? Lo he pensado muchas veces y te confieso que me compré uno y me lo pongo en secreto, pero no me he animado a mostrarme con él en público.
- Te recomiendo usarlo, mira: no tienes grasa, ni celulitis, tu carne es bastante firme. Yo creo que causarías sensación ¡Usalo!
- Lo voy a pensar, te lo prometo Pura.

Bueno, anda, inyéctame que me estoy enfriando y luego me duele más. Cristina se ve relajada pero al sentir los dedos de Pura desinfectándole la nalga, emite el primer alarido:

¡No me vayas a lastimar, te lo suplico!

Sintiendo que la jeringa ya está por perforarle la nalga, comienza la fiesta:

¡Pura, Pura, no Pura, espera AAAAAAAAAAAAAYYYYYYYYYYY me arde, Pura, nooooooooo!

Quieta Cristina, no endurezcas, tranquila, te la estoy aplicando despacito

¡Nooooooooo, Pura, espera un momento, déjame descansar tantito!

Bueno, de acuerdo, no estoy apretando el émbolo, tranquila.

Pura le muestra sus manos. Cristina respira profundamente. La jeringa está clavada, coronando el mullido glúteo a manera de banderilla. Pura la observa, Cristina tiembla, se frota la frente y el cabello, ondula los glúteos, aprieta el fondillo esporádicamente.

Pura retoma la jeringa, los gritos de Cristina se fortalecen, invaden no solo la casa sino el vecindario

¡Ya Cristina! la gente va a pensar que te estoy degollando, tranquila, mira, termino de aplicártela poco a poco…

¡No, Pura, por favor, me duele mucho AAAAAAAAAYYYYYYYY Pura, Pura, Purita, Purita, me duele Purita.

Tranquila, ya terminamos. Aplicándole el leve masaje Pura termina de tranquilizarla. Cristina muerde la almohada, tiene el culo abombado, levemente inclinado, separado de la cama. Observa la jeringa vacía, se la pide a su amiga, la revisa cuidadosamente, parece disfrutarla.

Suspira y le agradece a Pura su generosidad y su paciencia. La amiga le da una nalgadita simbólica y se pone de pie invitándola a vestirse.

Así ocurrió cada tarde, salvo que en la séptima, un curioso incidente las tomó por sorpresa. En el momento más álgido de la aplicación, cuando Cristina gritaba y se estremecía de dolor, su amiga interrumpió bruscamente el proceso diciendo ¡Espera, Cristina, no te muevas, quédate quieta, te voy a dejar la jeringa clavada por un momento! Corrió a la ventana y alcanzo a ver a un grupo de adolescentes que habían estado observando el espectáculo y que al verse sorprendidos corrieron despavoridos por la azotea de la casa contigua.

Cerró cuidadosamente la cortina y terminó de inyectar a su amiga quien ya no manifestó sobresalto alguno. Se quedaron muy serias las dos.

Pura rompió el silencio comentando: Quién iba a pensar que estuvieran esos chicos observándote y lo peor es que tal vez se reunieron otras veces para verte.

Cristina se puso de pie muy tranquila y mientras se ajustaba la ropa sonrió con gesto pícaro. Luego dijo: ¿Y qué? Yo qué iba a pensar que mis nalgas aún despertaran apetito. Si esos chicos se puñetearon a mis costillas, que lo disfruten ¡Vaya piropo y regalo el que me hicieron! Quizás hasta me anime a tener un segundo debut. Las dos amigas explotaron una estruendosa carcajada.

Cristina terminó su relato, los dos estábamos contentos en el “depa” de Coyoacán y reimos en forma desenfadada. Cris se puso de pie, se colocó de espalda a mí, retiró su vestido, se desnudó las nalgas y se acostó para que la inyectara.

Con las espléndidas nalgas sensualmente desplegadas, preparándose para recibir el duro pinchazo, me miró coqueta preguntándome: ¿Tú crees que aún me vea bien con bikini… Te sigo causando apetencia, mi buen Tato?

Carlónimo -

Querida Vero, para que no nos extrañes tanto, te recomiendo escribir más seguido. Por otra parte, reconozco haber sido yo el delator de tu identidad, pues no pude evitar el comentario de que Antónimo te había aplicado el sensual lavado gástrico, así que de alguna manera lo comprometí para que nos agasajara con tan erótica escena. Lo siento preciosa, pero es que… no soy de palo. Esta vez yo fui el “chismosito”, aunque, cualquiera me preguntará: ¿Y cómo fue que te enteraste de esa “100% real” acción?... Bueno, mejor pasamos a otra cosa: les dejo el siguiente relato.

Les soeurs Touché

Estas dos preciosas parisinas ¡guapísimas y sensuales a más no poder! prestaban sus calificados servicios en el Ministerio de Finanzas de Francia, donde eran célebres tanto por su belleza como por su alta calidad profesional.
Iban y venían apresuradas recabando información y se aplicaban a trabajar hasta muy entrada la noche, así que terminaban siembre rendidas y sufrían, por ende, frecuentes “gripitas nerviosas”, jaqueca y otros malestares crónicos.

Así que procedían a medicarse aplicándose entre ellas una buena cantidad de complementos vitamínicos y refuerzos, siempre por vía intramuscular, ya que Claudette decía que toda pastilla, cápsula y comprimido maltrata el sistema digestivo, de manera que Aline se plegaba a los designios de su hermana mayor y colaboraba ya sea parando sus nalguitas o pinchando las de su obsesiva protectora.

Siempre estaban de acuerdo, pero es un hecho que Claudette decidía lo que era bueno para las dos. Así que a bordo del eficiente “Métro” en trayecto desde St Augustin hasta Buzenval, le explicaba a su hermanita: “Llegando a casa te voy a aplicar la primera de siete inyecciones con las que reforzaremos tu sistema inmunológico. Y tú me pondrás la segunda de mi tratamiento preventivo contra males bronquiales”.

Y así se la llevaban… La disciplinada Aline consentía las caprichosas ocurrencias de su hermana. Era un espectáculo verlas a las dos caminar por el andén bajo esa bóveda elíptica revestida de los clásicos azulejos blancos y “decorada” con los enormes anuncios comerciales pegados al interior de marcos churriguerescos.

Dentro de los circunspectos rangos físicos que ostentan las mujeres francesas, las hermanas Touché se distinguían por sus formas femeninas muy bien definidas. Claudette se contoneaba frondosa, luciendo una cadera y un busto tan bien delineados que derrochaban voluptuosidad. Las sensuales oscilaciones en la tela de su ajustado pantalón eran admiradas por infinidad de caballeros que vacilaban entre seguirla observando a ella, o admirar a su no menos atractiva hermana, cuya breve faldita y el ceñido y redondo bulto de sus nalgas, desataban las más ardientes fantasías.

Una vez en su hogar, ya relajadas y desprovistas del estresante clima profesional, se adentraban en un cálido ambiente de pijamas, suaves camisones, sandalias, rostros rehidratados, luz tenue, suaves aromas florales y delicada música de fondo.

Comentaban, celebraban y reían sin abandonar su caro objetivo, de tal suerte que ampolletas y jeringas se convertían poco a poco en el principal medio de comunicación entre ellas. ¡Ah Claudette! Esta inyección ya me la aplicaste antes. No, querida! Se trata de una nueva fórmula, más completa, de fácil asimilación, ligeramente más dolorosa pero benéfica, te hará bien.

Aguja, jeringa, sustancia, cabello suelto, fina tela replegada, piernas robustas muy blancas, minúscula panty que se repliega hasta los muslos, la preciosa Aline acostada, serena, inmóvil, espera paciente. Sus amplias nalgas resplandecen, la jeringa se carga lentamente, se oyen los golpecitos con que Claudette expulsa del tubo minúsculas burbujitas de aire.

Aline empieza a inquietarse, un fuerte aroma a alcohol se esparce por el ambiente. La aguja: puntiaguda, larga, gruesa, dolorosa, irrumpe, perfora, rasga, estremece el abombado cachete. La preciosa Aline reacciona con un súbito alarido, agudo, tenso. Se contrae, aprieta el culito. La roja sustancia transita implacable, bulle, invade, lastima, cuece, arde. Los ojitos de la paciente se humedecen quejosamente. La cruenta hipodérmica retrocede, surge por fin.

Erizada, orgullosa, la impresionante aguja supervisa los estragos que ha causado. Aline se encuentra sumida en un reprimido y amargo llanto ¡Me dolió mucho, Claudette, como nunca, me lastimaste demasiado! Ante la fricción del algodón sus deliciosas nalguitas tiemblan receladas. A poco se incorpora cojeando, da algunos pasos vacilantes, el dolor la detiene.

Desesperada, se tiende de nuevo en cama, sus excitantes nalguitas permanecen expuestas para que Claudette les de un nutrido masaje. Con esmero, las acaricia, las besa y las conforta, Se muestra sublimada, cariñosa.

Restablecida de su dolor, ya tranquila, la dulce Aline solicita a su hermana que en turno se acueste para inyectarla. Decidida, Claudette se alza el estrecho camisón, se retira la panty y exhibe sus formidables nalgas en plenitud: Son amplias, carnosas, firmes, apasionantes. La jeringa es enorme, la aguja impresionante, la sustancia densa, el escenario de lo más erótico.

Claudette tendida, impaciente, arrogante, apura a su diligente hermana ordenándole: ¡Ya estoy lista! ¿qué esperas? Tú sabes que no disfruto las vísperas ¡házme sentir de una vez el rigor de la jeringa! Mis nalgas están a punto, ¡Ya pínchalas!

De nuevo el fuerte aroma del alcohol anuncia la inminencia del piquete. Aline, enardecida por las instrucciones que le ha dado su hermana, le asesta un rudo puntillazo en la nalga derecha marcándole, no un hoyuelo, sino un verdadero boquete, mostrando con ello la fuerza, el impacto de la incisión. La envalentonada Claudette reprime toda queja, pero el seco rebuzno emitido comprueba que fue terriblemente lastimada.

Aprieta los ojos, se retuerce, convulsiona, pero esconde su agudo dolor ordenando: ¡Acelera el líquido, quiero que me duela, lastímame, más, házme sentir algo! Con la otra, con la otra ¡Aline, házlo ya! En tanto recibe la dolorosa sustancia, con el cuerpo totalmente estresado, temblorosa, delirante, Claudette recibe de Aline el estímulo de una segunda hipodérmica que lacera su otra nalga con punzantes y sucesivos picotazos.

Intensas fantasías recorren el excitado ánimo de las dos.

http://www.youtube.com/watch?v=iXl5G91qvhc&feature=related

Verónica -

Hola chavos!!! Los he extrañado…. Les escribo de voladin…
Carlónimo: Nuevamente y eternamente agradezco tus escritos, ya que son el ingrediente indispensable para hacer funcionar este blog… Gracias por el relato que construiste en base a mi última cita médica, fue todo un acontecimiento, digamos que, en algún momento, todo asunto puede dar una vuelta de 180º jejeje, me encantó que subrayaras la ironía y el cambio de papeles, como el sometido puede ser el ejecutor y viceversa. El relato de Elisa fue cautivador, definitivamente una mujer inteligente sabe pedir lo que quiere sin preámbulos ni inhibiciones, y eso es admirable. El relato de la segunda inyección, ¡wow! Otro intercambio de papeles sensualísimo, me dejaste sin habla, me hiciste sonreír tanto, y degustar esos momentos tan bellos, muchísimas gracias por acordarte de mí, y hacerme sentir en casa. ¿Qué puedo decir del “desfogue”? Despues de todo, has capturado la esencia de este blog que es, de alguna manera, sentirnos amenazados, adoloridos, y sometidos, me gustó mucho la forma casi sutil y lírica en que lo pudiste tejer… ¡Pobre Ramiro!, tanto sufrir en serio para acoplarse lentamente al placer, y no pudo lograr “algo más”, pero sensacional el relato..una vez más te aplaudo… Hermosa forma literaria que manejas siempre.
Antonimo: La dinámica sexual, así como todos los aspectos en pareja, residen para ser exitosos en un equilibrio y un balance adecuado. En mi humilde opinión, y sin ofender a nadie, creo que relatar la intimidad que se vive en pareja, puede darnos una nueva perspectiva, como hasta ahora lo hemos estado haciendo en este espacio, sin embargo, los personajes y las situaciones 100% reales suelen ocultarse por respeto cuando esa persona especial significa mucho para ti, e incluso puedes llegar a decir que la amas, por lo tanto, a veces se cambian los nombres y las situaciones, no solo para proteger la verdadera identidad, sino también para añadir el extra de la “cosecha” que la imaginación, pasión y deseos nos brinda. Así que, mi queridísimo Tony, favor de proteger mi identidad jajaja… Muy interesante tu diagnóstico del caso Carlónimo – Silvia, pero no comentaré al respecto. Tony: te extraño, vámonos de viaje, agreguemos.
Mariruz: Muchas gracias por tus comentarios y retroalimentación, ten por seguro que, me seguiré esforzando, y esperamos que te animes a relatarnos alguna anécdota o fantasía, de eso se trata esto, ¿no?... Saludos!!!
Eulogia: ¡Órale picarona! No hay duda de que tienes tus encantos, eres preciosa… En verdad, el vestido de novia te hace ver como una Reyna de belleza… El cuerpo así esculpido y voluptuoso… Y las miradas de las jovenzuelas envidiándote caray, todo un espectáculo… muchísimas felicidades por tu compromiso, y recuerda que una vez dado ese paso, no se vale andar coqueteando ¿eh? Y mucho menos con el suegro… Me fascinó la actitud aventurera de al principio, y el cambio de actitud al reclamar la conciencia, y lealtad… Pero ¡Vaya! A nadie le gusta que lo dejen a medias… Ha, y gracias por acordarte de mi aniversario, Saludos, animo…
Paty: Sigue participando, y también te reitero un agradecimiento por tu felicitación… Un abrazo
Marce: Yo estoy completamente de acuerdo con Carlónimo. No hay hechos científicos comprobados aún, pero yo pienso que el fetiche puede cambiar por el tiempo, y por ese motivo se va forjando con el tiempo, ya que son puramente productos del medio ambiente familiar o social que has vivido, y data de una convivencia en tu contexto personal. Tu relato se Sofi fue muy inspirador y sensual, el encuentro tan evasivo y casi intimo con el guapo extraño fue de verdad sensacional…
Ramiro: Muy bien hecha tu poesía, felicidades, y ojalá que sigas esforzándote como hasta ahora, puesto que el chiste de este espacio es compartir, ¿no?

Carlónimo -

Querido Pascual: no me he propuesto cambiar la imagen de Eulogia. Como ya les dije, ella quiere mejorar su físico y es sorprendente el progreso que ha logrado. Por lo pronto Ramiro se prendó de ella. Después les cuento sobre Cristina, ahora quiero compartirles una experiencia personal.

¿Alguno de ustedes recuerda a Martha Patricia? Es una mujer delgada muy guapa con quien conviví una temporada en la ciudad de Durango, México, según les conté el 18/02/2009 02:28, para ser preciso.

Así como en esa ocasión me topé fortuitamente con ella, hace unos días la encontré justo en la plaza central de Mérida, Yucatán, ciudad en la cual los dos cumplíamos una breve misión profesional.

Nos quedamos inmóviles viéndonos uno al otro de frente, abrimos los ojos muy grandes, después la boca, alzamos los brazos, avanzamos hasta casi juntar nuestras narices, gritamos cada uno el nombre del otro y terminamos estrechamente abrazados, saltando de contento.

¡Martha!; ¡Carlónimo!; ¿qué haces aquí?; Pues yo creo que lo mismo que tú; ¿Cerrando un negocio?; Así es ¿y tú otro?; Claro; ¿Cuántos días?; Me voy mañana; Pues yo hasta el lunes; ¿Vienes solo?; ¡Yo también!

Oye ¡cómo te he recordado! No puedo olvidar todo el apoyo que me brindaste en Durango cuando caí enferma, la verdad es que te portaste divino, fuiste tan tierno y respetuoso que me daba de topes por no haber mantenido el contacto contigo.

Pero eso ya no importa Carlónimo pues el destino nos juntó de nuevo ¿Qué vas a hacer ahora mismo, ya comiste? Vamos, te invito aquí cerca hay un restaurante muy bueno que a mí me encanta.

Caminamos del brazo sin dejar de celebrar nuestro reencuentro: eufóricos, casi gritando. A poco, entramos en el famoso restaurante “El Chile Habanero” de gran tradición yucateca, donde brindamos con un par de Montejo. Pedimos y saboreamos un pollo pibil delicioso y unos salbutes perfectamente aderezados con salsa de manzano y cebolla morada.

Después nos relajamos y empezamos una conversación más formal, conforme a la cual me enteré que Martha Patricia está divorciada y vive en Cancún Quintana Roo, donde abrió una agencia de viajes.

Por lo demás, se conserva muy guapa con ese cutis magnífico, extraordinariamente terso y albo, cabello rubio, ojos muy claros de color indefinido, tal vez zarcos, delgadita muy bien torneada. Felizmente, conserva esa costumbre tan suya de montar el labio inferior en el otro mientras reflexiona, con lo que su bello rostro adquiere un aire muy pícaro, travieso, que me fascina.

Pedimos un par de tequilas, después otros dos, luego café y después agua natural, porque la conversación estaba muy buena y ninguno quería poner punto final al encuentro, así que decidimos ir a gozar de una nieve al parque y así lo hicimos.

Eran las 9 de la noche y seguíamos dando vueltas sin atrevernos a tocar el punto más delicado e importante, hasta que por fin me decidí y le pregunté: ¿Dónde estás hospedada Martha? Ella respondió: Hotel Casa San Angel ¿Y tú? Yo, Mérida Palace.

Ni hablar, dijo ella ¡Ganaste! Nos vamos al Mérida Palace. Soltamos los dos la carcajada festejando una broma que en realidad no era broma, así que más bien nos reímos del descaro con que Martha aceptaba lo que yo de alguna manera le venía sugiriendo a partir de miradas un poco más que afectuosas, abrazos intensos y fugaces caricias.

Fuimos a recoger sus cosas y mientras nos dirigíamos a mi hotel valoramos sumariamente nuestra decisión diciendo que: En Durango, dejamos inconclusa una relación que bien merecía tener un cierre inolvidable.

De manera que entramos al loby formalmente integrados como pareja y tomamos el ascensor, dentro del cual acoplamos por primera vez nuestros labios. Fue un beso tan ardiente que nos hizo temblar y apretarnos con toda fiereza.

Interrumpimos la euforia un poco después de lo debido, cuando las puertas del ascensor estaban abiertas y una pareja de mayor edad aguardaba con resignación nuestra salida. Nos miraron con cierta gravedad, pero sus ojos eran fuente de complicidad y picardía.

Habiéndonos confesado la incontrolable pasión que a los dos nos despierta el método de medicación intramuscular, decidimos que aquella noche recapitularíamos la erótica experiencia de Durango, y la completaríamos desatando nuestro morbo y disfrutando sin prejuicios de nuestros instintos.

Nos dimos un baño y nos dispusimos a disfrutar aquella insólita “pijamada”. Lo primero que llamó mi atención y me produjo un gran placer fue constatar que Martha Patricia portaba un pijama parecido al que vistiera en Durango. Era del mismo tono rosa aunque no jaspeado sino floreado, también de suave franela y artísticos filos de encaje blanco en cuello y mangas, muy femenino.

Cuando le pedí que se acostara y me puse a preparar la jeringa, prácticamente repitió el protocolo de la primera vez que la pinché en Durango. Metiéndose en cama se puso boca abajo y replegó levemente su panty tan solo del lado izquierdo, quedando a la vista medio glúteo muy blanco, suave, mullido, perfectamente relajado y dispuesto. Desinfecté el área, coloqué los dedos índice y pulgar de mi mano izquierda sobre el glúteo separados diez centímetros uno del otro, dispuse en medio de ellos la aguja en posición de entrada balanceándola verticalmente un par de veces y a la tercera pinché con firmeza constatando que la punzante barra perforaba con suavidad la voluptuosa superficie que reaccionó con sensuales agitaciones musculares.

Martha permanecía muy tranquila, ensimismada. Su bello rostro parecía relajado, con los ojos entornados, los sensuales labios dilatados, daba la impresión de revivir un momento de gran intensidad, para darle un digno desenlace.

El firme avance del émbolo no produjo más reacción que un fino jadeo y sutiles espasmos en las zonas erógenas de la paciente, cuyo cuerpo registraba sensuales agitaciones en la medida que el depósito de la jeringa se vaciaba.

Extraje con lentitud la cruenta aguja disfrutando ver paso a paso sus dimensiones, que Martha Patricia había alojado con sumisión en su tierna nalguita. Al extraerla totalmente, no resistí el impulso de besar aquel fetiche, lamerlo y deslizarlo por la superficie de mis labios, llenándome de él, así como de la preciosa víctima que lo había padecido y resistido valientemente.

El tierno masaje se lo apliqué con toda calma. Sentado en la orilla de la cama deslicé el pequeño algodón marcando cerrados circulitos y presionando sobriamente la nalguita. A mi concisa pregunta: ¿te dolió, preciosa? La excitante respuesta fue: “lo justo, lo exacto, para sentir y aderezar tu grata presencia a mi lado. Ven, acércate Carlónimo, besa mis nalgas, besa mis labios, bésame toda completa, quiero que me hagas tuya, que yo te haga mío, que nos hagamos uno solo. Te lo suplico”.

Disfrutando el privilegio de rehacer nuestro pasado, tomamos por primera vez posesión uno del otro. Acostados frente a frente nos prodigamos una serie de besitos consecutivos muy tiernos en los labios mientras yo le acariciaba la cintura descubierta y el tierno cachete pinchado.

¿Imaginaste alguna vez que nos reencontraríamos, que llegaríamos a esto? No Carlónimo, para nada, vivía resignada al fracaso, a la derrota que me infligió el terrible miedo sentido en ese momento. No sabes las veces que lamenté no haberte hecho mío en aquel momento.

Y tú, Carlónimo ¿qué pensaste después de aquello ¿Me recordaste? ¡Terriblemente, preciosa! Lamenté no haber tenido el coraje de inducir el desenlace que tanto deseaba. Pero aquí estamos y esta será nuestra revancha.

Frotando nuestros labios con denuedo nos fuimos desvistiendo mutuamente, acariciando y examinando aquellas partes íntimas que conocimos tan solo con la imaginación y que ahora por fin se nos revelaban enteras, exactas, espléndidas. De las que íbamos tomando posesión con tiernas caricias y sensuales besos… En tus senos, pezones, cintura piernas, vulva, en toda tu deliciosa humanidad, Martha Patricia, que ya sentía estremecer en mis brazos.

Conocí y me llené de tus suspiros, de tus mimos, de tu suave y acompasado jadeo, del calor de tu aliento en mi rostro, en mis oídos, en mi boca, en mis excitados genitales que me fueron impulsando a realizar el supremo acoplamiento, el cual se dio en el momento justo, cuando tú temblabas y a mí me sacudían como hilacho los estertores de mi épica resistencia.

Porque ya no podía aguantar más, porque te estaba deseando salvajemente. Sintiendo que mi pene resbalaba por tu ardiente reducto vulvar que lo acogía, lo apretaba, lo tallaba, lo meneaba y lo retorcía. Viendo tu hermoso rostro, con el bermejo cabello que nos encerraba. Enloquecido por la agitada ebullición de tus piernas que me rodeaban apretujándome y removiéndome los muslos y las nalgas. Oyéndote jadear, gritar y chillar de placer, supe que por fin eras mía.

Derrochando lujuria, en un momento supremo, hicimos brotar con violencia nuestros íntimos efluvios.

Amigos, me he apurado a escribirles porque estaré ausente unos días. Nos vemos la próxima semana. Ya escriban algo ustedes, no sean tan mala onda… ¡Me cae!

marce -

el intercambio de sofia:

sofi es una chava de 20 años esta hermosa es de estatura media, piel blanca, ojo verde, cabello castaño y aunque esta delgadita esta bien dotada y aparte de todo esto que les acabo de decir es super inteligente por este motivo se gano un intercambio estudiantil a europa.
ella estava tan emocionada con la noticia que decidio hacer una fiesta de despedida con su familia y sus amigos ya que se iria un largo tiempo lejos de ellos, con ayuda de sus amigas y hermana organizaron toda la fiesta un poco apresurada por que sofi tenia que irse el fin de semana siguiente; en fin se pueden imaginar todos los preparativos musica,globos,bebidas,etc.

el dia se llego, las maletas listas en la puerta de su casa y con el boleto de avion en mano sofia,su hermana y sus papas se dirigieron al aeropuerto a despedirla.

en el trayecto se notaba algo nerviosa veia las calles de la cd con nostalgia, ella sabia que durante un laargo tiempo estaria lejos.
cuando por fin entraron al aeropuerto llego el momento mas dificil para ellos. la despedida.
con un fuerte abrazo sofia se despidio de su familia, hubo de todo besos, lagrimas,risas. al fin sofi pudo subirse al avion donde empesaria su nueva aventura.

tras un largo vuelo logro pisar tierra de nuevo donde ya la esperaban su familia tutora en la puerta de llegada de vuelos internacionales. llevaban un cartel que decia su nombre para que los reconociera. sofia se acerco a ellos para presentarse y la recibieron con mucho gusto sus tutores jorge y elena pero sobretodo el hijo de los mismos. el cahvo se llamaba gael bastante guapo y no dudo ni un segundo en abrazar a sofi.
mientra se estaban presentando llego la directora de la escuela donde sofi iva a acudir. y le entrego a los tutores una hoja de vacunacion que era para sofi.

les explico que sofi tenia que vacunarse porque habia un virus muy fuerte en ese momento y toda persona que ingresara al pais tenia que ponerselas inmediatamente.
ya fuera del aeropuerto esperaban a que gael tragera el carro a la puerta; mientra lo esperaban elena la tutora le dijo a sofi que tenia que ir a una clinica a aplicarse las vacunas, sofia solo indico que si con la cabeza y guardo silencio en eso el carro llego y gael se acomidio a subir las maletas a la cajuela y claro tambien le abrio la puerta del carro. por fin lograron salir del estacionamiento cuando jorge dice: " a que clinica vamos"...

la respiracion de sofia se acelero demasiado que dejo ver su nerviosismo.

¿estas bien? le dijo gael.
si solo que nunca he sido tan buena para las inyecciones le respondio sofia.no te preocupes es solo rutina vas a ver le dijo elena.tras el paso de unos cuantos minutos llegaron a la clinica como ya era de noche casi no habia tanta gente esperando, asi que jorge saco el pase medico y mientras tanto elena platicaba con sofia para conocerse mas.

sofi se relajo un poco con la platica y se veia agusto escuchando a su tutora y a su hijo incluso llegaron hasta las risas todo esto cambio cuando la enfermera autorizo el pase de sofia al consultorio, ella respiro profundo y se paro de la silla para entrar al consultorio,detras de ella entro gael,jorge y elena.

el doc. le pidio que se subiera a la camilla mientras llenaba unos papeles con sus datos y le explico el motivo por el cual tenia que vacunarse, la reaccion de sofi fue ponerse las manos en la boca y en ese monento tocan a la puerta y era la enfermera que traia una chorolita con cuatro jeringas cargadas y se las entraga al doctor.

bien sofia te voy a explicar lo que vamos hacer le dijo el doc.
te voy a poner una inyeccion en cada brazo y las otras dos van en la pompi.

nooo! en la pompi no... dijo sofi con la voz entrecortada
tranquila es solo para inmunizarte vas a pasar un largo tiempo aca lo vas a necesitar; ademas si no te las pones no te van a dejar entrar en la escuela, todos los alumnos se tienen que vacunar antes de cada ciclo escolar.dijo el doc.

que quieres primero en el brazo o en la pompi... obvio que la respuesta fue en el brazo.

asi que el doc. preparo los algodones con alcohol y le levanto la manga de la blusa a sofi, ella se puso la mano en el brazo impidiendo que la vacunaran y era tanto su angustia que sus hojos se le llenaron de lagrimas y para contener las ganas de llorar se mordia el labio inferior tratando de aguantar lo que venia para ella elena se dio cuenta de que sofia estaba mas que nerviosa asi que le toma la mano derecha para tranquilizarla un poco.

cuano sintio el alcohol en su brazo sofi bajo un pie de la camilla claro que el doc la detuvo y le dijo no te me muevas aqui va el primer piquete.noo! esperenme... dijo sofi ya con las lagrimas sobre su cara; elena lo que hizo fue abrasarla mientras que la vacunaban y sofi escondia su cara en el hombro de su tutora y asi fue lo mismo con la siguiente vacuna pero lo peor fue cuando el doc le pide que se acueste bocabajo para inyectarla.

sofia solo se acosto hacia arriba tapandose la cara con las manos y no paraba de llorar en eso elena le desabrocha el pantalon, el doc le volvio a decir que se volteara y solo consiguio de respuesta un rotundo "no"...porfavor no quiero inyectarme no me gusta.

doctor:"es que no es de que te guste te tengo que inyectar tu decides por las buenas o por las malas".

y no le quedo otra opcion mas que ceder a lo que le indicaron.
sofi se dio la vuelta y se quedo quieta el doctor le dijo que le iva a acomodar el pantalon para inyectarla y ella accedio pero no contaba que el doctor la bajaria el pantalon hasta la mitad de los muslos; cuando sofi levanta la cabeza se da cuenta que gael estaba presenciando tremenda escena, ella intenta subir un poco su ropa pero en doc la detiene y le da las indicaciones no te muevas,no aprietes la pompi,relajadita,etc.

mas verguenza era imposible sentir; al chavo que tenias unas cuantas horas de conocer resulta que te esta conociendo muuuy bien.
cuando estaba a punto de ser inyectada se intenta levabtar de la camilla avergonzada por el momento que estaba pasando, per eso hizo enojar al doc le dijo que podia lastimarla asi que le pidio a jorge y a gael que detuvieran a sofi mientras la inyectaba asi que ellos acataron las ordenes y gael le detenia las piernas mientras que jorge las manos.

tras sentir el piquete sofi se estremecio de manera poco ortodoxa, pero cuando sintio elardor y dolor del medicamento no aguanto mas y empezo a llorar.

sofia: "aaayy, ya porfavor, no aguanto mas, duele demasiado".

tranquila sofi ya va a pasar le decia su tutor.
cuando el doc presionaba el embolo noto dificultad para introducir el medicamento y se dio cuenta que se habia tapado la jeringa de tal modo que tuvo que sacarla.
y cuando sofi se entero trato de hacer todo lo posible para que no se la volvieran a poner.

sofi: "ya no, no quiero mas".
doctor: "tranquila falta poco".

cuando termino de aplicarle la inyeccion completa saco la aguja y le corrio una gotita de sangre por su pompi y le pidio a gael que sostuviera el algodon para ir por una bandita para pegarsela. claro que sofi trato de sobarse la pompi y topo con la mano de gael; que solo le dio un maseje en la espalda y con la segunda inyeccion fue muuy parecido despues de todo sofi se puso de pie y muy apenas podia caminar.

se retiraron de la clinica y sofia se quejo al senterse en el carro, seguia llorando muy despacio y gael no tardo en consolarla, le tomo la mano y le limpio las lagrimas sofi le respondio con una sonrisa y recargo su cabeza en la ventana del carro.

Pascual -

Eulogia parece más atractiva y sensual cada día ¿te has propuesto cambiarle la imagen, Carlónimo? Ese juego que realizas con los personajes es muy atrayente y divertido. ¿Alguna novedad sobre la bella Cristina?

Carlónimo -

Preciosa Paty, mi único mensaje Y NO OCULTO es que eres tan bella, inquieta y ardiente, que me pones en aprietos.

Querido Ramiro, muchas gracias por deleitarnos con tu poesía que en particular a Eulogia le impactó llegando a quitarle el sueño. Así que a media noche te envió el ansiado email a riflomag23@live.com.mx obteniendo pronta respuesta.

De manera que ayer mismo en la tarde llegaste al pintoresco Barrio de Tacuba para encontrarte con tan bella mujer y disfrutar de su sensacional jeringa.

Dicen que la primera impresión es la que cuenta y perdura, así que al ver la casa tan bonita de Eulogia, con su espacioso patio central en mosaico rojo repleto de hermosas plantas y, sobre todo, cuando observaste a tan atractiva enfermera de cuerpo excitante y un peinado moderno cubierto de sensuales rizos, permaneciste inmóvil con los ojos desorbitados, preguntándote: ¿cómo puede el destino ofrecerme una respuesta tan adecuada a mis índomables deseos?

Tuvo que ser ella quien te despertara de tan sublime arrobamiento. Se te acercó cariñosa, te abrazó por la cintura y te condujo directamente a su aposento donde todo lucía elegante, ordenado y escrupulosamente limpio. Cortinas, alfombra, el mullido edredón, todo en tierno color de rosa y un bellísimo candil central cuyas artísticos cristales emitían destellos en tonos dorado y lila.

Pasa, mi amor, ya verás lo que soy capaz de hacer por tí, estoy segura de que te aficionarás a mis cuidados. Te hizo sentar en un cómodo “love seat” junto a ella, donde entablaron un primer diálogo introductorio en el que se conocieron, acordaron el tratamiento a seguir, y se disfrutaron mutuamente. Ella admiraba tu ancha espalda y tus brazos muy bien abastecidos y proporcionados, a más de tu inquietante porte varonil; en tanto tú contemplabas con azoro la esbelta perfección de sus curvadas formas femeninas tan bien delineadas.

Con el compás de sus piernas cuidadosamente cerrado y el borde de la entallada falda situado en la parte media de los espléndidos muslos, Eulogia te explicaba las bondades de su técnica y te mostraba su jeringa clásica, desensamblándola y colocando sus partes en la plateada tinita junto con varias agujas hipodérmicas de distintos calibres que, acto seguido, puso a hervir sobre una pequeña parrilla eléctrica.

Siguieron conversando hasta cumplirse el plazo reglamentario de ebullición, momento en el cual Eulogia se puso de pie, extrajo del agua tanto el depósito como el émbolo y las pronunciadas agujas hipodérmicas, y los recostó sobre un plato para que se enfriaran, mientras desenvolvía el medicamento de su empaque, retiraba el sello metálico del frasquito que contiene la sustancia en polvo y descabezaba la ampolleta, quedando por fin los dos pequeños recipientes igualmente colocados sobre el extendido plato de vidrio transparente.

Indicándote: “si eres impresionable no veas lo que sigue” Eulogia colocó el émbolo en su sitio, seleccionó una enorme aguja de portentoso grosor y la ensambló con firmeza en la punta de la jeringa. Luego introdujo el filo en la ampolleta succionando en su totalidad el agua bidestilada, pinchó el hule del frasco con polvos haciéndole entrar el líquido, agitó muy bien la mezcla y la succionó para hacerla entrar lentamente en la jeringa, la cual quedó totalmente llena, imponente, erguida frente a ti, recordándote que debías postrarte sumiso nalgas arriba para recibirla.

Con la respiración muy agitada te pusiste de pie y sin dejar de ver la terrible aguja que pronto te flagelaría el culo, hiciste descender tu pantalón hasta los muslos y te acostaste boca abajo sobre la mullida cama de Eulogia, quien se acercó a ti, introdujo su mano al interior del elástico de la trusa y lo hizo descender, primero del lado derecho, luego del izquierdo, hasta quedar la prenda alojada en el pliegue de tus nalgas, cuyo innegable atractivo llevó a la enfermera a emitir un profundo suspiro y exclamar ¡Ramiro, me excitas todita, me pones en serios aprietos sexuales!

Eulogia palpó con gran deleite cada uno de los recios mofletes cuya sólida consistencia permitió la pronta identificación del punto vulnerable, donde la sensual enfermera apoyó con fuerza su dedo índice formando el erótico hoyuelo que, acto seguido, desinfectó cuidadosamente. Utilizando su propia mano como abanico, evaporó el brillante espejo de alcohol quedando lista él área para efectuar la dolorosa incisión.

Conociendo las dramáticas dimensiones del instrumento que la guapa Eulogia blandía a escasos centímetros de tus nalgas, apretaste los puños, tensaste todo el trasero e imploraste resignado: ¡Estoy listo, preciosa, aunque me duela, házme sufrir y gozar tanto como deseo!

Al sentir la suave mano apoyada en la superficie de tu fibroso cachete, muy seguro de ti mismo, desafiante, aflojaste todo el cuerpo, cerraste los ojos y esperaste… Lo peor y lo mejor se dieron cita en aquellos breves instantes tan intensos como tu propio deseo de gozar a tan imponente dama.

Pero al sentir el rudo rejón que pinchaba tu desprotegida carne haciéndote padecer una especie de guantazo seco en plena nuca; cuando tus oídos se llenaron de un agudo zumbido ensordecedor; y tus papilas olfativas y gustativas se impregnaron del aroma y sabor de la sangre; entonces borraste de tu mente cualquier expectativa sensual.

Te sumiste en el más pavoroso dolor que te haya arrancado cualquier otra hipodérmica. Abriste la boca como hipopótamo haciendo escapar colosales alaridos. Gritaste: ¡Hija de puta, que me matas, desgraciada! Temblaste, vociferaste, te revolcaste y suplicaste, pero el sufrimiento continuó como implacable invasión de ácido sulfúrico que te diluía las entrañas.

Nunca habías sufrido tan inhumano martirio. Pero, poco a poco, fuiste pasando del deseo de una rápida muerte, a la sensación de simple agotamiento, un gran sueño y, por fin, el erótico encantamiento que se apoderaba de ti, de todos tus sentidos, que te ponía el pene muy tieso y te hacía desear a la despampanante Eulogia: su arcaica jeringa, sus agujas hipodérmicas, sus manos tan hábiles, sus fieros instintos, su inaudita capacidad para prodigar placer.

Mientras ella te masajeaba el culo y te decía: ¡Ya pasó, mi pequeño! Sintiendo sus suaves palmadas en tus nalgas querías tocarla, sentirla muy cerca de ti, abrazarla, hacerla tuya…

Sin podrte contener, la tomaste por la cintura y la arrimaste hacia ti. Luego bajaste la mano y sentiste la suavidad y esplendidez de sus nalgas. Ella te permitió disfrutar por un momento, pero cuando alzaste su falda, le palpaste los muslos desnudos y avanzaste hacia la encantadora zona vaginal, retrocedió cariñosa diciéndote: Ya basta, mi rey, yo te hago gozar todo lo que quieras, pero no me entrego tan fácilmente.

Después te hizo girar el cuerpo y te practicó la más deliciosas puñeta que en tu vida entera hayas disfrutado. Gritando como loco viste saltar tu grueso esperma hasta dos metros por encima de la pelvis.

RAMIRO -

QUIERO TENER A EULOGIA
VESTIDA COMO ENFERMERA
CON SU MIRADA DE FIERA
AY AY COMO SE ME ANTOJA.

Y SI QUIERES SEGUIR INYECTANDO
AQUI ESTA TU PACIENTE LISTO
QUE FRENTE A TI ME DESVISTO
TU LA JERINGA ESTAS PREPARANDO...

RECUESTAME SOBRE TUS PIERNAS
Y COMIENZA EL RIKO RITUAL,
ERES UNA MUJER SENSUAL
QUIERO TUS MANOS TIERNAS.

ESA JERINGA DE CRISTAL
CON ESA TREMENDA AGUJA
UN PLACER EN MI DIBUJA
Y MI ERECCION ES DESCOMUNAL.

EL MASAJE EN MIS NALGAS
LO SIENTO TAN DELEITABLE
QUE CUANDO APLIKAS EL INYECTABLE
TE PIDO QUE NO TE SALGAS
PUES QUIERO ESE INFINITO INSTANTE
SABIENDOTE CERCA DE MI
EULOGIA QUIERO DE TI
SEAS MI ENFERMERA AMANTE.

ALGUNA MUJER QUE COMO EULOGIA LE EXITE INYECTAR, PODRIA ESCRIBIRME A MI CORREO O AGREGARME AL: riflomag23@live.com.mx

Paty -

Gracias Carlónimo, eres un amor y el relato es muy bello, pero no me des mensajes ocultos.

Hola Marce, a mi me parece que el morbo lo adquirimos porque las inyecciones las conocimos en la infancia.

Un saludo a todos

Carlónimo -

Muy oportuno el tema de conversación propuesto por Marce, ya que precisamente estaba por escribir un relato que tratara cierto tipo de parafilia. Voy a compartirles una experiencia que Paty me autorizó expresamente a referirles. Se trata nada menos que de un brote sádico-masoquista que nos invadió recientemente a los dos y que decidimos disfrutar juntos.

El desfogue

Fue una tarde sabatina con los últimos rayos de sol extinguiéndose en lontananza. La Ciudad de México se relajaba disponiéndose al esperado descanso de fin de semana. Nuestro querido Centro Histórico y el emblemático Café Tacuba nos aguardaban. La armoniosa figura de Paty, su sonrisa, el fusco cabello, la esplendidez de su cuerpo, llamaban la atención, producían comentarios, eran blanco de múltiples miradas.

Tranquilos, nos sentamos a la mesa en medio de cuadros antiguos, maderas artísticamente labradas y una fina herrería del síglo XVIII. Me alegraba contemplando a la preciosa hondureña con quien previamente había acordado el festivo encuentro. Sentada a mi lado me dedicó una tierna mirada y acercó sus sensuales labios a los míos… Nos besamos con gran deleite.

Después de disfrutar una frugal merienda nos fuimos a caminar por el México antiguo: por esas calles de gran relieve histórico en las que el ocio y la curiosidad encuentran un inmenso campo de acción. Y de ahí saltamos al paraiso: Una noche que decidimos regalarnos a unos pasos de la Catedral Metropolitana, alojados en el pintoresco y confortable Hotel de la Ciudad de México.

Ya en el hotel, después de conversar degustando una espléndida taza de café turco, Paty me pidió que le inyectara un doloroso vitamínico que se aplica regularmente.

Poniéndose de pie, se aflojó el cinturón y se acostó dejándome a mi la grata tarea de replegarle el ajustado pantalón y la panty hasta donde yo quisiera. Así que sus excitantes nalguitas quedaron totalmente descubiertas reposando casi inmóviles para recibir la afilada aguja.

El embate y la sutil perforación hicieron temblar el nervioso cachete arrancando a la chica un sentido lamento. La dolorosa sustancia la hizo gritar y crisparse. Su airada reacción de sufrimiento fue un poema que nos encendió a los dos simultáneamente. Más allá de las tranquilizantes palmaditas y del esforzado autocontrol de sus impulsos, abrevamos el gran erotismo del momento.

Empujando lentamente el émbolo, me embebí contemplando el erguido moflete cuya tersa superficie se ondulaba de punzante dolor. Con la jeringa todavía en la mano, mediante menudos movimientos circulares terminé de masajear el rumboso cachete marcándole un sutil hoyuelo y haciéndolo vibrar finamente, hasta percatarme que no aparecieran resabios en el algodón previamente alcoholizado.

Terminada la aplicación, Paty se incorporó sentándose en pose de descanso con las piernas recogidas sobre la cama, elevó los brazos para frotar su cabello como lo hacen las espléndidas sirenas sobre los peñascos, mientras yo contemplaba con inquietud sus preciosas nalguitas aún inmersas en el rictus del excitante dolor.

Ví la marca que le dejó la inyección en el atrayente bomboncito izquierdo y besé el sitio repetidas veces. Con voz desapacible me dijo que le dolía y se sentó sobre mis piernas buscando el ansiado consuelo. Atrayéndola, nos besamos e iniciamos un fuerte intercambio de caricias. Sus manitas se deslizaron por mi espalda y yo me concentré en la firme curvatura de sus caderas y de sus nalgas, que de inmediato se estremecieron inquietas.

La ansiosa interacción de nuestros cuerpos generó un poderoso campo electromagnético en el que quedamos los dos encerrados. La preciosa hondureña se acostó llevándome en sus brazos hasta hacerme reposar en su espléndida humanidad. Sintiendo su agitada respiración, me concentré en la fragancia de su cabello. Besé su cuello despacio, con ternura, hasta comprobar que jadeaba de incontrolable pasión.

Deslicé mis labios por su barbilla, la nuca, los hombros, los senos. Mordí uno de sus pezones, inspeccioné su oscura areola detectando la relativa aspereza que le imprimen los minúsculos conductos lactíferos. Con los ojos cerrados me concentré en estimular esa importante zona erógena que se estremecía en mis labios y se ponía muy dura al succionarla.

Al mismo tiempo le acariciaba las mejillas y el cabello; mi pene rebosaba fortaleza y friccionaba sus suaves muslos, cuya solidez y cálido contacto me excitaban y me hacían brotar el primer calostro que se adhería a sus piernas, pintándoles sendos medallones jugosos… brillantes.

Paty dio la vuelta y se montó sobre mí para buscar un primer acoplamientro. Sus labios se fueron deslizando en forma descendente por mi pecho hasta alcanzar y posarse en los henchidos cojones para besarlos, lamerlos, succionarlos, morderlos, ajarlos, lastimarlos, someterlos a enajenante placer y dolor.

Me hizo gritar de sufrimiento: le pedí que no me lacerara, pero también que lo hiciera. Eran deseos encontrados; la intensa succión en mis bolas me hacía padecer y gozar al mismo tiempo. Ella reforzó el castigo palmeando y apretujando mis pelotas. Yo estaba desesperado y, sin embargo, deseaba que me siguiera lastimando. Un sentimiento errático que nunca antes me había invadido.

Después de aplicarme el excitante tormento me empezó a prodigar sensuales caricias. Me barrió la entrepierna y el sensible punto G con su lengua. Yo gritaba y me retorcía de placer. Me tenía enloquecido, enajenado, incapaz de detener esa avalancha de sensaciones dolorosas y placenteras.

Entonces me clavó sus dedos, ignoro si dos o tres, en el culo tallándomelo con tal violencia que parecía desgarrarme el esfínter, al tiempo que chupaba y mordía mi pene, con lo cual me precipitó una soberbia eyaculación.

Entre gritos, lisonjas y nuevas lamidas, mis descomunales chisguetazos de esperma se impactaron en los labios y en las manitas de Paty, quien reía y festejaba cada brote sin dejar de tallarme, palmearme y apretarme tanto el pene como los cojones, exprimiéndolos para provocar nuevos arrojos.

Concluí tan fenomenal experiencia trabado, cansado, adolorido, con la boca abierta, respirando ansiosamente, hasta que caí en un profundo sueño.

Al despertar la ví sentada escuchando música a bajo volumen. Yo permanecía desnudo, tan solo cubierto por una delgada sábana. Ella lucía encantadora con un pantaloncillo corto de color blanco que permitía apreciar sus bien torneadas piernas y esbozaba la exquisitez de sus nalgas.

Me incorporé, le dí un beso y entré al cuarto de baño para asearme. Confundido y apenado por haberme prestado a un final que a ella, según yo, no le había prodigado el mismo disfrute, hice el propósito de componer las cosas.

Salimos al bar y nos enfrascamos en una bella conversación. Un par de copas y el intercambio de ardientes besos bastaron para hacernos regresar al cuarto. Me tenía muy excitado, la tomé en mis brazos y la fui desvistiendo lentamente, hasta deslizar la pequeña panty y descubrir sus redondos y firmes glúteos hacia los cuales dirigí mi atención.

Así como ella es: de piel morena clara, delgada, ardiente, nalgoncita, cariñosa; me incitaba hurgar su estrecha raja. Separándole los cachetes deslicé mis dedos por el íntimo canal haciendo que toda ella se erizara y elevara el culito, lo cual me animó a picarle el montículo rectal.

Lo presioné suavemente, pero ella apretó los mofletes emitiendo una sentida queja. Sin embargo, mantuvo la posición empinada, por lo que hice un segundo intento de penetrarla, obteniendo el mismo resultado.

No me dejaba avanzar pero incitaba que la acometiera. Entendiendo su juego, volví a puntearle la colita y cuando la apretó le propiné una violenta nalgada que le hizo gritar y aflojar el esfínter inmediatamente. Un tercio de mi dedo central le quedó adentro y seguí presionando para introducírselo completo. Ella luchaba por evitarlo.

Entonces giré el dedo para relajar su estrecho esfínter lo cual toleró satisfecha, pero cuando quise avanzar se opuso de nuevo forzándome a que le diera una segunda nalgada aún más violenta que la primera.

Esta vez no gritó ni se quejó. Estremecida, tan sólo apretó los labios y siguió frunciendo el coño. Le repetí la dosis y las nalgadas se fueron precipitando una tras otra haciéndola gritar muy fuerte. El culo se le enrojeció casi por completo. Lloró, imploró, pero fue cediendo poco a poco, soltando el cuerpo y dilatando el estrecho esfínter.

Mi dedo avanzó poco a poco arrancándole nuevos lamentos y por fin penetró completo haciéndola gemir y temblar de placer. Entonces inició una franca y abierta colaboración, al grado que me pedía acrecentar el frotamiento. Cuando intenté concluir esa etapa me rogó que continuara y que le metiera también el pene por la ardiente vulva.

Así que le empalmé el tieso glande y Paty lo engulló empujando con desesperación el culito, hasta sentir mis cojones adheridos a sus redondos glúteos.

Iniciamos una serie de embestidas vaginales y rectales que a ella le hicieron gritar y jadear con cada rítmico rozamiento; mientras yo temblaba absorto al ver sus preciosas nalguitas desplegadas, contorsionadas y penetradas, solazadas con la violenta fricción en sus dos agujeros.

El escenario era formidable. Al ir y venir de sus elásticas nalguitas se sumaba el mete y saca de mi dedo por su enrojecido coño y las violentas acometidas de mi pene incrustado entre sus labios vaginales.

El resto fue placer y euforia potenciados al extremo. Sus agudos gritos y jadeos, mis ardientes exclamaciones y las nuevas nalgadas estruendosas que le propinaba, colmaron y cimbraron la habitación, retumbaron en nuestros oídos, encendieron y derramaron todo el fuego y el incandescente magma, desde nuestras entrañas.

http://www.youtube.com/watch?v=qdYLMMT0DHs

Carlónimo -

Querida Marce, no soy experto en el tema pero con gusto te comparto mi opinión.

El término “Fetichismo” se refiere a privilegiar o entronizar algo material haciendo de ese objeto un ídolo. En el ámbito de la sexualidad se utiliza para describir cuando alguien se aficiona a un objeto relacionándolo (por transposición) con el placer sexual.

Tengo entendido que las teorías psicológicas del comportamiento consideran el fetichismo sexual como un “condicionamiento”. De ahí podemos derivar que el fetichismo es APRENDIDO, generado por alguna experiencia de la infancia temprana, que establece para la persona una relación entre determinado objeto (en nuestro caso una jeringa) y el placer sexual.

De manera que es una conducta aprendida y no nacemos con el fetiche. Detrás del morbo de cada uno de nosotros seguramente está la experiencia íntima de que nos inyectaran contra nuestra voluntad cuando éramos niños. Que hurgaran nuestra intimidad y la violaran de alguna manera.

Recuerdo en este sentido el comentario que nos dejó nuestro amigo Ricardo el 25/01/2012 10:33 del cual transcribo algunas ideas a continuación.

“… ¿que veo de excitante en estos recuerdos? llegar a casa un amigo cuando ivan a inyectar a su hermana y ella se oponia, o incluso llegar de sorpresa y pillar a alguien con las nalgas descubiertas, y no digamos ya cuando se trataba de las temidas lavativas con todos sus preparativos. Para muchos estos temas han sido la iniciacion a la sexualidad, porque aprovechando estas situaciones y contando con nuestra inocencia hemos descubierto los encantos del cuerpo de personas mas mayores.”

Como ves, querida Marce, Ricardo funda su morbo en los recuerdos de infancia y la frase que me parece más importante es la que dice: “Para muchos estos temas han sido la iniciacion a la sexualidad”.

Muchos de nosotros nos iniciamos en la sexualidad estando nalgas arriba en las piernas de alguien que con violencia nos inyectaba. Y digo violencia porque nos tomaban a la fuerza, nos clavaban la aguja sin estar relajados lastimándonos por ello terriblemente, además de atormentarnos con frases hirientes. Amén de la violación misma de nuestra intimidad.

marce -

hola a todos!!!
les tengo una pregunta que a todos nosotros nos relaciona y que hasta el dia de hoy no se cual sea la respuesta correcta.

siempre me he preguntado si... ¿nacemos con este fetiche o lo vamos adquiriendo con el tiempo?

ayudenme a aclarar este asunto y espero sus respuestas.


saludos!!!

Carlónimo -

Querida Eulogia, Paty preciosa, aquí convivimos como buenos amigos, siempre con el ánimo de pasarla bien. Recuerden la regla de actuación que hemos mantenido viva: Es absolutamente válido emitir opiniones sobre conductas, pero no lo es utilizar palabras que pudieran mostrar encono. De las situaciones más adversas hagamos surgir escenarios maravillosos, que rescaten y enaltezcan, sobre todo a la mujer.

http://www.youtube.com/watch?v=UeKsV6tohiE&feature=related

Paty -

Eulogia, yo no te tengo miedo a ti ni a tu jeringa. Si crees que con amenazas me vas a callar para que no diga lo desvergonzada que eres, ya erraste. Y felicidades por tu boda pero así como eres de traicionera no creo que Ismael te aguante.

Carlónimo, yo se que te esfuerzas mucho para escribir y te agradezco que nos sigas ofreciendo tus relatos que son como siempre bien lindos, pero me encantaría que me dedicaras uno a mí, que sea muy tierno.

Vero, un abrazo por el día de tu cumpleaños, me caes muy bien y se te extraña.

Eulogia -

Chicos qué les cuento?!!! Que ya pidieron mi mano los padres de Ismael. Yo estaba bien nerviosa cuando llegaron y mis tíos… bueno @@@ no voy a fingir porque en relidad son mis primos pero yo le dije a Ismael y a sus papás que eran mis tíos porque se me hizo feo que pensaran que ya soy algo grandona para Ismael. Pues mis tíos estuvieron haciéndose del rogar porque decían que estábamos muy jóvenes los dos para tomar semejante decisión y que si ya lo habíamos pensado muy bien y que por que no esperamos un tiempo más.

A mí me pareció bien al principio pero ya era demasiado y dije qué tal si se arrepiente Ismael y luego yo que hago y como me había puesto minifalda para verme más joven de lo que soy me le repegaba al chico y lo ponía nervioso enseñándole mis piernas, pero mas bien lo distraía para que no oyera y que recordara lo rico que la pasamos juntos. Y yo con la pierna cruzada pero que empiezo a ver que el papá de Ismael no me quitaba la vista y me veía las piernas con desfiguro y no disimulaba su morbo. Asi que mejor me arreglé la falda, me senté más compuestita y ya no le enseñé nada.

Y la cena que hicimos estuvo riquísima nada más oigan: empezamos con un entremés de escamoles tiernos al ajillo, luego una crema de guauzontle; de platillo fuerte filetes de trucha con verdolagas y de postre calabaza en tacha y queso de tuna ¡Una delicia! Y como mis tíos dijeron ¡y es la verdad! Que yo había preparado todo, me gané a mis suegros que decían y repetían: se ve hacendosa y muy bien preparada la chica. No pues si queremos que se case Ismael con ella.

Después de la cena mi suegro se puso algo mal porque creo que se le baja la presión y que tenía que inyectarse. Entonces me lo llevé a la recámara ¡Véngase suegrito que yo soy una maestra inyectando! Y lo acosté, le bajé los pantalones y los chones y ahí lo tenía con las nalguitas al aire mientras preparaba la jeringa. Y él me preguntaba que porque tenía una jeringa tan antigua. Y yo, pues no suegro así se están usando ahora porque las desechables son una soberana porquería que ni inyectan bien ni nada. Y mi suegro que viéndome tan desenvuelta y campechana ¡es bien coqueto el canijo! Nomás me miraba los chamorros y me decía estás frondosa Ulogia (así me dice él). Tas frondosa. Y yo pues para quedar bien le dejaba que me viera y hasta me le repegaba ¡no mucho, no vayan ustedes a creer! nada mas poquito. Y cuando vio la jeringa lista estaba muy animado y me paraba la cola para que se la frotara, pero cuando lo pinché resopló y se puso bien morado pero al mismo tiempo se restregaba contra la cama, para mí que ya estaba bien caliente y me agarró de la mano y no me la soltó hasta que le apliqué toda la sustancia.


Luego que lo empiezo a masajear y él me decía pero qué bien inyectas Ulogia ya no voy a dejar que me inyecte nadie mas que tú. Y me veía las piernas cada vez más y en una de esas que me agacho para recoger el algodón que se me había caído y él que me da un pellizquito en las nalgas, así nomás como de travieso que es. Y yo ¡Orale suegro, no se mande! Pero él insistía es que me caes muy bien y si tu vas a ser la que me inyecte pues que esto sea secreto entre los dos y me pedía que le siguiera sobando el culito. A mí pues sí me gustaba porque lo que sea de cada quien mi suegro está todavía muy bueno y me dejé querer un poquito ¡nomás un poquito! Que me diera besitos en las manos, en las piernas y… bueno también en las nalguitas, pero por arriba de la panty pues no dejé que me la bajara, pero sí me dejé que me acostara boca abajo sobre la cama y que me metiera mano (sólo un poquito). Me decía ¡qué ganas de inyectarte yo a ti Ulogia, tas re guena! Pobrecito, se le antojaba mi cabús y le dí un poco de chance para que no fuera a decir que soy mala onda y remolona. Pero cuando me puso de bruces, o sea de perrito, y me estaba punteando la cola con su pitote bien tieso, le dije ¡no suegrito, no abuse ni se emocione tanto ni quiera pasarse de lanza! Ya luego más adelante quien sabe, tal vez le dé jalón, pero por ahora no sea tan chinguenguenchón porque yo me debo y soy fiel a Ismael.

Son buena onda mis suegros aunque ella, mi suegra, un poco celosa porque dijo que nos habíamos tardado demasiado con lo de la inyección y luego sentó al marido muy pegadito a su lado y no le quitó la vista de encima por el resto de la tertulia.

Bueno el caso es que ya quedó el compromiso hecho y que nos casamos Ismael y yo para agosto ¿Qué tal, eh?

Oye Carlónimo, a ti te escojo como padrino de ropa íntima… pero muy íntima.

Ah, y a ti Paty majadera, nada más vuelve a criticarme, ya verás, si te la tengo bien guardada, ya te tendré con las nalguitas al aire ¡Ya puedes componerte, malcriada chamaca!

Muchas gracias Vero por tu paciencia para acompañarme a las boutiques y por tu buen gusto ¿Verdad que me sienta el traje de novia? Cuando gustes te inyecto, mi piernudita y a Antónimo si se te ofrece, nomás avísame. Y felicidades por tu aniversario.

Todos están invitados a mi boda y va a ser de rigurosa etiqueta.

Carlónimo -

Querida Maricruz, muchas gracias por escribir. Espero que no sea por única vez y que sigas disfrutando los relatos.

No obstante estar muy ocupada en su terreno profesional, la encantadora Vero pasaba por uno de esos momentos en que el erotismo se revela implacable haciéndole sentir un deseo que no puede controlar. Por esta razón, cuando su doctora le telefoneó indicándole que debía aplicarse una segunda inyección de reconstituyentes, ella le confirmó que asistiría esa misma tarde para recibirla.

Al llegar al hospital y percatarse que la habían asignado al Área de Servicios Generales justamente con el paramédico que tanto la admira, sintió el impulso de oponerse. Pero como estaba de buen humor decidió correr una aventurilla erótica.

Vestía una minifalda muy coqueta frente a la cual el paramédico, por mero nerviosismo cometió una serie de desaciertos: tartamudeó, confundió el nombre de la paciente, trompicó al dirigirse a la vitrina, y el temblor de sus manos no le permitió cargar la jeringa, teniendo que hacerlo la propia Vero quien, además, se ensañó diciéndole: No te preocupes, yo como psicóloga entiendo muy bien que hay momentos de alta carga emocional que nos afectan demasiado.

La preciosa Vero se creció al castigo. Después de entregar la jeringa y el hisopo al pobre muchacho que la miraba con rostro compungido, mezcla de admiración, vergüenza y excitación, se alzó con todo desprendimiento la delgada faldita, replegó con toda generosidad su pantaleta y con el imponente culito eróticamente empinado en dirección del paramédico, le preguntó: ¿Tendrás el pulso tan firme que puedas pincharme?

Al joven se le terminó de subir el color. Miraba las esculturales nalguitas de Vero muy firmes, tersas, sensualmente levantadas, pero no pudo controlar sus nervios. Sin saber qué contestar trató de sonreir llegando apenas a bosquejar una mueca infame. Después se arrimó a la pared como queriendo desaparecer de escena, balbuceó y terminó pidiendo una tregua a su atractiva paciente la cual lo miraba sonriente y en actitud tolerante, pero terminó de apabullarlo diciéndole: Con ese pulso no me presto a que me inyectes, pues me la vas a aplicar en la espalda o en una pierna y no quiero correr riesgos. No te preocupes, entiendo tu problema, píde por favor a otra persona que te releve.

Viendo el muchacho que su situación era crítica salió del consultorio y regresó acompañado por un médico joven, guapísimo, que cautivó a Vero con una sonrisa y un guiño ocular muy cordiales, haciéndole saltar el pecho de emoción, sin saber qué responder cuando el médico le preguntó: ¿Puedo ayudarla, señorita? Me dicen que está usted un poco nerviosa.

“No… bueno… sí… es que él, o más bien yo, o los dos… Bueno, sí usted puede… vaya, quiero que me inyecte…” Fue la trompicada respuesta que la preciosa Vero acertó a emitir mientras trataba de cubrir sus encantos.

Haciendo salir al paramédico, el atractivo doctor le contestó con voz muy firme y atenta: Cómo no, descúbrase y acuéstese por favor, enseguida la inyecto.

Entonces fue Vero quien no pudo coordinar muy bien sus movimientos. En su apuro de cubrirse había dejado el vestido atrapada al interior de la panty y al querer liberarlo se le enredaron las dos prendas dejándolas tan enroscadas una con otra que, cuanto más jaloneaba y trataba de separarlas, más sólido se volvía el amarre.

Muy nerviosa, la guapa paciente tiraba sin ton ni son del complejo enredo y se agitó a tal grado que perdió el equilibrio y quedó tirada de bruces en el camastro, angustiada, con el precioso culito desnudo y totalmente empinado.

Viendo los apuros que la chica estaba pasando, el médico la tomó por los erguidos y tentadores bombones traseros diciéndole: Tranquila, señorita, no se mueva más y permítame que le ayude. Vero accedió y se acostó boca abajo pero quedó en posición complicada pues el amasijo formado por la falda y la panty una con otra enredadas le quedó atravesado, muy tenso, oprimiéndole las nalgas.

Así que el médico con aire paternal la hizo poner de pie, le bajó el cierre del vestido, le pidió extraer los brazos de la prenda; y deslizó ésta hacia abajo junto con la pantaleta hasta liberarlas.

Habiendo quedado la encantadora Vero prácticamente sin ropa con las nalgas paraditas y las manos muy juntas cubriéndose la vagina, vio cómo el médico destrenzaba poco a poco sus sensuales prendas hasta separarlas una de la otra, doblar con mucho cuidado cada una de ellas y colocarlas sobre una mesa.

Hecho esto, el controlado facultativo le pidió a la nerviosa paciente que se acostara e incluso la ayudó a acomodarse señalándole la posición exacta, porque Vero en su apuro trataba de girar y de acostarse en sentido inverso.

Por fin sosegada aunque muy nerviosa de saber que sus nalgas y piernas estaban a la vista de aquel hombre por el que sentía una frenética atracción, la despampanante Vero prefirió cerrar sus ojitos y plegarse a lo que fuera.

Sujeta a un excitante arrobamiento que la hacía estremecer y gemir de emoción, sintió los firmes dedos que le auscultaban los curvados cachetes. Percibió el certero y suave pinchazo por el que la aguja penetró con suavidad. Y tiritó de pasión por el avance de la sustancia que entraba lentamente, lacerándola, mientras el médico la confortaba con una encantadora voz muy varonil: Falta poco, señorita, no se inquiete, no tense sus nalguitas, por favor, así, tranquila, así, muy bien, ya casi, tranquilita…

Sintiendo el suave masajito que el atractivo médico con singular cariño le prodigara, escuchando sus palabras por demás afectuosas que la excitaban, la bella paciente juntó con desesperación sus piernas, apretó las nalguitas, e inició un involuntario jadeo al percatarse que el interior de los regios muslos se le humedecía inexorablemente.

Apretó con mayor fuerza los ojos, respingó ostensiblemente el culo y deslizó muy ansiosa sus manos en el camastro, mientras el médico le enjugaba la vagina y los cachetes con una toalla, para acopiar el abundante fluído cristalino que no cesaba de emerger por la agitada vulva.

Vero se encontraba en el punto más álgido de excitación. Sus labios entreabiertos temblaban y emitían sensuales resonancias.

Al final la preciosa Vero se sintió un poco apenada, pero contenta de percibir sus nalguitas rebosantes, esponjadas, inquietantes, ofrecidas a aquel atractivo médico que la miraba sin parpadear, sumido en una ardiente quimera.

Esa noche, frente al pastel de cumpleaños, rodeada por todos sus amigos del blog, la preciosa Vero cerró sus ojitos y evocó la deliciosa experiencia de intimidad que el destino le había procurado. Un ardiente beso de Antónimo la hizo reaccionar y desear el inigualable momento de la intimidad.

Recibe un abrazo, con todo mi cariño.

http://www.youtube.com/watch?v=rqPQptmE6Fs&feature=related

Carlónimo -

Cuando la ví por primera vez me cautivó su figura torneada y esbelta. Su delicada blusa negra traslúcida delataba el entallado corsé del mismo color que ceñía parte de su espalda y el breve pasaje de su cintura. Poco abajo, el ajustado pantalón en tono carmesí develaba la erótica cadera y unas nalgas medianas, mullidas, respingadas, cuya rajita central se expresaba veladamente.

La empecé a tratar y supe que era casada, que tenía dos hijas adolescentes y una relación marital en franca decadencia. Después de comer juntos aquella tarde muy soleada, mientras caminábamos hacia la oficina me hizo la más pasmosa proposición. Así, a quemarropa, de manera inesperada, me dijo: “Quisiera que me llevaras a un hotel”.

Impactado, me reí tomando su proposición como una ardiente broma. Pero en el fondo sabía que ella hablaba en serio y que estaba segura de haberme dejado la inquietud bien arraigada.

Poco después tuvimos que acudir a un congreso junto con otras personas. En el primer receso, mientras degustábamos una taza de café, me dijo: No quiero pasar la noche en este hotel en la habitación que me asignaron. Hice reservación en otro hotel cercano, te invito a pasar la noche juntos.

Así de directa fue Elisa conmigo. Al principio, su franqueza me incomodó, pero me gustaba como mujer y me excitaba que tuviera semejantes agallas. No le importó que hablaran de ella pues nadie creyó su historia de que tenía que regresar a México y que yo me había ofrecido a llevarla en mi coche y a regresarla al otro día muy temprano.

Descalificó lo que dijeran, o tal vez deseaba justamente revelar que estaba enredada conmigo. No lo sé, el caso es que aquella tarde, terminada la sesión vespertina, montamos en mi coche para regresar supuestamente a México, pero en realidad entramos al garaje de otro hotel donde tuvimos nuestro primer encuentro íntimo.

Ansiosos, nos desvestimos, ella llevaba un juego de ropa interior blanco nuevecito, de encaje bordado, muy artístico pero en mi opinión un poco “aniñado”. En ese momento me llamó la atención que su cuerpo fuera tan delgado porque con ropa aparentaba estar más forrada. Pero ese súbito descubrimiento de sus piernas tan escuálidas potenció para mí el delicioso placer de entrar en su misteriosa intimidad.

La sentí legítima y sincera al poner a mi disposición no solo sus encantos sino igual sus aparentes deficiencias. Ese pequeño detalle que pudiera parecer irrelevante desencadenó un espléndido torrente de voluptuosidad.

Recuerdo que me apoyé en la cabecera de la cama y la acosté en transversal sobre mis piernas. Al replegarle el calzoncito accedí al mayor de sus encantos: esas nalgas relativamente amplias, muy bien delineadas, que parecen las de una niña.

Esa es en mi opinión la gran virtud de las nalgas de Elisa, por la cual al tenerla culito arriba, le he dicho que me parece estar con una tierna jovencita: Espalda estrecha, cintura breve, culito respingado, piernas flacas y una piel muy tersa; en conjunto confeccionan la gran entelequia de tener sexo lícito con una niña.

En esa primera experiencia que ahora les comparto, me embebí acariciando su culito de aspecto infantil detenidamente. Con la respiración cada vez más acelerada recorrí la espléndida rajita excitando su minúsculo orificio rectal que se estremecía sugestivamente.

Después se incorporó y sentados uno frente al otro me apretó con brazos y piernas para entregarnos a una de las fases en que Elisa me despierta la mayor apetencia: sus besos linguales. Desde aquella primera experiencia íntima se manifestó la mágica acción de sus labios y de su lengua llevándome a un estado de completa dependencia. No he podido entender cuál es el factor que más me altera; si es el roce o succión de sus labios; o el conjunto de señales con que acompaña el ardiente contacto: sus ojos tiernamente cerrados, el semblante de alegría, las alternadas inclinaciones de su cabeza, o la vista y el contacto de su rizado cabello que nos envuelve.

Sin apartarnos de esa ardiente fase de contacto, la preciosa Elisa se dejó caer de espalda, separó las piernas y me ofreció su regia entrada vulvar a la que accedí suavemente, sintiéndola perfectamente lubricada y tan excitada que bastaron unas cuantas incursiones deliciosamnete ajustadas, para desencadenar la gran avalancha de nuestros más feroces instintos.

Después se levantó corriendo para pedirme que le aplicara un anticonceptivo en espuma por vía vaginal. Fue un momento frustrante por haber interrumpido el tierno descanso de los amantes, pero el ritual de la aplicación nos dio pie para continuar disfrutando. La sensual Elisa me entregó la clásica perita de duchas vaginales, se tumbó de espalda, separó espléndidamente las piernas y me hizo introducirle la cánula entre los crispados labios vaginales. Al sentir el bullicio de la espuma en su más íntimo reducto empezó a jadear y a contorsionarse como si estuviera enfrascada en un nuevo coito. Los dos nos encendimos y reiniciamos al fragor de una nueva sesión de besos.

A bordo de un confortable Airbus 320 de AeroMéxico, los saludo deseándoles Feliz Dia del Niño, de esa tierna criatura que todos llevamos dentro. Un abrazo.

Carlónimo -

Mis buenos amigos. Perdón, estoy de nuevo lejos de mi Patria querida, imposibilitado de concentrarme en la escritura. Pero si ustedes cuentan algo ¡Cómo deseo que lo hagan! pues ahora yo leo. Los extraño muchísimo a todos y necesito su abrazo, no me abandonen.

http://www.youtube.com/watch?v=AfGVAalCwwE&feature=related

Pascual -

Carlónimo, que pasa? Aquí te esperamos y te echamos der menos. Venga ya.

maricruz -

Carlónimo, después de años de leerte me he animado a escribir para felicitarte por tu gran creatividad y constancia y porque realmente mereces un reconocimiento aunque este sea sencillo pero muy sincero, de mi parte. Me fascinan tus relatos igual que tu forma de ser y tu persona que se plasman en ellos. Acerca de Antónimo, yo pienso que es una persona importante en este blog y que sus escritos tienen cualidades especiales porque abren espacios de discusión, de polémica y de alegría. De Verónica, convengo que se ha superado muchísimo y espero que continúe esforzándose para complacencia de todos los lectores porqu sus relatos son cada vez mejores. El resultado de todo este esfuerzo que tiene el sello personalísimo con que Carlónimo lo ha marcado, es magnífico y pienso que no hay otro blog que mantenga tanto orden, sentido y alta calidad de relatos como este “blog dentro de un blog”. Muchas felicidades y tengan la certeza de que yo les sigo leyendo.

Antónimo -

Hola chavas y chavos

Ahora si te fallé mi hermano, no pude escribir cuando estabas fuera pero es que ¡da coraje! Yo aquí chambeando y tú en Montevideo disfrutando con la Chivis ¡no se vale! Pero ya sabes a qué le tiras porque el gaucho si que es bravo ¿Te acuerdas lo que me dijo un día que comenté sobre los encantos de su “ñora”? “Por ella yo soy capaz de matar” ¡Ay güero! Imagínate, si se enoja el aludido rioplatense…

Y por cierto ¿cómo que pasaron la noche juntos y nada de nada? ¿Apoco…? Como si fueran de palo bien pegaditos el Carlónimo y la Chivis pero, eso sí, bien serenos. Para mí que la Yazmín Alessandrini ya entra al blog y es asidua lectora de los relatos porque si no ¿Cómo es que hoy publica lo que enseguida les cuento?

Bajo el título “Entre las sábanas” dice la güerita que “es una de las escenas más recurrentes de la vida cotidiana: Un hombre y una mujer cohabitan, coexisten y convergen en el único lugar del universo en donde probablemente no existe ningún tipo de diferencias entre ellos, en donde están de igual a igual, donde él está para ella y ella para él. Me refiero a la cama”

Agrega que “la sinergía y la dinámica que una pareja forja cuando coincide en tiempo, espacio y humor en la cama, son determinantes para que hombres y mujeres puedan alcanzar una empatía total cuasi perfecta o, de plano, sucumbir, naufragar y ahogarse como dos completos desconocidos”

Y se refiere después a varios tipos de conversación formal que, en mi opinión, son aplicables tan solo a aquellos que ya no tienen muy viva la tentación. Y después aterriza en el punto más importante: “Cuando nos adentramos en el terreno de la sexualidad, cuando ninguno de los dos está dispuesto a hacer concesiones, lo que suele hablarse entre las sábanas es prácticamente impublicable, porque pertenece al terreno de lo privado, de la apasionante complicidad que puede surgir entre un hombre y una mujer cuando estos deciden comunicarse a través del lenguaje más hermoso que existe: el amor”.

Y continúa la Yazmín diciendo: “Y hablar no precisamente significa emplear palabras para transmitir un pensamiento, un sentimiento, un deseo. No. En la intimidad lo mismo valen las palabras, las miradas, las caricias, los gemidos, los jadeos, los gritos, el desenfreno, la parsimonia, la ternura, la lujuria, ser complaciente, ser sumiso, ser dominante, imaginar, fantasear, jugar”.

Remata la güerita indicando que: “Entre las sábanas una pareja tiene carta abierta para hacerlo todo, sin censuras, inhibiciones (…) Entre las sábanas ¡todo se vale! Y permanecerá en privado”.

Así que, conforme al planteamiento global de Alessandrini, tan solo hay que responder objetivamente tres preguntas, para emitir un pronóstico sobre lo que pasó con Silvia y Carlónimo la noche que pernoctaron juntos en Montevideo.

1. ¿Silvia y Carlónimo tienen viva la tentación? Después de saber cómo se juntaron y se apapacharon, me parece que ninguno de ustedes pensará que ya se ven uno al otro sin sobresaltos, de manera que la respuesta lógica es: Sí.

2. ¿Los aludidos están dispuestos a hacer concesiones? Lo que equivale a preguntar si están dispuestos a perder una oportunidad tal vez única e irrepetible. En este punto yo consideraría que no, pues al sentir que alguna vez fueron facultados por Simón para tener un acercamiento erótico, universalizaron el permiso y lo aplicaron a discreción en su propio beneficio, llegando públicamente hasta la antesala del coito. Así que dispuestos, dispuestos, a desaprovechar la oportunidad… Pues, no.

3. ¿Existe algún tipo de complicidad entre los dos? La respuesta a esta pregunta es la más sencilla de todas si nos remitimos a la oportuna revelación de Carlónimo: “Luego me dio como acostumbra un suave besito en los labios, no de pasión sino de cariñosa complicidad”. De manera que la respuesta es: Sí.

Luego entonces, Silvia y Carlónimo: a) tienen viva la tentación, b) no están dispuestos a otorgar concesiones y c) mantienen un tipo de complicidad.

Una vez establecido el diagnóstico general y apoyándome también en el planteamiento de Yazmín, concluyo que esa noche no fueron tan limitados como para: “sucumbir, naufragar y ahogarse como dos completos desconocidos”, sino que más bien, “forjaron la sinergía y dinámica suficientes para alcanzar una empatía total cuasi perfecta”.

Así que, sólo resta determinar cuál fue el tipo de lenguaje que emplearon aquella noche. Y conociéndolos a los dos: Pues no creo que se hayan puesto a rezar el rosario.

“…esa noche no ocurrió nada más que haber dormido juntos, abrazados, uno al lado del otro”… Ahora sí que: ¿Y cuándo llega Santa Claus? ¡Chaleeee!

En cuanto a mi Vero ¡Ay piernudita preciosa!

“Antónimo: Es que la temporada primaveral si produce ciertos efectos afrodisiacos, así como el frío produce ciertos efectos depresivos, pero estas cosas son solo factores, para mí no es algo general, como tu dices: “El perico dondequiera es verde”. No hay sensaciones mas disparatadas ni fuertes que en otras temporadas… pero aun se siente la proverbial punzada…”

La proverbial punzada que me haces sentir cuando te tengo en mis brazos desnudita como llegaste al mundo ¡guau! Con ese temperamento candente que te sacude y hace que te abalances como pulpo, haciéndome entrar en los deliciosos encantos de tu intimidad.

El otro día que me pediste que te aplicara la lavativa hiciste que me encendiera como antorcha. Cuando te ví ataviada tan solo con un corsé menudito y tendida, colaborando para que te insertara la cánula en el coñito.

No me pude contener, por eso te levanté y, de perrito, disfrutando el fetiche de la manguera que tenías deliciosamente conectada entre las nalguitas, te penetré la vagina y nos perdimos los dos en un coito intenso, insólito, envidiable.

Ligamos tres piezas al hilo y hubiéramos seguido si no me quitas a empellones gritando: ¡Ya pinche Antónimo, que tengo el vientre que reviento! Se me pasó el tiempo, me distraje y ya llevabas como cuatro litros de agua engullidos.

No es mi culpa, preciosa, tus encantos me privan.

Carlónimo -

Concluida la auscultación, la preciosa chica permaneció acostada con la bata replegada hasta la cintura. En sus respingados glúteos se veían los rastros del lubricante con que le practicaron la molesta observación por vía rectal.

A pesar de su evidente cansancio fue respondiendo con mucha paciencia cada una de las preguntas que la doctora le formuló para terminar de integrar el expediente. Por último, le indicaron pasar al área de “atención general” para recibir una inyección y un enema que le aliviaría las molestias.

Vero se deslizó por la camilla y bajó los pies apoyándolos en la escalerilla auxiliar, hasta tocar el suelo. Se retiró la bata dejando a la vista un cuerpo en verdad escultural, al que poco a poco fue incorporando las breves prendas íntimas que imprimieron a la escena una mayor sensualidad.

Ya vestida, salió del consultorio y se dirigió al área de atención general muy resuelta, luciendo un estético pantalón azul marino bien ajustado, que denota la esplendidez de sus piernas y unas nalgas redondas muy bien forradas cuyo cadencioso balanceo delinea la imponente estructura y firme consistencia.

El paramédico de uno de los consultorios no le despegaba la mirada prendado de su belleza, con lo cual la preciosa paciente se sintió turbada por el descaro y la insistencia visual de que era presa.

Nerviosa, se registró y se sentó a esperar su turno. Cada vez que el descarado paramédico terminaba de atender a un paciente abría la puerta de su consultorio y miraba a Vero en forma por demás libidinosa. Molesta por el descarado hostigamiento, la chica estuvo a punto de retirarse, pero finalmente aguardó con la esperanza de que la asignaran a otro consultorio.

Cuando por fin la llamaron y le indicaron pasar justamente al consultorio de su obsesivo admirador, entró sumida en grave crisis y no sabía cómo reaccionar, pero al percatarse que el indecente paramédico la desnudaba con la mirada, ella se armó de valor y le dijo a la secretaria: ¡Por favor asígneme otro consultorio, pues no quiero que ese señor me atienda!

La empleada miró al paramédico como si con él se disculpara, torció la boca, entornó las cejas y le dijo a Vero: Siéntese señorita, por el momento los otros paramédicos están ocupados. La tuvieron ahí por más de media hora, hasta que finalmente la llamaron y le señalaron otra puerta.

Más tranquila, se puso de pie y caminó resuelta sin dejar de sentir que la observaban; llegó al consultorio alterno, abrió la puerta y saludó a la paramédico que en ese momento se encontraba montada en una escalerilla, de espalda, estirada, buscando un medicamento en la parte más alta de la vitrina, con lo cual tenía la falda, de por sí corta, montada casi hasta las nalgas. Sus carnosas piernas causaron a Vero un inevitable asombro.

Sin voltear a verla, la singular paramédico le dijo: ¡Un momento, linda, descúbrete las nalguitas y acuéstate, ahora estoy contigo, es que no encuentro el irrigador, pero de momento te inyecto ¡prepárate!

Como la enfermera siguiera buscando, Vero decidió plegarse a las indicaciones recibidas: se bajó el pantalón y la panty hasta los muslos y se acostó confiada; estaba contenta de haber podido evitar al libidinoso sujeto del consultorio vecino.

Por fin la paramédico se acercó y empezó a inspeccionarle el culito con singular insistencia; luego le dijo: A ver, yo te conozco, estas nalguitas tan bien formadas y esas piernas espléndidamente abastecidas. Eres… eres… Y asomándose para verle la cara gritó: Claro, la piernudita, muchas gracias Vero por exigir que sea yo quien te atienda

Eulogia tomó su arcaica jeringa, le acopló una monstruosa aguja de doble longitud reforzada, cargó el atoloso líquido y antes de que la acongojada Vero reaccionara, le hizo entrar el hiriente arpón haciéndola temblar, enjutarse de dolor y sufrir un incipiente desvanecimiento que por fortuna la libró de padecer en sus cinco sentidos el dolorosísimo ingreso de la sustancia.

Aún así, con las preciosas nalguitas retorcidas de pavor, los puños apretados, pataleando y emitiendo un chillante silbido equiparable al de una olla express, la valiente chica logró superar el ingente trago amargo, quedando flácida, desubicada, desconectada de su adversa realidad.

Con las pupilas flotantes, el habla mermada y movimientos vacilantes, volteó por fin a ver a Eulogia, quien le mostró a manera de trofeo la inhumana jeringa ya vacía y le preguntó muy seria: ¿Te acuerdas lo que el otro día me dijiste, burlona?

“y pues a ver si logra atraparme para “picarme mis nalgas” jaja… Saludos, pilla….”

Quien ríe al ultimo, ríe major ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja!!!!

La preciosa Vero se encontraba materialmente insensible, abatida, así que no opuso resistencia cuando Eulogia la colocó “en cuatro” y le separó los redondos mofletes. Estando a punto de sumergirle un “churro” de cánula por el recto, sonó un agudo timbre en el corredor, afuera del consultorio. Eulogia interrumpió la aplicación, cubrió a Vero con la bata, salió para saber lo que pasaba y regresó unos minutos después seguida por el director del hospital, tres médicos, un relator y un camarógrafo.

El director le explicaba: Nos han pedido un video urgente acerca de los servicios a la comunidad y estamos en busca de una persona que satisfaga físicamente los requerimientos: edad madura, sexo femenino, atractiva, robusta. Creo Eulogia, que satisfaces plenamente el perfil, por favor te ruego que cooperes con las autoridades sanitarias participando como paciente en el documental.

Será muy rápido, los doctores aquí presentes tan solo te aplicarán una inyección y una lavativa. Necesitamos una chica guapa que realice el papel de asistente, Alguien como… la señorita a la que estabas atendiendo, aquí presente. Señorita…

Verónica, me llamo Verónica

Señorita Verónica ¿le gustaría participar en el video vestida de enfermera?

Y así se configuró el cuadro para tener a la guapa y comprensiva Eulogia ataviada con un vestido de calle muy mono trepado hasta la cintura, la panty coquetamente replegada y su espléndido nalgatorio sensualmente expuesto, en consecuencia.

La jeringa que perfora, el amplio y sumiso culo que se estremece, el émbolo que corre, la sustancia que pasa por la aguja hasta el abombado cachete. La atractiva paciente que “disfruta” la buena atención casi sin moverse, la guapa enfermera muy sonriente y atenta que la conforta.

El relator del video, diciendo: “Los hospitales y clínicas de la Sanidad Pública prestando sus servicios de manera eficiente”

En una segunda escena aparace la encantadora paciente recostada en decúbito izquierdo con sus blanquísimas y extensas nalgas ofrecidas, bien paradas. La doctora le separa los pulposos cachetes y punteándole el botoncito rectal le inserta la espigada cánula que avanza poco a poco… suavemente.

No hay evidencias de dolor. Confiada y tranquila, la paciente coopera manteniendo su culito erguido y siguiendo las instrucciones de la guapa enfermera, quien sostiene la cánula y rectifica la posición, aplicándole a la paciente palmaditas esporádicas en las nalgas y en la cadera.

El relator se refiere a: “la preparación, el profesionalismo y la entrega con que el personal de los hospitales públicos cumplen su altruista labor en beneficio de la comunidad”

Terminada por fin la filmación, el director del hospital y sus ayudantes agradecen a los participantes, sobre todo a la sufriente Eulogia quien “se llevó las palmas” por su relevante papel estelar y salen del consultorio satisfechos.

La guapísima Eulogia, desnuda, se pone de pie, se masajea las protuberantes nalgas, se soba el glúteo izquierdo en el que aparece un terrible hematoma, enjuta el culín de manera intermitente buscando aliviar la molestia que le causó la ingente cánula y percatándose de la presencia de Vero en el consultorio, estalla un impresionante grito de protesta: ¡Pero… por qué yo, por qué yo, por qué, por qué, por qué…!

Abrazada de Vero, llorando en su hombro descargó poco su dolor y su molestia. Más tranquila, se plegó inclusive a que Vero le aplicara paños calientes en sus nalgas.

Ese día hicieron las paces y parece que Vero la está acompañando a escoger su traje de novia.

“…Saludos, pilla….”

Nota: El enema faltante, Antónimo se lo aplicó a la preciosa Vero ¡Ya nos contarán, pillos!

Verónica -

Carlónimo: Antes que nada, te mando un saludo enorme… Me consterna y alarma enormemente, saber que hay lectores recónditos aún… Ser sigiloso mata, ¡hace explotar!, dejemos escapar, vivir, el “ello” por un momento, pues es sano, jugar con nuestras fantasías en nuestros momentos de sosiego… Hay formas de ocultar la identidad y dar rienda suelta, lectores… no se dejen vencer ante nimiedades sociales… Carlonimo… oh mi buen amigo… si supieras cuan grato es encontrar ese cúmulo de palabras tan agradables, me haces sentir viva, y seguir soltando la locura de siempre, con su grado de observación y responsabilidad … Gracias por tus comentarios, me hacen más que sonreír, crecer… Vaya, has captado la escencia de mi relato, ¡pues nada se te escapa!... Hasta pronto, mi buen amigo, y si has encontrado algún crecimiento positivo, debo decirte que has tenido gran parte en ese logro… Saludos!!!!

Carlónimo -

Fe de erratas

Tercer párrafo: No pregunto “consternado” sino “gratamente sorprendido”

Que tengan un excelente fin de semana.

Carlónimo -

Muchas gracias por sus amables comentarios a Pascual, Hilda, Paty y Vero. Y también a los que leen y no dicen nada; y a los que prefieren enviarme textos por “email” que, yo me pregunto: ¿Por qué no los plasman aquí públicamente? Si lo que dicen encuadra perfectamente en el perfil del blog. En fin, yo los apoyo, a cada uno en su particular estilo y preferencia.

Respecto a tu pregunta, querida Paty, confieso que esa noche no ocurrió nada más que haber dormido juntos, abrazados, uno al lado del otro, lo cual para Silvia y para mí no fue poca cosa. Y espero seguir “volando”, es una figura en la que tú has insistido conmigo; y sé que lo haces motivada por el cariño. No sabes cómo te lo agradezco.

Querida Vero, cada vez que entro en comunicación contigo me pregunto consternado: ¿cómo pueden coincidir a tal grado la juventud y la madurez? A más del tinte poético que le imprimes a tus pensamientos y a tus relatos.

“El asomo de la sensualidad, por vía de la lealtad y la tentación”

La “lealtad” y la “tentación” como elementos de primer orden que condicionan el acceso al placer y que lo producen en función de su propio empalme. Ese es el punto que quise tocar en mi más reciente relato y que tú captaste a la perfección.

Y después nos regalas un bellísimo escrito atestado de inquietante sensualidad, pero de esa que no proviene tan solo de ver un cuerpo desnudo o de presenciar la aplicación de una simple intramuscular; sino de la compleja interacción de dos seres con una alta capacidad de abstracción, que buscan conformar las más excitantes estructuras mentales a partir de sus propios impulsos sexuales combinados. El hipocondriaco Arturo y la frágil Paola, cuyas particulares debilidades los sitúan, para su beneplácito, en el ansiado fetiche de las inyecciones. Preciosa Vero, no me canso de ponderar tu evolución y la forma en que aprovechas tus notorias capacidades.

Amigos, a veces me desespero porque quisiera hablar de muchísimas cosas, tengo la cabeza repleta de ideas y de escenarios, pero el trabajo profesional materialmente “me rapta”. Les pido que por favor me tengan algo de paciencia. Siéntanse queridos y recordados por el suscrito, es muy raro que deje de escribirles al menos una vez a la semana y espero mantener viva, como mínimo, esa cuota.

Y los que no están o que lo piensan demasiado: VENGAN SIN MIEDO NI PREJUICIOS A DIVERTIRSE.

http://www.youtube.com/watch?v=cgPqmRNjoTE

Verónica -

FE DE ERRATAS #2: y le iba propiciando masaje en el clítoris, el cual ya estaba bastante jugoso, proseguñia a buscarle el punto "g" dentro... PROSEGUIA ;)

Anónimo -

FE DE ERRATAS: describía con detalle como abría la jeringa, disfrutaba todo con paciencia, le decía como la iba llenando, cuantos mililitros iban

Verónica -

Arturo es un chico muy distinguido, inteligente, exitoso, y posee un físico descomunal que atrae a cuanta fémina se le acerca: su rostro de ojos grandes y de un amarillo verdoso, son expresivos, su nariz es pequeña y bien definida, y tiene esos labios con forma tan exquisitamente radical y mordible, que nadie se ha resistido a su itinerante forma de conquista…

Tiene el cuerpo de deportista que muchas chicas hermosas ansían en sus más recónditas sensaciones placenteras soñadas en sus fantasías. Sin embargo, a sus 30 años, no siente felicidad ni enamoramiento por ninguna doncella o concubina…
Solo, sentado con su libreta donde escribe sus sentimientos y poemas, comienza a remontarse a la razón de su soledad, a pensar como asechar a su próxima víctima, que quizá podría compartir con él, el resto de su vida…

Resulta que, desde los 15 años, se dedicó a enamorar a las chicas más bellas que encontraba, queriendo por supuesto establecer una relación seria, mas desde el principio se quejaba de dolencias inexistentes, a las cuales, en primera instancia, las chicas reaccionaban con preocupación y fervor, apoyándolo y cuidándolo como a un hijo, pero cuando se extendían demasiado, ellas perdían el interés y la credibilidad en tales circunstancias, pues no entendían la verdadera intención y lo dejaban solo de nuevo, tirándolo del loco hermoso que somatiza…

Y es que el infeliz Arturo deseaba que esa comprensión y ese seguimiento se prolongaran eternamente. Cuando conoció a Alicia, hace ya bastantes años… Se dedicaban a compartir experiencias, y sus vidas enteras, pero una vez, mencionó que tenía anemia, por supuesto, falsifico estudios médicos que respaldaran su afirmación, y le dijo que debía ponerse una serie de inyecciones de hierro, muy dolorosas por cierto, y añadió que, de faltar al tratamiento, podrían darse complicaciones muy fuertes. Así comenzó el truco: Él se negaba a aplicarse el tratamiento, y lógicamente, la bella chica que encontró en el, todo lo que siempre había soñado, lo obligaba, y lo exhortaba a aplicarse todo el tratamiento, y el, con sus berrinches fingidos, cuando terminaba dicha invención, sacaba a flote un nuevo achaque, pues le gustaba tener una bella testigo de sus piquetes tan dolorosos… de la hipodérmica a punto de perforar su perfecto y enorme trasero, sentir el ardor interminable de la dolorosa sustancia, y sentir a la chica acariciándole la espalda o las manos, con palabras tan bellas…. Que se sentía respaldado, y luego, los masajes consiguientes a solas que ella siempre le prodigaba, aplaudiendo su valentía, y recordándole las penurias que le faltaban para estar sano, esos episodios eran para él, el paraíso… Cuando el tratamiento llegó a su fin, dejó pasar un par de meses, pues quedó con dolorosas marcas plasmadas, sin embargo, esto no fue un impedimento para continuar la deliciosa farsa e inventar un resfriado… luego una infección estomacal, y así sucesivamente, hasta que, la bella chica se daba cuenta de la falsedad de tales artilugios, sin reparar en la verdadera naturaleza de sus achaques.
Y así sucedió con la siguiente, y muchísimas chicas más que ya ni podía contar con los dedos… Hasta con sus amigos, le encantaba llevar victimas, porque el añoraba el apoyo moral… En la clase de “farmacología”, siempre se ofrecía para las prácticas de punciones, y todos se enseriaban realmente al ver tan bellas carnes ejemplificadas.

Pero el añorado fetiche tarde o temprano fue bien sabido por todos, hasta que conoció a la bella Paola, de cabello castaño larguísimo y ojos oscuros enormes, como de un ángel, y su cara tan pequeña y sus huesitos tan delgados y frágiles hacían un raro contraste con sus enormes senos y nalgas…
Con Paola llegó al éxtasis, al amor, y al altar…. Con ella compartía sus dolencias (las cuales si eran reales), era muy enfermiza, al menos una vez al año tenia achaques fuertes debido a su asma… él se ofreció a aplicarle cuanto tratamiento se le ofrecía, que, casi siempre era penicilina… ella aprendió a inyectarlo a él, para su “anemia”, y así congeniando, llegaron los dos al mundo de la fascinación, del más allá de un simple y apagado sexo..
Cuando Arturo levantaba su frágil vestido o falda, le retiraba la pantaleta, la acostaba en sus piernas, y con el trasero ya al aire, describía con detalle como abría la jeringa, disfrutaba hasta todo con paciencia, le decía como la iba llenando, cuantos mililitros iban, que no le iba a doler porque el estaba ahí apoyándola, y luego se tardaba en buscar el alcohol, y luego se le perdían los algodones, era un rito de horas enteras, así como la aplicación misma que anunciaba una y otra vez, hasta que se volvía desagradable tanta charla, por fin pinchaba el delicado, blanco y firme cachetito, que temblaba del impacto, y procedía con una aplicación lentísima, y ella se quejaba, y lloraba, y el enjugaba sus lágrimas y le iba propiciando masaje en el clítoris, el cual ya estaba bastante jugoso, proseguñia a buscarle el punto "g" dentro de la vagina con una mano, y con la otra, seguia aplicando el medicamento, aunque ambos se retorcían de placer, jamas apresuraban el sensual coqueteo, sino lo aplazaban, porque sabían que la explosion seria mayor...y asi, lentamente el liquido terminaba de entrar, el masaje duraba mas de lo debido, y la chica adolorida tremendamente, se aguantaba el dolor para proceder acostarse boca arriba y recibir a su chico, desnudarlo, y meterse el pene en sus entrañas, y reventar de placer ambos, y silenciosamente llegar al éxtasis en el cual ya no podían ser mas silenciosos, y cambiar de posiciones, sin que le doliera la reciente inyección, y llegar juntos al climax….. y besarse, abrazarse hasta quedarse dormidos….

Verónica -

Buen día a todos…
Al fin restaurándome de las vacaciones… Y Con una carga interminable de trabajo… La cual se aminora con el bello pensamiento de los cuatro días tan ansiados y formidables en las bellas playas de Cancún al lado del buen Tony… Un poco de Deporte playero por las noches… un poco de caminata romántica, y sacándonos con desesperación la “fruta de la piñata”. Cenas, Bailes… Con el cachondeo latente… Las inyecciones que te apliqué con tanto fervor ante tus nervios disfrazados de desaires de macho… Los larguísimos y prolongados retozos de madrugada… Las pláticas tan extendidas y siempre con ese tinte cultural e imprimiéndole buen humor a todas las cosas…Todo un sueño…. Tú me haces volar… El solo se recuesta plácidamente entre los crepúsculos, sus palmas son la cresta de las montañas polares y sus plateados tumultos...

Y bueno, me remonto un poquito a los escritos anteriores para comentar al respecto:
Antónimo: Es que la temporada primaveralsi produce ciertos efectos afrodisiacos, así como el frío produce ciertos efectos depresivos, pero estas cosas son solo factores, para mí no es algo general, como tu dices: “El perico dondequiera es verde”. No hay sensaciones mas disparatadas ni fuertes que en otras temporadas… pero aun se siente la proverbial punzada…

Carlónimo: Me gusto mucho tu relato de Teresa, todo un enredo y un caos… sin perder tu distinguido y sublime matiz: disfruté sobremanera cada palabra con gran gozo y wow!! Un aplauso por tu gran imaginación y habilidad de aplicar el extra. El relato de Silvia, más que sensual, fue un disfrute para mi… cada acción tan atinada, tan sigilosa, como dicen en mi pueblo: el desborde de sensualidad se asomo “bajita la mano” por la lealtad y tentación presente… Un saludo grande….

Paty -

¿De verdad no llegaron a más estando toda la noche acostados juntos? Sigue volando Cartlónimo, me encantas.

Hilda -

Carlónimo, qué precioso relato nos compartiste, todos son muy buenos pero este de Montevideo está súper lindo y es uno de mis favoritos. Qué gusto tenerte con nosotros!!!

Pascual -

¡Hostia! Está buenísimo tu relato Carlónimo, bueno, intenso, tierno y muy pero muy erótico. Valió la pena esperarte, gracias y sigue escribiendo!

Carlónimo -

Mi reciente viaje a Montevideo

Hace unos días estuve, por razones de trabajo, en Montevideo, Uruguay, una ciudad-puerto muy hermosa situada a la vera del Rio de la Plata.

Después de participar en una reunión de corporativos, me regalé una deliciosa tarde de ocio y me fui a pasear por el precioso distrito Punta Carretas, donde disfruté el pintoresco barrio y entré a comer al Tryp Hotel, un sitio bastante conocido en aquella zona.

Mientras degustaba un refrescante vodka tónic, miré hacia el corredor con rumbo al loby donde llamó mi atención una preciosa chica que transitaba garbosa y me paralizó con sus encantos corporales.

De pronto, como si algo hubiera olvidado, la joven se detuvo bruscamente, dio media vuelta y terminó de impactarme, haciéndome saltar el corazón de asombro ¡Vaya… no puede ser!

De un brinco me puse en pie y corrí a su encuentro pero… estando a punto de alcanzarla cambié de opinión, volví a la mesa, tomé mi celular y marqué: ¡Hola! ¿eres tú, Simón? Entiendo tu sorpresa… no es mi intención importunarte pero… Bueno, pues voy directo al grano: Resulta que estoy en Montevideo, justamente en el Tryp Hotel y desde el restaurante he visto a Silvia, tu bella esposa caminar por el corredor. Me parece que el destino me ha puesto en posibilidad de saludarte y tal vez hasta de tomar una copa contigo ¿Por qué no acordamos…

Espera, Carlónimo, te entiendo y agradezco tu iniciativa que, por lo demás me llena de gusto pero, resulta que yo no estoy ahora en Montevideo, sino en Buenos Aires. Es Silvia quien está allá por haber asistido a un congreso de arquitectos.

Así que no será posible que yo te vea pero… si tenés la oportunidad de ver a Silvia y de tomar la copa con ella… Adelante. Vos sabés que: “Una sola persona merece mi permiso para pensar en ella y esa persona sos vos”. Así que ahora mismo le llamo y le informo que estás en el mismo hotel y me harás el favor de cuidarla y hasta de… Claro, ella te lo dirá seguramente y tú me harás un gran favor con ello… Resulta que no se quiere aplicar una inyección que le toca el día de hoy, de la cual ya le empecé a aplicar el tratamiento, pero contigo estoy seguro que accederá. Me ayudarás hasta por el hecho de que, en tu ausencia he tenido que “cargar con las preguntas y el dolor de mi esposa, que te extraña”

Oye Simón, le contesté, considera que… ¿Simón? Alóoo… ¿Simón?

Desconcertado, guardé mi celular y me desplomé en la silla, respiré profundo, dí un sorbo a mi copa y sentí el teléfono vibrar: ¡Alóoo! ¿Silvia? Oye, yo no quería… Un momento preciosa, no lo tomes así, por supuesto que me daría mucho gusto verte pero es que… Sí, claro me lo ha dicho Simón y se lo agradezco, y a ti también pero…

De acuerdo Silvia, estoy en el restaurante, te espero.

Así empezó para mí una sorpresiva, inusual y maravillosa experiencia que ahora procedo a compartirles.

Media hora después llegó la sensualísima Silvia con un vestido amplio y corto, tan guapa y tan sonriente que era un espectáculo verla. Me puse de pie para recibirla y se abrazó de mí con un garbo tal que me hizo sentir mucho más que un simple amigo; luego me dio como acostumbra un suave besito en los labios, no de pasión sino de cariñosa complicidad.

Por un momento me permitió contemplarla de cuerpo entero haciéndome exclamar ¡Vaya escultura estás hecha, porteña preciosa! Y se sentó a mi lado diciendo: ¡Carlónimo, qué grata sorpresa, jamás imaginé encontrarte y me hacés sentir un gran placer al verte!

Simón ha dejado de hablarme de ti y por más que le pregunto, sólo me responde lacónico que vos estás muy ocupado trabajando y que no se han visto. Te he extrañado mucho, así que ya imaginarás lo que sentí ahora que me llamó y me ha dicho que vos me esperabas aquí ¡Vaya sorpresa!

Ordenamos la comida y poco a poco fuimos entablando una interesante conversación sobre la vida matrimonial de mis buenos amigos, de la cual infiero que el amor que se profesan no sólo se ha mantenido sino incrementado exponencialmente con el tiempo. Entre otras cosas, la encantadora Silvia se refirió al egregio placer de la medicación intramuscular que regularmente se procuran Simón y ella, y que utilizan como un magnífico fetiche para aderezar su espléndida relación marital.

Emocionada, me decía: cuando Simón me tiene postrada con el culete al aire y me lo pincha haciéndome sentir el más excitante dolor… O cuando yo lo veo a él acostado boca abajo, resignado a recibir en sus nalguitas el ardiente martirio; los dos nos adentramos en una excelsa aventura que nos lleva al orgasmo y que hace que nos amemos pero como unos verdaderos locos…

Fue tanto lo que hablamos que casi no comimos. Después de dos horas, con los platillos prácticamente intactos, tan sólo disfrutando nuestra mutua presencia y degustando sendas copas de vino uruguayo, hubo un instante en que los dos nos quedamos mirando en silencio, como si nada en el mundo existiera más que Silvia y Carlónimo y la posibilidad de disfrutar un momento común en relativa libertad.

El corazón nos latía aceleradamente. La invité a salir conmigo y ella me contestó: ¿por qué negarnos unas horas de cercanía después de haberlas deseado tanto? Así que nos fuimos a caminar por el centro de la ciudad y después a bailar en el famoso bar El Farolito, enclavado en la ciudad vieja.

Es un lugar muy pintoresco con paredes de ladrillos pintados en contrastantes colores, fotos y pinturas de tango, e iluminación íntima.

Ensimismados, nos entregamos a vivir la música y a desentrañar el misterio de nuestros cuerpos entrelazados. Con las mejillas pegadas, girando y avanzando con el inconfundible protocolo del tango porteño, renunciamos a todo lo que no fuera la encantadora Montevideo, abierta por unas horas al disfrute de dos grandes amigos que sin traicionar a nadie, se sienten muy cercanos uno del otro.

Así pasamos varias horas, no se cuántas, ni sé por qué regresamos al hotel, nos refugiamos cada uno en su habitación para ducharnos y volvimos a reunirnos en el bar para seguir conversando.

Ahí mismo me pediste que te inyectara y nos fuimos a tu habitación donde preparé la ruda jeringa mientras te contemplaba eróticamente ataviada con un delgado camisón en tonos lila, bajo el cual no llevabas nada que no fuera tu cuerpo, tus ardientes y armoniosamente curvadas formas femeninas, que me mostraste con toda esplendidez y naturalidad.

Cuando te inyecté por primera vez en aquel salón de fiestas del Colegio de Ingenieros en Buenos Aires, no dejé de admirar y de solazarme con tu belleza. Pero esta vez fue diferente, los dos estábamos tranquilos con el tiempo y las circunstancias a nuestro favor.

Por si eso fuera poco, llevaste un bálsamo a mi conciencia recordando la forma en que tu amado narró el primer pinchazo diciendo: “La llevé casi arrastrando y cuando abrí la puerta y Carlónimo y ella se vieron mutuamente, ambos comenzaron a decir algo que yo interrumpí con un “No nos podemos ausentar los dos de la fiesta” y dejándolos solos, cerré la puerta y salí (…) Espero que lo hayan disfrutado los dos”.

Me hiciste pensar también en el momento que el propio Simón dijera: “!Ah, Silvia elogió tu mano: me dijo que se dejaría pinchar por vos muchas veces más!”

Siendo el escenario enteramente nuestro, de Silvia y de Carlónimo, con la comprensiva anuencia de Simón, nos entregamos al disfrute de tan insólita experiencia. Cuando palpé tus preciosas nalguitas, querida Silvia, sentí tu cuerpo que se colapsaba, percibí tus suaves lamentos por el erótico placer. Retorcías el culito y me suplicabas: ¡házlo ya Carlónimo, vos no sabés cuánto lo estoy deseando!

La aguja traspasó tu elástico cachete, resbaló suavemente y se detuvo marcando el sensual hoyuelo, al tiempo que temblabas y apretabas la deliciosa rajita del culo. Cuando la sustancia empezó a ingresar iniciaste un sensual jadeo que se fue incrementando y que no cesó cuando retiré le jeringa y empecé a procurarte el masaje final.

Al contrario, gemías y te sacudías implorando: Ofrecéme, Carlónimo, unos mimos que me recuerden a Simón, te lo suplico…

Igual que la primera vez, llevé mis dedos a tu vagina y los deslicé por todo el borde para después dirigirlos al clítoris y estimularlo con suaves movimientos circulares. Al percibir que gemías y te sacudías cada vez con mayor violencia, te acerqué mis labios a la vulva y emprendí el estímulo lingual que te llevaría muy pronto al orgasmo.

En ese momento interrumpiste mi intención gritando: ¡No, Carlónimo! ponéte en pie, vení, vení, recordá las palabras de Simón: cuando te dijo, después de la fiesta: “Lo que me tiene un poco preocupado es si vos pudiste finalmente satisfacer tus propias necesidades. Te confieso que ahora, leyéndolo en tu relato, me siento un poco culpable porque tanto Silvia como yo fuimos un poco egoístas; disfrutamos y en medio de la vorágine no pensamos en satisfacerte a vos”.

Así que, vení Carlónimo, permitíme tocar por primera vez tu intimidad: Al ponerme de pie, la encendida Silvia me soltó el cinturón a jalones, hizo caer el pantalón así como la trusa hasta quitármelos; y empezó a palparme con desesperación el tirante pene y la base de los hinchados cojones hasta hacerme enjutar y gritar de placer, al tiempo que ella se revolcaba por el estímulo que le aplicaba en la vulva y el ano.

Cuando los dos estuvimos a punto, ella gritó: ¡Carlónimo, ya! Ponéme tu leche muy cerca de los sitios donde procede meterla. Así que tumbándome encima de ella, le coloqué mi pene a lo largo de la raja del culo. Al sentir cada uno la estrecha cercanía del otro, estallamos los dos un exorbitante orgasmo, quedando nuestras partes íntimas bañadas en lo exterior por los íntimos efluvios que no cesaban de brotar y de estremecernos hasta hacernos gritar de emoción.

No pude evitar abrazarla y apretarme contra su cuerpo mientras ella se tallaba contra el mío. Luego me dijo suplicante: Metéme la leche, metéla con tus dedos como ducha vaginal y lavativa… Me monté a horcajadas en sus torneadas piernas y le fui introduciendo con mis dedos el espeso semen por el recto y en la enrojecida grieta vaginal, hasta percatarme que no quedara una sola gota afuera.

La sensualísima Silvia gritó y se revolcó para celebrar varios orgasmos sucesivos, uno tras otro, bramando y retorciéndose, hasta quedar materialmente extenuada, momento en el cual me jaló del talle, me abrazó posándome dulcemente a su lado y se quedó dormida profundamente.

Permanecí muy quieto, tan solo observándola, disfrutando su grata presencia; luego me puse de pie, le cubrí el cuerpo con la sábana y me retiré discretamente a mi habitación.

Después de haberme duchado, me enfundé el pijama y entré por fin en la cama. Empezaba a conciliar el sueño cuando unos suaves golpecitos en la puerta me hicieron levantar y abrir con aire vacilante.

Era la preciosa Silvia vistiendo un monísimo baby doll. Me dijo: No puedo ni quiero dormir sola hoy, permitíme pasar la noche con vos, para sentirme en ti más cerca de Simón.

Entramos los dos en cama, me tomaste de la mano, giraste el cuerpo ofreciéndome tu espalda y nos dormimos sin saber más, hasta el otro día.

Muy temprano me duché y cuando Silvia despertó le dije: Preciosa, te espero para desayunar juntos. Una hora después estábamos en el restaurante donde emprendimos una interesante conversación sobre la arquitectura y sus nuevas directrices latinoamericanas.

Después la acompañé hasta el centro de convenciones, nos despedimos con un suave beso en los labios y me fui muy pensativo en taxi, hasta el aeropuerto.

Carlónimo -

Se acuerdan de Teresa, “una bella cuarentona, espigada, casi flaca pero sensual, con piernas suculentas y unas nalguitas muy atractivas” de quien les conté un suceso el 26/03/2009?

En aquella ocasión Virginia, empleada de una boutique venida después a enfermera, la inyectó y le aplicó una lavativa, pero en ese proceso cobró venganza de que por intercesión de ella (de la propia Teresa) había sido despedida de su empleo anterior en la boutique.
Después de pasar algunas tribulaciones incluida la posibilidad de haber sido violada bajo los efectos de un somnífero que subrepticiamente le aplicara Virginia, en su parte final dice el relato que Teresa: “Se vistió muy aturdida con la cabeza llena de conjeturas, y sumamente desconcertada se retiró a su casa”

Aquí retomo el relato contándoles que, una vez en su hogar, Tere se desnudó y recorrió con cuidado todo su hermoso cuerpo encontrando que tenía posibles residuos de esperma en los glúteos, la vagina y el rostro. Entonces telefoneó al médico del hospital que la había auscultado y le manifestó su sospecha.

El médico, a quien Tere había excitado con sus encantos, la hizo acudir inmediatamente al consultorio y le revisó palmo a palmo su espléndido cuerpo concluyendo, después de una severa manoseada, que lo que tenía adherido a la piel no era esperma, sino residuos de gel lubricante que posiblemente la propia Tere llevó desde sus glúteos al rostro en movimientos involuntarios mientras dormía.

Teniéndola acostada boca abajo, en tanto le daba unas cariñosas palmaditas en los glúteos para “tranquilizarla”, el médico le dijo: De cualquier forma, no te preocupes linda, mañana vienes conmigo y yo mismo te aplico el tratamiento.

Al otro día, en efecto, Raúl (el médico) la recibió, la desnudó y poniéndola en cuatro le insertó una pequeña cánula en el culo procediendo a irrigarle los intestinos. Luego la inyectó con gran maestría y, en menos de media hora, la preciosa Tere ya se encontraba vestida y encantada del eficiente trato recibido. Así que en los días siguientes acudió gustosa al consultorio de aquel médico para terminar el tratamiento.

Pero, por una parte, la encantadora paciente se fue aficionando a los mimos y caricias que el habilidoso facultativo le prodigaba y, por otra, la vengativa Virginia, quien miraba con recelo lo que pasaba entre Tere y Raúl, preparó una artera trampa que, en la tercera sesión del tratamiento, puso en práctica.

Estando la preciosa Tere empinada recibiendo el íntimo lavado gástrico mientras el médico ponderaba su excelsa belleza y le acariciaba las espléndidas nalgas, ya no pudo controlar sus carnales impulsos y después de sufrir un intenso orgasmo, empezó a jadear y a oscilar el culito, a lo cual el médico respondió besándoselo y manipulándole el clítoris sin ningún recato.

Terminada la aplicación, sin dejarla reaccionar, Raúl la abrazó, le empalmó sus labios, indujo el inicio del coito, la montó y finalmente la hizo suya. Después se quedaron muy quietos mirándose con rostro inexpresivo, cara a cara.

La preciosa Tere no pudo asimilar emocionalmente el suceso. Se incorporó extrayéndose lentamente el pene de la vagina y, al ver a su amante sonreir de satisfacción, le propinó una estruendosa cachetada. Llorando amargamente se vistió como pudo y salió corriendo hasta refugiarse en su domicilio donde se tiró sobre la cama y continuó llorando, pataleando y manoteando por varias horas, sin poder contener el llanto.

Pero lo peor estaba por venir, pues la cruenta venganza de Virginia consistió en fotografiar secuencialmente tanto la terapia como el coito del médico con la paciente. Y al otro día le hizo llegar las fotos al marido de Teresa.

Éste, un hombre tranquilo y reservado, había sorprendido la noche anterior a su mujer en plena mortificación llorando con gran amargura. Después de escucharla y de recibir su entera confesión, le dijo: no te preocupes mujer, tu apertura a contarme con todo detalle lo ocurrido, así como el tamaño de tu congoja, me hacen ver que se trata de una lamentable debilidad, estimulada por ese médico corrupto y sinvergüenza.

Poco a poco la fue tranquilizando hasta que ella, plena de amor y de gratitud por el noble proceder de su marido, se abrazó de él con desesperación, lo empezó a besar y a estimular sexualmente, hasta ponerlo al rojo vivo y hacer que la disfrutara. Tras el coito, desnuda, eufórica, agitada, se abrazó nuevamente de él y lo besaba jurándole amor y respeto eterno.

Así que, al otro día, cuando Mauricio, el buen marido de Tere, recibió las obscenas fotografías y observó el precioso cuerpo desnudo de su esposa involuntariamente entregado al infecto disfrute de aquel deshonesto facultativo que la acariciaba y besaba con putrefacto deleite, permaneció inmóvil pensando, luego respiró profundamente y actuó en consecuencia tomando el fajo de fotos, introduciéndolo en un sobre y enviando éste para entrega personal e inmediata a la esposa del indecente médico.

Olga, la esposa de Raúl, una mujer muy bella dedicada por completo a su vanidoso arreglo personal, miró despreocupadamente las fotografías, torció la boca con desdén, se acicaló y, quince minutos después se encontraba en brazos de su amante, un joven muy atractivo que en ese momento la sometió a la más ardiente terapia de amor, haciéndola gritar y rizar de placer.

Estremecida, con las nalgas todavía enjutas, apretadas por el espectacular orgasmo conseguido, abrazó a su atlético mocetón y le dijo: ¡Por fin viviremos juntos, Mario. Ya tengo la justificación para conseguir el ansiado divorcio!

Esa misma noche, Olga se desnudó por última vez enfrente de Raúl. Se dio un duchazo, después se secó en su presencia todo el cuerpo con movimientos muy sensuales: los erguidos senos, el pubis, las nalgas, las piernas y el ensortijado cabello.

Cuando Raúl, excitado por el soberbio espectáculo, la abrazó con ansia de poseerla, ella giró bruscamente el cuerpo esquivándolo y le aventó a la cara un duplicado de las comprometedoras fotos recibidas, diciéndole: ¡Asqueroso cretino, te tengo por fin con la soga al cuello,!

Al ver aquellas pruebas inapelables de culpabilidad, Raúl sufrió un súbito desvanecimiento, rodó por el suelo y se quedó tirado por un momento. Olga le puso su pie derecho debajo de la barbilla diciendo: Eres una verdadera inmundicia y, como tal, te echo ahora mismo a la calle !Lárgate, me das asco!

Las súplicas y juramentos del acusado fueron enteramente ignorados. Puesto de rodillas, humillado, recibió la sentencia final: ¡A la chingada, pinche bazofia!

Al otro día, el atlético Mario llegó y se instaló para vivir al lado de Olga, al tiempo que Raúl se fue muy triste para continuar dedicado a su profesión.

Pocos días después llegó Tere a verlo por un leve padecimiento gástrico. Después de aplicarle una inyección intramuscular, teniéndola aún acostada con el espléndido culito totalmente expuesto y esponjado, mientras le aplicaba el sensual masajito final y le acariciaba las nalgas, Raúl le preguntó: ¿Por qué has vuelto después de lo ocurrido?

Tere repuso: Porque te extraño, Raúl, y porque ya no aguanto el suplicio de vivir con el idiota de mi marido.

Emocionados, sellaron su mutua admiración con una ardiente cópula.

Pascual -

Hombre pero escribe algo que no te cuesta nada Carlonimo, llevas dos semanas en tierra.

Carlónimo -

Querida Paty, eres un amor ¡Que viva también Honduras! Y Tamaulipas ¡Norteña preciosa!
http://www.youtube.com/watch?v=0gmlSBTeGyw

Paty -

Para que te sientas en tu patria, Carlónimo querido.
http://www.youtube.com/watch?v=fATzZ8DDYJo&feature=related

Paty -

Regresa pronto Carlónimo, se te extraña. Te mando un beso.
http://www.youtube.com/watch?v=glV8AN-saRA&feature=related

Carlónimo -

Mis buenos amigos

Estoy fuera de mi Patria querida y seguiré estando unos días más. Entraré diariamente al blog para ver si ustedes comparten algo, pero se me dificulta por el momento escribir. No crean que los olvido. Al contrario, los llevo en el corazón. A ver si Antónimo puede escribirles algo.

Un abrazo.

Antónimo -

Hola chavas y chavos

Ya es jue-bebes hay que ir pensando en el “weekend” como decía la Moni ¿Se acuerdan de Mónica? ¡Guau! Qué tapatía más preciosa, hasta se me paraliza el pen-samiento.

No mi Vero, no te enojes tú sabes que eres mi única y la mujer de mis sueños eróticos, lo que pasa es que la primavera entró cañona y en cuanto arrecia “la calor” como dicen en la tierra de Carlónimo, se alborotan los instintos y nos ponemos bien candentes.

A eso se refirió ayer la Yazmín Alessandrini, vean ustedes y juzguen lo que dijo.

Bajo el sugerente y coloquial título: “Como burr@ en primavera”, la güerita comenta que la primavera “resulta ser una época donde hay que poner especial atención en menesteres relacionados con la sexualidad. No es secreto que apenas inicia la primavera y muchos de ustedes comienzan a sentir un inexplicable aumento en su deseo sexual, incluso muchísimas personas (hombres, mujeres, jóvenes, adultos… todos por igual) se alarman porque están más calenturientos que de costumbre ¿Hay alguna razón que explique de manera sustentada, científica, biológica o psicológica, por qué nuestra líbido se dispara hasta las estrellas”

Y hasta brinca la Yazmín cuando ofrece su explicación: “¡Por supuesto que hay una respuesta totalmente lógica a esta situación! Así que no se asusten ni se alarmen (…) pero es de trascendental importancia que actuemos con total congruencia y no dejarnos llevar por nuestros instintos como suelen hacerlo la gran mayoría de los animales”.

Y dice que en primavera: “nuestro cuerpo está expuesto un mayor número de horas a la luz solar, por lo que experimenta un incremento en su temperatura, lo que incidirá en que a través de nuestra actividad cerebral se acelere la producción de hormonas como la melatonina, la serotonina, las feromonas y otras más que detonan un dramático disparo en los niveles de aquellas que participan directamente en nuestra conducta y deseo sexuales”

También afirma que: “Este fenómeno se verá apuntalado por una lógica proclividad de hombres y mujeres a que utilicen prendas de vestir más ligeras y, por lógica, nuestra líbido también registrará un repunte porque nuestros ojos captarán imágenes de una estética llamativa o excitante como pueden ser una chica en minifalda, con una blusa o vestido de escote generoso, o un hombre con una camisa desabotonada, con pectorales desarrollados y pelo en pecho”

Remata la Alessandrini invitando cordialmente: “¡A gozar de la primavera!”

¿Qué opinan ustedes? Yo creo que “quien es perico, dondequiera es verde”

Mi Vero, por ejemplo, la hubieran visto en el frío invierno cuando estábamos de vacaciones. Nada más oscurecía y ya quería llevarme a la cama ¡Ven Antónimo, que tengo frío! Y después de abrazarme y cachondearme, me desnudaba, se desnudaba y ¡papas! Así varias veces durante la noche, luego “el mañanero” y ya levantados preparaba unas buenas tazas de café, nos sentábamos a ver una película y enseguida me ponía la manita en las piernas, las deslizaba juguetonamente y palpándome la salchichita botanera, me la convertía en salchichón de cantimpalo ¡Estás caliente Antónimo, es peligroso que te quedes así! Se me montaba ofreciéndome sus nalguitas, yo las palpaba, le bajaba la panty y ¡prau! Así todo el día y toda la noche ¡Qué calor ni qué frío ni que la manga! Mi regiomontana es cachonda todo el año.

Pero no dudo que el calorcito primaveral también tenga su natural efecto. Ya ven a Carlónimo el otro día que vio llegar a su “secre” Giovana con una de esas falditas que ella acostumbra modelar en primavera, enseñando tremendos chamorrotes y “trasparentando” tamañas nalgotas.

Cómo puede mi hermano decir, así con aire ingenuo: “…después del saludo permanecimos inexplicablemente abrazados, ella de mi cuello, yo de su cintura y nos miramos por un momento”

Así que “inexplicablemente” hermanito. Y fue también inexplicable que le metieras mano y te la llevaras al motel. Y dices que estando ahí “Parecíamos preguntar: ¿dónde estoy y cómo se dio esta inesperada situación?” ¡A qué mi hermano tan inocente!

Y la Giovanna dirá que no sabe por qué “se terminó de bajar ella misma la dilatada pantaleta hasta los muslos, empinó el suculento trasero y lo suavizó invitándome a irrumpir en el fondo de su ardiente raja”.

No entiende cómo fue que al sentir el pito de Carlónimo en posición de “ataque rectal, ella se apalancó bajando los codos a la superficie de la cama y permaneció muy quieta, expectante”.

No, si les digo que la primavera entró cañona.

Ahí está también la experiencia de Marce. Cómo ven eso de que: “caro se puso un vestido pegadito al cuerpo y yo una minifalda y asi logramos que nos voltearan a ver”

Andaban ya calentonas las dos chavas.

Entonces Rodrigo, cuando Marce le informa que no tiene traje de baño:

“se empieza a desabrochar el pantalon y a sacarse la camisa. que esperas.. vamos quitate la ropa o pretendes que yo te la quite”

No si ya estaba bien “tirante” el chavo. De manera que siguieron adelante hasta que sacaron toda la potencia y ya “Después, sobrevino la calma. El cenit lunar los sorprendió tranquilos, melosos, satisfechos, invocando cada uno en su interior aquel delicioso encuentro”.

Sale sobrando la recomendación de la Yazmín de que:

“¡A gozar de la primavera!”

Estos ya la están gozando en grande y les vale gorro la otra recomendación de Alessandrini, esa de:

“no dejarnos llevar por nuestros instintos como suelen hacerlo la gran mayoría de los animales”.

A ver qué más hacen estos calenturientos. Yo, por mi parte, ya quiero estar con la Vero, pero de una manera muy civilizada. No soy tan salvaje y arrebatado como Carlónimo.

Verónica -

Hola chavos… Les escribo así de rapidín…

Carlónimo: Gracias por seguir escribiendo con la sensualidad que te caracteriza, me queda claro que eres una estrella de la literatura, y por ese motivo te admiro sobremanera. Me encantaron los últimos relatos, la expresión lírica que manejas es absolutamente bella, espero que un día de estos, la sensual Giovana tenga el placer de ser inyectada, saludos…

Marce: Felicidades por tu relato, me encantó el suspenso que manejas, la determinación y la solidez, además fue bastante sensual, espero que sigas participando de esa manera…un saludo muy grande…

Carlónimo -

Querida Elisa, gracias por hacerte presente. Tu eres un personaje estelar por propios méritos, yo sólo te he descrito como te veo. Es tanto lo que me inspiras…

Continúo el relato sobre Marce.

Así permanecieron un buen rato, abrazados, reflexivos, compartiendo el erotismo de la inyección en las sensuales nalguitas de Marce: El miedo; el dolor; la ofuscación; la emoción de ser observada; de encontrar a un delicioso cómplice y desahogar con él toda la energía acumulada; fueron algunos de los factores que envolvieron a los cálidos amantes. Después, la encantadora Marce, debilitada por su padecimiento se quedó tiernamente dormida y Rodrigo se retiró para dejarla descansar tranquila.

Al otro día muy temprano llamaron de la administración del hotel: “¿Señorita Marcela? Buenos días, vienen a inyectarla”. El corazón de Marce empezó a palpitar muy fuerte; evocó la imagen de su amado preparando la ruda jeringa para aplicársela. Dio un último repaso a los finos detalles de su persona: la humectación de su piel, el cabello, la sensual pantaletita, el delgado corsé…

Estando todo en orden, dejó entreabierta la puerta, se metió en cama y aguardó la entrada de Rodrigo.

Esperando ver a su amadísimo doctor, se encontró frente a una competente enfermera en edad madura que la saludó con mucha familiaridad: “Soy Eulogia” paramédico profesional ¿me recuerdas? Nos conocimos en el brindis de Carlónimo. Me acaba de enviar el doctor Rodrigo, de Sanidad Médica, para que te atienda.

Tras sufrir un fuerte impacto, Marce trató de negociar pues ya tenía referencias de Eulogia, a quien le confesó: “Me llena de placer que Rodrigo te haya enviado y jme considero afortunada al poder recibir tus calificados servicios, pero resulta que la inyección de penicilina que el doctor me aplicó anoche, me causó una severa reacción de shock anfiláctico, del que apenas me estoy reponiendo. Así que será necesario consultarlo para que él disponga lo procedente.

¡Nada de eso, mi reina! repuso la desinhibida Eulogia, yo aplicó decenas de dosis diarias de medicamentos a pacientes alérgicos y no alérgicos, así que para tu caso específico tengo la solución a mano. Empezaré por aplicarte un antídoto, después un refuerzo por vía rectal, luego la dosis de tu tratamiento, y terminaremos con la vacuna contra la influenza AH1N1 que me debes.

Mira, aquí tengo todo lo necesario, voy a conectar esta parrillita portátil donde herviré las tres jeringas con sus respectivas agujas. No te inquietes, pues estás en manos de una verdadera profesional.

Haciendo y diciendo, la competente enfermera colocó en su plateada tinita tres agujas hipodérmicas de calibre y tamaño “jumbo”, para hervirlas. Hecho esto, las colocó encima de un platito y sumergió su colosal jeringa en la tinita para purificarla.

Marce no sabía qué hacer, por cada argumento esgrimido en su defensa recibió una terminante réplica. Así que agotados todos sus recursos, procedió a colocarse boca abajo, se replegó la sensual pantaletita y esperó lo peor, a sabiendas que debía pasar esa incómoda prueba, si quería continuar su relación con Rodrigo.

Teniendo lista la primera jeringa, Eulogia se le acercó muy despacito, le retrajo la panty hasta las corvas, le aplicó un intenso manoseo con el pretexto de escoger el sitio más adecuado para el pinchazo. Desinfectó los dos mofletes completos, delimitó con sus dedos de la mano izquierda el sitio seleccionado, mientras con la derecha balanceaba el agudo arpón: una… dos… tres veces.

A la cuarta, incrustó sin piedad la terrorífica aguja, haciendo que se clavara completa. Marce enjutó su precioso culito y lanzó un grito desgarrador. Con una agitada temblorina en nalgas, piernas y cabeza, la pobre chica absorbió cada uno de los chisguetes del ríspido medicamento, mientras se retorcía de desesperación.

Terminada la primera aplicación, Eulogia le separó con extrema violencia los abombados cachetes y le colocó un verdadero “piloncillo” en la entrada rectal, procediendo a empujarlo con todas sus fuerzas. Marce temblaba y suplicaba: ¡Eulogia, espera por favor, me desgarras! Pero el indómito proyectil traspasó el esfínter rectal hasta desaparecer completo.

Satisfecha, Eulogia se dispuso a preparar la segunda jeringa cuando de pronto gritó: ¡no lo saques! estás regresando el supositorio, del cual ya tenía la pobre Marce más de la mitad afuera. Eulogia, colocó su dedo pulgar en la base de la enorme bala y empujó sin ninguna consideración, haciendo a Marce gritar y temblar por el intenso dolor. La base del ingrato supositorio tenía un grosor equivalente a dos robustos penes.

Entrado de nuevo el doloroso medicamento, Eulogia juntó con todas sus fuerzas las atractivas nalgas y las mantuvo comprimidas hasta cerciorarse que la descomunal barra fuera asimilada. Marce pateaba y golpeaba con desesperación la cabecera de la cama, sintiendo aquel colosal objeto que le reventaba las entrañas.

Terminada la aplicación del supositorio, Marce estaba como noqueada, así que se plegó a recibir la segunda inyección (la de penicilina) con relativa calma. Obedeció dócilmente las instrucciones de aflojar el cachete y permanecer inmóvil, mientras la dolorosa sustancia penetraba. Terminada la aplicación, Eulogia premió a su bella paciente diciéndole: así me gusta, muñequita, que te dejes pinchar resignadamente. Así te ves más bonita y me calientas como no tiene idea.

La lujuriosa Eulogia estaba en efecto muy excitada así que, aprovechando la ofuscación en que se encontraba la preciosa Marce, se dio gusto manoseándole con inaudita maestría el clítoris, al tiempo que le decía: “Es Rodrigo, el pene de Rodrigo, disfrútalo cariño, cómetelo completo…” La encantadora paciente empezó a jadear y a estremecerse hasta reventar un copioso orgasmo.

Con el culito enjuto, los labios separados y los ojitos sensualmente entornados, coronó su íntima fantasía y se quedó muy quieta, relajada, enajenada, entregada a los caprichosos designios de Eulogia quien, en tales circunstancias, preparó la tercera jerinaga (la vacuna contra la influenza AH1N1) y se dio gusto aplicándosela con toda calma, sin despertarle reacción alguna. Contemplando aquellas erguidas nalguitas que tan ingentemente había castigado.
Después la vistió como pudo, la cubrió con la ropa de cama y se despidió diciéndole: Eres un encanto mi norteñita, ojalá tuviera ocasión de repetirte el erótico tratamiento.

La preciosa Marce no respondió, se encontraba en un estado de agotamiento total y se quedó profundamente dormida.

Elisa -

Carlónimo, muchas felicidades por estos cuatro años de escribir para ti y para el mundo. Gracias por hacerme un personaje estelar en tus relatos, yo lo he disfrutado mucho. Pero no me pavoneo ni te pido nada, pues se muy bien el terreno que piso y lo que quiero es tenerte de alguna manera, para siempre. Te mando un beso.

http://www.youtube.com/watch?v=tt2PfwJpJjY

Carlónimo -

La preciosa Marce yacía boca abajo con el culito expuesto. Rodrigo, jeringa en mano, terminaba de masajear el adolorido cachete. La chica lucía encantadora; sus redondas y erguidas nalguitas irradiaban al influjo de una luz muy tenue y cálida.

La habitación era acogedora, decorada con muy buen gusto en colores contrastantes. Las notas de “I’ll always…” a bajo volumen, completaban la romántica escena. Todo era tierno, sincero: las sensuales y sugestivas quejas; los cariñosos mimos; las suaves caricias, los sentidos besos.

El ritmo de la respiración de los dos iba en aumento; Marce pasó de los sollozos a románticos gemidos. Después a un acompasado jadeo que encendió a Rodrigo, lo hizo vibrar, estremecerse, musitar el dulce nombre de su amada, acoplar su cuerpo al de ella, empalmarse y prodigarle un cúmulo de ardientes besos.

Marce giró, lo abrazó, se trenzaron, intercambiaron apasionadas caricias. Poco a poco se fueron desvistiendo. El erótico ropaje quedó disperso en el suelo. El cuerpo armonioso de Marce terminó totalmente descubierto: Su espléndido busto, los muslos enérgicos, la sensual curvatura de sus caderas.

Rodrigo la montó y le talló la encendida pelvis. Marce gimió dulcemente, separó sus torneadas piernas y las recogió amurallando los varoniles glúteos de su amado.

Después cerró los ojitos y, positivamente retraida, se fugó al infinito, sintiendo el grueso y fogoso falo que implacable le penetraba la vagina.

El suave y armónico vaivén los inflamó, haciéndolos temblar y gritar de placer. La calentura fue en aumento.

Enajenados, fuera de sí, gritaron, se colapsaron, trepidaron y estallaron un pantagruélico orgasmo

Después, sobrevino la calma. El cenit lunar los sorprendió tranquilos, melosos, satisfechos, invocando cada uno en su interior aquel delicioso encuentro.

http://www.youtube.com/watch?v=H9nPf7w7pDI

¿Te gustó, Marce?

Pero eso no es todo, después continúo el relato.

marce -

gracias carlonimo; espero que les haya gustado a todos pronto escribire mas situaciones como esta.

carlonimo me encantaria que me dedicaras un relato en donde tu pongas la situacion el hecho de leer mi nombre en un relato me prende. gracias y seguimos leyendonos!!!

Carlónimo -

Por supuesto que valió la pena esperar Marce. Gracias por compartirnos tu sensual experiencia que acabo de leer con atención. Me gusta tu estilo detallado, la búsqueda de escenarios y el manejo de situaciones sorpresivas. Sigue escribiendo.

marce -

primero que nada perdon por la tardanza; por "x" circunstancias no habia podido escribir ojala que la espera valga la pena....... les cuento que la semana pasada me fui de vacaciones con mi mejor amiga caro a la playa, ya teniamos tiempo planeando este viaje asi que no quedaba mas que disfrutarlo, tomamos el avion y platicamos practicamente todo el vuelo haciendo los planes para cuando llegaramos.
lo primero que hicimos fue llegar al hotel a dejar las maletas, el hotel estaba impresionante la vista al mar era espectacular todo pintaba de lujo, la habitacion envidiable en fin desempacamos nuestros trajes de baño para ir al mar, el sol estaba brillante genial para broncearnos nos tumbamos en la arena y disfrutamos de la tarde junto a unas bebidas deliciosas.
a la siguiente noche nos fuimos de antro decididas a pasarla bien, caro se puso un vestido pegadito al cuerpo y yo una minifalda y asi logramos que nos voltearan a ver, ya adentro del antro con la musica a todo volumen no parabamos de bailar el ambiente estaba a tope cuando de pronto se acercan dos chavos guapisimos,musculosos y que nos invitan a su mesa, claro esta que nos hicimos del rogar pero era inevitable negarse a esa propuesta, se presentaron como rodrigo y emilio y nos hicieron pasar una noche agradable; cuando caro y yo nos decidimos irnos ellos insistieron que nos acompañaban al hotel para seguir la fiesta.
mientras ellos pagaban la cuenta me sali junto con caro a la calle y coincidimos en que estaban mas que guapos!!!
en ese momento nos alcanzaron y emilio dijo: y si mejor vamos a la playa; estas loco a estas horas no nos van dejar le contesto rodrigo, pero emilio dijo que conocia una entrada donde no habia vigilancia, los cuatro nos miramos y despues de un silencio profundo nos reimos ironicamente.
vamos... dijo rodrigo, me tomo de la mano y no me volvio a soltar; la verdad yo no queria soltarlo.
por fin llagamos a la playa y para que nadia nos viera nos colocamos de bajo de una palma que estaba inclinada, mi amiga caro estaba a unos metros juto con emilio que desde el primer momento se conectaron.
rodrigo y yo nos tomamos fotos,reimos y platicamos como si nos conocieramos de años, de pronto el se pone de pie y me dice: ven... vamos a meternos al mar y me extiende la mano.
yo me empece a reir y le conteste que no taria la ropa adecuada y el me contesta que no es necesario y se empieza a desabrochar el pantalon y a sacarse la camisa.
que esperas.. vamos quitate la ropa o pretendes que yo te la quite me dijo eso despues de una sonrisa traviesa a la cual cai rendida, sin pensarlo me quede en ropa interior, despues me cargo y corrio hacia el mar, el agua estaba congelante tenia los pies entumidos por mas que trataba de moverme nada me calentaba la amndibula me temblaba asi que decidi salirme y rodrigo me detuvo me dijo que a donde iva, le dije que no aguantaba mas el frio y me abrazo, frotando mi espalda trato de calmarme me hablaba al oido y me decia que pensara en cosas calientes, en eso metio su mano en mi calzon,trate de detenerlo y me dijo:tranquila... esto te va a quitar el frio paso sus manos por mis pompis......... me pidio que me quitara por completo el calzon y me puso las piernas en su cintura y busco mi clitoris empezo hacerme pequeños estimulos que me llevaron al orgasmo el cual concluyo con un laaaargo beso.
cuando veo que a lo lejos viene caro y emilio me pongo inmediatamente el calzon y rodrigo se extraña y me dice que que me pasa le dije que nuestros amigos ya venian y solo dijo que esto tenia que repetirse.
nos salimos del mar para vestirnos y emilio nos dijo que si estabamos locos que el agua esta heladisima.
ya me encargue de quitarle lo helado le dijo rodrigo y me guiña el ojo; intercambiamos los celulares para seguir en contacto los siguientes dias. nos despedimos de los dos y
ya que el hotel no quedaba muy lejos de donde estabamos caro y yo nos fuimos solas, en el camino le conte lo que habia pasado, claro sin detalles; y al igual ella tenia algo que contarme.
al siguiente dia me desperte un poco incomoda, me sentia rara, fueron pasando las horas y segui empeorando me dolia el cuerpo,la garganta, me ardian los ojos y tenia temperatura.
caro ya habia planeado el dia para pasarlo en la playa y de tanto que insistio logro que me pusiera el bikini pero verdaderamente me sentia muy mal y me volvi a meter a la cama, le pedi que llamara a un doctor tomo el telefono y llamo a la recepciony me dijo: eso te pasa por meterte al mar sin invitareme y logro arrancarme una sonrisa.
tocaron la puerta de la habitacion, supuse que era el doctor y me pare a abrir.
no me van a creer quien era...era rodrigo.
le dije:¿que haces aqui?
soy doctor me contesto y me enseña el maletin. lo deje pasar tratando de asimilar que el chavo con el que habia estado una noche antes era el doctor del hotel donde estaba hospedada,que ironia ¿no creen?
total, el estaba haciendo su trabajo y no quedaba mas que explicarle como me encontraba.
cuando empezo a examinarme me dijo que se sentia un poco culpable de mi estado.
que es lo que tengo le pregunte.
tienes una infeccion muy fuerte en la garganta.voy a tener que inyectarte.
no hay otra opcion le dije.
mas efectiva que la inyecciones ninguna, recalco.
sin mas preambulo preparo la geringa sobre la cama donde me encontraba,yo estaba tranquila hasta que vi el tamaño de la aguja, caro se dio cuenta de que me puse nerviosa y se sento a lado mio.
rodrigo saco la ampolleta que me aplicaria y la cargo, cada segundo aumentaba mi miedo, la respiracion se aceleraba, tranquila marce me decia caro.
el olor del alcohol te avisa que falta poco.
ya estoy listo me dijo rodrigo; ponte bocabajo.
me acomode y caro me ayudo a quitarme las sabanas completamente, rodrigo me bajo el bikini hasta la mitad del muslo, yo estaba temblando de miedo y del frio, trataron de tranquilizarme entre los dos, caro me dijo que podia apretar su mano si lo necesitaba y le tome la palabra.
cerre los ojos fuerte y me abraze de una pierna de caro cundo senti el frio algodon en mi pompi, esos masajes circulares me tensionaban mas de lo que ya estaba, empece a sudar del miedo.
rodrigo: ya estas lista,
no te pongas dura ni te vayas a mover, aqui voy.1...2...3...
marce:haaaaay!
caro: shhhh; no te muevas
marce:me esta doliendo mucho haaay ya sacala rodrigo porfavor.
rodrigo:tranquila chiquita ya va a pasar
caro: te vas a sentir mejor vas a ver
marce: quiero llorar haaay!!!
rodrigo: listo; fue todo.
marce: me dolio mucho.


despues de inyectarme rodrigo se quedo acostodo conmigo besandome y cuidandome hasta que me senti un poco mejor.

Carlónimo -

Algunos lunes se nos puede dificultar el retorno al trabajo, o bien, la pereza dar lugar a situaciones inesperadas.

Ayer llegué a la oficina, me dejé caer en el sillón y con el matutino en las manos comencé a cabecear hasta que… un bello canto de cuna y suaves caricias en mis mejillas, me regresaron a una realidad, primero confusa, después penosa y finalmente grata.

En efecto, me costó trabajo recordar en unos instantes el lugar y la circunstancia en que me encontraba; después sentí pena con Giovana (mi secretaria) por haberme sorprendido dormitando; pero al final sus bromas me hicieron ver que estaba en completa confianza.

Me puse de pie y nos saludamos con un beso en la mejilla. Teniendo ocho años de vivir con ella, en la oficina por supuesto ya que ahí pasamos la mayor parte del tiempo, es explicable que los dos nos tratemos con cierta familiaridad y que hasta nos corramos algunas bromas.

Pero esta vez, después del saludo permanecimos inexplicablemente abrazados, ella de mi cuello, yo de su cintura y nos miramos por un momento.

¡Dormilón!

¡Traviesa!

Giovanna es una mujer muy linda ligeramente pasada de peso, pero esos kilitos de más los tiene muy bien repartidos en el cuerpo. Podríamos decir que está algo nalgona y caderona, pero sus sensuales “excesos” la hacen muy apetecible.

Lo inusual es que abrazados como estábamos nos quedamos muy quietos; nos miramos fijamente y cada uno percibió en las pupílas del otro, el inconfundible resplandor de la complicidad y del deseo.

¡Me pones nervioso Giovana!

¿De verdad? Y tu a mí, Carlónimo.

Dejé que mis manos resbalaran un palmo por debajo de la cintura. Ella me dejó acariciar sus protuberantes nalgas.

¡Giovana!

¡Carlónimo!

Nuestros labios se confrontaron.

Media hora después entramos en un cómodo motel. Cerrada la puerta de la habitación nos estrechamos mirándonos uno al otro satisfechos. Parecíamos preguntar: ¿dónde estoy y cómo se dio esta inesperada situación?

Era como si los dos hubiéramos despertado de un enfadoso letargo. Muy sonrientes, nos estrechamos y cada uno se adentró en la fogosa intimidad del otro. El instinto nos arrastró por las rápidas vertientes del deseo.

Sus ardientes labios me persiguieron; su cuerpo se me pegaba con insistencia. Mis manos buscaron el acceso a su atrayente naturaleza. Desprendí el broche de la cintura, bajé el cierre del pantalón y replegué la delgada prenda hasta la mitad de las frondosas nalgas, las cuales se estremecieron al fragor de las caricias que suavemente les prodigaba.

La panty color celeste, delgadita, muy pequeña, penetraba la profunda grieta del culo y dejaba descubierta casi la totalidad de los albos glúteos. Estos, moderadamente firmes, rebosantes, se estremecían por el estímulo de mis besos. Poco abajo, los amplios muslos remarcaban un espléndido contorno, de curvilínea abundancia.

Deteniendo sus descontrolados impulsos la hice poner en cuatro y descendí lentamente la panty hasta situarla a medio culo. Las blanquísimas nalgas parecían reventar el elástico de la pequeña prenda, el cual se encajaba marcando un leve surco en la piel de aspecto delicado. Mis manos acariciaron la sumisa superficie de aquellas regias carnazas que se me ofrecían plenas.

Ansiosa de pasar a una nueva etapa, la preciosa Giovana se terminó de bajar ella misma la dilatada pantaleta hasta los muslos, empinó el suculento trasero y lo suavizó invitándome a irrumpir en el fondo de su ardiente raja.

Separé los amplios cachetes y coloqué mi glande en posición de ataque rectal. Ella se apalancó bajando los codos a la superficie de la cama y permaneció muy quieta, expectante. Ante tal demostración de conformidad, tomé mi pene y se lo embutí lentamente por el ano.

A cada empujón ella jadeaba, emitía suaves gemidos y levantaba con mayor fuerza las nalgas. Continué la penetración hasta que mi picante bello púbico se adosó en el fondo de la dilatada raja, haciendo a Giovana retorcer de placer y reaccionar con violentas embestidas corporales. Su diminuto esfínter rectal empezó a apretar y a tallar con tal violencia que grité de dolor y le supliqué clemencia.

Conciente del daño que su estrecho coñito me estaba causando, Giovana interrumpió el rabioso vaivén y me hizo brotar suavemente la pichancha hasta liberarla. Me observé con preocupación; tenía el pene rojo, irritado, con la epidermis gastada.

Cuando ella se empinó invitándome a entrar por su lubricado resquicio vaginal, le pedí que por favor me esperara. Sin abandonar la ardiente pose, empinada como estaba, me aguardó con renovada paciencia. Su erizado trasero me desafiaba a reintentar el fallido coito. Tenía el pene ardido, irritado, dolido, pero el orgullo me hizo sobreponerme.

Después de aplicarle una buena dosis de lubricante acometí la expuesta vulva hasta alcanzar un coito muy placentero. Después nos quedamos los dos acostados, compartiendo mimos, prodigándonos algunas caricias postreras. Viendo a mi secretaria sonreir, recordé que el instinto sexual no tiene fronteras.

Hoy martes la he visto llegar al trabajo, saludarme respetuosa, comentar la pesada agenda, recordarme algunas citas importantes, pedir instrucciones y salir muy propia para ocuparse de sus labores. Como si el día anterior nada hubiera pasado.

Verónica -

Hola a todos!!

Paty: Antes que nada, mi comentario no tuvo ni un ápice de sarcasmo, solo quería subrayar la excelente persona que eres, en cuando al gusto de tener siempre las cosas en orden, puesto que tu moral es la de una mujer responsable y cuidadosa…mis respetos… Gracias por compartirnos uno de tus más vergonzosos y traumatizantes recuerdos, aunque breve, fue sustancioso, y realmente me introduje en la escena, después de todo es el chiste de nuestra “isla de la fantasía”, ojala puedas seguirnos relatando más experiencias afines.

Carlónimo: Como siempre, te reitero un agradecimiento enorme por los complementos a los relatos, que por cierto, fueron tan candentes como solo tú sabes hacerlo: El tinte salvaje, el erótico y el emocional alternados con perfección absoluta, como dice Fer: pues todo depende de la ocasión, sin embargo siempre es algo exuberante, hermoso. El relato de Servando ha sido uno de mis preferidos, es tan sensual la escena del tímido, temeroso e inseguro hombre sometido a semejante tormento… Lamentablemente no hubo romance con su esposa jaja… Muy bien relatado…
Felicidades por estos cuatro años de enriquecer nuestras fantasías y hasta nuestro estilo literario de rutina, eres increíble. Y muchísimas gracias por recibirnos en tu casa, eres una persona muy especial, amable y genuina, fue una noche mágica. Espero poder escaparme del tormentoso suplicio de Eulogia, al fin que ya me aplico una… Me agradó bastante el relato de Fer: ¡Pobre hombre! Sin defensa alguna contra semejante mujer… Pero bueno, pues con deleite a final de cuentas… y finalmente, el relato de Paty, muy bien hecho y perfectamente alineado a la realidad… Un abrazo!!!

Marce: Espero sinceramente que sigas participando con mayor frecuencia, seguro tienes muchos relatos interesantes que contar…. Saludos!!!

Antónimo: Ya no tomes tanto, cariño mío, que luego no me rindes igual… jejeje, y por lo demás, a ver si te abstienes de echarle comerte con la mirada a las chicas: entiendo que están hermosas, son inteligentes y sensuales pero hey, estás conmigo… recuérdalo mi Tony… Dicho sea de paso, como siempre muy interesante tu artículo: Reconozco que, en ocasiones una mujer si desea superar al hombre en aptitudes, sueldo, puestos y demás, pero por el desarrollo y el éxito profesional, no por la eterna guerra de sexos, la verdad yo en lo personal disto de estar de acuerdo, pero después de todo es un buen debate. Sin embargo, me parece muy cierto, que en diversas empresas aun prevalece el machismo y el típico pensamiento de la superioridad varonil (claro que, tampoco me atrevo a generalizar). Me encantaron tus ejemplos, y tu sinceridad, así que bueno, para unirme a esa última cualidad… somos unas víboras!!! Saludos amore…

Carlónimo -

La preciosa jovencita de 14 años permanecía sentada muy seria leyendo. Su vestido color verde tierno de corte recto no ocultaba las redondas y níveas piernas que por sensual descuido se iban poco a poco separando, hasta dejar la parte interior de los muslos a la vista.

Esporádicamente parpadeaba o frotaba sus labios uno con otro para humectarlos. Sus cristalinos ojitos eran tan expresivos que, observándolos con atención, se podía saber cómo el relato pasaba de una trama triste a otra misteriosa, o bien a una tercera de gran acción.

Un súbito timbrazo le hizo alzar la mirada, cambiar su postura y permanecer muy atenta tratando de identificar al intempestivo visitante. De pronto se abrió la puerta de la recámara y entró su madre acompañada por una dama mayor muy delgada de rostro adusto, que portaba un maletincillo de enfermera.

Paty abrió los ojos muy grandes, cerró el libro y se puso de pie para permitir el paso a la dama quien inmediatamente apoyó su maletín en la mesa, lo abrió y extrajo la jeringa, un frasco de alcohol, una tinita plateada con borlas de algodón, una ampolleta de cinco mililitros y gel desinfectante.

Paty se dirigió a la cama, su madre la siguió y le hizo levantar la delgada tela del vestido hasta enrollarla en la cintura. Se quedó muy seria mirando a la enfermera quien en ese momento descabezaba la ampolleta pero no perdía detalle de su paciente.

Al verla muy atenta con las torneadas piernas descubiertas mostrando su breve panty tejida en hilo blanco, la apuró bruscamente diciendo: ¡qué esperas niña, acuéstate y descúbrete las dos nalgas, anda!

La chica dio media vuelta, se apoyó en la cama y subió poco a poco las piernas para quedar tendida boca abajo. Alzó un par de veces el culito para acomodarlo y colaboró para que su madre le bajara cariñosamente el calzoncito hasta situarlo en la parte media de los muslos.

Las blancas nalguitas erguidas y tersas expresaban con un nervioso estremecimiento el agitado ánimo de la joven, la cual mantenía su cabecita oculta entre los brazos y tensaba tanto los glúteos como las piernas al sentir que la enfermera se acercaba.

Ésta, como si de ello se solazara, le anunció puntual: ¡Es dolorosa la inyección, muy dolorosa porque es de aceite, pero te vas a dejar y te vas a quedar muy quieta, no quiero problemas ni lastimarte más de la cuenta!

Está de más decir lo que la preciosa Paty sentía cuando los dedos de la señora empezaban a presionarle una y otra vez la parte superior de las nalgas buscando el sitio más adecuado para pinchar. A cada punzada la pobre chica sentía que el pecho le hervía y explotaba.

Como reacción involuntaria tensaba los glúteos y los elevaba. Al sentir la enfermera que su dedo ya no replegaba con la misma facilidad la superficie del atemorizado glúteo, gritaba: ¡Ya vamos a empezar, ya te estabas tardando! ¿no puedes quedarte quieta? Ya estás grandecita para que tomes las cosas en serio. Te tengo que inyectar y tienes que colaborar conmigo, de otra manera no puedo, te lastimo y tú sales perdiendo ¿Qué no entiendes?
Paty escondía su cabeza con mayor fuerza entre los brazos y trataba de aflojar el culito, pero la dilatación le hacía sentir que sus partes más íntimas quedaban a la vista, lo cual la llenaba de pena. Y al tratar de esconderlas apretaba de nuevo las nalguitas.

¡Ya vas de nuevo! Gritaba la quisquillosa señora. Ante los movimientos erráticos a cargo de la aterrorizada Paty, viendo que su culito se relajaba y se tensaba alternadamente, la enfermera le propinó un manotazo estruendoso, plano, premeditado, en la cima de las nalgas, haciendo que el dolor repercutiera tanto en la piel con un insoportable ardor, como al interior del ano, desatando una sensación de penoso vacío a lo largo del tracto rectal.

Era una acción punitiva descarada, semejante a la tortura, tanteada, muy mal intencionada, que le daba a la ingrata señora muy buenos resultados, pues hacía que Paty cayera en un estado combinado de abatimiento, miedo e impotencia.

Confundida, resignada, bebiendo sus propias lágrimas, la preciosa Paty sintió correr la filosa aguja hacia lo más profundo de su nalga sin interponer resistencia alguna. Deseaba que el hiriente líquido la librara del espantoso sufrimiento emocional.

Antónimo -

Hola chavas y chavos

¿Todavía andan crudos?

¡Pinche resaca! yo ayer ni me quería levantar. Como a las dos de la tarde me preguntó la Vero: ¿Quieres un caldito? Y yo que la abrazo y a meterle mano por todas partes. ¡No, guey! Un caldito… pancita, algo bien picante, porque “nomás no la hallo” Y me hizo pararme y llevarla al “Charco de las Ranas”, un restorán de por acá.

¡Cómo chupamos el lunes! Se vació la cava de Carlónimo. Ya al final andaban Gil y Fer sirviéndose hasta el anís, el rompope y el jeréz ¡qué bárbaros!

En cuanto a las chavas, todas están de primera. No se cómo hace Carlónimo para que lleguen al blog sólo las más bellas. Y yo que traía “ancla” no pude estrechar relaciones con nadie. En cuanto hacía la plática, aparecía mi supervisora: “A ver Antónimo, siéntate aquí conmigo, vente vamos a bailar, sírveme otra”. Así me trajo toda la noche ¡No, si esto ya es un matriarcado!

Y hablando de matriarcados, les cuento que la Yazmín Alessandrini, bajo el título “Empoderamiento femenino” se refiere hoy a que, según ella: “…desde la mal llamada liberación femenina, hombres y mujeres se encuentran librando una feroz batalla por demostrarse unas a otros quien es superior”

Dice que “Es gratificante saber que muchas chicas han dedicado esfuerzos para alcanzar una igualdad en temas que van de lo político y lo laboral, hasta lo social y lo cultural.”

Sin embargo, continúa la güerita, “nunca falta el prietito en el arroz, pues también hay situaciones para deplorar y reprochar, sobre todo cuando en pos de un supuesto empoderamiento, muchísimas mujeres aprovechando su inteligencia sexual (porque eso sí, sexualmente hablando somos mucho más inteligentes que los hombres) escalan posiciones, en especial en los escalafones profesionales y sociales.”

Y viene lo más rudo, porque Yazmín piensa que: “…lamentablemente, para el 99.9% de las féminas ejecutivas, su objetivo principal no es alcanzar el éxito profesional, sino desplazar y superar a un varón”.

¿Cómo ven chavas y chavos, será cierto esto?

Yo pongo en duda que: “hombres y mujeres se encuentran librando una feroz batalla por demostrarse unas a otros quien es superior”.

Es incuestionable que las chicas han venido disfrutando cada vez de mayores oportunidades y que por lo general las han aprovechado, pero que los hombres seamos sus terribles contrincantes y que no pensemos más que en cerrarles el paso, me parece a más de fantasioso, una gran mentira.

Que el hombre se negara a dejar trabajar y prosperar a su esposa estuvo tal vez vigente en otro tiempo, pero que hoy ocurra ya no es tan cierto. Es tal vez más frecuente ver a hombres que comodinamente alientan a su mujer para que trabaje mientras ellos se dedican a “echarla en grande” ¡Ay la llevas, vieja; ay la llevas!

Me parece mucho más acertado pensar que el enemigo natural de una mujer es otra mujer, que entre ellas se hacen pedazos. Serán muy ejecutivas pero cuando se encuentran se “recortan”, se critican el atuendo, el peinado, la forma de pintarse, de caminar, de sentarse, de reír, de comer...

Cuando una ejecutiva se planta frente a varones para presentarles un importante proyecto, sabe que de cuando en cuando le echarán un vistazo al busto, las piernas y las nalgas. Que algunos se calentarán y vivirán su propia fantasía y que al final la felicitarán tanto por lo que dijo como por lo buena que está. Y si no está nada buena, pues nadie se fija más, escuchan lo que dice… Y ya.

Pero cuando esta ejecutiva tiene que exponer ante un auditorio femenino, sabe que va a enfrentar un reto de los buenos porque no faltan las hirientes críticas: mira esa pinche vieja, no sabe ni pararse; se puso un vestido horrible y ni siquiera lo planchó; trae una media rota; las tapas de los tacones gastadas; tiene las rodillas chuecas, chichis de perra y nalgas de panqué.

En verdad que son cabronas las mujeres cuando se recortan entre sí.

¿Ustedes qué opinan?

Carlónimo -

Paty preciosa, muchas gracias.

Por cierto, la reunión de ayer parecía un verdadero certamen de belleza ¡Qué guapas están las chicas del blog! Sus falditas muy cortas causaron euforia.

Los hombres contemplábamos boquiabiertos el desfile de bellas piernas. Desde las espectaculares de Vero, hasta las delgadas y muy eróticas de Paty. Las chicas que lucieron pantalones estuvieron también sensacionales: Ni hablar de Hilda ¡vaya cuerpazo! ¿Qué les pareció la bellísima Carmen? Y Paula ¡guau! me quedé corto cuando la describí en el relato de La Isla de la Fantasía. Marce, con ese vestido delgadito que revelaba unas formas en verdad inquietantes. Blanca Estela, escultural; Vicky, guapísima; Eréndira, celestial; Yamil, divina; Sandra, un ángel. Eulogia, fascinante.

Y hablando de Eulogia ¿qué les cuento? Pues nada que, como Fer necesitaba tomar el avión lo antes posible para regresar a Cataluña, pues fue el primero en pasar esta mañana a verla para que lo inyectara.

No fue a la clínica sino que la buscó en su propia casa, allá por el barrio de Tacuba, ustedes saben. Así que, muy temprano ¡Ring! Ya voy ¿quién es? ¡Ah, muy bien, eres tú Fer, ya te esperaba, pasa! La perturbadora dama muy bien arregladita luciendo su proverbial trenza francesa y finísimas arracadas de plata, llevaba puesto un vestido de manta con finos bordados estilo mexicano en tono turquesa. Y el vestido tenía una abertura frontal tan extensa que dejaba a la vista sus redondos y muy carnosos muslos.

Al verla, Fer empezó a carraspear, le dio la tos, y no sabía para dónde mirar. Pero Eulogia atajó su nerviosismo abrazándolo y conduciéndolo por la cintura hasta su propia recámara, donde le hizo retirar la chaqueta, le soltó ella misma el cinturón y lo dejó paradito a un palmo de la cama sosteniéndose los pantalones para que no se le desplomaran.

Espantado de ver el impresionante jeringón que Eulogia estaba preparando, el confundido paciente le preguntó: ¿Eeessaa, eess pa-para míi? Una vez que nuestra amiga, muy sonriente le confirmó la terrible sospecha, él se sentó en la cama y desde ahí la miraba con rostro desconsolado.

Lista la puya, Eulogia se le acercó muy coqueta permitiendo que la abertura de su vestido alcanzara a mostrar la sensual entrepierna. El acalorado paciente no acertaba qué hacer al sentirse en el umbral del apetitoso delta pélvico.

Con suaves palmaditas en las mejillas la sensual Eulogia lo volvió a la realidad y le hizo que se acostara, después que él mismo se replegó con timidez la mitad del glúteo izquierdo.

¡Qué penoso eres, mi Fer! No, no seas ranchero. Y con un fuerte tirón le descubrió los dos cachetes completos. Cuando el paciente reaccionó tratando de defenderse, lo distrajo permitiéndole ver otra vez sus excitantes muslos, al tiempo que le hurgaba todo el culo con el pretexto de seleccionar el sitio en que le aplicaría la inyección.

Fer estaba concentrado en las torneadas piernas de su enfermera, cuando un súbito cantazo, como una especie de fulminante rayo, lo partió en dos, le hizo emitir un sordo mugido gutural y poner los ojos en blanco.

Fue un rotundo “chingadazo” que le hizo enjutar las nalgas y recordar a toda la ilustre parentela de la competente Eulogia, quien lejos de inquietarse reía a carcajadas y empujaba el émbolo como si por ello le pagaran

¡Joder, que yo soy el editor del blog y tú me maaataaasss! Con la boca abierta, los ojos desorbitados, las fosas nasales dilatadas, emitía fuertes ronquidos y suplicaba: ¡Ya por favor, ten piedad, te lo suplico, apiádate…!

Cuando por fin Eulogia le extrajo la puya y le aplicó el masajito de rigor, el pobre Fer tenía la mirada perdida, daba fuertes bocanadas, mascullaba sentidos rezongos y maldiciones.

Poco a poco se fue serenando y reparando el brutal sufrimiento, en la medida que Eulogia le hacía sentir la cercanía de su frondoso cuerpo.

Lo puso finalmente de pie, lo ayudó a vestirse y lo encaminó a la salida pues a esa hora ya debía estar en el avión.

Con la pierna derecha arrastrando, el apabullado paciente se dejó conducir abrazado de la estrecha cintura de Eulogia.

Se sentía dolorido, contrariado. Pero la solidez y la exquisita curvatura del glúteo de Eulogia le hacía hervir la sangre y le generaba sensaciones contradictorias.

Antes de retirarse preguntó con cierta timidez: ¿Cuándo me toca la otra?

Paty -

Carlónimo, muchas felicidades!! Aunque ayer ya te di tu abrazo por el cuarto aniversario de este “club de amigos de la jeringa” que nos ha dado tantas calenturas y gustos. Fue muy bonito que nos hayamos reunido todos en tu casa donde la pasamos súper. Estando todo el grupo reunido me puse a pensar cómo es que surgió todo esto y la paciencia con que has ido formando y cuidando de tu grupo. No has dejado de escribir bajo ninguna circunstancia y comportándote siempre como un caballero. Te admiro y te respeto. Hago votos por que siga nuestra amistad por mucho tiempo.

Carlónimo -

Querido Gil, muy oportuno tu saludo y felicitación, muchas gracias. Espero que te decidas a participar regularmente.

Querida Marce, otra chava muy guapa de Monterrey ¡Ajúaa! Son bellas por esos lares. Claro que te recuerdo Marce.

Resulta, amigos, que en una tarde no lejana de sábado que pasé tranquilo en casa, estuve “paseando” por textos antiguos del blog y encontré al final de la segunda edición (la cual cerramos en 2010) un atento comentario que esta preciosa chica subió apenas en diciembre 2012. Dice así:

Autor: marcela

hola soy marce y quisiera saber que tengo que hacer para formar parte de los relatos la verdad me encanta este fetiche y quisiera que supieran mis anecdotas con las inyecciones y los supositorios
saludos desde monterrey,mexico

Fecha: 28/12/2011 01:03.

Emocionado por el comentario ahí mismo le respondí:

Autor: Carlónimo

Querida Marce, estamos en la tercera edición del blog, búscanos ahí. Ahora te he encontrado sólo por casualidad. Te espero.
Fecha: 12/02/2012 05:48.

Y aquí está ya la preciosa chava ¡Enhorabuena! Ya formas parte del grupo; por favor participa y esperamos que poco a poco nos vayas compartiendo tus anécdotas.

Querido Fer. Te agradezco el estimulante y poético texto de felicitación que me has dedicado por estos 4 años de fecunda convivencia. Mi más sincero reconocimiento por tu hospitalidad y apoyo brindado.

Y lo más emocionante ha sido llegar hoy a mi casa y encontrarme con todos ustedes encabezados por Antónimo, mi hermano, con quien planearon y concretaron este emotivo brindis sorpresa de aniversario.

Paty, Vero, Hilda, Marce, Paula, Eulogia, Carmen, Ricardo, Ramiro, Pascual y Fer, además de los amigos que me han escrito tan sólo por el email (Eréndira, Vicky, Yamil, Blanca Estela, Sandra, Ramón y Miguel). Perdón si estoy olvidando mencionar a alguno.

Todos aquellos con quienes he tenido comunicación en los últimos meses se dieron cita hoy en mi casa, que es la de todos ustedes ¡Qué emoción verlos juntos, poder tocarlos, abrazarlos y brindar por este Cuarto Aniversario que me llena de alergría y me hace pensar en todo lo que hemos vivido juntos.

No dejamos de recordar con mucho cariño a otros entrañables amigos como Anna y Simón, compañeros de múltiples jornadas; Ángela, Karo, Karito, Carola, Lidia, Marcia y tantos y tantos buenos amigos que me privilegiaron con su amistad, a quienes recuerdo con verdadero afecto. Cómo quisiera verlos también aquí reunidos.

Y bueno, pues el brindis ha transcurrido muy animado. Hemos pasado el tiempo conversando, bailando, brindando y disfrutando la despampanante belleza de todos las chicas, a las cuales los varones no hemos perdido la ocasión de admirar ni por un instante.

En este marco festivo, la previsora Eulogia no ha dejado de recordar que todos y cada uno de nosotros se debe aplicar el refuerzo de la vacuna contra la influenza AHIN1 y desde luego insistió en que es obligatoria para quienes no la han recibido antes, como son: Marce, Paula, Paty, Pascual, Gil, Ricardo y Fer, entre otros.

Quiso convencerlos de que aprovecharan la ocasión para recibirla aquí mismo en el marco de la reunión, pero ellos se disculparon aduciendo que las copas ingeridas de alcohol constituyen un serio impedimento. Así que ya hicieron cita para pasar a que ella misma se las aplique en la clínica donde presta sus muy calificados servicios profesionales. Ya veremos la experiencia de cada uno.

Amigos, estamos empezando el quinto año. Y dicen que no hay quinto malo, así que… ¡a echarle imaginación y ganas! Un abrazo.

Fer -

Como anfitrión me produce una gran alegría celebrar estos cuatro años. Para tí Carlónimo una gran felicitación por tu escritura que es como el curso de un río, a veces suave y majestuosa, otras como un torrente. No pares nunca. Un abrazo

marce -

hola carlonimo muchas felicidades por estos cuatro años espero y te acuerdes de mi te escribi en la segunda edicion es el ultimo comentario.
y que sean muchos relatos mas felicidades!!

Gil -

De mi parte Carlónimo, te mando un abrazo y mi agradeciomiento por todo tu esfuerzo de estos últimos 4 años, tenemos que celebrarlo. El relato de Cristina está como siempre muy exitante. El Servando pobre bato, la quiere pero se pone nervioso y además pues es homosexual. Cuenta más de tu relación con Cristina.

Carlónimo -

El próximo lunes 5 de marzo 2012 cumplo 4 años de estar escribiendo para ustedes. Gracias a todos por su apoyo, del cual dependerá que haya más. Un abrazo.

Carlónimo -

Faltó el link.

http://www.youtube.com/watch?v=0qnZ2ji6REU

Carlónimo -

La súbita llegada de Servando sacó a Rita del ensimismamiento. Miró por un instante a su fornido compañero, le indicó que se acostara y siguió cargando la jeringa con una sustancia rojiza turbia.

Él permaneció muy serio a su lado observándola, se soltó la hebilla, retrajo el pantalón, metió sus pulgares en el elástico de la trusa y la fue deslizando poco a poco mientras se acostaba boca abajo en posición de recibir la puya. Sus erguidas y profusas nalgas se desplegaron completas, rebosantes.

Ella observó la superficie de los dos cachetes, les deslizó con suavidad las yemas de sus dedos y espetó: ¡te siguen inyectando, aquí están las marcas! ¿quién ha sido?

Servando guardó un reiterado silencio. Al sentir el pinchazo evocó los rudos dedos de Artemio que el día anterior lo había inyectado.

Contrastando la delicadeza con que su concubina le hacía entrar la sustancia, recordó el tosco proceso con que un día antes su amante lo pinchaba y lo excitaba frotándole el esfínter rectal antes de meterle el enorme pito, inundarle el coño de caliente esperma y masturbarlo rabiosamente, hasta hacerlo temblar y gritar de enloquecedor placer.

Rita terminó de aplicarle la inyección y viéndolo sumido en sus infranqueables cavilaciones, excitado, tembloroso, ensimismado en una realidad en la que ella no estaba implicada, salió de la habitación en completo silencio. Esa misma noche lo abandonó.

En su nueva realidad, Servando se aferró rabiosamente a Artemio: Lo llevó a vivir en su propia casa, lo colmó de atenciones y se regodeaba paseando con él por la calle, tomados de la mano.

Su vida transcurría de esa manera, hasta que una tarde, estando con Artemio sentados a la mesa de un conocido café “gay” besándose y cachondeando, Servando se quedó súbitamente paralizado, aventó a su amante y permaneció absorto mirando a través de la vidriera: Cristina su encantadora esposa pasaba frente al lugar portando un vestido negro corto, entallado, que se le untaba deliciosamente al cuerpo, remarcando las sensuales formas femeninas.

Sin decir nada se puso de pie y salió corriendo detrás de ella, la alcanzó y le pidió dejar que la acompañara. Cristina lo miró de arriba abajo y siguió caminando sin impedir que él se integrara a la marcha. Lo estuvo escuchando, le permitió explayarse y ante la propuesta de una eventual reconciliación, le dijo: No te puedo responder ahora. Ven, vamos a mi casa.

Al llegar, como en los años más acogedores de su matrimonio, Servando la vio entrar en la recámara y pedirle que le bajara el cierre del vestido. Ella se lo quitó despreocupadamente, se desprendió el exiguo sostén y se cubrió tan solo con una delgada bata en tono coral.

Pasaron a la sala, se sentaron a conversar uno frente al otro. El le dijo que su vida era un fracaso. Ella le contó sus experiencias sentimentales, calificándolas de exitosas y estimulantes. El le dijo que no podía vivir sin ella. Cristina, a su vez, le hizo saber que vivía tranquila y que no le faltaba nada.

Servando, nervioso, se acercó, la abrazó y la besó en los labios. Lejos de rechazarlo, Cristina lo invitó a seguir, diciéndole: Adelante, después de todo, tú eres mi esposo y tienes el derecho de hacerlo; será bueno recordar lo que fue nuestra vida conyugal.

Pasaron a la recámara. Cristina se desvistió completa mostrándole su erótica curvatura y su esplendidez en senos, nalgas y cadera. Se plantó frente a él mirándolo fijamente. Él respiró muy agitado.

La preciosa Cristina se tiró de costado en la cama, montó su pierna derecha en la izquierda y mostraba, palmeándolo de manera intermitente, el abombado glúteo… mullido, brillante, sedoso. Después preguntó al esposo: ¿prefieres verme en la posición en que me inyectaban, querido? Y colocándose boca abajo hacía girar y erguía provocativamente las nalgas ¿Te gusta, mi amor, desearías pincharme? le preguntaba.

Viendo que su marido no reaccionaba, se sentó frente a él, le soltó el cinturón, le hizo retirar la ropa. Viendo el pene flácido, se lo acarició y lo talló insistentemente hasta provocarle una incipiente erección. Luego se tiró de espalda sobre la cama, separó las piernas y le mostró la ardiente vulva. Se acarició ella misma de manera alternada el cabello, los senos, las piernas y el clítoris. Gimiendo, incitaba a Servando para que la montara.

Pero éste permaneció inmóvil, pálido, serio, sus manos mostraron un leve estremecimiento. El pene se le aflojó por completo.

Cristina interrumpió el erótico espectáculo, dirigió una compasiva mirada a su esposo y poniéndose de pie, concluyó: No hay más qué decir ni más que hacer, querido mío. Lo que yo necesito es un hombre… Y por desgracia confirmo… que tú también.

Paty -

Ja,ja, ¿te quedó duda Eulogia? De verdad que te pasas…

Carlónimo -

Querida Paty, entré el lunes pasado para dejarles el relato del hada. Tu experiencia infantil me parece muy buena y excitante. Espero complementarla.

Querida Vero, retomo y continúo tu excelente relato, destacando la fuerte pasión que desata nuestra amiga Eulogia.

“Ninguno de los dos pudo retirar la sensual imagen de su mente en toda la noche. Jorge escribió un poema a una rosa blanca exquisita y virgen, y René hizo una bella pintura de una dama desnuda, perfecta, frágil, maravillosa…”

Y es que no era para menos, después de haber presenciado la erótica escena de Victoria rendida ante la hipodérmica, de haber observado sus elásticas nalguitas juveniles retorcidas de ingente dolor, volvieron a turbarse y se quedaron inmóviles ante la esplendidez del culo de Eulogia, cuyo rítmico bamboleo proyectaba subliminales formas en la escuálida tela sensualmente pegada a ellas.

Los chavos se pusieron muy nerviosos y caminaron detrás mientras ella contoneaba el culo muy coqueta. Y se los llevó así disfrutando la calentura que les producía verla, hasta que llegó a su casa donde la esperaba Ismael deseoso de tenerla.

Al ver a su prometido, Eulogia cayó en amnesia olvidando por completo que los chicos la seguían. Así que se entregó en brazos del novio sin percatarse que la cortina develaba algunas rendijas por las cuales la vieron tumbada en el sofá encima de Ismael, quien le alzó por completo el vestido, le bajó la panty y se entretenía picándole las dos entradas y acariciándole las protuberantes nalgas.

Con su nuevo “look” la preciosa Eulogia lucía impactante. Sus enormes cachetes, muy pálidos y tersos invitaban a la lujuria. El acompasado pataleo y las eróticas oscilaciones del culo hacían temblar a los chicos, los cuales no perdían detalle de la muy excitante escena.

De pronto Ismael se levantó del sofá dejando a su preciosa mujer acostada boca abajo con las nalgas rebosantes y la pantaleta contraida en la parte media de los soberbios muslos. Tomó la célebre jeringa de vidrio, le ajustó la más impresionante de las agujas hipodérmicas, succionó un rojo y denso medicamento, y después de desinfectar el moflete derecho, lo perforó de un rápido movimiento haciéndolo que temblara.

La encantadora Eulogia, habiendo entrado en un estado de total exaltación, ondulaba cada centímetro de su piel, frotaba las palmas de sus manos en el sofá, y teniendo los ojos sensualmente entornados marcaba en su rostro el rictus del deseo. Se contoneaba, temblaba y gritaba al sufrir la invasión de la ardiente sustancia.

Tanto Ismael como los dos jóvenes espías admiraban el colosal trasero de la paciente que se empinaba soberbio, dejando a la vista las excitantes fisuras rectal y vaginal, las cuales se erizaban dramáticamente. Las blanquísimas piernas habían entrado en un desordenado forcejeo, resultante del cruento dolor y de la incontrolable excitación.

Cuando Ismael terminó de aplicar la inyección puso en cuatro a su amada y le embutió la enorme pichancha por vía vaginal. Fue tal el bullicio de la preciosa receptora, que empezó a dar fuertes empellones para hacer la penetración más rápida y profunda. Las enormes y bien esculpidas nalgas rebotaban una y otra vez en los firmes muslos que las enfrentaban.

El desesperado vaivén llegó a su punto más álgido cuando Ismael introdujo su pulgar derecho en el constreñido esfínter rectal, y lo tallaba sin detener las arremetidas del enorme y brillante falo entre los excitantes y excitados labios vaginales, que lo acogían cada vez con mayor deleite.

Llegó el ansiado climax, en el que la preciosa Eulogia contuvo sus rabiosas embestidas y se quedó inmóvil con la mirada perdida, soportando todo el peso de su pareja. Ismael frenó también sus enérgicos embates y sintió correr a toda prisa el abundante caudal de ardiente esperma, que hizo a Eulogia gritar y retorcerse de excitación.

Está de más decir que los tiernos espías quedaron prendados de la belleza y sensualidad de Eulogia, cuyo recuerdo invocaron después confeccionándose placenteras puñetas.

Querida Eulogia, me dio gusto ver tu mensaje. Todos celebramos rumbosamente que te cases y compartimos tu gran alegría.

Sabemos además que eres admirada pero… no te pases, preciosa.

http://www.youtube.com/watch?v=fITkANQlaVQ

Paty -

Hola Vero ¿qué quieres decir conque soy “ética”? Hasta pienso que hablaste con ironía. Oye, el relato de Victoria que escribiste me hizo recordar que cuando yo era casi niña una señora amiga de mi madre me inyectaba y a mi me daba mucho miedo pero igual mucha pena que me viera mis nalgas. Era muy severa y me ordenaba: acuéstate niña, quieta, no te agites, no endurezcas la nalga. A mí lo que me horrorizaba era el instante que me clavaba la aguja. Es que la hacía cardiaca. Me acostaba, me descendía la panty y hasta ese momento se ponía a llenar la jeringa y yo con todas las nalgas asomadas. Me acuerdo que se me ponían heladas y me ponía a temblar de frío y de miedo.

Me quedaba bien quieta y callada pero bien tensa y no lo podía evitar por más que me resolvía no hacerlo, que gritara apenas sentía la puntita de la aguja penetrando. A veces hasta me tapaba la boca con las manos pero ya en el instante que sentía que la aguja me perforaba la nalga no me controlaba y mandaba el grito recio. La señora se enojaba mucho y me regañaba porque decía que le provocaba susto. Luego ya no gritaba pero con mis nervios iba alzando la cola poquito a poco y yo no me daba cuenta hasta que la señora gritaba “que te bajes, sosiégate, no alces, no alces la cola”. Pero es que yo sentía que levantando el culo me dolía menos. Eran unos nervios horribles hasta que ya sentía que me estaba frotando con el algodón y empezaba a relajarme.

Luego, cada vez que veía a la señora sentía mucha pena de mi conducta, me acordaba cuando me estaba inyectando y que ella me regañaba. También me daba mucha pena saber que ella me había visto las nalgas. Cuando oía que llegaba la señora a mi casa, por otras razones distintas de inyectarme yo me escondía hasta que ella se fuera.

Carlónimo, no has entrado en esta semana, ya se te extraña.

Verónica -

La madre de Victoria llamó puntualmente al doctor Pablo, para confirmar si esa tarde podría asistir a su casa a aplicarle la segunda inyección a su hija, sin embargo, y a pesar del ansia de volver a ver tan suaves y tentadoras carnes, Pablo confesó que iba a estar ocupado el resto del día, mas le ofreció el gentil servicio de una enfermera con mucha experiencia, que de hecho, era reconocida por toda la ciudad por su habilidad para aplicar todo tipo de medicamentos vía intramuscular, la madre aceptó gustosa portándose con su hija sospechosamente amable y cariñosa.- “Deseas que te traiga algo?”, le decía, “báñate para que estés a gusto”, “¿Qué se te antoja de comer?”.

Más tarde, habló al colegio donde Victoria estudiaba, para reportar su ausencia durante un par de días. Y